Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.


Capítulo 37. Extra – You´re The Best Thing About Me

You´re the best thing about me

I´m the kind of trouble that you enjoy

You´re the best thing about me

The best things are easy to destroy

You´re the best thing about me

The best thing about me

You´re The Best Thing About Me – U2


– Mamá – La melodiosa voz de Zazie llegó a mis oídos antes de que se lanzara a mis piernas, abrazándolas mientras yo intentaba sostenerme el cabello en una cola de caballo. Dejé de intentarlo, bajando para tomarla en mis brazos.

Zazie tenía dos años y era la cosa más preciosa que tenía en la vida; su cabello cobrizo y ojos inocentes me encantaban. Finalmente Dimitri había logrado mantener la ciudadanía y si hubiéramos seguido con los planes originales estaríamos divorciados en este momento, pero aquello ya ni siquiera pasaba por nuestra mente. Abracé a mi niña, oliendo su cabello, haciéndola contorsionarse en mis brazos, riendo abiertamente.

– ¿Qué pasa mi atrevida? – Pregunté, olvidando momentáneamente mi compromiso.

La niñera llegaría pronto para cuidarla mientras yo me iba a mi entrevista. Al fin había decidido volver a trabajar después del accidente y como lo hablé con Dimitri, decidí probar algo fuera de la editorial.

– Hambre – Se quejó haciéndome gemir.

¿Cómo puede tener hambre? Acaba de comer un plato de avena y algunos pedazos de sandía y son solo las diez de la mañana.

– Acabas de comer – Murmuré mientras ella apretaba mis mejillas con sus pequeñas manos.

– Caine – Pidió.

– No te voy a dar carne a esta hora, Zazie – Rodé los ojos, poniéndola en el suelo.

– Atata – Sugirió mientras yo volvía a sujetarme el cabello, siendo observada por Gatito que se encontraba perezosamente acostado en nuestra cama.

– Ahora no, Zazie – Negué – En un ratito más mamá preparará un biberón para ti, pero por ahora tengo que arreglarme.

– Cuco – Pidió.

– Ok, te prepararé jugo después – Suspiré – Pero ahora ve a jugar, ¡tengo que salir en cuarenta minutos!

¿Dónde está Lizzie? ¡Ya debería de estar aquí con Zazie!

Oí a Zazie corriendo hacia la sala, dejándome en paz finalmente. Me sentía ansiosa por mi primera entrevista de trabajo y quería que todo saliera perfecto. Me encantaba tener todo el tiempo del mundo para mi niña, pero quería volver a trabajar y ese empleo era perfecto para mí, sería solo medio tiempo y adquiriría bastante experiencia.

Al darme por satisfecha con mi cabello empecé a maquillarme, dedicándole algunos minutos a mis ojos, extrañando el silencio que provenía de la sala.

¿Qué estará haciendo esta chica?

Debe estar jugando y… ¿en dónde está mi lápiz labial?

Mi maquillaje estaba extendido sobre la cama, pero el lápiz labial que había seleccionado simplemente había desaparecido.

– ¿Te comiste mi lápiz labial? – Miré al gato que permanecía inmóvil. Revisé todos los productos esparcidos antes de levantarlo de su lugar, buscando también mi base ¿Por qué están desapareciendo mis cosas? – ¡Si te comiste algo mío, es mejor que me lo digas ahora! – Me quejé sosteniéndolo, recibiendo un maullido incómodo a cambio.

Lo solté cuando mi celular comenzó a sonar. Respiré aliviada antes de atender, ojalá sea Lizzie avisando que está llegando.

– ¿Rose? – La voz de la niñera sonaba en mis oídos mientras decidía checar a Zazie, hacía casi diez minutos que ella estaba en silencio y eso nunca era una buena señal.

– ¿Dónde estás? – Gemí – Tengo que salir en media hora.

– No voy a poder ir…

– ¿Cómo que no vas a poder venir? – Exclamé.

¡Ella tiene que estar bromeando!

– Tengo una gripe pésima y…

– No puedes hacerme esto – Imploré – Lizzie, ¡no puedo llevar a Zazie a la entrevista!

– ¿Tu madre no puede quedarse con ella? – Cuestionó al mismo tiempo que yo encontraba la sala vacía con los juguetes de la pequeña esparcidos por el suelo ¿A dónde fue a parar esta muchacha? – Realmente lo siento mucho, Rose…

– Gracias por haberme avisado – Murmuré, apagando el teléfono sin preocuparme por obtener una respuesta. Definitivamente necesito una nueva niñera – ¿Zazie? ¿En dónde estás? – La llamé, empezando a preocuparme ¿Dónde está? Caminé hasta la cocina para encontrarla también vacía, mi corazón empezó a acelerarse ¿¡En dónde está mi hija!? – ¿¡Zazie!? – Grité, recibiendo a cambio un ladrido de Libby.

Me congelé cuando la perra corrió desesperada en mi dirección, viniendo del área de servicio. La pobre tenía la cara toda pintada con lo que sospechaba era el lápiz labial y la base que habían desaparecido. Acompañé a la perra con la mirada, que subió las escaleras corriendo mientras el gato pasaba junto a mí de forma despreocupada, rumbo al área de servicio. Caminé incierta, temiendo lo que me podría encontrar.

Las paredes estaban perfectamente decoradas con mi lápiz labial, el recipiente de agua de Libby había sido completamente derramado en el suelo y Zazie se encontraba sentada en medio de todo aquel lío, observándome con una mirada inocente.

A veces solo quería meter a esa niña de vuelta a mi vientre.

– ¿¡Qué estás masticando!? – Exclamé al notar el movimiento de su mandíbula. La chica simplemente me ignoró, tragando lo que fuera que estuviese masticando, antes de llevar la mano hasta el tazón de ración de Libby, llevando una croqueta a su boca. Corrí hacia ella con los ojos abiertos, apretando sus mejillas, obligándola a abrir la boca, metiendo el dedo y sacándola de ahí antes de que la engullera ¿Cuánto tiempo lleva comiendo la ración? – ¿Qué estás haciendo? – Exclamé – ¿Enloqueciste?

– Caine – Apuntó claramente descontenta.

– Eso no es carne – Gemí, levantándome con ella en los brazos ¿Cuánto me reclamará Dimitri por dejar que nuestra hija comiera ración? – Es la comida de Libby.

– Caine – Insistió.

– Solo tenías que esperar un poco – Luché contra las lágrimas de frustración que amenazaron con llegar a mis ojos – No te costaba nada.

– Cuco – Pidió como si yo no estuviera diciendo nada.

– ¡Por supuesto, ahora quieres jugo para ayudar a digerir la ración! – Caminé hasta la cocina con ella en brazos, sintiendo sus pantalones mojados ¿Qué hago ahora? Tengo que salir, no tengo una niñera, no puedo perder esa entrevista, mi hija comió ración y ensució toda la ropa que acabo de ponerle – Ok, espérame aquí – La puse en el suelo antes de tomar el teléfono para llamar un taxi – Voy a buscarte un pantalón seco.

– Mamá, cuco – Insistió.

– No tengo tiempo – Gemí, corriendo a su cuarto mientras la niña permanecía en el lugar indicado.

Tomé su bolsa y un pantalón seco cualquiera de dentro de su cómoda, lanzándolo enseguida a la bolsa. Al volver a la sala, Zazie estaba sentada en el suelo, con mi bolso en sus piernas, sacando todo lo que había adentro.

¡Tiene que estar jugando conmigo!

En lugar de cambiarle el pantalón terminé gastando mi poco tiempo libre colocando todo de cualquier manera dentro del bolso, mientras Zazie corría detrás de Gatito ¿Qué le sucede a esta muchacha hoy? Un maullido agonizante del pobre animal me llamó la atención, corrí para ayudarlo a la vez que Zazie le clavaba los dientes en su cola.

– Zazie, suéltalo – De nuevo apreté sus mejillas, recibiendo una queja descontenta de la niña. Este tormento no terminaba desde que sus dientes comenzaron a salir, yo no podía distraerme un momento porque enseguida ella mordía algo. O a alguien… – Realmente necesitas colaborar conmigo – Metí los dedos tratando de sacarle los pelos de la boca, al mismo tiempo que me dirigía apresurada a la puerta.

Respiré aliviada cuando finalmente pude sentarme en el asiento trasero del taxi, con Zazie en mis brazos cantando alguna canción de manera ininteligible mientras nos dirigíamos a la editorial.

¡Dimitri tendrá que ayudarme con esto!

Al bajar del coche continué decidida hasta el ascensor; un empleado abrió los ojos al verme ahí, apretando enseguida el botón del vigésimo quinto piso antes de salir del elevador, dejándome toda confusa. Pues desde el accidente, nadie del sexo masculino se acercaba a mí, era como si tuvieran miedo de algo.

Cosa más extraña…

– ¿Papá? – Zazie exclamó animada.

– Sí, te quedarás con papá ahora – Musité – Y espero que continúes con esa energía.

– ¿Y el cuco? – Ella me miró desconfiada.

– Tu padre tiene – Murmuré.

– ¿Atata?

– Zazie, pídesela a tu padre – Respiré profundamente tratando de mantener la paciencia con mi hija.

Las puertas de ascensor se abrieron, revelando aquel escenario que conocía tan bien, a veces extrañaba mis momentos allí, provocando a Dimitri, chismeando con Mía…

Una chica nueva que no conocía se encontraba en recepción; mi paciencia ya estaba al límite, lo único que quería era dejar a Zazie con Dimitri e irme al restaurante donde sería la entrevista.

– ¿Puedo ayudarla, Señora? – La chica preguntó, claramente no me conocía.

– No, gracias – Respondí sin interrumpir mi paso.

– Señora, espere – Pidió – Necesito… – La ignoré y seguí el camino que conocía como la palma de mi mano hasta la oficina de Dimitri. El escritorio de su asistente estaba vacío; podía escuchar los pasos apresurados de la recepcionista detrás de mí – Señora, no sé quién sea, pero usted no puede entrar así – Ella me tomó del brazo.

– Soy Rosemarie Belikov – Enojada me volví en su dirección – ¡Y voy atrasada!

– Ohhh, Señora Belikov… ¡es un placer conocerla! – Enmendó desconcertada.

– Imagino que sí – Rodé los ojos – Ahora, si me permites…

Se disculpó una vez más antes de alejarse.

– ¿Rose? – Dimitri abrió la puerta de su oficina, mirándome extrañado.

Puede sentir el alivio embargándome.

– ¡Papá! – Zazie apuntó extasiada.

– ¡Gracias a Dios estás aquí! – Suspiré poniendo a Zazie en el suelo antes de que ella se dirigiera hacia él.

Solo aparece él y se olvida de mí en cuestión de segundos.

– ¿Por qué estás tú aquí? – Él frunció el ceño, tomando a nuestra hija en sus brazos, que pronto lo abrazó, besando su cara.

– Lizzie no llegó – Murmuré entregándole la bolsa – Ella necesita unos pantalones secos y ya sea jugo, carne o patatas.

– ¿Todo eso? – Bromeó con la niña – ¿No comiste hoy?

– Todo eso – Ella repitió riendo.

– Comió avena, sandía y la ración de Libby – Expliqué.

– ¿La ración de Libby? – Abrió los ojos – Rose, qué es…

– La dejé sola por diez minutos – Dije – No sé cuánto comió y no sé si le hará mal, en todo caso sería bueno mantener un ojo en ella por cualquier efecto.

– ¿Qué tipo de efecto? – Miró desconfiado a la niña.

– No lo sé, Dimitri – Respondí impaciente, cruzándome de brazos – ¡Si comienza a ladrar no debe ser una buena señal!

– Pareces estresada – Se acercó, envolviendo mi cintura con Zazie aún en los brazos.

– Nuestra hija comió ración y maquilló a Libby – Musité – Y voy tarde a la entrevista.

Dimitri se acercó a mis labios, dándome un beso tranquilizador antes de alejarse mínimamente.

– Buena suerte; yo la cuido…

– Gracias – Suspiré alejándome – Volveré por ella tan pronto como termine.

– Papá, cuco – Zazie volvió a pedir.

– Por Dios, tráele un jugo a esa niña – Gemí haciéndolo reír antes de que le empezara a hablar en ruso a nuestra hija, volviendo a su oficina.

Les di una última mirada antes de partir a mi entrevista. Por suerte llegué al restaurante con unos minutos de sobra, el Señor Zelner aún no llegaba, lo que me dio tiempo para organizarme.

– ¿Señora Belikov? – Un Señor bien vestido llamó mi atención al acercarse a mi mesa.

– ¿Señor Zelner? – Me levanté para saludarlo, él apretó mi mano sonriendo de forma amigable – Es un placer conocerlo.

– El placer es exclusivamente mío, Señora Belikov – Se sentó – Me alegra saber que está totalmente recuperada de su accidente.

– Ahh sí, eso fue hace mucho tiempo – Le ofrecí una sonrisa sin gracia.

Hicimos un poco de conversación antes de hacer nuestros pedidos; hasta que el hombre se puso serio.

– Vayamos a los negocios, señora Belikov…

– Sí, los negocios – Sonreí preocupada – Traje una carta de recomendación de mi antiguo jefe.

– Comencemos por eso entonces – Propuso mientras yo abría el bolso, buscando la carpeta en medio de todo el desorden que mi niña había hecho, espero no haberla olvidado. Perfecto, aquí está y… me quedé inmóvil con el documento en la mano… ¡esto no está sucediendo! La carpeta estaba abierta, dejando parte del sobre afuera ¿Cómo no lo noté en casa? – ¿Algún problema? – Preguntó el hombre.

– No, es que… – Parpadeé tratando de imaginar cómo explicar esto.

– ¿Puedo ver la carta? – Insistió.

– Sí, pero…

– ¿Pero?

– Mi hija se comió un pedazo – Gemí disgustada.

– ¿Su hija se comió un pedazo de su carta de recomendación? – Me miró incrédulo.

Retiré el sobre completamente masticado, abriéndolo para comprobar la carta. Las primeras dos líneas estaban prácticamente ilegibles, mientras que la esquina del papel estaba destruida.

Definitivamente esto no es una buena señal.

El resto de la entrevista no tardó mucho: él leyó la carta, me hizo algunas preguntas y comimos en silencio antes de salir en busca de un taxi. Dimitri me envió un mensaje avisando que había ido a casa con Zazie, por lo que me fui directamente para allá.

Me sentía desanimada, sería imposible obtener esa vacante.

¡Presenté una carta de recomendación masticada y babeada!

Al llegar a la puerta del departamento oí la risa animada de Zazie, debe estar en la cocina. Espero que Dimitri le haya dado el jugo, porque si escucho esa palabra una vez más…

– ¡MAMÁ! – Exclamó desde la encimera de la cocina cuando entré al apartamento.

Dimitri la había puesto de pie en una silla para que alcanzara la isla, estaban preparando algo allí y por el aroma, era algo delicioso.

– Roza – La sonrisa del ruso aliada a la alegría de mi hija iluminó el ambiente – Estábamos esperándote.

– ¿Qué están haciendo? – Pregunté al acercarme a ambos, notando a Zazie sucia de harina y chocolate.

– Sabemos lo estresante que fue tu día, por lo que decidimos hacer muffins de chocolate – Dimitri explicó.

– Yo hice – Zazie exclamó orgullosa.

– Sí, ella los hizo – Dimitri aseguró, envolviéndome por la cintura para besarme – ¿Cómo fue la entrevista?

– Zazie se comió mi carta de recomendación – Suspiré, de repente aquello no parecía tan malo ante la situación que tenía en casa.

– ¿Comió tu carta? – Abrió los ojos – Rose, ¿estás alimentando a nuestra hija?

– Claro que no, mírala… la pobrecita está desnutrida – Rodé los ojos. Dimitri se rio colocando a la niña en el suelo, que luego corrió a la sala. Él esperó hasta que desapareciera antes de acorralarme en la isla, atrapándome en un beso sediento – ¿Qué haces? – Sonreí al romper el beso, sintiéndolo correr sus labios hacia mi cuello – Tenemos una niña en la sala…

– Tuviste un día difícil – Susurró contra mi piel – Estoy tratando de relajarte…

– ¿Me escuchaste? – Suspiré cuando movió su pelvis contra la mía, permitiéndome sentir el comienzo de su erección – Zazie está en la sala.

– Ella está cansada, podemos hacerla dormir… – Mordió mi cuello – Tal vez le pidamos un hermanito…

Aquella declaración me hizo ensanchar los ojos, empujándolo lejos.

– ¿Enloqueciste? ¡O me quieres enloquecer! – Solté, dándole la vuelta a la isla para poner alguna distancia entre los dos.

– Rose, ¿qué haces? ¡Ven aquí! – Se rio – Pensé que estabas dispuesta a ayudar a tu padre… Lissa irá por el segundo hijo…

– Te quiero lejos de mí – Lo amenacé – La niña comió ración hoy, Dimitri ¿Y tú me hablas de tener otro?

– Esas cosas suceden…

– Ella comió de la ración Dimitri, ¡ración! – Tiré las manos hacia arriba – ¡Hasta donde sé pudo haber bebido del agua de Libby también!

– Estás exagerando – Caminó hacia mí, contorneando lentamente la encimera.

– Tú te quedarás lejos de mí – Rodeé la isla cuando amenazó con acercarse – No me obligues a llamar a inmigración para confesar que nuestro matrimonio fue una fachada – Dimitri hizo un movimiento rápido, evitándome huir. Envolvió mi cintura por detrás, mientras yo intentaba correr hacia afuera – Suéltame Belikov, ¡te voy a mandar de vuelta a Rusia! – Exclamé tratando de liberarme, provocando que me ciñera más a su cuerpo.

– No huyas de mí – Se carcajeó mientras yo seguía intentando soltarme.

– ¿De qué estás jugando? – Zazie apareció en la cocina, esforzándose por hablar de la forma más correcta posible a pesar de fallar miserablemente, pero de alguna manera aprendimos a entender el mensaje.

– A las atrapadas – Dimitri sonrió sin gracia, soltándome al mismo tiempo que la chica nos miraba desconfiada – Papá atrapó a mamá.

– Mamá, juega conmigo – Pidió, tomándome de la mano y alejándome de Dimitri.

La seguí a la sala en donde había esparcido sus masillas por el suelo, me senté allí con ella, usando las figuras para hacer varias imágenes diferentes.

Dimitri pronto se unió a nosotras, recibiendo todos los corazones que la niña hacía, provocando que una leve punzada de celos se apoderara de mí. Pero al final entendí que incluso sin haber conseguido el empleo que deseaba, tendría otras oportunidades y que aquellos momentos con mi familia eran únicos.


A un capítulo del desenlace.

Espero que les haya gustado montones. Zazie será la pesadilla de Rose, al parecer.

Gracias por leer y comentar.

Besos, Isy.