CAPÍTULO 38: MATT IN LOVE.
El despertador de Ízar sonó aquella mañana sacando a los chicos con más o menos éxito de su sueño. Ízar lo apagó y se quedó mirando el techo de su cama con los brazos extendidos intentando averiguar cómo enfrentar ese día.
Escuchó a Ron levantarse y a Harry y Alan roncar como todas las mañanas, así que cogió aire y al igual que hacía siempre desde que había llegado al colegio zarandeó a sus amigos hasta que abrieron los ojos, pero a diferencia de lo que ocurría habitualmente Alan saltó de la cama a la segunda sacudida.
-¡Ya verás qué cara pone cuando vea lo que le he comprado!- le dijo a Ízar cuando éste salió del baño ya arreglado.
-Uy estoy que no vivo en mí nada más que de pensarlo- le contestó él cargado de sarcasmo.- Harry levántate ya o no llegas.
-Un poquito más.- ronroneó Harry abrazado a su almohada.
-¿Pero no habíais hecho ya las paces?- le preguntó Alan extrañado- Para ser su amigo deberías ser un poco más agradable.
-¿También le vas a poner pegas al tipo de amigo que soy?- le preguntó irritado- ¡Harry, arriba!- le gritó y lo zarandeó tan fuerte que se sobresaltó.
-¿Y a ti qué te pasa?- le preguntó en medio de un bostezo.
-Es el cumpleaños de Andrea- le explicó Alan- Tío que te levantes.- le volvió a decir a Harry cuando este se acurrucó de nuevo en su almohada.- ¿Le has comprado algo?- le preguntó a Ízar mientras se peinaba.
-Pues claro que no. Ahora sólo somos amigos.- replicó todavía un poco picado.
-Y nosotros y le he comprado unos zapatos que estaba como loca con ellos.
-Pues yo no le pienso regalar nada.- le contestó secamente. Entró en el baño, quitó a Ron de delante del espejo y llenó un vaso de agua.- ¿Harry te levantas o qué?- Harry sólo gruñó.
-¡Aaaaah! ¿Qué coño haces?- gritó Harry sobresaltado con todo el pelo mojado.
Sus tres compañeros de habitación tuvieron que agarrarse a los doseles de sus camas para no caerse al suelo entre carcajadas, cuando Ízar de mal humor y harto de que todas las mañanas Harry hiciera lo mismo le había tirado un vaso de agua por la cabeza.
En la sala común ya estaba Matt charlando con Ginny y con Dean sobre un trabajo de herbología que tenían que presentar esa mañana y en el sofá Hermione se había sentado junto a una Andrea que tenía una cara horrible.
-¡Andy, preciosa, feliz cumpleaños!- exclamó Alan al verla pero se detuvo cuando ella le miró con ojos lastimeros- Bueno preciosa, preciosa… ¿Qué te pasa?
-Estoy fatal.- se quejó ella- Tengo la regla, me duele el estómago y la cabeza.
Alan se sentó a su lado y la acurrucó contra él como hacía siempre que se ponía penosa, pero ella esta vez miró a Ízar al otro lado de la sala que no quitaba ojo de la escena.
-¿Quieres que te cure? – ella negó como hacía siempre- Venga, sólo hoy por ser tu cumpleaños.
-Me voy a quedar en la cama y si a la hora de la comida no se me ha pasado te busco para que me cures ¿Vale?
Alan la dejó en el sofá con un último achuchón y recogió su mochila cuando Harry e Ízar se acercaban.
-¡Feliz cumpleaños!- le dijo Harry y le dio un abrazo- Mal día para ponerte enferma.
-Gracias,- contestó ella con media sonrisa.
Ízar se sentó a su lado y la miró con ternura. Le hubiese gustado hacer lo mismo que había hecho Alan pero no fue capaz.
-¡Qué mierda de cumpleaños!- se quejó Andrea- Tengo que estar horrible.
Él la miró y aunque tenía ojeras y los ojos tristes y estaba un poco pálida la vio tan guapa como siempre y sólo pudo sonreír.
-Estás muy guapa, como siempre.- le hizo una caricia en la mejilla y se puso de pie- Felicidades.
Las clases se hicieron largas y aburridas. Todos los profesores habían puesto la marcha directa hacia los TIMOs y les pusieron muchísimos deberes y para colmo aún era martes y no habían tenido clase con de defensa que era la más entretenida para ellos así que cuando llegó la hora de transformaciones, antes de comer, lo que antes hubieses sido un suplicio por tener que aguantar a Christine estresada ahora era un alivio para todos ya que Sirius siempre se apiadaba de ellos y procuraba hacer todas las clases prácticas.
Entraron en clase de transformaciones con el habitual barullo, ahora mucho más pronunciado desde que la primavera los había revolucionado. Sirius entró más tarde que sus alumnos y empezó a buscar en su mesa su varita, no tenía ni idea de donde la había metido y llevaba toda la mañana buscándola. Al final la encontró debajo de un montón de pergaminos sucios y respiró tranquilo, era la tercera vez que la perdía en lo que iba de mes.
-Bueno chicos- empezó- A ver… ¡Chicos!- llamó al ver que no guardaban silencio.- ¡Que os calléis!
La clase guardó silencio aunque mantuvieron el gesto relajado.
-Hoy intentaremos crear animales.- dijo Sirius paseando por entre las mesas.- No espero que hagáis animales muy complejos, así que empezad por un insecto o un ave pequeña.
Sirius siguió explicando el movimiento de varita y las palabras que tenían que emplear para conseguir que apareciera un animal sobre sus pupitres. La mayoría estaba muy atentos a las explicaciones, salvo Alan, Harry e Ízar que tenían más que claro que ellos serían capaces de hacer aparecer cualquier animal, incluso si se lo proponían podrían traer a la clase una pantera, un lobo o un tigre blanco.
-Muy bien, entonces- dijo cuando acabó su explicación.- Podéis empezar por insectos.- hizo un movimiento de su varita y encima de su mesa apareció un saltamontes- o un reptil- repitió y el movimiento y el insecto se convirtió en un camaleón- un ave o un mamífero.
Movió dos veces más la varita y el camaleón pasó a ser un tucán y el tucán en un mono que se le descontroló un poco a Sirius y empezó a saltar entre los alumnos tirando a las chicas del pelo hasta que Sirius lo alcanzó y lo hizo desaparecer.
-Ahora vosotros.
Hermione hizo aparecer una bandada de pájaros que volaron sobre su cabeza en círculos mientras ayudaba a Ron a conseguir su ejercicio. Harry e Ízar también habían conseguido impresionar al resto de sus compañeros conjurando dos cachorros, un pequeño bulldog francés todo blanco con las caretas negras, que Harry dijo que le regalaría a Yael en cuanto la viera y un pequeño gatito blanco, que se aferraba con las uñas a la túnica de Ízar.
-¿Un gato?- dijo Sirius sorprendido delante de la mesa de su hijo- ¿no crees que ya tenemos suficientes felinos en la familia?- le susurró para que nadie se enterara.
Como única respuesta, Ízar cogió el pequeño gato de ojos grises delante de su cara y Sirius tuvo que alejarse de allí con los pelos de la nuca erizados.
Alan pasó la clase charlando con una chica de Hufflepuff que se sentaba normalmente detrás de él y que luchaba por crear un escarabajo pelotero. Andrea no había ido aún a clase así que se había quedado sin compañera y encontró la mejor forma de entretenerse charlando con aquella chica con la que ya había quedado en un par de ocasiones.
-Lupin.- le llamó Sirius- No he visto su animal.
-¿Qué más da?- le dijo con superioridad- Si total voy a llevarme un Excelente.
Sirius se cruzó de brazos y lo miró esperando que agitara su varita para ver su ejercicio. A Alan le hizo gracia verlo allí tan serio intentando aparentar autoridad, así que claudicó y se hizo a un lado. Con un gesto señaló a Harry que se apartara y ante la perspectiva todos sus compañeros, que ya estaban pendientes de él dieron un paso atrás justo antes de que moviera su varita.
Un enorme hipopótamo apareció en medio de clase con su gigante boca abierta lo que hizo que la mitad de las chicas dieran grititos asustados y la clase al completo se pegara a las paredes. Sirius movió su varita y convirtió el hipopótamo en un dulce conejito de orejas caídas. Miró a su sobrino con rencor mal fingido y le puso el conejo encima de la mesa.
-¿Y mi nota?- le dijo Alan riéndose cuando Sirius se marchó hacia su mesa.
-Supera las expectativas.- le dijo Sirius mirándole con la misma sonrisa de superioridad que su ahijado solía usar- Le faltaban las orejas.
Alan se dejó caer en su silla un poco enfurruñado especialmente cuando Harry e Ízar y sus queridos Excelentes se dieron la vuelta entre risas.
-¿Un hipopótamo tienes orejas?- les preguntó sin poder reprimir por más tiempo una carcajada.
De camino al gran comedor, se encontraron con Matt y Ginny que volvían de su clase de herbología. A diferencia de Ízar y Harry, que estaban encantados con los animales que habían conjurado, Alan estaba deseando deshacerse de su conejo que ya le había mordido dos veces.
-Para ti.- estrelló el conejo en el pecho de Ginny casi sin mirarla y le pasó un brazo a Matt por los hombros.- ¿Y tú qué tío? ¿Te veo raro últimamente?
Ginny se quedó parada en medio del vestíbulo con una sonrisa boba y el conejo de largas orejas entre sus brazos mirando hacia donde Alan acababa de irse con Matt.
-¡Ay!- suspiró
-¿Estás bien?- le preguntó Harry empujándola hacia el gran comedor. La única respuesta que tuvo fue otro suspiro lastimero que le hizo reír.
A pesar de que le hacía gracia la reacción de Ginny en cuanto entró en el gran Comedor se olvidó de todo. Yael estaba allí esperándole. La cogió de la mano, le dio un suave beso en los labios y se la sentó en el regazo.
-Esto es para ti.- le dijo dándole un beso en el cuello y enseñándole el cachorrito que había conjurado.
-Ooooh- suspiró ella- pero si es una monada.
Se abrazó a Harry dándole pequeños besos en el cuello ignorando las bromas del resto de sus amigos. Llevaban desde el sábado escuchando bromas y sornas sobre su sonora declaración de amor y a esas alturas pasaba de cualquier cosa que pudieran decirles.
-¡A ver, los novios!- se quejó Ízar que estaba sentando a su lado- Iros a una habitación.
-¿Envidia?- le preguntó Yael con sorna.
Ízar le hizo un gesto de disgusto y volvió a concentrarse en su gato.
-Hola- les saludó Andrea que acababa de llegar con peor cara aún que la que había tenido al despertarse- Vengo a que me cures, no aguanto más.- le dijo a Alan.
Andrea se dejó achuchar por Yael y recibió las felicitaciones del resto de compañeros que estaban cerca, pero lo único que tenía en la cabeza era abrazarse a Alan y que la llenara de su energía.
-Ven aquí, que eres una bruta.- le dijo Alan y la sentó en sus piernas.- Mira que te tengo dicho que no aguantes el dolor.
Ízar miró a derecha e izquierda y no le gustó lo que vio. A un lado Yael seguía haciéndole mimos a Harry en agradecimiento por su regalo y al otro, Andrea estaba acurrucada entre los brazos de Alan que la estaba cubriendo con su energía. A pesar de que sabía que entre ellos no había nada no pudo evitar sentir una punzada de celos.
- ¡Ay, pero qué cosa más bonita!- exclamó Andrea ya recuperada, al ver el gato, todavía sentada en el regazo de Alan- ¿De quién es?
-Lo he hecho yo en transformaciones.- contestó Ízar.
-Mira lo que me ha regalado a mí Harry.- le dijo Yael encantada enseñándole a su perrita- ¿A que es monísima?
Andrea empezó a juguetear con el pequeño gato blanco de Ízar que andaba a saltitos entre los platos.
-Me recuerda a alguien.- dijo Alan mirando a Harry con una sonrisa traviesa.
-Sí, a mí también,- dijo Harry riendo- Pero ahora verás.
Cogió su varita y con un pequeño movimiento el gato acabó teniendo pequeñas rayas negras por todo su cuerpo.
-Tío- exclamó Alan- ¡Qué memoria! Son las mismas rayas.
-Ahora es aún más bonito. – exclamó Andrea- Parece un tigre blanco. ¡Me encantan! Son mis animales favoritos.
Si Harry y Alan hasta ese momento se lo estaban pasando en grande entre risas, en ese momento empezaron a reír a carcajadas.
-¿De verdad?- fue lo único que acertó a preguntar Ízar ignorando las risas de sus amigos.
Ella asintió con una sonrisa y acarició al pequeño gato entre los ojos. Si se hubiese fijado en algo más que el cachorrito, habría visto que en ese momento Ízar por mucho que se resistía, se estaba derritiendo con los mimos que Andrea le estaba haciendo a aquel gatito que en ese momento tanto se parecía a su forma animaga.
-¿Por qué no se lo regalas?- le dijo Alan- Es su cumpleaños.
Ízar se tensó e instintivamente abrazó con fuerza el gatito. Por un lado, se sentía muy identificado con aquel animal, era como una parte de él y no quería desprenderse de él y por otro, aunque ya sabía que era el cumpleaños de Andrea, por supuesto que lo sabía, había pensado comportarse como un amigo raso y dedicarle exclusivamente un "feliz cumpleaños" sin nada más especial.
Ante su reticencia, Alan y Harry empezaron a hacerle gestos con la cabeza para que claudicara, pero Ízar, demasiado agobiado con la situación, negó con la cabeza.
-No hace falta que lo hagas.- le dijo dolida.
Andrea se levantó y salió de allí a toda velocidad chocando con Hermione y Ron que en ese momento entraban en el gran comedor.
-Eres idiota.- le dijo Harry a Ízar.
-La estás cagando.- apoyó Alan dándole un pequeño empujón- Como sigas así, te la va a levantar otro.
-¿Pero tú…? – preguntó confuso Ízar.
Ízar no fue capaz de terminar la frase demasiado estupefacto para asimilar que Alan acababa de decirle que prefería que fuese él quien saliera con Andrea. Intentó volver a su comida pero no le entraba nada y lo único que podía ver era al pequeño gatito maullando con tono agudo mientras intentaba mordisquear sus dedos. Al cabo de cinco minutos se levantó de malas formas y subió a la sala común. Entró enfadado consigo mismo por haber sido tan idiota de no haber sido capaz de reaccionar, tiró la mochila con fuerza en el sofá sin mirar y se dejó caer en el sillón.
-¡Auch!- se quejó Andrea cuando se sentó encima de ella.
-¡Qué susto!
Ízar se puso de pie inmediatamente y miró encima de quien se había sentado. Se puso nervioso al ver que había sido Andrea y se sintió culpable cuando se dio cuenta de que estaba sola y triste el día que cumplía dieciséis años. El pequeño gato hizo un esfuerzo por no caerse, anclado con sus uñitas a la túnica de Ízar, y trepó hasta su hombro.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó ella enfadada.
-No tenía hambre.- suspiró dejándose caer en el sofá.
Se callaron un rato creando entre ellos un silencio incómodo que de vez en cuando rompía el gatito con maullidos agudos.
-Andy… esto…- empezó Ízar sin saber muy bien qué decir- Siento mucho lo de antes.- ella lo miró extrañada- No es que no quisiera regalártelo, es que… no sé… me pilló por sorpresa.
-No te preocupes. – le cortó ella con una sonrisa falsa- Ya te dije que no hace falta que me lo regales.
Ízar chasqueó la lengua y le hizo un gesto con la cabeza para que se sentara a su lado, ella negó con los brazos cruzados y él volvió a intentarlo haciendo gala de su mejor sonrisa. Ella al final claudicó y se sentó en el mismo sofá que él aunque lo más apartada que pudo. Él cogió el gato que estaba jugando con sus mechones, le hizo una carantoña y se lo puso a ella en el regazo.
-Feliz cumpleaños.
Ella negó con la cabeza y se lo devolvió.
-No hace falta, Ízar, de verdad, tú no quieres hacerlo.- murmuró sin mirarle.
Ízar se sentó más cerca de ella, demasiado cerca. Tanto que estuvo a punto de lanzar el gato por la ventana y hacerle un regalo en el que sus labios iban a tener más protagonismo, pero respiró hondo, se restregó la cara y le sonrió con cariño.
-Sí que quiero hacerlo. No creo que haya nadie mejor para cuidarlo. – le dijo con una voz dulce que usaba habitualmente con ella cuando salían juntos- Acepta mi regalo, por favor.
Andrea sonrió como una tonta al tenerle tan cerca hablándole así de cariñoso. Más que el pequeño gatito blanco de rayas negras, aquel era el mejor regalo que podría hacerle por su cumpleaños. Aceptó el gatito y lo cogió entre sus manos haciéndole carantoñas con la nariz.
-Llámalo Stripe. – le susurró Ízar demasiado cerca de su cuello. Se dio el lujo de aspirar su olor que tanto echaba de menos.
-¿Y ese nombre?- se giró para mirarle y cuando lo vio aún más cerca que antes sintió un nudo en la garganta.
-Es algo importante para mí. Algún día te lo contaré.
Ella le dio un beso en la cara haciéndole una caricia con la mejilla. Esa vez no había tenido que pillarle de improviso y para su enorme alegría, Ízar también le dio un pequeño beso que le supo a gloria.
-Gracias.
Ajeno a toda la palabrería que estaban teniendo Ízar en la sala común, todavía en el Gran Comedor, Sirius le estaba contando a Remus y a James como había vacilado a Alan en la clase. Moony no podía evitar reírse, aunque era más disimulado que el animago, ya que sus carcajadas se podían escuchar por toda la sala. James, por su parte, sonreía, más por cumplir, que no porque estuviera escuchando lo que contaba Sirius.
-Te lo juro Moony, si no hubiese sido porque es mi ahijado lo hubiera estampado contra el bicharraco ese – le iba contando – cuando le he visto la cara esa de chulo que pone, sabía que algo gordo iba a sacar, ¡pero no veas que susto me he pegado! – Remus rio con ganas mientras negaba con la cabeza, su hijo no tenía remedio – aunque también os digo una cosa – Sirius bajó la voz e hizo que sus amigos acercaran las cabezas a él - le he soltado el moco ese de las orejas, pero no las tengo todas conmigo – dijo a modo de confesión, y tal era la cara de incertidumbre que ponía Padfoot que Remus no pudo evitar carcajearse.
Esa última carcajada no pasó desapercibido en la mesa de Gryffindor. Alan y Matt, que eran los que quedaban en la mesa (Harry ya había salido con Yael y la perra) levantaron la vista al reconocer la risa. Alan sonrió levemente al ver a Remus más feliz de lo que lo solía ver últimamente, pero no hizo comentario alguno. Se limitó a levantar las cejas a Matt en señal de "vete a saber" y siguió con su conversación con Hermione y Ron. Pero Matt no quitó la vista de los tres merodeadores. Todavía podía ver como Sirius y Remus se reían. Eso no era raro, en los buenos tiempos, era muy normal ver a los tres compartiendo anécdotas en la hora de las comidas, incluso con el director al lado, pero lo que no era normal era que Sirius y Remus estuvieran de tan buen humor y James estuviera calladito a su lado, sin intervenir en la conversación.
-Algo le pasa – se dijo Matt a si mismo mirando como su padre sonreía distraídamente a un comentario que le había hecho Sirius.
-Matt, ¿te viene a dar un paseo antes de ir a clase de defensa? –preguntó Ginny interrumpiendo los pensamientos del chico.
-Claro – aceptó no sin antes volver a mirar a la mesa presidencial y saludar con un guiño a su padre cuando sus miradas se conectaros.
Mientras los chicos de quinto curso de Gryffindor estaban en los terrenos esperando a que la clase de criaturas mágica empezara, Matt estaba esperando a que James y Remus abrieran en aula de defensa contra las artes oscuras. El pequeño de los Potter estaba un poco apartado del resto de sus compañeros. Después del paseo con Ginny y mientras se dirigían al segundo piso para empezar la clase, se habían cruzado con un grupo de estudiantes de último curso. Eso no era algo extraño, de hecho, era muy normal que los alumnos tuvieran amigos de otras residencias y de cursos diferentes a los suyos debido a los constantes cruces en los pasillos, pero en ese grupo no había ningún amigo ni de Ginny ni de Matt, por desgracia de este último. Con solo girar la esquina, Matt la había reconocido. La hubiese reconocido incluso con los ojos cerrados. Desde hacía tres días, cuando se la había encontrado por los pasillos al salir de la biblioteca, no hacía más que pensar en ella. Su ángel rubio. Y ahí estaba, riendo y gesticulando de forma desenfada con sus amigos. Una punzada le cruzó el pecho y empezó a sentir en el estómago un revoloteo hasta ese momento desconocido para él. Le hubiese encantado que esa chica, la cual todavía no sabía el nombre, le hubiese hecho un gesto de reconocimiento, pero de momento eso, solo ocurría en sus sueños. La chica y sus amigos siguieron su camino sin ni siquiera fijarse si se cruzaban con alumnos o con duendecillos de Cornualles.
Tan metido estaba en su mal de amores, que ni siquiera se había dado cuenta de que su padre y su padrino ya habían llegado y que era el último alumno que faltaba para entrar.
-¿Todo bien, cariño? – le preguntó James situado delante de su hijo y tendiéndole la mano para ayudarlo a levantar.
-Sí, sí, claro – se apresuró a decir y después de levantarse con la ayuda de James, entró en la clase y se sentó en el sitio que Ginny le había guardado.
La clase fue, como casi todas las de defensa, amena, aunque esa tarde se podía notar un toque diferente. Ya desde la marcha de Sirius, las clases habían perdido una pequeña parte del toque tan divertido y característico que el animago aportaba. Tanto James como Remus lo sabían y por eso Prongs había ocupado el rol de profe divertido. Normalmente James los cubría a la perfección, pero ese día no estaba por la labor.
Ya hacía unos cuantos años que los merodeadores impartían la clase de defensa y de alguna manera, el enseñar se había convertido en una especie de guion, y aunque intentaban ser espontáneos, no podían evitar caer, año tras año, en las mismas bromas o los mismos comentarios jocosos. Cada uno sabía cuando James tenía que intervenir, cuando Sirius bromearía o cuando Remus recalcaría un hechizo en particular. Pero ese día a James le he había olvidado su parte de la representación. Remus se había extrañado la primera vez que Prongs no había aportado el toque humorístico de la frase, pero solo al verle el gesto ausente que tenía, lo había dejado correr y había seguido impartiendo él la clase sin preguntar. No tenía mucha idea de lo que le pasaba al animago, pero fuese lo que fuese lo tenía preocupado. Ya le preguntaría a Sirius.
-Y ahora chicos, si sois tan amables, abrid los libros por la página 154 – dijo Remus después de dar una breve explicación de lo que iban a ver a continuación – señor Potter – dijo llamando a Matt – empiece a leer, por favor. Pero parecía que ese día no era el día de los Potter, porque cuando Matt empezó a pasar páginas para llegar a la que le había pendido, se encontró un papel arrugado en medio del libro con una letra que no reconocía y que solo había escrito:
"Ensayo de pociones, Carrie Thomson, Hufflepuff, 7º curso"
Por segunda vez en un espacio de media hora el estómago de Matt dio un vuelco. ¡Era un pergamino de ella! ¡De su ángel! ¡Así se llamaba! ¡Carrie! ¡Qué nombre tan bonito! Se debía haber traspapelado al recoger los papeles apresuradamente tras su choque del sábado. La mente de Matt empezó a maquinar cómo hacer para ir a buscarla y así tener una excusa con la que hablar con ella. Estaba tan metido en su maravilloso mundo romántico que se olvidó por completo de que estaba en medio de una clase, pero un grito de su padre lo devolvió a la realidad.
-¡Matt! ¿Se puede saber a qué planeta te has ido? – le preguntó James, que también había salido de su letargo al escuchar como Remus había intentado llamar al chico sin obtener resultado. Matt dio un salto e inconscientemente guardó el pergamino detrás suyo – ¿te encuentras bien? - le dijo empezándose a preocupar. Era raro ese comportamiento en su hijo. De Harry era normal, ¿pero Matt?
-¡Si! Perdón profesor – se apresuró a excusarse y empezó a pasar las páginas de forma nerviosa. ¡Había olvidado que página tenía que ir!
Tras la tercera vez que Matt pasaba las páginas arriba y abajo, James, ya nervioso, hizo un movimiento de varita y el libro quedó abierto por la página 154.
-Ya basta hijo mío – se le escapó – ¿qué te pasa hoy?
La clase no pudo evitar reírse y Matt se puso tan colorado como el pelo de Ginny.
-¡Silencio! – pidió James y con una profunda mirada instó a Matt a que empezara a leer.
¡Riiiiing!
-Muy bien, chicos, para el viernes estudiad los hechizos que haremos clase práctica. Esto es todo por hoy – se despidió Remus dando por finalizada la clase.
Los chicos se apresuraron a recoger sus cosas y a salir de allí. Las clases ya habían terminado por ese día y la mayoría de ellos aprovecharían el resto de la tarde para pasar un rato con sus amigos por los terrenos, cenar y hacer los deberes que fueran estrictamente necesarios para el día siguiente. Matt no era una excepción. Ya tenía todo guardado en la mochila y se disponía a salir cuando la voz de James lo llamó.
-Matt, quédate un segundo, por favor – le pidió, a lo que el chico asintió a su padre y se despidió de Ginny, que tras hacerle un gesto de ánimo, se marchó de allí.
-Yo mejor os dejo solos – dijo Remus que después de hacerle un gesto cariñoso a su ahijado, también abandono el aula.
El menor de los Potter se acercó a la mesa de profesores mientras que James acababa de recoger unos ensayos de otro curso y los dejaba encima de su libro. Cuando la mesa estuvo recogida, se sentó encima y miró por fin a Matt.
-Bueno qué, ¿me vas a contar que te pasa? – le preguntó James directamente, a lo que Matt que aunque estaba preparado para esa pregunta no pudo evitar ponerse nervioso.
-No me pasa nada, papá – mintió - solo me he distraído un momento.
-Vamos cariño, que no me chupo el dedo – insistió Prongs. Todo el mundo decía que de sus dos hijos, Harry era el más parecido a él, tanto de físico como de carácter, por lo que le era muy fácil adivinar que estaría pensando, pero Matt…Matt era tan parecido a Lily que con solo verle su expresión ya podía leer su mente.
-No es nada importante – dijo bajito apartando la mirada de los ojos de su padre. ¿Por qué no podía ser como su hermano o sus primos y mentir con soltura?
-Pero hay algo ¿no? ¿Os habéis metido en un lio? – ya casi lo tenía, pensó James.
-¡No!
-Entonces solo me queda una opción: mi niño está enamorado – sentenció con una enorme sonrisa.
-¡Papá! – exclamó avergonzado. Notaba como sus mejillas empezaban a coger color, por lo que se dio la vuelta.
-¡Si es que mira que sois! Ahora que ya tengo a Harry arreglado, vas tú y te me enamoras – bromeó divertido. Matt seguía de espaldas a él, por lo que se levantó de la mesa y cogiéndole por los hombros, le dio la vuelta. Al verlo tan sonrojado no pudo evitar sonreír más -¿Y quién es la afortunada?
-Carrie Thomson de séptimo – dijo en un susurro, muerto de vergüenza.
El merodeador tuvo que hacer memoria. Repasó mentalmente a todas las chicas del último curso y en su mente apareció la chica rubia de Hufflepuff. Si no estaba equivocado, Thomson era una de las populares de su curso y creía recordar haberla visto más de una y más de dos veces con algún chico.
-Qué alto picas hijo.
-Pero ella no sabe ni que existo – dijo Matt con voz triste apartándose de su padre y sentándose en la primera silla que encontró. James sonrió con ternura. ¡Definitivamente Matt era tan diferente a Harry! Era tan dulce, tan puro y tan inocente. Para Harry eso no hubiese supuesto más que un reto, en cambio para Matt era toda una montaña.
-Por eso no te preocupes – le animó -seguro que poco a poco puedes ir llegando a ella.
-Ella nunca se fijaría en mí – dijo derrotado.
-¿Por qué dices eso?
-¡Pues porqué sí! – Gritó enfadado mirando por fin a James que lo miraba con un brillo especial en los ojos - yo no soy como Alan o como Ízar que se las llevan a todas de calle, yo soy…
-Tu eres perfecto, cariño – le cortó James mientras se situaba de cuclillas delante del chico y le cogía la barbilla obligándole a que lo mirara- no tienes nada que envidiar a nadie. Ya verás cómo esa tal Carrie acaba rendida a tus pies cuando te conozca – sentenció con seguridad.
-Gracias papá – le dijo agradecido. Aunque estaba seguro de que lo decía por hacerlo sentir mejor, de vez en cuando venía bien un halago. Lo abrazó.
Cuando se separaron, James le dirigió una sonrisa que pretendía ser reconfortante y de ánimo pero que no acabó de cumplir su cometido. Los ojos de James, siempre risueños, hoy no tenían ese brillo que acostumbraba y Matt volvió a pensar en qué le podía estar sucediendo a su padre para que estuviera tan decaído. Pensó que si tenía que preguntar, ese era el mejor momento. Era el día de las confesiones.
–Papá – lo llamó – ¿puedo preguntarte algo?
-Por supuesto
-¿Y a ti que te pasa?
-¿A mí? ¿Por qué me iba a pasar algo a mí?
-Vamos papá, que no me chupo el dedo – le dijo con sorna repitiéndole la frase que no hacía ni 5 minutos su padre le había dicho. Prongs sonrió consciente de eso –hace un par de días que estas raro y mamá también lo está. ¿Os habéis peleado?
-Para nada.
-Entonces… – insistió con esa mirada tan parecida a Lily a la que James no podía resistirse.
-Vale – claudicó. Cogió la silla que Matt tenía a su lado, la colocó delante del chico y se sentó - pero esto que te voy a contar no se lo digas a nadie, y cuando digo a nadie, quiero decir a nadie. Ni a los chicos, ni a Harry y menos a tu madre – enumeró - solo me falta que se piense que te uso para meter presión.
-Presión de que – dijo Matt que no acababa de entender.
-¿A ti no te gustaría tener una hermanita? – preguntó a bocajarro.
-¿Mamá está embarazada? – gritó con emoción.
-No – contestó James tristemente haciendo una mueca de resignación con la cara.
-Y tú quieres – dijo de forma segura Matt. Su padre afirmó - ¿y mamá? – James negó con la cabeza. – ¿y no la puedes convencer? – preguntó Matt que ya había entendido
-No puedo hacer nada, si ella no quiere, yo no lo puedo presionar – le contó con un deje de amargura - pero me encantaría tener a alguien que me necesite.
-Yo te necesito – dijo Matt sin pensarlo. James sonrió.
-Gracias cariño, pero ya sabes que quiero decir.
-Puedo hablar con mamá – se ofreció. Solo de pensar en el hecho de poder tener una hermanita ya le hacía ilusión.
-¿Cómo habíamos quedado tu y yo? - le regañó en broma - de esto ni palabra a nadie. No tendría que haberte dicho nada. Olvídalo – sentenció. Todavía con Matt mirándolo fijamente, se levantó de la silla, ayudo al chico a levantarse él también y después de colocar las sillas en su sitio le dijo - venga, vamos a comer algo y a ver si de camino encontramos a esa Hufflepuf.
Ambos recogieron sus mochilas respectivas, salieron del aula y después de que James con un movimiento de su varita sellara la clase emprendieron el camino con destino el Gran Comedor.
-Papá.. -Volvió a decir Matt cuando estaban a medio pasillo.
-Dime.
-Gracias.
Ginny acariciaba el conejito de largas orejas que Alan le había regalado el día anterior, ajena a las conversaciones de sus amigas y con los ojos puestos en los chicos de quinto curso, que charlaban animadamente a unos asientos de ella, mientras picoteaban las delicias del desayuno.
-Cafeína por favor.- suplicó Alan, juntando las manos y deshaciendo el gesto, mientras Ízar se compadecía de él y le rellenaba un vaso con café negro.
-¿Y a ti qué te pasa?- preguntó Matt, alzando las cejas. Alan bebió medio vaso de un sorbo, pasándose una mano por la cara y lanzándole el horario a su amigo. El menor de los Potter le echó un vistazo, pero se lo devolvió sin ningún comentario.
-¡Mira!- Alan se lo colocó a la altura de la cara, por si hubiese confundido los días.- ¿Es qué no ves las clases que tenemos? ¿Cómo voy a soportarlas con lo cansado que me encuentro?
-Estás cansado porque anoche te cepillaste a...- Harry hizo recuento mental.- ¿Tiffany?- Alan negó con la cabeza.- ¿Sophia? ¿Clarise? ¡Agggg! No importa, a quien fuera.
-Estoy agotado porque mi madre necesita energía.- aclaró, mientras sus amigos endurecían el semblante. Cogió una tostada y la untó con mantequilla. - Y un poco agobiado, la verdad.- Ízar y Harry, sincronizados, lanzaron miradas furibundas hacia Matt, que era el que más tacto tenía para los asuntos serios.- ¿No lo notáis?- las expresiones de Ízar y Harry se descompusieron aún más, empezándose a preocupar por la salud mental de su amigo.
-Esto...- empezó a decir Ízar, al ver que Matt no sabía cómo romper el hielo.- Tío, que no somos arcángeles...nosotros no notamos nada.- Alan dejó el cuchillo de malas formas, salpicando mermelada de melaza en todas las direcciones y arqueando las cejas en un gesto de contrariedad.
-No, idiotas, hablo de los mayores.- Harry volvió a intercambiar miradas con Ízar, que estaba más pálido, mientras Matt se tapaba la cara con una mano y negaba con la cabeza.
-Oye, Alan, será mejor que vayamos a ver a Madam Pomfrey- se decidió Harry.- En verdad debes encontrarte mal si piensas que podemos notar lo que pasa con los mayores...- Alan apuró el café y reposó el hombro sobre Matt, el único que parecía ser lo bastante normal como para entender de qué hablaba.
-Mamá está preocupada.- admitió el menor de los Potter, ignorando a Ízar y a su hermano, que no comprendían porqué le seguía el rollo a su amigo.
-¿Crees que sabe algo que desconozcamos?- quiso saber Alan. Matt se encogió de hombros, negando con la cabeza. Alan se derrumbó, enterrando el rostro sobre los brazos, agachando la cabeza.- No sé cómo voy a impedir que mi madre me deje al margen en el parto.
-¿Eso quiere hacer?- inquirió Ízar. Al parecer, él y Harry acababan de comprender que con "mayores", Alan se refería a sus padres, no a la jerarquía superior de los arcángeles.
-Tío, estarás ahí para cuando nazca tu hermana.- le apoyó Harry. Los demás asintieron conformes.- Ya se nos ocurrirá algo...- Alan levantó la cabeza y se los quedó mirando fijamente. No era muy ducho a expresar sus sentimientos, pero en aquel momento hubiese deseado que el tiempo se detuviera y aquel instante quedara inmortalizado en su memoria. Harry, Ízar y Matt podían tener sus complicaciones, incluso podían hacerle enfadar, pero a la hora de la verdad, eran los mejores amigos que Alan podía tener y daba gracias todos los días porque estuvieran a su lado. Se echó la mochila al hombro, acompañado por ellos, mientras Matt e Ízar se miraban largamente: lo que no le habían confesado a Alan era el miedo que tenían de que algo pudiera pasarle a él.
-Pobrecito.- murmuró Ginny, mientras veía como los chicos salían del Gran Comedor. Yael y Ethel se sentaron junto a ella y Hermione, que había estado charlando animadamente con Seamus, ya que Ron se había quedado dormido y no había tenido tiempo de bajar a desayunar.
-¿De quién hablas?- quiso saber Ethel, cogiendo una magdalena y desmigándola. Ginny desvió los ojos de la entrada y los centró en sus amigas. El conejito de largas orejas seguía moviéndose en sus brazos.
-De Alan...lo está pasando mal con todo lo de su madre.- Ethel puso mala cara. Lo cierto era que el chico le parecía un prepotente.
-No te agobies. Ya se le pasará luego, cuando quede con alguna...
-Voy a pedirle salir.- confesó Ginny, sonrojada, mientras jugueteaba con el animal. De pronto, Hermione dejó a Seamus con la palabra en la boca, Yael se atragantó con el zumo de calabaza y Ethel dejó caer la magdalena sobre la mesa.
-¿He oído bien?- preguntó Hermione, titubeando. Ginny bajó la cabeza y se encogió de hombros.
-Estoy segura de que le gustó.- afirmó, intentando infundir seguridad a su voz.- Si no...¿por qué me regaló el conejito?- lo levantó para que sus amigas lo vieran, como si fuese una prueba irrefutable. Yael y Hermione se miraron, intentando transmitirse mentalmente la forma de expresar sus opiniones, sin que fuesen demasiado crueles.
-Ginny, cariño.- lo intentó Yael, pasándole una mano por el pelo.- ¿No crees que Alan es un poco...sueltito?- Ginny se apartó de ella, poniendo cara de ofendida.
-¡Claro que no!
-¡Pero si se ha acostado con medio colegio!- le gritó Ethel, que no tenía tanto tacto como sus amigas.- ¡Es como un putón verbenero en versión masculina!
-¿Cómo te atreves?- gruñó Ginny, levantándose de la mesa y colocándose las manos en la cintura. Las orejas se le habían enrojecido a causa del enfado y la vergüenza. Acababa de confesarles sus anhelos a sus amigas y ellas intentaban disuadirla, seguramente, porque estaban celosas.- ¡Es una fachada! Hace ver que todo eso no le importa pero lo que de verdad necesita es que una chica le de una oportunidad. ¡El problema lo tienen todas ellas, que son muy guarras y le ponen las tetas delante!
-Ya, - masculló Ethel sin poder contenerse y poniéndose de pie también.- Y él, pobrecito, no puede resistirse...
-Necesita una amiga de verdad.
-¡Ya tiene Andrea!- bramó Ethel.
-¿He oído mi nombre?- Andrea, que acababa de aparecer por allí con mejor cara que el día anterior y se había entretenido hablando con Ízar a la entrada del Comedor, se hizo un hueco en la mesa. Ginny y Ethel, que estaban de pie, lanzándose miradas asesinas, clavaron los ojos en ella.- ¿Qué os pasa chicas? Me dais malas vibraciones.
-Ginny quiere pedirle una cita a Alan.- soltó Ethel cruelmente, con una mirada de burla. Y para dar más énfasis a su último comentario, se detuvo a mirar a Andrea de arriba abajo y después a Ginny, como si las estuviera comparando. La menor de los Weasley apretó los puños a causa de la rabia. Andrea, que todavía estaba asimilando lo que acababa de oír, se encogió de hombros.
-Pues que se la pida.- Ethel, Hermione y Yael se la quedaron mirando boquiabiertas, mientras Ginny sonreía de oreja a oreja.- ¿Qué?- se defendió Andrea.- A nadie le va a hacer daño un poco de diversión.
-Me has malinterpretado.- la corrigió Ginny, antes de que sus amigas añadieran algo más.- No quiero enrollarme con él...- la imagen mental le vino a la cabeza y tuvo que corregirse.- Bueno, sí quiero, pero no es lo más importante. Sé que Alan necesita un hombro en el que llorar y estoy segura de que le gusto.- Andrea bajó lentamente la tostada que iba a llevarse a la boca y la miró, con cierta resignación.
-A Alan no le gusta ninguna, cariño. Si lo que quieres es algo serio...búscate a otro.
-¿Lo ves?- la apoyó Ethel, muy pagada de sí misma.- Andrea sabe de lo que habla.- Pero Ginny, muy disgustada, se echó la mochila al hombro y les dio la espalda, dispuesta a salir por el Gran Comedor.
-No entendéis nada.- les espetó, furiosa, perdiéndose entre los alumnos más rezagados, que aún no habían llegado a desayunar. Hermione, Ethel, Yael y Andrea se miraron entre ellas, cómplices de los mismos pensamientos.
-Se va a dar de ostias.- sintetizó Ethel. Y aunque las demás estaban ligeramente preocupadas por Ginny, no pudieron estar más de acuerdo.
Para Alan estaba siendo uno de los peores días del año. La inquietud de Christine se traspasaba a su hermana y en consecuencia a él. Había discutido un poco con James y su padre en Defensa, por no prestar atención en clase. En Transformaciones, estaba tan cansado que se había quedado medio dormido y Sirius lo había dejado en ridículo delante de sus compañeros, en un afán por devolverle la chulería del día anterior y para colmo, había terminado la tarde con dos horas de Cuidado de Criaturas Mágicas con Derek Moore, que lo había obligado a acercarse a unas babosas gigantes de nombre impronunciable, que le habían mordido e inyectado alguna especie de veneno que, justamente, no compaginaba bien con su magia arcángel y desde hacía una hora, le habían provocado fiebre y cierto mareo.
-Vamos a la enfermería.- le insistió Ízar por octava vez. Se habían tumbado bajo la sombra de un árbol, cerca del lago, a disfrutar del buen tiempo, mientras observaban como algunas chicas mojaban los pies en el agua y se divertían huyendo del calamar gigante. Andrea era una de ellas e Ízar no paraba de volver la vista hacia ella, que se había quitado las medias y enrollado la túnica en un lazo, por encima de la cintura, provocando que se le viera el ombligo.
-¿Y qué crees que me van a dar? ¿Una aspirina para el dolor de cabeza?- se lamentó Alan.- ¿Por qué mierda la magia de los arcángeles tiene que ser distinta?
-Seguro que Moore lo ha hecho a propósito.- metió cizaña Harry.- Lo sabría y ha querido que esos bichos te mordiesen.
-Hola Alan.- los chicos miraron a Ginny, que había dejado a sus compañeras en el lago y se había acercado a ellos, con la mochila a los hombros y cargando unos libros. En el saludo, había omitido deliberadamente a los demás, incluido su hermano, que acababa de pasarle los brazos por los hombros a Alan, para consolarlo.
-¿Qué ahí, Ginny?- la saludó Alan, sin mirarla, mientras se concentraba en el libro que Matt había abierto sobre su regazo y que hablaba de mordeduras.
-Esto...Alan...- lo intentó Ginny, por segunda vez. Los chicos la miraron, sin entender porqué se había puesto colorada.- ¿Qué planes tienes para esta noche?- Alan la ignoró, porque Matt acababa de localizar un párrafo muy interesante.- ¡Alan!
-¿Perdona?- reaccionó por fin, levantando la cabeza.
-¿Quieres salir conmigo esta noche?- soltó Ginny de carrerilla. Las mejillas se le encendieron de vergüenza y ocultó un poco la cara detrás de los libros, mientras todos los chicos se quedaban completamente anonadados. Alan no reaccionó a la primera, la observó boquiabierto y luego dirigió una mirada de reojo hacia Ron, que lo miraba a su vez, con el ceño fruncido y aguardando su respuesta.
-Pues...- Alan buscó apoyo en Ízar, al que le dio un codazo como si el problema lo tuviese él, pero su amigo había perdido todas sus habilidades Black y parecía compungido.- Eh...- Ron se había cruzado de brazos.- ...claro, claro...¿a qué hora?- A Ginny se le iluminó el rostro.
-¡Pásame a buscar a las ocho, después de la cena! Estaré en las habitaciones de mi curso, ¿puedes aparecerte, verdad?
-Pues...sí...claro...
-¡Genial!- Ginny, envalentonada, se arrimó a él y le plantó un beso en la mejilla, despeinándole el pelo en un gesto cariñoso.- Nos vemos luego.
-¿Qué está pasando aquí?- gruñó Ron, mirando a Alan con los ojos muy abiertos y algo molesto. Pero Alan parecía igual de confuso que él. Ron, sin esperar respuesta, se levantó, dispuesto a tener una pequeña charla con su hermana.- Te lo advierto, Lupin, es mi hermana pequeña...- le hizo un gesto amenazador con el dedo y se dio la vuelta corriendo, dispuesto a alcanzarla. Alan tardó unos segundos en reaccionar, hasta que Ízar le colocó una mano en la pierna, para darle apoyo. Harry, en cambio, parecía al borde de desternillarse de risa.
-¡Ouououo!- rió.- El triunfador Lupin con un reto de su medida. ¿Y ahora qué vas a hacer, angelito?
-¿Ha pasado lo que creo que ha pasado?- balbuceó Alan, buscando la afirmación en Matt e Ízar.- Tíos, igual es que no soy objetivo, pero...¿me estaba tirando los trastos?
-Yo diría que sí.- masculló Matt, apretando la mandíbula. Ginny era su mejor amiga y no le hacía mucha gracia lo que acababa de ocurrir.- Como le toques un solo pelo...
-¡Eh, eh, eh!- Alan levantó las manos, en señal de protesta.- ¿Pero qué pensáis que soy, un degenerado?
-Ginny es como mi hermana.- siguió Matt, en sus trece.- No es para nadie ni para...- se detuvo, al ver como Ízar y Harry se tiraban por los suelos, partiéndose de risa.
-¡No se de qué me suena esa cantina! ¿eh, angelito?- Harry le rodeó el cuello a su amigo, al que la situación no le parecía nada graciosa.
-Mira por donde...las tornas se han cambiado.- siguió Ízar.- Como voy a disfrutarlo...
-¡Eh!- protestó Alan, realmente enfadado.- ¡Que no es lo mismo que lo tuyo con Andrea!
-Noooo, claro que no es lo mismo.- le siguió Ízar el juego.- Y dime, sex símbol, ¿qué vas a hacer?
-Por Merlin.- Alan se tapó la cara con una mano.- Tengo una cita con Ginny...nuestra Ginny...¡Ginny Weasley! ¡La hermana pequeña de Ron!
-No puedes hacerle daño o Ron y yo te la cortamos.- le dijo Matt muy serio. Alan estaba completamente desorientado.
-¿Y...y qué le digo...? ¿Y...qué hago con ella...? ¿Qué creéis que será lo más correcto...? ¿Me la tiro para que pase un buen rato o...le doy unos besos o...?
-¡Alan!- gritó Matt, escandalizado.- ¡Que es la hermana de Ron!
-Cierto, cierto.- admitió Alan.- Ha sido un lapsus. A ver...
-Tienes que darle a entender amablemente que no te gusta, que sólo quieres que seáis amigos.- lo instruyó Matt.
-¡Eso!- asintió Alan, abrazando al menor de los Potter.- Si es que eres el mejor, enano. ¡Qué bien te hemos enseñado! Y puestos a dar consejos...¿cómo se hace eso?
Y ahí estaba Alan a las ocho de la tarde, puntual para recoger a Ginny. Se había vestido elegante pero informal, como solía hacerlo en cualquier cita, para que Ginny no se sintiese especial ni distinta. Ella, en cambio, había escogido un vestido ceñido al cuerpo, a juego con sus ojos, que se le pagaba a la piel y destacaba su figura esbelta y su larga melena pelirroja suelta. Alan se quedó boquiabierto al verla, no porque le pareciese que la chica estuviese guapa, sino porque consideraba excesivo su atuendo. En cuanto lo vio, se lanzó a sus brazos, rodeándolo por la cintura y dándole un beso en la frente.
-¿A dónde vas a llevarme?- le preguntó, entusiasmada.
-Ummm...¿dónde quieres ir?
-¡A Hogsmade!- soltó Ginny.- Podemos tomar algo en un Pub y luego ir a la discoteca...¿puedes colarnos verdad?
-Ehhh, sí, podría, pero prefiero que no volvamos muy tarde...verás, es que mi madre necesita que...
-Por supuesto, lo comprendo perfectamente y estoy muy preocupada por ti.- asintió Ginny. Su gesto serio le hizo ver a Alan que no mentía.- Entonces tomaremos algo por ahí por esta vez y la próxima ya veremos...- Alan se giró con cara de espanto, pero concentró energía igualmente, para hacerlos desaparecer, envueltos en una columna de luz. Aquel gesto tan habitual en él, ahora le parecía demasiado íntimo, rodeado por los brazos de Ginny, que disfrutaba de la luz que los rodeaba.
Entraron en un Pub desconocido, donde Alan no solía ir, porque no quería frecuentar ningún lugar donde pudieran reconocerlo. Se sentaron en una mesita para dos, a esperar a que la camarera se acercara.
-Martini con limón, por favor.- pidió Ginny, arqueando las cejas, al ver como la chica se comía con los ojos a Alan, que no parecía ser consciente de ello, pues comenzaba a sentir ardor en el estómago, a causa de la situación. Estaba agotado por el día que había llevado y por la carga emocional de tener que lidiar con aquella situación nueva para él.
-Un Whisky de Fuego.- pidió, pensando que el alcohol en vena le aclararía la mente. Ginny se alegró de que la camarera se alejara y le cogió de las manos. Alan no se lo impidió, pensando que el gesto quedaría brusco y forzado.
-Quiero que sepas que siempre me has atraído.- aclaró Ginny, pensando que era mejor ser directa con sus sentimientos, ya que él parecía algo tímido. Seguramente, porque ella era la primera chica que le gustaba de verdad.- Pero hasta el otro día...que me regaste el conejito pues yo...
-¿Conejito?- Alan había abierto mucho los ojos, intentando entender a lo que se refería.
-Sí, no te hagas el tonto.- se sonrojó Ginny.- El de tu clase de Transformaciones.- Alan hizo memoria y efectivamente cayó en la cuenta de que había depositado el animal en los brazos de Ginny, sin ser consciente de ello. Ni siquiera recordaba que se lo hubiese dado a ella. Palideció de golpe. Toda la situación que estaba viviendo era culpa de su estúpida clase de Transformaciones Iba a matar a Sirius.
-Fue un gesto de amistad.- aclaró, para intentar llevar la conversación hacia donde Matt le había recomendado. Ginny parpadeó, mirándolo con los ojos entrecerrados, pero la camarera interrumpió sus siguientes palabras, depositando las bebidas sobre la mesa. Antes de que se marchara, Alan le tendió un billete para pagarlas, por si tenían que salir por patas, debido a algún tipo de situación violenta.
-La amistad lleva a otras cosas.- le instruyó Ginny.- Así ha sido lo nuestro...hemos crecido juntos, como amigos, pero ahora que hay algo más...
-¿Algo más?- se asustó Alan. Ginny no parecía atenta a sus palabras, más bien envuelta en la forma en que ella entendía la nueva "relación" que tenían. Cogió el vaso de Whisky y comenzó a beber, pues se le había resecado la garganta. La bebida le quemó la piel, pero se contuvo de quejarse. Prefería el sopor que se le había instalado en el estómago. Entonces, de pronto, en el Pub subieron el volumen de la música y varias parejas o gente suelta salió a bailar a la pista.
-Me gusta esta canción...- murmuró Ginny, acicalándose el pelo y mirándole provocativamente, mientras se pasaba la lengua por el labio inferior. Alan tragó saliva, sin saber qué hacer o qué decir. Le parecía mentira que él, que llevaba años presumiendo de su pericia con las mujeres, no supiese cómo solventar esta situación.- Vamos a bailar.- Ginny se levantó, lo cogió de las manos y lo arrastró hacia la pista. La música era mucho más lenta de lo que Alan podía soportar, sobretodo, cuando Ginny lo abrazó por la cintura y le puso las manos en los omoplatos.
-Esto...Ginny...- se removió incómodo. Ella lo miraba muy atenta, comiéndoselo con los ojos.
-Quiero que puedas tratarme como a cualquier chica normal.- le confesó.- Puedes...por ejemplo...besarme...- Ginny se aproximó a él y a Alan le entró el pánico, al ver como ella cerraba los ojos y estaba a punto de rozar sus labios. Los envolvió a ambos en una columna de luz, desapareciendo del Pub.
Aterrizaron algo brusco, en medio de la sala común de Gryffindor. Ya era tarde y los únicos que estaban tirados en los sofás eran los interesados en descubrir cómo acababa la cita. Cuando la luz de Alan se disipó, la escena los mostró a ellos abrazados y a punto de besarse. El primero que los vio fue Ron, que cerró su libro de Pociones, que había estado ojeando al revés y corrió como un energúmeno hacia ellos, separándolos con los brazos.
-¡Te voy a partir la cara!- le gritó a Alan, rojo de rabia.- ¿Te estabas enrollando con mi hermana?
-¿Qué?- Alan estaba confuso, pues no se esperaba que la sala común estuviese llena de gente.- ¡No!
-¡Ron!- Ginny sujetó a su hermano, que parecía fuera de tono, y Hermione se unió a ella, para ayudarla.- ¡No ha pasado nada! Todavía...
-¿Cómo que todavía?- rugió Ron. Ízar y Harry se habían colocado al lado de Alan, para cerrar filas.- ¿Ibas a tirártela?
-¡Por supuesto que no!- se defendió Alan, exasperado. Lo último que necesitaba era nuevas discusiones. Se agarró del pelo y lo estiró, para desahogarse.- ¡Aggggrrr! Mira...yo solo quería ser amable...
-¿Y desde cuándo has sido tú amable?- le espetó Ethel, que se había acercado junto con Yael y Andrea. Alan las miró boquiabierto y tuvo tentaciones de pedirle a la chica que se largara a su sala común. Aquello parecía un circo.
-No iba a acostarme con ella, ¿vale?- les aclaró, levantando los brazos, como si no fuese culpable de ningún delito.
-Se ha portado bien.- lo apoyó Ginny.- Estábamos hablando de nuestra relación...
-¿¡Qué relación!?- bramó Ron. Por la cara de estupefacción con la que Alan miraba a Ginny, Harry e Ízar no pudieron evitarlo y empezaron a troncharse de risa, dándose la vuelta y conteniendo las carcajadas con la mano, para intentar no ser tan indiscretos. Alan parecía al borde del colapso nervioso.
-No me esperaba esto de ti.- le espetó Andrea, cruzándose de brazos.
-¡Un momento!- sentenció Alan, alzando la voz por encima de la de todos.- No hay ninguna relación.- Ginny bajó los brazos y su rostro mostró una expresión de dolor y vergüenza. Pensando que por una vez debía hacer las cosas bien, Alan ignoró al resto y se acercó a ella, cogiéndola de las manos.- Ginny, escúchame.- ella comenzó a llorar.- Eh, no llores, pelirroja. Estás más guapa cuando no lo haces.
-No finjas conmigo...- le soltó Ginny, intentando apartar las manos de él, pero Alan la sujetaba con fuerza.- Ellos tenían razón...¡me has utilizado!
-No es así.- le rectificó Alan, frunciendo el entrecejo.- Yo no quería herirte y...por eso te dije que sí a la cita.
-¿Qué?
-Mira...no estoy enamorado de ti ni de nadie...- Andrea le hizo un gesto a las demás chicas que venía a decir claramente "os lo dije".- Y por supuesto, eres mi amiga y no iba a liarme contigo como con...otras...
-¿No querías hacerle daño?- se extrañó Ron.
-¡Claro que no! Pero ella parecía tan ilusionada...y yo...me preocupaba hacerle daño...
-¿No te gusto?- a Ginny las lágrimas le inundaban toda la cara. Alan arrugó el gesto, sin saber qué decir. Todos parecían formar parte de la conversación y él pensaba que aquello era un asunto privado.
-Claro que sí.- sonrió, sorprendiendo a todos. La abrazó y le palmeó la espalda, para consolarla.- Me gusta tu sonrisa,- Ginny no pudo evitar hacer una mueca que pretendía ser un esbozo de risa.- Me gustan tus pequitas...- Alan le señaló una que tenía en la mejilla.- Y me gusta hablar contigo...- Ginny lo escuchaba atentamente.- Pero ahora no puedo ni quiero tener una relación con nadie, ¿entiendes? Y seguramente te mereces a un chico que sí pueda dártela.
-Perdona, Alan.- Ginny se enjugó las lágrimas.- He sido una tonta.
-Un poco tonta sí que ha sido.- le susurró Ethel a Yael al oído. Ron, al escuchar las palabras de Alan, se relajó y rodeó a su hermana de la cintura, dispuesto a llevársela hacia las habitaciones, acompañada de Hermione. Alan lanzó un suspiro y se dejó caer en uno de los sillones de la sala, mientras Harry iba a hablar con Yael.
-Qué día de mierda.- se quejo. Andrea le pasó una mano por la frente, dándole un beso en la mejilla, bajo la atenta mirada de Ízar.
-Te has portado muy bien, ¿lo sabes verdad? Cuando quieres eres un cielo...- Alan no pudo evitar sonreírle.
-Sí,- admitió Alan, volviendo un poco a su actitud diaria.- Y como soy un cielo...mejor me voy a dormir y os dejo aquí en el sofá a los dos.- se apartó y juntó instintivamente los hombros de Andrea e Ízar, que se miraron cohibidos.- Solos.
Alan se perdió por las escaleras, incapaz de desaparecerse al modo arcángel, debido a la gran cantidad de energía que había gastado durante aquel duro día. Antes de desaparecer por el piso superior, vio como Andrea e Ízar habían comenzado a charlar animadamente y sonrió interiormente. Por su parte, Harry acababa de despedirse de Yael y corría para alcanzar a su amigo. Ethel se acercó a Yael, para regresar juntas a la sala común de Ravencraw, mientras miraba detenidamente por donde acababa de desaparecer Alan.
-Mira por donde, al final va a ser que no es un cerdo.- comentó a su amiga. Yael entrecerró los ojos, cogiéndola de la mano para salir por el retrato de la Dama Gorda.
-Por favor, dime que tú no vas a pillarte también de él...- Ethel se echó a reír y se encogió de hombros.
-Quien sabe...después de todo...tienen en su sangre una gran herencia merodeadora.- Yael se sonrojó al recordar como Harry se le había declarado en público y no pudo más que estar completamente de acuerdo con su amiga
N/A: Hola a todos! Esperamos que os haya gustado. Últimamente tardamos un poquito más pero seguimos ahí todos los meses. Es que cuesta volver y ahora con trabajos y familias más aún, pero estamos encantadas con nuestros niños, que cada vez están más monos jejeje.
El próximo capi será para navidad, así que hasta entonces disfrutad de los días de fiesta y las vacaciones.
Muchos besos
CONTESTACIÓN A LOS REVIEWS
Lorephelps: Hola! Sí, ya vamos a tener que hacer algo con Remus y Chris, pero así se mantiene la tensión jejeje. Besos
Yedra: Hola! Sirius y James como siempre, son un pelín torpes pero no les ha venido mal el empujón a Remus y Chris. Sobre lo del futuro... sólo diré que la hija de Christine tiene como poder ver el futuro, así que ata cabos jejejeje. Besos.
Celtapotter: Hola! Ízar se mantiene pero más por orgullo que por otra cosa así que a ver cómo siguen esos dos. En cuanto a los Lupin, no siempre se solucionan las cosas a la primera pero ya veremos qué pasa con estos. La misión de la niña no se sabe aún, eso es algo que ella y su arcángel descubriran durante su vida. De todas formas el fic estaba originariamente pensado para no tener trama de suspense (aunq la imaginación siempre vuela, claro jejeje). Aquí has tenido un poco más de Ginny, aunque el personaje es más secundario que Yael porque en este fic esa es la chica de sus sueños, pero se le coge cariño pronto. Besos
Kat Black Moon: Hola! Ízar y Andrea siguen con su tira y afloja, ya has visto que Ízar se resiste pero le cuesta. Sobre el bebé Potter en este capi has tenido respuesta y James es cabezota seguro que no se rinde. Con los Lupin tenemos que hacer algo para que se arreglen pronto o montarán la tercera guerra mundial jejejeje. Muchas gracias. Besos
