— Aunque si no entro a NYADA quedaré devastado, —rió Kurt tratando -pero sin lograrlo- de sonar despreocupado y no como un manojo de nervios.— Pero aún así, NYU es una buena universidad, y el Estudio de Actores es muy prestigiado -pero está muy enfocado en actuar en oposición directa al Teatro Musical. —Hizo una pausa, mirando a Blaine que trataba de decidir entre dos tipos diferentes de queso.— Así que apliqué para todas, y para AAD también -a pesar de que no me gustó mucho el contenido del curso. Además de que... ¿Estás bien? —le preguntó de pronto.
— ¿Hmm? Sí, sí, —dijo Blaine distraídamente.
— Porque ya he empujado este carrito cuatro veces por este mismo pasillo, y todavía no has elegido el queso que vamos a comprar.
— Kurt yo... —hizo una pausa y miró a Kurt, quien esperaba expectante.— Este, —dijo Blaine, lanzando un paquete al carrito y tragando el dolor alojado en su garganta.— No te gustó el queso gruyere la vez pasada.
— ¿Blaine?
Deteniéndose en medio del pasillo y agarrando con fuerza el carrito, Kurt miró los hombros de Blaine desplomarse mientras se tomaba un minuto para sí mismo antes de voltear a verlo.
— ¿Sí?
— Te amo.
— Y yo también te amo. Estoy muy complacido de que hayas aplicado a otros lugares. Obviamente espero que logres entrar a NYADA, pero al menos estás abierto a otras opciones -aún si todas son en Nueva York.
— Por supuesto que están en Nueva York, tonto.— Kurt arrugó su nariz y el interior de Blaine se contrajo de dolor.— No hay otro lugar en el que quiera estar.
— Eso pensé.— Blaine fijó una sonrisa en su rostro y le tendió una mano a Kurt.— Vamos. Necesitamos pollo.
Kurt fue a casa esa noche para estudiar. Habían caído en una rutina de verse algunas tardes y todos los fines de semana -y una gran parte del guardarropa de Kurt estaba en el armario de Blaine y viceversa. Pero Kurt tenía muchos exámenes en puerta, lo que significaba que no tenía opción más que estudiar duro. Aún así, se besaron amorosamente como siempre cuando se despidieron, y Blaine cerró su puerta calladamente antes de hundirse en el suelo y sollozar. Se quedó ahí por mucho tiempo antes de buscar a tientas su teléfono y marcar.
— Ya aplicó, —se soltó a llorar antes de que Wes pudiera siquiera saludar.
— Oh Blaine, —su amigo suspiró pesadamente.— Estoy en camino.
No había nada que Wes pudiera hacer o decir mas que abrazar a su amigo en el suelo de su corredor y dejarlo llorar hasta que ya no pudo más, hasta que sus ojos se pusieron rojos e hinchados y finalmente fue capaz de hablar otra vez.
— Gracias, —susurró con voz ronca y llena de lágrimas.
Wes pasó sus manos por la espalda de Blaine cuando habló.— Cuando quieras, Blaine... Debiste haberlo sabido, —sonrió con tristeza.— Tengo que decir que estoy sorprendido de que no estés a medio camino de una botella de whiskey.
— A Kurt no le gusta cuando bebo demasiado, —murmuró antes de volver a soltarse a llorar.— Todas están en Nueva York, Wes. —sollozó.— Cada lugar al que aplicó. Todas ellas. Se irá a Nueva York el próximo verano y será el final para nosotros.
— Hey, ven acá. No lo sabes a ciencia cierta. Pueden hacer que funcione. Me has dicho muchas veces que son el uno para el otro.
— Lo sé, y nunca lo dejaría, pero él quiere que lo acompañe... y cuando le diga que no...
— Pensé que ya se lo habías dicho.
— Lo hice, o al menos lo intenté. Pero sé que está convencido de que me hará cambiar de opinión. Hemos estado juntos todos los fines de semana de los últimos meses. Lo hacemos bien viviendo juntos. Hacemos las compras juntos, preparamos la cena juntos, tiene una llave y va y viene a su voluntad. Sería tan fácil... tan condenadamente fácil hacer esa transición.
— ¿Entonces por qué no lo hacen? —le preguntó Wes mientras tomaba la mano de Blaine y lo obligaba a hacer contacto visual.— Blaine, ¿por qué estás aquí en Lima? Regresamos porque necesitabas el apoyo de tus padres y el mío, y ultimadamente regresamos por mi trabajo. Pero tú puedes trabajar donde quieras.
— Pero... Nueva York...
— Nueva York es una gran ciudad, con muchos lugares diferentes y con muchas oportunidades para ti y para que construyas nuevos recuerdos con Kurt. Él es el amor de tu vida, Blaine. Luke no lo era. Sé que será difícil, pero sé honesto conmigo. ¿Cuántas veces has pensado en él en el último año? ¿Sabes que el aniversario de su fallecimiento fue hace dos semanas?
— ¿Ya fue? —Blaine se frotó las sienes y trató de recordar.— Sí... creo que sí.
— ¿Ves? Eso no te hace una mala persona, Blaine. Sólo significa que encontraste tu lugar en los brazos de Kurt. Te has movido de ese oscuro lugar. ¿Y sabes qué? Amas esa ciudad. Central Park, Times Square, El zoológico de Bronx... ¿No quieres estar junto a Kurt cuando experimente todo eso por primera vez? ¿No quieres compartir un algodón de azúcar en Coney Island? ¿O tratar de frenar sus gastos en Saks? Dos años atrás estaba aquí diciéndote que intentaras conocer a Kurt como a un amigo. Ahora te estoy diciendo que no pierdas a tu amante.
— Necesito tiempo para lidiar con esto, —gruñó Blaine mientras se recostaba con la cabeza apoyada en el regazo de Wes.— No estoy seguro.
— Claro que sí, —le dijo amablemente.— Aunque si necesitas acurrucarte será mejor que nos movamos al sofá, —se rió mientras daba palmaditas en su hombro.— No estoy esperando que tomes una decisión apresurada, Blaine. Pero sí quiero que hables con Kurt respecto a esto. Tienes que decirle por qué estás tan rehacio. Yo puedo ayudarte mucho, pero es con él con quien tienes que pasar por esto.
— No esta noche, él tiene mucho que estudiar y además tiene las Seccionales el sábado. No puedo arruinarle todo eso.
— Pero pronto, ¿si?
— Sí.
Pero las Seccionales llegaron y pasaron, Kurt envió sus documentos y Blaine no dijo nada. A decir verdad, le fue fácil embotellar sus sentimientos, ponerlos en lo más alto de una repisa y olvidarlos. Era más fácil que la confrontación, eso era seguro. Y sólo quería disfrutar el estar con Kurt. Cada segundo que estaban juntos era mejor que el último, y así fue como se encontró a sí mismo caminando cansinamente a través de la puerta después de un arduo día de trabajo con una enorme sonrisa en el rostro.
— ¿Kurt?
— ¿Cómo supiste que estaba aquí? —apareció en el pasillo, con un delantal atado a la cintura y una adorable mancha de chocolate en su mejilla.— Escondí mi auto en la cochera.
— Sé que eso hiciste, —sonrió Blaine mientras aventaba sus llaves en la mesa del recibidor.— porque no pude poner mi auto ahí.
— Oh. No pensé en eso, —sonrió tímidamente.
— ¿Qué estás haciendo? —Blaine tarareaba alguna canción sin sentido mientras se acercaba furtivamente a él.
— Oh no, no señor. Es una sorpresa. Ahora ve a lavarte.
— ¿No tendré ni siquiera un beso? —dijo con un puchero.
— Bueno... — puso un largo beso en los labios fruncidos de Blaine.— Listo. Ahora ve. Cena en cinco.
Cuando Blaine bajó unos minutos después, se encontró con la puerta de la cocina bloqueada y escuchó a Kurt ordenándole que fuera al comedor. Jadeó cuando entró y encontró toda la habitación iluminada con velas, un enorme ramo de flores y la mesa puesta para dos con una botella de vino colocada en una elegante hielera.
— ¿Todo esto para un Jueves? —le preguntó cuando escuchó que Kurt entraba a la habitación detrás de él.— Usualmente no te veo los jueves.
— Todo esto es por tu cumpleaños, —lo corrigió Kurt, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y apoyando su barbilla en el hombro del Blaine.
— Mi cumpleaños es el Sábado.
— Blaine créeme, nunca voy a olvidar la fecha de tu cumpleaños, —le dijo con una pequeña sonrisa.— Pero la celebración empieza ahora. Tenemos planes para mañana y para el fin de semana también.
— Una tarjeta hubiera sido suficiente.
— Desde luego que no, —dijo Kurt, golpeando su trasero juguetonamente.— Ahora toma asiento. La cena está servida.
...
— Okay. Vas a tener que dejar de hacer esos ruidos, —le dijo Kurt mientras tiraba la servilleta a manera de derrota.— O estarás desnudo pronto.
— Demasiado bueno, —comentó Blaine con la boca llena de pollo.— OhDiosMío, ¿cómo hemos pasado todo este tiempo sin saber que podías cocinar así? Cuando nos casemos voy a necesitar esto al menos una vez a la semana, ¿okay?
— ¿Todavía piensas que eso va a pasar? —le preguntó Kurt apoyando la barbilla en la palma de su mano y mirándolo amorosamente.
— Eso espero, —respondió Blaine con ojos brillantes.— Es lo que quiero más que nada.
— Yo también.
— Junto con el pastel de queso.
— Sí, yo también, —rió Kurt mientras reunía los platos. Regresó un momento después con un plato en su mano mientras le hacía señas a Blaine de que lo dejara sentarse en su regazo.— Así que... hice esto, —dijo un tanto orgulloso,— Me llevó casi toda la mañana así que espero que esté bueno. Pastel de queso y chocolate para el niño del cumpleaños... bueno... para el hombre, —sonrió cuando le ofreció un bocado con el tenedor.
— Estoy en el cielo, —dijo Blaine cuando pasó el bocado.— Kurt esto es... no mejor que el sexo, pero está muy, pero muy cerca. Más, —exigió, abriendo mucho la boca y gimiendo mientras Kurt lo alimentaba una y otra vez.
— ¿Podré probar un poco, o vas a acabarte toda la rebanada? —bromeó Kurt.
— Toma. —Blaine tomó un trozo de pastel en sus dedos y se lo ofreció, sus ojos se oscurecieron cuando Kurt chupó sus dedos sugestivamente.— Bueno, supongo que sabemos a dónde se dirige esta tarde, —dijo Blaine, arqueando una ceja mientras su voz se hacía más grave de deseo. Le ofreció su dedo nuevamente.— Dime que te quedarás.
— Me quedaré, —confirmo Kurt.— Y tú y yo vamos a estar desnudos por mucho, pero mucho tiempo, —exhaló mientras deslizaba suavemente sus labios, apenas tocando los de Blaine.— Después de que terminemos el pastel de queso.
— O antes, —le respondió con un guiño.
Una hora después el pastel de queso estaba por todas partes. Blaine no podía evitar reírse cuando Kurt dejó de chuparle el miembro y lo miró con una barba de chocolate. Estaba embarrado en su pecho y estómago, en el cabello de Blaine, sobre sus muslos y finalmente sobre sus caderas en el momento en que Kurt lo inclinó sobre la mesa del comedor y lo tomó. Las únicas partes de sus anatomías que estaban libres de pastel, eran sus miembros, habiendo tenido el enorme placer de chupárselos el uno al otro, limpiándolos en el proceso. Para el momento en que su mutuo orgasmo los golpeó por segunda ocasión, ambos estaban agotados y se tambalearon débilmente a la ducha donde Blaine declaró que se encargaría de los trastes al siguiente día.
— Ese pastel de queso... —comenzó a decir una vez que estuvieron en la cama y él pasaba un dedo arriba y abajo en el pecho de Kurt.
— ¿Hmm?
— Prométeme que nunca lo vas a servir en niguna cena que lleguemos a tener. No voy a sobrevivir.
Kurt se rió a carcajadas y lo giró, fijándolo a la cama y besándolo tiernamente.— Blaine... Te amo tanto. Eres completamente dramático...
— ¿Yo? —chilló de manera incrédula.— ¡¿Yo?!
— Sí. Tú. Yo estoy siempre tranquilo y sereno.— Los ojos de Kurt brillaron con alegría y continuó.— Te asustas si hay una mancha en la ventana de la cocina y sin embargo comes pastel de queso de mi pene como si no hubieras tenido una comida decente en semanas.
— No había chupado tu pene en cinco días, —señaló Blaine.— Es lo mismo.
— Blaine... —Kurt hizo una pausa para atraer toda su atención.— Vamos a estar bien, —le regaló una pequeña sonrisa y mirada sincera pero luego sus ojos se llenaron de preocupación cuando Blaine se desmoronó por completo.— Hey... Oh Blaine. Shh. —Lo acunó tiernamente en sus brazos mientras los sollozos hacían eco en toda la habitación y abrazó al amor de su vida tan fuerte como le fue posible.— Blaine... mi amor... mi viejito adorado. Por favor no llores. Por favor. Así va a ser, lo digo en serio. Vamos a estar bien.
— Gr-gracias, —sollozó violentamente, todo su cuerpo temblaba fuertemente.— No tienes idea de cuánto tiemo he esperado a que dijeras eso.
— ¿Qué? Pensé que sabías...
— Sí... lo sé, —haciendo una pausa, se frotó los ojos como un niño pequeño y Kurt se encontró de golpe con la vulnerabilidad y el miedo con el que este hombre estaba lidiando. Enroscó todo su cuerpo en torno a él de manera protectora mientras escuchaba la angustia de Blaine.— Yo sólo... es que siempre eres tú pidiéndomelo. Y yo... estoy cansado de tratar de ser fuerte. Ya no puedo ser fuerte porque estoy condenadamente aterrado... paralizado del miedo.
— Oh Dios mio, perdóname, —lloró Kurt desesperadamente.—Blaine...
— No, no hay nada que perdonar, porque necesitas esa tranquilidad tanto como yo, y estoy feliz de ser yo quien te la de. Pero es que... necesitaba tanto escuchar que tú también piensas eso. ¿Tiene sentido?
— Sí. —asintió Kurt seriamente.— Y por favor, no tengas miedo. No hay necesidad. Sabemos como terminan los cuentos de hadas... y este es el nuestro.
— Nunca voy a dejar de luchar por ti.
— Lo sé. —Kurt lo besó por todos lados, volviéndose frenético y desesperado mientras trataba, pero sin conseguirlo, de reprimir sus propias lágrimas. Blaine encontró sus labios y los capturó en un ferviente beso lleno de necesidad hasta que ambos empezaron a relajarse en los brazos del otro.— Vamos a estar bien, —murmuró Kurt contra sus labios.— Vamos a estar bien.— Sus besos poco a poco dieron paso a roces ocasionales de labios, sus lágrimas se secaron en saladas líneas en la piel de ambos, y Kurt repitió ese mantra una y otra vez hasta que Blaine finalmente se quedó dormido.
