DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 37

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Mayo 30, 1993

Hoy, después de cinco días de retraso en mi período, Edward me convenció de realizar una prueba casera.

El resultado fue negativo y ambos respiramos.

Renée me hubiera matado si hubiese quedado embarazada.

Edward estaba preocupado pensando cómo podría organizar la universidad con ser padre, pero en todo momento me aseguró que nos casaríamos y cuidaríamos juntos de nuestro bebé.

Es una locura siendo tan jóvenes como somos, pero, por un momento, me gustó soñar con tener una familia juntos, con un pequeñín de ojos verdes y cabellos cobrizos.

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De no haberse encontrado sentada se habría desplomado en el suelo.

Su corazón se saltó un latido antes de reemprender una marcha alocada. Sus ojos se llenaron de lágrimas nerviosas.

- ¿Disculpe? – dijo en un susurro con la mirada borrosa

- Sus análisis de sangre revelan un alto nivel de hCG, lo que significa que tiene unas tres o cuatro semanas de embarazo.

- ¿Cómo es posible? – murmuró en voz muy baja – He estado tomando anticonceptivos.

- Entiendo – aceptó el médico – La razón más probable es que los fuertes antibióticos que ha tenido que tomar por la neumonía hayan producido una disminución de la eficacia de los anticonceptivos. También podrían haberle producido vómitos o diarreas lo que también disminuye este efecto – explicó, pero Bella ya no le escuchaba.

- Dios – murmuró dejando caer la cabeza hacia delante mientras buscaba calmar su respiración.

Desde su asiento, Tanya la observaba sin hablar. Bella podía sentir su mirada atravesándola, pero no era capaz de discernir lo que le afectaba realmente.

- Lo más conveniente, – prosiguió el médico ajeno a los sentimientos de las dos mujeres – y para ello he hecho venir a su ginecóloga – explicó y Bella levantó la vista de inmediato – sería que la doctora Denali, le realice una ecografía para confirmar el embarazo y ver el tamaño del embrión, así como explicarle los pasos a seguir. Si le parece bien.

El rostro de Tanya se endureció pero la observó más fijamente. Eso la puso más nerviosa, si cabía, pero no supo cómo negarse, ya que evidentemente no podía explicarle a su médico las razones por las cuales no era conveniente que fuese justamente esa mujer quien llevara su embarazo.

No respondió y el doctor Gerandy lo tomó como su consentimiento.

- Doctora – dijo girándose hacia Tanya – la dejo con su paciente

- Gracias, doctor – respondió hablando por primera vez desde que había entrado.

El médico se levantó, estrechó la mano de Bella despidiéndose y salió de la consulta.

- Yo creo... – comenzó a decir Bella dubitativa pero Tanya no le permitió continuar

- Si está de acuerdo – le dijo con formalidad – quisiera hacerle una ecografía, completar algunos datos, algunas constantes y luego hablaremos de los pasos a seguir, tanto si desea continuar con el embarazo como si piensa ponerle fin.

- Yo... no... no creo que pudiera ponerle fin – dijo al fin

- Según su historia clínica, hace unos meses realizó una consulta sobre esterilización – replicó con dureza – ¿Ahora está segura de querer continuar con un embarazo?

- Supongo que sí – contestó intimidada

- De acuerdo. Si pasa por el consultorio de aquí – dijo señalando una puerta lateral – podrá desvestirse y haremos la ecografía.

Así lo hizo, se desvistió y se recostó en la camilla, mientras Tanya rellenaba unos formularios en el consultorio contiguo.

Cuando la doctora se sentó frente a ella con el transductor preparado para realizarle la ecografía, su cuerpo estaba tenso y completamente ruborizado.

Tanya observó el monitor en silencio, con una seriedad profesional. Finalmente giró la pantalla hacia ella para señalarle las formas grises que se veían allí.

- Bien – dijo enseñándole una muy pequeña mancha oscura – Aún es muy pronto para ver mucho, pero por la medida del saco gestacional diría que tiene unas cuatro semanas de embarazo. Recomendaría hacer una nueva ecografía de cara a la octava semana. – explicó retirando el transductor y volviéndolo a su lugar, sin mirar nunca la cara de su paciente. – Puedes vestirte – indicó tuteándola por primera vez

Sin decir más se levantó y volvió al consultorio donde esperó que Bella se le uniera.

Bella se sentó en el mismo lugar que había ocupado anteriormente.

- De acuerdo – dijo Tanya mientras rellenaba un pequeño librillo donde llevaría el registro del embarazo – ¿Edad?

- Veintinueve – respondió concreta.

- ¿Edad del padre? – indagó y Bella se sonrojó furiosamente sin atreverse a mirarla

- Treinta – murmuró hundiéndose en su asiento.

Le preguntó datos sobre la fecha de su última regla, algún síntoma o malestar y demás, a lo que Bella respondió con timidez.

- Muy bien. Fijaré una cita para dentro de cuatro semanas. Mientras tanto te recetaré ácido fólico y unas vitaminas prenatales. – explicó completando el formulario correspondiente – Desde luego debes suspender el uso de los anticonceptivos o cualquier tipo de medicación. Y ante cualquier cambio, no dudes en consultar.

- De acuerdo – aceptó incómoda – Tanya, yo... – comenzó pero la chica volvió a interrumpirla

- ¿Edward es el padre? – preguntó a bocajarro mirándola con dureza

Bella levantó la mirada sorprendida pero no pudo contestar.

- ¿Es de Edward? – repitió la mujer

- Sí. – susurró – Lo siento.

- ¿Estáis juntos?

- Sí – reconoció con malestar – Lo siento, Tanya. De verdad.

- ¿Le amas?

- Mucho.

- ¿Por qué nunca le buscaste durante más de diez años?

- Era una cría cuando me obligaron a irme a Londres. En ese momento era menor de edad y no podía dejar a mi madre. Mi madre me había amenazado con meter a Edward en prisión por haberme acostado con él siendo yo menor.

- No podía hacerlo – sentenció Tanya – Eras mayor de dieciséis, la edad de consentimiento sexual en Washington.

- Yo no lo sabía en ese entonces. Cuando cumplí la mayoría de edad, hacía más de un año que no tenía noticias de Edward y me dejé convencer de que él no tenía interés en mí y que sólo había sido un romance adolescente.

- Edward me había pedido matrimonio

- Lo sé – reconoció bajando la vista hacia su regazo – Lo sé y te aseguro que lo lamento muchísimo. Nunca hubiese deseado hacerte daño.

- Se estaba acostando contigo mientras yo continuaba con los planes de nuestra boda

- Lo sé.

- Tal vez aún siguiera con ello si no le hubiese escuchado confesarle a su hermano que me estaba siendo infiel – continuó Tanya sin parecer que se percatase de lo que Bella decía

- No actuamos bien. Nos equivocamos. Lo sé y lo lamento. Edward también lo lamenta.

- Yo no gano nada con ello.

- No sé qué decir.

- Nada. Nada hay que puedas decir que cambie algo.

- Lo sé.

- ¿Qué vas a hacer con tu embarazo? Sé que un hijo interfiere en tu carrera.

- No lo sé – reconoció aunque supo que nunca podría abortar el hijo de Edward

- ¿Se lo dirás a Edward?

- Tengo muchas cosas en qué pensar

- Tiene derecho a saberlo antes de que decidas nada – sentenció Tanya pensando en que Bella podría ser capaz de deshacerse del niño sin hablarlo con Edward

- Lo sé – replicó mirándola con indignación – Pero eso es algo que no incumbe a nadie más que a Edward y a mí

- Piensa bien en lo que haces, Isabella – dijo la mujer con tono amenazante

Bella la observó molesta por su intromisión.

- Tal vez debería buscar otro ginecólogo

- Puedo ser tan profesional como sea necesario, pero si crees que te sentirás más cómoda con otro médico puedes elegirlo y yo le enviaré los datos de tu historia clínica.

- De acuerdo – aceptó poniéndose de pie para marchar

Salió sin decir más y caminó rauda hasta la puerta de salida con el temor de encontrarse con Edward.

Desconectó el teléfono antes de dirigirse a la cafetería más próxima y sentarse frente a un chocolate caliente, quedándose allí las siguientes tres horas.

Edward estaba algo inquieto al no recibir respuesta a las llamadas que le había hecho a Bella, pero últimamente la chica tenía la cabeza en cualquier sitio y a menudo se olvidaba de cargar la batería de su teléfono, así que intentó calmarse pensando en todo lo que ella tenía que hacer ese día.

Estaba archivando el historial médico de su último paciente cuando dos tímidos golpes sonaron en su puerta.

- Adelante – dijo sin voltearse aún

- Hola, Edward – la voz de Tanya lo sorprendió.

Pero sin dudas, ver la mirada de solemnidad que la chica le dedicó, lo sorprendió aún más.

- Tanya – saludó extrañado sin saber cómo proceder

- Tengo que hablar contigo.

- Sí, desde luego – aceptó indicándole la silla frente a él – Siéntate. ¿Cómo estás?

- No es una visita de cortesía – cortó tajante la rubia

- De acuerdo. Tú dirás, entonces.

- Hoy he visto a tu nueva novia – explicó con dureza incomodándolo

- ¿Ah, sí? – dijo sin saber qué más decir

- ¿No ha venido a verte?

- Eh, no... ¿por qué? ¿debía hacerlo?

- Ya lo creo

- No entiendo, Tanya. ¿Puedes ser más clara, por favor? ¿Qué sabes tú de Bella?

- Yo no debería meterme en esto, desde luego. Pero a pesar de todo lo sucedido entre nosotros, te tengo aprecio, y no me gustaría que te dejaran fuera de algo tan importante.

- Sigo sin entender, ¿de qué estás hablando?

- Bella, tu novia, está embarazada – le soltó con decisión


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Adelanto del próximo:

- Estoy embarazada – soltó sorprendiendo a la mujer

- ¿De verdad, señorita? – dijo con una enorme sonrisa – Oh, señorita, felicitaciones – agregó levantándose para darle un tierno abrazo – Oh, señorita, esa es la mejor noticia que puede tener

- ¿Tú crees?

- Ay, señorita, un hijo es una bendición. Es lo más maravilloso que puede vivir una mujer, señorita, nada puede compararse.

- Eso no es lo que piensa mi madre

- Oh, no, claro que sí, señorita. El instante en que su hijo sale de su propio cuerpo, todos los hilos de su vida quedan en la mano de esa pequeña personita. Nunca amará a nadie tanto como a ese pequeño ser, señorita. Es algo que es inexplicable. – la mujer la observó atentamente – Pero, ¿usted no está feliz, señorita?

Besitos y nos seguimos leyendo!