No se desesperen chicas, que hoy les traigo sorpresa y espero que les guste y las haga muy felices. También a mis lectores masculinos, si tengo alguno. Les dejo mi eterno cariño y mis mejores deseos, además de muchos besos. Y mi madre también, aunque no comprenda ni la mitad de lo que pasa a su alrededor.

~ Capítulo 36: Pasión y secretos

Esa noche, envuelta entre las sábanas de Severus, decidí contarle todo lo que había sucedido entre Ron y yo. Y aunque esperaba que me hiciera partícipe de su enojo, apenas y había conseguido tomar la poción anticonceptiva, dejando el tubo de ensayo vacío sobre la mesa de noche, con un par de dedos. El profesor me besaba con tanta pasión, que me costaba creerlo y me preguntaba si acaso había escuchado una sola cosa de lo que le había confesado. Le había prometido que no guardaría secretos si se casaba conmigo, pero en ese momento parecía realmente desconcentrado. Estaba todo sonrojado, deslizando el cierre de mi vestido con el mayor de los cuidados y haciendo contacto visual con mis ojos, como si esperara mi aprobación.

- Quiero ser tuya, Severus... - le aseguré, creí que eso era lo que quería escuchar al final.

Sus ojos de ser posible, se habían tornado más oscuros de los que ya eran, con un pequeño brillo de preocupación en su mirar y como si temiera hacerme daño de alguna forma. También, una mirada de deseo que luchaba contra todos los demás sentimientos, relamiendo sus labios de manera inconsciente. Acaricié su rostro con toda la dulzura que pude, sonrojándome ante su profunda mirada sobre mi casi desnudo cuerpo. ¿Aún tras cuatro años de coma y todo el peso que había perdido, lucía lo suficientemente bien como para que un hombre como él, pudiera desearme? ¿Aunque no pudiera moverme y básicamente estuviera confinada al colchón bajo nuestros cuerpos?

Me sonrió suavemente, inclinándose para besar sobre mi blanco sujetador, trazando el relieve de mis pechos con su lengua. Acariciando la fina unión entre ellos, con su larga y ganchuda nariz e inspirando el aroma de mi sudor tras la fiesta, nuestros besos y mi dulce perfume. Jugando con mis pezones con su lengua y aún con el sujetador puesto. Sus temblorosos dedos intentaban alcanzar mi espalda y desabrocharlo, todavía mirándome fijamente y tratando de convencerse de que ambos deseábamos la misma cosa.

Nos desvestimos en silencio o más bien, él me desvistió. No podía moverme ni aunque lo intentara. Para el momento en el que pasaba su blanca camisa por fuera de sus brazos y deseaba soplar las velas de la habitación, sonreí y negué con la cabeza, sosteniendo su rostro entre mis dedos y capturando sus labios entre los míos.

- Déjame verte. - dije mientras acariciaba una de sus mejillas. - si lo que te preocupa es tu cuerpo, imagínate cómo me siento, prácticamente en mis huesos.

- Tú eres realmente hermosa, Hermione. - me dijo con un tono de deseo, que terminó de sepultar todas mis dudas.

Suspiré con mayor decisión y confianza en mí misma, aliviada de saber que aún después del veritaserum, no tuviera dificultades en ser honesto sobre sus sentimientos hacia mí. Dispuse mis brazos alrededor de su tórax, trazando cada músculo con mis dedos. Cada centímetro de su piel expuesta, tratando de grabar en mi mente, toda pequeña marca y relieve que encontrara a mi paso. Dichos músculos se percibían un poco tensos, estaba casi tan delgado como yo y su pálida piel, comenzaba a calentarse bajo mis caricias.

Descendí con una de mis manos, hasta envolver su erección con mis dedos y sentí un gruñido, casi como un sollozo, dentro de mis labios.

- Veo que estás más que listo y sin tener que encerrarte en el baño primero.

A riesgo de sonar como tonta, adoré aquel momento en el que nuestros cuerpos se unieron bajo la débil luz de las velas, mientras Severus ya no se restringía en lo más mínimo, tocándome por todas partes. Sólo una pregunta de vez en cuando, pero mi cuerpo ya no era el santuario de Ron.

Y la verdad, no era un experto en la cama. Un poco brusco de vez en cuando, a veces tímido, pero me agradaba la idea de poder enseñarle qué me gustaba y que no, ya que era tan buen alumno. Deseaba poder igualar cada una de sus embestiduras, con mi cadera, pero sabía que por más que lo deseara, no podría. Trataba de reafirmarle que lo amaba, acariciando su pecho a cada momento que nuestros cuerpos se encontraban lo suficientemente cerca.

Después de nuestros "ejercicios", por alguna extraña razón sin explicación, ambos deseábamos un poco de postre. Me encontré sentada en su cama, cubierta por su larga camisa blanca y permitiéndole alimentarme con pie de frutos rojos. Su desnudo pecho era todo el confort que necesitaba, haciéndome olvidar todos mis problemas de inmediato.

- Hermione... - su voz acarició mi cuello, mientras limpiaba los restos de pie de mi rostro y descendía para delinear mi clavícula, con la punta de su cálida lengua. Parecía luchar con las palabras. - ¿realmente me amas...? Lo que intento decir... ¿sientes alguna clase de remordimiento cuando estamos juntos?

No me esperaba semejante pregunta y terminé conteniendo el aliento, a sabiendas de que él también lo había sentido mientras besaba mi cuello con la misma delicadeza y sin vacilar, aunque tuviera miedo a la respuesta que estaba a punto de darle.

- Por supuesto que te amo. - me aseguré de decirlo con voz decidida. - Ronald solamente revuelve mi cabeza, me hace sentir culpable de haber abandonado a Rose y perdido su cariño. Siento que todo lo que sucede, ha sido por mi culpa y siento que jamás dejaré de ser una especie de madre adoptiva...

- Yo te ayudaré... - él murmuró contra mi quijada, mientras enterraba mis uñas en sus pálidos brazos. - no tendrás que atravesar por todo esto, sola.

Sonreí al encontrarme con sus ojos negros, mirándome fijamente y destellando bajo la luz de las velas. Sostuve su rostro entre mis manos, besando sus labios con toda la ternura que me fue posible. No podía creer que el hombre que había estado gritándome que no le interesaba ayudarme, hacía ya un mes, ahora estaba tan decidido a no abandonarme en la difícil tarea de recuperar el cariño de mi hija y el cual me merecía por ley natural.

- Mañana... - vi un pequeño gesto de nerviosismo en su rostro, como si de pronto se contuviera de decirme algo. - hay algo importante que debo hacer. No podré desearte buena suerte en tu primer día.

Oh, eso. Volví a sonreírle y negué con la cabeza, restándole importancia. El primer día de clases aún después de todo, aunque supieran que estaba casada con mi ex profesor de pociones, seguro que resultaba emocionante.

- No tienes nada de qué preocuparte, mantendré la distancia con Ron. Sólo hablaremos si es necesario y estrictamente académico.

- Bien... - me dijo, aparentemente distraído y desmenuzando los últimos trozos de pie en el plato. Había algo en sus gestos corporales, que me causaba una ligera preocupación. Pensaba que estaría realmente furioso tras el atrevimiento de Ronald, pero más bien parecía nervioso. ¿Tenía que ver acaso, con la cura para mi maleficio?

Después de sentirse seguro de que Ron y yo no hablaríamos al amanecer, que todavía lo amaba y que no sentía ninguna culpa al estar a su lado, fue a tomar un baño y dejándome sola para pensar. Por supuesto que no podía estar molesto conmigo o con Ron, estaba más preocupado por mí vida, el maleficio y por Rose. No podía perder a su madre.

HGSS

Mientras Severus tomaba un baño, me servía una copa de vino en la cocina. Apenas di un pequeño sorbo, cuando escuché un delicado golpeteo en la puerta y el rostro de la profesora McGonagall se asomó a través de ella. Sonrió al ver la pinta que traía, con mis desnudos muslos y cubierta por la camisa del profesor Snape, sosteniendo una copa y sentada a la mesa de la cocina.

- Ah, recuerdo mis primeros años de matrimonio. - me dijo y me hizo ruborizarme e intentar cubrirme pero obviamente sin éxito. - me alegro de que por fin se estén llevando mejor. Mucho mejor al parecer.

- Sí, es un poco sorprendente todavía. ¡Le confesé todo lo que Ron me dijo durante la fiesta y prácticamente ni reaccionó! Parece nervioso y dijo que mañana tendría que ausentarse.

La profesora McGonagall acarició la parte posterior de su cuello, mientras se sentaba en el sofá frente a mí y yo la observaba desde la cocina. Sabía que ella ya estaba enterada del plan del profesor, no podía mentirme y su expresión era más que obvia.

Severus emergió de la habitación, portando sus pijamas verdes como el emblema de su casa y secándose el cabello con una toalla. Se detuvo al encontrarse con Minerva, en su despacho y compartiendo una copa de vino conmigo

- ¿Podemos ayudarte en algo, Minerva? - preguntó el profesor, blandiendo su varita y secando su cabello con un simple hechizo.

- Me preguntaba si podemos hablar en tu estudio, Severus. En privado, ya sabes, cosas acerca de la escuela.

El profesor me miró por unos ínfimos segundos, pero decidí permanecer en silencio y tan sólo terminándome mí copa de vino. Secretos, él podía esconderse de mí y yo no de él. Severus guió a la profesora hasta su estudio, encerrándose tras un pequeño intercambio de miradas.

Él solo quiere protegerte, todo estará bien.

Y prácticamente me quedé dormida en la mesa de la cocina, con un nuevo sueño que no había tenido antes. Ron había removido parte de una vida que creía muerta.

HGSS

Estaba profundamente dormida, con uno de los brazos de Ron a mi alrededor. Me sentía realmente exhausta tras haberme despertado al menos cinco veces aquella noche. Rose tenía un poco de fiebre, aun siendo una pequeña bebé. Ronald se movía incómodo en la cama, intentando conciliar el sueño pero sin éxito.

A pesar de estar tan cansada, su movimiento no demoró en despertarme. Se sentó en la cama con una profunda exhalación, dando un repentino golpe a la almohada bajo su cabeza.

- Ron, tranquilo. Rose está en la habitación de tus padres ahora y ya no tiene fiebre. Estas cosas siempre suceden, los bebés son mucho más vulnerables que nosotros.

- Detesto escucharla llorar y no poder hacer algo para ayudar. ¿¡Qué tal si se trata de algo grave!?

- Por favor... - dije, llevándome una mano al pecho y apartando las cobijas de mi cuerpo, buscando mis pantuflas y acomodando mi bata, para ir a verificar a mi bebé.

Caminé lentamente hacia la puerta y suspirando ampliamente, coloqué mi mano sobre el pomo y cerrando los ojos, decidí enfrentar el asunto con la mayor firmeza posible.

Al entrar en la habitación de la señora Weasley, se encontraba sentada en una vieja mecedora donde según sus propias palabras, había mecido a todos sus hijos.

- Buenos días, Hermione. ¿Consiguieron dormir un poco? - me preguntó en un susurro, mientras Rose dormía en su regazo, plácidamente.

- No mucho, sobre todo Ronald. Está muy nervioso.

Su madre me sonrió dulcemente y se levantó de la mecedora, lentamente, colocando a Rose entre mis brazos. Respiré en la suave esencia de mi hija, sintiendo que ya no estaba tan cálida como hacía unas horas.

Retorné a la habitación con una sonrisa, acercándome a Ron quien no demoró en rodearme con sus brazos y mirar a Rose.

- ¿Cómo está? - me preguntó en voz baja y se sobresaltó ligeramente, al ver moverse a la bebé.

- Se ve mucho mejor, te lo dije. Sólo teníamos que ser pacientes y confiar en los consejos de tu madre. Después de todo, ella ha criado ocho hijos.

Ronald me sonrió y contuvo una carcajada, mientras yo hacía un gesto de silencio con el dedo y me disponía a colocar a Rose en su cuna junto a nuestra cama.

HGSS

Desperté con una mano sobre mi hombro, frotando la parte posterior de mi cuello y gimiendo de dolor ante la mala postura. Severus se encontraba sentado frente a mí y con dos vasos de agua en la mesa, sonriendo y aparentemente debido a la sonrisa que había estado manteniendo durante todo el tiempo que había dormido. Los músculos de mi rostro estaban tensos y ligeramente entumecidos.

- Un buen sueño, espero. - me dijo y yo asentí, tomando uno de los vasos con agua.

- ¿Y la profesora McGonagall ya se marchó? - pregunté en voz baja y antes de que Severus comenzara a disculparse, añadí. - ya sé, no puede decirme acerca de lo que conversaban. Confío en usted y sé que sólo procura mi bienestar. Y sí, tuve un buen sueño. Soñaba con Rose y su primer caso de gripe. Ron estaba como loco y ni siquiera podía dormir, pensando que empeoraría. - respiré profundamente mientras miraba el vaso con agua y di un par de sorbos. - ella era tan linda, una pequeña bebé con un gran contraste de cabello rojo en su cabecita. Siempre llamó la atención de todos, al igual que Lily Luna lo hace ahora.

El profesor Snape se puso en pie y se detuvo junto a mi silla, levantándome entre sus brazos y mientras yo rodeaba su cuello con mis manos y miraba su sonrisa a medias, llevándome hasta su habitación y besando mi frente.

- Creo que ya tienes un par de pruebas suficientes para enfrentarte al juzgado del Wizengamot.

- Estoy segura de que muy pronto lo habré recordado todo. - le aseguré mientras me dejaba a un lado de su cama y me cobijaba, sentándose al otro lado y mirándome atentamente. - no puedo esperar para volver a tenerla entre mis brazos y sin temor a que alguien más, pueda arrebatármela.

- Pero ahora es momento de dormir, debes levantarte temprano. Tienes clases con Minerva, a primera hora y luego de desayunar.

- ¿De verdad? - pregunté con una sonrisa juguetona, danzándome en los labios. - ¿Y mi marido acaso ya se ha aprendido todo mi calendario?

- Pues sí, especialmente lo respectivo a mi materia. - me contestó, tomando un libro de su cómoda junto a la cama y acomodándose con su espalda apoyada en la cabecera de su cama. - ¿Ya has decidido qué materias cursarás éste año?

- He estado pensando que una carrera en las artes oscuras, sería bastante provechosa y representaría un gran reto para mi intelecto.

Severus me observó como si no pudiera dar crédito a mis palabras, mientras yo sonreía inocentemente y me encogía de hombros.

- Quiero saberlo todo, ayudar a los que estén en las mismas condiciones que yo. Y también quisiera apresar a cada mortífago, desarmar cada objeto mágico imbuido en artes oscuras.

El profesor pareció orgulloso con mi determinación, colocando un marca libros en la página que leía y cerrando el texto con mucho cuidado, para sostener mi rostro entre sus dedos y acariciarlo suavemente. Besó mi frente con gran satisfacción.

- Esa es la mejor forma de enfrentar un problema. Intentar ver el lado positivo.

Nos besamos por un par de minutos, antes de que el profesor apagara la vela junto a la cama, con un simple movimiento de su mano y nos acurrucáramos entre las sabanas, intentando tener las mejores expectativas del día que estaba por empezar.

HGSS

Al amanecer y muy temprano por la mañana, Severus era el primero en despertar, sonriendo y mirándome enredada entre sábanas y con el cabello tan revuelto como una melena. Para el momento en el que se vestía, se preguntó si debía dejar una nota antes de marcharse. Negó con la cabeza y de inmediato, teniendo un par de ideas para escribir.

"Toma un buen baño, desayuna apropiadamente y haz algo con ese cabello que tienes."

Se inclinó para besar mi cabeza y apartar un par de rizos rebeldes, intentando no hacer ruido al caminar y echándose el resto de sus túnicas al hombro, para terminar de vestirse en nuestra sala de estar. Convencer a Lucius no iba a resultar una tarea fácil, pero Draco le debía un favor por haberle salvado el trasero a su padre y Minerva tenía razón en una cosa, de todo lo que había dicho en su estudio.

"Un Slytherin con otro, se entiende."

Si Lucius quería jugar a ser malo, Severus también podía y de eso no tenía dudas. Y mientras terminaba de acomodar sus túnicas, la puerta del despacho se abrió muy lentamente y un rostro redondo y pecoso, se asomó a través del espacio entre el marco y la puerta. Tenía pequeñas lágrimas y se frotaba los ojos con suavidad.

- ¿Por qué estás despierta tan temprano, Rose? - preguntó el profesor, cerrando la puerta tras ella e hincándose para mirarla mejor. - tu madre, Hermione, sigue dormida aún.

- Extraño a mi papá, me siento sola en casa y no quiero que estudie. La abuela Molly dice que debo esperarlo, pero yo no quiero. Me quiero quedar con él, no me quiero despedir.

- No se va para siempre, sólo terminará el año escolar que le falta y así encontrará un trabajo más apropiado.

Pero Rose negó con la cabeza, echándose a llorar y aferrándose a las túnicas del profesor, dejándolo desarmado y sin la menor idea de qué hacer para consolarla. Sonrió por unos segundos, mientras mi hija continuaba frotándose los ojos.

- Ve y ocúltate de tu abuela Molly, bajo las sábanas con tu madre Hermione. - dijo mientras abría la puerta de su habitación y Rose asentía, corriendo dentro mientras él cerraba la puerta.

Se imaginó los dolores de cabeza que debía darle a sus abuelos, mientras abandonaba el despacho y con miras a la mansión de los Malfoy. Sí, ella era una dulce niña y no merecía quedarse sin su madre biológica.

Y yo desperté luego, con un extraño bulto junto a mí en la cama. Un rostro pecoso y profundamente dormido a mi lado, haciéndome pensar que quizá seguía dentro del mismo sueño que le había relatado al profesor. O que tal vez mi vida se había compuesto milagrosamente y habíamos vuelto al pasado, a un momento feliz y sin Voldemort.

Aunque ahora deseaba esa misma vida feliz, pero con Severus. Y abracé suavemente a mi hija, ahogando un bostezo y mirando una pequeña carta sobre la mesa de noche junto a nosotras.

Claro, un buen baño y mi cabello de león. Pero... ¿qué hacía con Rose? Suprimí una risa y creí que quizá Minerva entendería, el motivo de mi retraso.