Disclaimers en el capítulo 2
Muy Feliz Noche Buena, Navidad, Saturnalias o lo que quieran celebrar, ha sido un regalo para mí también poder escribirles esta pequeña secuela, me he llenado de recuerdos, he sentido nostalgia al leer a antiguas lectoras comentando, ha sido un pequeño viaje pero intenso. Agradezco a cada una por el tiempo que se tomaron en comentarme. Un beso a todas :3
Especial de Navidad: Te regalo un deseo (final)
Salir de noche, en pleno invierno y encima al bosque, Regina tenía que estar muy loca para querer hacer esto, pensaba Emma, incluso creía que se lo estaba haciendo para molestarla, y que en cualquier momento Ruby llegaría donde ella a decirle que Regina no vendría, lo que la entristeció un poco, porque para qué engañarse, se estaba matando de frío pero ansiaba poder estar con ella. Esta mañana, cuando la sostuvo en sus brazos cuando se sintió desmayarse, quiso que el tiempo se detuviera por un momento, y con eso aceptaba que las cosas que le pasaban con la morena no era simple admiración, había algo más, ¿gustarle? No, le encantaba, le encantaba verla sonreír, ¿Enamorada? Se atrevería a decir que sentía algo más que mariposas en el estómago cuando la miraba, los ojos de la morena le calaban hasta más allá del plano físico. ¿Amor? ¿Cómo se puede amar a alguien en tan sólo unos días? Precisamente era eso lo que no le encajaba, las cosas que sentía por Regina las sentía sin tiempo, infinitas, tenía esa sensación de tener un amor usado, empleado y guardado para ella. Sí, todo le parecía raro en su diario vivir, menos estar con Regina, menos sentir lo que sentía.
Una mano enguantada en cuero le tomó la suya que estaba demasiado fría sacándola de sus pensamientos, al tiempo que le entregaba un vaso de chocolate caliente, envolviendo las manos de ella para atrapar el calor de la bebida caliente entre ambas.
—Estas congelada –le dijo Regina mientras miraba sus manos atrapando las de ella- Debiste haber traído guantes.
—Los tengo –le respondió Emma tragando saliva
Esa sensación de sentirse pertenecida y cobijada tampoco le parecía raro. Sonrió y deseó que ese momento fuera eterno porque cuando Regina dejó de hacer contacto con ella sentía que el mundo se le iba.
—Termínalo luego, Graham ya debe venir con su camioneta.
Mientras bebía su chocolate, comenzó a mirar a su alrededor, buscando el mercedes de Regina por algún lugar pero no estaba, esa sensación, el aura de un nuevo déjà vu venía otra vez, cuando vio llegar a Graham con su camioneta imágenes rápidas pasaban por su mente, nuevamente palidecía al ver los lobos subiéndose. No, esto no era una mala jugada de su cabeza, estaba segura de haber vivido algo parecido anteriormente.
—Deberías ir al médico Emma –le dijo Ruby invitándola a subir a la camioneta- Cada vez estás más pálida –miró a Regina mientras la rubia se subía- Alcaldesa, ¿vendrá con nosotros o llevará su mercedes?
—¿Mi mercedes al bosque? –la miró cínicamente- la última vez que permití eso, alguien –recalcó la palabra para que se diera cuenta de que estaba hablando de la misma Ruby- me lo fue a dejar casi hecho añicos. Mi bebé se queda en casa.
Ruby se rio por lo bajo entendiendo la indirecta.
—No hay más espacio, tendrá que ir sentada en…
—No hay problema –la interrumpió- no sería la primera vez que no voy cómoda en un viaje, me voy en las piernas de Emma.
El corazón de la rubia comenzó a agitarse de inmediato, el de Regina también, y aunque eso no estaba en sus planes, estaba disfrutando esa sensación, ni siquiera había pasado una semana y no estaba aguantando tener que evitar el contacto físico con ella, cada día que pasaba quería sentir su abrazo, ansiaba poder ser estrechada por ella con fuerza. Luego de la nota que había leído el día anterior sintió que podía darse algunos lujos acercándosele, ese miedo de ser rechazada se había esfumado en un simple trozo de papel.
La camioneta partió rumbo al bosque, Regina había pensado hacerle algunos juegos sucios a Emma mientras viajaban pero se sentía tan a gusto que desistió, tan sólo quería disfrutar esa cercanía sin pensar en nada más.
—¡Mierda! –Exclamó Graham- Afírmense porque hay un hoyo en el camino y no alcanzo a bajar la velocidad.
Con la cantidad de gente que iba en la camioneta el automóvil hizo un sonido horrible al topar en el pavimento roto, pero lo otro que ocurrió es que donde iban algunos encima de otro, incluyendo a Regina, se pegaron fuertemente en la cabeza con el techo. Regina se afirmó bien de Emma la cual la sostuvo de la misma manera, evitando que el golpe fuera demasiado brusco.
—Recuérdeme ver eso luego para que los de obras públicas lo arreglen pronto –le dijo Regina al lobo.
—Y a mí recuérdeme mandarle la factura del arreglo de la camioneta si es que se averió algo.
—No tenga duda –le respondió Regina seriamente.
Al estar hablando con Graham no se había dado cuenta de que Emma aún la sostenía por la cintura, y que ella todavía seguía afirmada de su cuello, el tiempo pareció ir en cámara lenta cuando se miraron y entendieron lo expuestas que estaban ante el acto. Al ver que la rubia no parecía incómoda con ella, poco a poco fue relajando su peso, encajando perfectamente en el regazo de la rubia. Pronto sus rostros quedaron demasiado cerca, sintió a Emma temblar de los nervios, mientras que en sus ojos se dibujaba la incertidumbre de lo que realmente estaba significando esto. Hubiera deseado quedarse así, sintiendo la respiración de ella cerca, hundiéndose en su calor, pero lamentablemente ya llegaban y la camioneta se detenía, con todos bajándose rápidamente.
Ruby abrió la puerta y Regina se negaba a tener que terminar con aquella cercanía, así que mientras bajó inconscientemente le ofreció la mano a Emma para ayudarla a bajar.
Graham por mientras daba indicaciones a cada uno de ellos, los cuales iban transformándose en lobo, emprendiendo camino hacia donde se les había indicado.
—Es mejor que comiencen a caminar rápido –dijo Ruby- No voy a alejarme mucho, si los chicos encuentran algo las vendré a buscar para llevarlas.
Regina asintió para luego ver a la loba alejarse. No tenía miedo de andar por ahí a solas con Emma, todo esto era un montaje, no había nada que inspeccionar en el bosque, simplemente la manada de lobos les estaba dejando tener una cita sin que Emma supiera que lo era. Se relajó porque sabía que estarían ahí ante cualquier eventualidad.
—¿Puedo? –Preguntó Regina tomándose del brazo de Emma, la cual asentía ante la petición- No quiero tropezarme, no veo casi nada.
—Ya se acostumbrará –Emma miraba hacia el cielo- pronto solo la luz de la luna será suficiente.
Regina también miró hacia el cielo.
—Se ve hermosa ¿No? –sonrió con nostalgia.
—Cierto –sonrió al igual que Regina. Luego bajó la mirada y sin pensar en lo que hacía tomó la mano de la morena para sacarle el guante. Regina la miró con sorpresa pero se dejó sin siquiera ponerse nerviosa, sabía que Emma estaba muy intrigada con respecto al tatuaje- Son idénticos –le dijo poniendo su mano cerca de la de ella- ¿puede notarlo?
—Lo sé –la miró preguntándose si acaso Emma podría recordar algo- Fue algo loco ¿No?
—La verdad es que poco recuerdo de ese día, si no es porque Ruby me lo cuenta probablemente todavía estaría preguntándome de donde salió –le acarició sutilmente el tatuaje- Sin embargo, siento que es especial.
—Lo es para mí también –dijo Regina mientras sin querer bajaban la velocidad de la caminata.
—¿No se arrepiente? Digo, usted no parece de las personas que lleven tatuajes en el cuerpo. Tampoco parece ser del tipo de amistades de Ruby.
—No, no me arrepiento en lo absoluto –se pegó aún más al cuerpo de Emma, ya estaba temblando y no sabía si era de frío o por cómo quería decírselo a Emma sin tener que mentirle- Este tatuaje me recuerda que tengo permitido hacer locuras, a pasarlo bien, a tener amigos, a ser yo misma, a ser querida. Este tatuaje me hace sentir una conexión especial con ciertas personas.
—Lamento no poder recordarlo todo, siento que lo pasamos muy bien pero los recuerdos son fugases.
Regina sabía que probablemente esos recuerdos eran de la vez que tuvieron la cita la primera vez que fueron al cumpleaños de Ruby, sin embargo todo lo que le había dicho era totalmente verdadero.
—Es que habían muchas copas de más, no te esfuerces –sonrió- lo pasamos muy bien esa noche.
—¿Acostumbra a ir de fiesta con Ruby seguido?
—La verdad es que no, estamos –se aclaró la garganta al notar el error de hablar en plural- estoy demasiado ocupada en el trabajo –y los niños, pensó- por lo general llegó muy cansada. Hace tiempo que no salgo a divertirme.
—¿Le gustaría volver a hacerlo? Sé que Ruby ofrece fiestas muy seguido en Granny's los fines de semana.
—¿Me está invitando a salir? –Regina se le soltaba del brazo y se le ponía de frente con una sonrisa divertida.
—¿Por qué no? Ya salimos juntas y no es justo para mí no recordarlo –se rio con ganas- a veces es bueno salir de la rutina, la rutina puede matar ¿sabía? –le dijo calmando la risa.
—Tiene toda la razón Swan –le contesto tratando de ocultar cierta tristeza en esa aseveración- prometo que saldremos de fiesta.
Regina se giró para seguir caminando, con la cabeza gacha tratando de ocultar la emoción de tener una cita, pensando en cómo sería salir con Emma como la primera vez. En silencio, ambas siguieron caminando, se miraban furtivamente, como si con ello se dijeran que estaba bien seguir caminando a paso lento, disfrutando de la compañía de cada una sin importar el frío.
Retina iba tan absorta en sus pensamientos hacia Emma que se olvidó de poner atención en el camino, lo que conllevó a que pisara una piedra cubierta de escarcha haciéndola perder el equilibrio. Para su suerte, Emma reaccionó a tiempo y la sostuvo en sus brazos evitando la caída. Se aferró firme a la rubia, incorporándose lentamente para evitar que Emma también corriera la misma suerte. Fue ahí, que bajo la luz de la luna, se quedaron mirando la una a la otra, perdiéndose en sus ojos levemente iluminados, brillando con cierta nostalgia, tratando de encontrarse en algo que estaba perdido.
—Es una locura –le dijo Emma apenas en un susurro.
—Lo sé, no tomé en cuenta lo peligroso que es venir acá con este tiempo –le respondió de la misma manera.
—No me refería precisamente a eso –la aferró aún más a su cuerpo.
Regina no podía más con ello, si fuera por ella, ya estaría besándola y perdiéndose en sus brazos. Le acomodó un mechón detrás de la oreja, y le tomó la mejilla mientras le sonreía, una sonrisa llena de tristeza, porque si esto estaba pasando era porque no se había dado cuenta de que la estaba perdiendo sin proponérselo. Emma merecía fiestas, salidas a comer, visitas furtivas a la comisaría, strudels de manzana y un sinfín de cosas que habían dejado de hacer por estar preocupadas de otras cosas que no estaban alimentando el matrimonio. Lamentaba tener que llegar a un error de su hija para que se diera cuenta de lo que había hecho. Una pequeña lágrima se caía de sus ojos, la mucha de tantas soltadas en estos últimos días, apoyó su frente en la de Emma, esperando a que fuera ella misma la que acortara el camino y la besara, con su alma deseaba que eso ocurriera.
Tan sólo unos milímetros más y ya estaría hecho, sin embargo un fuerte estruendo las sacó de la burbuja en que se encontraban, tirándose al suelo, seguras de haber escuchado un disparo.
Ruby llegó casi en menos de cinco segundos, seguido de Graham con cara de pánico.
—¡Cazadores furtivos! –gritó uno de los lobos.
—Graham –dijo Ruby- toma a ambas y teletranspórtalas a la camioneta, yo me ocupo de que todos salgan de acá.
—¡No! –Regina se opuso, se separó de Emma llevándose a Graham a un costado- No de nuevo Graham –le dijo angustiada- Llévate a Ruby de acá, no soportaría verla otra vez herida. Permaneceré acá con Emma, no vas a demorar en venir por nosotras.
Graham no se lo pensó dos veces, y aunque Ruby se negó a hacer lo que Regina decía no le quedó otra más que desaparecer de ahí llevada por su esposo.
—Tranquila, no va a pasar nada –le dijo Emma al verla temblar en sus brazos- Estoy acá.
Regina enterró su rostro en el cuello de Emma, cómo explicarle el temor que tenía ahora mismo, si casi pierde todo por culpa de un loco suelto en el bosque hace cinco años atrás. Recordó el sentimiento que tuvo al pensar que Emma había tenido la misma suerte que Ruby cuando De Locksley le había disparado en la cabeza, no soportó mucho tiempo sin dejar salir el llanto.
Graham no demoró mucho más de lo que había prometido, y en menos de un minuto ya tenía a toda la manada arriba de la camioneta emprendiendo camino hacia el centro del pueblo.
Ninguno de los lobos dijo nada al respecto, esto no era una misión de rutina, sabían que había sido irresponsable de su parte no haber revisado el bosque antes de ir, pero como todo había sido tan rápido no les dio tiempo de prever este tipo de cosas.
Nuevamente Emma llevaba a Regina en sus piernas, pero esta vez la morena no esperó ningún incidente en la carretera para echarse en los brazos de la rubia, sentía que necesitaba sentirla a salvo, que nada le pasaría, no ahora como estaban las cosas. Su cuerpo tembló ante la llegada de la camioneta a su mansión, tenía que separarse de Emma y eso la estaba matando. Con un nudo en la garganta se bajó y quedó mirando a Ruby que cerraba la puerta mientras Emma la observaba quedarse ahí mirándola. Emma no estaba mejor, se apoyó en el cristal del vidrio con su rostro lleno de Angustia, sus ojos gritaban un "déjame entrar" mientras en su pecho se instalaba esa sensación de que aquí estaba su lugar, las ganas de bajarse eran casi incontrolables, si la camioneta hubiera esperado unos segundos más estaba segura de que lo hubiera hecho.
Regina no quedó ajena a esa cara de Emma, su corazón se le partía en dos al ver a la rubia alejarse. Caminó por el sendero tratando de aguatan el llanto, pero fue imposible, las lágrimas caían por su rostro sin consideración. Se puso nerviosa al tratar de poner la llave en el cerrojo, el frío no ayudaba, sus manos temblaban, pero no tuvo que esforzarse demasiado ya que la puerta se abrió por Luna desde adentro.
—Mamá –le dijo con empatía al verla llorar así.
La morena se dejó atrapar por Luna en un abrazo desesperado, mientras soltó finalmente el llanto. La joven loba no pudo aguantar con el peso de su madre así que tuvo que ceder ante la caída y quedarse ahí con ella en el piso mientras la consolaba, no tuvo que esperar mucho para que sus propias lágrimas salieran a flote acompañándola en su dolor.
Regina jamás se había permitido verse así de frágil, no con Luna, tampoco quería que su hija llevara el peso de toda la culpa, así que limpió sus ojos y saliendo de su abrazo para mirarla de frente.
—Tenemos que aprender de esto –le dijo Regina mientras le acariciaba la mejilla secando sus lágrimas con el pulgar- incluso cuando el maestro es el dolor. Gold no hizo esto por nada, cuando todo pase seremos una mejor familia.
Luna no podía dejar de llorar, ahora era ella la que se tiraba a los brazos de su madre.
—Extraño tanto a mami y a Henry –enterraba su cara en el regazo de la morena- prométeme que todo va a volver a la normalidad.
—Te lo prometo mi lobita –acercó más su cabeza a ella y le besó la cabeza- esto no va a durar mucho.
Vísperas de Navidad.
Poco y nada pudo dormir Regina luego del mar de sanciones que había vivido con Emma, conciliar el sueño estos días fue demasiado difícil, mantenerlo aún peor, se despertaba buscándola a la mitad de la noche, desesperándose al no encontrarla para luego volver a la realidad que estaba viviendo. Esta mañana no había sido diferente, sin embargo algo le hacía sentir cierta esperanza de poder sentarse a la mesa para esperar la Navidad junto a Emma, lo que la hizo arriesgarse ante las ganas de querer llamarla e invitarla. A estas alturas ya no podía perder nada.
No se atrevió a llamarla, sin embargo escribió un mensaje de texto el cual fue enviado sin siquiera releerlo, no quería arrepentirse.
"Estaba pensando, si acaso quisieras, después de que cenes con tu familia, pudieras venir y beber algo conmigo"
Unos minutos más tarde se llevó la sorpresa más nefasta de su vida al ver el mensaje con la respuesta.
"Emma está durmiendo aún pero te lo diré yo. La Navidad se espera en familia Regina. Emma no irá a beber nada con nadie esta noche. Atte. Mary Margaret"
Hubiera querido gritar de impotencia, sabía que Mary Margaret andaba siempre metiendo su nariz donde no le incumbía pero revisar el teléfono de Emma era demasiado, además, le sacaba de sus casillas el no poder contestarle que Emma era su familia, que ella debía estar acá con sus hijos y no en casa de sus padres.
Estaba realmente triste, había pasado muchas Navidades sola pero esta sería la que más le dolería, porque estaba Luna con ella, serían dos personas a la mesa esperando a que llegara un momento hermoso que ni siquiera podrían disfrutar como se debía. Aun así decidió que Luna no se merecía una Navidad triste, así que juntó todas sus fuerzas y los pedacitos de corazón que le quedaban y se levantó a preparar todo para la noche.
Como siempre, Regina se lucía en la cocina, y aunque sabía que Emma no vendría cocinó con el amor de siempre, esta vez sólo para su hija. Ordenó la mesa con un fino mantel, puso velas y varios adornos navideños, estuvo tentada en preparar la mesa para cuatro, pero se dijo a sí misma que eso sería rayar al borde de la locura, hacer como si nada pasara no era una opción, tenía que hacerse responsable de esta realidad.
Cenaron un poco más temprano de lo habitual que otros años en noche buena, no iban a esperar la medianoche, Luna había decidido que así fuera para que fueran a dormir temprano y hacer de la noche algo menos dolorosa, aunque no por aquello disfrutaron menos lo que comían. Luna casi dio vuelta los ojos al probar el pavo preparado por su madre, la cual comía absorta en su plato sin hablar demasiado.
—Está delicioso mamá –le dijo Luna tomándole la mano para llamar su atención. Se quedó ahí un rato viéndola tragar el bocado que recién se había comido, era claro que estaba reprimiendo el llanto- Hey… estoy aquí contigo, siempre lo voy a estar… si es que así lo quieres, entiendo que me odies por lo que hice.
—No, no señorita –ahora se levantaba se su asiento y se iba hacia su lado. La tomó por el rostro y la miró fijo a los ojos- No te llevé en mi vientre para después abandonarte, hayas lo que hayas hecho tú eres mi hija y eso no va a cambiar jamás –le dijo soltando una lágrima- No me dejes sola, eso terminaría por matarme.
—Yo no sé si pueda perdonarme en algún día –ahora ella comenzaba a llorar- soy un desastre, no soy como Henry, siempre meto la pata en todo, siempre te hago enojar por algo.
—Tú y Henry son distintos pero eso no cambia mi amor por ambos –la besó en la frente- No pienses nunca que por alguna razón he dejado de amarte.
De pronto alguien golpeó la puerta, lo que provocó que ambas se sobresaltaran. Regina se levantó curiosa de quien podría ser a estas horas, pensó que quizás fuera Ruby pero no se arriesgó a abrir la puerta antes de mirar por el agujero. Sus ojos casi se desorbitaron cuando descubrió quien estaba detrás de la puerta.
—¡Es Emma! –exclamó por lo bajo mientras se afirmaba de la puerta- ¡ya voy! –Gritó mientras se fue a mirar al espejo a ver que su maquillaje no estuviera corrido por las lágrimas que había derramado recién, al rato que ordenaba su vestido para que todo estuviera en su lugar.
—Tranquila mamá –le dijo Luna sonriendo- te ves hermosa.
—¿Todo en su lugar? –le preguntó mientras ordenaba su cabello.
—Perfectamente –Luna suspiró- Bien, ahora necesito que sepas que desapareceré –sacaba el iPod que llevaba en sus bolsillos y le mostraba los audífonos- No te preocupes por mí, estaré en mi habitación y confía, no me los sacaré –finalmente se rio.
—A la habitación –la volteó y le dio una pequeña palmada en el trasero.
Regina volvió a repetir que ya iba a la puerta, necesitaba un segundo más para ella misma. Tomó el pomo de la puerta, respiró profundo y la abrió. Allí estaba ella, la luz de sus ojos, parada sin decir nada, con la mirada dolida y lágrimas en sus ojos.
Emma ni siquiera esperó a que Regina la invitara a pasar, simplemente caminó hacia ella y la abrazó fuerte como si con ello recuperara su mundo. Regina no dudo en corresponderle, aprovechó ese instante para volver a olerla, sentir su calidez, y aunque no sabía a qué se debía aquella angustia la contuvo con todo su amor.
—Perdóname por no haberte avisado antes que vendría, perdóname por interrumpir tu velada, pero es que no lo soportaba más –finalmente se separaba de ella- es solo que no pude evitar pensar en que estabas sola –le mostro el tatuaje- ¿Qué es lo que está pasando? Cada vez que pienso en ti mi mano arde como no te imaginas, y mi pecho se aprieta de angustia ¿Esto también te pasa? –Regina tan solo la miraba de forma triste, sin poder formular palabra- ¿Regina?
La morena limpió sus lágrimas y la besó en la frente, luego le tomó la mano y la hizo calzar con la suya que también llevaba el tatuaje.
—Es algo más que un tatuaje, es una marca –bajó su mirada y las observó, entrelazó los dedos y la invitó a caminar hacia el salón- Ven aquí, déjame mostrarte algo.
Emma podía sentir esa calidez de un lugar al cual se le puede llamar hogar, observó cada rincón hasta que llegó a un largo piano de cola que yacía al lado del ventanal. También se dio cuenta de que algunas gotas comenzaban a quedarse en los vidrios, pronto comenzaría a llover, lo que la hizo sentirse nuevamente en casa al ver la chimenea prendida, iluminando el lugar, como si eso ya lo hubiera vivido.
—Es un hermoso piano –dijo la rubia mientras acariciaba los bordes- ¿Desde cuándo tocas?
—No es mío realmente –la invitó a sentarse en el taburete juntas- pertenece a alguien muy especial, alguien que me mostró hasta el más recóndito secreto de su vida. Fue así que descubrí su pasión por el piano.
—Yo lo tocaba cuando era pequeña –se entristeció ante el recuerdo- pero nunca tuve la posibilidad de aprender mucho más.
Regina hubiera querido decirle que ese piano era de ella, no soportaba ver su cara triste, más sabiendo lo que había sufrido cuando lo aprendió a tocar. Quería decirle que había retomado su gusto por el instrumento y que ahora hasta tomaba clases.
—Yo llevo algunas lecciones con esta persona –comenzó a hacer unas cuantas notas graves mirando las partituras que estaban en frente.
Emma sintió ganas de poner sus dedos sobre el piano, aquella base musical que Regina estaba tocando se le hacía demasiado familiar, como todo últimamente cuando se trataba de la morena. No estaba segura, pero cuando posó sus dedos en las teclas sintió que podía leer las partituras, pero era todo tan extraño que ahí se quedaron sus dedos. Cuando de pronto sintió que la mano derecha de Regina se posaba sobre las suyas, y la hacía tocar tal cual como estaba entendiendo en el papel que tenía enfrente, era emocionante, tanto como por el toque de Regina como por la melodía que estaba saliendo. Sin dudarlo más, con su mano derecha siguió haciendo las notas más agudas, continuando con la pieza musical. Era hermosa, contrastaba con el sonido de las gotas de la lluvia que había comenzado a caer. Ahí se quedaron las dos, una al lado de la otra, interpretando a la perfección en sincronía, cuando la pieza acabó, Emma nuevamente se puso triste, así que se levantó y caminó hacia la ventana para mirar la lluvia caer, simplemente quedarse ahí cruzándose se brazos y pensar en lo que le acababa de pasar al tocar el piano, al lado de Regina.
La morena no tardó en hacerle compañía, pero no la dejó estar mucho más tiempo en sus pensamientos. La tomó del brazo y la hizo girarse hacia ella invitándola a invadir su espacio sin miedos.
—¿Qué nos está pasando? –le preguntó mientras no podía evitar estudiar cada centímetro del rostro de la morena.
—Shhh –la acalló poniendo un dedo sobre sus labios- escucha, son las campanas del reloj, ya es Navidad –la tomó por ambas manos- Tengo algo especial para ti… te regalo un deseo.
El corazón de Emma parecía casi explotar, se le acercó aún más para tomarle el rostro entre sus manos.
—Sonríe, por favor sonríe -Así lo hizo Regina, con Emma sintiéndose torpe al tocar su rostro, comenzó a dibujar con la yema de los dedos los labios de la morena, lentamente, para luego detenerse en aquella cicatriz que adornaba su boca- Eres tan hermosa cuando sonríes… ¿Puedo pedir otro deseo?
—Los que tú quieras.
—¿No te arrepentirás?
—Jamás.
Emma acortó los pocos centímetros que las separaba y la besó sin siquiera pedírselo e inmediatamente una ola de energía se despedía de las dos hacia el exterior, desde su mansión, hacia el bosque, hacia el pueblo, hacia cada casa que celebraba la noche buena, cada familia había sido golpeada por esa ola de amor verdadero.
Regina parecía que iba a desfallecer en ese mismo instante, la sujetó bien contra ella para que ese momento no acabara jamás, abrió su boca ligeramente ante la petición de entrar en su boca y dejó que ambas lenguas danzaran. Su calor, su aliento, la forma en que la abrazaba, todo eso, algo tan simple como un beso la hacía sentirse la mujer más feliz del universo.
—Feliz Navidad mi reina malvada –le dijo finalmente al separarse de ella.
—Dime que recuerdas cada segundo de nuestra historia.
—Completamente –ahora la tomaba en sus brazos y la alzaba por los aires riéndose- ¿Qué demonios ocurrió? –le preguntó mientras aún la sostenía para llevaba al sillón, dejándola caer con ella encima- Perdóname, siento como si no hubiera estado contigo por mucho tiempo.
—Imagina lo que fue para mí –le respondió ordenándole un mecho de cabello tras la oreja.
—En serio ¿Qué ocurrió? Es que no entiendo nada.
—La señorita que está en su habitación va a poder explicarte mejor –le levantó una ceja.
—¿No estamos solas?
—No –le dijo con una mueca de disgusto, sin embargo se le acercó al oído de forma provocativa para murmurarle- pero le recuerdo señorita Swan, que tenemos un lugar secreto para nosotras en esta casa… podríamos dejar este momento para más tarde, su hija tiene mucho que explicarle, y mucho por lo cual disculparse.
Regina la llamó haciendo que Emma se levantara del sillón mirando por la escalera, viendo como la joven rubia bajaba corriendo por las escaleras y corría hacia ella para abrazarla fuerte.
—Perdóname, no sabía lo que hacía. Te extrañé tanto –le dijo mientras se apretaba fuerte contra ella.
—Señorita Swan-Mills –le dijo Regina cruzada de brazos y haciendo sonar su zapato en el piso- ¿Cómo es posible que escuchara mi llamado si usted dijo que se pondría los audífonos?
—¿Y perderme el desenlace de todo esto? ¡Ja! Ni loca –levantó el dedo índice- Oído lobuno muy agudo, oído lobuno escucha más allá de lo evidente.
Las tres se rieron al unísono y se abrazaron fuertemente.
—¡Henry! Nos falta Henry –exclamó Luna.
—Vamos por él ahora mismo –dijo Regina mientras corría a buscar su abrigo.
Se abrigaron bien para salir, Regina tomó las llaves de su mercedes que estaban al lado de la puerta y salieron corriendo protegiéndose de la lluvia, pero no alcanzaron a avanzar ni dos metros cuando vieron que por la entrada la camioneta de Graham se estacionaba. Él, Ruby, Raksha, Los Charmings y Henry se bajaron a toda prisa corriendo hacia dentro, El más rápido fue Henry que se abalanzó sobre Regina, tomándola por los aires.
—¡Henry no! ¡Nos vamos a caer!
—Que ya estoy grande –dijo riéndose- puedo y quiero hacerlo –finalmente la dejó- te amo mucho mamá.
—Te amo Henry –lo tomaba por la mejillas- no sabes cuánto te extrañé –miró a todos- Gracias por venir, pero será mejor que entremos o estaremos todos empapados.
Así lo hicieron, mientras Luna se quedaba atrás observando como sus madres se abrazaban y avanzaban a la puerta de la casa tomadas de la mano. De pronto sintió que a ella misma se la tomaban, era Raksha.
—Mi padre me contó lo que te hizo el imbécil de August, no te sientas mal, ese no merece ni media lágrima tuya.
—Ya no me preocupa él –le correspondió con un apretón el agarre de su mano- a veces cometemos errores –lo miró con ternura- a veces no valoramos lo que tenemos al lado.
—Si yo pudiera tener un regalo así, no lo habría desperdiciado –finalmente se soltó de Luna y caminó hacia la casa.
—Raksha…
—Dime –se volteó.
—Te regalo un deseo.
EL joven lobo caminó a paso seguro hacia Luna, la tomó de la mejilla y dulcemente le besó la comisura de los labios.
—Un beso tuyo habría sido suficiente… lo habría sido todo.
Fin
Espero haberlas hecho viajar lindo.
Si alguna está curiosa por saber qué pieza interpretaron Emma y Regina en el piano, el tema se llama "Singur" de Oskar Schuster (Regina tocaba los bajos y Emma los agudos)
Que tengan lindas fiestas.
