A pesar de que la voz de la criatura le era aterradora, Inuyasha no pudo evitar mirar por el huequillo del árbol. Su temor se intensificó al verlo.

La apariencia del ser era monstruosa; De gran estatura de forma humanoide con grandes proporciones en brazos, hombros y muslos. Dos prominentes cuernos que sobresalían de su cabeza. Poseía dos dedos extras en manos y piernas junto a garras afiladas. Piel oscura con tonos verdosos dándole una apariencia de musgosidad. Desprendía un hedor terrible, y con una gran cola similar a la de un lagarto.

La bestia olfateó el temor del cachorro, pero lo ignoró centrándose en el olor de conflicto y sangre no muy lejos de ellos.

Inuyasha veía al monstruo alejarse caminando en dirección a donde se encontraba Sesshomaru y aquel gato. Inuyasha no podía dejar que la criatura se dirigiera hacía su hermano. Sesshomaru se encontraba herido.

Sin pensarlo mucho salió del árbol y corrió en dirección a la bestia, mordiéndole fuertemente la cola para evitar que la bestia llegará a su hermano.

El monstruo se detuvo en seco y lo observó con sus penetrantes ojos verdes de pupila negra brillante.

Inuyasha se congeló ante la mirada y forzó más su mandíbula, mordiéndolo con todas las fuerzas que sus colmillos bebes pudieran ofrecer.

La bestia no se inmutó, no emitió ningún sonido de dolor, sólo miró al pequeño cachorro que lastimaba su cola.

Inuyasha le temía, al igual que también temía por la vida de Shu. Quería volver a casa pronto y sentirse de nuevo seguro en los brazos de su madre.

La bestia dio una pequeña sonrisa al ver a la miniatura criatura que quería enfrentarse a él. Agitó levemente la cola, pero el cachorro no se desprendió de él, en cambio se aferró más incluso con las pequeñas garritas.

—Te di más tiempo de vida, pero creo que quieres morir ahora, bocadillo— pronunció la bestia.

¿Morir?... morir era malo, muy muy malo por lo que Inuyasha comprendía y él no quería morir.

o-o-o-o-o-o-o-o-o

El gato leopardo tenía deseos de auxiliar a su amiga y atrapar al merodeador, pero por fin tenía al revoltoso daiyōkai, quien había acabado con la mayoría de sus camaradas. Decidió eliminar primero a su primera presa. El segundo cachorro, Mine y el merodeador podían esperar.

Sesshomaru aprovechó los pensamientos del gato leopardo para empujarlo con sus patas traseras ignorando el dolor de sus heridas. Se liberó de la mortal mordida del gato negro, aunque con ello se ganó unos rasguños en su cuello por los colmillos que aun habían permanecido en su cuello antes de la brusca acción. Pero eso no importaba cuando por fin podía respirar de nuevo.

El gato cayó sobre su espalda. Se levantó sorprendido por el ataque inesperado del más joven.

—Estúpido perro— Bufó el felino. El joven daiyōkai comenzaba a enfadarlo.

Sesshomaru aspiró todo el oxigenó posible, levantándose con algunos tambaleos. No podía, no debía darse por vencido. No con Inuyasha solo por ahí. Sesshomaru esperaba que por el bien de ambos Inuyasha permaneciera escondido y a salvo.

Cuando se recuperó un poco, nuevamente volvió a su actitud defensiva.

El gato también se colocó en posición de ataque mientras lo inspeccionaba detenidamente, como si tratará de ver las partes vulnerables de Sesshomaru para atacar.

Sesshomaru se posicionó y estaba a punto de abalanzarse contra el gato, cuando un preocupante olor llegó a él, algo que había estado evitando…la sangre de su hermano.

Sin dudarlo se encaminó hacia dónde provenía el olor de Inuyasha, al gato no le agrado esto y protestó por ello atacándolo.

Sesshomaru se encontraba cegado por la rabia y preocupación, un segundo estaba contra el gato leopardo. Y en el otro, observando a una fea bestia tomando a Inuyasha por el cuello.

La bestia miró a su nuevo "invitado". El olor del joven canino llegó a su nariz, se sentía tan afortunado con tener otro tipo de "alimento". Normalmente devoraba humanos, hanyōs o demonios menores, pero este parecía diferente mucho más… delicioso.

La bestia se dejó embriagar por el olor de sangre que emitían ambos cachorros. El aspecto del joven perro blanco frente a él era similar a uno que había visto antes e incluso el aroma también lo era. Por primera vez en su vida comería algo de la "realeza" y recibiría un pequeño bocado también de una media sangre.

Soltó al enano para centrarse en el perro blanco. «Tendré suficiente alimento para una semana» pensó la bestia.

La ira de Sesshomaru creció al ver como la bestia soltó a su hermano pequeño sin ningún cuidado. Se lanzó contra el monstruo una vez que Inuyasha estaba libre de su control.

Inuyasha gimió de dolor cuando cayó al suelo. La bestia le había dicho cosas horribles: Le contó cómo había devorado muchos hanyōs y cómo se lo comería a él también. Y le había pegado un par de veces.

Quería aullar para llamar a su padre, madre o hermano. Pero detuvo su llanto al ver una gran ráfaga blanca frente a sus ojos. Un enorme perro blanco atacaba al monstruo abusador.

Inuyasha se tardó en procesar que aquel enorme perro era su hermano. Cuando realmente lo comprendió quería ayudarle, pero recibió gruñidos de advertencia de Sesshomaru en respuesta.

Para Sesshomaru tener su verdadera forma se le complicaba. Al ser grande sus movimientos eran más lentos y tenía más vulnerabilidades para ser atacado. Volvió a su forma humanoide; Era pequeño a comparación de la bestia, pero también más ágil.

La bestia frente a él era una especie irreconocible para Sesshomaru. Tenía características de un reptil, pero no podía decir con seguridad que era. El "reptil" no atacaba o se defendía, simplemente esquivaba los ataques.

A Inuyasha le dolían los golpes que recibió, pero eso no era impedimento para intentar ayudar a su hermano. Sesshomaru le gruñía cada vez que intentaba acercarse, así que mantuvo distancia. Se alejó buscando una manera de ayudar a Sesshomaru.

Inuyasha era una distracción para Sesshomaru. Inuyasha se retiró y Sesshomaru sintió alivio cuando lo hizo, pero a la vez le preocupaba porque podía haber más criaturas por ahí. Desvió su mirada para asegurarse dónde se había ido Inuyasha, pero la cola del reptil lo abofeteó en el rostro. El golpe fue duro, se apoyó en su pierna izquierda para no tropezar; Al ser su pierna herida, y como su cuerpo parecía no ignorar las molestias y fatiga. No pudo evitar caer.

En un rápido movimiento el reptil estaba encima de él. Inmovilizándolo.

—Suéltame—gruñó Sesshomaru.

La bestia lo ignoró y pasó su bípeda lengua por las heridas en la mejilla del daiyōkai. Sesshomaru se estremeció de asco al sentir la humedad y viscosidad en su rostro

—Exquisito… hijo de Inu no Taisho— murmuró la desagradable bestia.

Sesshomaru se congeló al oír el nombre de su padre. Esta bestia aún tenía el descaro de atacarle aun sabiendo quien era.

Forcejeó contra el peso del reptil —Libérame…

El reptil le enterró una de las garras en su hombro herido, interrumpiendo sus palabras y ocasionando un pequeño gruñido de dolor.

—La comida no habla—regañó la criatura. —Pero…— Sacó lentamente la garra del joven daiyōkai—Podemos divertirnos antes de. — Pasó su garra por las telas rasgadas del hombro suavemente, cortando la tela y dejando la herida y un poco de piel expuesta.

«¿Divertirse?» Sesshomaru no comprendía, ¿La criatura quería torturarlo antes matarlo o devorarlo?

Sus preocupaciones por ser devorado vivo parecían no ser nada al ver la mirada de la bestia; sus ojos verdosos brillaban con emoción. Sesshomaru no podía o no quería saber lo que la bestia tenía en mente y luchó para no saberlo.

Inuyasha recolectó la mayor cantidad de piedras posibles y regresó de nuevo hacía donde estaba Sesshomaru y el monstruo. Cuando miró la escena frente a él, no podía creerlo; La criatura estaba sobre su hermano y parecía que se preparaba para comerlo, porque vio como unos pequeños trozos de tela volaban. Sesshomaru se retorcía y le ordenaba que lo soltara.

¡La criatura estaba devorando a su hermano!... y él tenía que hacer algo para detenerlo.

— ¡Suelta a mi hermano! —gritó Inuyasha, lazando la mayor cantidad de piedras con fuerza.

El monstruo se detuvo y lo observó con odio. Eso no impidió que Inuyasha siguiera lanzando rocas y cuando no tuvo más atacó por sí mismo.

La bestia quería defenderse del agarre, por lo que descuidó al demonio debajo de él.

—Ahora no, pequeña sangre-aaarrrgh

El descuido de la bestia le costó la vida. Sesshomaru logró liberar su mano y en ella reunir la cantidad necesaria de veneno y energía, clavándola en el pecho.

El agarre de la bestia se aflojó y el cuerpo del monstruo se volvió más pesado en Sesshomaru al igual como la sangre salpicando a su alrededor. Sesshomaru no soportaría ni un segundo más los toques ni mirar al asqueroso reptil sobre él. Lo empujó y se lo quitó de encima.

Jadeó por el esfuerzo realizado y cerró los ojos sin querer seguir pensando en la terrible escena que pudo haberle sucedido.

La mano de Sesshomaru estaba completamente ensangrentada. Inuyasha al principio creyó que era de él, pero al ver que Sesshomaru no parecía quejarse entendió que no lo era.

— ¡Shuuu! —Lloró Inuyasha, corriendo junto a su hermano y abrazándolo. Su hermano tenía partes de su traje desgarrado, pero eso pareció no importarle.

— ¿Estás bien? — Sesshomaru se levantó lentamente e inspeccionó a Inuyasha, quien tenía algunos moretones y rasguños. Trató de centrarse en Inuyasha y no en sí mismo. No quería saber cómo se encontraba.

Inuyasha asintió con algunas lágrimas que resbalaban por sus mejillas por el susto que había vivido.

Su verdadero pánico y miedo fueron ocultos por la ira; la ira por las heridas en su hermano, la ira contra él por permitir que esto sucediera, la ira contra Inuyasha por haberlo obligado a traerle con él.

— Me desobedeciste, te dije que te fueras podría haberte hecho daño— regañó Sesshomaru.

—Shu yo… yo quería ayudarte.

—Puedo defenderme solo— se defendió. ¿Qué hubiera hecho si hubiera perdido a Inuyasha?

Inuyasha lloró con más intensidad.

Sesshomaru envolvió en un abrazo a Inuyasha. Sesshomaru tenía muchas emociones en él: hoy pudieron haberle herido su orgullo y dignidad de manera indescriptible, más de lo que ya le habían hecho los gatos leopardo, estuvo a punto de perder su vida, no sólo eso, también llevarse la vida de su hermano pequeño consigo. Y todo por dejarse llevar por decisiones estúpidas.

—L-lo sie-siento, Shu— sollozó Inuyasha.

—Está bien— consoló Sesshomaru, —todo está bien— repitió. Ese sentimiento similar de debilidad estaba en él, pero no podía permitirse ser débil, no delante de Inuyasha. Se controló lo mejor posible.

Sesshomaru no podía mantener a Inuyasha cargado, no tenía fuerzas para ello muy apenas podía mantenerse a sí mismo en pie. Dejó en el suelo a Inuyasha. El beneficio de traer a Inuyasha era que no le permitía ser débil.

Inuyasha al tener contacto con el suelo prácticamente se pegó a su hermano. No queriendo despegarse ni un milímetro.

—Quiero ir a casa, Shu — pidió Inuyasha entre lloriqueos.

Los parpados de Sesshomaru pesaban, estaba muy cansado, sentía un nudo en su garganta y quería descansar por lo menos un minuto para procesar todo.

—Iremos a casa— murmuró Sesshomaru.

Caminó sin rumbo fijo o por lo menos eso tenía en mente, pero sus piernas eran tan inestables que tropezaba constantemente. No podía soportar seguir en pie. Su cuerpo estaba terriblemente agotado.

—¿Shu? — habló Inuyasha, alarmado. Sesshomaru no se veía bien.

— Estoy bien— mintió Sesshomaru. Se acercó al árbol más cercano y alejado del cadáver del abusador. Para finalmente dejarse caer suavemente al suelo y apoyarse en el árbol.

Inuyasha no comprendió la actitud de su hermano, pero rápidamente fue a acomodarse junto a él.

Sesshomaru utilizó la estola para cubrir la mayor parte de ellos.

—Quiero irme— repitió Inuyasha.

—Nos iremos— respondió Sesshomaru.

Inuyasha se acorrucó más entre su hermano.

—¿Lo prometes? — pidió.

Sesshomaru asintió débilmente.

Su hermano mayor cerró los ojos mientras respiraba con dificultad.

—Shu no te duermas—suplicó Inuyasha.

Sesshomaru no respondió.

—¿Shu?

—No estoy dormido, sólo… sólo estoy pensando.

Eso no convenció a Inuyasha —Shu, no quiero estar solo.

—Estoy aquí.

—Pero…

—Déjame pensar, Inuyasha— interrumpió Sesshomaru. — Volveremos a casa.

La voz de su hermano mayor sonaba demasiado tranquila y cansada. Inuyasha obedeció para no intranquilizar a su hermano herido. Se apegó más al costado de Shu, tratando de buscar consuelo y refugio.

Sesshomaru no podía pensar en nada, su mente estaba en blanco, su cuerpo exhausto y adolorido. Quería descansar por lo menos un minuto, un minuto para recuperar el aliento, un minuto para quitarse esas sensaciones del reptil. Inuyasha estaba a salvo a su lado, todo saldría bien. Solo necesitaba un minuto para recuperarse.

o-o-o-o-o-o-o

Irasue trataba de encontrar a sus cachorros y con cada segundo su angustia crecía.

Era imposible que Sesshomaru se alejara demasiado, tal vez estaba buscando en el lugar equivocado. Esperaba que Inu no Taisho o Etsu tuvieran más suerte que ella.

o-o-o-o-o-o-o-o

Inuyasha sentía los respiros suaves y regulares de Sesshomaru. Su hermano se quedó dormido. Inuyasha miraba hacía todos lados con sus orejas en alerta, el lugar le daba miedo; la oscuridad era aterradora y el olor a sangre y muerte estaban en los alrededores.

—Shu, despierta— dijo Inuyasha, agitando levemente el brazo de Sesshomaru.

Sesshomaru solo dio un leve movimiento de cabeza y volvió a dormir.

Una fuerte y poderoso energía comenzaba a invadir el lugar. Inuyasha la sintió y el pánico lo invadió. La energía era opresiva.

—Shu— pidió de nuevo, estaba a punto de agitar nuevamente el brazo de su hermano cuando reconoció la energía y el olor tan familiar.