Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
—Ya imagino la reacción de Tanya al saber que habían intentado escapar. —Edward asintió, parecía perdido en recuerdos, su cuerpo aún tenso.
—Se enfureció mucho y nos separó, llevándose a mi hermana a otro corredor. A mí me mantuvo por meses atado a una mesa con grilletes, desnudo y expuesto. Y luego, se dedicó a humillarme por días y noches, durante tantas lunas que… perdí la cuenta.
—¿De qué forma?
Edward hizo una mueca, pero Bella no desistió, quería saber todo lo que pudiera, incluso las partes oscuras para poder entenderlo y ayudarlo, pero lo que él dijo a continuación, la hizo replantearse las cosas, incluso al grado de querer vomitar.
—Me volvió un esclavo sexual. A veces me daba placer con la boca hasta tenerme loco de lujuria y entonces… simplemente paraba. Se alimentaba de mí y me obligaba a alimentarme de ella, creamos un vínculo, se aprovechaba siempre del estado en el que entrabamos con la alimentación mutua, es decir del frenesí, para dejarme con los instintos en carne viva. Una excitación de ese tipo puede incluso provocarnos la muerte… no somos nosotros mismos sino más bien… somos como animales.
—Esa perra —siseó enfadada—. ¿Pero por qué nadie los ayudaba?
—Tanya estaba respaldada por el clan Vulturi, después de la exterminación ellos se volvieron los únicos vampiros de raza pura, y el resto de los vampiros que quedaron, ya no tenían ni la fuerza ni los recursos para rebelarse, así que mejor se aliaron.
—No puedo creerlo —balbuceó acariciándolo.
—¿Pero sabes qué era lo peor, peor que ser abusado por machos o hembras…? —Apretó las manos en puños—. Lo peor era que con el tiempo me conformé. Dejé de resistirme y comencé a dejarme llevar, de todas maneras me habrían forzado, y a esas alturas, Tanya ya había conseguido que mi cuerpo se volviera en mi contra. Pese que a veces el dolor era intenso, otras tantas el placer lo sobrepasaba, y en esos escasos segundos, podía desconectarme de ese mundo y viajar de la forma más placentera a esos lugares que Rosalie me había contado. Mierda —siseó alejándose de su toque, moviéndose a una velocidad tan vertiginosa, que la joven se sorprendió al verlo al otro lado de la habitación en tan solo unos segundos—. No debería estar contigo, no te merezco, soy una escoria.
—No fue tu culpa, tu cuerpo te traicionó, tu mente solo quería huir —susurró, caminando con cautela hasta sentarse a su lado en el suelo, sintiéndose llena de rabia hacia Tanya.
—Fue mi culpa, cada día era más vulnerable y dejaba que Tanya me quitara la conciencia, que se llevara lo que alguna vez había querido ser, y cuando pasé a ser un macho adulto se imprimó de mí.
—¿Adulto?
—Sí, verás… —Edward se revolvió el cabello antes de mirarla—. Nosotros alcanzamos la plenitud a los veinticinco años aproximadamente, nosotros no somos como los humanos, tienen que pasar muchos años para que terminemos de formarnos correctamente. Antes de eso, no somos capaces de reproducirnos ni de alcanzar todo nuestro potencial. Cuando por fin completé mi madurez, empezaron los rumores, escuché por los carceleros los planes de Tanya respecto a la raza.
—Que planeaba usarte como un maldito banco de esperma, por lo que entendí de Jessica —siseó la joven, deseando poder enterrarle una estaca a la vampiresa.
—Sí —susurró lleno de vergüenza—. Pero yo no quería eso, no podía permitirlo. Entonces comencé a rebelarme, a recuperar un poco de dignidad, pero ya te conté lo que me gané con eso. A ella no le bastaba con follar mi cuerpo, también follaba mi mente trayendo a Rosalie como anzuelo cada vez que me negaba a correrme en su interior, y creo que podríamos haber seguido de esa manera por siglos de no haber sido por Victoria.
—¿Quién es ella?
—Es quien me ayudó a salir de la mazmorra. Ella nos había observado en silencio por años, soportando en silencio todas las vejaciones que me había hecho Tanya hasta esa noche, donde pensó que yo… que yo moriría.
—¿Y por qué soportó en silencio eso?, ¿por qué no ayudarte antes?
—No podía hacerlo, tenía que esperar, Victoria resultó una infiltrada, es parte de los que quedaban de la rebelión, y estaba esperando el momento adecuado, pero dadas las circunstancias, se vio obligada a sacarme.
—¿Y dónde está ella? —susurró acercándose, acariciando su afilada mandíbula.
—Desconozco su paradero, pero no creo que haya conseguido sobrevivir, nos perseguían los verdugos del reino, y como yo estaba débil, casi muriendo, ella se quedó combatiendo para darme una oportunidad, me obligó a dejarla como un maldito cobarde.
—Pero ella quería eso, quería que tú fueras libre… para después liberar a tu raza.
—Exactamente. —Edward se puso de pie—. Y yo no puedo liderar a mi raza, no puedo hacerlo, no soy lo suficientemente fuerte, no conozco de combate, mierda, ni siquiera puedo protegerte de lo que soy. —La miró desde su altura, y nunca se había visto tan imponente—. Por eso necesito irme, Bella.
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El olor a frustración y dolor, se levantó como una ola que logró atragantarlo como si se estuviera ahogado.
Las emociones de su hembra eran abrumadoramente poderosas, y al estar imprimados podía percibir lo que ella estaba sintiendo, y justo ahora, ella deseaba morir. El macho gruñó sin poder creer que Bella siquiera lo pensara, ¿cómo podía creer que no la quería después de que le hubiera confesado lo más oscuro de su vida? El vampiro la jaló sobre su regazo, enterrando la cara en su cuello. El corazón de la humana latía con tanta rapidez que su respiración era corta y salía a borbotones.
—Por favor, Edward. No insinúes ni siquiera que te vas a ir, por favor.
—Pero, ama…
—Sin peros. —Colocó un dedo sobre sus labios—. Saldremos de esto juntos, encontraremos la manera, ¿sí?
El macho la miró fijamente, era hermosa. Las lágrimas bajaban por sus grandes ojos y olían a lluvia fresca. Su cuerpo era delicado, pero firme y poderoso en todos los lugares correctos, además, olía a él. Esa mezcla de ellos que denotaba a cualquier vampiro que estaban imprimados, y que nadie más debería acercarse a ninguno de los dos. Edward la estrechó entre sus brazos, sin saber qué responderle.
A la noche siguiente, le prometió que iría por ella a su trabajo. Su hembra parecía ansiosa, alerta y preocupada. Edward no podía culparla, le había lanzado una enorme bomba y ahora ella estaba manejándose con cautela a su alrededor. Y mientras la esperaba, recibió las clásicas miradas de las humanas, entre curiosas y lascivas, algunos otros mejor rodearon su camino, su instinto de preservación primero que su curiosidad. Pero entonces, dos personas comenzaron a caminar hacia él, pero no, no eran personas. Eran de su misma raza: vampiros.
La mujer era alta, sumamente esbelta y hermosa, con el cabello del color de los caramelos que Bella le había ofrecido, y el rubio a su lado era imponente, de hecho enorme, con unos ojos agudos y conocedores que indicaban que había estado en cualquier cantidad de batallas, aunque claro, las cicatrices que podía ver en su cuello, de varias mordidas, daban fe de ello. Edward retrocedió instintivamente, a pesar de lo amistosa que se veía la hembra, el macho sin duda podía pasar por uno de los verdugos de Tanya.
Utilizando la vista periférica, Edward echó un vistazo hacia la oficina de Bella, ella aún no salía y no quería que estos vampiros tuvieran una pista de ella, no quería involucrar a su hembra en una guerra estúpida, y que por su culpa, Tanya la hiciera desear no haber nacido. Su escape tendría que acelerarse, pese a lo prometido, tendría que dejar a su amada en ese mismo instante.
Ya quiero leer sus teorías, muchas gracias por comentar!
