Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 38
Edward
Le había hecho el amor a la mujer que más había amado en mi vida.
Me había entregado a ella, dándole todo de mí y había sentido lo profundamente que ella se había entregado a mí esta vez.
Y ahora, ella soltaba unas palabras que sonaban terriblemente incoherentes.
—¿Qué dices?
—Tenemos que dejarlo —repitió poniéndose en pie para caminar por el salón —Necesito que dejemos esta relación —agregó con la voz rota y lágrimas rodando por sus mejillas.
—¿Por qué, cariño? —pregunté poniéndome en pie para acercarme a ella y rodearla con mis brazos —¿Por qué lo dices?
Bella hundió su rostro en mi pecho y lloró durante unos minutos antes de calmarse.
—Lo siento, Edward, pero no puedo continuar.
—¿Por qué, cariño? ¿Es por algo que yo he hecho? ¿Es porque fui a tomar un café con Victoria? —inquirí temeroso —Sabes que no hay nada entre Victoria y yo —aseguré —Es solo una amiga.
—Lo sé, lo sé —reconoció secando su rostro con sus manos y alejándose de mí —Sé que no hay nada entre tú y ella, pero también sé que lo que yo tengo contigo no es sano.
—¿No es sano? ¿Por qué, cielo?
—Me está haciendo daño, Edward. Te amo demasiado, pero el miedo que tengo a perderte me está haciendo daño.
—¿Por qué, Bella?
—¿De verdad no te parece extraño que hoy te llamara diecinueve veces?
—¿Diecinueve? —pregunté sintiéndome desconcertado a la vez que aterrado.
—Sí. Hablé contigo cinco veces por la mañana y te llamé catorce veces a la tarde aunque siempre me derivó al buzón de voz.
Reconocer la obsesión que escondían esas palabras me estremeció.
Bella realmente estaba obsesionada conmigo y nuestra relación, y no estaba llevando bien en absoluto nuestras pequeñas separaciones.
Tenía que aceptar que yo realmente estaba convirtiéndome en su nueva droga, su nueva adicción.
—Hoy maltraté a Leah —explicó asustándome.
—¿Maltrataste a Leah? —pregunté preocupado —¿Qué quieres decir?
—No es que la agrediera físicamente o le pegara —explicó tranquilizándome —pero me pidió ayuda para un trabajo y la ignoré, me negué a ayudarla y le hice llorar, solo porque necesitaba ir a buscarte. Sabía que tú estabas con Victoria y estaba segura de que ella lograría hacer que volvieras con ella. Necesitaba ir a buscarte y sacarte de su lado.
—Por Dios, Bella. No tengo intención alguna de volver con Victoria. No tengo intención alguna de estar con nadie más, con nadie que no seas tú —aseguré —Estoy enamorado de ti, Bella.
—Lo sé —aceptó —Lo sé, pero por momentos no puedo razonar. No puedo hacer nada. Simplemente me obsesiono y necesito saber de ti, escucharte. Si paso más de unas horas sin saber nada de ti, me convenzo de que vas a dejarme, de que estás con alguien más, de que al fin te has dado cuenta que yo no soy para ti.
—Dios mío, Bella. ¿Cómo puedes pensar eso, cariño? Estoy enamorado de ti, no quiero estar con nadie más.
—Pero lo que es aún peor —continuó sin que pareciera escucharme mientras deambulaba por el salón —acabo convenciéndome de que no puedo vivir sin ti, que si me dejases no podría respirar, acabaría drogándome o algo aún peor.
—No, Bella…
—¿Sabes lo que hacía para calmar la ansiedad, cuando estaba en la clínica? —dijo llenándome de curiosidad —Las primeras semanas cuando necesitaba consumir drogas desesperadamente y por momentos pensaba que no podría respirar, me buscaba ocupaciones para mantener mi mente y mi cuerpo ocupados y no pensar en las drogas. Una de mis manías más estúpidas era comprar bolsas gigantes de M&Ms y organizarlas por colores —explicó dedicándome una mirada llena de suspicacia.
Esa simple explicación fue para mí como recibir un mazazo.
Llevaba semanas sorprendiéndome con las cajas de golosinas que Bella guardaba en la cocina, todas perfectamente organizadas y agrupadas por colores.
Nunca lo había visto como una obsesión o como algo enfermizo, incluso cuando no había hecho más que darme rodeos sin explicarme por qué lo hacía, pero, saber que era una manía que había desarrollado para evitar pensar o caer de nuevo en el consumo de drogas me hizo estremecer.
—¿Tú…? —dije dejándome caer en el sofá.
—Sí. Comencé a hacerlo cuando tú comenzaste a tener esas guardias interminables. La primera vez lo hice para no llamarte tantas veces como deseaba hacerlo, pero ahora lo hago cada vez más a menudo.
—Dios, Bella, esto no está bien —gemí preocupado.
—Lo sé —gimoteó a su vez —Sé con certeza que no está bien, pero no puedo evitarlo.
—No sé cómo puedo ayudarte, cariño.
—No puedes, Edward —aseguró con voz apenada —Tengo que lograrlo yo misma, por mí misma. Estoy yendo a terapia.
—¿Estás yendo a terapia?
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no quería que supieras que tu novia es una puta adicta —confesó golpeando mi corazón con dolor.
—Dios, Bella, no digas eso, cariño —le corté poniéndome en pie nuevamente para acercarme a ella.
Me dolió verla alejarse de mí.
—No puedo seguir así, Edward.
—Dime qué tengo que hacer —supliqué —Dime qué tengo que hacer para que te sientas segura y lo haré.
—No hay nada que puedas hacer, Edward. Tristemente esto es algo que yo debo hacer sola.
—No, Bells…
—Sí, Edward. Debo hacerlo sola porque debo aprender a estar sola, a vivir sola. Debo aprender a confiar en mí, confiar en que no voy a morirme si tú no estás.
—Desde luego que no vas a morirte si yo no estoy —aseguré sabiendo que no sería fácil convencerla.
—Necesito demostrármelo, Edward. Y solo podré hacerlo si estoy sola.
—No, Bella. Estoy seguro de que habrá otra solución. —supliqué consciente de que ella estaba actuando tan maduramente como era necesario.
Bella tenía razón, teníamos que dejarlo, era la única solución real para que ella aprendiera a vivir esta nueva vida que se había forjado, pero yo no estaba en absoluto preparado para dejar a la única mujer que me había obligado a reconocer que el amor existía y podía ser sano, limpio y verdadero.
—Lo siento, Edward, pero no quiero continuar sintiéndome así. Sé que será duro para mí pero tengo que hacerlo. De alguna forma tengo que hacerlo. Hoy, cuando discutí con Leah me di cuenta que he vuelto atrás. He vuelto a ser aquella chica a la que nada le importaba más que meterse una línea de coca o fumarse un cigarrillo de marihuana.
—No digas eso, Bella.
—Ahora soy la chica a la que nada más le importa que no sea estar pegada a ti, estar contigo. Y no puedo ser esa mujer. Necesito ser la mujer que Leah merece y necesita y no puedo serlo si me voy a volver loca el día que tú tengas una guardia o te encuentres con tu ex novia.
—¿Esto es por mi café con Victoria?
—No. Absolutamente, no. Esto es porque yo no creo valer lo suficiente para retenerte y porque yo no creo ser capaz de vivir si no te tengo.
—Ninguna de esas afirmaciones es cierta —retruqué molesto.
—Yo también tengo que creerlo. —sentenció
Nos quedamos en silencio.
Yo sabía que Bella estaba actuando con infinita madurez, y sabía también que nada la haría cambiar de opinión.
También sabía que era lo mejor para ella y para Leah, pero no sabía cómo hacer para resignarme a perderla.
Era la mujer que amaba. Era la mujer que me amaba. Y aun así íbamos a separarnos.
Tal vez la vida volviera a reunirnos. Tal vez simplemente trajera nuevas personas a nuestras vidas.
Pero en ese momento, sabía que solo nos quedaba la separación.
Me acerqué nuevamente a ella y esta vez no se alejó.
—¿Este es el final entonces? —murmuré junto a ella.
—Sí —murmuró con la mirada brillante.
Acerqué mis labios a los suyos y la besé. Sus labios temblaron bajo los míos, pero respondió a mi beso aunque con timidez.
Volqué en ese beso todo el amor que le tenía y que no había tenido tiempo para entregarle en el corto noviazgo que habíamos vivido.
El corto noviazgo que marcaría mi vida más de lo que haría ninguna otra relación que hubiera tenido hasta entonces ni ninguna de las que llegarían después.
—Nunca te olvides que te amo —susurré cuando nos separamos —Y estaré para ti y lo que sea que necesites, durante el resto de mi vida.
—Te amo, Edward —murmuró apoyándose en mí.
—Te amo, Bella. Y solo por eso, te dejaré marchar —agregué dándole un último beso antes de girarme sobre mis pies y abandonar su casa.
Ahora sí, llegamos al final. Solo nos queda el epílogo.
Sé que probablemente a muchos no les habrá gustado la forma en que terminó, pero yo aún sigo pensando que Bella aún tiene que sanar y saber vivir por sí misma antes de volcarse a otra persona y una relación.
Igual solo les recuerdo que todavía podrían volver.
Espero que lo disfrutéis.
Gracias a todos por los alertas, favoritos y reviews.
Les espero en Las Sex Tensas de Kiki, y también en mis otras historias.
Besitos y gracias por leerme!
Y les espero en el epílogo donde les contaré cositas sobre los futuros proyectos que tengo por ahí.
