Capítulo dedicado a Mauro Moya. ¡Aquí está tu regalo de boda! ¡Felicitaciones! =)

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CAPÍTULO 38

"El Amor en Tu Mirada"


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Blaine realizó varias respiraciones profundas tratando de armarse de valor. – Fue una experiencia amarga que supongo me marcó y me está afectando ahora. – Ejerció algo de presión sobre la mano que estaba enlazada a la suya, como buscando apoyo, el cual recibió de inmediato. – Hacer el amor con la persona a la que amas debería siempre ser magnífico y evocar los mejores recuerdos, pero no resulta así en algunas ocasiones… Mi cuerpo no respondió en lo absoluto, por lo que todo resultó muy difícil. Creí que tal vez las cosas se dieron así porque era la primera vez que intimábamos luego del accidente, y lógicamente estaba algo tenso, pero la siguiente ocasión fue igual.

También estaba el hecho de que mis movimientos eran más limitados en esa época, así que lo único que podía hacer era estar tumbado en el colchón, y su peso sobre mí hacía todavía más complicado todo. Tal vez suene como una estupidez esto, pero me sentía usado.

- ¿Él te forzó a algo que…?

- No, en lo absoluto. Él no es esa clase de persona. Todo fue con mi consentimiento, pero el momento en sí me provocó ese sentir, me imagino que por las circunstancias.

La primera ocasión no mencionó nada al respecto, se retiró y me preguntó si estaba bien, luego se acomodó en la cama y permaneció en silencio hasta que se durmió. La segunda vez que lo intentamos fue algo diferente y aún más frustrante porque seguía sin sentir nada, ni un cosquilleo, y a eso agrégale que no podía dejar de mirar su rostro reflejando tanta contrariedad.

Era obvio para los dos que nada iba bien, de pronto se levantó molesto de la cama, y antes de que pudiese entender lo que le estaba sucediendo, empezamos a discutir. Cada segundo era más desilusionante para mí porque él estaba enojado reclamándome como si fuese mi culpa lo que ocurría… o más bien lo que no ocurría. Y aunque no lo dijo, no era necesario ser un genio para saber que yo no podía satisfacerlo.

Terminamos peleando, gritándonos, y se fue dejándome solo. Regresó después de una hora probablemente y se disculpó, pero era evidente que las cosas no volverían a ser iguales. Nada se sentía igual porque yo ya no era el mismo en ningún sentido, y él no podía entenderlo.

Después de aquel día, ya ni siquiera me tocaba. Y si le insinuaba que intentásemos algo, decía que no tenía ningún caso.

- Pero si ya sabías como eran las cosas, ¿por qué tratabas de que hubiese algo entre ustedes?

- Por tonto… Porque quería salvar nuestra relación… Realmente no estaba pensando con claridad, estaba afectado por todo, y su rechazo no ayudaba, a más de que dolía tanto, aunque en el fondo lo entendía. – Una lágrima rodó por un costado, muriendo entre sus rizos.

- Fue un completo idiota al reaccionar de esa forma. Estabas en medio de un proceso largo de rehabilitación. Él te ayudaba en casi todo. No podía pretender que el sexo se diese sin problemas de forma mágica. Debió por lo menos preguntar a tus médicos, ellos le hubiesen explicado que tú ni siquiera estabas apto para eso.

Tu cuerpo tenía una movilidad muy reducida, pudo lesionarte seriamente. Se supone que te amaba, ¿en qué estaba pensando?

- Obviamente en algo que yo no podía darle… Dejé de ser suficiente para él… Y no quiero pasar por eso otra vez.

- No soy Benoît. – Su voz fue seria. – Y nunca voy a comportarme de la manera en que él lo hizo.

- No te estoy comparando, los recuerdos se hicieron presentes, y sólo expresaba algo que… Kurt te juro que no hago comparaciones, nunca podría. Créeme por favor. – Dijo en tono de súplica.

- Acabas de mencionar que no quieres volver a pasar por esas cosas.

- Lo siento, lo siento mucho. Sé que me amas, estoy consciente y agradecido por todo lo que has hecho por mí, nuestra relación ha sido tan especial desde el comienzo. Me has tenido paciencia y me has respetado en todas las formas… Sin embargo no puedo evitar por momentos sentir miedo. Ahora somos jóvenes y tenemos poco tiempo juntos, pero cuando los años transcurran tal vez te vas a cansar de mis limitaciones y de lo que no puedo hacer o darte.

- Eso jamás va a suceder porque te amo con cada fibra de mi ser. Para mí eres y siempre serás perfecto y el más hermoso de los hombres. Tengo todo lo que quiero contigo.

- Lamento tanto haber dicho eso… Pero no me refería a ti, fue una expresión.

- No soy él.

- Lo sé. Realmente lo sé.

- Nunca voy a fallarte.

- Perdóname, mi cabeza es un lío en éste momento. Kurt no…

El castaño le besó la frente y le quitó la almohada dejándola a un costado antes de atraerlo hacia su cuerpo y envolverlo con sus brazos. – No hay nada a lo que debas temer. – Empezó a besarlo en un compás dulce y delicado.

- Te amo Kurt. – Susurró cuando se separaron. – Te amo mucho.

Permanecieron abrazados por más de veinte minutos en los que el ojiazul dibujó pequeñas formas en la espalda de su novio, siendo sorprendido cuando éste le besó el rostro y continuó descendiendo hasta llegar al cuello.

- ¿Qué haces?

- Si no es muy tarde, me gustaría intentar retomar las cosas.

- No estoy seguro de que sea buena idea.

- Tal vez podríamos…

- No, Blaine.

El ex artista sintió un nudo en la garganta y bajó la mirada, soltándose del agarre para moverse hacia otro lado. – Entiendo. – Se siguió deslizando hasta llegar al borde de la cama y se sentó, inclinándose ligeramente hacia el frente.

- ¿Qué buscas?

- Mi ropa. No tiene ningún sentido permanecer desnudo.

- No es necesa…

- Quiero mi ropa.

- Amor, no te pongas así y ven aquí conmigo.

- Voy a vestirme.

- ¿Pero por…? – Abrió los ojos ampliamente. – ¡No te estoy rechazando! ¿Es lo que piensas?

- No estoy pensando en nada.

- Blaine. – Lo tomó del brazo. – Si te dije que no es porque considero que en éste instante no estás bien emocionalmente y no me gustaría que…

- No necesitas darme explicaciones. – Agarró la camiseta y la sacudió antes de darle la vuelta.

- Mi amor, sólo estoy pensando en lo que es mejor para ti.

- ¿Y qué pasa si lo mejor es seguir adelante?

- ¿Te refieres a…? ¿En realidad quieres hacerlo?

- No, ya no quiero.

Kurt se arrodilló a su lado y lo abrazó por la cintura. – No te rechacé, nunca lo haría. Y me disculpo si sonó de esa forma. Lo que no quiero que suceda es que te sientas presionado a hacer algo por la plática que acabamos de tener.

- Tal vez estoy algo alterado con todo, pero tengo claro lo mucho que te amo y que quería hacer el amor contigo.

El ojiazul le besó el hombro varias veces. – Las cosas entre nosotros siempre han fluido naturalmente y deseo que continúen así. Quiero que sea una experiencia maravillosa de la cual no te arrepientas luego.

- Eso no pasaría.

- Blaine… Mi dulce Blaine… – Frotó suavemente la nariz en el cálido cuello. – Te amo.

El de ojos dorados suspiró y puso su mano sobre una de las que lo sujetaban por la cintura. – Me gusta.

- ¿Qué cosa?

- Cuando dices que me amas. Me produce una sensación de paz indescriptible.

- Eso es muy hermoso. – Le besó el cuello. – Dicen que sólo las almas gemelas son capaces de producir entre sí ese tipo de emociones. – Le dio un beso en la nuca. – Te amo. Te amo Blaine, y tú me haces sentir de la misma manera. – Se fue dirigiendo hacia el otro lado del cuello, besándolo despacio. – Estar contigo se siente como estar en casa. – Fue recorriendo con una mano el cuerpo delante de él. – Te amo.

- También te amo, más de lo que alguna vez amé a alguien.

El castaño se acomodó para poder mirarlo a los ojos. – Si todavía quieres que lo intentemos…

- No sé. Tal vez mi cuerpo ya no reaccione y no quiero decepcio…

Kurt se inclinó hacia un costado y en un movimiento grácil atrapó los labios de Blaine en un beso cargado de muchas emociones, un beso que expresaba todo lo que las palabras no eran capaces de lograr. Sus lenguas comenzaron una dulce danza de amor que no estaba dispuesta a terminar. Llevó su mano hasta la de su pareja y le quitó la camiseta, lanzándola al suelo para después acunarle el rostro.

- Avanzaremos hasta donde nuestros corazones nos lo indiquen, como siempre ha sido.

- ¿Y si mi cuerpo no…?

- Tu cuerpo sabe que lo amo, que te amo, y que tú y yo somos uno mismo.

El pelinegro lo observó por unos segundos antes de besarlo. – Quiero, de verdad quiero intentarlo. ¿Y tú?

- Con todo mi corazón.

Volvieron a besarse de forma perfecta, sintiendo sus lenguas fundirse en el sublime calor y gimiendo en la boca del otro mientras se iban acostando suavemente. El castaño acariciaba a su amado con devoción, y éste recorría toda la blanca piel de igual forma.

Las manos de Blaine se asentaron en las caderas de Kurt cuando éste le rozó con sus dientes el cuello, y ambos se estremecieron.

El ojiazul se fue incorporando y sus manos viajaron por el cuerpo de su novio de punta a punta, acompañadas por besos y ligeras mordidas, degustando el sabor de su piel que sabía a gloria.

Caricias cada vez más íntimas, movimientos delicados pero certeros, besos sublimes, palabras de amor, todo armonizando con la sinfonía de gemidos y jadeos que se desprendían de dos personas que se amaban y se pertenecían la una a la otra.

Sus besos se habían vuelto apasionados sin dejar de ser románticos, avivando la llama en ellos y haciéndolos desear más. Ambos exploraban el cuerpo del otro con total libertad en medio de suspiros que volvían el ambiente más excelso.

Cuando se separaron en busca de aire, Kurt aprovechó para hacer girar a Blaine hasta dejarlo boca abajo, escuchándolo respirar con algo de inquietud – Confía en mí, amor. – Susurró de manera febril.

- Lo hago. Sólo fue sorpresivo.

El castaño empezó a recorrer la tibia piel, sabiendo muy bien cómo y qué hacer para mantenerlo encendido. Fue depositando besos y recorriendo con su lengua toda la espalda, excitándolo más con cada centímetro que avanzaba.

Besó cada cicatriz, deleitándose al escuchar a su pareja gemir levemente, y se tomó todo el tiempo para delinear aquellas marcas con sus dedos mientras las palabras más dulces eran expresadas.

Deslizó sus manos por los brazos de su amado y luego recorrió toda la espalda a manera de un ligero masaje, logrando que éste soltase el cuerpo y respirase con normalidad. – Te amo. – Musitó antes de apoderarse del lóbulo de su oreja con los labios.

- Te amo tanto Kurt.

- Eres hermoso, realmente precioso, y amo cada milímetro de tu cuerpo. – Volvió a introducir el suave y húmedo lóbulo en su boca. – No tienes idea de cuánto me gustas, me encantas, y cómo me excitas.

- Kurt…

El ojiazul tomó una de las manos de su pareja y la fue deslizando por su propia anatomía hasta depositarla en la dureza que había entre sus piernas, haciéndolo jadear suavemente ante la sorpresa. – ¿Te das cuenta de cómo me pones?

El ex artista sonrió y comenzó a mover su mano por toda la longitud de su amado hasta que éste gimió con fuerza. Segundos después giró la cabeza hacia atrás en busca de un beso que fue correspondido al instante y que les erizó la piel.

Kurt trazó un camino húmedo por toda la espalda, recorriendo con los labios la columna vertebral y acariciando los costados de aquel cuerpo que no dejaba de estremecerse. Luego realizó la misma acción empezando donde la espalda pierde su nombre y llegando hasta los pies. En su sendero de regreso dedicó especial atención a la cadera, logrando que su pareja diese un respingo.

Minutos después de caricias delicadas y otras atrevidas, tomó algo de lubricante en sus dedos para estimular a su novio suavemente mientras le decía lo mucho que lo amaba.

Sus acciones se volvieron un poco más profundas, trabajando con cuidado, provocando en Blaine gemidos cada vez más fuertes, hasta que todo rastro de consciencia desapareció siendo reemplazado por una intensa ola de calor que quemaba tanto que le nubló hasta la vista.

Su excitación era cada vez mayor y sabía que la del hombre que se estaba deshaciendo con su toque se encontraba en la misma situación, pero lejos estaba de querer que llegasen al final de tan maravillosa experiencia, había mucho que deseaba que su amado disfrutase, y era tanto lo que quería compartir con él, por lo que decidió detenerse para que ambos pudiesen apaciguarse un poco y disminuir su libido.

Tomó al ojimiel entre sus brazos y lo ayudó a girar hasta que quedó sobre su espalda, observando con complacencia el éxtasis pintado sobre aquel rostro que adoraba. No preguntaría si había sentido lo que le hizo, porque saltaba a la vista, sin embargo y aun conociendo la respuesta, inquirió a su pareja con una sonrisa pícara. – ¿Te gustó?

Blaine lo miró y exhaló varias veces. – Si pudiese, los dedos de mis pies se hubiesen contraído.

Kurt le tazó dulcemente el rostro y frotó sus narices. – Te amo. – Antes que éste pudiese decir algo, lo besó con suavidad, descansando después su cabeza sobre el hombro de su pareja, abrazándose a su cintura.

Fueron varios minutos en los que los dos se prodigaron pequeños roces con sus dedos mientras descansaban en el calor del otro, lo cual mantenía la llama encendida, pero en calma.

El pelinegro se fue moviendo lentamente y recostó a su novio, prodigando los más hermosos y ardientes besos sobre su anatomía, acariciando con total adoración cada zona que estaba a su paso. Sentía su sangre arder con cada reacción del ojiazul y los preciosos sonidos que éste producía, siendo inevitable la satisfacción al saber que él era quien estaba provocando aquello.

Kurt devolvía las caricias con fervor, y estaba seguro de jamás haber sentido placer con tal intensidad. Se estremeció y perdió la voluntad cuando sintió los dulces y húmedos labios recorriéndolo hasta llegar más abajo de su vientre. Creyó que moriría por la fuerza del éxtasis que lo recorría… ¿Era posible? ¿Se podía morir por esa causa? De ser así, no podía pensar en una mejor forma de dejar éste mundo. Sus manos arrugaron la sábana y jadeó con tal fuerza que su garganta ardió, pero no importó en lo absoluto.

El ojimiel lo estaba llevando hacia lo más alto, y si no se detenían en ese momento, sabía que sería golpeado por su orgasmo. – Amor… precioso… ya no puedo. – Su voz se volvió un par de tonos aguda y enredó sus dedos en los mojados rizos. – Blaine…

El mencionado levantó la cabeza y le sonrió, acariciándolo lentamente hasta llegar a su lado y juntar sus labios de una forma totalmente íntima.

Sus rostros estaban tan cerca que sentían la respiración del otro y podían escuchar los suspiros que emitían, llenando sus corazones de más amor del que era posible.

Blaine unió sus labios en un beso que reflejaba todo el amor que sentía por el castaño, separándose suavemente para respirar y contemplar aquellos orbes azules que brillaban hermosamente y que lo estaban mirando de esa manera tan especial. Le acarició la mejilla antes de acunarle el rostro y volvió a besarlo muy despacio, aumentando gradualmente su intensidad mientras disfrutaba del sabor ya conocido de aquella boca que estaba explorando y que respondía con la misma pasión que recibía.

Un beso tan placentero que se volvió algo sublime y que terminó con un te amo.

Kurt se dirigió hacia el otro extremo, y con una sonrisa y un pequeño gesto le indicó que volvería a prepararlo.

- Estoy listo.

- Quiero que estés más que listo. – Besó la bronceada piel de forma suave y rozó con sus dedos el interior de los muslos. Lo fue preparando con una mezcla de pasión y ternura, sin dejar de besar y acariciar otras partes de su anatomía, cuidándolo todo el tiempo y a la vez procurándole el placer suficiente como para tenerlo temblando.

Blaine estaba envuelto en una nube de éxtasis. No tenía voluntad alguna así que sólo cedió a cada sensación que lo invadía. Gemido tras gemido brotaban de sus labios mientras sentía la forma en que Kurt se deslizaba en su interior, activando todos sus puntos de placer y convirtiendo su cuerpo entero en una zona erógena.

El castaño se fue acomodando con cuidado y lo miró fijamente esperando algún tipo de señal. Cuando Blaine le sonrió, fue trazando todo un sendero de besos en el pecho, subiendo hasta llegar a los labios.

- Te amo. – Susurró antes de que sus ojos como la miel se cerrasen fuertemente y su respiración se agitase al sentir a su pareja moviéndose lentamente dentro de su cuerpo.

Al escuchar un pequeño gruñido, Kurt se detuvo preocupado. – ¿Estás bien?

- No sé.

- Blaine, comprendo que han pasado unos años, estoy tratando de ser muy cuidadoso y procuré prepa…

- No es eso… Soy yo… Es…

- Entiendo. – Le acunó el rostro con una mano y le besó los párpados. – Voy a ir muy despacio si es que deseas continuar.

- Sí.

- Trata de relajarte. – Le acarició la mejilla a la vez que volvía a unir sus labios en un beso largo, dándole algo de tiempo antes de seguir fundiéndose en él mientras le decía que lo amaba.

Se quedó casi inmóvil durante unos minutos en los que se dedicó a repartir besos y pequeñas caricias, observando como la expresión en el rostro de Blaine iba cambiando ligeramente. – Amor, ¿está todo bien?

- S-sí… Dame un minuto más… por favor.

- Todo el tiempo que quieras y necesites. – Le recorrió uno de los brazos hasta llegar a la mano y entrelazar sus dedos con los de él.

Anderson batallaba contra la explosión de emociones y sensaciones que estaba experimentando. Físicamente había una mezcla entre molestia y placer que sabía tenía que ir cambiando conforme las cosas avanzasen, pero eso dependía de él. Kurt estaba siendo tan dulce y tratándolo con demasiados cuidados, y él sentía que lo amaba más que nunca por ello.

Si se tratase de cualquier otra persona probablemente se hubiese molestado y hasta perdido el interés, pero no su novio, éste seguía propiciándole diferentes atenciones y siendo muy paciente. Su corazón latió con fuerza ante ese pensamiento, enamorándose aún más.

Era importante que abandonase ese temor que estaba arraigado en su mente y que se aferrase a lo que decía su corazón. Inhaló profundamente y empezó a acariciarle la espalda a su amado, rozando los costados y llegando hacia la blanca cadera, instándolo a continuar.

El castaño empezó con movimientos suaves y lentos, lo cual parecía estar funcionando ya que la tensión visible en su pareja, estaba siendo reemplazada por una pose más suelta y relajada.

Un primer gemido llenó sus oídos de dicha, el cual fue la confirmación que necesitaba para proseguir sin miedo de estar lastimando a su novio o que éste estuviese incómodo de alguna forma.

Un segundo y un tercer gemido se hicieron presentes, y él fue moviendo un poco más rápido sus caderas. – ¿Puedes mirarme? – Blaine abrió los ojos develando unos irises en un tono verde oscuro con destellos amielados. – Precioso… – Suspiró. – Todo en ti es único.

El de cabellera oscura llevó su mano hacia la nuca de Kurt y lo atrajo para besarlo mientras con la otra mano lo acariciaba con vehemencia. – Te amo.

Era un momento que estaba lleno de amor y entrega entre dos personas que se pertenecían en todos los sentidos. Sus ojos volvieron a conectarse expresando todo lo que sus almas cantaban.

El ojiazul dentro del placer que lo recorría, tenía presente lo que su pareja le había dicho acerca de que estar en esa posición lo hacía sentir inútil y usado, y era lo que menos deseaba que sucediese. Lo envolvió con sus brazos y luego de separarse de un beso perfecto susurró con voz sensual. – Giremos… Tú arriba.

Una vez acomodados Blaine se quedó en blanco al darse cuenta de que esa era una posición que demandaba mucha movilidad de su parte. Él tendría el mayor control y… Entonces entendió lo que Kurt estaba haciendo. – Te amo tanto. – Se inclinó hacia el frente y capturó los tibios labios en uno de los besos más dulces y apasionados que le había dado en su vida.

Separarse sin aliento no le ayudó a pensar cómo haría para… Se estremeció por completo al sentir como el castaño se deslizaba en su interior suavemente. Una gran ola de placer lo recorrió, y se aferró a los pálidos hombros. Luego de eso y recobrar un poco la razón, empezó a usar sus brazos para impulsarse.

Kurt correspondió con empujes ascendentes profundos, y llevó sus manos hacia la cadera de Blaine, ayudándolo así a tener una mejor estabilidad y movilidad.

Fueron logrando poco a poco sincronizarse en un ritmo perfecto que los tenía llenando el lugar con preciosos y excitantes sonidos en medio de los cuales las palabras "te amo" brotaban solas de sus labios.

Siempre tuvieron una conexión especial que iba incluso más allá de lo físico, por eso se sentía como algo etéreo que sus cuerpos se volviesen uno solo en un acto donde el gran amor que tenían el uno por el otro era el que reinaba, y sus almas se abrazaban celebrando la victoria.

Besos y caricias románticas iban y venían entre diferentes movimientos y toda clase de gemidos que los mantenía no sólo disfrutando de grandes descargas de placer sino también de un estado impresionante de felicidad mientras compartían una intimidad diferente y excelsa.

Sus respiraciones se volvían minuto a minuto más agitadas y sus corazones latían con fuerza, y fue cuando Kurt sintió una dureza aprisionarse contra su estómago que se detuvo intempestivamente.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó el ojimiel intrigado.

- Es tu cuerpo. – Respondió con una sonrisa. – ¿Realmente no lo has notado?

- ¿Notado qué? ¿Es que no te das cuenta que me tienes en otro mundo?

Kurt llevó su mano hacia el estómago de su pareja y fue deslizándola hacia el sur.

Blaine jadeó y parpadeó un par de veces. – Me tienes al borde de la locura y pensé que lo estaba imaginando en medio de un delirio.

Sin decir nada el castaño se fue acomodando hasta quedar sentado, sosteniendo al amor de su vida para que se ubicase en su regazo.

Manteniendo el silencio Blaine acomodó sus piernas alrededor del cuerpo de su alma gemela y envolvió sus brazos alrededor de su espalda.

Los dos se miraron a los ojos y se besaron lento, suave, sin profundizar, sólo moviendo sus labios de una forma que decía te amaré por siempre.

Retomaron la oscilación de sus cuerpos sin dejar de besarse, alcanzando un ritmo perfecto y totalmente sincronizado, como si hubiesen estado haciéndolo toda la vida.

Blaine le acariciaba la espalda, curvando sus dedos para evitar clavarle las uñas cuando lo sentía deslizarse más profundamente. Con cada empuje su razón se nublaba más, haciéndolo olvidarse hasta de su nombre.

Sus cuerpos cubiertos por una capa de sudor se movían al ritmo de sus respiraciones agitadas, no dejando de robarse miradas, besos apasionados y expresar lo que sentían.

Blaine sabía que estaba muy cerca, y se estremeció ante esa sensación que alguna vez pensó jamás volvería a experimentar. Empezó a moverse hacia atrás, halando a Kurt y tratando a la vez de no perder el equilibrio.

- ¿Qué pasa, amor? – Preguntó con dificultad al estar también bordeando su culminación.

- Vamos. – Susurró halándolo un poco más.

- ¿Estás seguro? – Comprendió de inmediato lo que éste quería.

El pelinegro asintió y luego lo besó de una forma especial que lo hizo suspirar.

Los dos se fueron moviendo hasta que la espalda de Blaine reposó sobre el colchón. Kurt le besó el rostro y fue descendiendo por todo el cuerpo hasta llegar a los dedos de los pies. Lo miró con adoración y trató de pensar en cómo acomodarse para no depositar todo su peso sobre su novio y no limitarlo en sus acciones.

- Sólo ven. – Extendió su mano. – Está bien.

Estar bien no era suficiente. Kurt realmente anhelaba que fuese una experiencia inolvidable de principio a fin. Para él ya lo era, y debía lograr que lo fuese para Blaine también. – Te ves tan hermoso así.

- No sabes lo maravilloso que luces. – Le sonrió. – No tienes que buscar una forma para que me pueda adaptar. Como sea que lo hagamos es perfecto porque te amo.

- También te amo. – Fue avanzando y de pronto todo estuvo claro… Permaneció sobre sus rodillas, utilizando sus muslos como base para que las piernas de Blaine pudiesen apoyarse, así él las sostuvo con su propio cuerpo sin dejarlo atrapado.

Se fue inclinando hacia delante, atento a la mirada dorada que no se desprendía de él. Al estar cerca, su novio se adueñó de su boca en una forma romántica y pasional al mismo tiempo, y él se empujó dentro de su cuerpo, escuchando un gran jadeo. Iba a preguntarle si estaba bien, pero las cálidas manos se aferraron a su anatomía.

- No te detengas. – Dijo con un tono de voz sensual.

A Kurt se le erizó la piel al escucharlo, y empezó a moverse marcando un compás ideal que no tardó en tenerlos gimiendo dentro de la boca del otro.

Aunque la posición resultaba algo cansada ya que debía mantener sus rodillas firmes sobre el colchón e inevitablemente se iba resbalando por momentos y debía acomodarse para retomarla, lo valía totalmente al ver a su amado moviéndose con él, acariciándolo, disfrutando de cada segundo en el que estaban siendo uno solo.

Los gemidos y jadeos que los dos emitían eran cada vez más fuertes y creaban juntos una melodía perfecta que guiaba el ascenso y descenso de sus caderas y los tenía respirando con mayor dificultad.

- Te amo. – Resopló con dificultad Blaine antes de que todo su ser se estremeciera por la magnitud del orgasmo que lo atravesó.

Kurt lo sostenía entre sus brazos y luego de un empuje más cayó sobre él temblando debido al orgasmo que lo recorría de pies a cabeza. – Te amo… Te amo.

Ambos permanecieron aferrados al cuerpo del otro, tratando de regular sus respiraciones, pero los espasmos no ayudaron.

Poco a poco compartieron pequeños besos mientras se miraban amorosamente. El castaño empezó a retirarse para poder quitar su peso de encima de su novio, pero éste lo sostuvo con sus brazos.

- Aún no.

- Te estoy aplastando.

- No lo haces… Quiero sentirte un poco más… Esto es perfecto.

- Te amo tanto Blaine. – Unió sus labios suavemente.

- Te amo, y te amaré hasta el último día de mi vida.