Terrence regresó a su casa de muy buen humor, al ingresar al salón se percató de la presencia de Eleonor, quien lo estaba esperando mientras tomaba un leve refrigerio.
Ella sonrió al verlo tan joven y saludable, tan apuesto como Richard lo fue.
-Te ves muy bien, hijo.
-Me siento bien, tenemos una hermosa propiedad, ¿sabes?
-Tienes –Corrigió ella.
-Lo mío es tuyo, madre –Contestó sentándose junto a la mesita que ella había dispuesto.
-Te lo agradezco pero no es necesario, yo tengo mis propiedades en América.
-¿Propiedades? ¿En plural?
-¿Acaso piensas que tu madre es una actriz de segunda? –Pregunto con las manos a la cadera.
-Por supuesto que no, sé que eres una de la mejores.
-La mejor –Corrigió ella con una sonrisa
-Veo de donde heredé la modestia –Sonrió él también.
-Debes visitarme muy pronto, Terry, Tú y Candy.
-Hablas como si estuvieras por marcharte.
-La verdad es que debo hacerlo, hijo –Le mostró un sobre que llevaba en el bolsillo de su falda –Ha llegado un telegrama de mi agente y me requieren para un película.
-¿Cuándo debes partir?
-Pasado mañana.
-Es demasiado pronto –Repuso sintiendo una gran tristeza invadirlo.
Terrence guardó silencio por unos segundos antes de ponerse en pie.
-Debemos aprovechar el tiempo que te queda. ¿Qué te parece si vamos a Londres?
-Me encantaría.
-¡Fantástico! Arregla tus cosas mientras hablo con Candy.
-Candy no está aquí.
El hombre sintió la sangre congelarse en sus venas.
-¿Sucede algo?
-No te preocupes, mamá –Repuso tratando de ocultar su enfado –Ve y alista tus cosas.
Eleonor asintió y salió de la sala, una vez solo Terrence llamó a su mayordomo a gritos, segundos después Bertam no tardó en aparecer.
-¿Me llamaba mi lord?
-¿Dónde está Candy?
-La señora salió, mi lord
-¿Acaso no te di instrucciones que no le permitieras salir?
-La señora no estaba interesada en sus instrucciones, señor.
-¿Sabes dónde fue?
-Si mi lord, le pidió al chofer que la llevara a casa de los Brighton.
-¿Quiénes son ellos?
-Familia de alcurnia de los alrededores, la hija, Annie, es amiga de la señora desde pequeñas.
Terrence contempló su siguiente paso.
-Escucha Bertam, esta noche iremos a Londres, por lo que quiero que te quedes aquí y aguardes hasta que mi madre termine de prepararse, en cuanto esté lista, llévala a la mansión y esperen hasta que llegue, yo iré por Candy y los veré allá.
-Como ordene, señoría
-Dile a Dorotly que prepare le esencial para Candy.
-Por supuesto.
-Y tú, encárgate de lo mío.
El duque dio media vuelta y abandonó el salón, Bertam se percató por el andar de su amo que el joven duque estaba bastante molesto.
"Por el bien de la señorita Candy, espero que no lo haga enfadar más." Pensó el mayordomo antes de dirigirse hacia la salida del salón.
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Sarah Brighton leía un libro en el jardín cuando un elegante automóvil cruzó las puertas de hierro de su propiedad.
Con asombro se percató que llevaba el emblema de los Grandchester, el conductor detuvo el auto y un hombre elegante pero casualmente vestido descendió.
-Buenas tardes –Saludó el duque avanzando hacia ella con su sonrisa más amable –Soy Terrence Grandchester.
La señora había visto fotos de él en el periódico cuando fue nombrado heredero pero jamás esperó que de cerca fuera tan apuesto.
-Buenas tardes –Dijo extendiendo la mano, que Terrence muy galante besó.
-Lamento llegar sin ser invitado pero vengo por mi esposa.
-¿Esposa?
-¿No se encuentra Candy, aquí?
La mujer sintió sus rodillas debilitarse.
"¿Cómo es posible? ¿Candy casada con el duque?...el periódico…Annie…me lo dio… ¿Cómo?" pensaba asombrada por todo esto, mientras se regañaba mentalmente, por no haber leído el periódico que su hija le había dicho.
-¿Candy? –Pregunto aun en shock
-Sí, necesitamos partir a Londres, es algo inesperado y por eso vengo por ella.
El sonido de risas hizo que los dos se volvieran para encontrarse con Annie y Candy que bajaban para reunirse con Sarah.
La rubia casi tropieza con sus pies, al ver a su tutor ahí, por lo que Terrence no dudó en acercarse a ella y besarla en la mejilla.
-Hola querida –Dijo con toda naturalidad.
-¿Qué haces aquí? –Asombrada de verlo y de la amabilidad que nunca ha tenido al menos no desde que lo conoce.
-¡Que modales! –Repuso juguetonamente –Annie, que gusto verte nuevamente.
La morena lo miró con interés y un poco confundida.
"Seguramente solo lo hace por protocolo…porque se supone que no recuerda nada, además nunca nos presentamos formalmente, por lo que es imposible que recuerde algo sobre mi" pensó mientras lo miraba –Igualmente, Candy me contó acerca de tu accidente y me alegro que estés bien.
-¿Cómo no estarlo con los cuidados de mi amada esposa?
Sarah miraba a uno y otro, incrédula.
-Lamento haberme perdido su casamiento –Comento tranquilamente Annie.
Candy no dudó en pisar discretamente a su amiga, por lo que Terrence se volvió hacia la jovencita rubia.
-¿Estás lista para partir, Candy?
-Sí, claro.
-Ha sido un gusto verlas –Se despidió Terrence.
-Espero que no sea la última vez, Duque de Grandchester, lo espero en la boda de mi hija.
La rubia casi se atraganta, mientras que los ojos de Annie casi se salen de sus órbitas.
-Con mucho gusto –Dijo sonriendo y tomando la mano de su esposa.
-Felicidades, Candy –Se despidió Sarah besando su mejilla con renovado afecto.
La joven sólo atinó a sonreír y a seguir a Terrence hacia el auto, ambos jóvenes se despidieron con la mano antes que el chofer arrancara.
Bastó que cruzaran el portal para que el duque se volviera hacia ella con enojo.
-¿Acaso no te dije que no salieras?
-Ya me parecía extraño que fueras tan cortés.
-Te di una orden, Candy.
-Te dije lo que pensaba de tus órdenes, Terrence –Respondió desafiante.
-Eres muy testaruda.
-Mira quién habla –Miró por la ventana – ¿Hacia dónde vamos? Este no es el camino al castillo.
-Pareces asustada, Candy.
Lo estaba, pues Terrence había probado más de una vez que actuaba inesperadamente.
El duque la miró con renovado interés.
-¿Me temes?
-¡Por supuesto que no!
La palidez de su rostro la contradecían pero el hombre decidió seguir su juego, ya después tendría tiempo de descubrir la verdad.
-Vamos hacia Londres, Eleonor debe partir pasado mañana, así que esta noche la llevaré a cenar y al teatro."
-Me sorprende tu amabilidad.
-¿Por qué? Es mi madre después de todo ¿no?
-No quise ofenderte.
-Parece…
Ella dejó escapar un suspiro, sin dejar terminar la frase a Terrence y volvió el rostro hacia la ventanilla para mirar el paisaje, Terrence la imito al sentirse ignorado.
Discretamente, el chofer movió la cabeza de lado a lado pensando en lo absurdo que eran los jóvenes.
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Un automóvil desfilaba junto a otros lujosos automóviles por las calles de Londres, mientras el chofer se detenía en uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, según el artículo que había leído en el periódico, una mesa debía reservarse con semanas de anticipación, pero gracias al esfuerzo de Bertam habían logrado conseguir una reservación sin tanto esfuerzo más que mencionando el apellido Grandchester.
Terrence fue el primero en descender y vestido en su esmoquin de gala, con zapatos relucientes era uno de los hombres más atractivos presentes.
Él extendió su mano y ayudó a Candy a salir del coche, quien le agradeció con una cálida y sincera sonrisa.
-Te ves muy hermosa –Le susurró el duque.
-Gracias –Repuso con nerviosismo al sentir su aliento sobre su piel, provocando que se le erizara
Él no le quitó la mirada, apreciando cada curva que el vestido entallado color esmeralda hacía relucir.
La cabellera la llevaba recogida en un moño sencillo pero adornado con una peineta y él pudo apreciar la blancura de su piel.
El flash de una cámara lo distrajo y se inclinó hacia el auto para susurrar unas palabras a su madre, de inmediato la delicada mano de Eleonor apareció, seguida de su falda y Terrence ayudó a su madre a descender.
Tras ellos, pudo escuchar la exclamación de sorpresa de los periodistas y fotógrafos.
Eleonor Baker estaba acostumbrada a la notoriedad, llevaba muchos años disfrutando de ella…pero nunca en Inglaterra, un lugar donde la alcurnia era todo y ella no la poseía.
Un lugar que la había rechazado y separado de los hombres que más había amado en toda su vida, pero al parecer, la vida le daba una nueva oportunidad con uno de ellos.
Terrence ofreció un brazo a cada una de sus acompañantes y la multitud le permitió pasar entre ellos, Eleonor podía escuchar los cuchicheos tras ellos mientras avanzaban hacia la puerta, fue aquí donde uno de los periodistas se atrevió a formular la pregunta que la actriz temía.
-Duque de Grandchester, ¿qué relación tiene con la señora Baker?
El hombre se detuvo en su andar y lo miró a los ojos.
-Es mi madre. –Respondió orgullosamente mirando a su madre dulcemente
Candy parpadeó, encandilada por los múltiples flashes que reventaron alrededor de ellos.
-Y fue el gran amor de mi padre.
El duque besó la mejilla de su madre con reverencia antes de volverse hacia los periodistas.
-Ahora si me disculpan deseo entrar a cenar con mi madre y mi esposa, que tengan buena noche caballeros.
Los tres siguieron su camino hacia la puerta, que se abrió de par en par para recibirlos, de inmediato el mesero principal les dio la bienvenida y los condujo a una mesa ligeramente apartada.
Una hielera de oro con una botella de champán los esperaba.
-No tenías que hacer eso –Dijo Eleonor tomando asiento.
-Por supuesto que sí, madre, creo que ya es hora que todos sepan la verdad.
-No creo que te beneficie la verdad.
-Lo único que me importa es darte el lugar que mereces –Dijo alzando su copa en señal de brindis – A tu salud, madre, gracias por los días que me has regalado.
La mujer sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas pero levantó su copa, gesto que Candy imitó.
-Gracias por visitarnos –Añadió la rubia – Esperamos que vuelva pronto.
-Espero que sea para el nacimiento de mi nieto –Repuso con toda naturalidad.
La joven se hizo la sorda pero no Terrence que sonrió ligeramente, observando a la rubia.
Los ojos verdes recorrieron el salón y se detuvieron con horror al reconocer a uno de los comensales, esa mujer que los miraba con ganas de estrangularlos hasta morir, inmediatamente se puso nerviosa y volvió su mirada hacia otra parte.
Mientras Cecile los seguía observando molesta, Candy sabía perfectamente que estaba ofendida por la presencia de Eleonor pero sobre todo por las joyas que ella portaba: un juego de collar y aretes de rubíes que tenía generaciones en la familia Grandchester.
Terrence se los había obsequiado.
-¿Qué te sucede? –Le preguntó el hombre
-Nada –Dijo mirándolo
-Mientes, dime ¿Qué pasa?
-Es Cecile.
-¿Cecile?
-La mujer que… -Miro a Eleonor nerviosa
-La mujer legítima de Richard –Concluyó Eleanor tratando de sonar naturalmente
-¿Quién es?
-La mujer que nos mira con odio, la del vestido negro.
Tanto Terrence como su madre levantaron la mirada y no les tomó demasiado saber de quien hablaba Candy.
Cualquiera la podría ver, pues era muy evidente el enojo de aquella mujer hacia ellos, Eleonor y Cecile se miraron fijamente, reconociéndose y hasta cierto punto compadeciéndose.
El duque no dudó en saludarla con la copa y sonreírle burlonamente, lo cual tuvo el efecto deseado en Cecile quien se levantó abruptamente y abandonó su mesa.
Candy pensó que Terrence había completado su venganza contra quienes lo habían lastimado.
"Al menos eso espero…" pensó mientras observaba a Terrence, quien sonreía
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El salón de espera del Teatro Royal estaba repleto con los miembros más prominentes de la sociedad londinense.
Todos conversaban amenamente, copas de licor o abanicos en mano, sus ojos observando con atención a los visitantes que rara vez los acompañaban.
Apenas llegaron, Terrence y su familia se vieron abordados por las amistades de Richard, más de uno sorprendiéndose al enterarse que la famosa actriz norteamericana era la madre del nuevo duque.
La presencia de Candy no les llamó tanto la atención puesto que conocían la noticia por la página social del diario, Candy se aseguró de tener una conversación amena con ellos, tal como le fue enseñado.
En aquel momento el hombre tuvo la sensación que alguien lo observaba y desvió la mirada hacia un extremo del salón, donde una pelirroja se abanicaba coquetamente, de inmediato al captar su atención comenzó a sonreírle.
Junto a ella había una anciana que llevaba una mirada de indignación en el rostro y él se preguntó si la habría ofendido en alguna ocasión, en ese momento sus pensamientos fueron interrumpidos con la primera llamada, por lo que las perdió de vista.
Candy también las había visto y esperanzada buscó a Anthony con la mirada, parecía que lo hubiera invocado pues el joven apareció en el salón junto a Archi, quien no tardó en localizar a la rubia y de inmediato la miró ceñudo y le dio la espalda.
-¿Les parece si nos dirigimos a nuestros asientos? –Sugirió Terrence.
-¿Por qué no vas con Eleonor? Yo los alcanzaré en un minuto.
Y sin darle tiempo a pedir por explicaciones, Candy se apartó de ellos, ignorando la mirada curiosa que le dieron.
Eleonor tomó el brazo que su hijo le ofrecía y avanzaron hasta uno de los balcones de honor que pertenecía a la familia, el ujier los saludó respetuosamente y les mostró sus asientos.
La actriz dejó escapar un suspiro.
-¿Te sientes bien, mamá?
-Estupendamente –Respondió sonriéndole –Es maravillosa la vista desde aquí.
La tercera y última llamada se escuchó.
-¿Por qué no vas por Candy, Terrence?
El hombre asintió y salió hacia el pasillo, pero de inmediato un brazo apareció de la nada y lo haló tras unas cortinas.
-Veo que te saliste con la tuya, Terrence.
El duque miró con curiosidad a la pelirroja que le hablaba.
-¿Por qué me miras así? ¿Acaso te olvidaste de mí?
Elisa se acercó a él sugestivamente.
-No puede ser que olvidaste la noche que pasamos en el jardín.
Terrence la miró con el ceño fruncido, preguntándose si había sido tan idiota como para involucrarse con una mujer así.
-No te enfades, sólo bromeaba –Dijo para el alivio del duque –Sé que nuestro encuentro no significó nada para ti porque Candy ya te había engatusado.
-A mí nadie me engatusa. –Replico fríamente, aquella mujer no le parecía nada agradable y menos sincera, más bien se le hacia hipócrita.
-De acuerdo, entonces vamos a decir que te enamoraste de ella…o te encaprichaste pero…tengo una duda ¿cómo hiciste para que se casara contigo? ¿Cuánto dinero le ofreciste? Después de todo, ella moría de amor por Anthony.
Él esperaba esa verdad pero nunca pensó que le enfadaría tanto escucharla de otra persona.
-¿Acaso no lo sabías? Por lo visto, Candy es más lista de lo que me imaginaba, bueno, ¿Qué se puede esperar de una huérfana sin historia ni pasado?
-Si me disculpas, no tengo ganas de seguirte escuchando.
-Buscabas a Candy, ¿verdad? Seguro está con Anthony, si ella puede divertirse con él, ¿por qué no haces lo mismo? Tu y yo podemos divertirnos bastante –Dijo echándole los brazos al cuello.
Los ojos azules se entrecerraron peligrosamente antes de apartarse de ella y una vez separado de ella se dio media vuelta y se alejó.
El rostro de Elisa se retorció de rabia mientras se cruzaba de brazos.
"Si no eres mío, no serás de nadie…Terrence, de nadie" pensó molesta
-¿Terrence?
Él se volvió para encontrarse con Candy que caminaba hacia él.
-Tu madre me pidió buscarte, la obra ya va a empezar
-Eso ya lo sé, por eso salí a buscarte. ¿Dónde estabas? –Dijo molesto
-En el cuarto de las niñas pequeñas –Repuso con sarcasmo.
-¿Sola o acompañada?
Ella lo miró sorprendida, Terrence no espero la respuesta si no que la tomó del brazo para llevarla hacia el balcón, en cuanto hicieron su entrada las luces descendían.
Le tomó un par de minutos adaptarse a la oscuridad pero fue mucho menos que el hallar el balcón de los Andrey; donde estaba Tía Elroy y Archi quienes la miraban con disgusto, Anthony indiferente y Elisa con una sonrisa triunfante puesto que estaba sentada junto al rubio.
"Si tan sólo lo pudiera saludar…sigue molesto…debí imaginármelo" pensó Candy desilusionada de no haberlo encontrado antes que empezara la función.
-La obra es hacia el frente –Murmuró Terrence molesto, pues sabía perfectamente bien a quien miraba su esposa.
-Lo sé.
-Entonces, compórtate.
Candy se mordió la lengua para no decirle lo que pensaba, por lo que fijo su vista hacia el frente para tratar de disfrutar la obra.
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Ya era más de media noche cuando Terrence y su familia regresaron a la mansión de la calle Bond.
Inmediatamente Candy no tardó en excusarse, dejando solos a madre e hijo, quienes se dirigieron al estudio para tomarse una copa.
-¿Por qué peleas tanto con Candy? –Preguntó Eleonor de sopetón, mirándolo
-Pensé que lo disimulábamos muy bien. –Replico sarcásticamente
Le ofreció una copa y se sentó con la suya en la mano.
-¿Qué es lo que te disgusta?
-Que me mienta, ella me ha mentido –Respondió dolido aunque trataba de disimularlo – Está enamorada de nuestro vecino.
-¿Estás seguro de ello?
-Lo sospecho.
-Las sospechas no son suficientes.
-Esta noche me lo corroboró una pelirroja, quien me dio a entender que yo amo a Candy y que ella me engaña con Anthony.
-No puede ser verdad.
-Edwards me dijo que se conocen desde pequeños, además por el enojo que vi en el rostro de ese hombre, aquel día que fue a ver a Candy, cualquiera pensaría que le robé algo.
-¿Le has preguntado a Candy?
-Se niega a contestarme. –Miro a su madre divertido –Es más testaruda de lo que crees
-Es la horma de tu zapato, hijo, tal vez por eso te es tan atractiva.
-Madre…
-Lo único que te puedo decir es que si la amas, enamórala.
-No sé si la amo.
-Debe existir una razón por la que se casaron.
-Creo que ella lo hizo por mi padre.
-Aunque haya sido así, eso puede cambiar –Posos una mano en la mejilla de su hijo –Eres muy apuesto…hasta encantador cuando quieres serlo, estoy segura de que si te lo propones la conquistarás.
El hombre sonrió algo abochornado.
-No sé si es lo que quiero.
-Es obvio que ella no te es indiferente y mis instintos me dicen que tú tampoco lo eres para ella.
-Dijo que me odiaba.
-No quiero saber qué hiciste para provocar esa reacción.
-Es probable que no…
-Si se lo proponen, los dos pueden ser felices –Tomo su mano entre las suyas –Prométeme que harás todo lo posible por alcanzar la felicidad que tú padre y yo disfrutamos tan brevemente, Terrence prométemelo
-Lo intentaré –Replico encogiéndose de hombros algo incomodo
Eleonor sonrió complacida.
-Gracias por todo, hijo, me has dado un regalo inolvidable al compartir este tiempo conmigo.
-No tienes que agradecérmelo, me ha dado mucho gusto conocerte.
Los dos se miraron con lágrimas en los ojos y se fundieron en un abrazo.
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El último día de Eleonor en Inglaterra pasó con rapidez y Terrence pasó cada minuto que pudo con ella, conversando y riendo, dejándola sola para que ella descansara brevemente antes de la cena, ocasión que ella aprovechó para llamar a su nuera a su habitación.
-Adelante –Dijo al escuchar toques en su puerta.
Candy entró con timidez.
-Ven, siéntate –Dijo palmeando su cama.
La rubia se acercó y se sentó junto a ella.
-Primero antes que nada quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mí, Candy.
-No tiene nada que agradecerme. –Repuso la joven sonriéndole
-Claro que sí, ya que fuiste muy amable desde el primer momento que me viste y luego en el hospital te encargaste que Terrence no me odiara.
-En cierto modo fue una bendición lo de su amnesia, como usted menciono esto ocasiono que ustedes tuvieran una nueva oportunidad.
-Es verdad y por eso quiero pedirte un favor.
-Usted dirá.
-Quiero que le des una oportunidad a Terrence.
Candy se ruborizó y tragó en seco -¿A qué se refiere?...yo…
-Sé que no amas a mi hijo.
-Yo…
Candy solo desvió la mirada avergonzada por esa conversación que estaba teniendo con la madre de Terrence.
-¿Por qué te casaste con Terrence?
-Era lo que Sir Richard deseaba –Dijo mintiendo a medias.
-¿Has pensado que si te pidió casarse contigo es porque Terrence siente algo por ti?
"Si supiera que nunca me pidió que me casara con el….me pidió ayudarlo pero…no de esta forma" pensó Candy cabizbaja
-Lo único que te pido es que le des una oportunidad.
-Pero Terrence no me ama.
-Pero tampoco le eres indiferente.
"¡Oh por todos los cielos!"
-Creo que hacen una pareja hermosa, Candy, ambos son muy jóvenes y les falta crecer, madurar pero pueden hacerlo juntos.
Eleonor tomó la mano de su nuera entre la suyas.
-Prométeme que le darás una oportunidad, no tienes nada que perder, por favor prométemelo
La miró con tanto afán que Candy no pudo hacer más que asentir lentamente, odiándose y maldiciendo su destino que la habían llevado a estar en esta situación y con solo una persona en mente…Anthony.
-Sé que él te robará el corazón. –Comento sonriéndole a la rubia
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Eleonor Baker partió en medio de la lluvia y la bruma del puerto, mientras gruesas gotas caían sobre Terrence, empapándolo sin importarle, Candy permanecía a su lado, en silencio, preguntándose si en alguna parte de su alma, el hombre recordaba que años atrás Richard lo había separado de su madre en una ocasión similar.
Bertam intentó cubrirlo con un paraguas pero él lo rechazó y continuó observando el barco que se alejaba.
Poco a poco el muelle se vacío, cuando Terrence decidió que era hora de regresar a casa, se percató sorprendido al notar que Candy también estaba empapada.
-¿Por qué permitiste esto? – le preguntó a Bertam.
-No lo regañes, fue mi decisión.
-¿Por qué?
-Quería ser solidaria. –Replico encogiéndose de hombros
-Eres una tonta –Dijo sonriendo a medias –Puedes enfermar.
-También tú.
-Sugiero que regresemos a casa lo antes posible.
-Hasta que por fin tienes una buena idea, Bertie.
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Regresaron en silencio hasta la casa y en más de una ocasión, Candy se volvió hacia Terrence esperando verlo llorar pero permanecía impávido.
Dorotly les dio la bienvenida y se horrorizó al verlos mojados, la joven se excusó para darse un baño tibio pero Terrence se dirigió hacia el estudio.
Una hora después, ella salió de su recamara para dirigirse al comedor pero el sonido de una armónica la hizo desviarse hacia la habitación de Terrence.
Atisbó por la puerta entreabierta y lo halló frente a la ventana, vistiendo aún la ropa del puerto y una botella de vino vacío reposaba junto al suelo.
Debatió por unos segundos entre si entrar o no pero su instinto de cuidado le dijo que debía hacer que se cambiara.
-Terrence… –Llamó ella acercándose.
El hombre volvió el rostro hacia Candy y ella notó lo hermoso que era su perfil.
-Debes cambiarte, Bertam te ha dejado ropa sobre la cama.
-No tengo ganas.
-Recuerda que estuviste muy enfermo.
Con un mohín de fastidio, Terrence haló el frente de su camisa, reventando los botones y la dejó caer en el suelo.
La jovencita se quedó sin respiración por un instante al ver el torso desnudo de su esposo, tan perfecto, para después reaccionar y dirigirse hacia el armario y le trajo un par de toallas.
-Sécate –Le pidió ella sin atreverse a mirarlo.
Terrence volvió a sorprenderse ante la timidez de su esposa y alentado por el efecto del licor, empezó a aflojar su cinturón.
Horrorizada, Candy se dio la vuelta pero él la tomó del brazo.
-Alcánzame los pantalones, por favor.
"¿Por favor? ¿Ahora se le ocurría ser amable? Nunca lo ha sido y se le ocurre serlo ahora…que extraño"
Ella los tomó con rapidez y prácticamente se los arrojó, de inmediato una carcajada lleno el lugar, él se los puso antes de sentarse en el sofá y vestirse con la camisa que el valet dejó para él.
-¿Acaso no cuidaste de mí en el hospital, Candy?
-Por supuesto.
-¿Entonces por qué te avergüenzas?
-Porque ya no estás enfermo.
-¿Te parezco repulsivo? –Pregunto preocupado pero sin que ella lo notara
-Eres un hombre atractivo, Terrence. –Repuso sincera ruborizándose al máximo
-Entonces, mírame. –Replico él sonriendo
Armándose de valor, ella se volvió.
-¿Fue tan difícil?
-Creo que la cena está lista, ¿vendrás a comer?
-No tengo hambre.
-Debes comer –Insistió ella.
-No puedo –Dijo cerrando los ojos y cubriéndoselos con la mano.
Candy juraría que escuchó un sollozo y casi enseguida vio que los hombros de Terrence se estremecían.
"¡Está llorando!" pensó tristemente al verlo así
-No te lo puedo explicar –Murmuró él –Pero siento un enorme dolor en el pecho, es como si nunca más vuelva a ver a Eleonor."
-Debe ser un recuerdo de cuando eras niño…
-Cuando mi padre me trajo a Londres.
-Exacto.
La joven tomó asiento junto a Terrence.
-Volverás a ver a tu madre, Terrence. –Le sonrió dulcemente –Ya no hay nada que los separe.
-Me siento completamente solo.
-No lo estás, Bertam está contigo…y yo.
-¿Tú?
-Yo.
Inesperadamente, el hombre recostó su cabeza en el regazo de Candy.
El olor a vino que emanaba de él le recordó que estaba un poco ebrio.
-¿Siempre estarás conmigo?
"¿Cómo responderé esa pregunta, Terrence?"
Terrence entrelazó su mano en la Candy y la llevó hacia su cabellera, por lo que ella comprendió que él deseaba que le acariciara la cabeza como alguna vez vio hacer a Eleonor.
-Mientras me necesites… –Respondió por fin mientras acariciaba con suavidad sus cabellos oscuros.
-Bien… –Balbuceó antes de respirar con profundidad.
Candy permaneció a su lado hasta estar segura que estaba dormido.
Suspiro profundamente mientras observaba el tierno rostro de Terrence, se veía tan hermoso y con una profunda paz y tranquilidad, que antes no había visto "¡Ah! Pero… ¿Qué estoy pensando? Ay, Terrence ¿Qué pasara cuando recuerdes todo…¿Qué harás?...¿Me odiaras?...eres tan diferente ahora…te ves tan…hermoso…así…no…no sé qué voy a hacer ahora…¡Ah! Anthony, ¿Qué hare?" pensó mientras poco a poco también el sueño la vencía.
