Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani muchas gracias por su ayuda!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


—Ya no recuerdo cómo murió tu papá.

Edward la cuestionó en un intento por desviar un poco la atención de sí mismo y las revelaciones que estaba teniendo, necesitaba enfocarse. Aunque, dada la mirada de Isabella, debió pensarse dos veces antes de hacer esa pregunta.

—Eso es porque nunca te lo conté —suspiró—; él murió cuando era muy pequeña, Charlie era policía y tuvo un accidente en un asalto a mano armada que terminó con su vida. Después de eso mi mamá se… volcó un poco en ella misma.

—¿Crees que por eso se mudó a Forks?

—En parte; Seattle siempre le ha parecido un lugar violento y buscaba tranquilidad, pero también creo que lo hizo por alejarse un poco… ¿si me entiendes? —Él frunció el ceño.

—No, de hecho no lo hago. —Eso la hizo suspirar.

—Creo que se fue más bien porque yo le recuerdo a Charlie, ella lo decía todo el tiempo, y desde que papá murió, nunca volvió a ser la misma. De alguna manera se las arregló para que la casa ya no se sintiera como… ya sabes, "nuestra casa". —Se encogió de hombros—. Jamás estaba, se la pasaba en reuniones con amigas o de viaje. Lo cierto es que crecí sintiéndome muy sola, pero ahora veo que eso no cambió mucho al pasar los años.

Edward suspiró estrechando un poco más su mano, la que aún mantenía entrelazada con la de él. Una parte de sí mismo congeniaba con lo que ella le había contado. Él siempre se sintió solo, incluso rodeado de su familia, de lujos, de lo que fuera, nunca sintió que formara realmente parte de nada después de la muerte de sus padres, y de crecer viviendo de una casa de un familiar en otra. Él y Emmett se habían sentido desamparados por años, hasta que por fin su tía Esmerald los acogió en su hogar, ella puso bastante empeño en sacarlos adelante, hasta su repentina muerte por un ataque al corazón. Angela había estado ahí para apoyarlo. Pero ahora, en este punto muerto con su esposa, se odió por haber arrastrado a Bella al mismo destino, eso lo hacía sentirse más mierda si es que aquello fuera posible.

—Por esa razón vivías sola cuando te conocí.

—Sí, pensé que de esa manera haría las cosas más fáciles para ambas.

—Y por eso accediste a casarte conmigo, tenías ese deseo de pertenencia —entendió.

Todo tenía sentido, era la respuesta de por qué alguien como ella iba a casarse con alguien tan jodido como él. Edward podía comprenderla ahora, ya que él había necesitado por años pertenecer a alguien, conocía el sentimiento. Lo que nunca creyó fue que su simple deducción prendiera en electricidad calcinante a Bella, quien se paró de inmediato soltándolo como si su toque quemara, alejándose de él.

—Bella —susurró pasmado, levantándose para ir a ella.

—No —gruñó levantando la mano, como pidiéndole que no se acercara.

Sin hacerle caso, se movió hacia delante, y de nuevo ella retrocedió. Pero esta vez, no se detuvo hasta que la joven se topó con la pared de la cocina. Bella desvió la mirada irritada, su cuerpo tenso le indicó que había tocado una fibra sensible.

—Tranquila. —Muy lentamente, ahuecó su cara entre sus manos y se encontró con su mirada atormentada—. Gracias por contarme lo que le pasó a tu papá, y por confiar en mí. Lamento si te hice sentir mal con lo que deduje, pero si de algo te sirve, lo supe porque yo me siento de la misma forma, nunca creí que alguien como tú se casara solo porque estaba embarazada, siempre me pregunté cuál sería la razón, es todo. Ojalá pudieras comprender que ahora estoy aquí, para ti.

—¿Aún te sientes así? —Edward sonrió, acariciando su mejilla.

—Sí, y se lo confesé a la terapeuta, y ella me dijo que todo ser humano viene programado para sentirse bien al ser aceptado y mal al ser excluido. Al final todos tenemos ese deseo de pertenencia.

Sus oscuros ojos recorrieron su rostro, confirmando su sinceridad, asumió. Poco a poco, los últimos vestigios de la resistencia se desvanecieron, y Edward aprovechó para jalarla contra su cuerpo. Estrechó su delicado cuerpo entre sus brazos, y se permitió enterrar el rostro en su cabello; dándose cuenta de que su cuerpo seguía tieso, comenzó a masajear suavemente su espalda.

—Háblame, ¿en qué estás pensando? —preguntó después de un largo tiempo abrazados.

—En que no sé si esto es real.

Echándose hacia atrás, se encontró mirando a esos ojos oscuros insondables.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que tengo demasiados problemas y complicaciones viniendo contra mí desde todos lados... el trabajo, los niños preguntándome por ti, mi mamá no convencida de que nos viniéramos tan rápido. Tú eres la causa de ello y curiosamente la única cosa que tiene sentido en este momento. No puedo resultar jodida por ti también.

Él sonrió ante sus palabras, antes de acariciar con los nudillos su rostro.

—Esto es real, y no voy a ir a ningún lado.

O~O~O~O

Bella miró a Edward, y se dio cuenta de que esto era real. Tan real que dolía.

Y le dolía porque él había dado en el grano, ella necesitaba sentirse protegida, querida, había anhelado pertenecer a alguien, pero escucharle decir esas palabras, por alguna razón le sentó mal. Justo después de dar a luz a los mellizos, había buscado alguna señal de que lo que sentía por su esposo era recíproco, alguna pista de dónde estaba Edward. Pero no había existido nada que hubiera podido ver, nada aparte de miradas imperturbables, lujos y sexo vacío. Bella siempre había estado al otro lado de la conexión que había querido con él, mirando fijamente una pared en blanco. ¿Pero en este momento?

Era la primera vez que había tenido un vistazo de lo que siempre había anhelado. Así que, que él dijera que se sentía de la misma manera, la había dejado bastante descolocada. Acariciando una última vez su mejilla, Edward se separó caminando hacia la estancia donde había dejado su abrigo, y solo hasta ese momento, Bella se dio cuenta de que su mente y su espíritu estaban con ella, pero su cuerpo estaba en otra parte. Eso ciertamente explicaría por qué nunca trataba de tocarla de forma más inapropiada o besarla a pesar de las múltiples oportunidades que había tenido. Que le confesara que estaba yendo a terapia, quizás le daba sentido al por qué todo era tan casto. Besos en las manos y las mejillas, nunca en los labios.

Sus dedos siempre en los bordes de su cuerpo, nunca rozando o acariciando ningún lugar más íntimo, ni siquiera por accidente. Ya no entendía su relación. Lo que tenía con Edward ahora le robaba el sueño, incluso la vida mientras trabajaba, era sumamente agotador darle vueltas a lo mismo durante todo el día.

—Bueno, gracias por recibirme hoy.

Entonces, como había estado ocurriendo las demás veces, él se inclinó hacia ella para despedirse. Bella se descubrió a sí misma un poco vergonzosamente sin aliento, cada vez que se despedían. ¿Esta vez la besaría…? No. Hoy tampoco fue la excepción, lo supo cuando suavemente sintió sus labios justo al lado de su boca. ¿Qué pasaría si ella desviaba el rostro solo un poco? Se sintió terrible, ante el conocimiento.

Edward la visitaba casi siempre borracho, acongojado por la muerte de Angela, y al finalizar la noche, cuando Bella lo acompañaba a la puerta, él siempre la besaba de esta manera, entonces recordó cómo sus locas hormonas y su intensa soledad, habían hecho que girara el rostro uniendo sus labios. Él se había sorprendido, lo pudo sentir en el suave jadeo que escapó de sus labios pero Bella se negó abrir los ojos, por el contrario, presa de una confianza que no sentía, se inclinó hacia él, enroscando los brazos alrededor de su cuello, atrayéndolo. Afortunadamente, la sorpresa y confusión fue sustituida rápidamente por pasión incendiaria, cuando él gruñó elevándola en su contra, instándola a rodearle las caderas con las piernas mientras entraban de nuevo a su pequeño departamento. Angela le había dicho que Edward era un hombre carnal que no subsistía de besos… y en aquel entonces se había aprovechado totalmente de eso.

Incluso después, cuando él le reclamó lo que había pasado entre ellos. Recordó en particular esa noche, cuando las cosas fueron demasiado rápido, un segundo él le estaba reclamando por no sentir nada después de haberse acostado a tan pocos meses de la muerte de Angela, y al siguiente lo único que supo fue que Edward empezó a sollozar y que ella estaba a su lado, sosteniéndolo. Él estaba dolido, ebrio, confundido, y a pesar de que sabía que la odiaba por lo que habían hecho, no le importó. En ese preciso instante, el hombre al que amaba estaba entre sus brazos, y en cierta forma, no pudo sentirse culpable por disfrutar de ello. Deseó quedarse de esa forma con él para siempre. La castaña levantó la mirada, encontrándose con esos orbes como el jade, hoy todo era tan distinto. Así que dio un paso atrás, y por su vida, podía jurar que Edward pareció decepcionado.

—Adiós —susurró.

—Adiós, Bella —dijo a su vez, dándole una pequeña sonrisa antes de girar y dirigirse hacia su coche.

Ella lo vio partir quedándose de pie en la puerta, como siempre hacía, el dolor en su pecho creciendo mientras miraba las luces del auto desaparecer en la distancia.


Hola nenas, como están? Sé que quizás muchas piensen que Bella es terca, pero a su favor... Edward no le ha dicho lo que quiere escuchar realmente, ¿ustedes que harían?