+XXXVII+

Un sucesor, un talento y lo que sigue.

-¿Aún no hay noticia de Tsunade-sensei?

Sakura no necesita escuchar la respuesta de Shizune, deja caer la cabeza a modo de derrota, es un gesto infantil y exagerado, pero no le importa, sale después de un agradecimiento veloz, Shizune trata de detenerla cuando se dirige a la puerta pero se contiene, y Sakura no la culpa, ahora sabe por qué todos la han evitado los últimos cuatro días desde que Naruto y los demás se fueron. Salvo Hinata que la visitó cuando estaba por acabar su turno, pero ella no quiso recibirla, pretendiendo que estaba muy ocupada, no se arrepiente porque Hinata fue a hacerle compañía, y Sakura sabe que no ha sido la mejor compañía durante un tiempo. No deseaba imponer su mal humor a la amable Hyuga.

Está lejos de estar conforme con la situación que Tsunade le dejó, no ha descuidado nada, eso sería poco profesional, mas eso no significa que desee seguir así durante tanto tiempo. Sin embargo saber que no tiene muchas opciones delante le ha hecho caer en una apatía que no le ha pasado por alto, y que a su vez le ha hecho caer en un círculo vicioso, donde sus días se han convertido en rutinas sin cambio ni emoción.

No es lo que deseaba de su vida. Eso quedó claro.

Llega a casa y no se sorprende que ninguno de sus padres la esté esperando. De igual modo que con el resto de sus amigos, sabe la clase de humor que ha tenido y no los culpa, de hecho le divierte un poco que todos le teman lo suficiente como para que ni siquiera se atrevan a decírselo. Qué situación.

Busca con desánimo el plato que le han dejado de cena, al menos eso no ha cambiado, sus padres siempre han tenido esa atención con ella, espera que sepan lo agradecida que está por eso, a pesar de todo, casi nunca se los dice pero es como algo que no hace falta, o eso quiere creer.

Come sin mucho entusiasmo, aunque la cocina de su padre siempre es la mejor. No hay ninguna novedad sobre nada, y eso hace más tediosos sus días. Itachi podría ser un cambio interesante, pero aún está enfadada con él, como médica está lejos de entenderlo y aceptar lo que pretende, lo irónico es que lo respeta lo suficiente como para no atreverse a ir contra su voluntad.

Ni siquiera tiene deseos de acabar su comida, sube a su habitación casi arrastrando los pies, no es cansancio físico, lo sabe, a pesar de que la carga de trabajo es excesiva como siempre, está acostumbrada a ello.

-Bienvenida hija, descansa -escucha decir a su padre desde su habitación.

-Gracias papá, también ustedes -musita y no espera por otra réplica.

Entra a la habitación y el peso de su cansancio y apatía de pronto se le olvidan cuando se da cuenta que alguien está dentro, a un lado de la ventana, esperando por ella.

-Itachi, ¿qué haces aquí?

Por puro instinto no levanta la voz.

-Buena noche, Sakura-san, lamento importunarte de este modo. Sé que no puede ser correcto pero no tengo muchas opciones.

Una carcajada se queda contenida en su garganta, al entender que un ninja rango S como el Uchiha se detenga a pensar en lo inapropiado que puede ser para unos estar en la habitación de una chica de ese modo. Pero no se ríe, no le sorprende de Itachi.

-¿Qué ocurre?

-Entonces, Hinata-san no te ha dicho nada.

-No -murmura.

Se pregunta si tiene algo que ver con la visita de Hinata. No se anima a decirle que no la recibió.

—¿Que es lo que necesitas Itachi?—se adelanta a preguntar un poco irritada.

-Voy a aceptar oferta de Tsunade-dono

Esa es la última cosa que hubiera esperado escuchar. Pudo contener la primera carcajada, pero no la repentina sonrisa que le ilumina el rostro —al menos así quiere pensar está segura que debe verse como una maniática—. Así como tampoco puede hacerlo con el abrazo en el que ni siquiera repara sino hasta que se da cuenta que lo está rodeando con ambos brazos. Se siente intimidada de inmediato, a pesar de todo el tiempos que convivieron es la primera vez que lo abraza. Se aleja lentamente sin poder ocultar su vergüenza.

-Me alegra mucho oír eso, Itachi —dice quedamente incapaz de ocultar el sonrojo que aún recorre su rostro.

-Me doy cuenta -comenta el otro con una pequeña sonrisa, misma que solo hace que ella se avergüence más.

-No sabemos cuando regresara Teunade-sensei pero enviaré un mensaje

-Quiero que tú lo hagas, Sakura-san —le interrumpe.

Eso no lo esperaba.

—¿Que?

—¿Que tú lo hagas, por favor, Sakura-san.

Realmente no hay nada difícil de entender en la frase, pero si demasiado en el pedido.

—Estás bromeando, no puedes hablar en serio.

—¿Por que?

Lo último que puede decir de Itachi es que sea bromista, es lo único en que puede pensar.

—No confío en Tsunade-dono.

No debería sorprenderle, los ninja renegados deben ser los seres más paranoicos del mundo ninja, pero le es inverosímil que alguien piense así de su maestra.

—Pero Tsunade-sama nunca...

Nos puede acabar su frase, no importa cuánto quiera convencerse que la Quinta es demasiado profesional como para tratar a Itachi como cualquier otro paciente, sabe que no lo hará, es médica pero Hokage por igual. Y una cosa es respetar los deseos de un moribundo, y otra regresar la salud a un peligroso ninja.

—¿Qué es lo que te sorprende más, Sakura?, ¿que no confíe en ella o que confíe demasiado en ti?

Ambas, está por responder pero no sé atreve, pues la respuesta es simple para ella: no puede creer que Itachi la elija.

—¿Pero por qué, Itachi? Puedo hablar con ella y apuesto que si Hinata, Naruto y Sasuke lo hacen también, ella...

-Aunque me prometiera sobre su manto de kage que no lo boicoteará , seguiría eligiéndote a ti.

—¿Por qué?

—¿Por qué no?

-Porque soy yo —responde sinceramente.

Desde qué Tsunade reconoció su talento y habilidades, Sakura se ha convencido que es buena, pero en el fondo hay una pequeña parte que aún no lo hace. Donde aún vive la niñita insegura y temerosa a la que Ino trataba como una hermana menor. Sabe que es buena pero lo que Itachi le pide es demasiado.

—Aún no lo entiendes, ¿verdad Sakura?

—¿Entender que?

Itachi sonríe con algo que solo puede llamar ternura.

—Tú ya llegaste

Su cara debe expresar bien el hecho que no entiende.

—Llegaste a tu meta, Sakura, lo lograste.

-Meta —repite como tonta y se dice que Itachi debe estar acostumbrado a lidiar con eso.

-Si, tú meta, la que me confiaste cuando comenzamos a entrenar juntos.

-Si pero

Itachi no le da tiempo de continuar.

—De los cuatro, eres la primera en hacerlo.

-Claro que no -sonríe avergonzada.

-Ser la kunioichi de tu generación, ¿no? Demostrar que aún sin venir de un clan podías llegar más lejos que cualquiera. Fue lo que dijiste si mal no recuerdo, y mi memoria siempre ha sido buena.

Claro que sí, es lo único que piensa.

-Pero Itachi.

-Eres aquella a la que otras siguen, Sakura-san, no he estado en Konoha pero nunca he dejado de informarme de lo que ocurre aquí, y he oido bastante de ti.

El sonrojo no le toma por sorpresa.

—No es para tanto.

—Si así lo quieres ver. Mas eso no cambia que estoy en lo correcto, se que Tsunade-dono ha tenido más aprendices, pero a ninguno le ha dado las responsabilidades que vertió en ti. Ni siquiera sobre su asistente.

—Shizune tiene otras ocupaciones.

—Puede ser pero eso no cambia lo que digo.

Abre la boca sin saber que decir, sabe que tiene que defender su postura pero conforme las palabras —que ni siquiera puede elegir— le fallan, comprende que dicha postura es tan endeble como su actual capacidad para expresarse.

—Itachi

—Tienes la capacidad y los medios, Sakura-san, sólo te falta decidirte.

—Tsunade-sensei jamás me perdonará si lo hago a sus espaldas.

Itachi la contempla largamente sin decir nada, su silencio la pone incómoda y nerviosa, había olvidado esa sensación, de pronto recuerda cómo se sintió la primera vez que visitó su casa.

—Entiendo, Sakura-san, me disculpo por mi intromisión, espero comprendas que no tuve otra opción.

—¿Qué vas a hacer?

—Tengo un largo viaje por delante.

No, ésas no son las palabras que espera (y quiere) escuchar.

—No —dice y sin pensar le toma del brazo impidiéndole alejarse—, no puedes hacerlo, ¿cómo saldrás de Konoha? tal vez ni siquiera llegues a la Lluvia.

La sonrisa que le ofrece la enfurece, no debería sorprenderle que sea tan impulsivo y poco considerado, pero aún así.

—Por favor, Itachi, reflexiona, no desperdicies tu tiempo de ese modo. No durarás mucho tiempo al frente de Akatsuki, quizá ni siquiera consigas llegar allá, aquí, aquí…

—¿Puedo vivir en paz el tiempo que me queda? —le interrumpió— Es irónico, eso es lo que siempre quise, y ahora que tengo la oportunidad no puedo hacerlo. Debo ir a Amegakure, Sakura-san, con o sin tu ayuda, a sabiendas de lo que arriesgo, debo ir.

—¿Tanto significa para ti la Lluvia más que la Hoja?

—Sí.

Su afirmación es hiriente, no tendría que ser sorpresa pero confrontar esa verdad le duele.

—¿Por qué?

—Es una historia larga, y no tengo tiempo, lo sabrás después. Adiós, Sakura-san.

Itachi no dice adiós, piensa ella, no lo hace, y ahora sí. Ejerce más fuerza, impidiéndole irse.

—¿Por qué tienes que hacerlo?

—¿Por qué haces lo que haces, Sakura?

Vaya pregunta, ella misma se cuestiona, porque quiere, porque debe, por lo que sea, pero ella nunca ha hecho tonterías de esa clase (porque eso es). Aún así no lo menciona.

—Porque tienes que hacerlo, porque aunque tengas opciones, hay que hacerlo.

—Pero

—Pero así es.

Él le toma con su mano libre y la sujeta por un momento del mismo modo que ella lo hace con él. Sin ejercer fuerza ni ninguna otra clase de presión, ella lo libera. Se rinde. Retrocede un paso y baja la mirada, está respetando su juramento, sabe que Itachi no la presiona porque ellos respetaron sus deseos, él está haciendo lo mismo con los de ella.

Está haciendo lo que quiere, lo que debe, lo que puede.

Y ella puede hacer algo que él quiere pero no puede, se lo está pidiendo, pero ella no quiere, ¿cuántas veces ha hecho ella primero lo que debe y luego lo que quiere?, ¿cuántas lo hizo él?

—Itachi —dice en voz muy baja—, lo haré.

.

La Lluvia no es lo que Naruto esperaba, no es que le hubiera prestado demasiados pensamientos antes, pero imaginó que, siendo el escondite de Akatsuki sería un lugar lúgubre. si bien no es el lugar más ameno del mundo, no es como lo imaginó, es un lugar en medio de un desastre y aún arrastrando las secuelas de guerras que no pidió, de acuerdo a Kakashi, dada su ubicación, los alrededores de Amegakure han sido el campo de batalla de guerras entre otros países, algunas de las cuales ellos no han peleado.

La recepción no es tampoco lo que esperaba, imaginó que sería como otros lugares a los que fue a ayudar después de algún desastre o ataque, donde la población los recibía casi como héroes. Aquí también es diferente. Los habitantes los miran con desconfianza, aunque no han rechazado la ayuda ofrecida y han agradecido cada vez que lo hacen, ha notado un ambiente diferente, cierta tensión que aunque no parece que los amenace a ellos, no puede estar tranquilo. Todo esto ha hecho que la tarea de Tsunade sea más difícil, porque a pesar del caos en el que está sumida la aldea (que se asemeja más a la Sangre que a Konoha después del ataque, según Kakashi) ninguno de los enviados ha podido obtener ninguna información realmente importante de Akatsuki.

No es que los miembros sean elusivos, los han visto casi a todos aunque sólo han tenido contacto directo con Kisame, mas eso ha bastado para ver lo bien integrados que están y cómo, sorprendentemente, la población actúa a su alrededor. Es claro que son conscientes de la fama que les precede, pero no se muestran temerosos.

Su guía, un tal Shiori, jonin a cargo de la reconstrucción de una zona cercana al centro de la aldea, cada uno de los miembros tienen una tarea específica que, en coordinación con los habitantes, están acelerando la reconstrucción de la aldea. Sobre el líder han preguntado ocasionalmente, pero Shiori no les ha dicho nada mas que Konan está a cargo por el momento. Kakashi les advirtió que no mencionaran nada sobre Itachi y la repentina visita de Kisame y Sasori, por supuesto aún menos de lo que les dijeron. Aún guardan sus dudas, además tienen claro que Itachi no irá a ningún lado.

Esa mañana, después de una agotadora noche, Naruto camina acompañado de Sasuke, es demasiado temprano porque las calles están casi vacías, no se ve muy diferente, la lluvia ligera parece eterna y los edificios grises bañados por ella, ya no parece una zona de desastre sino en reconstrucción.

Mira de soslayo al Uchiha que ve idiotizado hacia los edificios que permanecen en pie. Se recuerda que no han tenido oportunidad de hablar sobre lo que fue para él lo ocurrido en la Sangre y su regreso.

Por supuesto que no es fácil abordar el tema, toda charla es difícil con el idiota, y ésta lo es mucho más, pero Naruto sabe que no tendrá otra oportunidad como ésta. Pasa saliva, acomoda sus ideas lo mejor que puede, y abre la boca.

—No he podido decirte lo mucho que lamento lo que pasó con tu mamá y los otros —comienza, el otro se ha detenido para verlo con un gesto de confusión, él lo ignora y prosigue. — La quería mucho, tu mamá, ella me ayudó mucho muchas veces, se que dirás que no se cómo se siente porque no vivo con mis padres, pero ahora que los conozco tan bien, siento mucho su perdida.

—Te creo —musita el Uchiha, pero es lo único que dice.

Lo ve mirar de nuevo al cielo y dejar que la lluvia le caiga directo al rostro, está casi seguro que si él hiciera eso se vería como un imbécil, pero el efecto en Sasuke es casi dramático y refleja bien el depresivo estado en el que seguramente se encuentra, no puede culparlo. Primero su mamá, después el idiota de su hermano y, en medio de todo, el conflicto en el que todos están sumidos.

—¿Van a quedarse en Konoha? —se atreve a preguntar tras un par de minutos de silencio.

—No tenemos a donde más ir.

No es la respuesta más tranquilizadora ni deseada, de hecho le resulta irritante, que Sasuke diga que no fue por elección sino porque no había opción.

—Conocí un lugar, una aldea que una vez albergó ninja, Itachi arregló todo para que nos recibieran. Pudimos quedarnos ahí. Son una aldea neutral, no apoyan a ningún bando, viven en paz.

Sasuke se acerca a uno de los canales de desagüe que parece que siempre están llenos por tanta agua que cae. Toma asiento en un conjunto de escombros.

—Pero no sería capaz de vivir ahí, no después de todo. Posiblemente mi hermano, pero yo no. Les di a elegir a todos, sólo unos decidieron quedarse. Somos ninja, venídos de clanes ninja, ahí nunca podríamos ser lo que decidimos ser.

Naruto nunca le dirá a Sasuke lo sorprendido que se siente en ese momento al escucharlo, mucho menos de los celos y la admiración que le embargan.

No le gusta detenerse a pensar en el hecho que Sasuke no solo es líder de los Uchiha ahora, también lo reconocen como tal los demás clanes que llegaron con el. Podrían empezar una aldea y ser nombrado Kage si quisiera, uno muy patético en su opinión pero lo lograría antes que el.

—Ahora tengo que cumplir con el deseo de mis padres, que los Uchiha tengan de vuelta el lugar que merecen en Konoha. Uno donde puedan prosperar sin temores ni prejuicios. Es mi misión.

Naruto tuerce la boca, irritado por escucharlo hablar así. Lo entiende pero no puede evitar sentir más celos, siempre supoque sus caminos eran distintos así como sus destinos, sólo que ahora siente que (de algún modo) el de Sasuke se ha mezclado con el de él.

—Cuando sea Hokage trabajarás para mí —dice con un tono serio pero la sonrisa pronto le traiciona.

El otro arquea una ceja y sonríe levemente.

—Sí, siempre lo he sabido, Itachi me dijo que el débil debe gobernar y es deber del poderoso protegerlo.

Esa respuesta ya no le agrada.

—¿Qué?

—Aunque ésa sería una aldea muy patética, tal vez me interese ser Hokage

Eso no lo vio venir, y para cuándo se incorpora con un grito listo a ser liberado, Sasuke suelta una pequeña carcajada.

—Deberías ver tu carta, lastre, ¿De verdad crees que lo que dije es cierto?

Naruto abre la boca y si, se queda como idiota por algunos segundos, procesa lo que recién ocurrió, sin saber si dirigir su atención a las palabras del idiota o que dicho idiota acaba de reírse.

—¿No quieres ser Hokage? —opta por ser cauto.

—¡Claro que no! De querer, podría hacerlo pero no. Ya tengo suficientes responsabilidades.

Sí en eso está de acuerdo.

—Eso te lo dejo, no es mi primera elección pero supongo que puedo estar cerca para decirte cómo hacer las cosas.

Eso suena más como el Sasuke que conoce y detesta, y con eso le basta, aunque no puede evitar volver a pensaren el hecho que el idiota rió. No sé lo va a decir, pero le a alegra, llegará el momento en que se digan todo lo que tienen que decirse, por ahora basta con esa comprensión que las cosas se parecen a como eran antes entre ellos dos

—Itachi-san nunca dijo que tuviera talento para las palabras, siempre creí que ustedes Uchiha nacían con un número limitado de palabras para hablar.

Los dos voltean aprisa sólo para ver salir a Kisame del canal de desagüe, vistiendo sólo un pantalón. Naruto no puede evitar quedarse mirando su complexión y el anormal color de piel.

—Deja de hacer eso si no quieres que te saque los ojos —sisea irritado el ninja de Kiri y Naruto de inmediato obedece.

—¿Qué haces aquí?, ¿Quién te ordenó que nos espiaras?

—¿Espiarlos? —bufa el ninja de Kiri—, ¿ y por qué iba a querer espiarlos?

-¿Entonces dinos qué haces aquí? -pregunta Sasuke con tono severo.

Kisame lo mira por unos segundos y sonríe, pero no es una sonrisa que tranquilice, todo lo contrario.

-Vengo aquí todos los días si estoy en la aldea. ¿Qué les hace creer que estoy aquí por ustedes?

Naruto decide que es mejor no insistir, pero al parecer, Sasuke no.

-Escuchaste todo lo que dijimos.

-Sí, y me cuesta creer que seas hermano de Itachi-san, él nunca dice mucho.

Ése no es un movimiento sabio, de parte de ninguno, Naruto se pregunta si debe intervenir para tranquilizar a cualquiera de los dos. Lo más cuerdo es salir corriendo pero no siempre es el más sensato.

-¿Y es emocionante vivir aquí? -pregunta de pronto.

El espadachín lo mira por unos segundos y niega.

-No, la verdad no, muy secreto y oculto siempre, no hay emoción, pero es un buen sitio para descansar de lo agitado de allá afuera; aunque antes era peor, moríamos de aburrimiento si no teníamos misiones, gracias a Itachi-san la vida aquí es un poco más entretenida.

-Y por eso lo declararon su líder, ¿no? -espeta Sasuke- por que todos están muy agradecidos.

-Claro -replica el otro inmediatamente-, pero nunca se lo dirán.

-¿Por qué lo hicieron? tú mejor que nadie sabes de su estado, ¿qué pretendían? ni siquiera será capaz de dejar Konoha.

La sonrisa de Kisame -si es posible-crece todavía más.

-Itachi-san hará lo que tenga que hacer, pero no voy a discutir nada de eso con ustedes, ya suficientes son sus inútiles intentos de obtener información.

Naruto está seguro que no hace ningún gesto que lo delate, mucho menos Sasuke, pero Kisame dice todo sin dudar.

-¿De qué hablas? -pregunta con falsa sorpresa.

-Konoha es una aldea llena de sentimentales que no pierden ninguna oportunidad de que los llamen héroes, era de esperarse que ofrecieran ayuda, pero también es una aldea que se ha mantenido sobre otras y no es precisamente por ese deseo obstinado de ayudar. Sabemos a qué vinieron, y no fue sólo a apoyar, así que dejemos de fingir por un rato.

Le lanza una mirada discreta a Sasuke, quien no se ve tan sorprendido como él. De hecho se enconge de hombros y asiente.

-No pueden culparnos. Es la primera vez que abren sus puertas a otros.

-Claro, eso les dije a los demás pero Sasori y Kakuzu insistían que serían más inteligentes, o al menos más eficientes. Yo siempre supe que no. Itachi-san me habló lo suficiente de Konoha.

-Entonces tendremos que intentarlo con más eficiencia.

-Sería mejor, pero dudo que encuentren mucho.

-Es un reto.

-Siempre.

Naruto pasa saliva, sabe que si no hace algo esos dos se enfrentarán y lo que menos necesitan para que los sigan tolerando en la Lluvia es una pelea. Se apresura a tomar por el hombro al idiota y tira de él.

-Fue un gusto, una agradable charla, nos veremos después.

Sasuke forcejea por él por un momento, después cede y dándole una última mirada deja de pelear y lo sigue, ambos se alejan caminando con lentitud.

-¿Por qué hiciste eso?

-Por que oíste lo que dijo Kakashi.

Lo escucha refunfuñar y cruzarse de brazos, pero no trata de regresar a confrontar al ninja de Kiri. Naruto lo asume como una victoria.

Regresan al edificio donde les han asignado hospedaje, no le extraña que Kakashi esté molesto por verlos andar solos por la aldea. Después de un reproche les dice que si encontraon algo, ambos niegan y omiten el encuentro con Kisame.

El resto del día sigue como han sido los anteriores, con las mismas aburridas tareas, no vuelve a tratar de entablar conversación con Sasuke. No es el momento ni el lugar. La noche cae, Kakashi les dice que ya no hay más motivo para estar ahí, los miembros de Akatsuki son tan elusivos como desde el principio y nadie en la población les dirá algo. Ya no tiene sentido. No conseguirán nada. Se irán al día siguiente.

Es un poco doloroso para el orgullo de todos no haber obtenido información útil, al menos en lo respectivo a Akatsuki, de la aldea han logrado más, como sus planos y la organización general, cosas logísticas que nunca está por demás saber. Mas del grupo criminal nada, salvo el hecho que quizá deban replantear eso de "grupo criminal", los testimonios de cómo cambió la Lluvia de algunos años hacia acá les ha hecho repensar la posibilidad que, si bien sus integrantes aún son ninja rango S, Akatsuki tiene otros matices.

Naruto no se irá sólo así, claro, hay algo que ha sentido desde que llegó y no le dijo a nadie: presencias similares a la del apestoso zorro en su interior. Por eso no debería sorprenderle a nadie -si supieran- que se escabulla durante la noche para investigar. A sabiendas que es su última oportunidad de saber.

Le sorprende que nadie se de cuenta, ni encontrarse vigilantes durante su camino. Finalmente llega a un edificio alejado del centro que, en apariencia, está completamente abandonado, pero la insistente voz del zorro y la incómoda sensación no pueden mentirle. Se introduce con precaución, por experiencia sabe que nunca se es demasiado precavido, aunque no siempre lo aplique. La primera complicación que encuentra le confirma sus sorpechas.

Una barrera de sellos como los que llevó un tiempo, sobrepuestos entre sí para reforzar las ya de por sí fuertes barreras. Por supuesto que en vez de sentirse abrumado, lo ve como un reto mayor. Kurama le dice dónde colocar las manos paso por paso para desactivar los sellos, le explica que es sólo temporal, que quien sea que hizo esto, sabía lo que hacía y le tomará demasiado deshacerlos, no tiene el tiempo y corre el riesgo de activar alguna alarma. Así que tendrá que contentarse con entrar, investigar y salir, todo rápidamente.

Aspira profundamente y entra, no es un sitio abandonado como creyó, está limpio y bien iluminado, eso le genera mayor temor. Se mueve con cautela , el zorro le indica el camino, tal parece que sus sentidos son más finos que los de él, a pesar de todo.

A primera vista, parece una enfermería, pero sí es es su idea para no levantar sospechas, no pudieron haber elegido una peor, ya que nadie creería que hay una en las afueras de la aldea en un edificio derruido.

Todo parece decirle que no es seguro, que debe irse, pero nunca ha sido bueno escuchando esoas señales. Sigue adelante hasta una sala que le hace dudar si en realidad no sé tratara de una enfermería. El aroma a desinfectante y químico es idéntico. Avanza con más precaución, el zorro le insta que tenga cuidado por que no está solo.

Finalmente llega a una habitación más pequeña, protegida con más sellos que son más difíciles de pasar. Y lo que encuentra le confirma sus sospechar, se trata de los jinchuriki de las bestias que repentinamente desaparecieron algunos meses atrás y se sospechaba fueron capturados por Madara o Akatsuki.

—Tenemos que liberarlos —dice en voz alta.

Kurama está de acuerdo pero no sabe cómo, le dice que están en una especie de trance, sedados sin duda.

-¿Qué hago? -pregunta desesperado, no puede permanecer mucho tiempo, pueden descubrirlo en cualquier momento.

-Salir por donde viniste, y hacerlo tan cuidadosamente como lo hiciste -responde una voz, que no es ni de Kurama ni suya.

Levanta la mirada, en una plataforma a la que no le había prestado demasiada atención se encuentra una miembro de Akatsuki que no ha visto en todos sus días en la Luvia: Konan.

Le cuesta pero se sobrepone de su repentino temor.

-¿Qué piensan hacer con ellos?, ¿van a usarlos?

La mujer desciende de la plataforma, avanza hacia él, no es más alta que él aún así le intimida.

-No somos capaces de usarlos, Itachi dio la idea, los reunimos para que nadie más los usara. Madara nos atacó buscándolos pero no los halló, ¿qué crees que hubiera pasado si siguieran sueltos por el mundo ninja?

-¡Nada! -grita al tope de sus pulmones-, ¡nada hubiera pasado! no son armas, no somos armas, tenemos deseos de vivir en paz tanto como ustedes, no se merecen esto.

Konan no parece ni lejanamente conmovida con sus palabras, mira de nuevo hacia las camas donde yacen los cinco jinchuriki, considera la posibilidad de enfrentarla y liberarlos pero Kurama le detiene, diciéndole que puede que tenga posibilidades de conseguirlo, pero si Akatsuki se une para combatirlo seguramente las cosas saldrán muy mal, eso acabará con la frágil alianza entre las aldeas, y que ya que son aliadas, no usarán las bestias con cola contra ellos ni contra nadie, Konan dice la verdad, ninguno de ellos puede controlarlos. Si pudieran ya los hubieran usado, de esto está seguro.

-No hemos acabado con esto, regresaré por ellos cuando todo acabe. No permitiré que los mantengan aquí -Naruto le advierte con su mejor tono de seriedad y amenaza.

Mas la lideresa de la aldea no se ve ni lejanamente preocupada.

-Sal por ahí -la mujer le señala una puerta-, he desactivado los sellos, tienes dos minutos.

El rubio aprieta los dientes, lanza una última mirada a los jinchuriki y se aleja corriendo. DIscute con Kurama todo el camino hasta que llega a la edificación donde duermen los demás, respira aliviado al ver que nadie parece haberse dado cuenta de su ausencia, pero claro, no todo puede salir como él quiere.

-¿Encontraste algo interesante? -escucha a Kakashi entre las sombras.

Siempre se admirará cómo siempre termina tomándolo por sorpresa.

-No, nada.

-¿Quién te vio?

Pronto admite que no tiene caso mentirle.

-Esa mujer, Konan, vi a los cinco jinchuriki que desaparecieron, ella dice que no van a usarlos.

Kakashi suelta una exhalación como risa, no le cree, y curiosamente Naruto sí,

-Claro que no.

-El zorro apestoso sí le cree, ninguno es capaz de controlarlos.

-No, pero tienen un Uchiha entre ellos.

Naruto se detiene a pensar por un momento.

-Dijo que fue idea de Itachi.

-Entonces tendremos que hacer un largo interrogatorio cuando regresemos a la aldea.