Disclaimer para este y los siguientes capítulos: Todos los personajes que conocen son de JK Rowling, el uso de ciertos nombres son mera coincidencia y no tienen el propósito de herir o burlarse de alguien. El nombre del fic lo base en la película "Cuando Harry conoció a Sally" (When Harry met Sally) pero el contenido del fanfic no tiene que nada que ver con el de dicha película.
Cuando Scorpius Conocio a Rose
Lost
-Rose, Albus, Lily y Hugo, debo contarles algo después comer –anunció el abuelo Weasley. Quise mirar a mis primos con cara confundida, como siempre lo hacíamos cuando no teníamos idea de lo que pasaba, pero esta vez tuve que conformarme con seguir comiendo mi pedazo de pastel.
Ya era la mañana en que volvería a casa con mamá y papá, así que estábamos desayunando todos juntos antes de partir. Mamá se limpió sus labios delicadamente después de terminar su desayuno, siempre con buena postura y modales. ¿Cómo pudo haber sobrevivido todos esos años tempestuosos, llenos de muerte y guerra, sin perder su aura de fuerza y valentía? A mi edad, mamá, papá y tío Harry habían sufrido más de lo que un soldado de una guerra Muggle podría sufrir en diez años. A veces me daban las ganas de que me contaran de sus aventuras desde que se conocieron hasta que tío Harry mató a Voldemort, pero tenía la idea de que todo el dolor que llevaban en sus corazones regresaría si es que tenían que volver a recordar las atrocidades que vivieron.
Teddy era evidencia de lo duro que la vida se puso después de la guerra. A pesar de haber ganado, muchos infantes perdieron a sus padres o murieron con ellos. También hubo padres que perdieron a sus hijos, como mis abuelos. Tío Harry tuvo que cuidar de Ted como a un hijo, y eso que él aún era adolescente cuando tomó la tarea de criar a un bebé. Por suerte Adrómeda Tonks se encargó de cuidar a Teddy, pero ella sufrió la muerte de no solo su hija, sino que también de su esposo. No, el bien no era siempre optimista.
Me paré de mi asiento y seguí a mis primos y al abuelo a la sala de estar. El abuelo Weasley se sentó en su silla favorita y nosotros lo rodeamos, como lo hacíamos cuando éramos pequeños y él nos contaba una historia. Se acomodó hasta que su espalda cabía perfectamente en la silla y nos miró atentamente.
-Como ustedes saben, todos los años llevamos a sus primos mayores a una ceremonia organizada por el ministro y su padre –dijo, refiriéndose a Albus y Lily-. Creo que la primera vez que llevamos a James fue hace dos años y él produjo un espectáculo que fue… olvídense, ese no es mi punto –el abuelo agitó su mano en el aire, señalando que no quería cambiar de tema-. Ahora que Albus y Rose son mayores de edad, hemos decidido que ya es hora de que participen en esta ceremonia para recordar a todos los que murieron en la guerra. Lily y Hugo, sus padres y yo sentimos que ya tienen suficiente madurez para atender también. Este evento no es algo apropiado para salir de fiesta y divertirse como ustedes lo hacen con otros jóvenes; eso es algo que se nos olvidó explicar a James y bueno… no cambiemos el tema.
-Abuelo Arthur, ¿porqué es que no hemos podido atender antes? –preguntó Hugo, muy curioso. A mí también me interesaba saber la razón por la que nunca hemos podido ir a tal ceremonia.
El abuelo suspiró profundamente, cerrando sus ojos por unos momentos mientras pensaba en su respuesta. Tal vez el pensamiento de tener a tantos niños metidos en una sala llena de gente importante y seria no era una muy buena idea.
-Es porque las cosas que se mencionan en esta ceremonia son sensibles. Todos los que atienden este evento son gente que ha luchado y sobrevivido al costo de la vida de otros. Digamos que las historias que escucharán serán algo que personas jóvenes no deberían escuchar. Sus padres ya saben que tienen suficiente edad para aprender más acerca del pasado, y además de socializar con los otros invitados.
Hubo algo en mi corazón que cambió. A lo mejor ahora iba a tener la oportunidad de oír todas las historias de mis padres junto a tío Harry. Eso me llenaba de entusiasmo, pero al mismo tiempo tenía miedo de saber todo lo que ellos han hecho. Sentiría que mi vida fue injusta ya que yo me pasé mis años en Hogwarts sin preocuparme que alguien me matara. Ya tenía una idea de la respuesta que mamá diría ante eso, pero mis sentimientos no cambiaban.
-Bueno, esta ceremonia será la noche antes de que vuelvan a Hogwarts. Nos veremos ahí –el abuelo concluyó su anuncio con una sonrisa sabia.
La verdad era que no sabía qué esperar de todo esto.
Merlin, necesitaba a Scorpius.
Al llegar a casa, subí todas mis maletas a mi habitación (usando magia, por supuesto) y cerré mi puerta antes que Hugo empezara a reclamar que necesitaba mi ayuda para subir sus maletas. Me acosté –o mejor dicho, tumbé- en mi cama con la boca abajo. Necesitaba calmarme. Me quedé así por unos minutos, pensando en cosas que se habían convertido en pensamientos regulares.
Amaba a Scorpius, con todo mi corazón. Eso lo sabía perfectamente. No había nadie más que me hacía tan feliz, que me completaba. Aún soy joven, pero todo lo que siento por Scorpius toma tanto espacio en mí que nunca me dejará. Después de tantos años de tener una mala relación con él, lo único que necesitaba era entenderlo mejor, conocerlo mejor.
La verdad era que no sabía por qué me había interesado en otros chicos. O sea, Scorpius siempre estuvo en mi vista; sin embargo nos llevábamos como perro y gato. Ay, las cosas locas que hicimos… Pero, desde lo más profundo de mis sentimientos, desde lo que más me importaba en todo este mundo, le podía jurar a Merlín que nunca dejaría de sentir algo por Scorpius Hyperion Malfoy. Si nos llegáramos a separar (cosa que ruego que nunca pase), no dejaría de quererlo. Lo juro, lo juro.
Pero…
Estaba mi familia.
Mamá, papá, los abuelos Weasley, tío Harry, tía Ginny, Lily, Hugo, James, Albus… ellos tomaban la otra mitad de mi corazón. La mitad que no quería crecer, que quería vivir en un sueño ideal en vez de enfrentarse con la realidad del mundo. Me habían guiado desde mi nacimiento, desde que empecé a caminar, a hablar…
Aunque no sabía mucho por qué los Malfoy y los Weasley no se llevaban tan bien, ni siquiera un tonto diría que las dos familias deberían juntarse. O sea, sabía que los Malfoy tenían lazos con el lado oscuro, el padre y abuelo de Scorpius eran mortífagos, pero muchas familias puras estaban vinculadas con Voldemort. No era sorpresa que la familia de Scorpius lo hubiese sido. Además, tío Harry mantenía la paz entre los de su lado y los del otro. Él no quería ver más destrucción, o por lo menos eso era lo que parecía.
Suspiré profundamente, y saqué un pedazo de pergamino que estaba en el cajón de mi velador. Le escribí una breve carta a Scorpius diciéndole que ya había llegado a mi casa, que si quería mandarme un mensaje debía decirle a su lechuza que ya dejé la Madriguera. Quise agregar lo de la ceremonia, pero sabía que era un tema un poco delicado para nosotros. Nunca hablábamos de lo que pasó antes que naciéramos, ya que arruinaría nuestra relación. De hecho, espero que nunca tengamos que discutir acerca de la guerra…
-Así que, Rose, ¿ya sabes qué es lo que vas a usar para la ceremonia?
Estaba ayudando a mamá a limpiar la cocina (usando magia, por supuesto) cuando me preguntó esto. De hecho, no tenía idea qué ponerme, ya que no era la típica chica a la que invitaban a todos los eventos elegantes.
-No sé, no creo que tenga nada apropiado para la ocasión –contesté.
Mamá me apretó los hombros, sonriendo.
-Entonces debemos buscarte algo, Rosie. A tu padre le encantaría lucirte al frente de todos los demás.
Arrugué mis cejas al escuchar esto, ¿a qué se refería mamá?
-Pues claro, él sabe que has estado algo deprimida con tu último año y demás. Tiene la idea que si te ayuda a encontrar a alguien en esta fiesta te hará sentir mejor. Ya sabes, tener una pareja y…-
El sonido de un plato quebrándose en el suelo interrumpió a mamá. Me había distraído tanto con sus palabras que dejé que el cepillo dejara de limpiar el plato. Mamá parecía estar sorprendida también; yo nunca mostraba una actitud así.
Rápidamente agarré la toalla más cercana y recogí todas las piezas del plato sin magia, demostrando mis disculpas. Mamá ofreció ayudarme, pero decidí hacerlo sola y le pedí que se fuera a acostar, que yo me preocuparía. Al parecer eso hizo que se preocupara más, ya que me tiró una mirada confundida antes de subir las escaleras.
Cuando terminé de limpiar el suelo, me llevé las manos a los ojos y traté que calmarme. No sé si esto es normal para ustedes, pero nunca me hubiese imaginado que papá iba a jugar Cupido conmigo, especialmente en una noche tan importante como la de la ceremonia. Bueno, esto es lo que tengo que sobrevivir por no confesarme al frente de toda mi familia.
Karma-1 Rose-0
Ay Merlín… Ahora papá seguro que piensa que me está haciendo un favor en tratar de buscarme alguien. Me rompe el corazón pensando que estoy cumpliendo una de sus "peores pesadillas" al salir con el hijo de Draco Malfoy.
Cosa que me recordó del regalo que me dio Scorpius. De hecho, el vestido azul que me compró era perfecto para la ocasión, pero él no estaría presente para verlo puesto. Tendré que mentirle a mamá y decirle que ya me compré algo para la ceremonia. Merlín, iba de mentira en mentira, tapando todos los deseos que anhelo. Y sin el apoyo de Albus, Lily y Victoire, me estaba limitando en quién podía ayudarme a soportar toda la carga que venía con amar a Scorpius.
A lo mejor él también se sentía así. Por lo menos él tenía a Hermes, además que era una persona que no compartía mucho sus emociones, así que la carga no le pesaba tanto. Suertudo…
Y ni siquiera me preocupaba de mis exámenes.
Mis prioridades han cambiado tanto en estas últimas semanas; no era que la escuela dejaba de importarme, pero no encontraba suficiente tiempo para concentrarme en todo lo que una alumna de Hogwarts debería concentrarse.
Subí a mi habitación y empecé a ordenar todo lo que estaba cerca de mí. Quería desocupar mi mente de mis problemas, quería sentirme libre y fresca. Después de dos horas de limpiar mi alfombra, ordenar mi estante de libros, botar toda la basura que se había acumulado en mi velador desde el verano pasado, me di cuenta que ya no tenía nada que hacer. Limpiar mi habitación era como cubrir mis mentiras. Podía encontrar algo nuevo que hacer, que decir, pero en un día u otro tocaría el límite de mis esfuerzos, y tendría que purificar mi espíritu con la verdad.
Sentí unos pequeños golpes en mi ventana, y me fijé que la lechuza de Scorpius estaba esperando impacientemente que yo la dejara entrar. Pobre lechuza, afuera hacía tanto frío. Al dejarla pasar, se acomodó en mi estante de libros, acurrucándose en una esquina para recuperarse del viento helado que dominaba esta noche. Dejó caer la carta de Scorpius sobre mi cama, la abrí enseguida.
Querida Rose,
La vida no ha estado mal, pero deseo verte una vez más antes de entrar a clase. Ya sé que compartimos Sala Común y todo, pero como vamos a empezar el segundo semestre, los dos vamos a estar muy ocupados haciendo deberes y entrenando. Debo decirte que echo de menos nuestro tiempo en Nueva York; es una pena que no duró tanto. ¿Tal vez podemos viajar a otro lugar? ¿Canadá, Australia?
De todas maneras, la intención de este mensaje era para informarte de mis días. Perdóname por esto, pero ¿le podrías dar algo de comer a mi lechuza? El tiempo no es de lo mejor ahora, y la pobre ha tenido que viajar muchas millas.
Cuídate,
Scorpius
Su firma se encontraba debajo de su nombre. Siempre tan formal, tan conservativo. Esa era una de las cosas que me atraía tanto a Scorpius; él podía ser el idiota más cuadrado de la existencia, pero yo sabía cómo alteras sus esquinas y… ay, Merlín, me estaba sonrojando.
Tal vez debería concentrarme en la escuela… pues claro, no podía perder mi puesto en la Academia de Medimagia.
Con este pensamiento en mi mente, abrí mi bolso y saqué unos cuantos libros para hacer ejercicios. Dejé que la lechuza de Scorpius tomara una siesta dentro de mi armario antes de que se fuera para ganar más energía. La pobre se podría enfermar. De hecho, añadí unos cuantos ingredientes naturales en su comida para prevenir un resfriado.
La dejé salir de mi ventana después de la medianoche, y me preparé para acostarme. Le mandé otro mensaje a Scorpius, actualizándolo con el estrés que sentía para el próximo año. Sí, aún era un tema delicado para nosotros ya que no hemos pensando en nuestra relación después de Hogwarts, pero necesitaba que alguien me escuchara y él era el mejor candidato, obvio.
Vaya, el tiempo había volado nuevamente. Ya era la noche de la ceremonia.
Hugo entró a mi habitación, ya vestido con una túnica negra, viéndose más atractivo que nunca. ¡La manera que ha crecido! Mi pequeño hermano ya era todo un adulto, y estaba segura que muy pronto él iba a sacar suspiros de las chicas en Hogwarts.
-¿Estás lista, Rose? –me preguntó, y me fijé que también se había arreglado su cabello.
Me acerqué a él con una sonrisa traviesa, y alargué mi brazo para tocarle la cabeza pero él me evadió asustado. Quise reírme por unos momentos al ver su reacción, como la de cualquier adolescente que se empezaba a preocupar de su apariencia.
-¡Ey, nada de tocar mi pelo! –exclamó.
-Lo siento, la tentación me ganó –dije como excusa y Hugo puso una mueca.
-Mamá y papá quieren que bajes ahora. El fotógrafo ya llegó –me informó, y los dos bajamos al primer lugar.
Aún me sentía un poco torpe usando estos zapatos altos, pero era necesario. El vestido que me compró Scorpius se arrastraba en el suelo si es que no usaba zapatos elegantes. Tenía suerte de haberlos encontrado; el día anterior fui a una tienda muggle cerca de la aldea donde vivimos y me probé más de veinte pares. La empleada que me atendió fue muy paciente y me ayudó a encontrar este par de zapatos plateados que combinaban perfectamente con mi vestido.
-¡Rose, Hugo, apúrense! Debemos partir en media hora –nos exigió mamá, quien estaba sentada en una de las dos sillas elegantes que había en nuestra sala de estar.
Mamá se veía bella; estaba vestida de gris y se había tomado su pelo de una manera parecida a la mía. Las dos habíamos dejado unos pedazos de pelo caer a los lados de nuestras caras, con el resto tomado en la parte alta de nuestras cabezas, decorado con pequeñas piedras preciosas. Ella alzó su mano para tomar la mía, y me guió para que me sentara en la otra silla. Me sonrió tiernamente, y las dos nos acomodamos en una pose simétrica.
Papá y Hugo estaban parados detrás de nosotros; papá detrás de mamá y Hugo detrás de mí. Se sentía como si fuéramos una familia perfecta y lujosa, sin preocupaciones ni secretos. Aunque sentía que merecía estar en esta fotografía, todavía tenía algo de culpa por ocultarles mi amor por Scorpius. Era como si ellos nos supieran la otra mitad de mi vida, como si fuera una extranjera en este hogar.
Después de sacarnos unas cuantas fotos, el fotógrafo nos dejó elegir cuál era nuestra favorita. Me sorprendí al ver que el vestido de Scorpius me quedaba, bueno, me quedaba muy bien. Era como cuando me lo probé con Victoire, pero en un color que combinaba mejor con mi piel. Vaya, Scorpius tenía un excelente gusto en ropa. Nunca pensé que me podría ver tan bien.
Elegimos la tercera foto, y después papá anunció que era hora de irnos. Todos nos cubrimos nuestros trajes con una capa negra para abrigarnos, y cogimos cenizas antes de entrar en nuestra chimenea y viajar hasta el ministerio de magia. Nuestra chimenea tenía una conexión especial al ministerio ya que mamá y papá eran gente importante ahí, así que el viaje no fue tan largo. Sin embargo, al llegar sentí que todo el tiempo que me tomé arreglando mi maquillaje y cabello fue inútil. Mamá nos arregló a todos moviendo su varita mágica entre todos, y estábamos listos para atender.
Recuerdo haber ido al ministerio cuando era pequeña. Mamá a veces nos traía cuando no tenía tanto trabajo, y nos dejaba explorar el lugar. Digamos que los empleados del ministerio ya son familiares con la cara de Hugo y de mí, pero hacía mucho tiempo que no visitábamos. Aunque aún se podía ver el decorado original, las paredes del ministerio ahora estaban cubiertas con cuadros de gente sonriendo y riéndose entre ellos. Me acerqué a uno y leí la inscripción que se encontraba abajo del cuadro:
Colin Creevey
Héroe de la Batalla de Hogwarts
1981-1998
Me volví a fijar en el cuadro, y vi a un joven de casi mi misma edad conversando entusiasmadamente con un anciano que estaba en el cuadro al lado. Algo en mí me dijo que muchos adolescentes murieron en esta guerra, y que mis padres y tío Harry los conocían.
El ambiente del ministerio era parecido a un velorio. Aunque la apariencia era oscura, melancólica, la gente aún sonreía. Era como si estuvieran celebrando las vidas de las víctimas mientras les daban el respeto. Me fijé que Hugo también estaba observando los cuadros, tan fascinado como yo. Pues claro, esto era algo nuevo para nosotros. Nuestros padres nunca nos habían invitado a este evento, y ahora que éramos más maduros, ellos pensaban que podríamos entender todo mejor.
Nos dirigimos a una entrada que estaba al lado derecho de mí. Varios invitados nos siguieron al mismo tiempo que nosotros seguimos a la gente que estaba adelante. Mamá cruzó su brazo con el de papá y nos indicó que hiciéramos lo mismo. Por suerte Hugo era más alto que yo, así que no nos veíamos desproporcionados al lado del otro. Íbamos a entrar en pares, mis padres yendo primero. Papá nos dio una vista antes de entrar con mamá, y nos guiñó el ojo.
Había otro mago parado al lado de la entrada, vestido con un uniforme elegante, de postura rígida. Él asintió con su cabeza en forma de saludo cuando mis padres pasaron a su lado, y después anunció en voz alta sus nombres.
-El señor Ronald Bilius Weasley y la señora Hermione Jean Weasley –mamá y papá dieron unos pasos, y de a poco descendieron por una escalera que llevaba a la recepción.
Hugo dio una pequeña risa y le pegué en las costillas para que mantuviera una postura seria; sin embargo, no pude ocultar una sonrisa sabiendo qué fue lo que le había hecho reír. A papá le disgustaba cuando decían su nombre completo, y cada vez que lo escuchaba ponía una mueca parecida al trasero de un hipogrifo. De hecho, al imaginarme la casa que pudo haber puesto cuando escuchó su nombre también me dio ganas de lanzar una risa.
-Hey, mantente seria –susurró mi hermano con tono travieso.
Los dos avanzamos con gracia hasta que nos encontramos con el mago de la entrada, y él volvió a hablar en voz alta.
-Los hijos del señor y la señora Weasley: Rose Weasley y Hugo Weasley –nos sonrió cordialmente, y nos dio un ademán con su mano para que bajáramos por las mismas escaleras que habían tomado nuestros padres.
Tenía la suerte que Hugo no sabía de lo que había pasado entre Lily, James y yo. Por lo menos tenía compañía esta noche.
Al descender por las escaleras, me fijé en las decoraciones del salón. Era una sala tremenda, de pareces color crema, con un cielo que tenía el mismo hechizo que el del Gran Salón en Hogwarts. Me fijé que la noche (o por lo menos lo que el hechizo mostraba) estaba clara, se podían ver todas las estrellas, las constelaciones. Si no fuera porque mi cuello estaba empezando a doler, no me hubiese fijado en las otras decoraciones.
Los manteles eran negros, al igual que las decoraciones que estaban puestas en las paredes. Había velas flotantes en cada mesa redonda, iluminando un poco. Por suerte había calendarios flotando por todas partes en el cielo.
Al otro lado del salón había una plataforma, y tenía la impresión que ahí es donde los discursos iban a ser leídos.
Hugo y yo seguimos a nuestros padres. Me fijé que mis abuelos, tíos y primos ya habían reservado dos mesas. El abuelo y la abuela Weasley se veían elegantes, al igual que el resto de mi familia. Los hombres llevaban túnicas oscuras, mientras que las mujeres llevaban vestidos coloridos, de géneros finos. Vaya, nunca había pensado que mi familia se podía ver tan bien.
Nos saludamos con mis abuelos, y después dirigí mi atención a todos los primos presentes. Victoire estaba con Teddy, y se veía tan bella como siempre. Me dio una sonrisa corta, como si quisiera decir que no quería que nuestra relación cambiara, pero que yo debía hacer algo. Pues claro, ella simplemente me había dado la única reacción madura, mientras que los Potter…
Cosa que me hizo fijarme en ellos. Los tres hermanos estaban parados en un grupo, como si estuvieran discutiendo algo secreto. Me acordé de lo que el abuelo Arthur nos había dicho acerca de James, pero me parecía que mi querido primo ya había madurado. Él y Albus –Albus, mi mejor amigo, mi compañía…- llevaban una túnica como la de papá. Lily, sin embargo, llevaba un vestido verde que era tan elegante como el mío. La mitad alta de su pelo estaba tomada, y una flor adornaba su cabello. Me miró por un milisegundo, cosa que hizo que me concentrara en otro punto. A lo mejor ya no quería que me fijara en ella, o que tuviéramos una conexión sanguínea.
Después de unos momentos, nuestros parientes mayores nos indicaron que nos sentáramos, designando que todos los primos se debían sentar en la misma mesa. Aún habían invitados llegando, pero parecía que la lista cada vez se hacía más corta ya que el salón se estaba llenando rápidamente. Apoyé mis brazos sobre la mesa, tratando de actuar relajada. Hugo estaba conversando con James y Albus acerca de algo que los hacía reír, y Lily me evadía cada vez que trataba de lanzarle una vista. A veces aportaba una risa o dos cuando uno de sus hermanos o mi hermano decían algo. Victoire y Teddy estaban sentados al otro lado de la mesa, saludando a una pareja mayor.
Seguí escuchando los nombres de la gente que recién llegaba sin prestarle atención. Imaginaba que tenía un teléfono celular en mis manos, o algo muggle para distraerme. Vaya, por algo era que los jóvenes muggles siempre estaban callados cuando atendían un evento como este.
Pero algo cambió en el ambiente. Mis primos dejaron de hablar, cosa que me llamó la atención. Empezaron a susurrar entre ellos, con caras confundidas. Leí los labios de Albus, quien era el que tenía la peor reacción.
-¿Qué está haciendo él aquí? –preguntó, algo desesperado.
Hugo, James y Lily se encogieron los hombros. Lily y Albus se concentraron en mí por primera vez desde que dejamos de hablar, y de ahí me enteré al oír la voz del mago que estaba en la entrada.
-El señor Draco Lucius Malfoy y la señora Astoria Malfoy… –sentí que mi corazón dejó de palpitar por más de diez segundos.
Mis manos, aunque estaban cubiertas con guantes, se congelaron de inmediato. Y ellos no estaban solos.
-…acompañados con su hijo: el señor Scorpius Hyperion Malfoy.
Y mi frente ya estaba empapada cuando él entró.
No sabía por qué, pero no podía escuchar nada más que sus pasos al bajar la escalera. La gente aún conversaba entre ellos casualmente, como si la presencia de los Malfoys no les afectara para nada. Scorpius se veía tan… tan perfecto. Vestido de negro, contrastando su piel pálida, su pelo platino. Llevaba su brazo entrelazado con el de su madre, imitando a su padre. Tenía un nudo en mi garganta, no sabía qué hacer. Quise correr, escaparme de este evento, pretender que no existía. Algo en mi me decía que esta noche no iba a ser lo mismo. Ya no podía evitarlo, estaba atrapada en una esquina.
Cerré mis ojos por unos momentos, tratando de volver a actuar calmada. Debía pensar en un plan que me escaparía de esta situación.
-Rose –sentí que mi hermano me había distraído al tocar mi hombro. Abrí mis ojos abruptamente, y vi que todos los invitados ya estaban sentados.
Busqué a Scorpius discretamente, pero no lo pude encontrar fácilmente. Después de escanear las mesas dos veces, lo encontré sentado al otro lado del salón. Estaba al lado de su madre, quien se veía serena. Su padre también, y esa expresión me recordó de las muchas veces que vi a Scorpius calmado. Vaya, se veía igual a Draco Malfoy. No había duda que eran padre e hijo. Los dos tenían la misma nariz, los mismos ojos, mentón, orejas, cabello.
Parte de mí quería que él se diera cuenta que yo también estaba en el salón, que lo extrañaba, que quería escaparme con él u olvidarnos de toda esta parafernalia. Pero la otra parte de mí quería que esta noche pasara sin accidentes, que sus padres nunca se enteraran que estaba saliendo con la hija de los Weasley. Merlín, sálvame.
El sonido de una cuchara golpeando ligeramente una copa de vidrio llamó mi atención. El mismo mago de la entrada ahora estaba parado en la plataforma, y todos los invitados se fijaron en él, silenciando sus conversas.
-Damas y caballeros, bienvenidos al memorial duodécimo sexto de la Segunda Guerra. La ceremonia empezará con los discursos de nuestro Ministro de Magia, seguido por el señor Harry Potter, el señor Ronald Weasley y la señora Hermione Weasley. Los discursos serán seguidos por la cena. Para concluir esta ceremonia, les ofrecemos una recepción en el siguiente salón. Le recordamos que para entrar a la recepción usted debe subir por las escaleras, salir, y caminar derecho hasta el otro salón. Muchas gracias por haber venido, disfruten esta noche. Ahora sin preámbulos, les presento a nuestro querido Ministro de Magia, el señor Kingsley Shacklebolt –al terminar su discurso, el mago bajó de la plataforma y desapareció entre la multitud.
El señor Shacklebolt era un muy buen amigo de mis padres y los Potters. Ellos batallaron juntos en la guerra, y desde entonces que Kingsley Shacklebolt fue elegido como Ministro de Magia. Él siempre tomaba consejos de mis padres –especialmente mamá, tal vez porque ella era la más inteligente de los tres.
-Queridos amigos –empezó nuestro Ministro de Magia-, han pasado muchos años desde que la guerra terminó y que todo volvió a la paz. Sin embargo, no nos debemos olvidar de los que sacrificaron sus vidas para que nuestros hijos vivieran en una época próspera. Toda la infraestructura en que trabajamos, todo el apoyo que necesitamos, todo se lo debemos a ellos –una copa apareció en su mano, y la elevó-. Por ellos. Por los que dieron su todo.
-Por ellos –repitió la audiencia, incluyéndome.
Tenía la impresión que esta noche iba a ser más interesante de lo que pensaba. Le lancé una corta vista a Scorpius, quien estaba con sus padres. Los tres se veían tan perfectos y elegantes. Sin embargo, no pude descifrar sus expresiones. De hecho, no tenía ni idea porqué estaban aquí. Ya sabía que su familia era parte del lado oscuro cuando Voldemort estaba vivo, pero la curiosidad me ganaba.
Me concentré en la plataforma para que nadie se diera cuenta que estaba observando a los Malfoy. No quería que Scorpius supiera que estaba aquí. Ninguno de los dos mencionó este evento, así que sería mejor pretender que no existía, cosa que era difícil de manejar. Sentí que alguien me estaba mirando, y al darme vuelta vi que Albus y Lily se estaban fijando en mí. Tuve la impresión que estaban hablando acerca de mí, ya que se fijaron en la mesa de los adultos al darse cuenta que los miraba. Les seguí la vista, y me encontré con los mis padres y tío Harry susurrando entre ellos, los tres con expresiones serias. La cara de papá estaba sonrojada, como si algo le molestara.
Sí, algo le molestaba. Mamá puso su mano sobre la de papá antes de que los tres adultos movieran sus ojos al otro lado del salón. A la mesa de los Malfoy.
La expresión de papá no se puso mejor.
Sin embargo, la expresión del abuelo Weasley (que estaba sentado cerca de ellos) parecía peor.
Ay, Mocos de Dragón…
Ya era turno de mis padres y tío Harry dijeran su discurso. Tío Harry besó la mejilla de tía Ginny antes de subir a la plataforma con sus dos mejores amigos. Me sentí orgullosa de ser hija de héroes, de tener valentía corriendo por mis venas. Cosa que era algo irónica ahora ya que no podía confesarle a mi familia.
-Les agradecemos a todos por atender esta ceremonia anual –empezó tío Harry, quien estaba parado entre mis padres-. Me da el placer ver las mismas caras de años pasados y caras nuevas. Este es el primer año que toda mi familia (y la de Ron y Hermione) atienden este memorial. Digamos que este año la ceremonia es algo más significante para nosotros, ya que nuestros hijos por fin pueden descubrir las travesuras en que nos metíamos cuando éramos jóvenes –los tres amigos sonrieron, y un nudo de nostalgia apareció en mi estómago de la nada-. Sin embargo, al ver las caras de mis hijos, de mis sobrinos, de mi ahijado –tío Harry hizo un ademán a Teddy-, me recuerda lo mucho que perdimos para que pudieran tener la vida que tanto hemos deseado.
Suspiró, dándole una pausa a su discurso. Ahora era el turno de papá.
-Nosotros también cometimos errores, sospechábamos de la gente equivocada, atacamos a los que no debíamos por tanto miedo que sentíamos. No, nuestra guerra no fue una época que voló y que se puede resumir en un párrafo o dos. Ninguna guerra es así. No pasa ni un día en que no pensamos en los rostros que perdimos. Sin embargo, seguimos luchando, todos seguimos luchando. Yo no puedo estar más orgulloso de tener a mis hijos, Rose y Hugo, de tener a mi familia, aunque alguien falte –se refería al tío Fred. Él murió en la guerra.- Pero por lo menos tenemos el futuro. Tenemos algo brillante que seguir, algo que proteger.
Mamá sonrió, orgullosa de papá, y siguió con el discurso.
-Todos perdimos a alguien en la guerra, ambos lados –le lanzó una corta mirada a papá, quien había arrugado sus labios-. Nos debemos olvidar que todos sentimos lo mismo –mamá sacó su varita mágica y la apuntó al cielo-. Es por eso que debemos mantener la paz. Ya han sido casi tres décadas. Que nunca nos olvidemos.
Las luces del salón se oscurecieron de a poco y todos los invitados imitaron a mi mamá. Las puntas de sus varitas mágicas iluminaban, dándole una sensación solemne, de respeto. Mamá tenía razón; la paz se debía mantener entre los magos y las criaturas mágicas. Sin embargo, la mirada de papá me daba la impresión que iba a ser muy difícil encontrar paz con él después de contarle acerca de Scorpius.
Y es por eso que nunca lo iba a hacer.
Bueno, por lo menos hasta que aprenda un hechizo que convenza a papá y que los cerdos vuelen.
Después de pensar en eso, dirigí mi vista hacia donde Scorpius estaba con sus padres. Su expresión era serena, calmada, como si no quisiera causar conmoción entre la masa de invitados. De hecho, entendía por qué no quería llamar la atención; ser heredero de un apellido relacionado con el lado oscuro no era cosa bonita.
La cena era deliciosa, aunque aún no se comparaba con los platos de la abuela Weasley. Sin embargo, mis primos se encontraban devorándose cada pedazo de carne en sus platos mientras trataban de actuar de manera elegante. Al verlos así me dieron ganas de comentar, pero me comí las palabras, sabiendo que ellos no iban a aceptarme. Sentí que Victoire me estaba contemplando, y que una roca caía de mi pecho a mi estómago.
No quería ser ruda, ya que sabía lo mucho que significaba esta cena para mi familia, pero quería levantarme de mi asiento y salir corriendo de aquí. Hmm… tal vez no sería mala idea ahora que todos se fijaban más en la cena y la conversa que en lo que una chica adolescente hacía. O haría.
Oí a la abuela Weasley reír ligeramente y me di vuelta para fijarme en mis abuelos. Ellos estaban sentados cerca de otra mesa, donde una pareja de magos de su edad se encontraban. Estaban conversando entre ellos, y las expresiones de mis abuelos me hicieron sentir algo mejor. Ya sabía que habían perdido un hijo en la guerra, pero por lo menos sonreían. Hasta sabiendo que habían perdido un regalo tan precioso como un hijo, ellos aún sonreían.
Por un momento me sentí muy egoísta, como si estuviera exagerando mi situación.
-Hey, Rose, ¿vas a comerte ese pedazo? –preguntó mi hermano, señalando mi plato.
Lo miré con cara reprobadora, pero dejé que sacara el resto de mi comida de mi plato al suyo discretamente. No tenía ganas de comer.
Albus y Lily estaban hablando en susurros, cosa que me llamó mi atención. Ya tenía una idea de qué era de lo que estaban conversando, y las miradas amenazadoras que Albus mandaba a la mesa de Scorpius solo confirmaban más mis sospechas. Ya no sabía qué hacer con este enredo…
Después de un rato más, los invitados se pararon de sus asientos mientras los platos vacíos desaparecían de las mesas. Calmadamente, todos nos dirigimos hacia las escaleras para cambiar de salón sin embargo, dentro de mí, no me sentía calmada. Albus y Lily seguían hablando en susurros, y aunque estaba a metros lejos de ellos, podía distinguir la expresión de Albus. Estaba frustrado, enojado, mientras Lily apoyaba su mano en el hombro de mi primo como si quisiera detenerlo de algo.
Los nervios se me subieron a las puntas de mis pelos sin que nadie notara. Hugo estaba a mi otro lado, conversando con James, y traté de concentrarme en lo que estaban hablando. Quidditch, pues claro. James estaba pensando en tener una audición para uno de los equipos el próximo año, cosa que era algo obvia sabiendo que (al igual que el capitán Wood) él respiraba el deporte. Afortunadamente esa idea me sacó de mis propios pensamientos por unos momentos.
Ya estábamos cerca de la salida del salón cuando sentí algo rozar mis dedos. Miré a mi lado y me di cuenta que una sonrisa escondida de Scorpius había pasado hace unos segundos. Mis mejillas se sonrojaron, y me sentía aliviada al saber que él no estaba molesto por no haberle dicho que estaba aquí. Tal vez él se sentía igual que yo, sin saber qué hacer, metido en un lío como el mío.
Pero algo en mi decía que mis mejillas rojas, que su tacto y su sonrisa nos podían causar alegría o problemas…
-Ablus, por favor, escúchame.
Las palabras de mi prima hicieron que me despreocupara de mi sonrojo, y que me fijara en lo que ellos estaban haciendo.
Ay, Pezón de Voldemort, Albus se veía enfadado. Muy enfadado.
Lily estaba sujetando sus dos brazos discretamente, para no llamar la atención de los adultos, pero no fue exitosa al detenerlo. Albus fue casi agresivo al sacar su brazo de Lily, con mirada determinada. Merlin, esto no se veía muy bien.
Me quedé congelada en el lugar donde estaba parada mientras el resto de los invitados se movían calmadamente, indiferentes a la escena que pasaba al frente de mis ojos. Albus cruzó la fila de magos que iba al otro salón con pasos determinados, y con una expresión que no veía raramente en su rostro. Mis ojos lo siguieron hasta que él salió de la masa de gente y siguió sus pasos al otro lado del Ministerio.
Mi corazón paró de funcionar al darme cuenta que estaba siguiendo a alguien. Y que ese alguien era Scorpius Malfoy.
Gané el control de mis sentidos después de una eternidad. Ya casi todos los invitados habían entrado al otro salón, cosa que era ventaja, ya que nadie se iba a dar cuenta que los tres estábamos ausentes. Ni me fijé si alguien iba a comentar sobre nuestra ausencia, ya que tomé partes del frente de mi vestido para salir corriendo (o por lo menos tratar con estos zapatos). Sabía que los podía alcanzar; ellos no se podrían haber alejado tanto en tan poco tiempo.
Tenía una idea de dónde estábamos. Los cuadros de los magos que fallecieron en la guerra se hacían más escasos, pero escuchaba los comentarios que hacían entre ellos.
-Sí, los hijos de los Potter, los Weasley y los Malfoy –alguien comentó-. Me pregunto por qué están tan agitados; de hecho, ni siquiera deberían estar aquí…
-¡Hey! -me detuve abruptamente al llamarle la atención al retrato que había hecho ese comentario- ¿Potter y Malfoy, sabes dónde están? –le pregunté después de tomar aire.
El mago tan sólo señalo hacia su derecha, y decidí encoger mis zapatos y guardarlos en alguna parte de mi vestido para correr más rápido. Mi corazón estaba agitado, mi mente nublada. Sentía que las lágrimas llegaban a mis ojos por la desesperación. Esto no era lo que quería que pasara; sin embargo, sabía que iba a venir.
Sentía los pasos de mi primo y Scorpius. Me estaba acercando a ellos, y con eso empecé a alentar mis pasos y ser más cautelosa. Llegué al final del pasillo donde me había dirigido, y hacía una vuelta a la izquierda. Por suerte me pude esconder detrás de la pared donde el pasillo hacía un turno, cosa que me ayudó a ver qué era lo que pasaba.
-¡No me des la espalda, Malfoy! –gritó mi primo- ¡Deja de correr y enfréntate a tu familia, a mi familia, cobarde!
Sus voces empezaron a desaparecerse, cosa que me hizo salir de mi escondite y seguirlos por el pasillo. Era más oscuro que los más cercanos a los salones de eventos, pero podía seguirlos por los sonidos.
-¡Lumos! –encanté silenciosamente, y al fin pude ver la escena.
Scorpius no dejaba de caminar, sin fijarse en Albus. Mi primo, por su parte, iba a paso más apresurado, amenazándolo cada vez más.
-¡Albus! –le llamé, pero tenía el presentimiento que él no iba a oírme-. Albus, detente –le ordené, pero todavía era indiferente.
Después de unos segundos, mi primo al fin se detuvo. Scorpius también se detuvo, y los dos se dieron vuelta para verme al mismo tiempo.
Albus me dio la mirada más matadora que he tenido en mi vida. Sentía que las lágrimas volvían a mis ojos, arruinando la perfección que he tratado de acumular esta noche. Scorpius, por el otro lado, me mandaba el mensaje con sus ojos de que debía partir enseguida.
-Estás cometiendo el error más grande de tu vida, Rose –dijo Albus-. Cuando ellos se enteren… ¡Ah, deberías sentirte agradecida que me preocupe! ¿Sabes lo que esto significa? –me preguntó, señalando a Scorpius.
-Potter, preocúpate de tus propios problemas –interrumpió Scorpius, y su voz sonaba molesta.
-NO, ¡tú aléjate de mi familia! –gritó mi primo. Mi corazón cada vez se achicaba más y más.
-¿Por qué? ¿Piensas que voy a arruinarla? –aludió Scorpius sarcásticamente.
Y eso estalló a Albus.
-¡EXPELLIARMUS!
La varita de Scorpius –quien la había sacado al mismo tiempo que Albus- salió volando de su mano. Albus apuntaba la suya hacía su cuello, acercándose lentamente hasta que la punta tocara la piel de Scorpius.
¿Y yo? Yo estaba paralizada, sin saber qué hacer. Las lágrimas aún caían, pero la voluntad de mover mi cuerpo y separarlos me había dejado temporariamente. Sólo observaba. Tan inútil…
Scorpius desapareció por un segundo y apareció al lado de su varita mágica. La tomó y la apuntó a Albus. Y así fue cómo el confeti de hechizos empezó.
Ya sé que me demoré como tres meses en subir este capítulo. La cosa es que mi beta no me ha repsondido, y le mandé esto hace como dos meses :S Así que decidí editarlo yo de nuevo, ya que no podía resistir más! Bueno, díganme sus opiniones, críticas, todo. El próximo capítulo es uno de mis favoritos.
Como les he dicho, ya tengo toda la historia planeada, así que es cosa de escribir el final. El próxim capítulo ya casi está listo, y despues de ese me queda como cuatro más hasta que la historia termine. Ah... algo difícil de pensar. He estado escribiendo este fanfic desde el 2008, y la vida ha cambiado varias veces desde ese momento. Quise subir este capítulo ahora porque finalmente econtré algo de tiempo en mi vida universitaria.
Espero que todos esten bien, y díganme, ¿qué esperan de la próxima película? Yo creo que voy a llorar cataratas, jaja.
atte.
Mrs Scorpius Malfoy
