No sé cuánto ha pasado desde que publique el ultimo capitulo, probablemente más de un año.
Por eso les pido disculpas a todos los que seguían este fic, había publicado este capítulo en otra página, pero de repente me vino la desmotivación, dejé de escribir y con ello olvidé actualizar aquí.
Supongo que a estas alturas, todos lo que me leían ya se habrán olvidado de la historia, en que quedó el último capítulo, quien era Deni, en fin XD
De todas maneras tenía que concluir en algún momento la historia en esta página y es por eso que después de mucho tiempo traigo el último capítulo. Advertencia: trae lemon xD.
Agradeciendo infinitamente a todos los que me tuvieron paciencia y que le dieron una oportunidad a este fic, que sepan que disfrute mucho escribiendo y luego saber que la historia les estaba gustando me hizo muy feliz.
Sobre mi otro fic "Dominante" no lo pienso dejar, tardaré pero no lo dejaré =)
Sin más que añadir los dejo con el último capítulo de esta historia:
Llévame lejos
Lo he visto todo y nunca fue suficiente,
Eso sigue dejándome, necesitándote.
Llévame lejos, llévame lejos
No tengo nada más que decir
Solo llévame lejos.
_Su orgullo ya estaba roto en mil pedazos y no podía hacer nada para ocultarlo. Su interior le imploraba a gritos dejar estallar esa bomba de agonía; escapar todos esos sentimientos guardados y de los cuales renegó durante mucho tiempo.
Aun con su rostro a escasos centímetros del suelo se recordó con crueldad, que la culpabilidad de que Deni perdiese a su hijo y casi muere recaía en él mismo, y que el hecho de que ella estuviese viva no era más que gracias al cirujano que cedió a sanarla. Al menos eso era lo que creía.
Mientras que él, ¿qué había hecho? ¿Cómo sería capaz de algún día luchar por el título de mejor espadachín si ni siquiera podía proteger a sus seres queridos?
"Cuando miró la tienda, la pareja que vio Deni también había sido estudiada por él, sobre todo a la chica que tenía un embarazo casi a término. Mientras miraban y reían felices por las compras, la futura madre se preguntaba si estaba bien no preocuparse, cuando en realidad el mundo cada vez estaba siendo conquistado por más piratas.
—¡Por supuesto, será un niño lleno de fuerzas! —aseguró el novio de la chica quien elevó un puño, convencido de sus propias palabras— ¡Su padre se encargará de que crezca sano y fuerte! ¡Conmigo nada le ocurrirá!"
Esa última frase había calado en lo más profundo del espadachín.
—¡AHHH!
No había algo que partiese más un corazón que ver a alguien que jamás muestra debilidad llorando, y en ese momento Deni se sentía con el cuerpo helado e incapaz de moverse al ver a Zoro de esa manera. Estaba dejando salir toda la angustia y culpabilidad que llevaba por dentro. Por primera vez, el espadachín había dejado su alma desnuda frente a otra persona.
En un acto reflejo, corrió hacia él, y cayendo de rodillas le rodeó con sus brazos para así dejar el rostro de Zoro apoyado entre su pecho. Los gritos de angustia de su nakama revotaban en su piel produciéndole un espantoso escalofrío, la misma sensación que le provocaban las lágrimas que una tras otra iban cayendo en sus piernas. Y sin poder controlarlo se sumó con él al llanto.
En ese instante se denominó una completa ignorante respecto a los sentimientos del espadachín, quizás demasiado, ya que jamás la idea de que este estuviese sufriendo por la pérdida cruzó por su mente. Se sintió culpable por las veces en que emitió juicios totalmente diferentes sobre su nakama, suponiendo que a este le daba lo mismo la situación que ambos habían vivido.
Sin embargo la vida la tomó por sorpresa. Zoro compartía el mismo pesar, y por fin lo estaba demostrando mientras intentaba sosegarse entre sus brazos en aquel lugar donde solo los arboles les rodeaban, nadie sería capaz de interrumpirlo o apuntarlo con el dedo por su demostración de debilidad.
Una vez logró calmar su angustia se incorporó para quedar de pie frente a Deni, mientras que ella aun no podía creer lo que estaba presenciando. Lo tenía en frente de ella, apretando los ojos para no dejar escapar más lágrimas y sus dientes aun rechinaban en un intento de retener otro llanto ahogado en dolor.
Alzó la mano hacia la mejilla de Zoro para secarle la última lágrima que surcaba su mejilla derecha, temerosa de que este fuese a rechazar su caricia. Para su sorpresa, su nakama recibió el cariño sin decir nada, por el contrario, atrapó su mano contra su rostro para hacer más profundo el contacto. Deni abrió los ojos aún más ante tal gesto y antes de que pudiese articular una palabra, Zoro le tomó de la nuca atrayéndola hacia él y así zanjar de una vez por todas, el horrible episodio que les carcomía la mente.
Cuando se acercó, Deni captó en sus ojos un gran alivio, como si en el llanto hubiese descargado todo el peso que traía sobre la espalda, dotándole de un aspecto tranquilo.
Cerró los ojos antes de que sus labios se encontraran, sintiendo el contacto de Zoro, quien con una mano la rodeó por la cintura mientras que la otra sostenía su mejilla.
Hasta que al fin acortó la distancia, atrapó los labios de Deni como si no existiese el mañana, como si hubiese sido lo que quería hacer durante toda su vida. La chica de pelo violeta quedó paralizada, no era un beso como ella lo imaginaba; el espadachín estaba siendo delicado, torpe pero delicado. Quizás por la misma razón, porque nunca antes había intentado transmitir tanto sentimiento en un beso de aquella manera.
Al fin Zoro se estaba mostrando completamente.
Una vez dio por finalizado el maravilloso beso que parecía ser el punto de partida de su reconciliación, el espadachín apegó su frente a la de ella, haciendo aún más sorprendente su actitud. Respiró hondo e intentó retener el aire, pensando en que quizás ya era hora de que sus sentimientos cobraran vida y hablasen por cuenta propia. No obstante enmudeció al ver que su compañera aún mantenía los ojos cerrados, con las mejillas levemente sonrojadas y la boca entreabierta, invitándolo a repetir nuevamente aquel fascinante encuentro.
Continuaron los besos hasta que el atardecer les avisó que ya debían volver con los demás. Con mucho pesar se encaminaron hacia el pueblo para hacer las compras, mientras cada uno se preguntaba cómo abordarían el tema una vez llegasen al barco.
El miedo seguía presente en Deni, arrastrándole a imaginar que al llegar al Sunny todo ese momento mágico hubiese acabado. Y el silencio no era precisamente algo que ayudase a apaciguar mucho esos pensamientos. Desde que se separaron hasta que fueron por las compras que ninguno de los dos articuló palabra.
Mientras Zoro se removía en su interior, observaba de reojo una bolsa con sake que llevaba Deni en la mano. Recordó los momentos vividos en su mundo, entre ellos cuando fueron de compras por alcohol. Deni había comprado cantidades exageradas de sake con tal de mantenerlo a gusto en su ambiente y el a cambio ofreció amortiguarle el peso de las bolsas cargándolas junto con ella.
Entonces una idea cruzó por su mente, y quién diría que gracias a un idiota (según él) que tenía por nakama.
"—Luego de que hagan las paces… —continuó Sanji con sus clases de conquista mientras el espadachín se duchaba. Cerró los ojos e hizo una pausa dándole una calada lentamente a su cigarro, pensando si estaba bien lo que le iba a decir o no—, tómala de la mano, idiota —soltó mostrando a la altura de su ojo visible su mano entrelazada junto con la de Luffy, quien también se había ido a meter al baño—. No seas tan frío y al menos demuéstrale con hechos que le interesas.
—¡Yo no quiero andar de la mano! —protestó el capitán al imaginarse una toma de manos casi como un encadenamiento— ¡Me gusta ser libre!
—Entiendo—alcanzó a asegurar Zoro poco antes de que su rostro adquiriese una forma endemoniada— ¡¿Pero podrían salir del baño de una puta vez?! ¡Necesito bañarme tranquilo!"
—Oye, déjame llevar algunas, que apenas te las puedes —mencionó serio y utilizando las mismas palabras que aquella vez en el mundo de Deni.
Su compañera lo miró extrañada, pero luego al recordar lo que significaba esas palabras esbozó una sonrisa melancólica.
—Como aquella vez en mi mundo.
Pero esta vez podría ser diferente.
Con su mano libre Zoro tomó todas las bolsas que Deni cargaba, sin embargo la mano que estaba en contacto con la de ella no se movió más que para entrelazar los dedos con los suyos.
Deni se sintió asombrada ante el gesto y rápidamente desvió la vista de ambas manos unidas para posar sus ojos en los del espadachín, quien enrojecido miraba hacia al frente, pero que al notar la vista de su acompañante sobre él le devolvió la mirada de reojo y una sonrisa de medio lado se curvó en sus labios.
Incluso hacia presión sobre sus dedos de vez en cuando, como si quisiera darle a entender inconscientemente que seguía ahí con ella y que esta vez sería para siempre.
El día para ambos se podía calificar como extremadamente maravilloso, y sin dudarlo no podía ser mejor, ¿o sí?
Por supuesto que podía ser mejor pero ellos no lo sabían. Estando uno frente al otro ya en la cubierta del Sunny no sabían qué decirse, pues a pesar de lo vivido aún quedaban asuntos por hablar.
Deni carraspeó levemente la garganta para aligerar la tensión que se había creado.
—Necesito ir al dormitorio…un segundo.
—Estaré en el gimnasio —aquello le había salido desde adentro, era una invitación clara a que Deni se quedará más tiempo con él.
—Está bien.
Antes de que siguiese por su camino hasta el dormitorio, Zoro sintió la necesidad de no dejarla y su mano, actuando por cuenta propia, salió disparada hacia la muñeca de Deni, provocando con ello un frío intenso que comenzó desde sus dedos hasta concentrarse en la columna de su nakama. Sin quitar la vista de sus ojos la hizo girar dándole la cara y así tomó contacto con los labios que tanto deseaba volver a besar.
Se arrastraron como pudieron sin perder el contacto hasta la baranda lateral del Sunny y cuando ya no hubo más espacio para retroceder el espadachín apegó su cuerpo contra el de ella, ambas pieles separadas tan solo por un par de telas, pero que no era impedimento para que el calor comenzara a circular entre ambos.
El contacto cada vez se hacía más estrecho, y ante la necesidad de sentir más Deni alzó una pierna para envolver la cadera de Zoro. Este le tomó del muslo para encajarla de mejor manera a su cuerpo y una vez siguió deslizando las manos hacia distal se encontró con los zapatos de punta. Obsesionado con el calzado que llevaba su nakama, dejó su mano en aquel lugar para seguir aumentando el roce, mientras Deni le rodeaba el cuello siguiendo con el jugueteo de labios a la vez que ya había comenzado a soltar leves gemidos.
El pantalón nuevamente se abultó sofocándole hasta el último centímetro de su intimidad, sintiendo la urgencia de bajarse la cremallera para así liberar su presión. Pero antes de que las cosas tomaran aquel rumbo, algo debía hacer antes, después de todo al espadachín aun le quedaba conciencia, a pesar de que en esas circunstancias se convertía en alguien irracional y salvaje.
—Debemos hablar con Chopper —Zoro le susurró al oído, mientras no paraba de mordisquear con fervor la suave oreja de Deni.
—Me parece una idea… perfecta. Siempre y cuando me sueltes.
—Tsk, eso será imposible —sentenció apegando su frente en la de ella mientras esbozaba una sonrisa prepotente.
Al encontrarse con su mirada radiante y echando chispas, el deseo agobiante de entregarse al espadachín terminó por despertar en Deni, y aprovechando que Zoro estaba distraído en su cuello le hizo una zancadilla hasta dejarlo tumbado en el suelo, sentándose ella misma a horcajadas encima del.
Volvió a aprisionar sus feroces labios mientras que con las manos le acariciaba el abdomen. Cuanto le gustaba palpar el cuerpo tan bien esculpido de ese hombre, rozar cada músculo era un golpe de adrenalina. Debajo de su palma sentía como los músculos de Zoro se tensaban a tal punto que llenaba la camisa negra de una forma que en cualquier momento estallaba. Sentía su respiración agitada junto al intento del espadachín por inhalar hondo antes de profundizar el beso mientras le aprisionaba la nuca a Deni. Era el vicio perfecto para ella; tal como una droga, la cual al probarla era capaz de llevarla al mismísimo cielo y que al aterrizar se encontraba en un infierno, pero aun así no dejaría de consumirla.
Antes de que la mano de Zoro se posara entre la ropa interior y su piel, Deni dio un salto hacia un lado, intentando calmar sus revoluciones antes de que aquel acto tuviese una consecuencia, de la cual no estaban preparados para afrontar.
—¡Necesito ir al dormitorio! —Aseguró mientras se incorporaba arreglándose el vestido, intentando no arrepentirse de haber dejado el acto a medias—. Ve en busca de Chopper.
Seguido de eso desapareció en un par de segundos dejando a Zoro gruñendo aun en el césped y con un gran problema en su entrepierna. Hasta que se hizo el ánimo y decidió ir en busca de Chopper para presionarlo a que inventase algo y así poder estar de todas las formas posible con Deni tranquilo.
Pero sin éxito alguno, ambos volvieron a reunirse en cubierta.
—El dormitorio está con llave. No puedo entrar —sentenció Deni intentando apartar la vista de él.
—Tsk, el mío también está cerrado —bufó extrañado intentando encontrar una explicación lógica, lo cual dejó de lado cuando posó sus ojos sobre ella.
—Espera —interrumpió Deni al girar la vista hacia un lado y contemplar que algo raro había en una de las habitaciones—. El dormitorio que fue de nosotros, ¿tenía un candado, no?
—Iré primero —ofreció Zoro en modo alerta. El hecho de que no hubiese ruido en el barco y aquel dormitorio estuviese abierto le dio un grado de desconfianza.
Ninguno de los dos se imaginaba por completo el vuelco que daría en sus vidas luego de entrar al lugar.
No se alcanzaba a ver gran parte del interior porque estaba todo muy oscuro y el claro de la luna no bastaba para en clarecer un poco la escena. Alzó la mano sobre la pared de madera para dar con el interruptor y cuando la luz se hizo presente, no le quedó otra que quedar estupefacto.
Deni lo alcanzó rápidamente al ver que no decía nada y antes de preguntar qué fue lo que vio, tuvo la misma reacción que él cuando contempló lo que había delante de sus ojos.
El dormitorio que antes era de los dos permanecía igual: un pequeño velador adornaba la esquina superior derecha, los armarios que pertenecían a cada uno seguían a un costado de la entrada principal del cuarto y a la derecha se podía divisar el baño que tenía pinta de seguir tal cual lo habían dejado.
Solo que un pequeño detalle marcaba la diferencia con creces: una cama matrimonial permanecía apegada al costado izquierdo de la pared.
Ambos se preguntaron a qué venía aquel cambio en el lugar que fue propiedad de ellos dos y la respuesta atravesó en sus mentes de forma casi instantánea. Intentaron desecharla con igual rapidez.
Cuando terminó de escudriñar con su único ojo el interior del dormitorio, Zoro dio con un papel doblado que tenía escrito su nombre encima del velador café, el cual en su superficie también contenía un frasco con unas diminutas pastillas. Frunció el ceño aún más, preguntándose cuantas notas más dejaría el ero-cook, y comenzó a leer el mensaje en su mente:
"Ni te atrevas a tocarla, marimo imbécil… bueno sí. Pero que no se te pase la mano o te mato.
El amor que se tienen es SUPER, no lo desaprovechen.
Confeccioné unas pastillas para que no se apareen, úsenlas.
Zoro-san, las bragas en una mujer se ven hermosas, y más si están puestas en la que amas.
Todo fue un plan del valeroso Usopp-sama, el valiente guerrero de los mares.
Los preparativos y demás les costara caro y con intereses.
¡Ganbatte!
¡Celebraremos esto con un gran banquete y mucha carne, Zoro!"
Dos venas en el centro de la sien del espadachín comenzaron a abultarse. Deseaba en lo más profundo de su interior cortar en pedacitos chiquititos a cada uno de los autores de aquel escrito. El rostro se le oscureció mientras mantenía el ceño fruncido y rápidamente deshizo el papel en mil pedazos, ignorando por completo que Deni se encontraba a sus espaldas y que ya había leído cada línea con detalle.
—¿Esto…? —preguntó su compañera con voz temblorosa, que con asombro se llevó una mano a los labios— ¿Esto lo han hecho ellos por nosotros?
—No tenían por qué entrometerse —maldijo entre dientes apretando los parpados de ira, tanto como los pedazos de papel que aún mantenía entre sus manos.
No se dio cuenta en el momento que Deni lo empujó hasta caer encima de los mantos, terminando horcajadas nuevamente encima del, demostrando con ello lo provechoso que resultaba el nuevo lecho en la habitación.
—¿Es que acaso no te gusta? —le cuestionó curvando una tierna sonrisa mientras intentaba adivinar los sentimientos del espadachín mirándole directamente a los ojos.
Por supuesto que le gustaba la idea, no encontraba palabras para describir sus sentimientos ante el hecho de imaginar aquella nueva vida con Deni. Pero a la vez aun sentía confusión, no sabía si estaba bien el llevar las cosas a ese ritmo tan rápido, tenía temor de hacer algo mal nuevamente.
—Tsk, escúchame bien porque no lo diré dos veces… —comenzó su nakama con un tono de voz serio y manteniendo la vista fija en ella.
—¡Vamos, Zoro! ¿Qué tanto…?
—Te amo —fue firme y convincente. Aunque la reacción que causó esa pequeña frase en Deni hicieron que al espadachín casi se le trabara la lengua y no dijese más, pero esta vez no se iba a dejar llevar por su orgullo, iba a llegar tan lejos como sus sentimientos lo dejasen—. Tsk, me dejé llevar como un idiota por el orgullo y algunas veces por el bien de los dos. Lo probé todo, pero eso me llevó a seguir necesitándote. Necesito hacer las cosas bien, porque no quiero volver a hacerte daño.
Una, dos, tres… después fueron incontables las lágrimas que comenzaron a caer en sus mejillas producto de la gravedad. Había sonado tan sincero que esas palabras se quedaron grabadas a fuego en la mente de Deni, convirtiéndose al instante ese sentimiento en un llanto incontrolable. Sus manos aun descansaban a ambos costados del rostro del espadachín y dado que le era imposible controlar sus emociones alzó el brazo para cubrirse con el dorso.
—Yo…yo jamás pensé que tú sentirías… —intentaba hablar recorrido, pero la felicidad le embargó de manera tal que le era imposible articular palabras—. Siempre te amé silenciosamente, creyendo que tú nunca me corresponderías…
Zoro se sintió culpable e incapaz de seguir mirándola a la cara, pues sabía que él era el responsable de todas y cada una de las lágrimas de Deni. No sabía qué hacer ni qué decir para otorgarle un poco de calma, solo se limitó a intercambiar los papeles, dejándola a ella de espaldas en la cama mientras él posaba sus brazos a un costado.
—Llévame lejos Zoro —pidió una vez logró calmarse—, no tengo nada más que decir, llévame lejos.
La noche para ellos recién había empezado, junto al comienzo de una nueva vida, juntos. Y tal como se lo pidió Deni, el espadachín atendió su demanda entregando lo mejor de sí aquella noche. Tenían el barco a su merced para hacer lo que quisieran y en ese mismo momento quería terminar con lo que habían dejado a medias en cubierta antes de que Deni arrancase de sus brazos.
Ahora la tenía debajo a su disposición y control completo, sin darle opción alguna de escapar. Rápidamente comenzaron los besos y caricias, el cuarto oscuro se llenó del aliento de ambos, que a medida que aumentaban la intensidad del contacto, comenzaba a hacerse más acelerado.
Zoro se acomodó a un lado de ella para seguir con su tarea, sin despegarse de su boca trazó un camino con sus manos desde los hombros de su amante hasta sus muslos, en donde se permitió palpar por debajo del vestido blanco que aún tenía puesto Deni y que, para torturarse a sí mismo no se lo iba a quitar por el momento. Acarició por debajo de la tela cada rincón, sintiendo como la piel de Deni se erizaba bajo el contacto, sensación que se intensificó cuando llegó con impaciencia al entre medio de sus piernas.
Y para cuando se detuvo en aquel lugar, deslizó lentamente la diminuta braga mientras depositaba caricias circulares en aquella zona, desencadenando con ello el deseo abrumante de parte de ella por intentar poseer al espadachín de igual manera.
Pero Zoro la tomó de la nuca dejándola pegada a las sábanas blancas. A veces era un completo egoísta, eso lo sabía y en ese momento deseaba, solo para su satisfacción, ver a Deni retorciéndose de placer bajo su atenta mirada.
—Mírame —Deni había cerrado los ojos para solo dejarse llevar por la sensación que los dedos de Zoro le estaba proporcionando, pero la orden clara y precisa del espadachín la obligó a dirigirle la mirada, mientras un gemido cada dos segundos se deslizaba por su garganta.
Tan solo bastaba una suave presión más para alcanzar el tan ansiado orgasmo, sin embargo, antes que eso fuese posible las manos de Zoro ya habían abandonado el lugar. Deni le miró con reproche y este se permitió esbozar una sonrisa prepotente. Acto seguido fue su rostro el que descendió hasta su entrepierna, y cuando Deni supo el camino que este iba a tomar soltó un suspiro que predecía a su misma gloria.
No hizo falta más que dos minutos para que se desencadenara lo que tanto deseaba, sus músculos comenzaron a tensarse involuntariamente y la sangre fluyó con mayor velocidad por todo su cuerpo hasta concentrarse fuertemente en su intimidad. En ese momento solo era consiente de ese pequeño centímetro de piel que estaba siendo manejado a gusto por el espadachín.
A pesar de que Deni ya había experimentado un fascinante orgasmo, Zoro no estaba dispuesto a dejar lo que estaba haciendo, quería aún más y si, en lo posible la llevaba por segunda vez al clímax mucho mejor para él. Volvió a hacer presión en la misma zona, mientras aspiraba aquel aroma que añoraba volver a sentir, esa esencia que deseaba con fervor volver a absorber y que, tal como la maravillosa madre naturaleza lo había estipulado, era el gatillante del disparo hormonal en el género masculino para comenzar con el ritual del cortejo y de la unión.
Luego de haber quedado satisfecho con su trabajo, se incorporó hasta quedar a la altura de Deni sintiendo como el aliento agitado de esta comenzaba a golpear sus labios. Al fin había llegado el momento que tanto ansiaba; la desnudaría y absorbería con la mirada cada parte de su cuerpo, luego la poseería, se adentraría en ella con lentitud, para darse el tiempo de escuchar el gemido de su amante cuando este le hiciera suya.
Todo eso y mucho más deseaba con impaciencia llevar a cabo, pero de repente el entusiasmo comenzó a descender luego de ver que, Deni al tomarse una de las pastillas anticonceptivas que le había dejado Chopper, le siguió un gesto ensombrecido, como si se sintiese mal por alguna extraña razón.
—¿Estuvo malo?
—No —contestó Deni aun perdida en sus pensamientos—. No tienen sabor.
Una gota de sudor en la frente de Zoro se hizo presente, no era precisamente eso a lo que se refería con su pregunta.
—¡Ah! —entonces cayó en la cuenta de lo que el espadachín le había preguntado y no pudo evitar enrojecerse hasta las orejas— ¡No es eso! ¡Estuvo bien! Lo siento, Zoro —continuó con un tono de voz más calmado y volviendo a adoptar aquel gesto triste que despertó la curiosidad del espadachín—, es solo que estas pastillas me hicieron recordar lo que pasó. Si no hubiese sido tan descuidada él no habría muer…
—¡No es culpa de nadie! —protestó Zoro antes que Deni siguiese—. Estamos en el nuevo mundo, no estaba preparado para venir…—al ver que Deni abrió inmensamente los ojos, se dio cuenta de sus propias palabras. El tono carmesí de sus mejillas delató su vergüenza por lo que estaba diciendo, obligándole a darle la espalda a su compañera— ¡Cuando sea el mejor espadachín del mundo dejaras de tomar eso! —anunció con voz ronca, casi como una orden mientras señalaba el frasco de pastillas.
Chasqueó la lengua molesto, había sido un día demasiado revelador por parte de él y aquel caso no era una excepción. Estiró un poco el cuerpo para tomar una botella de sake que había a los pies de la cama, agradeciendo mentalmente a cualquiera de sus nakamas que se les ocurrió dejarles un poco de alcohol en el dormitorio. Quitó el corcho con los dientes para escupirlo hacia un costado, pero cuando estaba a punto de darle un sorbo a la botella el llanto de Deni lo detuvo.
¿Pero por qué lloraba tanto? ¿Es que ya no podría decirle nada más? Zoro comenzó a desesperarse al no saber qué hacer para que cada palabra que saliese de su boca no tuviese aquel efecto en ella.
—Lo siento, Zoro. Pero me siento tan maravillosamente feliz…
Por supuesto que se sentía dichosa y feliz, pues comprendió al instante lo que su compañero había querido decirle: no solo era una invitación a crear una familia a futuro, sino que también a estar para siempre juntos. Lo había dicho a su manera: a lo bruto, pero era más que suficiente.
Zoro le miró con una sonrisa sincera, y a la vez sintió un alivio cuando notó que Deni ya no estaba llorando, acto seguido volvió a tomar la botella de sake junto a dos más que había en el suelo.
—¿A dónde vas? —preguntó al percibir que el espadachín estaba a punto de ponerse de pie con las botellas.
—Iremos afuera —El espadachín pensó que lo mejor quizás era ir a distraerse unos minutos, ya más tarde continuaría con lo que aún seguían dejando a medias, ya que por el momento la mezcla de emociones cumplieron el papel de un gran distractor.
Deni captó al instante la idea y rápidamente un recuerdo guardado cruzó por su mente.
—¿Cómo la vez que me encontraste borracha en las rocas?
—¿Acaso lo recuerdas?
—Solo esa parte —contestó con una inmensa sonrisa juguetona—. Pero siempre he pensado que si desperté tan feliz no habrá otra explicación más que estuvimos juntos.
Zoro fue incapaz de decir algo, a veces Deni decía cosas que lo dejaban totalmente sorprendido. Pero sí que con cada palabra hacia que su interior le confirmase ese "te amo" que le había declarado.
—¿Y tú? —preguntó al recordar como su nakama le había llevado a las nubes hace unos minutos atrás y él aun no recibía nada a cambio—. No has disfrutado nada.
—Aún queda noche para reclamar mi parte.
—No, no es justo, Zoro —dijo abalanzándose encima del para luego quedar de rodillas entremedio de las piernas del espadachín— ¡Yo también quiero que seas feliz conmigo!
Una mano se mantuvo firme en el torso de Zoro, mientras que la otra bajó con delicadeza hasta donde finalizaba el vientre del espadachín.
—No es necesario, lo soy —pudo decir apenas con un hilo de voz cuando sintió como la cremallera de su pantalón se deslizaba bajo las manos de Deni.
—Siento que nunca me he dedicado a disfrutar el 100% de ti: tu cuerpo, tu aroma y tu piel —aquel tono juguetón y teñido de sensualidad estaba llevando a Zoro a desear cada vez más lo que su acompañante le estaba ofreciendo—. Deseo probarte y saber a qué sabes. Tú ya lo sabes todo de mí, ahora mi cuerpo pide a gritos conocer todo de ti, por favor.
Con aquellas palabras, su erección se disparó hacia lo más alto que podía imaginar, pidiendo a gritos que Deni terminara de liberarlo de la prisión que ejercían las telas puestas. Que le hiciera lo que quisiera; hacer, deshacer; tomar o dejar, cualquier cosa que viniese de parte de ella a él le vendría de maravilla.
—Vamos, Zoro —volvió a pedir casi rozando los labios del espadachín a la vez que al fin posó su mano en toda su masculinidad—. Déjame demostrarte lo que puedo hacer por ti.
Se separó de su rostro, tomando camino en donde el espadachín ya se estaba esperando. Gimió fuertemente inclinando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos para dejarse llevar por esa nueva sensación, al tiempo que Deni hacia algo con su boca que le pareció jodidamente embriagador y excitante.
La noche continuó bella y con un cielo cubierto por un manto de estrellas que iluminaban la orilla de la playa, incluyendo el océano en el cual, luego de varias copas se pudo ver a Deni y Zoro jugueteando entre las tranquilas aguas.
Ella se había lanzado desde la baranda del Sunny y él sin dudar le había seguido. Y tal como había transcurrido en la primera noche de borrachera juntos, Zoro volvió a formar una fogata con algunas ramas que encontró alrededor después de salir del agua. Luego de proporcionar el último soplo para que el fuego prendiese fijó la vista en el océano, observando como Deni nadaba hasta la orilla. Recordó cómo fue aquella vez, en la cual miró por primera vez con otros ojos a quien aún no era oficialmente su nakama. Sentado al lado del fuego la contempló de pies a cabeza mientras Deni se acercaba a él. Una sonrisa de medio lado surcó su rostro inconscientemente, al notar que esta noche era diferente, sabía cómo continuaría la noche y como seguirían los días de ahora en adelante, sensación que le inundaba con un exquisito calor por dentro, y más aún cuando la chica de pelo violeta apresuró el paso hasta convertirse en un trote, cayendo con entusiasmo y de brazos abiertos encima de él.
Enterrado en la arena y con Deni encima se permitió esbozar una sonrisa torcida, ¿siempre tenía que ser tan enérgica y entusiasta? Siempre lo estaba derribando en algún lugar: en la cama, en cubierta, en la playa, en la bañera…
Cuando recordó la bañera su sonrisa cambió a una maliciosa, estudió el entorno: el lugar estaba completamente solitario, tenían una manta para cubrirse, Deni tenía el vestido blanco mojado y debía quitárselo, ¿no?
Aprovechó la cercanía con una roca que estaba detrás suyo y apoyando la espalda sobre ella, mantuvo a su nakama sentada encima del. Ahora si nada ni nadie le interrumpiría el momento, por lo que ambos se cubrieron con la única manta que habían llevado, siendo esta la única testigo de su unión.
Retomando el encuentro pasional que habían pausado en el dormitorio, el deseo volvió a despertar en Deni, arrastrándole a envolver las caderas del espadachín con sus piernas, a la vez que Zoro cubría la espalda con sus brazos y así la aprisionaba con mayor fuerza contra su cuerpo.
Su boca había comenzado por devorar los suaves labios de Deni, los cuales se permitió disfrutar durante varios minutos. Luego desatendió su rostro y se inclinó para besar el cuello de su amante mientras esta ladeó la cabeza para facilitarle el acceso, sintiendo como de a poco Zoro abandonaba el lugar para centrarse en sus senos. En los cuales trazó un camino con la punta de su nariz mientras aspiraba el olor a frutillas que aún permanecía impregnando en toda su piel.
Sus manos se colaron por debajo del vestido para retirar la prenda lentamente, dejando al descubierto la piel blanca de Deni bajo su atenta mirada. Se relamió los labios sintiéndose como el más grande de los depredadores mientras observaba cada rincón que quedaba expuesto a la fresca brisa marina, preguntándose a la vez por donde debería comenzar a atacar.
La ropa del también cayó a un costado de ellos en la arena, quedando tan solo cubierto por la ropa interior y el abrazo del cuerpo descubierto de Deni, quien se elevó a escasos centímetros de su amante para deslizar la última prenda del espadachín, siendo ayudada por el movimiento de piernas del peli verde para así quedar completamente desnudo.
Sentía que podía alcanzar el éxtasis con solo detenerse a observarlo en esa faceta: sus labios entre abiertos mantenían una perfecta sincronía con sus ojos que la miraban con amor y deseo. Una imagen digna de llevarse hasta la tumba. Sus pectorales se encontraban tensos y el sube y baja agitado marcado perfectamente por la cicatriz acusaba la impaciencia por poseerla. Sin resistirse más atrapo las mejillas del espadachín con ambas manos, volviendo a fundirse en un beso desesperado, era una danza maravillosa en la cual cada boca se dejaba llevar por el baile de la otra. Mientras ambos labios se abatían con violencia Zoro delineo con sus manos varoniles la columna de Deni hasta detenerse en sus caderas las cuales aprisionó para así levantarlas y con maestría unir ambos cuerpos.
Tal como ella demandó: la llevaría lejos, y por supuesto, también en agradecimiento por haberle hecho tocar el cielo minutos atrás en el barco.
Zoro continuaba con su tarea de saborear el cuello de su amante siguiendo por sus hombros hasta bajar en busca de los redondeados senos, todo movimiento acompañado del vaivén y la presión que ejercían uno sobre el otro en el intento de mantener una unión perfectamente rítmica. Hasta que a Deni le consumieron las sensaciones que le estaba otorgando el espadachín, comenzando a perder el control total de su cuerpo, haciendo el vaivén mucho más rápido y profundo, obligando a Zoro a mantener la calma antes de que su cuerpo estallase, dejándole fatigado antes de tiempo.
Haciendo uso de su disciplina contrajo todo su cuerpo para no dejarse llevar más y tomando a Deni de las caderas logro detener el vaivén que parecía incontrolable. Entonces su nakama se permitió desplomarse sobre su hombro, exhausta intentando recuperar el aliento para luego seguir saboreando la piel tostada de su amante.
Sin deshacer la unión el espadachín retrajo las piernas mientras Deni se aferraba a su cuello. Afirmándola de la cintura logró ponerse de rodillas para luego depositarla de espaldas sobre la arena, mientras el cuerpo de este recaía sobre ella. Volvió a hundirse en ella con un ritmo deliciosamente lento, mientras recuperaba el control total de su cuerpo para volver a ser dominado por la enardecida pasión.
Se podía decir al fin que estaban haciendo el amor de manera completa, en una entrega perfecta no solo física, si no que de sentimientos. Porque ya no tenían nada que ocultar, se habían revelado el amor que sentía el uno por el otro y aquel acto era la consumación de sus palabras.
Hasta que la luz del alba comenzó a cubrir el rostro sonriente de aquella pareja que no durmió ni cerró los ojos en toda la noche. La noche había sido perfecta y tal como, aquella ocasión similar, terminaron cubiertos por la manta, con la espalda de Zoro apoyada en la roca y la espalda de Deni en su torso. Los brazos del espadachín la rodeaban con infinita posesión, mientras que la sonrisa en ambos jamás desapareció de sus rostros.
Hasta que se dieron cuenta que ya estaba amaneciendo y que los demás pronto podrían retomar su camino al barco. Con pesar recogieron sus cosas y se dirigieron al dormitorio, donde cayeron agotados en un profundo sueño.
Cuando despertó era ya medio día. Deni seguía profundamente dormida, su respiración profunda y regular lo indicaban. Por su parte, Zoro nunca había dormido tan bien como en aquellas horas. No quería separarse de su pareja ni un centímetro, pero el cuerpo demandaba. Las energías guardadas se las había llevado la noche anterior, por lo que necesitaba con urgencia un buen desayuno.
Al abrir la puerta de su nuevamente dormitorio, se percató que el barco permanecía igual que el día anterior: no había rastro alguno de vida, así que despreocupadamente se dirigió a la cocina. Sin embargo apenas entró fue acosado por la mirada de cada uno de sus nakamas, algunas con picardía, otras con alegría y como no, con la fulminante mirada de Sanji.
—Aquí tienes tu desayuno, cabeza de musgo —le dijo el cocinero con tono apático a la vez que deslizaba una bandeja con comida por la mesa, la cual recibió Zoro con una mueca despreciativa—.Y esto es para Deni-san, así que ni se te ocurra comértelo —volvió a deslizar con mayor cuidado otra bandeja que claramente contenía un desayuno de mayor calidad.
—¡Sanji, comienza a preparar la carne! —exigió Luffy con una sonrisa feliz y alzando los brazos— ¡Fiesta!
—Zoro —antes de que el espadachín tomase las bandejas y se retirase sin dar detalles de su reconciliación, Nami lo interrumpió posándose frente a él—, me alegro mucho que las cosas entre ustedes dos por fin se hayan arreglado —finalizó intentando fingir una cara de absoluta felicidad.
—¿Eh?
—¡Pero podrían por lo menos haber hecho sus cochinadas en el dormitorio! —reclamó estampando al espadachín de un solo golpe en la pared— ¡Gracias a eso tuve que pagar un hotel para todos!
"—¡Franky, el próximo dormitorio que construyas será para mí, Nami-swan y Robin-chwan! —pidió con voz cantarina Sanji una vez ya todos los mugiwaras habían comenzado con el regreso al barco durante la noche anterior.
Esperaban en lo más profundo de sus interiores, que Deni y Zoro por fin se hubiesen reconciliado. Pero jamás imaginaron que al entrar a la orilla de la playa se encontrarían con una escena de aquel tipo. Al menos aun no habían concretado nada, solo se veía un par de prendas esparcidas junto a la pareja que se encontraba bastante acaramelada junto a la fogata.
Se vieron obligados a permanecer detrás de unos arbustos a unos metros de distancia de aquellos dos y obviamente no había que ser tonto para adivinar lo que tendrían que presenciar si se quedaban en el lugar.
—¡Alerta roja! ¡Se están apareando, se están apareando! —comenzó a correr Chopper por todos lados, asustado ante la posibilidad de que su nakama nuevamente quedase embarazada—. Es verdad, ya le di a Deni las pastillas —volvió a su postura normal como si lo demás no tuviese mayor importancia.
—¡¿Y ahora como volvemos al barco?! —se preguntó Nami horrorizada.
—¿Eso significa que no habrá comida?
—Yohohoho. Qué más da, al menos alcanzaré a ver las bragas de Deni-san —comentó Brook intentando acercarse un poco más, de modo de tener una mejor visión de la escena.
—¡Idiota! —espetó Sanji luego de apagar su cigarro con furia contra el suelo— ¡No vayas solo, que yo también quiero verlas!
—¡Ninguno de los dos hará nada! —segundos después se pudo apreciar a Sanji y a Brook con un chichón en cada frente y siendo arrastrados por Nami hacia el pueblo—, ¡nos vamos a un hotel!"
Con un par de chichones en la cabeza, farfullando cuanto insulto se le ocurriese y una bandeja que portaba un desayuno para dos personas, se dirigió a su aposento dispuesto a comer y luego seguir durmiendo durante todo el día. Se adentró en el dormitorio con cautela hasta llegar al pequeño mueble que descansaba en una esquina de la habitación y cuando depositó el desayuno en este, el pequeño crujir contra la madera terminó por despertar a Deni.
Parpadeo mientras iba recobrando poco a poco la visión. Apenas divisó a la persona que estaba a un costado dejando la bandeja en el velador se incorporó como un resorte en la cama, lanzándose directamente a los brazos del espadachín, ignorando por completo lo que aquello podría provocar en él.
—¡Buenos días, Zoro!
Despertarse en su nueva cama, la cual había compartido con Zoro y que al abrir los ojos el ocupante de sus pensamientos se encontrase a su lado le llenó el pecho de felicidad. Una felicidad incontrolable que la empujó a saludarlo de esa manera: sin darse cuenta que aún permanecía sin ninguna prenda de vestir.
Al separarse y volver a la cama para mirar con ojos hambrientos el desayuno que Zoro había llevado, el espadachín se quedó petrificado y con los ojos en blanco, sacudiéndole cada tres segundos unos leves tiritones. Después de todo, no todos los días una mujer desnuda se le lanzaba a los brazos.
—¿Por qué te estás desnudando? —una vez recuperó la conciencia Zoro comenzó a hacer lo que tenía que hacer, ganándose aquel interrogatorio por parte de Deni.
—¿Y lo preguntas luego de abalanzarte de esa manera?
Sus ojos relampaguearon como los de un depredador peligroso, acto que provocó que a Deni se le erizara la piel mientras el ambiente se llenaba de aquella carga eléctrica que emanaban ambos cuerpos desnudos.
Tumbándola boca abajo entreabrió sus piernas para quedar en el espacio que estas dejaban y apegando su pecho a la espalda de Deni comenzó a devorar hambriento el espacio que dejaba entre el cuello y el hombro. Tal parece que el desayuno tendría que esperar un poco más. Antes el espadachín necesitaba saciar su hambre con otros placeres que le estaba otorgando la vida.
—Pienso recuperarlo todo —sentenció con voz ronca mientras aprisionaba las manos de Deni contra las suyas.
—¿Eso incluye el tiempo perdido?
—Por supuesto —respondió esbozando una sonrisa de medio lado.
—Me parece perfecto —Consiguió decirlo apenas en un hilo de voz cuando sintió que toda la masculinidad de su amante comenzó a deslizarse en su interior. Apretó las sabanas con ambas manos, dejándose llevar por la exquisita sensación que le estaba brindando el ser tan dominante que yacía sobre ella.
Al caer el atardecer un gran alboroto se escuchó desde cubierta, despertando a la exhausta pareja que descansaba desnuda y tan solo cubierta por las sábanas blancas.
—¡Zoro, Deni! —El grito enérgico de Luffy les obligó a dar un respingo sobre la cama, quedando sentados en un instante y en modo defensivo— ¡Comida y mucho sake!
Antes de que alguna tragedia ocurriese: como que Luffy echara la puerta del dormitorio abajo dejando a ambos descubierto ante los demás, Deni y Zoro optaron por vestirse rápidamente y unirse a la fiesta que todos sus nakamas habían montado en el barco. Ahora que todos los problemas se esfumaron por completo y los malos ratos quedaron en el pasado, los mugiwaras se permitieron celebrar el término de una aventura para dar paso a lo siguiente que les deparase el destino en el nuevo mundo. Y como no, también para celebrar que ya todos estaban en armonía y en paz con todos.
Luego de un gran brindis, la hermosa melodía del sake de blinks comenzó a sonar por todo el barco. Los mugiwaras iban cantando al son del sonido del violín de Brook, mientras que otros como Luffy, Ussop, Chopper y Deni bailaban abrazados alzando las piernas de un costado al otro.
Zoro observaba a sus nakamas felices desde la baranda, esbozando inconscientemente una sonrisa al notar como la felicidad volvía a la tripulación. Se llevó la botella de sake que sostenía a su boca y luego de darle un gran sorbo escuchó un pequeño pitido que provenía desde abajo. Extrañado se dio vuelta y miró hacia la orilla para ver de qué se trataba y cuando divisó la silueta que emanaba ese incomodo chillido una sonrisa torcida surcó su rostro.
—¡Zoro-kun, supe que se marchan hoy! —gritó Naomi hacia arriba, mirándole claramente con intensiones oscuras— ¿Qué tal si vienes a mi casa para despedirnos?
Un tic nervioso se pronunció en su ceja derecha, él no le había hecho nada a ella y sin embargo ¿por qué Naomi lo perseguía insistentemente?
Una maravillosa idea cruzó por su mente, sabía cómo librarse de aquella mujer sin que se armara un escándalo como aquella noche en el bar y sin que cierta nakama del derramase sangre por todo el lugar.
—¡Oye, ero-cook! —gritó a toda voz a ver si aquella provocación despertaba el interés del cocinero. De seguro él no dudaría ni un segundo en llevarse a la rubia donde fuese.
Pero antes de que cualquiera de esos sucesos ocurriese, una silueta pasó rápidamente por el lado del, dejando solo una pequeña ráfaga de viento. Para cuando miró hacia abajo, Deni ya se encontraba frente a frente de Naomi.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó con tono desafiante sin evitar esbozar una mueca desagradable cada vez que se encontraba delante de ella.
—¿Otra vez tú? ¿Es que no tienes nada mejor que hacer que molestarme? —preguntó Naomi cerrando los ojos de ira ¿hasta cuándo pensaba interrumpirle sus fogosos propósitos con el espadachín?
Para cuando dirigió nuevamente su mirada hacia ella, Deni ya no se encontraba en el mismo lugar que antes. Asustada, Naomi ladeo la cabeza hacia un lado pudiendo divisar de reojo que su contrincante estaba a sus espaldas y que no tenía el aspecto de una persona normal.
—¡¿Qué… qué eres?! —preguntó con miedo cuando vio sus ojos brillantes y antes de que pudiese dar un paso hacia delante, Deni la aprisionó a la altura del cuello con uno de sus brazos dejando al frente de la mirada de Naomi las afiladas garras que provenían de sus manos.
—No creo que tu sangre sea de la mejor calidad pero al menos me servirá para saciarme un poco. Así no te quito tanto a ti ¿Eh, Zoro-kun?
Zoro fue incapaz de decir algo, por el contrario se preguntaba por qué su nakama tenía que ser tan temeraria a veces. Y la respuesta estaba ahí mismo, porque era su pareja, no podía esperar menos de ella.
La rubia aterrorizada de que su vida corriese peligro, desechó por fin la idea de acostarse con Zoro, y como pudo se deshizo del agarre de Deni. Dándose a la fuga rápidamente camino al centro del pueblo, dejando a su atacante revolcándose de la risa en la arena. Ni siquiera había alcanzado a ver su cara, pero con solo ver a Naomi corriendo desesperadamente le bastó para darle su merecido. Y por supuesto, jamás en la vida hubiese bebido sangre de alguien como ella, solo era para darle un susto.
—¡Naomi-chwan! —se escuchó canturrear desde la baranda del barco, quien no era otro más que Sanji observando con su ojo convertido en corazón la silueta despampanante de la rubia corriendo por la orilla de la playa— ¿Has venido a buscarme?
—¡Ni te atrevas a acercarte a esa prostituta de barrio, Sanji! —ordenó Deni proporcionándole una mirada desafiante al rubio desde abajo.
—¡¿Y por qué te preocupa que el cocinero pervertido se vaya con otra?! —comenzó a protestar Zoro sin hacer el mínimo esfuerzo por ocultar los celos que le había provocado.
—¡Porque es mi nakama! ¡No quiero que le peguen algo como casi te ocurre a ti! —le recriminó inconscientemente cuando recordó lo mal que lo había pasado por culpa de las supuestas citas. Aunque al segundo se sintió presa de un escalofrío cuando noto el aura asesina de su acompañante.
—¡Deni-swan está celosa por mí! —canturreó el cocinero mientras danzaba, y antes de que fuese detrás de Naomi, el grito de Nami lo sacó de ese pervertido pensamiento para centrarse en otro igual de pervertido, despareciendo así de vista de sus dos compañeros presentes.
Aquello había sido una provocación por parte de ella, y una muy grande. Con el gesto sombrío y sin poder evitar esbozar una sonrisa retorcida, se inclinó para pasar un brazo por detrás de las rodillas de Deni y así, cargándosela fácilmente al hombro comenzó a subir hacia cubierta.
—¡¿Qué?! ¡¿A dónde me llevas?! —se alarmó al notar el aura amenazante, por lo que rápidamente intentó zafarse del agarre sin ningún éxito.
—Me provocaste —soltó Zoro a secas, echando un vistazo rápido con expresión seria a sus nakamas una vez puso un pie en cubierta. Al notar que cada uno estaba en lo suyo y sin prestarles atención comenzó a caminar tranquilamente al dormitorio con Deni aun en brazos.
—¿Provocarte? ¡Si no te he hecho nada!
—Transformarte.
—¡¿Y eso qué?! —volvió a preguntar sin entender a qué iba algo así. Probablemente tardaría en darse cuenta de lo que su imagen como vampiro provocaba en el espadachín.
—Me provocaste.
Siguió su camino, en tanto a su alrededor los demás seguían festejando. Ellos dos también festejarían, pero a su manera, después de todo, luego de tanta tormenta al fin estaban juntos y de eso solo había pasado un día. Por lo que todo su ser le proclamaba a gritos más instancias en las cuales solo existían los dos, y que del resto del mundo se olvidaran por un momento.
Aun recordaba aquel día en que despertó con un genio de los mil demonios. Deni aún no hacia acto de presencia en aquel mundo, pero el ya intuía cierta presencia gracias a las pesadillas que le envió el maldito de Hokusai, las cuales le provocaban un despertar de los mil demonios:
"—Oye, Zoro, es verdad —Aquel día Ussop junto a los demás le recriminaban por el comportamiento altanero que llevaba el espadachín hace algún tiempo—, deberías ser más calmado, alegre, sé un poco más feliz de vez en cuando.
—Ha hablado el Señor Feliz— respondió Zoro irónicamente sin ningún ánimo de seguir con la conversación—. Como si la felicidad cayese del cielo.
Y en ese momento se oyó un ruido en seco que retumbó por todo el Sunny. Zoro al despegar la cabeza del suelo se encontró con alguien desmayado encima de su cuerpo."
Y esa no era otra persona más que Deni. El espadachín esbozo una sonrisa de medio lado mientras aun cargaba a su mujer hacia el dormitorio. A veces la felicidad si caía del cielo y él fue uno de los afortunados.
Molesto, también se recordó cuando la vio por primera vez transformada en vampiro, fue el momento en que Deni se atrevió a atacar a Zoro y este estuvo a punto de atravesarle con Wado Ichimonji, gracias al odio irrazonable que sentía hacia ella.
"—¡Maldita seas! —. Zoro comenzó a desenfundar rápidamente sus katanas, pues la ira había terminado por consumirle— ¡Sabía que algún día mostrarías tu verdadera identidad! ¡Ahora sí que te mato!"
La iba a matar, que ironía, después era él mismo quien le entregaba su cuello en bandeja, todo con tal de ver esa magnífica transformación junto a la sensación de sus colmillos enterrados una vez más.
Pero ahora ya no existía nada de eso, ni odio, indiferencia, frialdad. El rechazo hacia ella hace mucho tiempo se había esfumado, dominándole otros sentimientos muy diferentes. Ahora, esos sentimientos los podía expresar libremente, ya nunca más se sentiría confuso con respecto a su relación, porque eso era lo que habían formado: una relación de pareja con Deni, la cual tenía pensado hacerla perdurar por el resto de sus días.
"—¡Que soy real! —Zoro alzó la voz cuando se encontró en el mundo de Deni y esta aun no creía que él era real— ¡Tú eres la única que me ve! ¡no sé dónde estoy! ¿Qué es todo esto?
—¡No me interesa! —insistió la chica pensando en que no se iba a dejar ganar por su locura— ¡sal de mi mente, maldición!"
Deni tampoco se encontraba ajena ante aquellos recuerdos. Era inevitable mirar hacia atrás, pues cada acción llevó a otra; el hecho de que Zoro viajara a su mundo y luego ella hacia el suyo, más todo lo que vino después.
Sonrió alegremente mientras aun el espadachín la cargaba en su hombro rumbo al dormitorio. Estaba segura que desde ahora en adelante no habría nada que los separase.
Segura también de que si los universos paralelos no existiesen, ellos dos nunca se habrían encontrado.
FIN
