Minako: ¡Guau! A eso le llamo yo ser rápida en responder. Gracias :-)

En cuanto a lo que sentir... Espero que cuando termines de leerlo te sientas satisfecha, como yo cuando finalmente después de casi dos años, conseguí terminarlo.

Angelus Tanenbraum: ¡Cuánto tiempo sin saber de ti! Y ¡guau 2! Pero que rápidas habéis sido. Así da gusto subir un capítulo.

¡Muchísimas gracias!

Xognadora: De nada :-) Y no eres la única a la que le pareció mal su muerte. Sigo pensando que en la saga falta una conversación post batalla final entre Harry y él, para pedirle disculpas, principalmente.

Soloemma: me alegro de que te hayas dado cuenta de los pequeños detalles o guiños que he ido dejando a lo largo de la historia y, sobretodo, de que te guste tanto esta historia.

Capítulo 37

Habían pasado ya dos días desde que había sido atacado por Nagini y, aunque el antídoto había sido administrado en el momento justo y por tanto se encontraba fuera de peligro, aún estaba algo cansado. Había perdido bastante sangre antes de que Harry consiguiera curar la herida. Lo que se agravaba con la continua visita de profesores, periodistas, gente del Ministerio y, por supuesto, del mismísimo Potter. Ahora que su papel en la derrota definitiva de Lord Voldemort había salido a la luz pública, se había convertido en una especie de héroe para el Mundo Mágico. Él siempre había odiado esa clase de publicidad. Lo que había hecho lo había hecho por ella. No por la fama, no por hacer lo correcto, ni siquiera por la justicia. Lo había hecho por ella. Todo lo había hecho porque sabía que eso era lo que ella hubiera querido. Pero qué más daban sus motivos ahora. Ella había perdido la vida hacía años y nada de lo que hiciera o dijera podría devolvérsela. Cuando oyó que llamaban a la puerta, supuso que sería algún otro pesado por lo que le invitó a pasar, aunque no tenía ni la más leve intención de ponérselo fácil, de modo que le ignoró mientras continuaba leyendo su libro. Oyó el carraspeo de la persona que estaba esperando frente a él. Como si hiciera falta recordarle que estaba allí perturbando su tranquilidad.

- Sí, ya sé que está ahí, pero tendrá que esperar a que termine - respondió usando el tono que tantas veces antes había empleado como Mortífago esperando que se asustara lo suficiente como para que se fuera y lo dejara solo de una buena vez.

- Veo que tus modales se han deteriorado con el paso del tiempo, Severus - respondió entonces esa persona. Él dejó de escribir en ese mismo instante. Esa voz... Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la había oído. No, no podía ser, se dijo; sin embargo, sin poderlo evitar, la llama de la esperanza se encendió en su corazón acelerándolo como tanto tiempo atrás. Despacio, casi preparado para ver frente a él a cualquier joven cuya voz fuera parecida a la de la persona que tanto había significado para él, convenciéndose de que era imposible y aún así esperanzado, alzó la cabeza.

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- Hola, Severus - lo saludé en cuanto levantó la cabeza y me miró. Se quedó congelado donde estaba, la pluma seguía inmóvil sobre el papel y aún sostenía el libro con su otra mano -. ¿Ni siquiera me vas a decir hola? - pregunté intentando hacerlo salir de su conmoción. Podía entender su reacción, ver de pronto frente a él a una persona que había muerto veinte años atrás, debía ser un shock.

- ¿Eres tú? ¿De verdad eres tú? - preguntó por fin dejando la pluma y el libro sobre la mesa.

- En carne y hueso - respondí con una tenue sonrisa. Lo siguiente que supe es que estaba a mi lado abrazándome. Me sorprendí por su reacción, no era algo típico de él, no obstante, me relajé y lo abracé con ternura. Su cuerpo había cambiado tanto desde la última vez que lo había abrazado... En aquel entonces era un adolescente de apenas dieciséis años escuchimizado, ahora era todo un hombre, lo abracé y me dejé abrazar deleitándome con el calor que emanaba de su cuerpo.

- Hacía tanto tiempo que no olía este perfume - susurró contra mi pelo -. Creí que nunca más volvería a hacerlo.

- Lo fabricaste tú, Severus. Hubieras podido hacerlo en cuanto quisieras - respondí en su mismo tono. Entonces él se separó de mí sin romper el abrazo, aunque lo suficiente como para poder mirarme a los ojos.

- Nunca volví a fabricarlo, Shayleen. No pude después de que... - dijo deteniéndose.

- De que muriera - terminé yo -. Lo sé, Dumbledore me lo dijo.

- Pero, ¿cómo? Quiero decir, aquí, ¿cómo has llegado hasta aquí? - preguntó mirándome de arriba abajo de nuevo, casi temiendo que fuera a esfumarme entre sus brazos cual fantasma. Saqué el collar con el giratiempo y se lo mostré.

- Quería estar segura de que todo iría bien - respondí - tras la última reunión de los Mortífagos... Necesitaba saberlo. Severus -, dije soltándome de su abrazo y sentándome en el sillón obligándolo a él a hacer lo mismo -. Albus me dijo que Nagini, la mascota de Voldemort, te había atacado en la Casa de los Gritos, y que habías recibido el antídoto a tiempo. ¿Podrías explicarme un poco mejor lo que ha pasado? - pregunté. Realmente quería saber como había acabado ejerciendo el mismo papel en la historia a pesar de mi interferencia.

- Cuando... Cuando tu moriste - comenzó con cierta dificultad -, decidí que tenía que derrotar a Voldemort, que tenía que terminar con lo que tú habías empezado, de modo que me convertí en Mortífago con la única intención de acercarme lo suficiente a él para matarlo. Sin embargo, pronto me daría cuenta de que no tenía el suficiente poder como para derrotarlo por mi cuenta. No tenía el poder que tenías tú - yo no pude evitar rodar los ojos por su comentario, él esbozó una imperceptible sonrisa al ver mi reacción -. Cuando Trelawney, la Profesora de Adivinación, predijo la llegada de un bebé que lo destruiría, el elegido, decidí que haría todo lo que estuviera en mi mano para ayudarlo a conseguir su destino. No obstante, sabía que la mejor forma de hacerlo era permanecer como espía de la Orden entre los siervos del Señor Tenebroso. Y eso fue lo que hice. Interpreté mi papel tan bien que todos, salvo Dumbledore, creyeron que los había traicionado. Sin embargo, en el último momento, Harry, el elegido, descubrió unos recuerdos míos que Dumbledore guardaba en su despacho. Unos recuerdos donde estabas tú, fue entonces cuando entendió la razón por la cual me había hecho espía y comprendió que nunca los había traicionado. Por suerte, justo a tiempo, ya que al ver como Nagini me atacaba y Voldemort salía de la habitación, me proporcionó el antídoto y me curó.

- Así que... Te hiciste espía por mí - dije sintiéndome inexplicablemente aliviada y atormentada al mismo tiempo -. Has hecho todo esto por mí - dije tomando su brazo izquierdo y levantando la manga mirando la Marca Tenebrosa que se hallaba tatuada en él sin poder evitar ser consciente del inmenso dolor que tuvo que sufrir mientras le era impuesta.

- Era lo que tú hubieras querido - habló mirándome, yo sin embargo no pude mirarlo a los ojos. Los sentía llenos de lágrimas.

- Todo lo que has sufrido por mi culpa - susurré con la voz rota pasando la yema de los dedos sobre el tatuaje con suavidad.

- No, escúchame - habló con la voz firme obligándome a mirarlo -. No es culpa tuya, yo tomé esta decisión, no tú. Tú no me obligaste a nada.

- Pero si yo no hubiera aparecido, si yo no hubiera estado... - intenté protestar.

- Entonces habría encontrado otro motivo para hacer lo correcto - afirmó. Eso era algo que no le podía discutir, sabía que lo había hecho.

- Deberías calentar esta habitación un poco - dije forzando una sonrisa en un intento de cambiar de tema unos segundos después -. Hace demasiado frío aquí abajo - añadí sin poder evitar que un escalofrío me recorriera la espalda.

- ¿Tú crees? - dijo frotándome levemente los brazos para transmitirme calor -. Yo apenas lo noto, será porque desde que te fuiste sólo hay frío en mi corazón - respondió clavando sus profundos ojos oscuros en los míos.

- Que cursi eres cuando quieres - cabeceé sin poder evitar sonreír.

- No lo digas muy alto o perderé mi reputación de malvado Profesor de Pociones - sonrió él a su vez, apartando con su pulgar unas lágrimas rebeldes, yo sólo reí -. ¿Por qué no me acompañas? - dijo levantándose entonces -. Hay un par de personas que estarán encantadas de volver a verte.

Tiempo después estábamos entre los números 11 y 13 de Grimmauld Place.

- La casa de Sirius se convirtió en el cuartel general de la Orden - me explicó Severus mientras cruzaba el jardín. Tocó en la puerta siendo abierta por un elfo doméstico, era Kreacher, aún me sorprendía la cantidad de años que podían vivir estos seres, sin embargo, lo que realmente llamó mi atención fue encontrar en su mirada el reconocimiento. Se acordaba de mí; aunque, a decir verdad, teniendo en cuenta la última vez que me había visto, lo que había pasado ese día, tampoco es que fuera algo tan extraño. Ese día nos había marcado a los dos. Severus le hizo un gesto diciéndole que se callara y pasando directamente al salón donde, según oía, había unas cuantas personas reunidas.

- Severus, qué sorpresa verte por aquí - dijo una voz desde el interior. "Remus", sonreí al reconocerle, de modo que en esta versión de la historia él también había logrado sobrevivir a la guerra -. Pensaba que seguirías encerrado en las mazmorras un par de semanas más.

- Ese era el plan, Lupin - respondió éste sin dejarse molestar por el tono sarcástico del lobo -. Sin embargo, pensé que querrías ver a alguien.

- ¿A alguien? ¿A quién? - preguntó entonces el licántropo olvidando su tono mordaz, diría que un tanto curioso por la forma en que le había hablado el ex-Mortífago. Severus entonces se hizo a un lado dejando que las personas del interior de la habitación se dieran cuenta de que había alguien oculto tras él. Para mi regocijo vi como la mandíbula del lobo se abría ostensiblemente al fijar su mirada en mí, después, para sorpresa de muchos y la sonrisa de suficiencia de Severus, se lanzó hacia mi posición estrechándome entre sus brazos hasta casi dejarme sin respiración.

- Remus, aire - pedí tras unos segundos golpeando levemente su espalda logrando que aflojara su agarre.

- ¡Por Merlín! ¡Eres tú, eres realmente tú! - exclamó él con una enorme sonrisa.

- ¿Quién es ella? - preguntó una joven de pelo morado.

- Tonks, mi amor, ella es la persona que me salvó la vida. Fue ella quien ideó la poción matalobos - respondió el lobo.

- ¿Tú? - preguntó ella con la duda en sus ojos. Por supuesto, tenía el aspecto de una adolescente y hacía más de veinte años que Remus tomaba esa poción.

- En realidad el mérito es de Severus, fue el quien dio con la proporción correcta de ingredientes - lo contradije.

- Hay cosas que nunca cambian - sonrió el lobo mirando de reojo a Severus -. Sigue siendo incapaz de aceptar un cumplido.

- ¡Yo no...! - intenté protestar, aunque al verlos mirarse entre sí con esa sonrisita lo di por perdido -. Da igual - ellos se rieron.

- ¿Eres... tú, verdad? Eres la chica que vi en sus recuerdos - dijo entonces una voz joven procedente de mi izquierda. Al mirar en su dirección me topé con un joven alto, exactamente igual de James con los ojos verdes de Lily. Sin duda, Harry Potter. No estaba solo, por su aspecto, reconocí también a Ron y Hermione, y a un hombre que supuse sería el padre de Ron debido al color de su pelo.

- Sí, soy yo - asentí, mientras los demás me miraban como intentando entender que parte de la historia se habían perdido -. O, mejor dicho, era .

- Tú eres la razón de que Snape se hiciera espía de la Orden - dijo él como queriendo asegurarse de que estaba en lo correcto. Tras este último comentario, los demás comenzaron a entender -. Pensaba que estabas...

- Muerta - terminé yo una vez más -. Y lo sigo estando - los tranquilicé entonces mostrándoles el giratiempo, eso le hizo comprender.

- Usaste un giratiempo para viajar más de veinte años al futuro. ¿Por qué? - preguntó él. Vaya, él parecía ser el primero en ver algo raro en esa situación.

- Las cosas están tensas en mi tiempo, los ataques de Mortífagos se suceden y Voldemort parece imparable. Sólo quería asegurarme de que todo acabaría bien - respondí. Una excusa de lo más tonta, aún así, la única que se nos había ocurrido en su momento.

- ¿De dónde sacaste uno? - preguntó entonces Hermione -. Se parece al que me prestó la Profesora McGonagall durante el tercer año.

- Se lo di yo - respondió entonces Dumbledore desde su cuadro. Cómo no, su cuadro debía estar presente en el cuartel de la Orden, después de todo, él era su fundador -. Estaba preocupada, comenzaba a ser pesimista y creía que no conseguiríamos derrotar a Voldemort, de modo que le ofrecí la posibilidad de ver que todo acabaría bien por sí misma.

- Aunque no fuera así para ella - dijo entonces Ron, haciendo que todos lo miraran -. Quiero decir, perdón, pero tú moriste.

- El tiempo es sabio, si debe pasar algo pasará, por mucho que intentes cambiar las cosas - respondí -. Mi muerte era necesaria, como la de Dumbledore en su momento. Lo entiendo y lo acepto. Además... Nadie me podrá quitar los maravillosos momentos que viví entre los Merodeadores, Lily y Severus - afirmé mirando a este último con una sonrisa.

- Los Merodeadores - repitió entonces Remus quedando serio de pronto -. Ojalá te hubiéramos hecho caso, Shay, todo hubiera sido tan diferente... - dejó en el aire sentándose a la mesa con aire derrotado.

- ¿Qué quieres decir con eso? - preguntó entonces Harry sin entender.

- Shayleen nunca confió en Colagusano - explicó entonces Severus sentándose a la mesa también -. Nunca.

- Al menos, al hacerte caso acerca de no decir quien me había proporcionado la poción, Severus pudo introducirse en las filas de los Mortífagos sin tanta desconfianza.

- Entonces... ¡entonces podrías volver al pasado y avisar a mis padres y a Sirius! Decirles que no confíen en él, decirles lo que hará - exclamó naciendo una nueva luz en sus ojos.

- Lo siento, Harry, no serviría de nada. Ellos no me creían en ese entonces. Nunca entendieron porqué nunca confié en él. Además, me temo que hay cosas que no se pueden cambiar - rechacé. Su mirada se volvió a apagar al tiempo que cabeceaba, sabía que yo tenía razón.

- ¿Conociste a mis padres y a mi padrino? - yo asentí -. ¿Eras su amiga? ¿Eran felices, qué me puedes decir de ellos? - preguntó en un intento de recopilar más información acerca de ellos. Me senté sobre la mesa, desde allí podía verlos a todos.

- Lily fue mi primera amiga, la primera que vio más allá del color de mi uniforme. Era una Slytherin... Soy una Slytherin - me corregí -. Después de todo, no todos los Slytherin somos malos, ¿verdad, Remus? - sonreí en su dirección.

- Leones entre las serpientes - dijo él rememorando una frase dicha tanto tiempo atrás.

- Y Regulus, mi pobre Regulus, nunca olvidaré el inmenso sacrificio que hizo.

- ¿Que nunca lo olvidarás? Pero, ¿cómo lo sabes siquiera? Él murió un año después de ti - dijo entonces Severus sin entender. Forcé una pequeña sonrisa en respuesta.

- Yo estaba allí, ese día... Regulus murió entre mis brazos - respondí sin poder evitar que se me formaran lágrimas al recordarlo y entonces miré a Kreacher quien aún permanecía en la habitación. En sus ojos, como en los míos, la pena -. Ojalá hubiera podido cumplir la promesa que le hice, ojalá... Ojalá hubiera podido proteger a su hermano... - dije sin poder evitar los sollozos.

- Lo hiciste, Shayleen. Tú lo protegiste, moriste por salvarle la vida - dijo entonces Remus.

- No es suficiente, Remus, nada de lo que hice, de lo que he hecho, es suficiente.

- Yo tampoco pude cumplir la última orden de mi Amo Regulus - dijo entonces el elfo, supongo que intentando hacerme sentir mejor.

- Lo intentaste, Kreacher, y estoy segura que, desde donde quiera que esté. Él lo sabe - le intenté consolar apartando en esta ocasión de mi rostro, unas lágrimas rebeldes.

- Pero eso no explica cómo es que estabas allí ese día - insistió Harry en esta ocasión.

- Esa es una pregunta que no te puedo contestar, Harry. Simplemente aparecí allí, él se sorprendió tanto de verme como yo de verle a él. Y más cuando me dijo que llevaba más de un año desaparecida. Regulus idolatró siempre a su hermano mayor a pesar de todo. Bellatrix, sin embargo...

- Ella mató a mi padrino, lo odiaba - dijo Harry.

- Cierto, pero apuesto a que no sabes porqué - respondí yo -. Yo lo descubrí un día hace algún tiempo, sentada en esta misma mesa durante las vacaciones de Navidad. Había venido a pedirle a Sirius que me acompañara de vuelta al colegio tras un ataque de Mortífagos, lo que no sabía era que justamente estaban celebrando una reunión familiar, por lo que acabé sentándome a la mesa con los Black y, el que por entonces era el novio de tu tía Narcisa - le dije a Tonks -, Lucius Malfoy. Bellatrix... Aún entonces tenía una mirada que me daba escalofríos... El caso es que ella le preguntó como era que ahora se juntaba con serpientes. Cuando él le contestó le lanzó tal mirada... Fue entonces cuando me di cuenta de porqué ese odio hacia Sirius. Eran celos, puros y simples celos.

- ¿Bellatrix estaba enamorada de Sirius? - exclamó entonces Hermione, me giré en su dirección y asentí -. Eso explica muchas cosas, o eso creo.

- Sirius estaba enamorado de ti, lo estuvo hasta el final - afirmó entonces Remus haciéndome mirarlo -. Al igual que él - dijo mirando fijamente a Severus quien estaba sentado frente a él.

- Lo sé - fue lo único que dije. ¿Qué más podía decir? Tras esto sobrevino un silencio que se rompió cuando a través de la chimenea llegó Kingsley. Al verme se paró en seco.

- Señorita Diggori - dijo -. ¿Cómo...?

- Giratiempo - contesté a sin dejarlo terminar.

- Me alegra volver a verla señorita Diggori, aunque supongo que no se quedará entre nosotros mucho tiempo.

- No, aunque me gustaría - sonreí con pena.

- ¿Sabe que hasta el día de hoy nadie ha conseguido nunca repetir lo que usted hizo? - dijo mirándome con una leve sonrisa, yo sonreí a mi vez. Harry, Ron y Hermione se miraron de uno a otro sin entender -. Ella ha sido la única persona desde que me convertí en Auror capaz de desarmarme y no digamos de ganarme en un duelo.

- No me lo recuerdes - habló entonces Severus mirándolo fija y seriamente -. Aún no te he perdonado que usaras una imperdonable contra ella.

- ¿No fue suficiente con que me la devolviera? - le preguntó entonces al Profesor de Pociones.

- No - respondió él -. Creo que eso ha sido lo único en que Sirius y yo estuvimos de acuerdo.

- Curioso, ella era lo único en lo que siempre estabais de acuerdo - sonrió Remus. Severus le lanzó una clara mira advirtiéndole que lo dejara.

- Ya vale, Rem - le pedí amonestándole levemente aunque sin poder evitar una sonrisa.

- Querida niña - dijo Albus -, creo que es la hora.

- Tienes razón, padrino - yo asentí levantándome de la mesa.

- ¿¡Padrino!? - exclamaron todos ellos excepto Severus.

- Sí, Shayleen es mi ahijada - explicó Dumbledore.

- ¿Por qué nunca nos lo dijiste? - preguntaron ellos.

- McGonagall, Hagrid, Sirius y Severus lo sabían - respondí yo entonces ganándome las miradas de los presentes -. Mientras estuve en el Colegio no quería que se enteraran de que él era mi padrino. Para evitar habladurías al principio, para que Malfoy no sospechara de mi lealtad hacia ellos después. Ahora sí me voy - sonreí -. Severus, ¿me acompañas fuera?

- Por supuesto - dijo él.

- Nunca me lo llegaste a decir - dijo entonces Remus haciéndome detener cuando estaba a punto de salir.

- ¿Decir el qué? - pregunté sin intender.

- A favor de quién ibas en los partidos de Gryffindor y Slytherin - sonrió enarcando una ceja en mi dirección. Exhalé y le hice un gesto con la mano como diciéndole "paso de contestarte".

Salí de la casa junto a Severus alejándonos unas calles de Grimmauld Place hasta encontrarnos en un lugar más o menos deshabitado. Me paré y me giré hacia él. Nos quedamos en silencio mirándonos durante lo que bien pudieron ser minutos u horas.

- ¿Qué te parecería que una chica de unos dieciséis años diera un beso a un hombre de unos treinta y pico? - le pregunté entonces rompiendo el silencio en el que nos habíamos sumergido.

- Sería algo muy mal visto, tanto en el Mundo Muggle como en el Mundo Mágico - respondió él sin tan siquiera dudarlo.

- ¿Y a ti? ¿Qué te parecería a ti? - inquirí queriendo encontrar en su alma una sincera respuesta.

- Sería... Algo con lo que habría estado soñando mucho tiempo - sonreí, eso era justo lo que estaba esperando oír. Me acerqué a él despacio y lo besé, no fue pasional o desesperado. Fue un beso suave, lento, que denotaba lo mucho que me amaba y lo mucho que yo lo quería. Si bien nunca había llegado a enamorarme de él, sí que lo había llegado a querer con locura. Nos separamos y nos miramos unos instantes más.

- Nos veremos pronto - sonreí intentando darle ánimos. Él sólo cabeceó en respuesta, tomé el giratiempo en mis manos y simplemente lo giré dejándolo dar vueltas hasta que paró. Entonces desaparecí. Sólo que cuando reaparecí... No estaba donde había esperado.

Para aquellos que se pregunten cómo o porqué Shayleen acabó en el mundo de Hogwarts... Las respuestas en el próximo y último capítulo. Sí, último, lo sé, es increíble lo rápido que pasa el tiempo :-)

Y, finalmente, como siempre, reviews más que bienvenidos :-D