N.A: Desde marzo. Desde marzo que no actualizaba Oculto en el Corazón, recibiendo serias reprimendas y reproches de muchos y muchas de vosotros que pensabais que había dejado la historia aparcada.

Nada más lejos de la realidad. La historia sigue y se encamina hacia su final.

He cambiado algunas cosas respecto del final inicialmente previsto para adaptarlas, más o menos, al Gaiden (qué por cierto y aunque me hizo chillar y sufrir como nunca, me pareció del todo innecesario).

Estamos, como he dicho, en la recta final de la historia y muchas cosas terribles y asombrosas van a suceder. Preparáos a sudar, a sufrir al más puro estilo Sasusaku y como siempre, comentad, sugerid y criticad. Sin vuestros comentarios no soy nada, la historia no es nada y no merecería la pena escribir.

Debo decir que el tramo final necesita un repaso en profundidad, pero creo que he tardado lo suficiente como para dejarlo para la revisión final que haré cuando acabe la historia.

Mientras escribía escuchaba a Taylor Davis, mi friki violinista preferida, con su Soulbound y la Banda Sonora de Fairy Tail Vol. 4, concretamente el tema Yousei no Kagayaki, que me obsesiona.

Al final del capítulo, encontraréis algunas descripciones que os pueden resultar útiles para comprenderlo. Si las escribo ahora, os reventaría el misterio.

Camfrica.

OOOOOOOO

39.- Ceremonia.

- Dejadla ahí... – ordenó Utatane Koharu a los dos ANBU que la acompañaban.

Su voz era un graznido de urraca y su mirada era fría como un glaciar.

No mostraba piedad alguna por la joven a la que había acuchillado cruelmente en el corazón.

– El cadáver de la Uzumaki nos resultará muy útil… – murmuró más para sí misma que para los dos asesinos que se posicionaban junto a ella-, su chacra especial podría enseñarnos muchas cosas… Entre ellas, cómo funciona el del Jinjûriki del Kyûbi, lo cual dará ventaja a la hora de controlar al joven Naruto.

Los asesinos de élite obedecieron a la vieja, arrojando el cuerpo de Karin en el suelo, como si fuera basura desechable.

Sumida en sus pensamientos, la Consejera observó a la muchacha con indiferencia, la sangre de la herida manando lentamente, empapando su camisa malva. No quería acercarse mucho a ella, ya que podría mancharse la ropa.

Aunque tenía más de ochenta años, a Utatane Koharu no podía considerársela precisamente, una anciana desvalida.

Todo lo contrario.

La Consejera de Konoha era una persona temible y despiadada y se vanagloriaba de serlo. Junto a Homura Mitokado y Danzô Shimura, habían formado en su juventud, el Equipo de Tobirama Senju. Habían sido ellos, muerto el Segundo Hokage y en pleno reinado del Tercero quiénes, a expensas del viejo Sarutobi, habían ordenado la matanza Uchiha, chantajeando e influyendo al hermano de Sasuke, Itachi, sin piedad ni remordimientos, para conseguir que el muchacho, masacrara a su propia familia.

Fue ella quién decidió asesinar también a los niños del Clan para eliminar por completo lo que ella y Danzô llamaban, la mala semilla.

Utatane Koharu suspiró mientras se acercaba lentamente a Karin.

Nunca le habían gustado los niños.

Y, por otro lado, sus recuerdos de juventud no eran agradables.

Siempre había despreciado a Hiruzen Sarutobi y a los Senju, en especial a Hashirama, el Primer Hokage, a quién consideraba un débil mental, un ser flojo e ilusionado vanamente con una esperpéntica idea de paz que en un mundo como el suyo, jamás podría alcanzarse.

El Segundo Hokage, su maestro, había discrepado en múltiples ocasiones de su hermano Hashirama con respecto al trato que debía darse a los temibles e inestables Uchiha, pareciendo que, por fin, alguien con un poco de cordura tomaría la decisión correcta y acabaría con el Clan maldito.

Utatane Koharu, esbozó una sarcástica sonrisa al recordar a su maestro. Y es que al final, las de Tobirama no fueron más que palabras vacías de contenido ya que, a la muerte del Primero, no se atrevió a llevar a cabo lo que siempre había predicado: el exterminio radical del Clan de los del Sharingan.

Ahora, la nieta del Shodai Hokage*, esa idiota de Tsunade influenciada por las enseñanzas su estúpido e inmaduro abuelo, por las tonterías de Sarutobi y por las ridículas ideas del niño jinjûriki, Naruto Uzumaki, estaba a punto de tirar a la basura todo el esfuerzo y el sacrificio de generaciones de ninjas que habían dado sus vidas por la Villa Oculta de la Hoja.

Estaba claro que la debilidad y el apego de la Quinta por los jóvenes Uzumaki y Uchiha les había puesto a todos en peligro.

En un mundo como el suyo, había poco espacio para los vínculos, para el afecto, para la confianza o para algo tan estúpido como el amor.

Utatane Koharu no entendía cómo la idiota de Tsunade no veía lo evidente: el muchacho del sharingan era el digno sucesor del demente Madara Uchiha.

Es más, aún siendo sólo un adolescente, Sasuke era más poderoso que su antepasado en su edad adulta. Era un muchacho muy fuerte, pero su mente estaba desquiciada y no era recuperable, por tanto, era una lacra y una maldita amenaza para Konoha y para todo el mundo ninja.

Ese chico inestable, con sus ojos caleidoscópicos, debía ser exterminado de una vez por todas.

Nunca debían haber dejado "ésa" misión en manos de su hermano Itachi.

- Hn…

Utatane Koharu volvió a suspirar, Karin emitió un leve gemido apenas perceptible. La Consejera la observó sin verla, sumida en sus recuerdos.

Creía firmemente que Itachi Uchiha sólo había sido un cobarde que se había echado atrás en el último momento. El chico tenía que haber asesinado al polluelo junto a sus padres, y después, suicidarse.

Eso hubiera sido lo ideal, lo que realmente hubiera puesto a salvo a la Villa de la Hoja, pero nuevamente, la debilidad de la voluntad heredada de los Senju permitió que la "comadreja"* dejara con vida al cachorro de traidor.

Durante doce años el niño Uchiha no dio problemas ni hizo nada digno de mención, a excepción de obtener unos resultados académicos brillantes (en contraste con los desastrosos del Jinjûriki del Kyûbi, con quien parecía tener una extraña afinidad.)

Los ANBU que habían asignado para su vigilancia diaria relataban que el pequeño niño se pasaba las horas, las que no dedicaba obsesivamente a estudiar, sentado en el embarcadero del río Naka*, mirando fijamente el agua con ojos turbios de desesperación y soledad. Hubiera sido tan fácil acabar con él en aquel momento…

Un empujón y Sasuke Uchiha hubiera pasado a la historia.

Nadie le hubiera llorado, nadie le hubiera echado de menos, ni hubiera reclamado su cadáver. Nadie se habría percatado de su desaparición… Tan fácil hubiera sido ahogarle que cada vez que Utatane Koharu lo pensaba, se estremecía de rabia.

Danzô había bajado la guardia con él. El único error que había cometido el líder de Raíz en todos los años que le conocía, había sido dejar con vida al pequeño Sasuke Uchiha, que estaba demasiado dañado, demasiado traumatizado como para reaccionar. En ese momento, la cría de traidor buscaba amor y amistad de forma miserable, en ese momento, hubiera sido muy fácil asesinarle.

Después fue demasiado tarde.

La sangre de los desequilibrados Uchiha se había revelado con fuerza cuando el polluelo tenía doce años. Sasuke Uchiha fue atraído hacia el lado oscuro por alguien a quien Utatane conocía bien, el joven Orochimaru. Otro fleco suelto que dejó la incapacidad del Tercer Hokage para gobernar la Villa con mano firme.

El muchacho abandonó Konoha, casi llevándose por delante a cinco compañeros de su promoción que salieron en su busca. Incluso el Jinjûriki del Kyûbi casi acaba muerto intentando hacer que la mala semilla entrara en razón. Culpa de la Hokage por no contar con Raíz en ese momento. Si los ANBU de élite hubieran salido en pos del pequeño traidor, el resultado hubiera sido muy distinto.

Tres años después de aquél fracaso de misión, llegó a los oídos de todo el mundo ninja que el pequeño bastardo Uchiha, con quince años, había acabado con la vida del poderoso Orochimaru, para formar y liderar después al grupo paramilitar, Taka.

La mujer que agonizaba a sus pies era una de las compañeras del pequeño bastardo de la época de guerrilla.

Finalmente, y con ayuda de los parias a los que había reclutado, el muchacho del sharingan mató al que posiblemente era el ninja más poderoso de su tiempo, su hermano Itachi.

Aun así, Tsunade seguía sin ver el problema, confiando ciegamente en que el pequeño traidor volvería a Konoha después de haber cumplido con su venganza. Tsunade les explicó que, según sus informadores, Itachi Uchiha estaba enfermo y debilitado por alguna extraña dolencia. Sasuke Uchiha sólo había tenido suerte al acabar con la vida de su hermano y no había que preocuparse tanto.

La estúpida Quinta no sabía la verdad que se ocultaba tras la vida y la muerte de la comadreja, ni de los Uchiha y para variar no hizo caso. Sasuke sí lo supo, gracias a otro traidor, Obito... Otro fallo de Konoha. Otro Uchiha enloquecido que provocó que el joven halcón se uniera a Akatsuki, sumiendo a Konoha en la vergüenza y el deshonor.

La Guerra había empezado, Madara Uchiha había reaparecido para sembrar el caos, pero Tsunade seguía ciega, permitiendo que, después de todo, el Uchiha se uniera al ejército aliado para combatir a Madara, como si nada hubiera pasado.

Ya era suficiente.

Cuando acabó la Guerra, Utatane Koharu quiso ejecutarlo de forma inmediata, pero nuevamente, Tsunade Senju interfirió en sus planes, insistiendo en que el chico tuviera un juicio justo y que se tuviera en cuenta su pasado, su sufrimiento y la ayuda prestada al ejército aliado.

Tuvieron una seria discusión y casi llegan a las manos, pero Utatane Koharu tenía las de perder contra una Hokage como Tsunade, que recibió el apoyo de los Clanes principales de Konoha. En efecto, aunque casi perdieron a sus hijos por culpa del Uchiha, los Hyûga, los Inuzuka, los Aburame, los del Clan Yamanaka, Nara y Akimichi se posicionaron a favor del del sharingan. Incluso el respetado Maito Gai intercedió por el muchacho.

Ella intentó convencerles a todos de que la ejecución del Uchiha serviría de escarmiento y de advertencia: de escarmiento para todos aquellos Clanes que, como los Uchiha en su día, se atrevieron a poner en duda el poder del Consejo, y de advertencia al resto de Naciones, ya que si las Villas conseguían entender el poder de Konoha, si el resto de ninjas veían que eran capaces de ejecutar al último miembro de un Clan tan poderoso como el Uchiha, perdiendo el sharingan para siempre, se lo pensarían dos veces antes de intentar enfrentarse a ellos en un futuro.

Tsunade y los Clanes, por el contrario, lucharon como fieras por el muchacho. No entendían la necesidad de advertir al resto de naciones cuando, precisamente, la Guerra había servido para unirlos a todos de una vez. La Quinta e incluso el patriarca de los Hyûga, Hiashi-sama, veían al chico como una víctima más de un largo periodo bélico, una víctima más del odio existente entre Clanes, una víctima más del Mundo Ninja.

Tsunade, que no había tenido hijos, sobreprotegió a Sasuke como si fuera su retoño, escupiéndoles a la cara que si el crío se había transformado era por su culpa. Les tiró a la cara que eran ellos, el Consejo, quiénes debían haberle arropado y protegido, pero por el contrario, le dejaron crecer como un árbol torcido. Si ahora era un adolescente dañado y frágil que se escudaba bajo un manto de arrogancia, era únicamente por culpa del Consejo.

Para la vieja Consejera, el del sharingan seguía siendo un monstruo en potencia y como tal, debía ser eliminado. Danzô Shimura, desde las sombras en las que se hallaba, poco pudo hacer si no quería revelar que seguía con vida… Sólo pudo influir en la Sentencia a aplicar al Uchiha.

El Consejo había vuelto a fallar. Otra vez.

Y el chico sobrevivió al castigo impuesto. Nadie lo hubiera hecho. Ningún hombre normal, menos aún un muchacho, hubiera soportado la tremenda paliza y después, la humillación, el encierro…

Tsunade, nuevamente, tuvo mucho que ver en éso.

Y es que la Quinta permitió que su mejor discípula, Sakura Haruno, una prometedora kunoichi que podía haberle reportado gloria y renombre a la Villa, salvara al chico que fue su excompañero en el Equipo 7.

No sólo eso, sino que, además, Tsunade había permitido que después, su pupila perdiera la honra, encamándose con el joven bastardo sin estar casados.

- Vergonzoso… - murmuró la Consejera chasqueando los labios.

Si ese nunkenin engendraba otros Uchiha, todo empezaría de nuevo… La Villa de la Hoja nunca estaría a salvo y todo el trabajo que habían hecho para exterminar al Clan maldito, no habría servido para nada.

Si bien, por una vez, las cosas no habían salido del todo mal.

En el pecado cometido parecía estar la solución. Por lo visto, el Uchiha tenía un punto débil, y ese era, precisamente, la kunoichi Sakura Haruno: el maldito crío estaba enamorado desde que era un genin de la discípula de Tsunade.

Quién lo hubiera dicho…

El muy mamarracho estaba dispuesto a dar su vida por la shinobi.

Era gracioso, muy gracioso.

Algo tan vulgar e inútil como el amor humano era la solución a todos los problemas de Konoha.

Utatane Koharu ya no entendía de juventud, de amor ni de sentimientos. Para la Consejera, el amor no existía. Era un capricho que sólo los civiles podían permitirse, pero no ellos, no los ninjas. La Consejera sólo veía una realidad: la sangre derramada de los ninjas de la Villa de la Hoja y el control del poder sobre los Clanes principales y sobre las Cinco Naciones.

La Consejera había olvidado su pasado.

Había olvidado el profundo sentimiento no correspondido que había proyectado sobre un joven Danzô Shimura, que escogió las sombras como compañeras, en lugar de a ella. El desamor le agrió el carácter, convirtiéndola en una vieja y amarga urraca sin compasión. Danzô le enseñó que el amor era un sentimiento inútil y que los que amaban eran débiles.

Tenía razón.

Sasuke Uchiha era frágil, porque amaba, y ese amor, como no podía ser de otra manera, sería usado en su contra. Hundirían y destruirían al chico Uchiha de una vez por todas y matarían tres pájaros de un tiro, ya que muerto el del sharingan y la kunoichi Sakura Haruno, a la que Tsunade consideraba de su propia familia, la Quinta recibiría un duro golpe del que no se recuperaría.

Y ese era el momento en el que Danzô reaparecería, derrocando a la Senju y devolviendo la cordura a Konoha, controlando al chico jinjûriki que ahora campaba a sus anchas por la Villa, como si fuera algo más que un arma de Konoha.

En un principio, ni Utatane Koharu, ni Danzô habían contemplado la posibilidad de asesinar a Sakura Haruno, aunque a sus ojos, su desfloramiento voluntario a manos del Uchiha, la habían hecho merecedora del título de traidora a Konoha. Utatane y Danzô habían decidido que no habría mejor castigo para ella que ser testigo de la muerte de su amante mientras su vientre quedaba sellado para siempre.

Con Sakura, habían conseguido llevar a cabo una parte del plan, quedando pendiente la muerte del chico del sharingan.

Sin embargo, esa molesta chica Uzumaki, otra discípula del maldito Orochimaru, había retirado el sello más complicado que la Consejera era capaz de conjurar. A los ojos de aquélla vieja bruja, la muchacha pelirroja no merecía otro destino, sino el de la muerte, y es lo que había conseguido.

- Id al Salón de Ceremonias, ahora iré yo… -la orden de la vieja fue apenas un susurro – Quiero asegurarme de que esta perra muere como merece.

- Como Ud. mande, Utatane-sama – los dos ANBU Raíz que la acompañaban, desaparecieron a través de la puerta de la estancia, hacia las profundidades de la guarida, sin cuestionar los mandatos de la Consejera.

Utatane Koharu se aproximó aún más a la pelirroja Karin.

La cara de la compañera de Sasuke presentaba una palidez mortal, con profundas ojeras liliáceas y labios amoratados, apenas respiraba. Sin duda, la puntería de la Consejera le había perforado un pulmón.

A Karin Uzumaki le quedaba poco tiempo de vida.

La Consejera se agachó hacia la muchacha moribunda, con la intención de acabar con ella de una vez por todas. Del pecho de Karin sobresalía el pomo del kunai que le había lanzado. El hueso esternón de la chica había desviado la punta. Un milímetro más hacia la izquierda y la kunoichi hubiera muerto en el acto con el corazón reventado.

La Consejera chasqueó los labios y alzó su mano con la intención de empuñar el pomo del cuchillo y rematar el trabajo. No tanto por piedad, ni por acabar con la agonía de la joven kunoichi, sino porque tenía prisa para reunirse con Danzô que, sin duda, estaba a punto de enfrentarse al Uchiha.

Utatane Koharu apenas rozó el mango del cuchillo cuando sintió un golpe seco en su espalda, como si alguien le hubiera dado una fuerte palmada. Se miró el pecho sorprendida y lo que vio la enfureció.

Tenía ochenta años y era una kunoichi experimentada, ¿cómo no le había oído venir? ¿Tan senil estaba, tan sumida en sus pensamientos, que en el momento crucial no se había percatado de que su asesino estaba detrás?

Y es que una enorme cuchilla de hoja plana la atravesaba desde la espalda. La hoja que sobresalía de su cuerpo tenía un círculo del tamaño de una cabeza, y ahora estaba cubierto con su sangre, pareciendo que aquel espadón bebiera el líquido vital de la Consejera.

Utatane Koharu reconoció la espada inmediatamente, había sido de Momochi Zabuza, el asesino de la niebla silenciosa… pero Zabuza había muerto hacía mucho tiempo….

Sin duda, quién la había atravesado por la espalda y le había dado el golpe de gracia era ese chico que acompañaba al Uchiha… ¿Cómo se llamaba? ¿Hazuki? ¿Kabuki? ¿Hotatsu? La pérdida de sangre empezó a hacer mella en el cerebro de la vieja, que empezó a entelarse.

- ¿Quién…? – la mujer quiso mirar a su agresor, pero apenas pudo hacerlo por encima del hombro, porque éste en un arranque de cólera y de un fuerte tirón partió por la mitad a la Consejera más influyente y peligrosa de la Villa de la Hoja.

El torso de la vieja quedó tirado a los pies de Suigetsu Hôzuki, en medio de un charco de sangre y vísceras.

Utatane Koharu dejó de existir en el acto. La última cosa que vio fue el destello violeta de unos ojos que la observaban llenos de odio. En ese momento, la Consejera fue consciente de que, al contrario que al niño Uchiha al que iban a asesinar, a ella nadie la echaría de menos, nadie la lloraría, nadie reclamaría su cadáver y a nadie le importaría qué le había sucedido. Y en ese momento, el último, en ese fugaz instante en que la muerte le sobrevino, se preguntó si realmente, todo lo que había hecho, todo por lo que había luchado, todo en lo que había creído y confiado, habría sido un error.

Suigetsu, cubierto con la sangre de la Consejera de Konoha, no perdió el tiempo examinado el cadáver del esperpento al que acababa de partir por la mitad. Apartó los restos de una patada y se abalanzó sobre Karin.

Su espada, Kubikiribôchô, descansaba en suelo, en medio de un enorme charco de sangre espesa y negra.

- ¡Karin…! – el muchacho observó horrorizado el mango de un kunai sobresaliendo del pecho de la muchacha y aunque no tenía conocimientos médicos o quirúrgicos sabía lo suficiente sobre técnicas de asesinato para comprender que, si retiraba el cuchillo, Karin moriría inmediatamente.

Sin embargo, tampoco podía dejarlo por más tiempo. Karin no podía respirar y había perdido mucha sangre, estaba agonizando.

La cosa no pintaba nada bien.

Tenía que sacar a la pelirroja de allí, tenía que llevarla a Konoha… Pero cómo…

En el caso de que pudiera salir de aquel infecto lugar, Karin no aguantaría el viaje… Y por otro lado, aunque en ese momento era la menor de sus preocupaciones, Sasuke Uchiha lo tendría más que complicado para deshacerse de los ANBU que le salieran al paso hasta que pudiera dar con Danzô.

Tomo una decisión. Karin estaba muriendo en sus brazos. Sasuke tendría que apañárselas solo.

Suigetsu quería, necesitaba, salvarle la vida a Karin. Pocas veces en su vida se había preocupado tanto, hasta el punto de desesperarse. Si fuera más responsable, estaba seguro que se le habrían saltado las lágrimas. Sin embargo, el alegre y despreocupado carácter de Suigetsu era su único aliado si quería salir con vida de aquel lugar.

- ¡Karin, maldita zorra, no te me mueras, joder! – le gritó a la inconsciente muchacha con un deje histérico en la voz - ¡No pensaba que fueras tan gilipollas como para dejarte matar…! ¡Despierta…!

Pero Karin no le oía.

Su respiración era apenas perceptible y Suigetsu supo que le quedaban pocos minutos de vida.

Lanzó un alarido y cargó la espada a la espalda. Con cuidado, pero firmemente, levantó a la Uzumaki y se dirigió a la puerta, atravesando el umbral con la muchacha moribunda en brazos, como si fuera una novia dormida.

Se dirigió hacia la salida de la guarida de Danzô, desandando el camino que había seguido para entrar. Si tenía suerte, conseguiría encontrar la ruta correcta. Si tenía suerte, Naruto Uzumaki habría conseguido destrozar la revuelta en Konoha y estaría en camino. Si tenía suerte, el chucho Pakkun habría avisado a una patrulla. Si tenía suerte, puede que viniera algún ninja médico.

Si tenía suerte, puede que pudiera salvar a Karin.

- Como te mueras te mato… Estúpida, idiota… - le dijo a la chica con la cara desencajada – Aguanta Karin… Aún me tienes que explicar por qué coño me has besado…

OOOOOOOO

Las tinieblas nunca habían sido un problema para el último portador del Mangekyou Sharingan. Sus ojos caleidoscópicos siempre le habían permitido ver en la oscuridad con claridad meridiana. Es cierto que perdía los matices: los colores de los objetos y de las personas se le mostraban únicamente en rojo y negro, revelando un extraño resplandor de chacra, de energía natural, pero sin belleza. Sólo se le mostraba con extraña luminosidad descarnada el núcleo del objetivo sentenciado. Rojo y Negro.

Aunque lo cierto era que los matices no importaban cuando el objetivo era matar.

Sin embargo, al acceder a la nueva estancia de la guarida de Danzô Shimura una oscuridad impenetrable le acogió, adhiriéndose a su cuerpo como una segunda piel y ni el Mangekyou Sharingan pudo atravesar las tinieblas que, sin lugar a dudas, habían sido intencionadamente conjuradas para cegar al último descendiente de los Uchiha.

En la oscuridad, Sasuke esbozó una media sonrisa, Danzô lo tenía todo previsto, sabía que iba a llegar hasta allí y sin duda, le estaba observando. Kusanagi en su mano derecha vibraba de emoción, como si la espada pudiera detectar el combate con anticipación.

- ¿Quieres que luche a ciegas, Danzô Shimura…? ¿Tanto miedo me tienes?

Nadie respondió a su pregunta burlona, hecha en voz alta.

El chico cerró los ojos, concentrándose, intentando detectar el chacra de su enemigo para descubrir su ubicación… Sin embargo… Lo que Sasuke sintió fue algo bien distinto.

Un aleteo, una débil pulsación… Como el titilar de la llama de una vela a punto de apagarse. El reflejo de una fuerte energía vital, asfixiada; algo fuerte, poderoso y eminentemente femenino, pero sofocado, como si se encontrara envuelto en un velo, en una tela de araña que le dificultara respirar.

La pulsación de chacra le atravesó de parte a parte, dejándole momentáneamente sin aliento al reconocer… Ese chacra… Lo identificaría hasta en el mismísimo infierno.

"¡Sakura!"

Sasuke abrió los ojos de golpe.

La energía percibida era de Sakura. Apretó los dientes. La muchacha estaba en algún lugar, en la oscuridad de la estancia, sin duda, dispuesta estratégicamente para que él no pudiera alcanzarla, y en caso de que lo hiciera… Poner su vida en peligro.

Danzô Shimura le había vuelto a tomar la delantera, capturando nuevamente a Sakura se había apuntado otro tanto.

"Maldito hijo de perra"

La balanza se inclinaba en su contra y sin siquiera darse cuenta, su respiración se hizo más pesada, al intentar controlar los nervios.

"Karin…"

Un escalofrío recorrió la columna del Uchiha al pensar en la pelirroja Uzumaki, si Sakura había sido capturada, las posibilidades de que Karin estuviera viva eran prácticamente nulas. Volvió a apretar los dientes con rabia, forzando tanto la mandíbula que un aguijonazo de dolor ascendió por su trigémino.

Debía controlar la ira que se apoderaba de él, Karin era una maldita loca neurótica, pero era su amiga. Una amiga valiosa. Alguien a quién él quería y valoraba. Alguien que siempre le había demostrado afecto y lealtad, a costa de casi perder su vida.

Si la habían matado, pagarían por ello. La vengaría.

- ¡Muéstrate, cabrón cobarde! – en otras circunstancias Sasuke jamás hubiera revelado su posición de aquélla manera, sin embargo, en ese momento, era consciente de que Danzô en todo momento conocía su ubicación, porque a través de las tinieblas conjuradas, el asesino de su Clan, sí le veía.

Poco a poco, Sasuke empezó a desplazarse hacia el lugar de donde emanaba el chacra de Sakura, la débil energía de la muchacha parecía elevarse sobre el suelo de una extraña manera.

Por un momento, al Uchiha se le fue la sangre a los pies, estremeciéndose de pavor, imaginando que habían colgado a la kunoichi y ésta se balanceaba sobre su cabeza en una agónica y macabra oscilación.

- Tché!

Lo descartó. El chacra de Sakura era débil, pero nada indicaba que estuviera extinguiéndose. Además, el Shimura no era tan estúpido como para matar a Sakura antes que a él.

La necesitaban como cebo vivo para atraparle.

-¡Sakura, responde!

Una risa desagradable resonó por la estancia, sin eco, como si las tinieblas absorbieran la reverberación del estridente sonido.

Los dientes de Sasuke rechinaron de puro odio.

- Hijo de puta… - murmuró, conteniendo el impulso de arremeter con Kusanagi en la oscuridad. No podía perder el control. La vida de Sakura dependía de sus próximos movimientos.

- ¿Qué pasa Uchiha, no lo ves claro? – la odiada voz de Danzô llegó a sus oídos al mismo tiempo que sentía – O no lo ves de ninguna manera…

Sasuke cerró los ojos nuevamente, concentrándose para detectar la posición exacta del chacra de Sakura. Se encontraba por encima de su cabeza, a su norte. Hubiera dado cualquier cosa por tener a Hinata Hyûga a su lado. El Byakugan hubiera encontrado a la kunoichi en un momento, y al cabrón de Danzô, también…

- ¿Quién lo iba a decir? – la voz del Shimura era burlona – Que el traidor de Konoha ame a una mujer hasta el punto de sacrificarse por ella...

- ¿Qué sabrás tú del amor, bastardo…? – Sasuke contestó a la provocación. Quería hacerle hablar, intentando descubrir el lugar donde se hallaba su enemigo, pero el sonido reverberaba de tal forma que revelaba que la estancia era demasiado amplia… Y Danzô estaba bien camuflado. - El único amor que sientes es por ti mismo…

Danzô volvió a reír.

- Sé lo que estás haciendo Uchiha, pero no lograrás ubicarme. Y aunque lo hicieras, no podrías atraparme. Debes prepararte para morir…

- Lo haré si dejas a Sakura libre. – Sasuke no pensaba entregarse sin luchar, pero quería que Danzô siguiera hablando – Suéltala y podrás tenerme…

- ¿Por quién me tomas jovencito? – preguntó Danzô con una nota de irritación en la voz.

- Por el cobarde que tomó a un rehén para salvar su vida y que ahora lo ha vuelto a hacer… – replicó Sasuke refiriéndose a Karin.

- Sí, reconozco que aquélla vez en el puente, te subestimé… -dijo Danzô soltando un suspiro. Entonces Sasuke detectó un cambio de posición, un leve movimiento, un crujir de ropas. Le pareció que provenía de la zona Este de la estancia, pero no estaba seguro.

- Fue un buen combate... –Prosiguió el traidor Danzô- Confié demasiado en mis implantes… Supongo que los ojos de tus muertos no tenían el nivel… Qué basura…

Sasuke obvió la provocación, un poco más y sabría donde se encontraba aquel psicópata.

"Más hacia el Este, más…"

- ¿Sabes? – preguntó Danzô – después de aquéllo estuve considerando seriamente insertarme los ojos de tu madre…

Otro movimiento de ropas, otro cambio de posición…

"Hacia el Este, no. El Sud-Este…"

- … Pero… Nunca he subestimado el poder de una madre… No quería arriesgarme a que Uchiha Mikoto hubiera preparado sus ojos con algún truquito que los hiciera reventar si en algún momento me enfrentaba a su cachorro…

- Hiciste bien… Mi madre jamás te hubiera permitido dañarme… - replicó Sasuke.

"¿Sud-Este…?"

Sasuke se movió en la oscuridad hacia la dirección que creía correcta, mientras el crujir de ropajes de Danzô Shimura era apenas perceptible.

- Aunque hayas llegado hasta aquí por la chica… Me pregunto si le harás lo mismo a tu amante actual, que a la puta pelirrçoja de aquélla vez… - rió Danzô – Me pregunto si llegado el momento atravesarás a Haruno Sakura igual que hiciste aquélla vez en el puente…

- He pagado por mis errores – contestó Sasuke conteniendo la irritación en la voz – Y Karin me ha perdonado…

- ¿Así se llama la puta? ¿Karin? – Danzô rió- Por cierto… ¿Te he dicho que está muerta?

Sasuke intentó evitar el escalofrío que le recorrió la columna, pero no fue capaz de mantenerse impasible. Ahogó un gruñido, que pareció un quejido.

- Hijo de perra… Voy a acabar con tu miserable existencia… – Sasuke se movía cauteloso. Un movimiento más y creía tenerle. Un poco más…

"Casi te tengo, cabrón…"

- Cree lo que quieras… No tardarás en reunirte con ella… Por cierto, me pregunto… ¿A quién mató primero Itachi? ¿A tu madre? ¿A tu padre? Tu padre estaba encima de tu madre, así que fue ella la que cayó primero, ¿no crees…?

- ¡El que vas a caer ahora vas a ser tú, cabrón!

Sasuke saltó hacia su derecha con Kusanagi describiendo un arco por encima de su cabeza, ¡le había localizado! La punta de la espada bajó hasta clavarse en un cuerpo que emitió un extraño sonido… Como si un globo reventara.

- ¡Mierda!

Un kage busnshin. Danzô le había engañado con un truco básico. Una copia perfecta. Un clon de sombra tan bien ejecutado que ni el Uchiha pudo detectarlo. Antes de que Sasuke pudiera reaccionar, un dolor lacerante le atravesó el hombro derecho. Algo le había ensartado y le estaba haciendo sangrar.

- ¡Arj!

- Uchiha Sasuke, vas a morir hoy… Todos los años vividos desde la caída de tu Clan, ha sido un tiempo regalado…

De pronto, la estancia se iluminó, como si una estrella fugaz hubiera estallado, cegando por completo al Uchiha cuyos ojos se habían acostumbrado a la tiniebla conjurada por el Shimura.

En un movimiento involuntario, el chico se llevó la mano izquierda a sus pupilas que se dilataron de repente, como en un estallido, mientras que con la mano derecha enarboló a Kusanagi en actitud defensiva.

Estaba en desventaja.

La risa de Danzô volvió a retumbar a la espalda de Sasuke.

OOOOOOOO

Suigetsu cargaba a Karin mientras el pánico, que intentaba controlar como podía, se iba apoderando paulatinamente de cada una de las células de su cuerpo.

La chica estaba muriendo, de eso el Hozuki no tenía ninguna duda.

En su frenética carrera, Suigetsu se había topado con varios ninjas del cuerpo de élite a los que no se enfrentó. Haciendo uso de sus técnicas acuáticas, los rebasó a toda velocidad, transformándose, -y con él a Karin-, en el líquido elemento que tan bien dominaba, permitiéndole disgregar y unir sus moléculas a su antojo, junto con las de la moribunda muchacha.

No encontraba la salida y se estaba desesperando.

Sin la asistencia de la Uzumaki, no tenía una buena capacidad para orientarse y no conseguía dar con el camino de vuelta, ni con el camino por el que había llegado.

- Tranquilízate bastardo… - se reprochaba la pérdida de control. Siempre se había tomado las cosas a risa, pero esa situación le superaba y no tenía ni puta gracia.

Si perdía a Karin…

- Mierda…

No podía perderla. La pelirroja era la única que le aguantaba sus tonterías, sus salidas de tono y su actitud de fingida indolencia. Era la única que sabía que en el fondo de su alma, a Suigetsu Hozuki sí le importaban los demás.

Y había otro motivo.

La quería. A esa maldita loca Uzumaki… La quería con toda su alma.

Jamás se lo diría, pero la quería tanto que no podía ni respirar. La realidad detrás de sus burlas e insultos era que Suigetsu quería que Karin se fijara en él. Que dejara de pensar en el puto Sasuke de una vez y que le reconociera a él.

"Como a esa persona que siempre está ahí, como a esa persona que siempre cuidará de ti".

Al llegar a una bifurcación, se detuvo. Al borde del colapso nervioso, no sabía qué dirección tomar y cada segundo contaba.

Miro a Karin, cuyos labios estaban amoratados y se estremeció de cabeza a pies.

El Hozuki no supo determinar cuánto llevaba sin aire, pero la muchacha ya no respiraba.

- Karin… ¡Karin! – Suigetsu cayó de rodillas con la pelirroja inerte en sus brazos- ¡Maldita idiota! ¡No me dejes! ¡Vuelve!

Y Suigetsu se quebró. Estallando en llanto, aplicando su boca contra la de la chica, intentaba insuflar aire en los pulmones de la Uzumaki, sin conseguir reanimarla. El mango del kunai que la Consejera de Konoha le había clavado en el pecho se movía hacia arriba y hacia debajo de forma siniestra.

- Karin… Por favor… No me dejes solo con esos dos idiotas… - sollozó refiriéndose a Sasuke y a Jûgo. Las palabras se le atoraban en la garganta y el corazón le dolía como ninguna herida de espada había hecho jamás – Karin…

Pero la Uzumaki no se movía, ni respiraba y el único sonido que se escuchó durante un buen rato fueron los sollozos del desconsolado muchacho.

- ¡Ayúdame! ¡Shizune! ¡Cógela!

Un estruendo, una voz imperiosa sobresaltó a Suigetsu quién levantó la cabeza para encontrar sus liliáceos ojos anegados en lágrimas con los almendrados de una mujer imponente que se dirigía a toda velocidad hacia donde estaban él y la exánime muchacha.

- ¡La Quinta!

Suigetsu casi grita de alegría al ver cómo Tsunade Senju y su ayudante Shizune aparecían en la guarida de Danzô y le apartaban de un empujón para caer sobre la Uzumaki con urgencia.

- Tiene el pulmón perforado, se está asfixiando! - gritó la ayudante de la Quinta Hokage de Konohagakure.

- No respira… - sollozó Suigetsu.

- ¡Cálmate! ¡Eres un ninja! –reprochó Tsunade y sin suavizar el tono preguntó abruptamente - ¿Cuánto hace que no respira?

- No lo sé… Quizá un par de minutos, quizá cinco… El kunai…

- Has hecho bien en no quitárselo… – dijo Shizune sonriendo levemente – puede que le hayas salvado la vida.

Suigetsu observó cómo de las manos de la Hokage brotaba una luz verdosa, que el muchacho de Taka identificó inmediatamente con el tipo de ninjutsu médico que alguna vez había visto practicar a Sakura Haruno. Tsunade aplicó sus manos, con una ternura infinita sobre el pecho de Karin, mientras Shizune, con idéntico chacra verdoso empezaba a extraer el fatídico hierro del cuerpo de la pelirroja.

En pocos minutos el horrible kunai descansaba a los pies del Hozuki que lo observaba como idiotizado. Después de varios minutos más de silencio y zumbar de chacras, Suigetsu oyó a Karin gemir levemente.

- Dioses… - sin moverse, desde donde estaba, vio como los labios resecos de la Uzumaki se abrían para pronunciar un nombre.

- Sasuke…

- … La madre que la parió… - Suigetsu estalló en llanto, otra vez, a la vez que se reía aliviado – Y a mí que me den por el culo, ¿verdad?

Tanto Tsunade como Shizune dirigieron la vista hacia el Hozuki, quien tenía los ojos y la nariz enrojecidos. La Quinta no pudo dejar de esbozar una sonrisa.

- Acércate – le ordenó – Quédate con ella.

Suigetsu obedeció, aproximándose a Karin, quien abrió los ojos levemente al sentir que alguien le tomaba la mano.

- Sui… ¿Me has… salvado tú?

- Técnicamente ha sido Tsunade… – el chico se secó las lágrimas con el dorso de la mano, mientras volvía a adoptar su papel de frívola indiferencia. – Aunque si no fuera por mí, podrías estar criando malvas…

Karin esbozó una leve sonrisa y con dificultad levantó su mano izquierda hasta alcanzar la cara del Hozuki, que se sobresaltó al contacto, pero no se apartó cuando la muchacha le acarició la mejilla suavemente, secándole las lágrimas que aún resbalaban desde sus ojos.

- Gracias Suigetsu… Te debo una.

- Nah… Fea…

- ¿Dónde están Sakura y Sasuke? – la Quinta interrumpió a la pareja y les apremió con urgencia a contestar.

- Creo que en el sótano de la guarida… - dijo Suigetsu – Me desorienté cuando intentaba rescatar a Karin y les perdí de vista…

- Esta bien… - Tsunade chasqueó los dedos y se dirigió a Shizune– Vosotros quedaos aquí, yo voy hacia abajo.

- Pero… ¡Tsunade Sama! – Shizune nunca había dado muestras de ser muy espabilidada - ¡No puede ir sola!

- ¡Shizune! – Bramó la mujerona - ¡Naruto ha ido a por ellos! ¡Y Kakashi y Sai! ¡Y Hinata Hyûga! ¿Qué entiendes tú por ir sola?

- ¿Habéis venido todos? – Preguntó Suigetsu aliviado - ¿Todos los que has nombrado?

- Sí… Así que tú quédate con ellas, descansa y encárgate de cortarle la cabeza a todo aquél que intente atacaros… - tronó Tsunade – Yo voy a encargarme de Danzô de una puñetera vez.

- Pues mejor será que se dé prisa… - apremió Suigetsu – porque Sasuke dijo lo mismo hace más de media hora y aún no ha regresado.

- Maldita sea… - Tsunade se puso en pie y se dirigió hacia la puerta- Esto me huele muy mal…

- Tsunade Sama… - la débil voz de Karin le llegó desde el suelo – Dese prisa… No pararán hasta matarles.

La Hokage frunció el ceño y sin esperar ni un minuto más, echó a correr por los corredores de la guarida de Danzô, perdiéndose en las profundidades de Raíz.

OOOOOOOO

- ¡Aquí, bastardo, aquí!

El del Sharingan se volvió inmediatamente. Cegado y con los ojos ardiendo, dispuesto a atravesar al líder de raíz con su espada, que vibraba como enloquecida. Sin embargo, no le había dado tiempo a recuperar la visión cuando algo le atravesó una pierna con tanta fuerza que le hizo apoyar una rodilla en tierra, mientras que otro objeto punzante se le incrustaba a la vez, en el hombro izquierdo.

- ¡Aarj!

- ¡Mírame Uchiha! ¡Estamos aquí!

Sasuke se giró hacia el lugar de dónde provenía la voz, en un punto indeterminado hacia su espalda. Los ojos, aun inflamados y el dolor lacerante de los miembros heridos le impedían percibir con claridad lo que había en derredor.

Tardó casi un minuto en incorporarse, mientras las carcajadas de Danzô resonaban en sus oídos; y, casi otro minuto más a que sus ojos se acostumbraran un poco a la luz que iluminaba la habitación.

Cuando finalmente pudo fijar la vista, lo que vio le dejó sin habla. Las palabras se le atoraron en la garganta mientras su corazón empezó a galopar dolorosamente en el pecho ante la visión que se le reveló. Se quedó petrificado donde estaba, sin poder mover ni un músculo sabiendo que si lo hacía, firmaría la sentencia de muerte de Sakura.

Y es que delante de él, una escalera de cien peldaños de mármol negro finalizaba en una explanada de suelos brillantes del mismo material sobre la que se enclavaba un enorme pedestal de paño de oro.

Sobre él, dos maderos pulidos, formando un aspa.

Sakura se hallaba atada a ese aspa. Manos y pies encadenados con argollas de acero a cada uno de los brazos de la siniestra cruz. Apenas llevaba ropa. Su camisa, la camisa que el propio Sasuke le había puesto apenas dos horas antes, estaba hecha girones y cubría parcialmente su desnudez. La cabeza le colgaba hacia la derecha y guedejas de pelo rosa, mugriento y oscurecido, le cubrían la cara. Estaba consciente, pero tan débil que apenas podía levantar la cabeza. La sangre manaba de sus copiosas heridas, tenía los labios hinchados y el ojo izquierdo entrecerrado y amoratado. Sin duda le habían propinado una descomunal paliza.

Sasuke sintió cómo la náusea se apoderaba de él.

- Sakura… - apenas susurró el nombre de la kunoichi dejando, sin percatarse, que el pánico se transmitiese a su voz.

Al oírle, la kunoichi intentó levantar la cabeza, pero sin duda, tal movimiento le causó un tremendo dolor, porque inmediatamente desistió, gimiendo débilmente.

- Sas…ke…

- Incluso un viejo como yo puede entender por qué has perdido la cabeza por esta mujer… - Danzô, esta vez el real, apareció detrás de la encadenada muchacha, apoyándose en un bastón, cojeando levemente, dando una apariencia de falsa fragilidad que no engañó al Uchiha.

Ya no llevaba la cara vendada. Y de la misma forma, sus brazos permanecían desnudos bajo las mangas del kimono que llevaba puesto y que sin duda, había vivido tiempos mejores, pero que ahora era de un indefinido color gris.

Las arrugas poblaban su rostro, marcando su amarga mueca.

No hacía ninguna falta que intentara ocultar el sharingan implantado en su ojo derecho, ya que éste, que había sido destruido en la anterior batalla contra Sasuke, ahora aparecía blancuzco y desdibujado, totalmente inerte, pero móvil, confiriéndole un aspecto inquietante y siniestro.

Tampoco llevaba los brazos vendados y las cuencas de los ojos vacías, consecuencia de la destrucción de los sharingan en su anterior batalla con el joven Uchiha, eran pozos oscuros y aterradores, agujeros negros que se asomaban a unas tinieblas eternas.

De la manga derecha del kimono, Danzô Shimura extrajo un pequeño y afilado kunai de hierro y se acercó a Sakura, que al sentirle, intentó forcejear con una de las argollas que sujetaba sus muñecas.

Sasuke observaba petrificado las acciones del Shimura, intentando no demostrar ningún tipo de emoción. Cuando el líder de raíz pinchó la blanca piel del cuello de la muchacha cerca de su yugular, haciendo que dos gotas de sangre resbalaran por la nívea piel de la muchacha, Sasuke sintió el odio bullir dentro de su ser, con tanta fuerza que le dejó momentáneamente noqueado.

Danzô miraba fijamente al Uchiha, sin miedo, con una media sonrisa pintada en el rostro, advirtiéndole con su gesto de que cualquier movimiento por nimio que fuera, traería consecuencias terribles para la Discípula de Tsunade.

Danzô se entretuvo con la piel del cuello de Sakura, arañándole con el kunai y con la mano izquierda apartó suavemente, casi con ternura, un mechón de pelo rosa de la cara de la muchacha, dejando a la vista sus facciones descompuestas.

– Lo entiendo… - prosiguió Danzô –Es muy guapa, valiente y realmente fuerte… Y tú eres un crío que no has visto nada…

Sasuke apenas podía concentrarse. La visión de la muchacha a merced de su enemigo mortal, totalmente rota y vencida, manando sangre y sin apenas poder hablar, le había bloqueado por completo.

- Y ese pelo… Qué extraño color… ¿Seguro que no tiene genes Uzumaki…? – Danzô se llevó el mechón de pelo de Sakura a los labios – Suave…

- Suéltala… - graznó el Uchiha intentando recomponerse. Los gruesos y mugrientos dedos de Danzô acariciando el cabello de la chica eran demasiado para él – Déjala ir…

Sakura gimió y forcejeó nuevamente con las argollas que sujetaban sus muñecas apresadas.

- Sa…suke…. – murmuró – Vete…

Danzô la observó, para después fijar la vista en el muchacho, cuya desesperación era visible.

- Realmente… Debe ser duro perder a todos aquéllos a los que has amado, sin poder hacer nada… - inclinó la cabeza con curiosidad perruna hacia el del sharingan - … Pero eso no puede servir para justificar tu odio, provocando que tu Aldea caiga en la vergüenza y el deshonor.

"Hijo de puta, si fuiste tú quién le dio la orden a mi hermano…"

- He pagado por lo que hice… -dijo intentando mantener la calma- Con creces… Suéltala…

- ¿Por qué debería soltarla? – preguntó el Shimura burlón – Es un bonito trofeo…

"Si no la sueltas, te desgarraré el cuello con los dientes…"

- Ya me tienes a mí… Déjala. Prometo que no me resistiré…

El líder de Raíz rió sin alegría.

- ¿Crees que soy tan estúpido como para no saber que intentarás asesinarme en el mismo momento en que la suelte?

- Tenía que probar… – Sasuke esbozó una sonrisa irónica que apenas afloró a sus labios, pero no pudo evitar sobresaltarse cuando observó que Danzô, con la mano izquierda, sacaba un tantô*, una pequeña espada corta, de entre los pliegues del obi que sujetaba su kimono.

- - N…No… Sas..ke… – Sakura forcejeó una vez más con las argollas que la inmovilizaban – Por favor…

- Sakura… – le dijo el del sharingan aparentando una calma que no sentía – Guarda las fuerzas para después…

- Sa… Sasuke…. - Sakura gimió. Los ojos verdes de la muchacha intentaban focalizar al Uchiha – Vete…

- Suéltala… Ahora… – Sasuke se obligó a hacer caso omiso de la mirada de la chica. Estaba perdiendo la paciencia y eso no era nada bueno.

El Shimura le miró. El caleidoscopio de Sasuke estaba inactivo y sus ojos negros brillaban febriles con algo parecido al miedo. Danzô sabía que el muchacho no temía por él. Sabía detectar cuándo un hombre era un cobarde que únicamente se preocupaba por su propia seguridad, y el chico que tenía delante no merecía para nada ese calificativo. El terror velado que se reflejaba en la mirada del Uchiha lo provocaba la incertidumbre de la situación de la muchacha.

Danzô le tenía dónde quería, a su merced. Sin embargo…

- ¿Tanto la amas…? – preguntó Danzô, esta vez con curiosidad genuina.

Sin dudas, vergüenza o pudor, Sasuke alzó la vista hacia Danzô, clavando sus ojos oscuros en él. Ambos hombres, el joven y el viejo, se sostuvieron las miradas durante unos segundos que se hicieron eternos, hasta que el del sharingan respondió con emoción contenida.

- Ella es la luz que ilumina mi oscuridad…

Danzô no podía dejar de observar al muchacho.

La respuesta, pura y auténtica, le había cogido algo desprevenido.

Finalmente, el líder de Raíz consiguió apartar la vista de Sasuke, dirigiéndola hacia la kunoichi quién también observaba al muchacho, aterrorizada.

Sakura sabía que Sasuke Uchiha estaba en una encrucijada y también sabía que no dudaría a la hora de elegir. Eso era lo que más aterraba a Sakura, que él se sacrificaría por ella sin dudarlo. La chica se sentía culpable por haber provocado, de alguna forma, que el Uchiha cayera en la trampa de Danzô.

Y Danzô lo sabía, y pensaba jugar con éso. Jugaría con los sentimientos de los dos.

- Esa luz suya… Se extinguirá si no haces lo que yo te digo…

Con una sola mano, con la izquierda, Danzô desenvainó levemente la pequeña espada tantô, dejando a la vista una parte de la hoja.

Su mango y vaina eran de madera lacada, con un bello dibujo de filigrana en forma de hojas de bambú, que Sasuke pudo apreciar perfectamente desde donde estaba. La hoja, mortífera y brillante, debía medir unos quince centímetros de largo y era de un único filo.

- Tantô… - susurró Danzô mirando la espada y acariciando su borde con el dedo pulgar de su mano izquierda - ¿Sabes para qué se usa, Sasuke?

Sin pestañear, sin demostrar ningún tipo de emoción en la voz, el Uchiha respondió.

- Es un arma de Samurái.

- Bien, joven amigo… Pero no has contestado a mi pregunta… ¿para qué se usa?

Sasuke intentó mantener el rostro impasible, pero un escalofrío le recorrió la espina dorsal al percatarse de qué era aquello que el líder de Raíz tenía pensado para él.

Contestó sin pestañear, la vista clavada en Danzô.

- Seppukku*… - respondió el del Sharingan.

El tantô, la espada corta que Danzô tenía en la mano, era el puñal que se usaba para lo que vulgarmente se conocía como Hara-kiri*, el suicidio ritual del que los Samuráis se servían antes de dejarse apresar por sus enemigos, y que también utilizaban para expiar algún pecado cometido que pudiera haber deshonrado a su familia o a su señor.

Sasuke tenía la boca y los labios resecos. Se había puesto muy pálido.

El Uchiha tenía claro que lo que Danzô quería: que se suicidara delante de Sakura.

Sasuke se reprochó internamente no haber previsto que, después de su primer enfrentamiento en el puente, el Shimura no intentaría un ataque directo.

- Tské…

Sasuke tenía que haber pensado que para acabar con su vida, el viejo no combatiría, no atacaría abiertamente, sino que recurriría a maniobras ruines, como la rata inmunda escondida en la oscuridad que siempre había sido.

"Soy un idiota total…"

Se maldijo. Danzô había actuado como un cobarde toda su vida, usando a otros, tomando rehenes, y, ahora, pretendía asesinarle sin siquiera mancharse las manos de sangre.

- Cobarde… - murmuró Sasuke apretando la mandíbula y escupiendo las palabras con desprecio.

- Prudente… - puntualizó Danzô con cierta guasa - ¿Has adivinado qué quiero, verdad?

- ¿Quieres que me suicide…? – Sasuke sonrió de forma espantosa.

- Yo lo llamaría "sacrificio necesario", por la seguridad de Konohagakure. Debes morir… Y tu Clan contigo…

Sasuke esbozó una sonrisa irónica, se apartó un mechón de la cara con el dorso de la mano, a la vez que se secaba las gotas de sudor frío que habían aparecido en su frente.

- Yo moriré y tú pretendes quedarte con mi sharingan… Konoha tampoco está segura contigo si lo que pretendes es eliminar la maldición de nuestros ojos.

- Oh… No sólo es por tus ojos, que en cualquier caso, estarán mejor conmigo que contigo - replicó Danzô – Es vuestra sangre, vuestra naturaleza demente, ambiciosa y díscola… Los Uchiha sois de carácter maleable, volátil, y lunático. Arrogantes y soberbios, no os dejáis conducir por un líder, a no ser que tenga vuestra misma mala entraña.

Danzô levantó un mechón de pelo de Sakura con el tantô que había vuelto a envainar y seguía sosteniendo con la mano izquierda, mientras que con la derecha, le pinchaba el cuello con el kunai.

- Elige… Tú o ella… - el Shimura rió entre dientes.

- No la toques… - las palabras de Sasuke salieron roncas de su garganta – No te atrevas a tocarla más…

- ¿Ves? Os cegáis por el odio de la misma forma en la que lo hacéis por el amor… A la vista está de que los Uchiha sois totalmente inestables… - Danzô cogió a Sakura por la barbilla y la obligó a mirar a Sasuke, mientras aplicaba presión con el kunai.

Sakura gimió levemente.

– Qué pena… Era una kunoichi prometedora.

Con un rápido movimiento Danzô clavó el kunai a Sakura en el omóplato izquierdo. La kunoichi chilló de dolor y la sangre empezó a salpicar los girones que quedaban de la camisa de Sasuke, tiñéndose de rojo.

El Uchiha perdía por segundos el control de la situación.

El Susano'O empezó a levantarse a su alrededor mientras sus ojos giraban enloquecidos en blanco y rojo.

- ¡Hijo de puta! ¡Voy a matarte! – Sasuke hizo el amago de acercarse hasta donde se hallaban, pero rápidamente, Danzô sacó el kunai del hombro de Sakura y se lo aplicó en el cuello, haciendo que la chica volviera a gemir.

- Si das un paso hacia nosotros, la degüello…

- Hazlo… Sasuke… Mátale… - Sakura se retorcía de dolor. La vista volvía nublársele y sólo quería que Sasuke matara a ese cabrón, sin importarle si ella moría en el intento.

- Atrévete y la ejecuto en el acto.

Sasuke no se atrevía a moverse de dónde estaba.

No podía arriesgarse a emprender acciones contra Danzô, porque si lo hacía, el Shimura cumpliría su amenaza.

"Maldito Naruto de los cojones, dónde te has metido..."

- Muere… O sabes que ella lo hará en tu lugar… - la voz de Danzô sonaba rasposa, como el susurro de una serpiente.

En combate directo, aunque Danzô era un temible adversario, el Uchiha tenía muchas posibilidades de acabar con él; le sobrepasaba en velocidad, fuerza y técnicas, pero así… con Sakura como cebo…

No podía arriesgarse a perderla.

Danzô volvió a clavar el kunai en Sakura, esta vez en el muslo izquierdo. Lo retorció con sadismo haciendo que la muchacha de pelo rosa profiriera un alarido. Inmediatamente lo retiró y volvió a aplicárselo en el cuello.

- Un miembro por cada duda… El último, se lo clavo en el corazón.

El del sharingan tragó saliva e intentó reflexionar durante varios segundos que le parecieron horas. Tomó una decisión.

- Si lo hago… Si me… suicido… Qué garantías tengo de que la sueltes… Cómo puedes garantizarme su seguridad…

Un gemido agónico proveniente de la garganta de la kunoichi rasgó el silencio, Sasuke intentó no mirar a la muchacha, cuyas lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas.

- Nooo… Sasuke… Nooo… - la voz de Sakura era pura impotencia- Vete, vete… de aquí…

Haciendo acopio de los últimos resquicios de fuerza, la muchacha tiraba de las cadenas, sin éxito. Estaba exhausta y sin capacidad de concentración. Su fuerza colosal la había abandonado. No podía hacer nada por liberarse, ni por ayudar al Uchiha.

Danzó la agarró nuevamente del cuello, haciéndola gemir, poniéndole el kunai en la garganta le dio a Sasuke un ultimátum.

- Hemos hablado bastante. Si mueres, ella no sufrirá daño alguno. Volverá a la Aldea y será libre para hacer su vida como quiera… – y añadió – Tienes mi palabra de ninja de Konoha.

- No sé si esa palabra vale mucho…– replicó Sasuke, pero al ver que el Shimura cortaba la piel de la garganta de Sakura con un rápido movimiento, se apresuró a decir - ¡Está bien! ¡No le hagas más daño!

El Shimura rió.

- El amor os hace débiles muchacho… - cerró la vaina del tantô y desde dónde estaba, se lo arrojó a los pies– Arrodíllate y procede… Te ruego me disculpes si te dejo agonizar, pero entenderás que no me acerque para darte el golpe de gracia…

Como si estuviera idiotizado, Sasuke observó el cuchillo que el Shimura le había arrojado. No sabía cómo los acontecimientos se habían desarrollado hasta llevarle allí.

Él esperaba luchar.

Era lo que más rabia le daba.

Ensartar a Danzô con Kusanagi, vengar a su hermano, a su madre, a su padre, a todo su Clan… En lugar de eso, nada había salido según lo previsto; había puesto en peligro la vida de Sakura e iba a perder la suya.

Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

"¿Y ya está…? ¿Hasta aquí…? ¿Voy a…?"

Había llegado el momento y lo cierto es que no quería morir, aunque dejar de existir estaba dentro de las posibilidades de un ninja.

Pero era demasiado joven y tenía demasiadas cosas por hacer, como besar a Sakura una última vez.

Levantó la cabeza hacia la kunoichi de pelo rosa que balbuceaba incoherencias entre lágrimas, suplicándole que se fuera. La sombra amenazadora de Danzô se cernía sobre ella, como una araña sobre una mariposa.

La observó con atención.

Si ella no estaba con él… Nada tenía sentido. Su vida no valdría nada.

"Atontada…"

Si Sakura tenía una sola oportunidad de sobrevivirle… Sólo una, por pequeña que fuera… La muerte habría valido la pena.

"Vive…"

Y la muchacha superaría su pérdida.

"Por mí…"

Lo haría. Lo superaría. Ella tenía a Naruto.

"Vive…"

Él no valía tanto como para que la Discípula de Tsunade no pudiera encontrar la felicidad en un futuro.

Sonrió.

Él había encontrado la felicidad cuando todo estaba perdido.

Nunca imaginó volver a sentirse libre, completo y alegre hasta que Sakura le sacó de la miseria en la que se hallaba inmerso. Nunca imaginó que volvería a sentir amor fraternal por otro que no fuera Itachi y ahí estaba Naruto, el ninja más ruidoso, alborotador, cabeza hueca e idiota total de Konoha.

Todo el dolor, el odio y la oscuridad que se habían adueñado de él durante años, se habían disipado gracias a los miembros del Equipo Siete. Nuevamente, después de mucho tiempo, Sasuke Uchiha había sido capaz de amar y de reconocerse a sí mismo el hecho de que aquéllos sentimientos que ocultaba en lo más profundo de su corazón no le hacían débil. Al contrario, le conferían la fortaleza necesaria para en el momento preciso, poder acabar como un auténtico ninja… Protegiendo a los suyos.

- No sabemos qué clase de hombres somos, hasta que llega el momento de nuestra muerte – la voz de Danzô le sacó de su ensimismamiento - ¿Qué clase de hombre eres, Sasuke Uchiha?

- Posiblemente mejor que tú y peor que mi hermano… - el del Sharingan suspiró, se agachó y recogió el tantô que Danzô había arrojado a sus pies – Morir es la única opción que me dejas para proteger a Sakura… Así que lo haré.

- ¡Nooo! – Sakura soltó un grito desgarrador. Intentó forcejear nuevamente, pero el dolor, la sangre que había perdido y la debilidad habían mellado sus capacidades- ¡Sasuke! ¡No! ¡No! ¡Por todos los Dioses! ¡No lo hagas!

Los ojos negros de Sasuke se fijaron en ella.

"Te amo…"

– He tomado mi decisión.

- ¡Tu decisión es una mierda! ¡Apesta! – Sakura gritaba y lloraba amargamente, tiraba de las argollas, retorciéndose, el miedo le estaba dando la adrenalina suficiente como para poder gritarle - ¿Es que acaso eres idiota? ¡Me matará de todas formas!

- Me ha dado su palabra…

- ¡No voy a permitir que mueras delante de mí! – Berreó la kunoichi, histérica - ¿Me oyes? ¡Deja de hacerte el héroe!

Sasuke esbozó una sonrisa.

- Sakura… Realmente lo eres…. Realmente eres muy pesada

- Qué tierno… - se burló Danzô, apartándose ligeramente de Sakura – Acaba de una vez Uchiha… ¿Una última palabra? En otra situación te hubiera dejado escribir tu despedida en tu abanico, pero las circunstancias mandan…

Sasuke miró con desprecio a Danzô y volvió a fijar la vista en Sakura, que gritaba como una posesa, mientras intentaba romper las argollas que la sujetaban.

Quería decirle muchas cosas…

Que la reconocía como su igual, que reconocía su fuerza, su inteligencia, su tesón, su valor. Que su belleza era dolorosa y que nunca podría compensarle el tiempo perdido, ni el daño causado. Que la amaba y siempre lo haría y que allí dónde estuviera estaría conectado a ella y la protegería de todo mal.

Podría haberle dicho todas esas cosas, pero en realidad no importaba, porque ella ya lo sabía.

- Sakura…

La muchacha, sin dejar de intentar liberarse, fijó su mirada en él.

Los ojos de Sasuke brillaban como brasas encendidas.

- Gracias…

- No… ¡No! ¡Nooooo!

Sasuke se arrodilló ante Danzô y la kunoichi, que gritaba desesperada, intentando evitar que el chico se inmolara.

- ¡Sasukeeeeeeeeeeeee! ¡Sasuke-kun! – los sollozos desgarradores de Sakura parecían no llegar a los oídos de ninguno de los dos hombres. Danzô observando a Sasuke con una expresión de indiferente triunfo y el Uchiha, concentrándose en la pequeña espada ritual, intentando adivinar cómo clavarse la hoja de forma que la muerte le sobreviniera lo más rápido posible.

Había oído mil historias sobre aquélla ceremonia.

Había que tener un par de huevos para llevarla a cabo.

Sabía que los Samuráis lo tenían como una manera de abandonar el mundo con honor. Sabía que habitualmente se hacía en público, delante del Señor Feudal y de los ofendidos por el agravio que había que enmendar. Sabía que debía cortarse en el vientre y que el tajo debía hacerse de izquierda a derecha, volviendo al centro y de abajo arriba, hasta el esternón. Era terriblemente doloroso y por ese motivo, aquéllos que se veían en la necesidad de practicar el ritual del seppukku eran asistidos por su kaishaku, un ayudante que en el momento adecuado y de un certero golpe de katana, les decapitaba para evitarles el horrible sufrimiento.

Él no tenía kaishaku y estaba seguro que el sádico Danzô disfrutaría viéndole agonizar durante horas en medio de un charco de sangre y de su propia mierda, ya que con el corte en el vientre, lo que se conseguía era destripar de forma irrevocable a la víctima, impidiéndole la recuperación.

Sasuke desenvaino el tantô.

La espalda recta y las nalgas descansando sobre sus talones, con el empeine de los pies hacia abajo. Respiró hondo y se concentró en recordar sólo una cosa: los verdes ojos de Sakura.

Cogio el tantô con ambas manos, sin siquiera oír los alaridos desesperados de la kunoichi, llamándole como hacía cuando eran unos críos de doce años. Dirigió la hoja de un solo filo hacia su abdomen y aplicó la punta en el lugar dónde debía estar el hígado.

En el último segundo miró a Danzô, que le observaba triunfante, ya sin disimular su euforia.

- Te veré pronto, hijo de perra…

El Shimura no se amedrentó, al saberse ganador. En última instancia sabría cómo escapar de la ira del Jinchûriki.

- Tú primero… - replicó burlón el líder de Raíz.

Y Sasuke, sin pensarlo más, empujó la hoja del tantô hacia su vientre, clavándoselo hasta la empuñadura.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

NFA: ¿Qué tal? ¿Os ha gustado? Por favor, sin vuestros comentarios no soy nada, así que explicadme qué os ha parecido.

No hay mucho que comentar por mi parte: Danzô es un cabrón, la Consejera ha tenido lo que se merecía, Karin y Suigetsu son la pareja del año y Sasuke es un auténtico héroe trágico, con un par de huevos bien puestos. Yo no dudo en absoluto que si en el manga le hubieran puesto en una encrucijada semejante, Sasuke no dudaría ni un minuto en sacrificar su vida por los demás, y más si ese "demás" es Sakura.

El Seppukku es lo que vulgarmente se conoce como Harakiri que significa "corte en el vientre". He extraído toda la información de internet y todos los términos salen de wilkipedia. El Tantô es el cuchillo con el que se suicidaban. El Kaishaku es el asistente, el que cortaba la cabeza al practicante del ritual. Os aconsejo que busquéis información, porque el tema no tiene desperdicio. Realmente había que ser muy valiente para hacerse algo así, pero así son los japoneses, valientes y bestias por igual (con perdón de mis amigos S y D, xD)

Espero que os esté emocionando.

Ya he empezado a escribir el siguiente capítulo y creo que será el último. Por otro lado, no os podéis quejar, eh? He tardado, pero os regalo 25 páginas, más de 8000 palabras y una historia emocionante.

Muchas gracias por los maravillosos comentarios que me dejáis, a algunas de vosotras me gustaría contestaros adecuadamente pero fanfiction no me da la opción así que si queréis os dejaré un Gmail para poder charlar sobre el fic, la mar y sus peces.

Vosotros decidís.

Por otro lado, algunas ya habréis visto que vuelvo a subir La Escalera del Perdedor, versión revisada y mejorada y en cuanto acabe Oculto, me pondré a ello como una fiera con la intención de escribir una segunda parte más oscura y que no sea OOC.

También tengo en mente La Misión. Otro Fic del que haré dos versiones: la Thriller y la de Angst puro y duro, así que como ya veis y si no os cansáis ni olvidais de Sasuke y Sakura, tenéis Camfrica para rato.

Muchas gracias por todo.

Ojalá algún día pudiera deleitaros con una historia original, pero de momento y hasta que no me toque la lotería y me pueda dedicar por completo a escribir, conformáos con los Sasusaku Fics.

PD: Alguien Shipea Eren X Mikasa de Shingeki No Kyojin?