Epilogo 1 (Marlene McKinnon)
POLVO EN EL AIRE
"La tortura y los hechizos dejaron en muy mal estado a Bertha Jorkins, motivo por el cual Lord Voldemort la asesinó, al no resultarle más útil, y utilizó su muerte para hacer de Nagini un Horrocrux"
Bertha Jorkins Wikia Harry Potter
Kansas - Dust in the wind (1977)
«Hice lo que tenía que hacer».
Escribo las últimas palabras que podré decirle. Una despedida, una inminente despedida.
«No espero que lo comprendas ahora, quizá nunca llegues hacerlo»
Porqué un amor que nunca debió ser sólo podía encallar en dos caminos. No me quedó otra elección salvo la de defender su derecho a una vida larga y plena, así esto significara nunca volver a ver a mi mejor amiga, la hermana que siempre quise tener.
«Aun tienes posibilidades, es un lujo que nosotros no poseemos»
James estaba condenado, lo supe desde que leí su futuro en la clase de adivinación en 1974. Es un alma fugaz que llegó para permanecer por siempre joven, eternamente valiente y eternamente heroica.
Y lo irónico, es que tardé en comprender que no será el único, nos arrastró indirectamente al resto, excepto a ella. Mary podía salvarse. Yo misma me sumaré a la causa. Hay cosas inevitables, pero también cosas que podemos cambiar. Cosas por las que vale la pena pelear.
James nos habló de la "Orden del Fénix", una sociedad liderada por Dumbledore para defender nuestro pequeño y bello mundo del destructivo tormento de Voldemort. Mi lugar como Gryffindor, como una McKinnon, como bruja y como defensora de un ideal, está aquí.
«Si algunas vidas maniobran a su modo para formar un círculo perfecto, otras van evolucionando en formas que no podemos predecir, ni comprender. No necesito la videncia para anticipar que las perdidas serán parte de nuestro viaje, pero nos enseñarán lo que es más preciado. La razón por la que vale la pena el sacrificio y este arriesgado camino»
Jugar con el destino es un arma peligrosa, delicada y contraproducente. Sé que Lily está comenzando a sentir algo profundo por James Potter, y por mucho que me duela saber que eso la condenará a una temprana muerte, he comprendido que no puedo intervenir. Porqué me guste o no, el destino puede defenderse a sí mismo, provocando sacrificios innecesarios. Quizá está más vivo de lo que puedo entender, y es caprichoso, pero no necesariamente malvado. Creo que sabe lo que hace, aunque no pueda comprender por qué obra como lo hace.
«Hay unas cuantas cosas que me gustaría decirte y te las habría dicho en persona, pero no me habrías dejado decir todo lo que quería decir. He decidido dejar que las páginas de mi diario expliquen mejor lo que ocurrió y puedas comprender por qué opté por ocultarlo»
Sé que fue la mejor decisión. Le otorgue la oportunidad de marcharse a tiempo, y a al resto de pelear por un futuro mejor.
«Mary, Vive bien, sólo vive»
23 Octubre 1981
Ser principiada en el profeta absorbía por completo las mañanas, mientras ser miembro de la Orden lo hacía por las noches.
El titular de esa semana no era alentador "Voceros de los derechos Squib asesinados", me hubiera encantado ser la redactora de la nota, entonces podía añadir, de manera encriptada, el nombre del mortífago que había perpetrado el asesinato: Lucius Malfoy.
El editor jefe censuraba cualquier acusación comprometedora a miembros del ministerio que no se les pudiera demostrar culpabilidad, y tenía razón. Lucius procuraba encubrirse con oportunas cuartadas.
Sabíamos que había un traidor en la Orden y desde hacía un año los Mortífagos sabían cuando llegábamos a la escena del crimen y procuraban marcharse sin dejar rastro antes de que nosotros pudiéramos atraparlos.
—Anda McKinnon —me apremió mi compañero de trabajo —No te distraigas leyendo los titulares, tenemos que terminar con esto antes de que acabe nuestro turno.
—Me quedaré un tiempo extra—Le dije. —Mañana pienso salir temprano.
—¿Por fin le aceptaste una cita a Cornelius Fudge? —. Me propinó un codazo.
—Puede ser—. Sonreí enigmáticamente. En realidad una sonrisa ridícula, cualquiera que me conociera lo suficiente, sabría que Fudge esta lejos de ser mi tipo.
El chico alzó las cejas y elevó su pulgar con aprobación.
—Escuché que está a punto de ser ascendido a Jefe de Catástrofes Mágicas, nada mal he?.
Me hubiera gustado contarle la verdad a mi compañero. Me tomaría una un tiempo en la imprenta para poder acceder a la oficina de reporteros y rescatar, así como estudiar, los borradores de las noticias sin editar del Profeta. Tarea que me había encomendado Dumbledore para la Orden. Porque sabía que las cosas se pondrían peor que nunca si continuábamos censurando las noticias. Pero sin más remedio, retomé la labor de hechizar las tiras cómicas y los acertijos de la parte posterior del pergamino, tarea asignados a los principiados como yo.
Llegando el fin de turno, las oficinas del Diario el Profeta se despejaron y yo me apresuré al cubículo pertinente a rescatar las notas y reportajes que no habían pasado por la edición.
Entonces, a mitad de mi búsqueda, una vocecilla inquietantemente aguda me pilló.
— ¿Haciendo extras horas McKinnon?.
Pegué un sobresalto. Bertha Jorkins, la asistente del jefe editor, aún se encontraba en la oficina.
—Jorkins —tosí. —Me parece que una de las hojas de tiras cómicas está desaparecida y quería verificar que no estuviera entre estos borradores.
—Por supuesto —Sonrió maliciosamente. —Tranquila, no le diré al jefe que estuviste en su oficina —dijo en secreto guiñándome un ojo.
Enseguida se enfilo hacia mí y tomó asiento en el escritorio con un aire tan despreocupado que comenzó a asustarme.
—No pude evitar escuchar tu charla con Travers —confesó con aire travieso.
No me sorprendió, eso era habitual en Bertha Jorkis, tenía el mal hábito de meterse en pláticas ajenas y tomar nota de cuanto pudiera, tenía una particular memoria con toda noticia especialmente escandalosa.
—Típico de ti Jorkins—. Giré los ojos y decidí no seguir prestando atención.
—Así que una cita con Fudge… ¿Él sabe que sales con Christy Abbott desde tiempos en Hogwarts? —preguntó en un cínico tono lleno de malicia.
Me volví perpleja hacia la mujer.
—Bertha…¿Quién te lo dijo? —cuestioné en tono serio.
Esa sonrisa perversa nuevamente se desplegó de sus labios.
—Me parece que es la prometida del hijo de Barty Chrouch, ¿No es cierto? —recordó remarcando una falsa inocencia en su voz.
—No, no lo es—aclaré en un tono duro.
—Pues los despistados señores Abbott no se han enterado —dijo en secreto y sonrió —¿Imaginas que lo supieran?, o peor aún ¿Imaginas que pasaría si se llegara a enterar el señor Crouch?
Suspiré derrotada y hastiada. Los asuntos de la orden no podían demorarse por motivos tan banales como ese.
—Bertha, no sé a qué quieres llegar.
—Tranquila linda, tu secreto está a salvo conmigo—. Susurró e hizo una mímica de sellar los labios con su varita y me guiño el ojo con un falso aire amistoso —¿Pero sabes un favor, suele pagarse con otro?, verdad.
—No tengo dinero —Me apresuré aclararle sabiéndome al punto al que quería llegar.
—Ayudo con las facturas a fin de mes, Marlene, sé que tu salario no te da para pagar mi silencio—rio para sí misma triunfal.
—Pues no hay nada en lo que pueda ayudarte —deduje con aire tranquilo.
—Claro que lo hay —. Se mordió los labios. Se llevó la mano a la varita y la agitó, sacando de su bolso un mazo de cartas, que flotó un momento hasta posarse sobre le escritorio.
Al echarles un vistazo me di cuenta que no se trataban de cartas comunes, eran unas viejas cartas de tarot, similares a las que alguna vez nos habían enseñado a leer en adivinación.
—Creo que estas confundida Jorkins, yo no leo el tarot —le aclaré haciéndome de paciencia.
—Yo escuché que la adivinación se te daba como a pocos.
—Sólo tú crees todo lo que escuchas —atajé. —Buenas noches Jorkins— dije dando media vuelta para perfilarme a la salida.
—McKinnon, ¿Sabes que creo? —dijo cuando estuve al pie de la entrada —,Que sólo un mortífago le interesaría hurgar en esta oficina en búsqueda de noticias que le incriminen.
Paré en seco y me volví hacia ella lentamente. Me estaba amenazando, Jorkins me amenazaba.
—¿Imaginas que pensarían los Abbott si supieran que su hija tiene una relación secreta con una vasalla de Voldemort? —añadió.
Negué el rostro y en un intento de hablar civilizadamente le expliqué con calma.
—Bertha, si te leo las cartas estaré metiéndome en tu destino, ¿Lo entiendes?, esto puede ser peligroso para ti. La última vez que lo hice alejé para siempre a mi mejor amiga.
—No te pido que me digas cuando voy a morir —rio con burla —sólo te pido una predicción tonta, me gustaría que me dijeras si alguna vez conoceré a alguien especial. Creo que es un precio muy razonable a cambio de mi silencio. ¿No te parece?
Suspiré, cerré los ojos meditando un momento la situación y finalmente acepté.
Tomé el mazo, y comencé...
La noche es limpia y brillante, la luna es más luminosa de lo común. En la posada albanesa se yergue un apetitoso anuncio de cena y habitación a mitad de precio. Bertha Jorkins tienta los 37 años, y termina seducida por el embriagante aroma de las pastas horneadas y el acogedor interior rustico del establecimiento.
—Mirë se vini! —Saluda el cantinero.
—Veo un viaje a Albania —Comienzo a rebelar.
Bertha toma asiento en la barra del bar. Un par de hombres locales de edad avanzada alzan la copa con un coqueto gesto de saludo. No se ven muchas foráneas solitarias por la zona, y ella estar disponible.
—Veo un hombre en un bar, interesado en ti.
El interés de la mujer pudiera ser recíproco. No recuerda la última vez que un desconocido la miraba de esa manera y con tanto descaro, le es halagador, pero no se siente convencida. Sonríe, por un segundo piensa que aún es bella y está a tiempo de casarse. Sorbe un trago y desvía la mirada. Entonces fija la pupilahacia el otro lado del local.
Hay un hombre rubio que podría oscilar su edad. Un mejor prospecto para una soltera que aún tiene esperanza en vestir de blanco.
—Veo otro hombre, es rubio.
El sujeto pide algo de comer con torpeza, no habla albanés, parece foráneo como ella. Su voz le es conocida, muy conocida. Berta juraría que la ha escuchado antes. Escruta con detenimiento al extraño desconocido. Es de estatura pequeña, sus ojos son llorosos y azules, su piel más blanca que la del promedio y posee una nariz muy fina y respingona. Tiene aspecto británico como aquella, pero hay algo más. Puede notar que no es un muggle como el resto de los presentes.
—Es un mago —confirmo.
No cualquier mago. Es un Gryffindor. Bertha por fin lo reconoce después de hurgar bien en su memoria. Sonríe de pronto y le llama.
El hombre se siente observado, echa un vistazo de soslayo y pronto se incomoda. ¿Lo habrá reconocido? Si alguien lo reconoce está acabado. Pretende salir corriendo, pero si huye ahora le seguirán la pista.
Berta no advierte la alerta, ni siquiera presta atención demasiado. En un acto de coquetería directa, decide arrastrar su bebida de la barra hasta la mesa del hombre rubio, a quién saluda con un interés insospechado.
Entonces el hombre, halagado regresa la sonrisa.
Conversan por un tiempo. Una conversación agradable y plena, una que por alguna razón ambos echaban en falta
—Hay una cena agradable, con vino y una comida caliente.
Tras pagar la comida a cuenta de Jorkins, ambos salen del local a pasear a la luz de la luna por las lindes del bosque. Hay un claro indicio amoroso entre los dos. Un sutil coqueteo, él es algo tímido no tiene mucha experiencia, pero ella lo hace sencillo para los dos. Lo toma de la mano y entonces el rubio siente el valor de invitarla a su habitación y tras tan esplendida caminata, Bertha no puede negarse.
—A la cena la precede una romántica caminata a la luz de la luna.
Entonces se adentran a la espesura del bosque. No parecen ir hacia un hotel o alguna posada, se alejan del pueblo. Bertha sospecha que ese rubio tiene otras intenciones distintas a las suyas. Unas perversas.
—Veo un bosque, hay algo en ese bosque…
En el bosque se encuentra una sombra maligna, débil y oculta. Una sombra que le acompaña una serpiente. Una sombra que no es otro, sino que Voldemort.
Sorbo aire. No soy capaz de encontrar las palabras adecuadas para poder seguir narrando lo que veo.
El hombre rubio se acobarda, se aleja, mira desde lejos cómo su amo no deja de torturar a Bertha Jorkis para extraer toda la información que puede.
Me llevé las manos a la nuca. Quiero detener esto, pero no puedo. La visión es clara y cada vez más nítida.
"Es todo lo que sé, lo juro" Ruega la mujer. Pero Voldemort no se doblega, insiste en perforar su mente, hasta sacar toda gota de recuerdos en él. El rubio no interfiere, aunque es evidente que no disfruta la escena.
Voldemort planea encarnarse en esa mujer, pero desiste después de verla en una condición tan deplorable física y mentalmente. Jorkins no tiene opción, está condenada. No puede ser de otra manera, su muerte de hecho sirve a un gran propósito, uno siniestro, uno con el que Voldemort cuece su inmortalidad.
Destapé la última carta del mazo. En ella vi la ilustración de una "Nara". Una criatura mitad mujer, mitad serpiente.
Voldemort blande la varita. Jorkis exhala su último aliento, y con éste una parte de esa sombra se fragmenta y corrompe el cuerpo de la serpiente. El hombre rubio se estremece. Es una magia obscura atroz. Una magia obscura que fragmenta el alma.
Entendí que el destino de Jorkins estaba escrito y era espeluznante. No solo para ella, sino para todos. Pero lo que más me inquietó es que vi con más claridad quien era ese hombre rubio. Ese hombre que sedujo a Bertha y la llevó hasta voldemort. Vi su rostro, vi la marca en su brazo y sentí su miedo.
Era Peter. El traidor… era Peter.
—¿Una mujer serpiente? —cuestionó atenta y emocionada Bertha contemplando con ilusión las cartas. —¿Qué significa?
Dudé en responder. ¿Debía advertirle que se alejara? No resulto bien con Mary, fue todo lo contrario. Pero si le decía la verdad ¿La creería?
—No lo sé —respondí finalmente.
—¿Es algo bueno o es una advertencia?
—No lo sé —repetí.
Y no lo sabía. No sabía si se trataba de una advertencia, pero me aferré a la idea. Si era una advertencia entonces era un destino que podría cambiar.
—Tengo que irme —dije entonces poniendo fin a la lectura.
—¿Eso es todo? —Cuestionó Jorkis decepcionada —¿Mi alma gemela se encuentra en Albania?.
No respondí. Sencillamente tomé mis cosas y me marché cuanto antes de ahí.
No podía creér que fuera Peter. Me rehusaba a creer que uno de mis mejores amigos, mi compañero en Hogwarts al que tanto protegí, al que tanto quería, fuera el traidor.
Comencé a llorar. No podía entregarlo, no quería evidéncialo, no quería lastimarlo y no podía entender por qué se habría pasado al lado obscuro.
Tras tranquilizarme, reflexioné y pensé que quizá me estaba precipitando, no podía juzgarlo sin antes saber por qué lo había hecho. Una idea esperanzadora me surcó por la cabeza y hasta pensé que quizá él aun no era culpable de nada. Quizá el no nos traicionaría hasta algún futuro por razones que le obligaron a ello. Er una idea crédula, pero se trataba de Peter Pettigrew, debía darle el beneficio de la duda. Tenía que hablar con él antes de hacer nada.
Y así fue, esa misma noche le cite en mi casa y acomedido, como siempre, acudió.
Le senté a la mesa y le ofrecí un poco de té.
—¿Qué te tiene tan intranquila Marly? —Preguntó.
No sabía que responderle, ni siquiera me atrevía a verle a los ojos.
—No tienes nada por qué preocuparte —me dijo tomando mi mano para reconfortarme. —No estás en peligro.
—No es eso Peter—Contesté. Me llevé la mano a la frente y comencé a masajearla.
Sentí ganas de llorar, pero tenía que evitar hacerlo.
—¿Es por Lily y James?, ¿estás preocupado por ellos? — cuestionó. Con una voz suave y comprensiva —Te aseguro que están protegidos. Sirius es su guardián y dudo que hable…
—No es por los Potter —aclaré. Y mi vista se perdió en el vacío. —Es por ti.
El chico hizo un esbozo de risa tierna y conmovida —¿Estas preocupada por mí?
Elevé mi vista hacia él y fui directo al grano:
—Peter ¿me mostrarías tu brazo? —Pedí de pronto mi voz ya no era tan dulce.
El muchacho desbarató su rostro conmovido y enseguida se inmuto. Alejo su mano de la mía y se llevó ambas manos debajo de la mesa. Su voz trastabilló y gesto de pronto intentó fingir una risa, como si estuviese bromeando.
—¿Mi brazo? ¿Por qué quieres ver mi brazo? —preguntó.
Me lamí una lágrima que había llegado hasta mis labios, cerré los ojos con fuerza y sabía que se había confirmado mi visión.
—Eres el traidor de la orden, ¿No es cierto? —hablé tranquilamente.
Su mirada se inyectó en mí y advertí su respiración agitarse. De sus ojos llorosos escurrió otra lágrima.
—Lo siento mucho— Dijo con un susurro apenado.
Completamente destrozada me enjugué las lágrimas y apoyé ambas manos sobre la frente. De pronto todo lo que había creído que era de Peter se había hecho pedazos.
—En verdad, lo siento mucho— Repitió, esta vez su voz se quebró.
De pronto sentí que algo allanaba en mi cocina sigilosamente. Elevé la morada y me volví. Eran un par de mortífagos saliendo sigilosamente desde las sombras.
Ahogué un grito. Tomé la varita y me incorporé enseguida de in brinco, haciendo que el té se derramada de la mesa y la silla dónde estaba sentada callera de golpe en el suelo.
—¡PAPA! —Grité. Los mortífagos rieron, mi padre no contestó.
Otro mortífago, riendo guturalmente a lo bajo entró desde otra parte de la casa. Comencé a temblar, entonces llevé la varita temerosa y estremecida hacia este nuevo intruso. Pero sabía que Sabía que era inútil, estaba rodeada.
—¡HERMANITO! —Ahora llame con la voz rota.
—Sabes que es inútil que grites linda, ya están muertos —confirmó un cuarto mortífago. Incorporándose a la escena desde mis espaldas.
—Lo siento Marlene, lo siento —Sollozó Peter. Vi que tenía su varita pegada a su antebrazo, apuntaba a su propia marca tenebrosa.
Y supe que Peter los había llamado.
Aquél ultimo mortífago elevó su varita hasta la altura de mis ojos y vocalizó.
—"AVADA KEDAVRA"
"…Gus vino el fin de semana pasado; lo encontré un poco desanimado, pero debía de ser por lo de los McKinnon (lloré toda la noche cuando me enteré)."
La carta de Lily Potter a Sirius Black.
El relato de Kreacher , Harry Potter y las reliquias de la muerte
¡HOLA BELLOS Y HERMOSOS HECHICEROS! Antes que nada tengo que decirles que este capítulo me ha costado escribirlo, he llorado y llorado con Marlene McKinnon con quien me encariñé demasiado y llegué al punto de deprimirme más de lo que debería.
Pero ahora quiero pasar a algo bonito, ustedes. Muchas gracias por sus comentarios, por tomarse el tiempo de leerme, por seguir este fanfiction que se convirtió en algo así como una terapia para mí a lo largo de este año. Y la parte más hermosa del día era entrar y leer opiniones y ver leídas o ver nuevos subscriptores en la historia. No sólo me llenaban de ánimo, sino que me hacían mejorar la historia y eran una fuerte inspiración para la misma.
