CAPITULO 39: LAS NOTICAS DE LOS ABUELOS. RITUALES.

"¿De verdad que no te duele nada?" Le oí a Alex preguntarle a Holly mientras la abuelita y ella le hacían unos reconocimientos de medicina normal y santería a la pobre Holly que parecía estar aguantando ambos como una santa.

"No." Oí decir a Holly por 4 vez. "Es... estoy bien, estoy... preocupada por vosotros."

"Bah, nosotros estamos bien." Le dijo Alex. "Y si te preocupa el peluche ese que te has traído contigo, que sepas que el muy subnormal se tiró sin pensárselo al agua para ir por ti cuando gritaste su nombre. El muy subnormal... podría haberse ahogado también él."

"¡Alex!" Le gritamos su hermano y yo. "¡Deja de asusta a la pobre Holly!" Le gritó su hermano mientras yo le gritaba que dejase de preocuparla.

"Lloricas." Nos dijo ella molesta.

"Tío, tu hermana es un diablo." Le dije.

"Nah, solo está cabreada porque le hubiese gustado que Holly fuese de la familia." Me dijo él.

"¿Y a ti no?" Le pregunté.

"Desde luego que sí." Afirmó. "No puedo negarte que aún tenía esperanzas de poder lograrlo. Es... Holly ha sido la única a la que no le ha importado mi estilo de vida, pero a mí sí me hubiese importado el suyo. Sé que no hubiésemos podido ser felices, al menos no plenamente felices."

"Vamos, no te fustigues." Le dije dándole unas palmaditas en la espalda. "Estoy seguro que al final conseguirás encontrar una chica que sea buena para ti."

"No lo creas." Me dijo. "Estamos malditos, Alex y yo." Afirmó. "Estamos condenados a vivir solos la eternidad que nos espera por delante hasta que alguien nos mate acabando con nuestra existencia."

Maldiciones, sonaba demasiado peliculero y desde luego malo.

"Ya, te entiendo." Afirmé suspirando.

"Lo dudo." Afirmó.

"Vale, no tanto, pero sí que te entiendo un poco." Afirmé. "Cuando yo me trasformé, pensé que era algo chulo, hasta que me enteré de la letra pequeña. No podemos decírselo a nadie que no sea del grupo, así que no podemos tener una novia porque no pueden entender que de pronto tengamos que acabar una cita porque hay peligro que no podemos contarles, o que tengamos que apartarlas para no hacerles daño. Solo puedes contárselo a la destinataria de tu impronta, y en mi caso, ni eso podía."

"Vaya..." Me dijo suavemente como si le pillase de sorpresa.

"Sam, el alfa de la otra manada, es el marido de una prima de la madre de Holly, pero como no se llevan tanto de edad, se tratan como primos." Continué yo. "Me prohibió que le dijese nada, y cuando me descubrió en mi forma de lobo, me hizo quitarle de la cabeza la idea de que pudieran existir lobos del tamaño de osos. Yo estaba imprentado y por eso necesitaba estar con ella, pero no puedes imaginarte lo que es estar imprentado y no poder decirle a ella lo que en realidad eres, tener que quitarle de la cabeza lo que vio y hacerla sentir estúpida por haber pensado siquiera que podía existir algo como lo que vio." Añadí un poco de bajón.

"Sí, puedo hacerme una idea." Me dijo. "Cuando Holly y yo lo... bueno, lo dejamos, hace mucho, pronto encontré una chica, pensé que era especial y en cierto modo la quería, luego cuando lo dejamos porque ella no podía entenderme sin saber el secreto, vino otra y pasó parecido, luego otra que es la última y que se apartó cuando supo la verdad sobre mí, llegó incluso a tener un accidente intentando suicidarse por lo que cuando despertó tenía amnesia y no recordaba nada del tiempo que habíamos estado juntos."

Dios, eso era cien mil veces peor.

"Yo las quería ¿sabes?" Me dijo. "Pero ninguna pudo entenderme ni aceptar lo que somos: malditos."

"¿Y Holly sí?" Le dije.

"No lo sabía." Me dijo. "Pero... siempre me ha aceptado, nos ha aceptado como somos. La verdad es que me hubiese gustado que fuese en un futuro mi hembra, pero... supongo que lo de la maldición es cierto y ni Alex ni yo podemos enamorarnos."

"No digas eso." Le dije. "Tenéis que tener esperanza."

"Y eso por qué." Me dijo. "¿No crees que ya es suficiente, que ya he hecho suficiente daño a las personas que he querido?"

"A Holly no se lo hiciste." Le dije intentando que se agarrase a lo que fuese.

Sabía que luego me arrepentiría, pero... supongo que intentar alentarle con lo que hubo entre Holly y él era una salida, aunque corriese el riesgo de alentar su rivalidad contra mí por Holly.

"Holly es una santa y aceptaría hasta a un vampiro que quisiera chuparle la sangre." Me dijo casi sonriendo. "Pero no te preocupes, no voy a intentar levantártela que dirían mis hermanos." Afirmó mirándome de reojo. "Lo que sí quiero que me prometas es que la vas a proteger siempre, que no vas a hacerle nunca daño."

"Por mi vida." Afirmé.

"Lo suponía." Me dijo sonriendo. "Solo hacía falta ver cómo saltaste al agua sin dudarlo aún cuando no conocías el terreno, porque ella te llamó llena de terror."

Sí, ahora que ya había pasado, me daba cuenta de lo estúpido que había sido por mi parte hacer aquello. No conocía aquel terreno, no conocía aquellas aguas, podría haberme ahogado perfectamente o incluso golpearme y ahogarme al quedar inconsciente por el golpe. Pero cuando había oído el grito de Holly no lo había pensado y había saltado para ir por ella.

"Ah." Me cortó mis pensamientos. "Aquí vienen." Afirmó mientras oíamos abrir la puerta para que saliesen la anciana y Alex que llevaba a Holly en brazos hasta que la dejó en el sofá del que nos levantamos todos.

"Y ahora no te muevas de aquí." Le dijo Alex antes de mirarme con cara de mala leche visible. "Tú, vigílala. Quale, vamos a buscar unas cuantas plantas, a ver si le puedo hacer un jarabe para su garganta."

"¿Vas a optar por un remedio natural?" Le dijo su hermano mientras se largaban y me dejaban aún flipando.

"Sí, por una vez creo que con un jarabe sintetizado y unos cataplasmas de la abuela será suficiente." La oí decir mientras cerraban la puerta.

Luego ya yo oí nada porque la verdad es que una manita en mi brazo atrajo mi atención haciéndome mirar a Holly que me miraba con curiosidad.

"¿Es impresión mía o esa tía me ha dejado al cargo?" Le dije levantando un dedo para señalar la puerta por la que había salido Alex.

Entonces sonrió y me dio un toquecito suave en el brazo para intentar recostarse por lo que la ayudé.

"Eh, que para ti no tendrá importancia pero es la primera vez que parece fiarse de mí para algo." Le dije. "A ver si la que va a estar enferma es ella…"

"Comienzas a caerle bien." Me dijo sonriendo. "Eso es bueno..."

"Tú intenta descansar." Le dije frotándole la mano que aún estaba fría.

"¿Es cierto que tú…?" Murmuró.

"¿Sí?"

"Saltaste." Me dijo. "Al agua, cuando yo… ¿por qué?"

"¿En serio necesitas preguntarlo?" Le pregunté acariciándole suavemente el pelo con una sonrisa.

"Es… quiero oírlo, por… por si no es lo que…" Me dijo.

Lo que ella pensaba, y seguro que sí lo era.

"Porque te quiero." Le susurré acercándome a su cara como si no fuese ya suficientemente obvio y sonriéndole. "Te oí gritar llamándome, así que ni lo pensé, salté para salvarte."

Eso la hizo sonreír sonrojándose y movió la cara para darme el cogote por así decirlo y al momento volver a mirarme.

"Yo… yo también." Dijo antes de volver a darme el cogote haciéndome aguantar la risa.

Ella estaba contenta, podía sentirlo, y yo estaba que iba a estallar de alegría. Por su alegría, porque ya parecía mucho mejor, porque estaba viva y sana y salva o más o menos.

Sonriendo le di un beso en la mano mirándola; no hacía falta ser vampiro para saber por el beso que la sangre latía con fuerza en sus venas bajo la piel donde había posado mis labios, se le había acelerado el pulso y aún dándome el cogote sabía que sonreía feliz.

Entonces la hice mirarme y le miré a los ojos sonriendo.

"Ya lo sabía." Le dije diciendo en voz alta lo que era evidente y antes de darle un beso.

Me volvía loco esa chica, era realmente una joya. Era delicada y fina, pero la verdad es que dentro de ese cuerpecillo frágil latía el corazón de una auténtica loba quileute. Era tan fuerte, tan dura a veces… tenía mucho valor para ser tan pequeña y frágil como era; se había encarado a la muerte varias veces y la última ni más ni menos que con vampiros, y aún así apostaría a que no dejaría de vivir ni perdería ni un solo segundo teniendo miedo a salir de casa, aunque tuviese miedo seguro que no dejaría de salir en cuanto pudiera, ya fuera en silla de ruedas, con muletas o en brazos, o incluso a la pata coja que estaba seguro que de no tener la escayola lo habría hecho.

Y cómo me volvía loco con algo tan sencillo como un simple beso, que otras parejas con el tiempo que llevábamos de relación seguro que hubiesen hecho algo más que solamente besarse o planes de adolescentes de 14 años o así.

Nos besábamos, nos cogíamos de la mano, íbamos al cine, paseábamos juntos, y yo no la dejaba ni a sol ni a sombra, ya fuese ir con los suyos o con los míos.

Y además, para el resto ya había tiempo, porque eso sí, yo no pensaba permitir que nos separasen nunca, ni la gente de la reserva, ni sus amigos, ni siquiera un puñado de vampiros subnormales y locos que al parecer le habían puesto los ojos encima.

Y antes de que nos diésemos cuenta estábamos encendidos, lo cual no era tan extraño en mí, claro, Holly me ponía hasta unos límites insospechados, sobre todo cuando se veía o se adivinaba algo.

Pero ni yo era tan degenerado como para intentar nada con Holly recién venida del mundo de los muertos; así que la arropé mejor y me limité a sentarme junto a ella que me miró.

"Descansa, si vuelven y te encuentran tan alterada me matarán." Le dije sonriendo. "Así que descansa." Le repetí para que asintiese y cerrase los ojos.

Era extraño, pero me gustaba verla así, sonrojada, haciendo como que dormía… La verdad es que ya podía entender por qué a Jake o a Quil ya no les ponía ni una tía que se pasease en bolas ante sus ojos, cuando estás improntado, el resto de chicas no importan, es como si solo fueses capaz de ponerte como una moto con una sola persona, y si esa persona es alguien necesitada de protección, por muy buena que estuviese o por muy cachondo que te hubieses puesto con ella, bastaba una simple sonrisa suave o verla tan frágil para que se te bajase casi de golpe el deseo y se convirtiese en ese sentimiento de necesidad de protegerla de cualquier cosa.

Y tras un rato aparentando estar dormida, acabó durmiéndose de verdad, para que, poco después, apareciese de nuevo el abuelo y la abuela que ella se fue a la cocina y el abuelo vino a sentarse con nosotros.

Juraría que iba a decir algo pero se cogió un cojín y se sentó en una silla en silencio.

"¿Todo bien?" Le pregunté suavemente para que asintiese y mirase a Holly.

"Me alegro de que duerma." Me dijo suavemente también.

"Es tan increíble…" Le dije. "Hace poco que despertó de casi morirse, la atacaron para matarla y aún así sigue siendo capaz de dormir placidamente. Es… yo en su lugar no sé si podría siquiera cerrar los ojos."

"Yo creo que tiene motivos para dormir." Me dijo suavemente encendiéndose una pipa con una cerilla larga. "Está protegida y aunque no lo sepa…" Dijo tocándose con un dedo en golpecitos suaves la cabeza. "Lo puede sentir." Añadió dándose golpecitos con la otra mano en el pecho sobre, supongo, el corazón. "Está protegida y se siente segura, por eso puede dormir."

"Supongo que eso es bueno." Le dije sin poder evitar no sentirme para nada, nada más alegre o aliviado. "¿Qué es lo que esa gente quiere de ella? Porque al principio pensamos que podía ser por nosotros, pero ahora ya me parece evidente que no es por nosotros, que quieren algo de ella."

"No sabemos." Me dijo. "Pero esto no es la primera ni la última vez que van a venir por ella."

"La llevaré lejos." Afirmé. "Donde no la puedan encontrar."

"Esa no es la solución." Me dijo como chascando la lengua con dolor y como para él antes de mirarme. "Los demonios no son precisamente tontos, vale, la mayoría que se acercan por aquí sí lo son, pero esta vez parecen haber escapado dos, no creo que fuesen tan estúpidos. La acabarían encontrando, si no ellos otros como ellos."

"¿Entonces debo dejar que la encuentren?" Le dije. "¿Tengo que dejar que la maten?"

"No, tienes que protegerla." Me dijo. "Y no vas a estar solo en esto."

"Ya, los Hó'nehe, como no." Le dije.

"Pero no son los únicos." Me dijo mirándome. "Ellos son una parte."

"Darien también, lo sé." Afirmé.

"Hay… bueno, se supone que hay un grupo formado por gente de todo tipo llamada 'Alianza del Amanecer'." Me dijo.

"¿Alianza de qué?" Dije confuso.

"Del amanecer." Me dijo. "Es un grupo secreto, formado por demonios que desean una coexistencia pacífica, hombres-bestia… incluso lobos sin rabo." Afirmó. "Y humanos con poderes como nosotros tres: mi Santa, Holly y yo." Aclaró.

Aquello era cada vez más lío, no podía entenderlo. Hasta que llegó Bella Swan y después, Nessy, nosotros habíamos odiado a los vampiros y como nosotros todos los de nuestro tipo; y ahora que había ido a aquel sitio había visto a unos tipos convertidos en lobos antropomorfos, como los de las películas de miedo, unos ancianos podían ver cosas en el tiempo que pasarían a saber cuando y la chica que estaba destinado a estar atado de por vida y a ser la única a la que podría amar nunca, parecía tener los mismos poderes que los dos ancianitos.

"Se supone que son como guardianes." Continuó el hombre. "Se dedican a proteger la delgada línea que separa lo que llaman el 'mundo nocturno' del 'mundo diurno' al que nosotros pertenecemos. Median en conflictos antes de que canten demasiado y lleguen a oídos de los lideres de las especies…"

"¿Cómo?" Le dije confuso. "¿Qué líderes?"

"Pues no lo sé." Me dijo. "Los de mi tipo no tenemos desde la edad de las tribus."

Chamanes y santeras, lo que podría llamarse brujos y brujas, que tuvieron líderes, los vampiros ya sabía que tenían a los Vulturi en Volterra, Europa, pero nosotros… los licántropos no teníamos líderes.

Sin embargo, me siguió contando lo poco que sabía.

"¿Dónde están?" Le corté.

"No se sabe." Me dijo. "A decir verdad nosotros no los hemos visto nunca, quiero decir… conocemos a alguien que una vez estuvo dentro pero salió por motivos de convicciones o no sabemos muy bien por qué, pero aún parece que tiene amigos dentro."

"Bien." Dije pensándolo. "¿Cómo puedo contactarles?"

"No sabemos cómo hacerlo." Me dijo.

"Has dicho que conocéis a alguien que estuvo con ellos y que sigue teniendo amigos dentro ¿no?"

"Sí." Afirmó. "Pero…"

"Pues yo quiero conocerla." Afirmé notando cómo en el sofá Holly se movía suavemente y fijándome que estaba despertando.

"Ya te diré." Me dijo mientras Holly abría los ojos. "Buenos días, chikilla."

"Hola, qué…" Dijo. "¿Qué estabais…?"

"Nada, hablábamos un poco." Le dijo.

"No te preocupes, cielo." Le dije haciéndole una caricia. "¿Has descansado bien?"

"Hum." Asintió antes de frotarse un poco la tripa.

"¿Tienes hambre?" Le dije.

"Mi esposa debe estar acabando ya la comida." Le dijo el abuelo.

"Yo… con un poco de fruta será…" Murmuró incorporándose.

"De eso nada." Le dije. "Tienes que meter algo de comida en ese cuerpecillo esmirriado tuyo. Que te vas a quedar sin sombra."

"Mira, hasta tu novio te lo dice." Le dijo el abuelo. "Yo se lo tengo más que dicho a las chicas. "Que los hombres preferimos las chicas con carne donde agarrar." Afirmó mirándome y haciendo que Holly se sonrojase.

"¡Yuma!" Le gritó la abuela. "¡Deja en paz a Holly!"

"No pasa nada, abuelita." Le dijo Holly suavemente desde debajo de la manta.

"Que no, que no está bien que le tome el pelo." Dijo ella. "Y como me vuelva a enterar que estás molestándola…" Le amenazó blandiendo el cucharón de madera de guisar.

(Salto espacio-temporal)

"¿Un poco más?" Me dijo la abuelita.

"Por favor." Le dije acercándole un poco el plato con una sonrisa y viendo cómo Holly parecía extender también el plato. "Anda. ¿Tú repitiendo, Holly? Esto sí que es nuevo."

"Es que está muy bueno." Me dijo suavemente y sonriendo.

La verdad es que era divertido verle comer más que lo que solía comer, pero también me gustaba mucho más lo que llevábamos haciendo desde hacía un buen rato, como a 5 minutos de empezar a comer que había notado una caricia con el pie bajo la mesa, desde su lateral y subiendo y bajando por mi pierna, y cuando podía, yo bajaba la mano bajo la mesa y le hacía caricias en la pierna también, claro que procurábamos que no cantase mucho puesto que no estábamos, ni en casa, ni solos.

"Chicos..." Nos dijo el abuelo. "Veréis, es... no sé cómo contároslo, pero..."

"¿Ocurre algo, abuelito?" Le preguntó Holly parando.

"Es un poco... espinoso, pero... ¿creéis que podréis pasaros un día, dos como mucho, solos aquí?" Nos dijo.

¿Acaso era una broma cruel del destino?. ¡Desde luego que no nos importaba! Pues no había pedido yo a dios que nos diese una oportunidad tan buena...

"Ya sé que es todo un poco... súbito, pero... esta noche vamos a comenzar unos rituales y... bueno, entre que preparamos, comenzamos, los hacemos... probablemente no podamos volver en uno o dos días como mucho." Nos dijo el abuelo. "Y... bueno, como todos están fuera trabajando pues..."

"No os preocupéis por la comida." Nos dijo la abuelita. "Hay comida en las ollas, solo tenéis que calentarla, y os dejaré asado. Holly sabe cocinar ¿no? Tenéis la despensa llena de comida, por si os apetece algo más que no haya por aquí."

"Y seguro que el resto puede venir a las comidas." Afirmó el abuelo rápidamente. "Para que no os sintáis solos, claro."

Solos... ya me encargaría yo de que no nos sintiésemos solos.

"No os preocupéis." Les dijo Holly suavemente. "Es... no pasará nada."

"¿De verdad que no es demasiado súbito?" Le dijo el abuelo.

"No, tranquilo." Le dijo ella sonriéndole. "En casa también nos... bueno, Embry me cuidará." Afirmó mirándome.

"Eso por descontado." Afirmé sonriéndole y frotándole el brazo suavemente. "Y podemos ver una peli ¿eh? Con palomitas, o cereales, o lo que sea."

"Claro." Dijo Holly.

"¡Qué idea más buena!" Dijo la abuela feliz. "Hay maíz en la despensa, y tenéis películas en el mueble del salón."

"Oh, tenemos una auténtica colección de películas." Nos dijo el abuelo. "Hasta la de Stagecoach de Jhon Ford." Afirmó feliz. "Salía mi abuelo haciendo un papel de figurante."

"Oh, Yuma, cariño." Le dijo la abuela. "Otra vez no. Me ha hecho verla cien veces." Me dijo sonriendo. "Pero... le gusta tanto que no puedo decirle que no." Añadió riendo como una adolescente enamorada mientras el abuelo no podía oírla porque fue a la cocina a rellenar la jarra de agua de la mesa con agua fresca.

Eso me hizo sonreír mientras sujetaba la rodilla de Holly bajo la mesa con suavidad, más bien con la mano apoyada en su rodilla bajo la mesa.

Sonreímos y charlamos hasta que acabamos de comer, y luego los abuelitos se pusieron a recoger los dos.

"¿De verdad no te importa quedarnos solos?" Le dije a Holly dejándola en el sofá con cuidado y apartándole las muletas para poder sentarme junto a ella en el suelo tras poner la mesa.

"Hum... no." Me dijo. "Es... no pasa nada."

"¿Y no te da miedo que el lobo te ataque?" Le pregunté sonriendo y susurrándole cerca del oído.

"Un poco..." Me dijo suavemente y girando la cara, pero no suficientemente rápido como para que no pudiese ver cómo se sonrojaba haciéndome sonreír divertido.

Entonces me di cuenta que Holly no era tan incauta como parecía. Sabía perfectamente cómo jugar sus cartas, como había demostrado en la playa, en el agua antes del ataque, y como había demostrado hacía nada mientras comíamos; y apostaría por su sonrojo a que también sabía perfectamente a qué me refería con lo que le había dicho.

Así que la rodeé con un brazo y le hice unas cosquillas haciéndola reír y revolverse para que parase, así que paré y le di un beso en el pelo para mirar la tele.

"Estamos en casa de los abuelos." Me dijo suavemente. "No quiero..."

"No te preocupes, no voy a hacerte nada hasta que no estemos solos de verdad." Le dije sonriendo y susurrándole antes de volver a besarle el pelo y mirar la tele.

Si ella no quería hacer nada en aquel sitio con los abuelos por allí, cosa que yo podía entender y compartía, por mi estaba bien.

La verdad es que supongo que la idea de hacerle nada en contra de su voluntad o que aquella adorable pareja de ancianitos pudiese vernos o poder defraudar la confianza que estaban depositando en nosotros era superior también; así que nada, me quedé allí quieto, rodeándola con el brazo y sonriendo mientras veíamos la tele y ella se mantenía más o menos recta en el sofá pero con su mano apoyada en mí.

Bueno, algo era algo.

Sonriendo le cogí la mano con suavidad y le di otro beso, esta vez en los labios pero muy Light, puesto que podían pillarnos los abuelitos y tampoco era plan de que me dijesen que nos separásemos o se nos fastidiase el plan de quedarnos un buen rato solos.

Entonces ella me miró sin expresar nada y sonrió para mirar a un lado de reojo y devolverme el beso.

Eso me hizo sonreír y volver a besarla, esta vez más rato y con algo más de pasión para parar y mirar al lateral antes de sonreírle.

"Mejor lo dejamos un poco, no sea que vengan los abuelos y nos pillen." Le dije sonriendo.

"Sí, es... son como mis abuelos también." Me dijo suavemente asintiendo para volver a mirar la pantalla, cosa que yo imité.

Sonreí y miré la tele, sin embargo, me vi obligado a volver a mirarla de reojo para ver cómo se rozaba los labios con un solo dedo y sonriendo.

Eso me hizo sonreír a mí también y volver a rodearla con un brazo para atraerla un poco hacia mí con suavidad.