38. Valle de Godric
El aire alrededor del Valle de Godric estaba frío. Había nieve en el suelo y excepto por el viento que susurraban las capas de figuras encapuchadas paradas con quietud en lo helado, el aire estaba tranquilo.
-Me estoy congelando,- le dijo Evan Rosier a su compañero mortífago, Kenneth Wilkes.
-Yo también, pero no tenemos otra opción más que soportarlo. El Señor Oscuro nos dijo que vigiláramos la casa, así que eso es lo que tenemos que hacer,- replicó Wilkes.
-Sigo teniendo frío,- se quejó Rosier.
-¿Que no hiciste un hechizo de calor a tu ropa?- preguntó exasperado su compañero.
No contestó, lo que le dijo a su compañero lo que necesitaba saber. Se quedaron en silencio soplando a sus manos y cambiando de postura sin cesar, esperando.
Como veinte minutos después, vieron cómo Mundungus Fletcher llegaba al Valle de Godric y Lily Potter lo hacía pasar al interior de la casa.
-Eso no puede ser bueno,- dijo Rosier.
-¿Deberíamos de contactar a los otros?- preguntó Wilkes.
-¿Cómo?- le espetó Rosier.
-Deben de saber,- dijo Wilkes. –Hemos perdido el elemento sorpresa.
-Siguen siendo sólo la chica y Fletcher. Siguen sin ser un rival para el Señor Oscuro.
-Supongo que tienes razón.
-Claro que la tengo. Te preocupas demasiado. La pequeña banda traidora de Dumbledore no son rivales para nosotros. El Señor Oscuro los tomará uno por uno. La esposa de Potter es la siguiente y luego se encargará del último Potter.
-¿Cuál es el problema con los Potter de cualquier manera? ¿Por qué está tan insistente en deshacerse de todos ellos?
Rosier se inclinó hacia Wilkes para estar más cerca y bajó la voz. –No muchos saben esto, pero el padre de Potter fue de los primeros magos a quien se le acercó el Señor Oscuro para que se le uniera en la noble labor.
-¿Potter?- replicó Wilkes con sorpresa. –Ha sido leal a Dumbledore desde que es un muchacho. ¿Por qué el Señor Oscuro pudo creer que lo podía convencer?
Rosier encogió los hombros. –Nosotros no somos nadie para cuestionar las decisiones del Señor Oscuro.
-¿Qué pasó cuando Potter se negó?
-Nada en ese momento, el Señor Oscuro no estaba en posición para encargarse de Potter de la manera merecida. Tenía que esperar su tiempo.
-Y ahora está determinado a acabar con el resto de la familia,- dijo Wilkes con una sonrisa cruel.
Rosier chasqueó la lengua. –El precio por rechazar la amistad del Señor Oscuro es reflejada en toda la familia.
Mientras hablaban entre ellos, vieron cómo se abría por segunda vez la puerta y dos hombres se asomaban. Observaron el área y luego se retiraron hacia el interior de la casa.
Wilkes y Rosier se quedaron parados en silencio impactados, sin creer lo que acababan de ver.
Rosier se giró hacia Wilkes y lo tomó por el cuello de su túnica con sus puños. –Creí que habías dicho que la chica estaría sola el fin de semana.
-Se supone que así era,- dijo ahogándose Wilkes. –No entiendo qué es lo que ellos hacen aquí.
-¿Crees que el señor oscuro va a estar satisfecho con esa respuesta?- siseó Rosier.
Wilkes empujó inútilmente a los puños que estaban alrededor de su cuello, inhalando en busca de aire. –Por favor,- dijo entrecortadamente.
-¿Qué significa esto?- dijo una voz baja detrás de ellos.
Rosier saltó y soltó a Wilkes, quien se cayó a la tierra como saco e intentando respirar bocanadas de aire. Rosier casi se cae en su reverencia ante Lord Voldemort. –Mi señor,- dijo.
-No pienso volver a repetir mi pregunta,- dijo Voldemort severamente.
-La chica Potter no está sola,- dijo Rosier rápidamente, esperando evadir su futuro disgusto. No salió victorioso. En unos segundos un dolor más agudo que el dolor lo consumió y cayó cerca de Wilkes retorciéndose y gritando.
Voldemort le levantó la maldición con rapidez, no porque estuviera sintiendo compasión alguna por su seguidor, sino porque sus gritos le molestaban. -¿Cómo es eso de que no está sola?
-Mi señor,- habló Wilkes, esperando que su rápida obediencia lo librara del castigo que Rosier había recibido unos segundos antes. –Fletcher debió de haberlos alertado. Llegó hace poco.
Voldemort se acercó, amenazando a los dos hombres. -¿Y cómo es que él sabe algo acerca de nuestros planes?
-No estoy seguro, Milord. Pero si recuerda, fue a través de él que fuimos capaces de deshacernos de Potter. Permitimos que oyera falsa información que sabíamos compartiría con Potter y con Dumbledore. De seguro no agarraron el cebo.- Wilkes se dobló preparado para recibir el Cruciatus sobre él. Nunca llegó.
-¿Cuántos hay dentro?- preguntó Voldemort con ferocidad.
-No lo sabemos,- tembló Wilkes.
-Tontos incompetentes,- escupió Voldemort, pero no les echó ninguna maldición. En vez de eso, se volteó hacia el Valle de Godric. Se paró frente a la puerta y con un movimiento de varita, la puerta se abrió de par en par.
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-Están aquí,- dijo Hermione. –Han puesto escudos anti-apariciones.- Alrededor de ella solamente había caras severas. -¿Podemos usar el floo?
James negó con la cabeza. –Demasiado peligroso. Si han puesto escudos anti-apariciones, entonces también deben de estar monitoreando la red floo. Podríamos dirigirnos hacia una trampa.
-Estamos atrapados,- dijo Sirius.
-Quizás deberíamos arriesgarnos,- sugirió Remus.
-Esperen un segundo,- interrumpió James. –Tenemos algo de tiempo. Después de que mis padres murieron, Dumbledore y yo hablamos. Pusimos algunos hechizos protectores alrededor de la casa. No van a poder entrar como si fuera cualquier casa.
-¿Cuánto tiempo crees que tenemos?- preguntó Hermione.
-No lo sé.
-Bueno podrías pensar en algo aproximado,- dijo Hermione, sintiéndose en extremo molesta.
-No lo sé,- le contestó James enojado. –Quizás cinco minutos, quizás quince, quizás están frente a la puerta ahora mismo. ¿Debería de asomarme y ver?
-¡Alto!- gritó Lily. -¿Por qué estamos peleando? Vamos a tener que trabajar juntos si queremos salir de esto.
Todos se quedaron en silencio, sintiéndose regañados.
-Si Voldemort está ahí afuera, esos escudos no durarán por mucho,- continuó Lily. –Creo que vamos a tener que luchar por nuestra propia cuenta.
-Deberíamos de verificar si hay alguien realmente afuera. Probablemente todavía no han llegado,- sugirió Remus, aunque en su voz no había esperanza.
-Vale una mirada,- dijo James, aunque él tampoco tenía esperanzas. Se movió hacia la puerta de entrada, con Remus pisándole los talones, y la abrió. Él y Remus se asomaron y escanearon el área. –Ahí,- dijo James. –A la izquierda, ¿los ves?
-Sí,- le contestó Remus, tratando de no mover la boca. –Dos de ellos.
-Muy bien, entremos,- dijo James, cerrando con firmeza la puerta.
Sus amigos y esposa estaban detrás de él, esperando. –Hay dos ahí afuera,- dijo James desalentado.
-Que podamos ver,- interrumpió Remus. –Están confiados,- dijo con enojo. –Ni siquiera se molestan en ocultarse.
-Lo que dice Remus es cierto,- dijo James. –Bien podría haber hasta cuatro veces más que los que podemos ver. Estamos en un gran problema,- suspiró.
-Esperen un minuto,- dijo Hermione. –No se rindan. Sólo necesitamos un plan.
-Hermione tiene razón,- dijo Sirius. –Tenemos que trabajar juntos.
-Qué vamos a hacer,- habló Dung, desde el rincón del cuarto. Estaba parado al lado del sillón donde Laura, quien seguía inconsciente, estaba tendida.
-Vamos a tener que despertarla,- dijo Hermione con un suspiro. –No podemos preocuparnos por cargarla mientras nos movemos. Si tenemos que hacerlo, usaremos un hechizo para borrarle la memoria.
-No se lo va a tomar bien,- dijo Lily con pesar. –Va a estar muy asustada.
-No se preocupen, yo me encargaré de ella,- dijo Sirius. –Es mi responsabilidad.- Tomó su varita y la apuntó a ella. –Enervate.
Laura parpadeó por unos instantes, antes de que un pequeño grito saliera de su boca y se sentara.
-Laura,- comenzó Sirius. –Por favor no temas.
-Ustedes, aléjense de mí,- se quejó, el miedo estaba escrito en toda su cara y en su voz.
-No te vamos a lastimar,- dijo Sirius suavemente.
-Qué demonios son,- demandó audazmente. -¿Qué quieren de mí?
-Nada,- dijo Sirius. –Lo prometo, no te voy a lastimar. Sé que es difícil, pero tienes que confiar en mí. Todos estamos en peligro.
-¿Por qué debería de confiar en ti?- dijo Laura. Su miedo se transformó instantáneamente en enojo. Hermione no pudo ayudar en nada más que en admirar cómo estaba intentando controlar su impulso natural de abanicarse. Laura apuntó a Hermione. -¿Qué me hizo?- demandó saber.
-Te aturdió,- explicó Sirius, dando un paso adelante. Laura saltó del sillón y se alejó de Sirius, pero cuidando el no darle la espalda a nadie. –Era un hechizo.
-Estás loco,- lo acusó. –Me voy de aquí.- Intentó pasar a Sirius, pero él la agarró y no la dejó ir. –Suéltame,- gritó.
-Por favor cálmate,- le rogó Sirius. –No te vamos a lastimar.
-Laura, por favor escúchalo,- dijo Hermione avanzando. –No somos quienes crees que somos.
Laura continuó luchando, pero Sirius la tenía bien agarrada.
Hermione sacó su varita. –Mira Laura,- dijo. Hizo un hechizo muy simple y salieron burbujas de su varita. –Ésta es mi varita. Somos magos. Así es como fui capaz de aturdirte, pero nunca te lastimaríamos.
-Trucos de magia,- se rió Laura sin humor. –Y quieren que me crea eso.
-Son más que trucos,- dijo Hermione. Apuntó su varita al sillón. –Wingardium Leviosa,- dijo, y el sillón se elevó.
Laura dejó salir su aire, de repente quedándose quieta en los brazos de Sirius.
-Todos podemos hacer esto,- explicó Hermione. –Pero nunca lo usaríamos para lastimarte.
-Me noqueaste,- argumentó.
-Sí, lo sé,- aceptó Hermione. –Pero no tenía otra opción. Te estabas abanicando y hay hombres muy peligrosos allá afuera que nos quieren lastimar a todos. No tenemos tiempo de explicártelo todo. Sólo necesitamos que confíes en nosotros.
-¿Y si no lo hago?- preguntó Laura.
-Entonces puede que todos muramos,- dijo Hermione con firmeza. –Lo siento. Sé que estás asustada. Todos lo estamos. Pero por favor, deja tu miedo a un lado y confía en nosotros.- Laura todavía dudaba. –Sirius, déjala ir,- ordenó Hermione.
Sirius soltó inmediatamente a Laura y para el asombro de ella, no intentó escapar.
-Así que,- empezó nerviosa. -¿Me dicen que todos son magos?
-Magos y brujas,- corrigió Hermione.
-Correcto,- dijo Laura dudosa. –Y hay hombres afuera que intentan matarnos.
Hermione asintió, sin molestarse en azucarar la fea situación.
-No sé si les creo, pero si realmente hay hombres tratando de matarnos, entonces creo que no tengo otra opción más que confiar en ustedes.
-Puedes confiar en nosotros, Laura,- dijo Sirius poniendo su mano en el brazo de ella.
Ella se alejó de un tirón. –No me toques.
Sirius se vio dolido por su rechazo, pero sabía que se lo merecía. Ella estaba en peligro por su culpa. –Lo siento,- susurró.
Ella no contestó.
Satisfecha de que por lo menos seguiría órdenes, Hermione volvió su atención a sus amigos. –Tenemos que…- Nunca terminó su oración. En ese momento exacto, la puerta de la entrada se abrió como en una explosión, y su fuerza los tiró a todos al piso.
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Un hombre estaba parado solo, viendo el castillo imponente frente a él. Había esta observando ese único lugar con seguridad que quedaba para él aproximadamente por tres horas, incapaz de decidir qué hacer. Cada vez que intentaba acercarse al castillo, algo lo detenía.
-Maldita sea, Severus,- se dijo a sí mismo. –Deja de ser tan endemoniadamente indeciso, es esto o volver a Él.- Tomó una gran bocanada de aire y se forzó a sí mismo a caminar al castillo, directo a las oficinas del director. Ésta era su única oportunidad. Estaba muy vigilado como para intentarlo de nuevo.
El destino estaba del lado de Severus Snape esa noche. El director sí estaba en su oficina. Dumbledore alzó la vista mientras Snape entraba en su despacho, pero no hizo ningún movimiento por agarrar su varita. Snape bajó su capucha. –Director,- dijo débilmente. –Necesito de su ayuda.
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Hermione tosió mientras la nube de polvo se fijaba alrededor de ella. Escaneó el área alrededor de sus amigos. Sus ojos aterrizaron en un hombre con capas negras parado a menos de cinco metros de ella. Alzó su cabeza para ver la figura imponente de Lord Voldemort, parado audazmente en medio del salón.
-Bien bien bien,- dijo, su voz sonando casi encantada. –Vine a tratar con la señora Potter y me tropiezo con un premio mayor. No hubiera castigado a mis sirvientes tan severamente de haber sabido lo que me esperaba.
Hermione le devolvió la mirada a Voldemort con todo el odio que pudiera tener. –Deja a Lily en paz,- dijo.
-Hecho,- dijo Voldemort con facilidad. –Te llevaré a ti en su lugar.- Dio un paso hacia Hermione, alzando su varita.
-Expelliarmus,- dijeron varias voces a la vez.
-Protego,- gritó Voldemort, volteándose.
Hubo un grito y después mucho movimiento. Hermione sintió que la levantaban y se la llevaban mientras hechizos y maldiciones eran gritadas de aquí para allá. Pudo oír vidrios quebrándose y más gritos.
Volteó hacia la persona que la estaba arrastrando y se dio cuenta de que era Remus. La empujó al cuarto de al lado y se paró en la esquina de la pared, apuntando y lanzando maldiciones a la sala de estar. Hermione apretó con fuerza su varita y se unió a Remus en la orilla de la pared. Se esforzó por ver y analizar la escena.
Sirius, James y Lily estaban atrapados en la orilla de la sala, usando los muebles como escudos a las maldiciones de Voldemort. Dung había tenido la delicadeza de sacar a Laura de la sala y llevarla al cuarto a donde se habían escapado Hermione y Remus. Laura estaba pálida y temblando con sus manos sobre sus orejas y sus ojos fuertemente cerrados. Dung estaba haciendo todo lo que podía para mantenerla calmada, mientras que lanzaba hechizos a Voldemort para desviarle su atención de sus amigos atrapados. Hermione y Remus lanzaban hechizo tras hechizo pero nada parecía darle. La mayoría de los hechizos le rebotaban sin hacerle daño, pero el esfuerzo de mantener a los tres a raya lo estaba previniendo de enfocarse en Sirius, James y Lily.
-Tenemos que sacarlo de ahí,- le dijo Remus a Hermione. –Darles una oportunidad para escapar.
Hermione asintió, no se molestó en hablar y paró su interminable avalancha de hechizos. Luego hizo algo que nadie esperaba. Volvió corriendo a la sala, enfrentándose a Voldemort sola. Remus intentó agarrarla antes de que llegara a la sala, pero fue muy rápida y su acción demasiado inesperada.
-Chica valiente,- dijo Voldemort apreciativamente. Remus y Dung se vieron en la necesidad de dejar de lanzar maldiciones para no darle a Hermione.
-Me quieres, entonces ven y atrápame,- dijo Hermione, intentando mostrar más valentía de la que sentía.
Voldemort rompió en una risa fría y cruel que sólo sirvió para enojar más a Hermione. Ella alzó su varita. –Conjuntivitis,- gritó y luego se agachó, esperando un hechizo de regreso, pero no vino ninguno. Cuando volvió su mirada a Voldemort, se sorprendió al verlo agarrándose la cara.
-Corran,- les gritó a Lily, a Sirius, y a James, pero no necesitaban que se los dijeran. Ya estaban levantados y saliendo de la sala. Hermione los siguió. Estaba a punto de llegar a salvo del otro lado cuando sintió que un hechizo le daba en la espalda y caía al suelo. Rodó sobre su espalda con rapidez y apuntó con su varita, pero la desarmaron rápidamente. Se dio cuenta con un sentimiento que la hundía, lo vulnerable que estaba. Sus amigos la habían visto caer y habían regresado inmediatamente para ayudarla, pero Voldemort había puesto una barrera invisible entre ellos para que no pudieran pasar con ella.
-Hermione,- llamó Remus desesperadamente.
Hermione miró a Voldemort, quien avanzaba hacia ella, viéndose muy enojado. Alzó su varita. –Crucio,- gritó. Hermione sintió el dolor recorrer todo su cuerpo y supo que se estaba muriendo. Dolor como éste simplemente no podía durar.
Cuando Voldemort levantó finalmente el hechizo, ella sólo pudo pegar sus rodillas a su pecho y temblar en posición fetal. No hablaría ni se movería ni haría nada que provocara que Voldemort usara ese hechizo de nuevo.
-¿Sabes el precio del desafío, niña?
Hermione se quejó, aún incapaz de hablar.
-Habla,- ordenó Voldemort. –O te lo demostraré otra vez.
-S… S… Sí,- tartamudeó Hermione.
-¡Déjala sola, bastardo!- gritó Remus detrás de la barrera invisible. -¡O te mataré yo mismo!
-¿Te gustaría que demostrara el total de mi poder en tu hombre lobo?
-No,- dijo Hermione inmediatamente. –No lo toques.- Voldemort alzó su varita y ella se encogió y cerró los ojos.
-Entonces me dirás todo lo que quiera saber,- le ordenó. –O no mostraré compasión alguna ante ellos.
Hermione alzó la cabeza para mirar a sus amigos inútilmente. –Lo siento,- susurró.
-Hermione, no le digas nada,- dijo Lily. –Me querías,- dijo dirigiéndose a Voldemort. –Iré contigo voluntariamente si la dejas ir.
Voldemort se rió. –Eres ahora el premio con menos valor, mi querida señora Potter.- Se acercó a Hermione y la puso de pie. –Ahora vendrá conmigo, señorita Granger.
-¡Hermione!- la llamaron sus amigos frenéticamente mientras Voldemort la arrastraba fuera de la casa.
Hermione volteó para atrás y sus ojos chocaron con los de Remus. –Te amo,- movió la boca sin emitir ruido alguno, antes de que Voldemort la sacara completamente de la casa.
