Capítulo 37
Una proposición
—Es mejor que te vayas—habló Bella, después de unos minutos.
—Sí, es lo mejor—concordó Hermione, dándose la vuelta para salir de la habitación.
—No tienes por qué volver—dijo, antes de que desapareciera por la puerta.
—Lo sé.
Volvió su vista para observarla una vez más y salió de esa casa, lo más rápido que pudo.
Moría de sueño, pero no pretendía acostarse. La tarde estaba preciosa y debía aprovecharla. Ya tendría tiempo para descansar cuando llegara a la Mansión Malfoy.
Caminó calle abajo, pensando en lo que recién había ocurrido. Se lo había dicho…le había soltado que estaba enamorada de ella. No se sentía arrepentida, ni avergonzada como había imaginado.
Se ajustó su chaqueta y resguardó sus manos en los bolsillos.
Amargada, era la palabra correcta.
Resignación y amargura, se alojaban en su pecho.
Suspiró, viendo como el vapor salía de su boca, por el aire congelado y su vista se distrajo cuando una pareja cruzó la calle, a las risas.
¿Por qué su vida no podía ser como la de ellos?, los envidió, con un gesto de tristeza. ¿Qué había hecho mal, en su pasado, qué ahora se lo estaban cobrando?
Llegó al final de la calle y se aproximó a un paredón resguardado.
Comprobando que nadie la viera, desapareció, dejando Grimmauld Place atrás.
Con un zumbido, apareció en la colina.
La madriguera se veía tranquila, desde lo lejos.
Avanzó, con tranquilidad, y cuando llegó hasta la puerta de entrada, tocó la madera tres veces.
—Pensé que no vendrías—saludó el pelirrojo, con una sonrisa y abrazándola.
—A mí también me da gusto verte—dijo Hermione, correspondiéndole.
—¡Pasa, pasa! Estamos solos.
—¿Y eso?
—Mis padres salieron con Perpetuo. Pobre niño, en algún momento, era evidente que necesitaría ropa nueva—extendió sus brazos, con un gesto gracioso.
—¡Jajaja!
—Sí, tú te ríes, pero tendrías que haberlo visto con las remeritas, que prácticamente le llegaban al ombligo. Ha crecido un montón—contó.
—¿Y los demás?—quiso saber.
—Mis hermanos, trabajando y Harry, en san Mungo…como siempre—dijo, rodando los ojos.
Hermione, se quitó el abrigo y se lo dio a su amigo para que lo colgara.
—Hace días que no hemos sabido nada de ti. Déjame adivinar. La loca esquizofrénica, ha ocupado tu tiempo—aventuró.
—Ni que lo digas—exhaló la castaña, levantando las cejas.
—No tienes buen aspecto—analizó, frunciendo la boca—. ¿Has comido?—inquirió.
—Hoy almorcé en la Mansión, pero no mucho.
—Ah, disculpa. Me olvidé que ahora la señorita, sólo come manjares servidos en platos de porcelana—se burló, haciendo que comía con dos dedos, levantando el meñique.
—No seas idiota, Ron—lo regañó, pegándole un manotazo en el hombro—. Sabes muy bien que yo no soy así. ¡Y sí, tengo hambre!—afirmó.
—Era broma—dijo, riendo—. Mamá, dejó preparadas unas empanadas. Yo le dije que tal vez vendrías, y bueno, ya sabes como es. ¡Hizo una fuente!
—Tu madre es una genia.
—Ven, siéntate—apuró, trayendo la bandeja y colocándola sobre la mesa—. Cuéntamelo todo—pidió, destapando la comida—. No te saltes ningún detalle. La trasladaron a Grimmauld Place, ¿no es así?
—¿Y tú cómo lo sabes?—preguntó, mirándolo de golpe.
—Bueno, saberlo, saberlo…no, pero me lo imaginé—dijo, engulléndose una empanada, de una sola mordida—. Harry estaba como loco cuando llegó de la reunión en Hogwarts. Dumbledore, no le explicó prácticamente nada, pero tarde o temprano, lo terminará descubriendo—afirmó, completamente convencido.
—Tengo que hablar con él—reconoció, masticando con lentitud.
—Así es. Mejor que se entere por ti, y no cuando reviente todo—opinó.
—Sí, tendré que armarme de coraje—asintió, de acuerdo con su amigo.
—Cuéntame, ¿cómo está?
—Comenzando a recordar.
—¿Cómo comenzando a recordar? Está Obliviada—casi chilló, si no fuera que tenía la boca llena de comida.
—Sí, pero no era un Obliviate permanente. Dumbledore lo hizo a propósito.
—¡Por Merlín! ¿Y qué harán cuando se descontrole?
—Sinceramente, no lo sé. Recordó que se llama Bellatrix y que es bruja.
—Hermione, no debes exponerte más. Es peligroso.
—Estoy pensando en no volver a verla—dijo, bajando la cabeza.
—Me parece fantástico. La mejor decisión que puedes tomar, es alejarte de todo ese lio.
—Le dije que la amaba—susurró, mordiéndose el labio.
—¿De verdad? ¿Y qué te dijo?—quiso saber, de inmediato.
—Que me fuera.
—Bueno, la primera vez en la historia que concuerdo con ella—expresó—. La Bellatrix que te destrozo la vida, está a punto de regresar. Ya es hora de que te retires.
—Cambiemos de tema—pidió la castaña, comenzando a masticar su segunda empanada de queso—. ¿De qué querías hablar conmigo?
—Te quería proponer algo…
—Qué nos casemos—bromeó Hermione.
—Sí, aparte...—asintió, lanzándole un beso—. Bien, hablando en serio—retomó, dejando de reír—. Quiero mudarme.
—¿Mudarte?, ¿A dónde?
—No lo sé, a un apartamento tal vez. Pero lo qué quería ofrecerte, era que te vinieras conmigo. Que alquilemos juntos—propuso, esperanzado—. He ahorrado un poco de dinero, y hablando la otra noche con Fred, se nos ocurrió que podría hacer la cadetería del local, los fines de semana.
—Me has tomado por sorpresa—dijo la castaña, dejando de comer—. Me encanta la idea, pero no he cumplido la mayoría de edad, todavía.
—Lo sé, pero se me ocurrió que podrías hablar con la madre del hurón. No se negará, prácticamente, te ama. Podrías decirle que viniera a dormir, todas las veces que quisiera o que tú las necesitaras.
—Te he dicho que eres un idiota, ¿no?—lo apuntó con la mitad de la empanada.
—En una o dos ocasiones, no más—apretó los labios para no reírse—. ¿Y bien?, ¿qué dices?
—¿Y Harry?—preguntó, un tanto preocupada.
—¿Qué con él?
—Quedaremos mal si nos vamos a vivir juntos y no le ofrecemos venir—concluyó, culpable.
—Por eso no te preocupes—descartó la posibilidad—. Sus visitas a San Mungo, ya han tenido su resultado. Parece que nuestro amigo, ocupará ciertas habitaciones, cuando regresemos a Hogwarts.
—¡Oh, por Merlín!—exclamó, tapando su boca.
—El grasiento, parece que está dispuesto a bajarle la luna, si a Harry se le antoja. ¡Quién lo diría!
—Bien, por él—se alegró Hermione.
—Retomando el tema…Tendremos que organizarnos. No se me ha ocurrido donde puedo ir a averiguar—habló, pensativo, haciendo tamborilear sus dedos sobre el filo de la bandeja—. Creo que cerca de la casa de la abuela de Neville, han puesto algunos carteles de apartamentos vacios,—recordó, vagamente— pero no sé, tendríamos que ir hasta ahí y cerciorarnos.
Hermione, guardo silencio. Y como un flashazo, se le ocurrió la idea más brillante.
Juntó sus manos, sobre la mesa y mirándolo fijamente, lo soltó:
—¿Cómo te ves viviendo en Luciole?
—¿El pueblo, donde escondieron a la loca?—preguntó, espantado, a la vez que se atragantaba con un trozo de masa.
—Exacto—asintió, con una sonrisa de oreja a oreja.
¡Pude terminar el capítulo! Muerta de frío, con una taza de té a mi lado y la estufa a leña :)
Espero que les guste, un abrazo y comenten.
Lizi: Ahora mudanza, jaja. Nuevamente a Luciole.
Karla: Hermione no se aguantó más, se lo soltó todo y Bella quedó anonadada. Muchas gracias por tu comentario en "Noche en el antro" Que bueno que te gustara :)
Cousin96: Bella en cualquier momento sale a relucir. Ya recordó como se llama y que es bruja.
Dios17: Hermione, cuando apareció en Luciole, se presentó con Bella, como Luna, la nieta de Antoine. Por el momento, Bellatrix, sigue creyendo que Hermione se llama Luna.
Steph: Bella, aparte de recordar su nombre y su esencia, también su rechazo a las personas mestizas.
Jessi-04: Gracias, me alegra saber que estás pendiente de los capítulos.
