–¿Por qué? Dímelo… ¿¡Por qué fui forzado a hacer retroceder a mis guardianes!?– Gritó Zerathos, furioso, mientras veía a Hatake.
–Todas las batallas fueron iguales, Zerathos, eso te costó a uno de ellos, usaste el mismo mecanismo y las mismas palabras para cada uno, los hiciste unas estúpidas copias unos de los otros.– Respondió tranquilamente.
–Mierda… ¡Me niego, dime por qué liberaste a Hana Asakura!– Reclamó lanzándolo todo lejos.
–Por nada en específico.– Divagó cerrando los ojos.
–Basta… ya no más, ¡Quiero a esos bastardos, MUERTOS!–
El cielo, el cielo brillaba con sus estrellas como no lo había hecho antes, Yohken, veía el cielo, le encantaba, la razón…
–Las estrellas siempre tienen una historia que contar, eso decía mamá.– Divagó melancólico.
–Los demás no tardarán en encontrarnos, lo más seguro, he disparado una bengala al cielo.– Habló Aarón.
Yohken volteó a ver a su padre, esa mirada, nunca la había visto, una mirada de mezcla, entre tristeza y paz, sus ojos postrados en el cielo, llenos de ahogo, una nostalgia muy profunda, pero sin lágrimas, estaba en aquella roca lejana, viendo el cielo…
–Papá…– Susurró. –¿Por qué está así?– Cuestionó dirigiéndose a Aarón, que se sentaba junto al fuego.
–Tu padre, él... ha sufrido mucho, y ahora, bueno, él trata de sentirse cómodo viendo las estrellas… desde ellas, nos observan nuestros seres queridos…– Respondió atizando el fuego con una vara.
–Tu… padre, lo lamento mucho…– Expresó Yohken con remordimiento, Aarón lo negó.
–No, no hay nada que yo pueda llorar, nuevas vidas nacerán, a cambio otras deben terminar, eso se repite en un ciclo infinito… eso me decía nii-san cuando le preguntaba por mis padres.–
–Nuevas nacerán… pero… ¿Por qué otras deben morir?–
–No lo sé, tal vez, ya no es su época, y deben dejar su legado a sus descendientes.–
–Me pregunto cómo les fue a los demás con sus batallas…–
Miki estaba buscando a su hermano, pues estaba herido, aunque no de gravedad, iba acompañado de Naktsune, que permanecía a su lado.
–¿Quieres decir que todas las peleas fueron exactamente iguales?– Preguntó confundido.
–Sí… Zerathos usa una computadora para controlar a esos zombis, ahora hará algo más…– Naktsune se veía serio, pero también estaba herido.
–¿Cómo lo sabes?– Preguntó Miki, mientras atravesaban un poco de escombros que formaban una pequeña montaña.
–Mi shaman me lo dije hace unos minutos… el oni y su shaman, siempre son uno solo.– Cerró los ojos mientras completaban aquél obstáculo para seguir caminando con tranquilidad.
–Ya veo… Zerathos… hmmm… dime, Naktsune, ¿Cómo es el vivir para siempre?– Preguntó curioso.
–He visto a muchos de mis shamanes morir, y así llega uno nuevo, continuamente nuevas vidas nacen, pero otras mueren, ese ciclo es infinito, así como tú eres mi shaman actual, mi anterior maestro murió, tú lo reemplazaste y así yo sigo viviendo.– Completó al momento de estirar sus alas con alivio.
–Ver cómo mueren todos los que amas…– Miki vio que el amanecer había llegado finalmente, suspiró. –Esa fue la vida de mi papá…–
–Aquellos que nacen para la guerra, el Riesenlaster.– Al decir esto, Miki se le quedó viendo a Naktsune, que se paró en seco, mientras su pelaje se movía con el viento.
–¿Qué significa eso?– Preguntó.
–Significa "Monstruo de Guerra" en alemán, así… es como también le llamaban a Zerberus… el dios de la guerra, el destructor.– Y volvió a caminar.
–Yohken y yo fuimos protegidos… ¿No?– Inquirió, mientras seguía el paso de Naktsune.
–Tu padre… tiene un gran secreto dentro de sí, Mikihisa-dono, hay cosas que el tiempo revelará.– Concluyó entrando con forma de hitodama sobre la katana de Miki, y así quedó él sólo caminando.
–Argak es el padre tiempo… ¿Por qué no retroceder y cambiar todo de una vez? Garak el de la vida… ¿Por qué los dejaste morir, tan fuerte era el sello?– Miki vio al cielo, mientras alguien se acercaba a él.
–¡Miki!– Gritó Arale junto con Jun, Zelda y Len.
–¿Eh…? ¡Chicos, están bien!– Gritó Miki mientras corría hacia ellos.
–He visto una bengala hace poco, ha de ser de Yohken, ¡Vamos!– Dijo Len mientras todos se iban.
Zerathos estaba con Nagato, pero estaba furioso, mientras Nagato simplemente lo veía con tranquilidad, mientras escuchaba la computadora.
–Alpha 002: Kurayami, Shikai, datos corruptos, información borrada, intente nuevamente.–
–Arg… Nagato, ¿Has tenido que ver en esto?– Preguntó sumisamente mientras dejaba de lado la computadora.
–No.– Respondió a secas.
–Hatake… – Musitó con rencor, apretando los puños.
–Lo que hagas no me importa.– Respondió la voz entre las sombras, mientras Zerathos se enfurecía más.
–Tú… ¡Tú y tus estúpidos juegos, bastardo, ¿Cómo osas a liberar a mis prisioneros, a romper con los datos que tanto he tardado en conseguir?!– Gritó frenético, lanzándolo todo por todas partes.
–Hm, si tanto quieres desahogarte, mocoso, ¿Por qué no saludar a quienes consideras tus enemigos?– Concluyó, mientras daba la vuelta, y se iba entre las sombras.
–¡Eso es…!– Zerathos se quedó en seco, luego de componer su postura, y sonrió abiertamente. –Perfecto, es hora de que mis queridos shamanes… me conozcan…–
–Bien, ven conmigo, Tamao.– Completó Nagato mientras era seguido por una enmascarada.
–¡Estamos cerca!– Gritó Len al ver el humo restante de la bengala, mientras se aproximaban al lugar.
–¡Yohken!– Gritó Miki.
–¡Miki, chicos, están bien!– Respondió él corriendo hacia su hermano, inmediatamente al juntarse se dieron un abrazo entre hermanos.
–Oye, ¿No es papá el que está allá?– Preguntó su gemelo mientras veía a la sombra del hombre bajar.
–¡Así es, a que no adivinas, Hatake Kurayami fue el que lo liberó!– Respondió mientras todos parecían sorprendidos.
–¿¡Hatake!?– Cuestionó incrédula Arale.
–¿Cómo es eso posible?– Articuló Len sobándose la nuca.
–Miren, la cosa está en que papá logró escapar de Zerathos, y con él vino…– Yohken fue interrumpido por Zelda.
–Aarón…– Musitó ella, mientras sorprendida, junto a los demás, lo veía acercarse con Hana.
–¿¡C-cómo!?– Jun estaba sorprendida y feliz al mismo tiempo, mientras sonreía abiertamente.
–¡Hola chicos! ¿No pensaron que moriría tan fácil, verdad?– Cuestionó, mientras sin darse cuenta, Zelda y Jun lo abrazaron con fuerza.
–¡Aarón!– Gritó Zelda al momento de desbordar unas lágrimas sobre él.
–¡Qué bueno que estás bien, baka-sensei!– Dijo Arale.
–No sabes cuánto te extrañé… ¡Es decir, te extrañamos!– Gritó Zelda secándose las lágrimas.
–Lo sé…– Respondió mientras se levantaban del suelo. –Lo que importa, es que finalmente nos volvimos a encontrar…– Al oír eso, Zelda no pudo evitar sonrojarse, Arale comenzó a reír.
–Jejeje las cosas obvias no pueden ser ocultadas…– Suspiró.
–Papá.– Miki se acercó a Hana, quién lo vio tranquilamente. –Quiero que respondas algo…–
–Sí.– Respondió a secas, cerrando los ojos.
–¿Por qué no viajaste en el tiempo, y lo cambiaste todo?– Cuestionó sin rodeos, simplemente quería que su padre respondiera.
–Chicos…– Hana bajó la mirada, y luego la subió pacíficamente al amanecer. –A veces las cosas pasan por una razón… no comprendemos a veces, pero siempre hay una razón para ser quienes somos y lo que somos… yo, hubiese deseado que las cosas fuesen diferentes, pero sé que nací en el momento correcto, con las personas correctas y en el lugar correcto… porque así es el destino… ninguno lo comprende, pero, siempre hay una razón para que así sea…–
El viento sopló, mientras las nubes de polvo se levantaban debajo de ellos, las hojas y restos ligeros de la batalla volaban a compás, Hana sonrió hacia el cielo.
–Je, realmente… soy un bueno para nada.– Expresó con paz, sentándose en la punta de los escombros sobre los que subió recientemente, veía al Sol, que completó su salida, dando inicio al amanecer total. –¡Hola padre Sol, qué buen día hace hoy!– Gritó a todo pulmón, saludando con la mano.
–¿Por qué hace eso?– Cuestionó Len cruzándose de brazos, sin embargo, los rayos acogedores del Sol cayeron sobre ellos, como si saludara.
–¿Qué ocurre?– Intervino Arale, viendo cómo el Sol, que con sus majestuosos rayos, la hacían sentir con energía.
–¡Madre Luna ya se fue, dijo que te lo encarga mucho!– Gritó el hombre una vez más, a lo que el Sol pareció responder, con una cálida brisa.
–Ese tipo es muy misterioso…– Divagó Jun, viéndolo levantarse de su lugar.
–Alguien que ha sufrido mucho, puede comprender cosas más allá de su naturaleza.– Habló Aarón, mientras Hana bajaba de los escombros.
–Es el momento.– Dijo a los chicos, mientras caminaba a paso lento pero decidido.
–¿De qué?– Cuestionó Miki.
–Ya está aquí.– Divagó a secas, al momento de que un helicóptero de guerra aparecía por el hangar, sobresaliendo del cielo.
–¿¡Qué es eso!?– Gritó Zelda viendo cómo arrasaba con el viento de sus astas a todo lo que estorbara a su alrededor.
–Una de las formas del over soul de Death Cannon, "Armadura roja" Es como le decimos.– Habló una voz, que llegaba junto con varios pasos.
–Tío Men.– Dijo Jun.
–¿Por qué armadura roja?– Preguntó Zelda.
–Porque todo lo que trae… es muerte.– Respondió Alumi, llegando al lado de su esposo. –Me alegra que estés bien.– Expresó a secas viendo al helicóptero.
–Qué cínica, ya sabías que estaría bien.– Respondió de la misma forma, cruzándose de brazos.
–¿¡Quién eres!?– Gritó Yohken aventándose al frente de todos.
–Se parece a ti.– Expresó la rubia, sonriendo ligeramente.
–No, es más como tú, yo soy más reservado.– Siguió indiferente, pero contento.
–Miki se parece a tu padre.– Sonrió Alumi, viendo cómo Miki se quedaba quiero, pero tranquilo, esperando a que el enemigo apareciera.
–Más bien al tuyo.– Contrapuso otra vez.
–No te lastimes, sabes que las cosas que digo son verdad.– Rio levemente su esposa.
–No me lastimo, sólo trato de no llorar.– Respondió estoico, permaneciendo en su posición.
–¿Por qué no quieres conservar las memorias que te hacen feliz?– Preguntó ella, viendo cómo la cabina del helicóptero se abría.
–No quiero ser feliz, no puedo, casi no tengo memorias felices.– Respondió.
–No seas así, y vuélvete a reír como cuando éramos niños, ríete Hana, juega, corre, llora, sé feliz.– Expresó su esposa con una sonrisa complacida, al ver cómo su esposo iba al lado de Yohken.
–Nunca aprendí a ser feliz.– Y así al oír eso ella rio, Hana seguía siendo muy insensible, o al menos eso quería aparentar.
–¿Quién eres?– Preguntó Yohken, preparado para la batalla.
–Hola.– Saludó la persona que salía de entre las sombras. –Mi nombre es Zerathos Kurayami, mucho gusto, seamos amigos.– Hizo una sonrisa cínica, mostrando confianza en sí mismo.
–¡¿Zerathos?!– Gritaron todos los chicos, mientras se preparaban para combatir, a pesar de estar ya muy cansados.
–Así es, pero tranquilos, sólo he pasado a saludar.– Extendió la mano, sin recibir respuesta alguna. –Ya veo…– Sonrió, caminando con tranquilidad.
–Hola Zerathos.– Habló Hana con indiferencia, rascándose la nuca.
–Qué soez eres, nunca fue tu fuerte mostrar tus emociones.– Divagó, ajustando los guantes que le cubrían las manos.
–Veo que has traído a tu padre.– Habló Men, observando que desde las sombras se veía la silueta del cazador, Death Cannon.
–Je, ¿Qué te trae por aquí, realmente?– Cuestionó Gakko, cruzándose de brazos.
–Nada, sólo quiero hablar acerca de los collares de la Luna y el Sol.– Fue al punto, a lo que todos se alarmaron.
–Ahora entiendo…– Susurró Yohane con tranquilidad.
–Sabéis, ¿Quién es Zerberus?– Preguntó Zerathos, caminando de un lado para otro.
–No.– Respondió Miki, a secas.
–Es muy poderoso, un verdadero monstruo, si obtengo su poder, podré hacer lo que se me dé la gana pero… qué tristeza… la guerra de nuestros padres ahora nos pertenece.–
Yohken corrió hasta Zerathos, preparado para golpearlo, se dio cuenta de que asimilaba, y efectivamente también era más rápido que él.
–Insignificante.– Expresó con una sonrisa confiada.
–¿Cómo…?– Cuestionó Yohken alejándose de él.
–Es el momento.– Habló Zerathos. –Muy pronto me haré con el poder de Zerberus, el destructor, y las tinieblas serán irrevocables.– Sonrió al momento de encararse con Yohken y Miki. –Las cosas pudieron ser diferentes para nosotros, pero no se dio el caso, esta guerra ahora nos pertenece.–
–Ataquemos…– Susurró Arale, preparando su arma.
–Detente, Arale, mira a nuestro alrededor…– Dijo Zelda, manteniéndose pasivamente.
–Los zombis de Zerathos nos rodean.– Completó Jun, viendo los ojos en las sombras que se posaban sobre ellos.
–Es por eso que los demás no atacan.– Comprendió la peli azul.
–Allá por donde el Sol se esconde e intercepta con la Luna, en el norte, encontrarán mi palacio, mi verdadero palacio, donde se resguardan mis zombis más poderosos, ustedes han demostrado tener poder… quiero ver hasta dónde pueden llegar.– Intervino Zerathos, caminando hacia el helicóptero. –Venid a mí, collares, que muy pronto de las sombras surgirá el poder absoluto… entonces el Shaman King y los Grandes Espíritus estarán a mi merced…– Hizo una sonrisa macabra, al momento de que la puerta se cerraba, y el helicóptero se elevaba nuevamente, Yohken, Miki y los demás sólo pudieron ver cómo se iba lejos, aquél que ahora se presentaba como Zerathos.
–Nagato… las cosas pudieron haber sido distintas, pero no, yo me apresuré o… ¿Tú llegaste muy tarde?– Susurró Hana, al ver al joven dentro del helicóptero, que lo vio de reojo, para luego volver a su posición.
–Adiós, Hana.– Completó Zerathos, mientras el helicóptero completaba el cierre de sus puertas, y así se fue, seguido por las sombras de aquellos que ahora eran sirvientes de Zerathos.
–Ya es hora de ir a la torre... es momento de la prueba final.– Suspiró, y cerró los ojos, fue entonces cuando los chicos se dieron cuenta de algo, de algo muy importante.
–Papá… ¿De qué hablas?– Preguntó Miki, mientras todos, menos Men y Aarón ansiaban la respuesta.
–Hay algo que debo revelarles, para derrotar a Zerathos... deben enfrentar a alguien, para obtener un poder verdadero desde su corazón.– Vio al cielo, y comenzaba a llover nuevamente, sólo así, el rastro de la guerra se discurriría por un tiempo.
–Papá…– Yohken vio cómo su padre asentía, mientras los encaraba.
–Yo derroté a mi padre en el pasado para hacerme con el poder absoluto... ustedes… deben pelear conmigo ahora.–
CONTINUARÁ…
