La virtud de una mentira, lo que lo hace pasar por verdad, es que tiene que ser en parte verdad.

Cuanto más parte de verdad tiene una mentira, más creíble es. Y teniendo en cuenta que todo lo que había dicho era verdad, tampoco había sido una gran mentira, solo una pequeña trampa.

Odiaba estos días pasados con esas noches. Había echado de menos sus esquivas respuestas, sus miradas sesgadas y su ceja alzada cuando ella decía alguna tontería. Había echado de menos su risa ronca y su respiración cerca de ella. Y le resultaba difícil volver a lo que tenían antes, a su "no relación", sin dar una explicación de su comportamiento esquivo desde aquella noche en el bosque. Así que, ¿que hacer? ¿Olvidarse de él?, ¿olvidar el cosquilleo en su piel al oir sus pasos?, ¿privarse de su prodigiosa nariz?, ¿enterrarse en una realidad de horror y muerte hasta acabar psicótica?...Podía hacer otra cosa, podía hacer trampas.

Podía decir una parte de la verdad y ocultar la razón que la hizo encerrarse en sí misma y alejarse de él.

La cierva.

Hermosa y fantasmal.

Lily.

Era ella, siempre ella.

Y eso era difícil de asumir para alguien acostumbrada a tener lo que quería. Y ella lo quería todo, ¿no? Pues bien, listilla, "todo" incluía también a su "no novia" muerta.

En realidad no era una mentira pero,...

Decirle que le resultaba muy duro acercarse a alguien que compartía el corazón con un cadáver sería demasiado dañino. Explicarle que era difícil competir con alguien que nunca iba a pelearse con él, o a hacerle enfadar, decepcionarle o engordar; alguien que nunca iban a salirle arrugas o canas, que siempre sería... perfecta... Recordarle a quién pertenecía realmente (no a Voldemort, no a Dumbledore) era tener ganas de que él acabara ignorándola en favor de su recuerdo. Así que nada de hablar de Lily, al enemigo ni agua.

En fin, él estaba jugando una gran partida de ajedrez, en la que se movía entre escaques blancos y negros, en una sútil línea entre el bien y el mal, calculando cada movimiento suyo y el del contrario para acabar con el rey sacrificando un peón. Y tal vez no se daba cuenta que él era sólo otro peón manejado por otras manos que nada dudarían en sacrificarle también a él.

Y ella jugaba a la oca, tirando los dados y confiando no caer en la muerte y para colmo, bebiendo copas entre tirada y tirada.

_¿Es ahí?_Preguntó.

Snape asintió y juntos se acercaron a la casa. Demons leyó los letreros situados en la entrada.

_¿Qué son las ciruelas dirigibles?

Snape hizo caso omiso atravesando la chirriante verja y encaminándose por el zigzagueante sendero hasta la puerta de la vivienda. En vez de tocar en la aldaba con forma de águila de la puerta simplemente la empujó y esta se abrió dejando ver un desordenado escenario.

La extraña cocina circular estaba revuelta y cacharros sucios se acumulaban por todas partes. Las profusas pinturas de pájaros y flores de estilo naif le daban un aspecto agobiante. Al subir la escalera, el aspecto no mejoró. La habitación circular repleta de libros y objetos muy extraños acumulados unos sobre otros, estaba llena de escombros procedentes sin duda del agujero que tenía el techo y comunicaba con un dormitorio por lo que se veía a través de él.

_¿Xenophilius?

Al oir su nombre un hombre de pelo casi blanco y enmarañado se movió permitiéndole distinguirle del montón de trastos en los que estaba sentado.

_Xenophilius, señor Lovegood, queremos hablar con usted. ¿Me reconoce?

Snape se acercó solícito al ser que parecía trastornado y confuso. Cuando alzó la vista, Demons distinguió un ojo que vizqueaba y otro sano que se fijó en el semblante de Severus.

_Xenophilius, soy Severus Snape, el director de Hogwarts.

Lovegood agitaba bruscamente su cabeza, como la de un pájaro sorprendido por algún sonido.

_Es inútil,_comentó Snape a la muggle_ no creo que se pueda hacer nada con él ahora.

_Déjeme a mí_pidió ella.

Se acercó al hombre y se agachó para ponerse a su altura.

_Le traigo noticias de Luna,_dijo mientras le asía las manos.

Eso pareció hacerle reaccionar y sus ojos despertaron taladrando a la mujer con la mirada.

_Mi Luna, Luna..¿Está bien?¿Va a volver?

_ Sí, se encuentra bien. Es una chica muy valiente y un gran consuelo para los que están a su lado.

Snape revisó la habitación buscando cualquier rastro que pudiera servirle. ¿Qué diantres estaba buscando Potter aquí? Libros rotos y hojas tiradas por todas partes, los restos de lo que parecía una imprenta, hojillas con el retrato de Potter como el Indeseable nº1..

_Luna...¿volverá pronto?

_ Sí, _la muggle inclinó la cabeza_Va a volver muy pronto, pero usted...debe arreglar todo esto para cuando vuelva. Y comer. Y lavarse. A Luna no le gustaría verle así.

Snape se agachó y recogió del suelo un trozo de pergamino. Tenía un extraño símbolo dibujado recientemente con tinta. A Severus le resultaba familiar aunque no lograba ubicarlo.

Lovegood se levantó y como un autómata se puso a recoger algunas cosas.

_¿Ha visto algo?_Preguntó Snape.

La muggle negó, "es como un agujero negro. Recuerda a los tres chicos llegando a la casa, pero nada más, nada de lo que hablaron o que le pidieran". Bueno, lo habían intentado. Pero... ese pergamino...

_¿Hay algo de esto en su cabeza?_ Snape presentó el pergamino ante los ojos de la muchacha.

La muggle miró el dibujo y asintió.

_ ¿Que puede decirme de esto, Xenophilius?_Interrogó Severus

_Ah, las reliquias de la muerte..._Lovegood pareció recobrar cierta cordura_¿conoce la fábula de los tres hermanos? Espere, debo de tener un ejemplar por aquí...

_No se preocupe, la conozco.

_Gracias por la visita, ahora debo recoger...a Luna no le gustaría ver esto así.

Snape salió acompañado de la muggle, dejando al mago apartando escombros mientras murmuraba algo sobre una sopa.

_Pobre hombre_dijo ella_ ¿qué es eso de las reliquias de la muerte?

_Esto es, mucho me temo, la salvación de Potter. Una fábula infantil.