DE AMOR Y TRAICIÓN

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CAPÍTULO XXXVIII


Breves notas de las autoras:

Pues no hay mucho qué decir, salvo que esta es la continuación del capítulo anterior. Muchas gracias por tu tiempo, por leerlo y por sus maravillosos comentarios que iré respondiendo entre hoy y mañana.

ADVERTENCIAS: AU, guerra, tortura, elfos, angst, seidh.

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Capítulo XXXVIII:

El rey de Asgard observaba desde una de las torres, la marcha de los mercenarios. No les habían puesto ninguna traba para que llegaran ante las murallas de Artamir con la idea de que no se acercarían demasiado temiendo a las máquinas de asedio y realmente porque los mercenarios no tenían ni idea de que ases y vanir estaban dentro de la ciudad. Pensaban sorprenderlos mediante los túneles ocultos, los iban a acorralar, pero sobre todo querían tomar prisioneros para interrogarlos.

Los días grises continuaban en Svartálfheim como si el reino compartiera el ánimo de su pueblo.

–Thor –dijo de pronto Heimdall a través de Hugin. El guardián podía comunicarse con él aunque no podía ver los sucesos del reino de los elfos, por un momento, Thor temió que algo urgente pasara en Asgard. –La reliquia dejo de funcionar momentáneamente. No sé la razón pero pude ver el reino.

–Cuéntame lo que atisbaste le pidió Thor.

–Las dísir se encuentran en la zona este, están persiguiendo un contingente de enanos. Hay elfos oscuros, varias cientos, pero ellos no están cazando, se han quedado al margen de los acontecimientos.

Siguió contándole más cosas, cuando terminó, el dios del trueno decidió que eso debía decírselo a Sif y a Hogun. Encontró a sus generales revisando las máquinas de asedio de Artamir, no porque estuvieran verificando si estaban bien emplazadas dentro de la ciudad, sino porque parecían admirarlas e intentar dilucidar cómo es que estaban construidas.

–Sif, Hogun –los llamó. Les contó lo que Heimdall le había referido en su breve interludio de claridad. –Los elfos oscuros han empezado a combatir en el oeste, los guía Hrimthurs, pero no están combatiendo contra los elfos de luz sino más bien contra los ríos. Celebrant, la fortaleza del oeste, cuenta con compuertas y represas, las han abierto para subir los caudales e impedirles el paso. Fandral se encuentra con bien.

Sif asintió ante las noticias. Hogun como siempre, lucía sombrío, fue el que preguntó por su rival de temer.

–¿Y el dragón?

–Heimdall no lo pudo ver, siempre ha escapado a su vista pero por la destrucción que siembra, sabe que se encuentra atacando las ciudades enanas. Convirtió Modruladur en un infierno de lava y se dirigió después a Menelya, es ahí donde ahora está combatiendo. Sin duda todos estos acontecimientos dan a pensar que los enanos han roto su alianza con los elfos oscuros. No vio a ningún muspell.

–¿Entonces podrán venir más refuerzos? –Quiso saber Sif.

–Dudo que permitan que el Bifrost pueda utilizarse.

Hogun se ofreció para informar a los vanir y a Elemmíre de las nuevas noticias. Sif y Thor empezaron a caminar hacia las estancias que Eydís les había entregado, a Eyriander casi no la veían, se la pasaba en sus alcobas, rezando a sus diosas junto con Nenar, que le hacía compañía.

En la alcoba de Thor, sobre una de las mesas, estaba depositada una reliquia de forma rectangular, estaba cubierta pero a Sif le bastó una mirada para saber qué era.

–Quería preguntarte desde antes ¿por qué has traído el cofre de los antiguos inviernos?

–Porque Loki se encuentra en este reino. Sé que nadie me ha querido preguntar por él temiendo que con eso me hieran pero esta es la verdad: Pactó con Bölthorn, el cambiaformas, para salvar a nuestro hijo y el pago fue que debía acompañarlo aquí.

La valkiria demudó su expresión serena a una de incredulidad.

–¿Qué hizo un pacto con ese hechicero? –Él asintió.

–Yo también habría hecho lo mismo para salvar a Hërin. –Si Sif iba a replicar algo sobre eso, ya no lo hizo. –Pero lo que me preocupa realmente, es llevarlo de vuelta a Asgard antes de… –El rostro habitualmente serio de Thor, o lo que al parecer ahora era su expresión de rey, demudó velozmente en arrugas de preocupación.

–¿Antes de? –Sif se mostró ansiosa por saber.

–De que nazca nuestro hijo. Loki está esperando un hijo mío. –Parecía que a ella se le atoraban las palabras en la garganta. La había tomado desprevenida con aquella revelación.

El sonido de un cuerno de guerra los sacó de su conversación. Los mercenarios por fin estaban a distancia de tiro de sus catapultas. Volvieron sobre sus pasos hasta el matacán donde Hogun, Lord Tarkil, los gemelos y Elemmíre se encontraban. Los mercenarios estaban montando sus máquinas de asedio, ya tenían una y era cuestión de horas para que hicieran avanzar todas hasta lograr hacer un tiro mortal.

–Elemmíre, que tus hombres nos muestren los túneles –dijo Thor y los demás lo miraron atentos. –Habrá que cambiar nuestros planes, como ya saben, los elfos oscuros han empezado a atacar en el oeste. Lady Nienor necesitara refuerzos y la caballería vanir llegará más rápido que mis ulfhednar.

–¿Quieres que salgamos por esos túneles y vayamos al oeste? –Preguntó Hrafn.

Thor asintió. Confiaba en la información que Heimdall le había dado y a pesar de que ahora el Bifrost podía utilizarse, a Thor le preocupaba el hecho de que pudieran volver a obstruirlo, y él no iba a ir a Asgard a traer más refuerzos para volver a quedarse atascado. Debían bastar las tropas que llevaba y esperaba no errar en su juicio.

Los gemelos aceptaron sus indicaciones. Los vanir se marcharon para alistar sus pertrechos y partir en cuanto empezara el combate. Hogun y Sif también fueron a alistar a sus tropas, pues eran ellos los que entrarían en batalla. Thor se quedó atrás, iba a observar la situación antes de unirse a la pelea. Algo que había aprendido de la guerra en Vanaheim.

–Si dejamos que los mercenarios sitúen su maquinaria, antes de mañana por la noche podrían abrir una brecha que les permitiría rodear el bastión redondo o tomarlo por el flanco. Lord Teros me dijo que los mercenarios son excelentes escaladores –dijo Elemmíre y les hizo señas a sus hombres. Los elfos de luz manejaban las piedras con cuidado hasta sus catapultas, casi podía decirse con temor. –Haré que nuestras torres empiecen a disparar.

La orden de Elemmíre fue cumplida sin pérdida de tiempo. La labor de las catapultas se realizó obsesiva, implacable, martillante: un fragor ensordecedor que hacía temblar Artamir. Ahí donde las piedras hacían blanco, explotaban causando una carnicería. Los mercenarios, habían emplazado pocas torres; las movían con un enorme esfuerzo empujando las gigantescas vigas con refuerzos de hierro contra la maciza pared de piedra, en medio de los formidables retrocesos y el ruido insoportable. Entretanto sus rivales, los elfos de luz efectuaban aquella tarea mediante su seidh.

Thor reconoció en estas armas la mano de Eyvindur, al igual que en los proyectiles de sahya.

–Estos nos valieron para causarle gran daño al dragón negro, antes de que destruyera la barrera –comentó Elemmíre.

Las catapultas de Artamir destruyeron varias torres, salvo una, que empezó a funcionar en ese momento. Lanzaba nubes saetas de hierro contra el ala derecha de la muralla.

–¡A cubierto! –gritó Thor –apártense de allí o los ensartaran como si fueran tordos. ¡Fuera de ahí, fuera de ahí he dicho!

Los elfos en el ala derecha del muro se pusieron a cubierto. Y entonces Thor vio el momento en que aparecían casi de la nada sus ulfhednar. Sif les había ordenado a sus hombres que corrieran en formación por la el ala izquierda de la gran torre de asedio. Los mercenarios parecieron llevarse un buen susto al verlos, pero de inmediato los jinetes con sus lobos de Hel se precipitaron a su encuentro. Otra poterna subterránea del lado derecho se había abierto, fue por ahí de donde surgió Hogun con sus berserkir. Intentaban rodearlos. Más allá de la caballería aesir, los vanir salieron con sus estandartes con la flor de lis sobre verde, y se alejaron a toda prisa hacia el oeste sin que los mercenarios pudieran detenerlos.

–Voy a salir –le dijo Thor a Elemmíre.

Alzó el Mjölnir, lo giró y pronto se encontró en medio del combate. Alcanzó a ver a Segsmündr a la distancia.

–¡Adelante! ¡Adelante! ¡Ahora es el momento, matémoslos a todos! –Vociferaba.

Thor se abrió camino hasta primera línea, de un certero golpe tumbó a uno de los lobos. Era ahí donde sus ulfhednar atacaban furiosamente mientras las catapultas de Artamir, hacían largos lanzamientos en parábola. Bajo una espantosa granizada de proyectiles, los mercenarios empezaron a descomponerse y los aesir empezaron a avanzar empujándolos hacia atrás con sus escudos redondos. Thor vio pasar a Sif con furia e introducirse seguida de un grupo de skjaldmö en el centro de los mercenarios que seguían retrocediendo.

Pero la situación estaba precipitándose. Desde lo alto, las catapultas seguían disparando, una de esas piedras aplastó a varios lobos y luego los hizo volar en pedazos. La sangre salpicó a Thor. Los elfos cambiaron de estrategia, viendo ya a sus aliados internados entre los enemigos, aparecieron los arqueros sobre las murallas, que dispararon una multitud de flechas incendiarias. La caballería de Hogun hizo oír su voz, partieron el batallón de mercenarios en dos.

Thor se batió con sus enemigos. Había avanzado con grandes dificultades entre los lobos de Hel. Ordenó a los berserkir que se abrieran hacia los lados para dejar paso a los ulfhednar, que se arrojaban en avalancha sobre los jinetes. El estrépito ensordecedor de la batalla se expandía por la llanura. Los mercenarios, extenuados y diezmados, empujados por la fuerza incontenible de los aesir, comenzaron a retirarse y por último emprendieron una desordenada huida. Thor hizo sonar la orden de parar el combate.

Artamir, había sido asegurada.

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A los primeros prisioneros se les había unido un grupo de enanos. Ertan no comprendió qué hacían ahí, ni les preguntó nada pues se mostraron desde un principio, hoscos y reacios a responder. Las dísir los habían distribuido entre las diferentes celdas, dos terminaron en la suya. A Ertan se le antojó que así podía empezar un chiste: "Había en una celda dos enanos, un elfo de luz y un aesir; y tres mendrugos de pan…"

Los prisioneros habían cambiado en aquellos pocos días, habían pasado de la desesperación a una especie de muerte emocional. Hasta Ertan la sentía, tenía una incontrolable añoranza por Ari. Su mente se aferraba a la imagen de su amante, imaginándolo con asombrosa precisión. Le respondía si le hablaba, le sonreía y le miraba con su mirada cálida y franca. Y si Ertan daba rienda suelta a su imaginación, ésta se recreaba con algunos sucesos del pasado, casi nunca los más llamativos o notorios: Se veía en su puesto de los puertos, entrenando con los ulfhednar, cerrando la puerta de su casa, encendiendo las luces… eran pequeños detalles cotidianos, plagados de añoranza, que casi lo hacían llorar.

Radu llegó en ese momento, parecía saber calcular bien sus pócimas, pues siempre aparecía cuando Eyvindur empezaba a despertar de su sedación. Era él quien lo alimentaba con sopa aguada con verduras, un mendrugo de pan, infusiones y pociones. Luego de eso Radu lo sedaba de nuevo. Todo eso ante la atenta mirada de Belegaer, que seguía interrumpiendo, cuestionando y aconsejando al sanador.

Belegaer no actuaba como si nada le importara.

–Sin Hagen ni Elemmíre, yo soy su guardián –se autoproclamó Belegaer y eso le dio una especie de fuerza de la que carecían los demás elfos. También lo había llevado a reservar un tercio de su ración de pan, y a hacer lo mismo con el que le daban a Ertan; para el futuro.

–¿Cual futuro? –Quiso preguntarle Ertan pero hasta el mismo se respondió: –Para cuando llegue Thor. –No debía perder esa esperanza. Eso era lo que lo animaba, igual que al resto de los aesir. Y entendía que los elfos se mostraran más melancólicos viendo a su rey tan enfermo, tan destruido. Pensó que si Thor estuviera en la misma posición que Eyvindur, él también se vendría abajo.

Antes de irse, Radu ordenó a los suyos que sacaran los cuerpos de los que habían logrado suicidarse mediante su magia. Sacaron más cuerpos tirándoles de las piernas. Y a continuación, sin sensación de discontinuidad, los norn les sirvieron la ración diaria de sopa. Ertan se encontraba en su sitio usual, sentado con la espalda contra la pared, en su pedazo de heno que había tenido que terminar compartiendo con los enanos. Tomó con sus frías manos el cuenco de sopa caliente que engulló con avidez, siguió sorbiendo sin importarle que los cuerpos pasaran delante de sus ojos. Otro tanto le pasó a Belegaer y sin embargo al ver la ausencia de emociones en su compañero, se percató de que a él le pasaba lo mismo. Aquel momento no les había despertado ni el más mínimo sentimiento de compasión. Y eso le dolió, y se le grabó de manera imborrable.

–Ten –le dijo a Belegaer dándole su tercio de pan, que el elfo de luz resguardaba con celo.

–Me preocupa mi rey –dijo de pronto Belegaer, dándole voz a sus pensamientos. –Lo alimentan diariamente y ese tal Bölthorn parece quererlo con vida y con fuerzas, pero ¿para qué?

Ertan no tenía ni idea.

–Porque necesitan istyar –dijo de pronto uno de los enanos rompiendo su silencio. –El observatorio está impidiendo el paso del Bifrost, y que los aesir puedan arribar a nuestro reino. Lo logran mediante los istyar, quedan pocos y cada uno le es invaluable a Bölthorn.

–Nosotros queríamos derribar la barrera que protege este lugar –explicó el otro –y después matar a los istyar para impedir que sigan usando el observatorio. Pero fallamos… –y de pronto pareció reconsiderar sus palabras.

Ertan casi pudo ver el seguimiento de sus pensamientos y Belegaer pareció hacer otro tanto. "Había en una celda dos enanos, un elfo de luz y un aesir; y los enanos querían lo que el elfo de luz estaba protegiendo, y no se trataba de los tres mendrugos de pan… "

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Bölthorn ahora tenía norn a su servicio. Su habilidad para procurarse de quien lo sirviera era bastante interesante. Había enviado a un par de mujeres a por Loki. Estas no eran Dema. No quisieron hablar con él. Llenaron a cubetadas la tina de aquella alcoba y le dieron un baño restregándolo hasta dejarle la piel inmaculada. Por fortuna lo dejaron vestirse por sí mismo, con ropas élficas que se sintieron frescas y agradables pero que eran bastante escasas.

"Me están poniendo presentable para Svadilfari" pensó con amargura, rememorando cuando él hacía lo mismo para Thor. Se frotaba la piel con sales exfoliantes para ponérsela muy suave, se lavaba el oscuro cabello con esencia mentolada y se pasaba por el cuerpo un aceite que Yrsa juraba que era afrodisíaco, aunque Loki lo usaba sólo porque le gustaba su aroma. Thor y él cenaban juntos antes de irse a la cama, charlaban provocándose uno al otro hablando del reino, de sus hijos, de sus concejales; bebían y se besaban tanto; y cuando por fin llegaban al lecho…

Loki apartó esos pensamientos de su mente. Enfermaría de tristeza y en cambio debía mantenerse concentrado. Hela le había confirmado que tenía un arma para defenderse. Lo que ahora debía hacer era mantener su pequeño salvador a salvo y lo más lejos de Bölthorn que pudiera.

Bölthorn se presentó a buscarlo. Le mostró que los norn estaban embalando la biblioteca de los istyar y un montón más de sus pertenencias.

–Están trasladándolo todo al hogar de Svadilfari, a tu hogar –le contó.

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Bjarni se veía agotada cuando se sentó a cenar. La casa era hermosa y acogedora, estaba casi intacta. A Bjarni, esposa y madre de grandes arquitectos no acababa de sentarle bien el usurpar el hogar de alguien más, preferiría construir uno. Quizás, si todo iba bien, más adelante eso sería factible. Su hijo alguna vez le enseñó los planos de una casa que lo obsesionaba.

Antes de separarse de Hrimthurs habían hablado. Su esposo le había preguntado una cosa: "¿Svadilfari en verdad se piensa el príncipe de nuestra raza?" La pregunta la había tomado desprevenida. Ella había intentado explicarle que su hijo no había tomado el título para sí de buen grado. Sus elfos se lo habían endilgado y él había aceptado para protegerse de la furia de Thor y de la de Eyvindur. Aunque ambos reyes resultaron en que no deseaban dañar a Svadilfari sino pactar la paz con él, pero el título ya se le había quedado para cuando lo descubrieron.

"Le da esperanza a nuestra gente, no se lo reclames pues no es por avaricia ni presunción que lo usa". Le había pedido Bjarni. A su esposo tampoco le gustaban los títulos que le había concedido a Vanima y a Nulka, como Aranmaitë y señor de la guerra respectivamente. "Vino a apoyarte" había finalizado Bjarni aquellas dudas que su esposo tenía.

"Eso no es verdad" fue la respuesta de Hrimthurs. Pero no quiso explicarse.

Bjarni procuró sonreír cuando Vanima la reverenció sacándola de sus recuerdos.

–Mi señora –le dijo Vanima, –debo retirarme, voy a reunirme con Aerandir –Bjarni sabía que era Vanima y no Svadilfari quien buscaba ayudar a administrar el este. –Amarië les servirá la cena. –Igual la había cocinado con ayuda de otros elfos y un par de norn. El aludido se acercó. Su aspecto andrógino y arreglado era muy llamativo. Bjarni lo recordaba, había intentado una vez viajar con la flota de Hrimthurs pero su esposo lo había rechazado. Lo que era y lo que hacía chocaba con los principios bajo los cuáles se regía la tripulación.

–Gracias por todo Vanima. –La elfa se marchó y Amarië la escoltó al comedor.

La comida se veía sublime, no sólo por el aroma que se desprendía de los platillos sino por la forma en que había sido dispuesto todo, en bandejas y fuentes de plata decoradas con flores. Había capón frío con salsa de zanahorias, sazonado con pasas, trocitos de naranja y lima; chuletas especiadas regadas con cerveza tostada de bayas ahumadas; anguilas en gelatina, alondras asadas rellenas de ajo y cebolla. Vino de zarzamora, tan dulce que empalagaba; y un excelente vino de fuego norn para hacer la digestión. De postre, Amarië llevó moras con crema.

Había dos puestos más en aquella mesa demasiado larga para tan pocas personas.

–Bölthorn nos envió muchas cajas del observatorio –le contó Amarië a Bjarni. Ella asintió, las había visto. –Las trajeron sus mercenarios norn. Se trata en su mayoría de libros. Les hice espacio en la biblioteca de Lady Níriel pero no los acomodé, es demasiado –la mención de la difunta dueña de su hogar ponía mala a Bjarni. –¿Son para Svadilfari?

No lo sabía, posiblemente sí.

Su hijo no tardó en unírseles.

–¿Quieres que se sirva la comida de una vez? –Inquirió Bjarni.

–No creo que a Bölthorn le importe. –A Bjarni no le gustaba del todo Bölthorn, su hijo tan pronto lo trataba como un amigo y al siguiente momento se mostraba receloso de él. A ella la ayudaba con sus pociones y con su compañía, parecía partidario de Hrimthurs pero Bjarni tenía sus dudas.

Amarië les sirvió e igual descorchó una botella de vino y rellenó sus copas, aunque Bjarni rechazó el suyo. Svadilfari acababa de llevarse la copa a los labios cuando Bölthorn entró. Lo escoltaba una de las dísir la cual se quedó de pie en una esquina de la habitación como si ya con eso pudiese pasar desapercibida. Svadilfari dejó su copa sobre el mantel con brusquedad, derramando el vino, pues Bölthorn guiaba de una mano a Loki.

–Por Isil –murmuró Bjarni al ver ahí al joven. Loki llevaba puesta ropa élfica. Una túnica verde oscuro bordada en plata y pantalones negros. A Bjarni le extrañó sobremanera el collar que portaba, un artefacto a todas luces incómodo, que más parecía el eslabón de una cadena que un adorno. –¿Loki? ¿Aquí? –Miró algo confusa a su hijo el cual estaba sin habla.

–Veo que ya empezaron, está bien, nos demoramos con algunos asuntos en el observatorio.

Bölthorn sonrió cordial, le indicó a Loki que ocupase uno de los puestos vacíos a la izquierda de Svadilfari y Bölthorn se sentó en el que seguía. Amarië se encargó de llenar las copas de vino de todos.

–El vino élfico es muy suave, este en particular tiene un toque afrutado. Me gustan más los vinos robustos de Asgard y Nornheim, aunque no me atrevería a decir eso en la cara de ningún elfo de luz, ni de ningún vanir ya puestos, que su hidromiel no tiene nada que envidiarle a esta bebida. ¿Ha probado la hidromiel vanir mi señora? –Inició la conversación Bölthorn. Svadilfari estaba mirando a Loki pero el aesir tenía los ojos fijos en su plato. Parecía indeciso acerca de probar o no la comida.

–¿Qué está ocurriendo? –Volvió a preguntar Bjarni. –Loki, ¿qué haces en este lugar?

El joven alzó la mirada hacia ella pero no contestó.

–Es nuestro huésped –respondió Bölthorn por fin. –Se ha separado de Thor para acudir donde Svadilfari. Desea estar con tu hijo mi señora.

–No puedo creer eso. Es tu prisionero. –El hechicero se acabó el vino y se sirvió más.

–Díselo Loki. Adelante.

–Estoy aquí para acompañar a Svadilfari –confirmó. –Sé que te resulta extraño hallarme aquí dadas las circunstancias pero no podía ser de otra manera. –Después de decir eso, Loki pareció relajarse, probó la comida con interés y después con auténtico apetito. –¿Cómo se encuentra Hrimthurs? –Preguntó.

–En el oeste –respondió Bjarni. –Conducía a nuestra gente contra Lady Nienor.

–¿Nienor?

–¿La conoces? ¿Crees que sea una rival de cuidado?

–Nienor no es Lady Telenma, así que no tienes de que preocuparte –dijo Loki. Pero la mención de la genocida puso nerviosa a Bjarni. Loki siguió comiendo con calma. –¿Estás a gusto en tu nuevo hogar? No parece víctima de una invasión.

–Lo tomamos pacíficamente –habló Svadilfari. –Los elfos de luz se fueron.

–Huyeron es más preciso y como no hacerlo con vecinas como esa –Loki señaló a la dísir que montaba guardia. –Asumo que con ustedes serán más amables. Igual y les traen un regalo de bienvenida.

–Ya lo hicieron –se metió Bölthorn. –Un bonito regalo envuelto en verde y plata –habló aduciendo a la túnica de Loki. Los dos hechiceros se rieron de aquel chiste.

–Mientras tengan comida serán civilizadas –dijo Loki. –Ahora tienen carne de enano en el menú, ¿son correosos como aparentan? –Le preguntó a la dísir que vigilaba.

Bjarni puso cara de espanto y Svadilfari de censura. La dísir le mostró los dientes a Loki y asintió.

–Svadilfari –Bölthorn pareció acordarse de algo en ese mismo momento. –Hablando de los enanos. ¿Qué es eso de que tus elfos los dejaron pasar sin más? La mínima decencia exigía que al menos me pusieras sobre aviso. Mataron a varios de mis elfos que cuidaban de los pilares, incluido Oromë, ahora no tengo ingeniero. ¿Querrás echarles un vistazo?

–No. Sabes que no deseo involucrarme más de lo esencial. No sé si haya otro ingeniero entre mi gente –miró a Amarië.

–Ninguno príncipe –dijo el catamita y su "príncipe" sonó algo insultante.

–Haré que las dísir patrullen estas tierras. Aunque igual harías bien en montar puestos de guardia, los enanos son conocidos por su terquedad. ¿Cuántos elfos tienes aquí contigo?

–Vanima se ocupa de esas cosas –respondió Svadilfari. Amarië le sirvió más vino a Svadilfari. Loki agitó su copa captando su atención. El joven igual le escanció más.

Bjarni apenas y pudo pasar bocado. Entre las anécdotas de viajes de Bölthorn, las preguntas amables de Loki y las risas de ambos hechiceros, no podía dejar se sentir tensión en el ambiente como si una bomba estuviese a punto de estallarles en la cara. Al final se levantó. Los tres caballeros se pusieron en pie para despedirla.

–Quiero descansar. –Antes de que Svadilfari pudiera moverse Amarië se le acercó y le tendió el brazo. Bjarni se apoyó en el chico.

–Descansa madre.

Lo último que Bjarni vio antes de abandonar la estancia fue a Svadilfari extendiendo una mano para tomar la de Loki, y como el aesir la retiraba como si temiera contagiarse algo.

–¿Qué haz hecho hijo? –se preguntó. Ahora sabía la razón por la cual Svadilfari había acudido a Svartálfheim. Tuvo un oscuro presentimiento.

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Sin Bjarni presente, Loki enmudeció.

–Quítale eso del cuello –exigió Svadilfari a Bölthorn.

–No puedo, es su contrato, es inquebrantable hasta que cumpla nuestro acuerdo. Y cumplirá, todos lo haremos. Tú prometiste un ejército, yo te prometí entregártelo, y él prometió… pues bien, ya lo verás.

Svadilfari inhaló hondo.

–¿Cuánto tiempo le resta a su contrato?

–Meses –repuso Bölthorn. Loki escuchó aquello con avidez. –Aún hay pendientes que resolver antes de que cumpla su parte del contrato.

–Y después me cederás por completo su custodia –afirmó Svadilfari, antes de buscar la mirada de Loki, conciliador –estarás a salvo.

El aesir pareció no haberlo escuchado en un principio, pero entonces, súbitamente empezó a reírse, una risa que se volvió carcajada. Bölthorn se lo quedó mirando entretenido. Cuando Loki consiguió dominarse, se pasó la mano por el cabello.

–Mis amos, ¿puedo retirarme también? –Inquirió. –Las mentes simples hacen que la comida me siente mal.

Bölthorn le hizo una señal a la dísir la cual se acercó y lo tomó de un brazo. Loki la detuvo con un ademán. Vació de golpe su copa de vino y después se dejó conducir mansamente.

–¿Qué le haz hecho? –Inquirió Svadilfari.

–Nada. Como bien sabes, no puedo dañarlo físicamente. Lo que ocurre con él es que es demasiado testarudo y demasiado… ¿cómo decirlo? Se piensa indomable. En fin, te recuerdo los términos de nuestro acuerdo respecto a él. Se quedará en esta casa contigo pero cuando yo lo requiera le permitirás acompañarme.

–¿Qué tan frecuente será eso?

–No lo suficiente para que no puedas disfrutar de su compañía. No debes darle ninguna noticia de la guerra. ¿Estamos? –Svadilfari asintió. –Asumo que ardes en deseos de quedarte a solas con él. Si me permites un consejo, no le quites las cadenas.

–¿Cuáles cadenas?

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Loki miró en derredor. Estaba en una alcoba acogedora. La chimenea estaba apagada pero él no tenía frío. Había un escritorio, un librero, dos sillones y una cama con dosel. Lo habían dejado encadenado sobre el lecho. Tenía las manos sujetas al frente, las esposas que lo restringían se unían a una cadena que iba a su cuello.

Intentó dominarse.

Llevaba en su cuerpo un hijo de Thor. Eso era lo único que le importaba. Svadilfari podía hacer lo que quisiera con él pues no podía preñarlo. Por el contrario, si lo pensaba con frialdad le convenía yacer con ese escupitajo del averno y hacerlo creer que el niño que esperaba era suyo. Era seguro que Svadilfari haría hasta lo imposible por protegerlo, quizás incluso ayudarlo a escaparse o, siendo muy optimistas, podría matar a Bölthorn.

Desechó esa última idea. Svadilfari no tenía las agallas necesarias.

Escuchó que la puerta se abría. Sintió el corazón desbocado pero dominó su rostro para que no trasluciera el profundo rencor que sentía en ese mismo momento.

"Te casarás con Thor Odínson" le había dicho una vez Laufey. Y Loki se había sentido de manera similar. Como una meretriz vendida al mejor postor. Pero todos sus temores se habían esfumado el día en que Thor lo besó por primera vez.

Pero no era Thor quien se acercaba a él.

Svadilfari le sonrió como apaciguándolo.

–No me gusta lo que te ha hecho –dijo Svadilfari sentándose sobre la cama delante de él.

"Pero si tú le ayudaste a hacer todo esto" pensó Loki con amargura.

Svadilfari sujetó las esposas y sin esfuerzo aparente las abrió. Claro, su magia de transformación. Igual le quitó la cadena atada al mornië; inclusive se tomó la molestia de intentar retirar el collar, con el previsible resultado de no conseguirlo. Loki deslizó los dedos debajo del mornië para sobarse un poco. Le hacía daño el roce constante contra la piel de su cuello.

–¿Te duele? –Inquirió Svadilfari acariciándole la blanca piel.

–¿Qué es lo que haces en este reino?

–¿No lo sabes? Vine porque hay una guerra. –Svadilfari pareció desolado cuando añadió: –y así inicia la era de los elfos oscuros. –Loki reconoció las palabras de su visión. Se quedó frío. Svadilfari se echó a reír y negó. –No sabes cuánto te anhelé. –Añadió antes de abrazarlo. Loki se tensó pero no hizo nada, aunque sus ojos buscaron por instinto algo con que apuñalar a Svadilfari. –Estarás a salvo. –Su estúpido optimismo ponía malo a Loki, se mordió la lengua. –Hice que Bölthorn me jurara no hacerte daño.

–¿Hiciste qué? –El elfo oscuro se alejó un poco.

–Cuando pactamos.

–Claro cuando pactaron, lo hiciste jurar que no dañaría tu premio. –Svadilfari pareció avergonzado.

–Me mostró que se había vuelto tu amo y luego dijo que iba a matarte, dijo que te torturaría si no reunía un ejército para mi padre. Lo insté a jurar entregarte a mí y a no lastimarte. –Svadilfari le contó aquello buscando su aprobación.

Loki asintió procurando mostrarse… ya ni sabía que papel se supone que estaba tratando de interpretar. Por una parte lo que Svadilfari acababa de revelarle sonaba muy útil, por otro lado…

–¿Te dijo lo que le debo?

–No.

Svadilfari era un imbécil. Y no podía contarle que Bölthorn le había visto la cara, que era un idiota pues de todos modos, Loki iba a morir cuando liberase a Jörmundgander, o al menos eso es lo que Bölthorn esperaba.

–¿Entonces viniste a este reino por mí?

No fue la pregunta más asertiva. Svadilfari se lo tomó a que lo halagaba con su devoción. En vez de responder abrazó a Loki nuevamente y lo besó, no como se habían besado antes, sino con pasión, con frenesí, el cual sólo conduciría a una cosa. Loki se dejó hacer. Dejó que lo recostara sobre la cama, que le metiera las manos bajo la poca ropa que le habían puesto.

Lo intentó, de verdad intentó ser dócil.

Loki sintió asco y furia combinados. Empujó a Svadilfari lejos de él mandando al carajo todos sus pensamientos iniciales acerca de engañar al elfo, de seducirlo para que lo protegiera.

–No me toques –salió de sus labios. –No sé qué te piensas. ¿Mi salvador? Estás hundido hasta el cuello en los tratos de Bölthorn, los mismos que me han esclavizado, me repele tu pose de bienhechor desinteresado. –Svadilfari parecía herido. –En honor a nuestra amistad quise escucharte –mentira, –pero quiero que entiendas de una buena vez que sólo me tienes contigo porque he sido obligado –verdad.

Bölthorn le había ordenado no darle problemas a Svadilfari. Si se enteraba de lo que estaba haciendo seguro aparecería encadenado, amordazado y desnudo en esa misma cama. Porque Bölthorn no podía lastimarlo pero hacer que Svadilfari lo lastimase era otra historia.

–Sólo quería rescatarte y nada más. De Bölthorn, de esta guerra y de todos, porque te quiero.

–Y estos besos que acabas de darme, también son parte de tu rescate. No Svadilfari, los dos sabemos bien que es lo que quieres de mí, y me temo que eso es algo que ni Bölthorn puede conseguirte. –Svadilfari se puso de pie bastante ofuscado.

–Igual estaremos juntos en esto hasta el final –dijo eso y salió de la alcoba.

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Vanima desayunaba con Amarië y Bjarni. Los dos se habían pasado temprano a verla. Vanima estaba terminando de redactar algo en un grueso libro. Llevaba un registro de su travesía por Svartálfheim, por iniciativa propia. Amarië se asomaba de tanto en tanto, estirándose, tratando de husmear en su labor.

Bjarni estaba más relajada que durante la cena de la noche anterior. Ahora sabía que Loki iba a quedarse en su improvisado hogar. Y también sabía el porqué, pero no hablaba de ello.

El sol había salido hacia poco y Vanima ya había tenido tiempo de reñir con Bölthorn. Había acudido a la barrera del observatorio, no podía traspasarla pero desde ahí le había pedido a las dísir que tuviesen la amabilidad de llamar a su amo y lo habían hecho.

–¿Qué es eso? –Inquirió Amarië muerto de curiosidad cortándole el hilo de maldiciones contra Bölthorn que Vanima tejía en su cabeza.

–Una crónica acerca de Svadilfari.

–Vi mi nombre.

–Eres parte de esta historia –dijo Vanima.

–Pasaré a la posteridad, espero que me hayas retratado con palabras amables. No olvides mencionar mi belleza.

Vanima lo miró y luego intercambió una mirada con Bjarni. Las dos se sonrieron. Amarië si era una criatura bella aunque su vida pasada le había dejado secuelas como un cinismo que afloraba a la mínima y un rostro que era una máscara de júbilo bajo la cual ocultaba con cuidado sus emociones.

–¿Puedo leerlo? –Inquirió Bjarni.

–Cuando lo pula un poco más, ahora es un compendio de notas, copias de algunas cartas y así. –Bjarni no le creyó pero no insistió.

Svadilfari entró en la cocina de la casa que era donde se hallaban. Amarië se apresuró a ponerle un plato con pan, mantequilla y algo del postre de moras con crema de la noche anterior. Vanima empezó a decir "Bölthorn" y Bjarni lo saludó. Pero los tres se aplacaron en sus atenciones al notarlo huraño.

–Amarië, ¿podrías preguntarle a Loki si quiere comer algo?

–Sí mi príncipe –dijo el chico y se fue a hacer lo dicho.

–¿Qué hizo Bölthorn ahora? –Le preguntó a Vanima mientras se sentaba a comer algo.

–No me deja ver a Eyvindur. Le pedí de la manera más cortés que me fue posible, permiso para traspasar la barrera del observatorio. Le dije que tenemos medicamentos y un sanador.

–¿Tenemos un sanador?

–Aerandir. Pero me negó lo pedido, dijo que Radu se hace cargo de él, dijo que se encuentra bien; pero me temo que Bölthorn ha perdido la noción de lo que eso significa.

–¿Qué deseas que yo haga?

–Deseo que lo obligues a permitirnos acceder a él. No confío en su palabra, ni siquiera es elfo oscuro y ahora pienso que nos ha arrastrado aquí con engaños para sus propios fines.

–Vanima –Svadilfari se sobó las sienes. –Te pedí que te quedases en Asgard pero en cambio insististe en venir conmigo, no eres guerrera ni hechicera, no quería que te involucraras en estos desafortunados eventos.

–Bjarni tampoco es una cosa ni la otra y aun así le permitiste acompañarte. –La aludida no replicó nada, se había acostumbrado a que hablasen de ella delante de ella sin tomarla en consideración.

–Ella vino por mi padre, porque lo ama. –Vanima se sonrojó.

–¿Si no te amo no puedo seguirte? Pues sábelo bien Svadilfari, sí te amo, no como hombre sino como mi príncipe que eres y creo en ti. Te seguí porque no me queda nada más, porque no me importa el dolor de la guerra y porque no le temo a la muerte. Y además de todo me necesitas.

–No confrontaré a Bölthorn –dijo él en lugar del habitual "veré que puedo hacer" que le daba a Vanima a dosis regulares. –Dijo que no dañaría a Eyvindur, y su palabra es de fiar. –Vanima le lanzó una mirada furibunda, sus ojos verdes destellaron con enojo, le recordó a Loki la noche anterior. –Por favor vete.

Ella se dio la vuelta como un vendaval, ni siquiera se acordó de recuperar el libro en el que había estado trabajando. Amarië escogió ese momento para entrar en la cocina.

–Te manda decir que prefiere comer en los infiernos que verte la cara. ¿Quieres que aun así le lleve algo? Se ve un poco famélico, no le sentaría mal un buen guiso.

–Déjalo estar, cuando quiera comer comerá. –Le clavó su mirada severa al joven elfo el cual captó el mensaje y puso pies en polvorosa. Por último se giró hacia su madre.

Ella simplemente suspiró y se puso de pie sin decirle nada, ni una sola palabra por el hecho de que tuvieran prisionero a Loki.

Estaba cansado, sentía que tiraban de él sin que pudiera comprender bien a bien que era lo que querían. Y lo único que deseaba, estar al lado de Loki le era negado. El libro de Vanima atrajo irremediablemente su atención. Ojeó el volumen, a veces no entendía bien lo que ella escribía, sobre todo cuando estaba apresurada. Halló varias páginas atrás un boceto de una carta. Se detuvo ahí pues ponía:

"A los elfos de Asgard,

Parto a Svartálfheim con pesar en mi corazón por dejar atrás cuanto hemos logrado en el reino eterno. No piensen que hay deslealtad o doblez en mis acciones no piensen que era mi intención usar su apoyo para mis propios fines cuando me encumbraron en un principio. Voy al reino de los elfos pues es lo que un buen hijo haría, lo que un capitán leal haría pero ante todo es lo que un príncipe haría. Tenemos un lugar en Asgard pero no somos ases, nunca lo seremos. Tenemos permisos de navegación, pero todo navegante necesita un puerto donde fondear. Parto a Svartálfheim no para buscar guerra, sino para hallar paz. No para conquistar sino para recuperar el mundo del cual nos exiliaron, un mundo que muchos de ustedes nunca han visto, pero que es tan suyo como si hubiesen crecido ahí. Les pido que continúen viviendo en la paz del rey, bajo las leyes de este lugar. No cometan ilícitos que puedan acarrearles problemas. Trabajen duro, vivan y crezcan. Sigan a Tulk y a Aryante, en quienes confío. Me atrevo a pedirles fe pues nunca antes les he fallado. Sé que hay temor y dudas; sé que no saben si volveré, sé que quizás no entienden por qué me voy. Pero ante todo eso les respondo con una sola palabra: esperanza. Guárdenla para ustedes y deséenla para mí".

Estaba firmada: Meletyalda Svadilfari.

Él no la había escrito. Vanima lo había hecho sin decírselo. Lo hizo quedar como un príncipe en toda forma ante los elfos de Asgard, a los cuáles no les había dicho sus razones, casi se había escapado de ellos. Y ahora Vanima andaba por ahí, tratando de entenderse con los elfos de Bain a quienes no les interesaba la causa de Hrimthurs; lidiando con Bölthorn, cuidando de Bjarni, ocupándose de las obligaciones que Svadilfari no había pedido pero que igual llegaron a sus manos.

Su molestia hacia ella se aplacó. Salió a buscarla. Estaba sentada en una banca junto a un rosal acompañada de Amarië. El chico estaba parado haciendo equilibrio sobre un pie y luego sobre el otro.

–La represa fue dañada y por eso no tenemos agua –escuchó que decía Amarië. Svadilfari ya lo había notado, que no había un suministro regular de agua en los hogares. –Se supone que él es ingeniero, o eso fue lo que Bölthorn dijo.

–No les ayudará, lo lamento. –Amarië se encogió de hombros. –Tiene otros deberes.

–Ya, no tienes que justificarlo todo el tiempo Vanima. Tu príncipe no mueve el culo porque no quiere ensuciarse las uñas. Se quedará ahí encerrado esperando a que Bölthorn venga a verlo con importantísimos asuntos que no impliquen lidiar con tuberías.

–Muéstrame su represa –le pidió Svadilfari. Amarië se cayó en el rosal. Salió de ahí algo rasguñado. –Aunque no lo creas, no me importa ensuciarme las uñas, puedo reparar su sistema hidráulico.

Le dio una sonrisa conciliadora a Vanima, quien se la aceptó de buen grado.

–Me quedaré con Bjarni –le dijo ella sin mencionar a Loki.

–Si ese es el caso, sígueme Svad –Amarië no lo llamó príncipe, en cambio usó ese mote afectuoso. Sonaba mucho mejor.

.

Loki se había dedicado a catalogar las cosas de los istyar que le habían hecho llegar. Los norn habían dejado todo esparcido por algunos corredores e invadiendo varias habitaciones de la casa. Le tomaría bastante tiempo ponerlo todo en orden y no estaba seguro de lo que pasaría con todo ese conocimiento de sus amados istyar cuando le llegase la hora de verse con Jörmundgander. Ojalá Hela hubiera podido decirle más al respecto.

Había encontrado unas memorias. Lord Aldor las había redactado, no en alto élfico, sino en la variante de los elfos oscuros. Loki las había ojeado por encima, pero se detuvo en el pasaje en que su maestro abordaba su encuentro con el Yggdrasil:

"Vi ante mí, una luz cálida que me rodeaba. Me sentí amado y comprendido. Sentí que jamás querría abandonar ese lugar. El árbol me dio una visión. Vi un infante, apenas un bebé de pecho. Tenía el cabello tan claro que parecía un halo en torno a su cabeza, sus ojos eran enormes y muy azules. Eran los ojos de mi amada Eyriander. Pensé: es mi hijo. Cuando la visión se disolvió y regresé a este mundo, tenía el corazón ligero por la alegría que me embargaba. Eyriander y yo tendríamos un hijo, lo supe con certeza. Les hablé de ello a mis queridos amigos, a Belfrast y a Niriel. Me alentaron a ir donde ella. Nuestra princesa estaba comprometida con Larus, quien la había ganado mediante el asesinato de Bjaldifr, el pirata. Acudí a Vilwarin en su búsqueda, para pedirle que rechazara a su prometido, para asegurarle que nuestro camino era estar juntos. La recuerdo, joven y nerviosa, no me miró a los ojos cuando escuchó mis inflamadas palabras de amor. No le conté mi visión pues me preocupaba que la idea tan abrupta le resultase mortificante. "¿Quieres ser rey de Svartálfheim?" Me preguntó. No, no quería serlo. "Entonces, aunque mi corazón es tuyo para amar, no puedo ser tuya. Pues mi esposo sólo puede ser el rey de Svartálfheim". Con esas palabras rompió el cúmulo de ilusiones que me había guiado a ella."

Loki había pensado, por un momento, que Eyvindur era realmente hijo de Aldor y no de Larus. Una confesión de lo más interesante, pero no. Su maestro no había inducido a Eyriander a violar sus votos de fidelidad. Al menos no en un inicio. Avanzó algunas páginas y siguió leyendo.

"El hijo de Larus me pareció brillante desde un comienzo. Vi en él la luz de mi amada, no así los impulsos violentos de su padre. Me encomendaron instruirlo cuando era apenas un niño. Me volqué en su educación, dedicándome cada vez más y más a ello, dejando de lado mis deberes. Para cuando me percaté de todo cuanto había abandonado, llevaba tres años sin publicar nada, ni tutorar a nadie más, ni siquiera había acudido al observatorio en todo ese tiempo. Eyvindur parecía dominar el tiempo y moverlo a su antojo, para que no me diera cuenta de todo cuanto pasaba a su lado. Tuve que hacer planes para dejarlo y atender algunas obligaciones empolvadas. Debía acudir al este y verificar el estado de la reliquia, una energía pronta a la rebelión, que sometemos con ruegos más que con fuerza. Hice que mi siervo personal empacara mi bagaje, me despedí de mi discípulo luego de colmarlo de tareas que lo entretendrían durante la semana de mi viaje. Cuando iba a partir, Atán, el hechicero real me retuvo por una cuestión de tecnicismos en un nuevo telescopio que estaba construyendo. Demoré tanto con él que pospuse mi partida para el día siguiente. Al día siguiente me ocurrió algo similar, fui demorado por Lady Nenar del oeste, quien buscaba mi consejo. Finalmente al tercer día cuando por fin iba a partir, Eyvindur dio conmigo. "Haz regresado", no me lo estaba preguntando. "Terminé el trabajo que me dejaste, quiero mostrártelo". Me tomó de la mano para conducirme. Mi siervo se me acercó con el equipaje. Yo no podía parar de reír sin que Eyvindur y él comprendieran el porqué. "Llegamos a buena hora a Enya, deshaz mi equipaje" ordené. Recordar lo orgulloso que Eyvindur estaba en ese momento, me llena de regocijo. Fue en ese momento en que lo supe. Yo no había interpretado erróneamente la visión que el árbol me diera. Eyvindur fue desde ese momento en adelante como mi hijo. Un sabio, no un guerrero como Larus. Un corazón bondadoso y sediento de conocimiento; no de política, ni de odios. Era más mío que del rey."

–Es un alivio constatar que nunca te equivocas maestro. –Le habló a la memoria de su maestro Aldor.

El heitstrenging ardió bajo su piel y ese impulso de ir donde Bölthorn se apoderó por completo de él. Se vio andando sin poder controlar sus pies, saliendo de la casa rumbo al observatorio. Nadie intentó frenarlo. Por el camino vio a los elfos oscuros que se habían apoderado del este. Algunos estaban trabajando arando la tierra, otros iban y venían con cajas, con ovejas, con barriles, pululando como hormigas. Cómo si llevasen toda la vida en ese sitio. Se lo quedaban mirando un instante, algunos lo saludaron. Nadie intentó detenerlo.

Cuando llegó al linde del domo intentó frenar sus pies pero fue inútil. Traspasó la barrera sumergiéndose en el mundo oscuro bajo ella. Su juramento de acudir donde Bölthorn lo requiriera condujo sus pasos hasta un sitio donde él había pasado mucho tiempo, durante su estancia con los elfos. La biblioteca del observatorio.

Se preguntó ahora que querría su amo.

Cuando entró el heitstrenging dejó de pulsar y pudo moverse por sí mismo. En un inicio no reconoció el lugar. No había más estanterías ni libros, todo estaba oscuro iluminado por antorchas. Había extraños artefactos de aspecto retorcido colgando de los muros. Baúles sellados en los rincones. Un mecanismo de engranajes de gran tamaño llamó su atención. Descubrió que había un enano sujeto por cadenas colgando encima de él.

–Loki –la voz de Bölthorn atrajo su atención. –Necesito que hables con Belfrast, que Maika hable con Belfrast –se corrigió. Su amo emergió de entre las sombras para pararse junto a una palanca que controlaba los engranes. –Unas cuantas palabras dulces y un par de caricias si fueses tan amable. –Loki asintió mirando todavía al enano el cual alzó la cabeza y fijó sus ojos aterrorizados en él. –Se ve cruel, ¿no es así? Pero no me creas tan colmado de villanía.

Eso dijo Bölthorn y tiró de la palanca. Loki no retrocedió cuando los engranes se activaron. Entendió, aquello era un molino de carne. El enano fue triturado. Bölthorn volvió a mover la palanca frenando todo cuando el enano perdió las piernas entre alaridos de horror.

–Ven –le ordenó Bölthorn y Loki se acercó. Descubrió que debajo de los engranes había una bandeja de acero cuyo borde se inclinaba sobre una ánfora de boca ancha. –No tiene terminaciones nerviosas –le aclaró Bölthorn. Por tanto su prisionero no podía sentir, pero aun así se retorcía aferrado a los grilletes, aquello bastaría para enloquecer a cualquiera, ver que su cuerpo era partido en trozos. Bölthorn aguardó mientras la sangre del enano escurría por la bandeja llenando el ánfora. –Es brillante, ¿no lo crees?

Loki no supo que responderle. Su amo tomó el ánfora y la llevó hasta el otro extremo de la habitación dejando tras de sí al enano que le gritaba algo en la ríspida lengua de su raza. El cambiaformas dejó el recipiente sobre su escritorio, tomó una pluma y la hundió en el contenido y luego la soltó sobre un pergamino. La pluma empezó a escribir por sí sola, letras negras.

–¿Es tinta? –Inquirió Loki. –¿Estás moliendo un enano para hacer tinta?

Bölthorn soltó una risotada satisfecho.

–Magia avanzada de transformación. Pero mira lo que se escribe.

Loki así lo hizo. Se estaba formando el boceto de un mapa, una red de túneles se dibujó. Loki distinguió el observatorio en un extremo y en el otro, el sur, el territorio de los enanos.

–Son los planes de los enanos.

–Así es. Emergerán muy cerca de nosotros con un ejército. Lo que aconteció hace dos noches sólo fue una avanzada. –Y Bölthorn lo había descubierto todo con su magia. Menuda manera de literalmente exprimirle la verdad a alguien.

–¿Qué harás con él?

–Se lo daré a las dísir, ya no me sirve. Podría molerlo entero y me seguiría mostrando sus secretos personales, pero los que me interesan están aquí –le dio unos toquecitos al ánfora.

Loki se acordó de algo.

–Transformas personas en ingredientes para tu magia. La caja de Droma tenía una capa de carne.

–Doncellas midgardianas. Abundan y son fáciles de capturar. Además de que mueren con tanta facilidad que matarlas no atrae la atención ni de Heimdall, ni de Hela ni de otros tantos guardianes. El asunto de Belfrast lo dejaremos para el final de nuestra sesión de estudio.

Bölthorn lo dejó ahí mirando el mapa mientras él llamaba a las dísir. Descolgaron al prisionero y se lo llevaron. Loki notó que cuando lo arrancaron de las cadenas no sangraba, aquel artefacto de tortura cauterizaba heridas.

–¡Loki! –Escuchó que gritaban su nombre. Vio a las dísir arrastrando a Dema al sitio que el enano había ocupado.

–¿Qué haces? –Increpó a Bölthorn acercándose en el acto. Las dísir empezaron a atar a Dema a las cadenas para izarla sobre el molino. –¡Para!

–Ella tiene secretos que yo deseo conocer. Hela se apoderó de su cuerpo y por tanto lo que Hela te dijo debe estar dentro de su tierna carne.

–Loki, ayúdame. –Loki le sujetó la mano a una de las dísir la cual siseó.

–No te ayudaré con Belfrast.

–Si faltas a tu palabra los libros de los istyar se prenderán en llamas pues así lo acordamos.

–Ella no sabe nada, Hela es demasiado lista, no dejaría rescoldos de sus secretos en Dema.

Bölthorn hizo como que se lo pensaba.

–Quizás pero igual la convertiré en tinta para que continúes escribiendo en código con su ser. –Loki lo miró desconcertado. –Sé que estás redactando un documento secreto en algún código que seguramente tú te inventaste, ella me lo dijo, me dijo todo cuanto quise menos lo que realmente quiero saber. Estás guardándole secretos a Hela. –Loki negó. Las dísir lo apartaron de un empujón y alzaron a Dema. –Y a ella no le quité los nervios.

–Te lo diré yo –le dijo Loki. –Tiene que ver con Thor y conmigo, te lo diré todo pero déjala.

–Habla –dijo Bölthorn poniendo una mano en la palanca.

–Hela siempre ha codiciado el alma de Thor, a cambio de perdonarme la vida le ofrecí ayudarla a conseguir el alma de Thor.

–¿Y cómo harás eso cuando estés muerto?

–Va a devolverme al reino de los vivos. Después de que cumpla mi acuerdo contigo, cuando baje al reino de los muertos, me devolverá para intercambiarme por Thor. –Bölthorn lo miró receloso. –Dijo que tu plan no funcionará, que lo que quieres de mí no puede obtenerse, que los foreldrar somos un fracaso de magia débil.

–Existe ese riesgo, eso es verdad. –Bölthorn le hizo una señal a las dísir y descolgaron a Dema. La desencadenaron y la chiquilla se abrazó a Loki con fuerza llorando aterrorizada. –Tu magia de foreldrar sin duda es endeble, no haz practicado con ella ni aprendido nada nuevo usándola. –Siguió meditando Bölthorn.

Se giró hacia ambos y de pronto se acercó en un par de zancadas, agarró a Dema del cabello y tiró de ella hacia atrás. Loki la aferró más fuerte y de pronto los dos la tenían en sus manos.

Loki su cuerpo y Bölthorn una réplica hecha de luz.

–Esto es su espíritu, su vorð. –Le explicó a Loki. La Dema original se había desmayado, la réplica de luz los observaba sorprendida. Bölthorn miró a las dísir y con eso bastó para que los dejaran solos. –Un vǫrð es algo muy pero que muy especial. Se regenera cuando es dañado. A veces replica lo que le pasa al cuerpo físico y viceversa y a veces no. ¿Entiendes lo que te digo? –A Loki apenas se le estaba pasando la impresión de todo cuanta acababa de pasar. –¿Lo entiendes? –Le habló Bölthorn como si Loki fuese demasiado estúpido para comprender.

–Sí –dijo por fin.

–He deducido que tu magia de curación actúa sobre el cuerpo físico pero seguramente igual puede curar el vorð. Jörmundgander será vǫrð y nada de carne. ¿Comprendes?

–Sí.

–Acabo de decidir que tendrás que aprender y practicar mucho para que no me falles cuando saltes al borde del mundo. Tenemos arduo trabajo por delante. La lección de hoy consistirá en curar espíritu en vez de carne. –Bölthorn lo señaló con la mano que tenía libre. Loki sintió que su magia regresaba a él. Su intuición y su seidh lo recorrieron entibiándolo.

–No lo hagas –le advirtió al hechicero anticipándose, pero igualmente lo hizo.

Bölthorn izó el espíritu de Dema entre sus manos y lo rasgó por la mitad, en medio de un grito silencioso.

–Repárala, une su vorð y vuelve a depositarlo en su cuerpo físico. –Después de dar esas indicaciones el cambiaformas se marchó.

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.

Karnilla había visto a Hjörtur cuando partió aunque no se acercó a despedirse de él. Tenía sus propias ocupaciones. Sus doulas y ella se ocupaban de los heridos de aquel primer encontronazo entre aesir y mercenarios. Hacía tiempo que no se plantaba en un conflicto bélico, ya casi había olvidado lo que era lidiar con dolor y muerte a raudales, tanto que terminaría insensibilizada.

Había huesos rotos, cortes de espada, algunos muñones. Las casas de curación de los elfos daban abasto para la situación. Igual tenían mercenarios que habían sido tomados prisioneros. Ninguno de los elfos que la auxiliaban con sus conocimientos de medicina se acercó a ayudarlos y tampoco lo hicieron sus doulas. Ella fue a por ellos en persona. Había varios con heridas mortales y otros que sin duda la contarían. Se fijó en uno que se sujetaba el cuello, estaba medio inconsciente; junto a él había otro que tenía un brazo zafado y algunos cortes en la cara, aparatosos pero no mortales.

–Karnilla. –Svana de las skjaldmö venía a ella.

–Thor requiere a uno de los prisioneros para interrogar. –Karnilla le señaló el de la cara cortada.

–Este, el otro no creo que pueda hablar.

Se lo llevaron y Karnilla fue tras él. Lo escoltaron al salón de audiencias de Artamir. Cuando las puertas se abrieron, quién estaba sentado en el escabel del señor, era Thor. Elemmíre estaba a su izquierda y Sif a su derecha. La reina Eyriander, Lady Nenar, Hogun y Eydís, igual los acompañaban.

Karnilla se sumó a aquella audiencia sin llamar la atención hacia sí misma. El prisionero habló, dio su nombre, había sido un berserkir de Harokim antes de que desertara por delitos varios que en ese momento no enumeró. Había servido a Starkag antes de unirse a Segsmündr. Les narró lo acontecido tras la caída de Vilwarin, incluido el suplicio de Eyvindur, la muerte de Thyra, la ruptura de la alianza con los enanos y el hecho de que Bölthorn proclamó su supremacía sobre los elfos oscuros. Igual mencionó que las dísir se llevaron varios prisioneros ases para alimentarse más adelante.

Karnilla escuchó todo eso con creciente encono. Thor se veía cada vez más furioso también pero no interrumpió el relato del mercenario. Cuando terminó de hablar Svana vio que lo retirasen.

–¿Qué deseas que hagamos ahora? –Habló Sif. Las puertas del salón de audiencias volvieron a abrirse. Bileygr, el capitán de los berserkir entró recobrando el aliento.

–Los mercenarios huyen hacia el oeste, seguro querrán unirse a las tropas de los elfos oscuros –reveló. –Conté dos mil de ellos. Abordaron sus drakares, será difícil darles alcance.

–Heimdall dijo que Nenar tiene la situación en el oeste bajo control y además, los vanir están en camino para reforzarlos. –Dijo Hogun. –¿Podrá Tarkil con los mercenarios y los elfos oscuros? –Miraron a Thor esperando por su decisión.

–Sif –le habló finalmente –manda correo a Ragnheidur y a Volstagg, que nos envíen más tropas por el camino de los vanir, cuando lleguen deberán marchar hacia el oeste para auxiliarlos. Mientras tanto nosotros avanzaremos rumbo al observatorio.

La diosa se mostró de acuerdo.

–¿Qué hacemos con los prisioneros? –Inquirió Elemmíre.

–Son desertores –concluyó Thor con una frialdad digna de su padre. –Hogun –le habló.

–Las pilas funerarias ya fueron encendidas, haré que los decapiten y que los sumen a los demás muertos.

La reunión se disolvió. Karnilla escuchó todo eso y volvió a sus obligaciones. Cuando entró en el recinto vio que ya se llevaban a los mercenarios. Aquel que antes viera sujetándose el cuello se había muerto desangrado. Uno menos al cual decapitar.

Bileygr se acercó a Karnilla, estaba ayudando a Hogun a lidiar con los prisioneros.

–Es una pena que Segsmündr no esté entre estos.

–Tiene a Lara –le dijo Karnilla pues él se había perdido el infame relato que recién había cimbrado de odio los muros de Artamir.

–Lara –murmuró Bileygr, su amiga y amante. –Cómo quisiera que Thor hubiese ordenado perseguirlos.

–Son pocos, los vanir acabaran con ellos.

Hasta sus oídos llegó un cántico, los elfos entonaban poderosas notas en honor de los caídos en batalla.

–Veinte bajas. Nada mal –dijo Bileygr.

–¿Veinte?

–Sin contar a los mercenarios. Este canto no es por ellos, nadie llora a un mercenario, no tienen familia, ni honor, ni patria, tan sólo su espada.

Esa noche ella no pudo dormir. Las llamas de las hogueras iluminaban el cielo y el humo que salía de ellas hedía a muerte. Además, cada vez que cerraba los ojos soñaba con Eyvindur y con Hagen. Se desperezó rebuscó entre sus cosas algo de poción para dormir sin soñar. Halló la última carta de Hjörtur. No se habían dicho nada serio en ella, Karnilla misma no entendía porque la había llevado consigo.

Apretó el pergamino en su mano.

–Filgya –invocó su magia creando con su cuerpo espiritual un dragón de escaso tamaño. Le abrió la ventana y el reptil negro se encaramó en el marco. –Vuela donde Hjörtur, llévale magia protectora.

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Loki dejó atrás el observatorio entrada la noche. Estaba cansado y hastiado. Odiaba lo que Bölthorn le había hecho al observatorio, preferiría verlo destruido mil veces que convertido en la sede de ese demonio. Las habitaciones de los sabios habían sido ocupadas por los mercenarios norn y por las dísir. La sala de meditación de Belfrast y Maika ahora era el merendero donde las dísir despedazaban todos los días hasta cinco prisioneros. La biblioteca era el estudio de Bölthorn y por estudio había que entender: sala de torturas. Las bodegas eran mazmorras. El corazón del observatorio era el sitio donde Belfrast yacía encadenado. No le permitían moverse de ahí. Ahí lo alimentaban, ahí dormía, ahí lo aseaban escasamente, ahí atendían sus fracturas. Bölthorn no le permitió a Loki curarlo. Dijo que el dolor físico le impediría pensar con claridad y lo quería algo trastornado.

Loki se alejó con pasos veloces hasta atravesar el domo oscuro. Llevaba a Dema entre los brazos.

Jamás había manejado antes el vǫrð de nadie. Le tomó horas comprender, pero cuando logró unir el espíritu ajado de su elfa, empezó a regenerarse por sí mismo. Loki intuía que en parte lo logró porque Dema no quería morir. Devolver el vǫrð al cuerpo le fue aún más difícil. Había sido una lección de magia durísima. Y todavía tuvo que engañar a Belfrast pretendiendo ser Maika antes de que se le permitiese partir.

"Obedece a Svadilfari, sé gentil o de lo contrario volverás aquí". Le advirtió Bölthorn cuando ya se iba. "Dema se queda".

"Dema se va conmigo".

"No vale nada, tampoco lo que dices Loki. Así que son tal para cual. Dale esto a Svadilfari". ¿Eso implicaba que no creía las mentiras que le había dado acerca de Hela? Loki ya no sabía que pensar. Agarró la nota que Bölthorn le tendía y luego vio que el cambiaformas igual le pasaba un frasco repleto de dulces de colores vivos. "Quimeras dulces, sirven para relajarse, tomate una del diario antes de irte a la cama y podrás conservar a Dema. ¿Trato?"

Loki había agarrado el frasco y luego había agarrado a Dema.

Llegó a la casa de Svadilfari con las tripas gruñéndole de hambre. Al entrar escuchó voces y risas provenientes del comedor. Se dirigió allá. El sirviente que los había atendido la noche anterior hablaba con Vanima y con Svadilfari.

–Yo era una puta –estaba diciendo. –Así que cuando llegué a Bain no sabía cómo ganarme la vida más que puteando. La primer noche que estuve ahí entré en esta taberna abarrotada de gente y decidí ir a sentarme en las piernas del cliente que se viera más pudiente. "¿Me invitas un trago?" Le dije y todos en el sitio se desternillaron de risa. Yo no sabía pero el regazo en el que escogí aterrizar era el de Lord Aldor. –Vanima se rió escuchando la anécdota. –Y luego me reprendió y… –El chico se calló al notar a Loki.

–Buenas noches alteza –lo saludó Vanima. No pareció sorprendida de verlo, hasta ella sabía que se encontraba en ese sitio.

–¿Estabas con Bölthorn? –Svadilfari se levantó para recibirlo. –¿Quién es? –Dijo notando a Dema –¿Está herida?

–No sé –dijo Loki. En dado caso Bölthorn le había vuelto a quitar su magia cuando su día de faena terminó y por lo tanto ya no podía hacer nada por ella. –Su nombre es Dema.

–Amarië vete por Aerandir. –Ordenó Vanima, el aludido así lo hizo. Vanima tomó a Dema entre sus brazos, la joven se espabiló un poco. –Ven, tienes que descansar –le dijo conduciéndola fuera de ahí.

Loki se dejó caer en una silla.

–Tengo hambre, dame de cenar –exigió. Svadilfari arqueó una ceja pero luego le puso un plato con sopa de conejo con setas, pan negro y unos albaricoques. Mientras Loki devoraba todo le tendió la nota de Bölthorn a Svadilfari. –La embrujó para que sólo tú puedas leer lo que puso.

"Le daré días amargos y duros para que busque tu consuelo en las noches. Tiene unas golosinas consigo, ve que se trague una antes de irse a la cama, le hará el mismo efecto que una barrica de vino norn. Disfruta de él mientras esté alegre pues usualmente es amargo. Ya te pertenece, haz lo que quieras con él".

Svadilfari bajó la nota y vio a Loki metiéndose un dulce en la boca.

–No lo hagas –le pidió pero era tarde.

–Es el precio de Dema –le aclaró Loki. –¿Tenemos vino?

Svadilfari le sirvió una copa. La golosina no tardó en hacerle efecto. Cuando Aerandir llegó, Svadilfari se apresuró a retirar a Loki quien estaba cantando una triste canción sobre unos marineros varados en las lunas de Asgard. Dejó que Vanima y Amarië se ocupasen de Dema junto con el sanador.

Llevó a Loki a su alcoba.

Su pequeño jötun parecía algo perturbado, mencionó que su día había sido bizarro y fatídico por decir poco sobre él. Mentó el nombre de Bölthorn cargándolo de maldiciones. Y luego se puso a hablar de ellos dos.

–Yo pude matarte –acusó a Svadilfari arrastrando las palabras. –En Asgard pude aplastarte pero no lo hice, no lo hice porque te estimaba. Le dije a Thor que nunca desluces, en su cara y sin anestesias. –Svadilfari se puso a meterlo en la cama.

–Me protegiste y ahora yo te protejo a ti. –Le zafó las botas a tirones.

–Si me violas voy a degollarte, aunque tenga que hacerlo con mis dientes –murmuró Loki empezando a aturdirse.

–¿Cómo crees que te haría eso?

–Pues bueno, me dormiré ahora y si despierto con que tú… traidor… –murmuró quedándose perdido –traidor.

Svadilfari negó algo ofendido. Se puso de pie para salir y dejarlo dormir pero al final volvió sobre sus pasos y lo besó. Sintió que Loki le devolvía el beso, acompasando sus labios al ritmo de los propios. Y finalmente, ahora sí, se quedó profundamente dormido.

Svadilfari juntó fuerzas de voluntad y salió de la habitación. Se topó con Amarië que lo miraba extrañamente.

–¿Dónde quieres que pongamos a la niña?

–Dónde te indique Vanima.

–Sí, mi príncipe. –Otra vez eso de "príncipe" le sonó a insulto. –¿Tu invitado está borracho? –Le preguntó antes de irse.

–No es mi invitado –respondió Svadilfari. –Es mi amado. –Recapacitó y volvió sobre sus pasos.

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Era jötun y por tanto su cuerpo estaba frío. Respiraba acompasado soñando sueños agradables que le dibujaban una sonrisa casi beatifica en el rostro. Svadilfari estaba seguro de que no estaba soñando con él. Dejó que sus dedos se deslizaran debajo de su ropa, sintiendo su piel. Lo había añorado con todas sus fuerzas y ahora estaba por fin a su alcance. No protestó, ni lo empujó, tampoco lo amenazó cuando acarició despacio la piel de su cintura, ni cuando le buscó los labios. No le correspondió este beso, estaba demasiado narcotizado. Probó a morderlo suavemente para ver si reaccionaba. Al ver que no lo hacía se atrevió a abrirle la ropa y probar sus clavículas, su pecho, su abdomen. Sintió que su respiración cambiaba pero siguió sin reaccionar. Terminó de desnudarlo respirando ansiosamente, pero conteniendo la presión de sus dedos, la fricción de la ropa al halarla hacia abajo. Era hermoso, realmente hermoso. Hundió los dedos en sus cabellos negros y lo besó de nuevo acomodándose entre sus piernas. Sólo un poco, sólo quería tomar un poco, sentirlo suyo sólo una vez.

Loki suspiró y entreabrió los ojos. Svadilfari le acarició la frente como confortándolo. Los parpados de Loki se cerraron pesadamente. No iba a detenerlo. Lo vio sonreír cuando lo penetró. Lo escuchó jadear por más cuando empezó a moverse.

–Thor –murmuraba, –Thor.

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Svadilfari abrió los ojos de golpe y se enderezó en su cama de forma violenta. Todo había sido un sueño. El corazón le martilleaba desbocado. Estaba echado en la cama junto a Loki, soñando que lo poseía, que abusaba de él. Su compañero de cama abrió los ojos, advertido por la brusquedad de su movimiento.

–¿Qué haces? –Le preguntó adormilado pero a la defensiva. –Nornas, malditas golosinas, voy a matar a ese bastardo –sus quejas se convirtieron en balbuceos y finalmente volvió a dormirse.

Svadilfari abandonó la cama, la habitación y luego la casa. No podía estar junto a Loki, no así. La tentación era demasiado grande, la prueba era funesta.

–Si quisiera domarte y tomar tu cuerpo, todo estaría bien. Pero no es eso lo que deseo de ti –se dijo.

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CONTINUARÁ…