Capítulo 37: Lo que no esperaba

Tiempo.

En cualquier caso, era lo único que Víktor hubiera querido pedir. Tiempo para asimilar, para sanar, para volver a empezar. Incluso para perdonar. Si se le hubiera concedido por lo menos eso, estaba seguro de que las cosas habrían mejorado, de que habría salido adelante y los momentos tristes habrían quedado atrás.

Pero esa era una decisión que no le correspondía. Y de eso se dio cuenta cuando notó que ya no era su mano lo que sostenía la de él, no era su hombro el que sostenía su cabeza, no era su brazo el que rodeaba su cintura para atraerlo a la calidez, y ya no eran sus caricias las que recorrían su vientre. ¿Con qué lo hacía? ¿Era solo cariño o se acercaba al amor? Sabía que había algo en esas nuevas caricias que trataban de asemejarse a las viejas, pero estaba seguro de que no era lo mismo.

Y, aun así, con su bebé en brazos, viendo como al fondo del pasillo, por una puerta dejada abierta, Yuuri recibía amor de una manera casi tierna, Víktor sintió su sangre hervir en celos y enojo. ¿En eso se resumía todo? ¿En estar con alguien más apenas cuatro días después de que le hubiera pedido el divorcio? ¿Así de sencillo era para Yuuri olvidar veinte años? ¿Tan poco habían significado?

—¡Papá! —Kenji gritó a Yuuri, revolviéndose con fuerza hasta que Víktor lo puso en el suelo para que corriera al lado del pelinegro.

En cuanto Yuuri se percató de la presencia del ruso y de su hijo corriendo hacia él se separó abruptamente del abrazo en el que lo encerraba Brendan y se levantó, trastabillando un poco por la falta de equilibrio.

—Bebé… hola —el japonés apenas atinó a agacharse un poco para abrazar a su bebé, pero su mirada se quedó fija en el hombre estático al inicio del pasillo. Brendan también se percató de su presencia y se levantó de la cama para quedar junto a Yuuri —Cariño… ve a ver a la abuela —pidió a Kenji, quien le hizo un puchero porque no quería soltarlo —Por favor, está en la cocina, yo… iré en un momento contigo.

—¡Pero si me dejash quedame a domir aquí! —exigió el niño, aferrándose al cuello de su papá.

—Sí, te prometo que sí —le contestó, devolviéndolo al suelo, sin apartar la vista de Víktor mientras su bebé pasaba a su lado para dirigirse a donde estaba Hiroko.

De repente, Yuuri sintió algo de calor en sus mejillas y su corazón latiendo como si tuviera miedo de enfrentarse a Víktor. Estaba seguro de que lo había visto mientras él y Brendan charlaban acerca de su nueva relación. Justo en ese momento, el americano le decía lo muy lindo que se veía con su vientre inflamado. Esos delicados toques estaban siendo tan reconfortantes que se habría dormitado de no ser porque cualquier indicio de tranquilidad se esfumó al ver a Víktor observándolos de una forma tan penetrante.

Yuuri estaba dispuesto a acercarse a Víktor porque, de alguna manera, creía que debía dar una explicación. Sin embargo, Brendan lo sujetó del hombro y susurró un débil "No", al tiempo de que caminaba hacia donde estaba el peliplata. Este, apenas lo vio venir, dio unos pasos atrás y se dirigió a la salida del hotel. Brendan tuvo que acelerar el paso para alcanzarlo.

—¡Víktor! Víktor, por favor, espera —el americano apenas tuvo tiempo de alcanzar al ruso justo cuando estaba a pocos metros de su auto, sin percatarse de que Yuuri se había acercado lentamente. Tomó al peliplata del hombro para que no siguiera caminando, y este se quedó estático —Nikiforov… creo que debo explicarte…

—¿Explicarme? —interrumpió Víktor, haciendo un movimiento para quitarse la mano de Brendan —¿Qué vas a explicarme? No tienes por qué decirme nada.

—Escucha… yo quiero que sepas que es lo que está pasando porque…

—En realidad preferiría que se quedara así. Contrario a lo que piensas, no soy tonto y puedo saber perfectamente qué es lo que pasa sin preguntar. Y menos si eres tú quien me lo dice —se giró para verlo de frente, casi atravesando sus ojos por la abrasadora mirada que le dirigió.

—Víktor… —Brendan estaba dispuesto a responder a eso, pero ambos se voltearon cuando escucharon al japonés llamar a su ex pareja —Si no quieres escuchar a Brendan, ¿puedes escucharme a mí?

—No. No quiero hacerlo, Yuuri. No me interesa nada de lo que tengas que decirme. Yo…

—Yo creo que tienes el derecho de saberlo, y yo quiero decírtelo —el pelinegro se acercó a él, bajo la atenta mirada de Brendan, que aguardaba como si debiera protegerlo.

—Yuuri, no.

—Por favor, Víktor. Es… de alguna manera… importante para mí —el japonés suspiró al ver que el peliplata se quedaba en silencio, solo observándolo. Sabía que Víktor podía pensar que era una crueldad que tuviera que decirle lo que sucedía de frente, pero no era así. Yuuri lo había pensado desde ese primer beso con Brendan, desde que ambos lo hablaron y decidieron que querían iniciar una relación. Hacer frente a Víktor para externarle que había empezado algo sin él, que no tenía por qué ser él el único ni el último, era su manera de empezar a deshacerse del sentimiento, de iniciar de nuevo —Escucha, yo… bueno… Brendan y yo decidimos… ehh… ser pareja. Desde hace dos días y… lo siento.

—¿Lo sientes? —cuestionó Víktor, incrédulo, percatándose de cómo por su ser circulaban unas incesantes ganas de explotar.

—Sí… yo sé que aún no hemos firmado los… los papeles… pero… ambos sabemos que ya no… no hay nada, así que sé que puedo…

—Puedes hacer lo que se te venga en gana, Yuuri. No me importa —espetó Víktor, percibiendo como todo en él quemaba, como el enojo que sentía era demasiado, que odiaba a los dos hombres frente a él, como si se estuvieran burlando —De verdad, no me interesa. Tú no me interesas.

—Esto no tiene que ser así, Víktor —intervino Brendan, pasando su mano por el hombro de Yuuri, acercándolo a su cuerpo y ganándose una mirada lacerante del ruso —Él no tiene por qué darte explicaciones, sin embargo, lo está haciendo.

—Yo no se lo pedí —se dirigió a Yuuri, pero, lejos de recriminarle, su expresión era una extraña mezcla de desconcierto y decepción —Yo no te pedí una explicación. Lo haces porque quieres.

—No, Víktor. Yo… hablaba en serio cuando dije que quería que… fuéramos amigos, que nos lleváramos bien —le explicó Yuuri, estando tentado a poner una mano sobre su brazo.

—¿Y qué si no puedo? O tal vez, simplemente, no quiero —suspiró, sintiendo como su mente parecía perder la conexión que tenía con su boca —Yuuri… he dicho muchas cosas tontas, pero ahora veo que no me equivoqué en todas.

—Víktor, ¿qué…?

—Estás aquí… cuatro días después de que me dejaste, con otro hombre. Creo que no tengo que decir lo que pienso que esto es.

—¡Víktor! No te atrevas a insinuarlo de nuevo. Esto no es…

—¿No? Solo míralo, mírate. ¿Debería cuestionarme otras cosas?

—¿Qué te sucede? No le hables así, Nikiforov. No tienes derecho a… —Brendan se acercó a Víktor con la completa intención de tomarlo de los hombros y zarandearlo hasta estar seguro de que no estaba llamando al japonés un cualquiera, porque estaba seguro de que eso estaba haciendo. Pero fue la mano de su novio quien lo detuvo de armar un escándalo en ese lugar, aunque sintió a la perfección como su cuerpo temblaba levemente y odió con todo su ser que Víktor lo estuviera alterando tanto, sobre todo si sabía que su estado era delicado.

—No tengo derecho a nada sobre Yuuri, lo sé. Y no es como si quisiera tenerlo —Víktor se mantuvo impasible. Vio claramente las intenciones del doctor, pero no iba a arremeter contra él, no con Yuuri enfrente, no con su hijo dentro del hotel, pero su fuera otro lugar, tal vez… —Lo único que quiero es que esto no entorpezca tus otras… responsabilidades.

—¿De qué responsabilidades hablas, Víktor? Por favor no seas…

—¿Ridículo? —interrumpió al pelinegro, que se había soltado de Brendan y lo estaba encarando —En todo caso, ambos lo seríamos. Porque fuiste precisamente tú quien dijo que una relación es una responsabilidad.

—Lo sé, pero…

—Pero eres padre antes que el novio de… —miró al hombre castaño que lucía como si fuera a saltarle encima ante el mínimo error —… de tu doctor. Insisto, haz lo que quieras, pero mis hijos no tienen porque salir afectados por esto.

—Por supuesto que no. Ellos no tienen… es innecesario que lo digas, Víktor —replicó Yuuri, entendiendo cual era el argumento del ruso.

—No sé si sea necesario que lo diga, pero lo haré si con eso consigo que ellos no resulten perjudicados —Víktor se acercó peligrosamente a Yuuri, tanto que él pudo ver de nuevo esos orbes celestas a detalle, refulgiendo en enojo y amenaza —Kenji está aquí, espero que lo que tengas que hacer con Brendan, tu necesidad de estar con alguien como hombre, no haga que descuides a mi hijo y a mis bebés, porque ellos son más importantes que cualquier relación. Si eres incapaz de separar esas "responsabilidades", creo que lo mejor es que reconsideremos las visitas que mis hijos te hacen.

—¡Basta! ¿Eres idiota o qué, Víktor?

El contacto en su pecho lo descolocó por completo, y más aún lo hizo que fuera lo suficientemente fuerte como para desequilibrarlo y empujarlo varios pasos atrás. Primero pensó que había sido Yuuri quien lo había arrojado hacia atrás, y estaba dispuesto a marcharse en ese mismo momento, pero fue la voz que siguió a la agresión lo que terminó por encender todas sus alertas, explotar las emociones que tenía contenidas desde que los vio compartir sus caricias.

—¡No es asunto tuyo! —Víktor se acercó de nuevo, pero esa vez fue al americano, con todas las pretensiones de devolver el empujón. Y lo habrá hecho, de no ser porque Yuuri se atravesó en su camino, sujetándolo de los brazos.

—¡Víktor! ¡No! Por favor, no hagas nada que podamos lamentar —sintió bajo su tacto como las extremidades de su ex pareja palpitaban, no estando seguro si por su enojo, o por el contacto que mantenían.

—¡Tú lo estás provocando! —gritó, soltándose abruptamente de su agarre —¡Ahora te estás preocupando por él! ¡No estás ni considerando lo que…!

—¡Claro que lo entiendo! ¡Y sé de sobra que así debe ser! —recriminó, alzando la voz por sobre la petición de Brendan de que se controlara —¡Pero también son mis hijos! ¡Quiero estar con ellos tanto como tú!

—No parece importarte… estás con él y…

—¡Que Brendan y yo seamos pareja no significa que los voy a descuidar! Si ellos me pidieran…

—¡No es cierto! —espetó en un grito, haciendo lo posible porque su cada vez más rota voz no se percibiera —No es cierto… ¡Eres un maldito egoísta! ¡Lo has sido siempre! Sabes que, si cualquiera de ellos te dijera que lo dejaras, no lo harías. ¡No lo harías! ¡Siempre es lo que tú piensas sin saber lo que los demás sentimos!

—Creo que tiene derecho a ser egoísta cuando hay personas como tú que lo acusan de eso —terció Brendan, poniendo la mano en el pecho de Yuuri para que se abstuviera de responder o alterarse —Mira lo que estás haciendo. ¡No te está importando que esté embarazado, le estás gritando! ¿Sabes lo que este estrés es para él o para los bebés de los que dices preocuparte? —lo cuestionó, haciendo que se considerara a profundidad esas preguntas, pero no lo suficiente para que su enojo disminuyera.

—¡No te metas en esto, Brendan! Haz lo que quieras con Yuuri, pero los hijos son asunto nuestro, no tuyo.

—Lo son si con ellos estás tratando de manipular a Yuuri —ambos respingaron ante esa afirmación, Yuuri por pensarla cierta, Víktor por creerla insolente.

—¿Manipular? ¡Sólo quiero que mis hijos no se lleven la peor parte de sus experimentos! —vociferó, causando que Brendan se acercara lentamente a él, reanudando sus primeras intenciones.

—¿Experimentos? ¿Eres tan cretino cómo para pensar qué eso es? —en un acto que ninguno de los tres se esperaba, la solapa del abrigo de Víktor se vio encerrada entre el puño de Brendan, que lo jaló con fuerza para retarlo. Sin embargo, el ruso no se movió, bastaba con dirigirle una mirada lacerante para que ambos hombres sintieran el odio que había entre ellos, muy a pesar de que Yuuri trataba con todas sus fuerzas de separarlos —¿Sabes en que va a acabar esto que piensas que es experimento? Me llevaré a Yuuri y a sus hijos a América, donde estaré yo para cuidarlos cuando tú no lo hacías. Ahí voy a estar para los gemelos cuando a ti no te importa lo que pueda pasarles. ¡Yo los cuidaré como si fueran míos! ¡Tú eres un imbécil que cree que puede controlarlo todo! Te aviso que no es así.

—¡Eres un idio…!

—¡No!

Yuuri detuvo a tiempo con la palma de su mano el puño que sin duda se dirigía al rostro de Brendan. Víktor se quedó casi en shock al ver la manera tan brusca en la que lo apartaba del americano, jalándolo de su mano para mantenerlo a su lado. Podrían haberse quedado toda la tarde observándose entre ellos, encontrando decepción, amenaza, incluso furia, en cada una de las expresiones del otro, hasta que Hiroko salió del hotel, atraída por los gritos y los continuos improperios.

—¿Qué está pasando, chicos? —preguntó, lo suficientemente dulce para no sonar agresiva, pero firme para que todos le prestaran atención.

—Mamá, por favor, vuelve adentro. Estamos… es un asunto entre los tres —medio explicó Yuuri, no queriendo que su madre entrara a intervenir.

—Kenji se asustó porque escucho algunos gritos —el temperamento de los tres les había impedido darse cuenta de que, sujeto a la pierna de su abuela, Kenji los observaba con timidez y sus brillantes ojos café reflejaban temor de todo lo que había escuchado.

Los hombres se habían quedado mudos ante la expresión llena de reclamo de Hiroko, pero fue el miedo en la mirada del bebé lo que terminó por generar en Víktor y Yuuri una enorme sensación de culpabilidad. Ambos tuvieron el reflejo de agacharse para tomarlo, pero su corazón terminó de partirse cuando este se escondió todavía más detrás de la figura de la japonesa.

—Kenji… —Víktor se quedó de rodillas, tendiendo una mano a su hijo, pues Yuuri tuvo que ponerse de pie de nuevo por su vientre —Por favor, bebé. Ven aquí.

—No… gritas mucho… y papá Yuuri también… —sostenido por los brazos de Brendan, el pelinegro sintió como si su corazón se partiera ante las palabras de su hijo. Se soltó de su novio y fue al encuentro del pequeño, quien se escondió todavía más.

—Amor… lo siento. Te prometo que no volveré a gritar. Ven conmigo, ¿sí? —Yuuri abrió sus brazos para que fuera con él.

Sin proponérselo, Yuuri y Víktor habían puesto en una disyuntiva al menor de sus hijos. Ambos lo esperaban con los brazos abiertos, ambos lo miraban suplicantes y culpables. Sin embargo, para Kenji había sido demasiado que ese papá que tenía por siempre amable y amoroso le gritara al otro en el modo en que lo había hecho. Por eso, cuando corrió a los brazos de alguien, fue a aquel al que vio más arrepentido y mucho más dolido que el otro, quien se quedó con su ser hecho trizas.

—Pero Kenji…

—Yuuri, no. Déjalo —Hiroko puso una mano sobre su el hombro de su hijo, mientras que Víktor se levantaba con el bebé en sus brazos, su pequeño rostro enterrado en el arco del cuello y el hombro de su papá ruso.

—Hiroko… voy a llevarme a Kenji a casa —dijo el peliplata, recibiendo el asentimiento de la señora, quien decidió volver al interior del hotel.

—Víktor, él puede quedarse conmigo —Yuuri se acercó a donde ambos se encontraban, y se llevó una amarga sorpresa al ver como el ruso alejaba a Kenji de su toque, mientras negaba con la cabeza —¿Por qué no?

—Porque él no quiere, Yuuri. ¿Puedes por lo menos respetar eso? —pidió Víktor, y al percatarse de que Brendan iba a intervenir en favor de su pareja, habló antes que él —No puedes decir nada, si mi hijo no quiere estar con él, no voy a obligarlo.

—Papá… quiero mi casa —murmuró el bebé en su oído, siendo escuchado por Yuuri, quien no tuvo más que apartar el rostro de la mirada de Víktor.

—Sí, amor. Ya nos vamos —Víktor se dirigió al auto, donde dejó a Kenji y su silla de bebés del asiento trasero. Antes de entrar él mismo al auto, la expresión que le dirigió a Yuuri denotó algo más allá de la decepción o del enojo, era una tristeza tan profunda que oprimía lo más profundo de su ser —Hablaremos después de las visitas, Yuuri. Ten… tengan un buen día.

El japonés vio con pesar como el auto se alejaba, llevándose a su hijo, al cual había lastimado de un modo que ni él se podía perdonar. Sintió los brazos de Brendan apresarlo en un abrazo, y sus manos uniéndose a la altura de su corazón. No podía decir que no era reconfortante, pero también resultó insuficiente. Aun así, no dudó en cobijarse en ese contacto, pues sabía que podía encontrar en Brendan un apoyo incondicional, tal como se lo había prometido.

—Amor… volvamos adentro —pidió Brendan, al notar el cuerpo trémulo de Yuuri —No está bien esto para ti. Te daré algo para que te tranquilices.

—¿A mi bebé? —preguntó, con el corazón acongojado.

—Yuuri… si yo pudiera… —se detuvo un momento, rememorando las amargas escenas que acababan de vivir —Víktor… él no debió portarse así. Prácticamente dijo que eras un…

—Brendan. Sé lo que quiso decir. Créeme que sí —Yuuri suspiró y pasó una de sus manos por su suave vientre —También es mi culpa, no debí…

—No, Yuuri. Estás en todo tu derecho de defenderte. Nada tiene que ver que… que yo sea tu pareja con que tú seas un buen padre…

—De cualquier forma, no lo soy. Y ahora tengo que pensar en cómo se lo voy a decir a las gemelas y a Sasha.

—En cómo se lo vamos a decir, Yuuri. Yo estoy contigo y vamos a hacer juntos —tomó su blanca mano y le dio un beso en ella, justo donde alguna vez reposó el anillo que lo había unido a Víktor —Vamos a comer, no te ves muy bien. Además, mañana estarás en el hospital para ver si tu bebé mejora.

—Espero que sí, pero… no me siento con ánimos de eso. Sólo… quiero descansar. Te apuesto a que ni las niñas ni Sasha vendrán hoy.

Y en efecto, los hijos de Víktor y Yuuri fueron informados de que el japonés se sentía indispuesto para recibirlos, lo cual no era del todo una mentira. Pero ni Yuuri estaba del mejor humor para estar con ellos, y Víktor ya estaba dudando si dejarlos al cuidado del japonés. Supondría que era porque no sabía si aceptarían a la nueva pareja de Yuuri. Pero lo cierto era que ni él mismo estaría seguro de aceptarlo algún día.

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—Si se sentía mal, pudimos haber ido a verlo para ayudarlo—refunfuñó Viktoria cuando llegó de la práctica a su casa, preocupada por la noticia de lo indispuesto que estaba Yuuri.

—Yo creo que, si así fuera, habría pedido que fuéramos —replicó Yukie que, de hecho, prefería no ver demasiado a Yuuri, pues sabía que explotaría en reclamos y preguntas.

—Pues yo sí quiero ir a ver a mi papá —exclamó Sasha, que ayudaba a Víktor a tener lista una sopa solianka, que era de las pocas cosas que le salían medianamente bien.

—Ya veremos que día puedes ir a verlo, yo me encargaré de eso —le contestó, añadiendo los últimos ingredientes y suplicando porque dejaran de insistir en el tema —¿Alguien puede ir por Kenji? Ya tuvo que haber despertado de su siesta.

—No quiso venir y se volvió a dormir —contestó la gemela menor, colocando algunos platos, esquivando por momentos la indiferente mirada de su hermana —Está… parece enojado.

—No lo culpo —soltó Víktor, despertando la intriga en sus hijos.

—¿Le pasó algo estando con Yuuri? —cuestionó la pelinegra, sintiéndose alterada sin saber porqué.

—Sí, pero no quiero hablar de eso ahora. Solo… vamos a cenar tranquilos, ¿está bien? —Víktor sirvió la cena y se sintió algo tranquilo al notar que ninguno decidió ahondar más en el tema, aunque sabía que tendría que decirles tarde o temprano acerca de la nueva situación de su padre.

—Oye… ¿qué tienes? —preguntó Yukie, de un modo tan dulce que tomó por sorpresa a Viktoria, pues últimamente solo recibía palabras álgidas de ella.

—Papá… —Sasha acercó su silla a la de Víktor y recargó la cabeza en su brazo —Te ves triste.

—No… no lo estoy. No se preocupen —pero la sonrisa afligida que les dirigió a ambos los hizo dudar aún más, incluso a Viktoria.

—No tienes porque mentirnos, si tú también tienes un problema… tal vez podríamos ser de ayuda —dijo ella, delineando con la yema de su dedo y su mirada el reborde del plato humeante. Escuchó perfectamente el suspiro de su padre.

—No vamos a discutir acerca de que tanta ayuda ofrecen, sobe todo ustedes dos —recriminó, dirigiéndose a las gemelas.

—Papá… en serio, yo si quiero ayudar…

—Yukie, no. Ahora solo quiero estar tranquilo y pensar, así que, por favor, les pido que estén calmos por lo menos un día.

—Sí es algo que concierne a Yuuri y que fue tan importante como para que Kenji se enojara, creo que tenemos derecho de saberlo —recriminó la peliplata, recibiendo un pisotón debajo de la mesa —¡Yukie!

—No es justo que digas eso. En todo caso, ve y pregúntale a Yuuri que es por él que todo esto está pasando.

—Niñas…

—Pero tampoco es como si ninguno de aquí tenga la culpa, sobre todo…

—¡No te atrevas a insinuar que fui yo! ¡La que empezó el problema fue…!

—Oigan… —Sasha empezaba a sentirse nervioso de nuevo, no tanto por los gritos de sus hermanas, pues ya estaba casi habituándose a ellos. Era más bien porque estaba siendo testigo del temblor que recorría el cuerpo de Víktor, quien ya se había llevado las manos a la cabeza.

—¡Si tan solo dejarás de ser insolente podríamos estar tranquilos!

—¡Tú eres la caprichosa que no quiere escuchar!

—¡Suficiente! ¡Cállense las dos! —la incertidumbre se hizo presente cuando Víktor se levantó abruptamente de la mesa, golpeando con fuerza la madera y haciendo que sus dos hijas dejaran de hablar al instante, tanto por el susto, y un poco más por las lágrimas que se estaban escapando de los ojos de él —¡No puedo hacer nada si ustedes no dejan de decir y haces estupideces todo el tiempo!

—Pero papá…

—¡Nada! ¡Todo empezó por ustedes y lo único que estoy esperando es que me ayuden a sobrellevar esto! ¿Creen que es fácil hacerse cargo de la familia solo? ¡Han sido los cuatro peores días en mucho tiempo y sus ridículas peleas no hacen nada más que empeorarlo!

—¡Ya te dije que esto no pasaría si no hubieras sacado a Yuuri de la casa! Él también debe estarlo sufriendo.

—¡Oh, claro! No tienes una idea. Pero no te preocupes por tu padre, Viktoria. Si sufre, te aseguro que el doctor Fitzgerald estará muy complacido de consolarlo.

—¿Qué? —Sasha fue el primero en alterarse ante esas palabras, pues las gemelas se quedaron calladas en el acto.

—Es más, no veo el momento en que también ustedes comiencen a llamar papá también a Brendan.

—Víktor… ¿de qué hablas?

—Supongo que es mejor que lo sepan ahora —el ruso se sentó y secó discretamente los surcos de agua que se habían quedado en sus mejillas —Yuuri consideró que… que lo mejor para él era iniciar una… relación, y que sería con el doctor Brendan.

—¿Cómo estás tan seguro? Últimamente tiendes a pensar algunas cosas que no son ciertas.

—Pues entonces, Viktoria, deberías ir tú misma a preguntarle a Yuuri, para que te lo confirme al igual que a mí. Y no sé… tal vez, de paso, aceptes irte con ellos a América.

—¿Yuuri se va a ir? —inquirió el pequeño ruso, apretando sus pequeños puños debajo de la mesa.

—Es lo que Brendan quiere… a él y a tus hermanos —sus tres hijos dejaron ir una mueca de asombro, y algo de miedo —pero como se lo dije a Yuuri, él puede hacer lo que quiera, pero no se llevará a ninguno de ustedes, y eso incluye a los bebés.

—¿Pero por qué querría irse? —Yukie bajó su mirada, atinando a la misma pregunta que Víktor se había hecho.

—No lo sé, y no me importa. Yo… ya no quiero saber nada de él. Puede hacer lo que quiera.

—Pero papá…

—Lo siento, Sasha —Víktor acarició con cuidado el plateado cabello de su hijo, mientras se levantaba de la mesa y dejaba su plato con más de la mitad de la comida sobre una barra —Creo que eres bastante grande como para entenderme por lo menos un poco. Si… si Yuuri quiere irse, ninguno de nosotros lo va a detener. Lo único que te puedo prometer es que tus hermanitos estarán con nosotros, porque es aquí donde está su familia —dejó un beso en la frente del pequeño y una mirada resignada a sus hijas —Iré a descansar. No quiero una sola pelea y encárguense de recoger todo. Descansen.

Ninguno de los hermanos cruzó una sola palabra después de que Víktor desapareciera por la puerta de su cuarto. No necesitaban decirse nada para que supieran que en los tres había un enorme miedo de verse abandonados. Sasha y Viktoria confiaban plenamente en Yuuri, sabían que no haría semejante cosa, pues él se encargó de dejarles muy en claro que los amaba más que a cualquier otra cosa. Por otro lado, en Yukie, además de temor, crecía un sentimiento de rencor. Ella no solo dudaba de Yuuri, sino que también se sentía traicionada por esa nueva relación, porque, de alguna forma, pensó que le estaban quitando su lugar, porque no estaba segura de que Yuuri la quisiera tanto como a otros como para dejar su vida de lado y elegirlos a ellos, en especial a ella.

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"Si me permites decirlo, te oyes pésimo, Vitya".

—Ya lo sé, me siento pésimo —Víktor estaba sentado en el piso del enorme armario, que se veía frívolo después de que la mitad de él estuviera vacío, desde que Yuuri se había ido —No sé… no tengo la menor idea de que hacer.

"¿Los problemas con tus niñas siguen?"

—Y empeoran. No sé que hacer con ellas, pelean por todo y… Viktoria está siempre a la defensiva. Yukie actúa como si… como si tuviera algo en contra de Yuuri.

"Pues tal vez ambas tienen un poco de razón, cariño. Ustedes se han portado… un poco infantiles para su edad."

—Realmente ya no importa. Yuuri está con su novio, y yo tengo a mis hijos.

"¿Eso será suficiente para ti, Víktor?"

—No necesito de una pareja para estar bien, los tengo a ellos y…

"No, querido, yo no me refería a eso. El Víktor que alguna vez conocí no necesitaba de una pareja. Pero ya no eres ese Víktor… y siempre te escuchaba hablar de ese enorme miedo que tenías de volver a quedarte solo. Y eso no incluía a tus hijos."

—Alguna vez me dijiste que lamentabas que me hubiera casado con Yuuri, ¿era por eso?

"Es por eso. Y lo sigo lamentando, por el simple hecho de que te hizo dependiente de él. Y mira cómo estás ahora, llevo casi una semana escuchándote llorar por él, que lo amas y lo odias, que te duele ver a tus hijos, pero que también los amas."

—¿He dicho todo eso, Lary?

"Cada vez que me llamas. Y siempre es lo mismo."

—Debo empezar a molestarte, ¿no? —comentó, en tono divertido y melancólico.

"Te lo habría dicho si así fuera. No me molestas, pero ya no estoy muy segura si lo que sigues amando es a Yuuri o al sentimiento de no estar solo que él te daba."

—Creo que me siento solo, Laryssa. Yo… no es que dejara que Yuuri se encargara de todo lo que tenía que ver con nuestros hijos, pero simplemente él lo asumió y… también me he sentido desesperado por no poder asumir ese rol ahora. Es… difícil hacerlo solo… y sentirse así al mismo tiempo. ¿Me estás entendiendo?

"Sí, sí. Lo hago, pero también creo que te sientes de esa manera porque tú así lo deseas."

—¿De qué hablas?

"Si tu quisieras, no estarías ni harías todo eso solo. Siempre hay alguien que está dispuesto a ayudarte."

—Sigo pensando que puedo hacerlo. Además, no se me ocurriría pedírselo a alguien más que no fueras tú. Ni siquiera a Chris ahora que tiene su propia academia.

"Ni siquiera me lo has preguntado, Nikiforov."

—Lary… no lo harías. Sé que estás ocupada y no quiero interrumpir tus actividades.

"Víktor… no seas orgulloso. Si estás tan seguro, entonces pregúntame y de cualquier forma te diré que no, ¿cierto?"

—Muy simpática —ironizó Víktor, riéndose con ánimos por primera vez en bastante tiempo. Por lo menos ella era sincera con lo que decía. Por lo menos ella siempre había estado para escuchar. Tal vez solo debía seguirle el juego para sentirse mejor —Señorita Novikova, ¿sería tan amable de viajar hasta Japón para ayudar a este pobre papá soltero? Será un honor tenerla con nosotros —ahora Víktor lo recordaba. De todas las cosas de Laryssa que alguna vez lo hicieron sentirse casi enamorado, era su fina, delgada y contagiosa risa, sobre todo cuando le salía como de una travesura o complicidad. Justo como la que acababa de oír en ese momento. Seguía siendo demasiado bonita.

"Joven Nikiforov, el placer será todo mío. Ahora le pido que sea tan amable de ir por mí a la estación de Hasetsu a la hora que le enviaré por mensaje en unos momentos."

—¿De qué hablas? Lary… no lo estaba diciendo en serio.

"Pues yo sí, querido Vitya. Sabía que las cosas iban tan mal, que solo estaba esperando que me pidieras ayuda para salir de Rusia. Y créeme cuando te digo que tengo todo listo."

—No tienes porque hacer esto, Laryssa.

"Sí, tal vez. Pero quiero hacerlo. Sabes todo el aprecio que tengo, y como la buena amiga que me considero, te apoyaré en esto."

—Yo… —no quería decirle que no, porque algo dentro de él suplicaba por ella, pero del mismo modo, había una cosa que le decía que era una mal idea. Pero después del desastre que resultó la idea que duró veinte años, esta no podía salir tan mal —¿Estás segura?

"Yo sí, pero… ¿tú estás de acuerdo?"

Hasta preguntárselo podía ser contraproducente. Necesitaba ayuda, y necesitaba alguien que estuviera para él. Como no pensó que sucediera en mucho tiempo, esa noche sintió que necesitaba de Laryssa.

—No olvides enviarme los datos de tu llegada.

"Gracias por dejarme ayudarte, cariño. Ya verás cómo todo va a estar bien."

—Eso espero. Y gracias a ti por ofrecerte. No quisiera despedirme, pero tengo que asegurarme que Kenji esté durmiendo bien.

"No te preocupes, ya nos veremos pronto. Será hermoso conocer a tu pequeño bebé. Buenas noches, querido. Un beso."

—Un beso para ti también Lary.

Y tal vez, todo estaría bien.

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Para Yuuri podía no ser lo suficientemente extraño, a esas alturas, que Yukie se portara de una manera tan fría con él, aún si estaban retocando los pasos de la coreografía para el Mundial que estaba a casi un mes de distancia. Pero que Viktoria, e incluso Sasha, estuvieran tan distantes de él, no hacía nada más que preocuparlo.

¿Qué había pasado para estuvieran así? Y lo que era peor, tenía que decirles lo que pasaba entre él y Brendan, pues ellos, a diferencia de Víktor, tenían el derecho a saberlo. Sin embargo, se dio cuenta de que ese no era el momento cuando vio a Yukie fallar un salchow de manera monumental por tercera vez en el entrenamiento, sin contar que sus peliplateados estaban errando los pasos.

—Oigan…creo que es mejor terminar por hoy —dijo, después de que la pelinegra pateara el hielo con frustración —Ustedes se ven… un poco estresados, y también creo saber que es por la situación.

—Es por lo de…

—Sí, es lo del divorcio lo que nos tiene así —Viktoria patinó hasta quedar de frente a Sasha, evitando así que dijera que sabían del noviazgo de su padre. El niño protestó, pero no dijo nada.

—Lamento que eso sea en parte mi culpa, pero… bueno… hoy tengo una ecografía así que… ¿les gustaría ir? Tal vez sirva para que se relajen un poco.

—¡Yo quiero! —gritó el pequeño ruso detrás de Viktoria.

Las gemelas se miraron entre sí, recelosas pero cómplices, sabiendo que debían mantener la calma y no exacerbarse… por sus hermanitos no nacidos, porque de ser sólo Yuuri, las preguntas y las quejas ya habrían salido de sus pálidos labios.

—Sí… creo que estará bien —murmuró Yukie, acercándose a la valla de contención y calzándose los protectores de cuchillas —Sólo danos un segundo para cambiarnos.

Yuuri se sentó en uno de los bancos, percibiendo ligeros movimientos de los bebés. Si de algo se alegraba, era de que ellos parecían ser lo único que calmaba los ánimos de todo, los que sacaban tiernas sonrisas y un poco de conciliación.

—Listo, ya podemos irnos —Viktoria salió de los vestidores, seguida de sus hermanos, son sus maletas deportivas y los estuches de patines. A Yuuri lo invadió una serie de recuerdos, cuando el salía con su mismo equipo deportivo, no teniendo más de quince años, en esa misma pista. Cuanto todo era sencillo y no lo sabía.

—Bien, vamos al hospital entonces.

Los tres salieron de la pista, despidiéndose de Yuko. Sasha y Yuuri iban platicando casi a la normalidad, mientras que Viktoria y Yukie caminaban en silencio detrás de ellos. Parecía que estaban demasiado tranquilos, o eso fue hasta que notaron que el auto deportivo de Víktor se estacionaba en los espacios del Ice Castle.

Tal vez no se hubiera alterado si solo Víktor y Kenji hubieran sido los que descendieron del automóvil. Pero no, Kenji bajó del auto, sujeto de la mano de una hermosa mujer. Una que detuvo su mirada en las cuatro personas saliendo de la pista. Una sonrisa de suficiencia, casi altiva recorrió sus labios, y Yuuri, de manera casi inexplicable, sintió su ser arder en… ¿enojo?... o tal vez… ¿celos?

Laryssa Novikova estaba en Hasetsu, y sujeta del brazo de Víktor, no se había visto tan resplandeciente en mucho tiempo.

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¡Hola hermosos lectores que me dieron tremenda sorpresa! Los votos y leídos, tanto de FanFiction como de Wattpad se incrementaron muchísimo. ¡Muchísimas gracias por eso! No pensé que llegáramos a tanto cuando empecé, así que solo me resta agradecerles.

En otras noticias, ya tengo a la mejor beta reader del mundo. ¡Saluden a Zryvanierkic! Y de paso dense una vuelta por sus historias en las dos plataformas, tiene cosas verdaderamente geniales y una obra original que, por lo menos a mí, me tiene con el alma en un hilo. Además, les tiene una sorpresa que les avisaré cuando sea un buen momento. ¡Gracias Meli por eso! Recuerden que ella solo me da algunas ideas y corrige algo de redacción, pero las premisas principales siguen, además de que nadie, más que un amigo, sabe el final. Así que disfruten todos con lo que viene que comenzará a ponerse muy genial, y nos acercamos cada vez más al quiebre de la familia.

Recuerden que el grupo sigue disponible y que con un solo mensajito a mí para que los añada al grupo están dentro. ¡Nos vemos pronto! ¡Muchos saludos y enormes abrazos!

P.D.: ¡No odien a Brendan! Él solo quiere que Yuuri no se deprima, ya sé que fueron los medios incorrectos (más o menos) pero no es malo. Él será… importante, se los prometo, y más noble de lo que creen

Kk: Yo digo que no está bien el odio, pero te dejo odiarlas un tiempo, y es que ese es el problema de ellas, debido a que son "especiales y casi un milagro" todos se encargaron de consentirlas, y ese es el porqué de los niveles de capricho. Este fic está sacando canas verdes a muchos, así que no te sientas solo. Gracias por leerlo. ¡Muchos saludos y espero seguir viéndote por aquí!

Haru: Bueno… no sé si cuente como manipulación, y yo sé que a muchos les cayó mal. Respecto a la actitud de Yuuri, y sí, también de Víktor, es en parte por esto que nació el fic, porque quería sacarlos de ese espacio en el que estaban, como "ídolos" y no como verdaderos amantes, así que verás la evolución. Jajajaja, créeme que tampoco falta mucho para que se den cuenta de lo muy caprichosas que son y que nada más están empeorando todo. Espero que poco a poco entiendas que los golpes que la vida les va a dar los harán ser más maduros, y darse cuenta de que se aman, pero más allá de lo que representaban en el hielo. ¡Saludos! ¡Espero verte por aquí de nuevo y que la historia te siga gustando!

Cotita83: Yo sé que de verdad amas a Brendan y Yuuri, así que te prometo seguir dándote más escenas de ambos, todo con el objetivo de que Yuuri se dé cuenta delo mucho que ama a Víktor, a pesar de sus errores. Víktor…. Pues es todo un caso, porque los quiere, pero no se acercó tanto a ese proceso como hubiera querido. Y bueno, sabes que opino de ellas, ya tendrán su merecido. También te envío miles de abrazos. Espero que te haya gustado.

Zryvanierkic: Deja esos bombones, si no es Yuuri desnudo o algo así, no va a caer.

Chai: Bueno, insisto, Brendan no es malo. Tal vez la presión y lo que dio no fueron la mejor forma para conquistar a Yuuri, pero en efecto, es esa sensación de que Brendan está más a su altura que Víktor lo que lo hizo caer, entre otras cosas. Tienes una de mis shipps culposas, pero también me alegra que te haya gustado esto porque, creo, es una forma de crecimiento en el amor de los personajes, mismo que no se vio en el anime. Tienes todo el derecho de darles sus cachetadas que yo no te detengo, se las tienen bien merecidas. Jajaja, todo lo que dices, todo va a pasar, pero con calma. ¡Saludos y espero que sigas leyendo!

Deikan: Antes que nada, gracias por el halago y no sabes lo feliz que soy al saber que te gusta. ¡Te adoro por eso! Yo sé que Víktor puede parecer inocente, pero peca de eso mismo, y ya verás que Yuuri no estaba tan equivocado con respecto a Laryssa. Odia a Yuuri, pero estás a nada de sentir demasiada tristeza por él y por todos. En serio me alegra que te haya gustado ese capítulo, porque ha sido uno de los más difíciles de escribir. Oh Dios, ya verás, ya todo se verá el porqué Yukie decidió tener esa pseudo confianza con Laryssa. ¡Muchas gracias por seguirme y leerme! Espero seguir viéndote por aquí y te mando un enorme abrazo.