Bueno, pues llegó el momento. Pero antes, una advertencia. En este capítulo se da mucha información, y os pediría que lo leyerais despacio. Aquí se empiezan a explicar los acontecimientos que transcurrieron 14 años atrás, y que Hara siempre se negó a conocer. La información completa de todo lo que ocurrió se conocerá a través de 3 capítulos, éste y dos más.
Y ahora sí, ya no os entretengo más. Espero que disfrutéis con la lectura ;).
LA OTRA VERDAD:
Severus avanzó por el claro del bosque hacia una sombra, una figura oscura que se erguía con una varita en la mano. Mientras se acercaba, la luz iba descubriendo poco a poco los rasgos de aquella sombra, hasta que la iluminó por completo. Su respiración era agitada, y podía sentir nítidamente la tensión que lo invadía.
Siguió avanzando hasta que se detuvo delante de ella.
Se miraron detenidamente durante unos segundos, los suficientes para reconocerse y, al mismo tiempo, descubrir a un extraño. El paso de los años los había marcado, pero sus rasgos eran los mismos. Aquellos rasgos que tanto habían amado y odiado, y que ahora estaban adornados por las huellas del tiempo.
Ella ya no era la jovencita de veinte años que él recordara. Se había convertido en una mujer adulta, con una belleza madura y seria, pero la amargura impregnaba su mirada. Él tampoco era ya el joven desgarbado de antaño. Ante ella se erguía un hombre maduro y oscuro, envuelto por un halo de atrayente misterio, pero el dolor recorría las negras y profundas cavernas de sus ojos.
Catorce años los separaban. Y la última vez que se habían visto, ella se retorcía de dolor bajo las maldiciones que surgían de la varita de él.
Catorce años...
Severus fue el primero en reaccionar.
- Puedes bajar la varita –le dijo fríamente-. No voy a atacarte.
Hara bajó su varita lentamente, sin dejar de vigilarlo.
- ¿Tu mensaje tiene relación con mi padre? –preguntó sin más preámbulos, intentando no alargar aquella entrevista más de lo necesario.
- Sí –respondió Severus secamente- El Señor Tenebroso tiene intención de... "visitarlo" mañana por la noche.
Hara tragó saliva.
- ¿Y qué quiere el Señor Tenebroso de mi padre? Es un mago anciano, no es un "sangre limpia", y tampoco posee grandes riquezas.
- Es un Slytherin –respondió Severus escuetamente.
Ella empezó a impacientarse.
- ¿Vas a ser más explícito o voy a tener que sacarte las palabras a la fuerza?
Severus sonrió sarcásticamente.
- No será necesario que lleguemos a eso –le contestó- Es suficiente con que sepas que tu familia está en peligro, y que debes sacarla de Inglaterra inmediatamente. Si no lo haces, morirán.
- ¿Por qué tiene interés en mi familia? –preguntó Hara.
- Son Slytherin, ya te lo he dicho –respondió él- Se han convertido en una... molestia para el Señor Tenebroso.
- ¿Y cómo sabes tú todo eso?
Severus la miró con hastío.
- Digamos que Dumbledore me ha encomendado un trabajo poco... gratificante dentro de la Orden –contestó con sarcasmo- Te conviene confiar en lo que te digo. Créeme.
Un escalofrío recorrió la espalda de Hara. Sus sospechas se habían confirmado. Por la razón que fuera, a Voldemort le interesaba encontrar a sus familiares lejanos y hacerlos desaparecer. Su familia estaba en peligro de muerte, y tenía que alejarla de Inglaterra de inmediato.
- Está bien –dijo la auror- Me los llevaré fuera del país y los esconderé.
Hara se volvió, dándole la espalda a Severus, y empezó a caminar lentamente hacia su escoba. Pero se mordió el labio y se detuvo. Volvió a girarse hacia el mago.
- Supongo... –empezó a balbucear intentando no mirar a Severus a los ojos- Supongo... que debo darte las gracias.
Snape no hizo caso de este comentario.
- Tú deberías marcharte también –le respondió él- El Señor Tenebroso te tiene ganas, y además, también eres una Slytherin.
Hara levantó las cejas, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
- ¿Desde cuándo te preocupas por mi seguridad y mi bienestar, Severus? –preguntó con sarcasmo.
Él la miró fijamente y con extrema gravedad.
- Desde siempre –respondió con dureza apretando los dientes.
Ella soltó un bufido sonriendo con sarcasmo.
- ¿Desde siempre? –preguntó- Gracias a tus... "preocupaciones", pasé un mes convaleciente en San Mungo¿lo sabías?
Severus cerró los ojos. Cuando aceptó reunirse con Hara sabía que cabía la posibilidad de que llegaran a ese punto. ¿Qué pretendía ella ahora¿Cubrirlo de reproches y acusaciones dando rienda suelta a su odio hacia él¿O quería saber la verdad? No, él no creía eso. Si Hara hubiese querido saber la verdad, hacía mucho tiempo que habría tenido la oportunidad de hacerlo.
Volvió a abrir los ojos y la miró fijamente.
- No voy a entrar en ese juego, Hara –le dijo con sequedad.
- ¿"Juego"? –preguntó ella entre dientes- No estoy jugando, Severus. Aquello no fue ningún "juego" para mí. ¿Para ti sí lo fue? –se acercó más a él y puso su rostro a escasos centímetros del suyo, retándole- ¿Te lo pasaste bien... "jugando" conmigo?
Severus se apartó de ella y se volvió hacia los árboles. Respiraba entrecortadamente y cerró los ojos con fuerza. Un torrente de recuerdos y sensaciones lo invadieron por completo, trasportándolo a otro tiempo, a otro espacio.
Rabia...
- Basta, Hara... –murmuró entre dientes- Todo eso pertenece al pasado.
- Te equivocas –le replicó ella tajante- Todo eso pertenece al presente. ¡A mi presente¡Al infierno que yo estoy viviendo ahora mismo¡A la tortura que no ha cesado desde hace catorce años¡Convertiste mi vida en una pesadilla de la que no puedo despertar!
Él se volvió de repente, y la agarró por un brazo con fuerza. En sus ojos había aparecido un brillo extraño.
- ¿Una pesadilla? –le gritó- ¡Tú no sabes lo que es el infierno, ni las pesadillas¡No lo sabes, porque nunca has querido saber¡Porque jamás me permitiste contestar a tu pregunta! –le apretó el brazo un poco más y la acercó hacia él- ¡Tú sí que has convertido mi vida en una pesadilla de la que no puedo despertar!
Con un rápido movimiento, Hara puso su varita apuntando hacia el cuello de Severus.
- Suéltame ahora mismo –le ordenó en un duro susurro- Ahora.
Severus respiraba con fuerza. La soltó, pero no se movió ni un milímetro, ni apartó su fría mirada de la de ella. La varita de Hara todavía presionaba su cuello.
- ¿Vas a matarme? –le preguntó- Si piensas hacerlo, date prisa. Pero si no vas a hacerlo, baja la varita inmediatamente.
Hara permaneció en la misma posición durante unos segundos, sosteniendo la mirada de Severus. Por unos instantes, calibró la posibilidad de acabar de una vez con todo aquello, de sacar de su vida para siempre a aquel mago que la había destrozado. Pero sabía que no era capaz de hacerlo.
Bajó la varita lentamente sin apartar su mirada de los ojos de Severus.
- ¿Cómo puedes tener el cinismo de acusarme a mí de haber convertido tu vida en una pesadilla? –le preguntó con rabia- ¡Tú me torturaste a mí, intentaste matarme¿O acaso te has olvidado de eso?
- ¿Matarte? –murmuró el mago entre dientes- ¿Cómo has podido llegar a pensar que intenté matarte¡Te pedí que pasara lo que pasara, jamás olvidases que yo te amaba¿Acaso crees que mi amor por ti fue una mentira¡Yo te salvé la vida!
Aquella respuesta la dejó desconcertada.
- ¿Pensabas salvarme la vida torturándome¿Pensabas que aquella era la mejor manera de demostrarme tu amor? –preguntó al fin.
- ¿Has oído hablar alguna vez de "el mal menor", Hara? –contestó Severus- ¿Nunca más te has vuelto a preguntar por qué lo hice?
- No he dejado de preguntármelo ni un solo día durante todos estos años –le respondió ella con la voz quebrada.
Severus guardó silencio durante unos instantes, mientras escrutaba sus ojos febrilmente. Se estaba perdiendo en ellos, como antaño...
- ¿Y por qué nunca permitiste que te diera una respuesta? –preguntó el mago con la emoción contenida en la voz- No sabes lo que eso me dolió..., no sabes el daño que me hiciste...
- Tuviste la oportunidad de responderla cuando te la hice. Pero en lugar de eso, continuaste torturándome, con aquella frialdad, con aquel odio que irradiaban tus ojos...
- ¿Pretendías que te diera una respuesta delante de Bellatrix? –contestó Severus con sorna.
- Me habías torturado... –Hara sentía que las barreras que había levantado su odio se estaban desmoronando- Qué se supone que tenía que pensar yo sobre eso. Todo estaba muy claro, no había margen para la duda...
- No, no... –murmuró el mago negando con la cabeza- Yo te amaba, por eso tenía que impedir que él te matara, necesitaba ganar tiempo...
- ¿Tiempo...¿Tiempo para qué? –preguntó ella estupefacta.
- Tiempo para buscar una solución, tiempo para sacarte de allí, tiempo para salvarte la vida.
La bruja abrió mucho los ojos. Su cabeza le daba vueltas y no entendía nada. Sentía la respiración entrecortada de Severus sobre ella.
- ¿De qué me estás hablando? –murmuró.
- ¿Sabes lo que el Señor Tenebroso tenía planeado hacer contigo? –le preguntó él bruscamente.
- Matarme, por supuesto –respondió ella con seguridad- Matarme después de conseguir toda la información que pudiera.
- Sí, y Bellatrix le pidió que le permitiera ser ella la que te interrogara–continuó el mago- ¿La has visto interrogar a alguien alguna vez?
Ella negó con la cabeza.
Severus se mantuvo en silencio durante unos segundos, sin dejar de mirar a la bruja.
- Yo sí –respondió lentamente- Y te puedo asegurar que ella te habría destrozado, y habría disfrutado con ello. Si crees que yo te torturé, no sé qué nombre le darías a lo que habría hecho contigo Bellatrix Lestrange.
Los labios de Hara temblaron. Severus dio un paso hacia delante, empujándola ligeramente al hacerlo, y obligándola a dar un paso hacia atrás.
- Tuve que pensar con rapidez –continuó el mago- Tenía que impedir que Bellatrix te interrogara, así que convencí al Señor Tenebroso para que me designara a mí. Sabía que él te quería viva, y le recordé que Bella no podía garantizarle eso, pero que yo sabía controlarme mucho mejor que ella. Y el Señor Tenebroso aceptó, aunque permitió que Bellatrix asistiera al interrogatorio también. Pero le prohibió intervenir en mi "trabajo".
Hara escuchaba sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Se sentía como en una pesadilla, y el bosque entero desapareció a su alrededor para trasladarla a aquella mazmorra de Lord Voldemort de nuevo.
- Estaba atrapado –continuó Severus- No me quedaban opciones. Tenía que hacerlo, lo quisiera o no. Pero tuve especial cuidado para no lastimar tus órganos vitales.
El mago guardó silencio y su boca se torció en amargura. Hara recordó entonces que solo había tenido heridas en los brazos y en las piernas. Un "detalle" en el que no había pensado hasta aquel momento.
- ¿Tienes idea de lo que tuve que obligarme a hacer? –preguntó él apretando los dientes- No tienes ni idea de la fuerza de voluntad necesaria para hacer eso, ni del dolor que sentí, ni de la desesperación que envolvió cada célula de mi cuerpo... Sabía que tenía que hacerlo, aunque me estuviese desangrando por dentro... Pero era la única forma de asegurarme que continuarías viva.
- Yo... –balbuceó Hara intentando asimilar todavía aquellas palabras- Yo no sabía nada... yo no sabía...
- No –le interrumpió él con rabia- Tú nunca quisiste saber nada.
Volvió a dar un paso hacia delante, obligando a Hara a dar otro hacia atrás
- ¿Sabes lo que pensaba hacer el Señor Tenebroso contigo, después de arrancarte toda la información que pudiera? –le continuó preguntando el mago.
- Matarme... –Hara no podía hablar apenas.
Severus volvió a dar un paso hacia delante, Hara uno hacia atrás y en ese momento, su espalda chocó contra el tronco de un árbol. Él levantó los brazos y apoyó sus manos contra el árbol, acorralándola. Pero ella apenas era consciente de lo que ocurría a su alrededor intentando asimilar todo lo que estaba escuchando.
El mago ladeó ligeramente la cabeza.
- ¿Sabes lo que es un horcrux? –le preguntó, y en su voz había un tono extraño.
- ¿Un... horcrux...? –repitió ella temblando- Es... una parte del alma que se deposita en un objeto con la intención de burlar a la muerte.
- ¿Y sabes cómo se hace un horcrux? –continuó preguntando Severus.
- Un asesinato –respondió ella en un susurro- El más horripilante de los crímenes. El único capaz de conseguir desgarrar el alma y dividirla...
- Pero no un asesinato cualquiera, Hara –continuó él- Es necesario un asesinato especialmente cruel y terrorífico para conseguir un horcrux. El ritual obliga a hacer sufrir a la víctima hasta lo insoportable, y a alargar su agonía lo máximo posible. Hasta su muerte.
Hara no podía controlar el temblor de su cuerpo mientras lo escuchaba.
- El Señor Tenebroso hizo dos horcrux durante el tiempo en el que yo estuve a su lado –continuó Severus- El ritual establece que debe crearse un vínculo mágico entre el asesino y su víctima, y por ello deben estar solos mientras dura el proceso. Así que ninguno de nosotros pudo presenciarlo jamás. Pero los gritos inundaban la noche... los gemidos, los aullidos de dolor... las súplicas por conservar la vida durante las primeras horas..., y por morir de una vez, ya al final...
Severus levantó ligeramente la cabeza y perdió su mirada en la oscuridad del bosque que tenía delante.
- Una vez me ordenó limpiar la mazmorra, después de finalizar un ritual que había durado más de 72 horas –continuó ensimismado- A mí y a Uliseus. El suelo estaba cubierto por jirones de piel y carne, de venas y arterias, de pedazos de hueso... Se hacía difícil pensar que aquella podredumbre había pertenecido alguna vez a un ser humano. Y la sangre... Todo estaba cubierto de sangre, las paredes, el suelo, los barrotes, las cadenas... Todo olía a muerte y a magia negra... Uliseus vomitó, y yo tuve que hacer esfuerzos para no vomitar también.
Severus volvió a bajar la mirada hacia ella.
- Tú ibas a ser su tercer horcrux –le dijo en un susurro- El horcrux más poderoso de todos. El que haría con la sangre de su propia sangre. De todos los asesinatos, el más horripilante que existe. Sí, te robó ese recuerdo también, cuando atacó tu mente en la Sala del Trono. Después de conseguir toda la información que pudiera con tu tortura, tenía la intención de iniciar contigo un nuevo ritual, para convertir tu asesinato en su tercer horcrux. Por eso te necesitaba viva.
Entonces, guardó silencio. Un búho ululó a lo lejos, y los sonidos del bosque regresaron a los oídos de Hara. Se tapó la boca con una mano intentando reprimir el gemido de desesperación que intentaba salir de su garganta. Temblaba.
Él continuó hablando. No podía interrumpirse ahora. Era necesario que ella conociese toda la verdad. La otra verdad.
- Tenía que asegurarme de que el interrogatorio se interrumpiese por un tiempo. Por eso te dejé inconsciente antes de que pudieses dar ninguna información, para que tuviésemos que seguir más tarde y el Señor Tenebroso no pudiese iniciar su ritual todavía. Necesitaba de ese tiempo para pedirle ayuda a Dumbledore. No estaba seguro de que él quisiera hacerlo, porque podía sospechar que todo era una trampa para acabar con la Orden. Pero me creyó, confió en mí, y me ayudó.
Ella lo miraba con los ojos muy abiertos, llenos de humedad.
- La Orden entretuvo a los mortífagos en la parte delantera del castillo con un ataque sorpresa –le susurró- Mientras tanto, Lupin te esperaba ante la puerta trasera que yo le había indicado previamente a Dumbledore. Mi trabajo consistió en marcarte el camino hacia la salida.
Entonces, Hara recordó aquella amenaza silenciosa que la había acompañado constantemente en su huída, pero que nunca llegó a ver...
La bruja sentía que le faltaba el aire. Toda aquella historia era como el infierno y el paraíso mezclados en una sola cosa. Sentía angustia y dolor, al mismo tiempo que una felicidad extrema. Por un momento creyó que aquella dicotomía la haría explotar por dentro.
Lo apartó ligeramente con manos temblorosas, y él no opuso resistencia. No sabía lo que quería hacer en ese momento, pero sintió la necesidad imperiosa de huir, de escapar, de esconderse del mundo y, sobretodo, de sí misma.
Catorce años de su vida perdidos por... nada.
Catorce años de dolor. Catorce años de soledad. Catorce años de infierno.
¿Y cuál había sido la causa?
Una traición inexistente.
Y lo peor de todo.
Él también había perdido catorce años de su vida.
Reprimió un sollozo.
Empezó a caminar hacia su escoba arrastrando los pies con pasos inseguros. La espiral de sentimientos contradictorios se hacía cada vez más intensa en su interior, y no podía pensar.
Él la miró con el ceño fruncido. El conocimiento de la verdad que acababa de explicarle, habían causado en ella un impacto abrasador. Pero él podía entenderla. Ahora podía hacerlo. La frustación y la rabia que había sentido durante catorce años a causa del desprecio de ella, se habían desvanecido como el humo. Y ahora comprendía, como si fuese ella, lo que debió sentir mientras él la torturaba. Hasta ese momento sólo había pensado en su propio sufrimiento. Pero ahora era capaz de sentir el de ella también.
Y ahora se alejaba. Ella se estaba alejando de él de nuevo. Pero esta vez no la dejaría marchar. Nunca más.
Se dirigió hacia ella con pasos largos y rápidos. La agarró del brazo y la atrajo hacia él bruscamente atrapándola en un abrazo. Había soñado despierto con ese momento demasiadas veces. La necesitaba, ya no podía engañarse más.
Pasó su mano por detrás de la nuca de ella, y atacó sus labios en un beso violento. Y su sabor lo inundó, y lo trasladó al pasado que ahora se mezclaba con el presente.
Ella sintió que se desvanecía. Aquellos labios... sus labios... Volvían a estar en el lugar que siempre les había correspondido. Ahora lo sabía. Quiso creer que no había transcurrido el tiempo, que todavía estaban en aquel pequeño apartamento de Londres, y que ella no se había equivocado nunca. Que no había cometido nunca el mayor error de su vida.
Apretó los ojos para impedir que las lágrimas se derramasen, y entreabrió los labios para que la lengua de él le devolviera la vida. Y Severus le invadió la boca.
De repente, su sentido de alarma la hizo reaccionar. Se separó de él ligeramente, y pasó el dorso de su mano por sus labios para secarse la humedad que le había dejado Severus.
- Mi padre... –susurró mirándolo con temor.
Él deshizo su abrazo lentamente y asintió.
No dejó de mirarlo mientras se alejaba de él, caminando hacia atrás, como si estuviese haciendo un gran esfuerzo. Cuando llegó hasta donde se encontraba su escoba, le regaló una última mirada, y se volvió. Temblando todavía, ascendió hacia la noche en un vuelo inseguro, y finalmente se perdió entre los jirones de nubes negras que flotaban ante la esfera lunar.
Severus la siguió con la mirada hasta que ella desapareció en el horizonte.
Puso los dedos sobre sus finos labios y los acarició lentamente, entrecerrando los ojos.
Todavía conservaba el sabor de ella en su boca.
-------------------------------------------------------------------------
Muchas gracias de nuevo a MoonyMarauderGirl, a MakaBeRed, y a Kalily por sus reviews. Ya sabéis que me alegráis el día, chicas ;). Y gracias también a todos aquellos que leéis esta historia, pero que sois demasiado tímidos para enviar un review... :P
