53. Maldiciones y mazmorras

Vega Malfoy parpadeó cuando se despertó tras haber sido atacada con la varita. Al darse cuenta de donde estaba, frunció el entrecejo: Se había fiado de Dylan, le había seguido por los pasillos pensando que la llevaría hasta Albus, y se había dejado engañar como un cordero en un matadero. Bien, pues ella no era un corderito asustado. Era una serpiente. Se apartó la larga falda del vestido, donde solía llevar su varita porque pensaba que nadie repararía donde la llevaba y acertó: sujeta a una liga de su muslo, reposaba la fina vara de madera de roble.

-Lumos.- dijo mirando a su alrededor. Contuvo una exclamación cuando, en una esquina, vio a un joven asustado con anteojos que abrazaba sus rodillas y miraba en todas direcciones. Se acercó a él.

-¿Quién eres?

El joven la miró.

-Soy Richard Davies… Soy amigo de Jeremy Nott.- dijo. Ella hizo memoria.

-Te conozco, te he visto con Nott muchas veces por el colegio.- le miró intrigada.- ¿Sois…?

-Amigos, somos amigos.- se apresuró a responder Richard. Miró a su alrededor.- ¿Dónde estamos?

Ella miró también la oscura mazmorra en la que se encontraban. Era toda de piedra, pero los adoquines aparecían levemente húmedos, y olía a agua estancada. Se acercó a los barrotes, y apuntó con su varita al pasillo, decorado con multitud de esqueletos de pequeños roedores.

-Ya sé donde estamos.- susurró Vega. Se volvió hacia el joven.- Estamos en la Cámara de los Secretos.

-¿Qué?-exclamó Richard, levantándose.- ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?- se fijó en ella.- ¿Y cómo es que tú tienes tu varita?Yo no tengo la mía

Ella se encogió de hombros.

-Ventajas de ser una chica y llevar vestidos largos.

Mientras hablaban,unos pasos por el pasillo les hizo detener su conversación. Rápidamente, Vega guardó su varita y se apresuró a sentarse en el frío suelo de piedra. Un encapuchado con una máscara de mortífago apareció apuntando a una joven morena con la varita, para hacer que caminara delante de él. Vega la reconoció de inmediato: Era Silver, jugadora del equipo de Griffyndor y ex de Albus en el colegio. El encapuchado abrió la celda con un movimiento de su varita y empujó a Silver a su interior, haciendo que ella tropezase y cayese contra el suelo.

-Ni se os ocurra hacer ningún truco.- dijo la voz, que sorprendentemente fue de mujer.- O esta mazmorra será lo último que veáis.

Richard se levantó de su posición.

-¿Qué estamos haciendo aquí?¿Qué queréis de nosotros?

La mujer se rio y su risa sonó como un cuchillo cortando el viento.

-Muy pronto lo sabréis.

Sin más, desapareció y les dejó allí. Vega se acercó a Silver para ayudarla a levantarse, pero ella lo rechazó con un gesto y se levantó por si sola.

-No necesito tu ayuda.- murmuró, mirándola con recelo.- Ni la de ninguna serpiente.

Vega se encogió de hombros.

-Es curioso que seas tan orgullosa en un momento en el que no puedes permitirte serlo.

-Prefiero pudrirme en esta mazmorra a que me ayude alguien como tú.- escupió Silver, mientras se sentaba apoyando su espalda contra la piedra.

La rubia alzó una ceja.

-¿Se puede saber qué te he hecho yo?

-Existir.- le dijo ella enfadada.- Te metiste entre Albus y yo. Si tú no hubieras aparecido, él y yo estaríamos juntos.

Aunque la situación no invitaba a ello, Vega soltó una carcajada.

-Yo no le puse una varita en el corazón para obligarle a estar conmigo. Lo siento Finnigan, pero en la vida hay vencedores y perdedores.- susurró, citando una de las frases favoritas de su hermano. Se encogió de hombros.- Mejor que cada uno asuma lo que es.

Silver alzó los ojos al cielo y Richard intervino por primera vez.

-A ver, no es que no me apetezca ver una pelea de gatas ahora mismo, la verdad que sería entretenido.- dijo mirando a ambas.- Pero ¿no deberíamos pensar en una solución? No se si os habéis dado cuenta, pero estamos en una mazmorra en la que nos han metido unos mortífagos.- dijo irónicamente.- No es exactamente mi situación ideal.

-Los Ravenclaws siempre siendo tan lógicos.- refunfuñó Silver. Vega la miró.

-La inteligencia es un arma mucho más útil que el orgullo. El día que los Griffyndor entendáis eso, mejoraréis bastante en todos los sentidos.

-Lecciones de una Slytherin…- murmuró Silver.- No estáis para dar ejemplo de nada.

-Eso es verdad.- comentó Richard. Vega le miró.- ¿Qué?Si tiene razón, tiene razón.

-Muy bien, Slytherin, Ravenclaw o Griffyndor, lo cierto es que estamos aquí, y ponernos a discutir sobre lo que somos o no , no va a ayudarnos.- dijo Vega mirándoles. Ells no dijeron nada.- ¿Tenéis vuestras varitas?

-No.- dijeron ambos a la vez.- Tampoco creo que tenerlas solucione nada, no serían tan estúpidos de encerrarnos con hechizos que se pueden desbloquear con varitas.- añadió Silver.

-Podemos intentarlo.- dijo Vega cogiendo de nuevo su varita. Al tiempo que se agachaba, unos pasos volvieron a escucharse en la lejanía y se apresuró a guardar su varita mientras se apoyaba con una mano contra el muro de piedra, junto a Richard, disimulando. Un nuevo encapuchado se acercó hasta la puerta de la celda.

-Finnigan, Davies.- dijo.- Venid conmigo.

Richard miró preocupado a su alrededor, pero se levantó, mientras Silver no hizo ademán alguno de moverse.

-No pienso ir a ninguna parte.- dijo enfadada. El encapuchado se introdujo en el pequeño habitáculo y apuntó a Silver con su varita.

-Finnigan, no es momento de hacerte la valiente. Si valoras algo tu vida, será mejor que te levantes y me acompañes.

-Hazlo, Silver.- susurró Richard a su lado.- Es lo más inteligente.

A desgana, Silver se levantó y siguió al encapuchado al exterior de la celda, que cerró con un movimiento de varita. Vega se levantó y se acercó a los barrotes.

-¿Y Yo qué?¿Por qué me tengo que quedar aquí? ¿Qué es lo que vais a hacerles?- gritó. La figura la miró unos segundos en silencio a través de su máscara, pero se volvió sin dar ninguna respuesta. Vega siguió gritándoles hasta que desaparecieron a lo largo del pasillo.

-¡Contéstame, maldita sea!¡Cuando salga de aquí voy a hacerte pedazos!¡Se lo diré a mi padre!- vociferó, pero solo acertó a escuchar la risa siniestra del mortífago alejándose. -¡ Maldita sea!- bufó, exasperada. Se pasó una mano por la larga cabellera, y decidió que tenía que intentar salir de allí como fuese. Sacó de nuevo su varita, y probó con Alohomora, que no dio ningún resultado, cosa que esperaba. Probó con varios hechizos desbloqueadores. Nada. Intentó otros encantamientos para convertir los barrotes en plantas, hacer explotar la celda, intentar derrumbar el muro de piedra. Nada. Como había dicho Silver, la varita allí no le servía de nada. Se sentó aburrida contra el muro de piedra, cansada y abrumada por la situación. Ahora su única solución es que su hermano o Albus se dieran cuenta de que no estaba, y vinieran a buscarla. Unos pasos volvieron a escucharse por el largo pasillo y ella se volvió a la entrada de la celda, esperanzada. Pero sólo era otro encapuchado. Ella le miró enfadada.

-Esa máscara es absolutamente ridícula, que lo sepas.- le dijo. El mortífago se rio.

-Los Malfoy como siempre dando su opinión aunque nadie se la haya pedido.- hizo un movimiento con la varita y abrió la celda. Pensando que iba a llevarla a algún lugar, Vega se levantó a desgana. Pero el mortífago no hizo ademán de moverse.

-¿Qué diablos haces ahí parado?Has venido a buscarme para llevarme a alguna parte ¿No?- dijo ella.

El mortífago volvió a reírse.

-Bonita, rebelde e inteligente. Como a mi me gustan.- murmuró a la vez que se quitaba la máscara. A Vega no le sorprendió encontrarse frente a si a Joel Avery.

-Me gustaría decir que es un placer.- dijo ella con la voz gélida.- Pero no sería verdad.

Avery negó con la cabeza suavemente.

-Deberías cuidar más tus modales, Malfoy.- sonrió maliciosamente.- En el pasado no estabas tan a disgusto con mi compañía ¿Recuerdas?

Ella le miró con recelo.

-No estás aquí para hablar de lo que hacíamos o dejábamos de hacer en el pasado.

-Tienes razón, no estoy aquí para eso.- dijo dando un paso frente a ella. Instintivamente, Vega dio un paso hacia atrás. Había algo en la situación que la ponía nerviosa, sentía todos sus sentidos en alerta. Avery volvió a hablar.

-Tengo que llevarte a un lugar, pero ¿Por qué no charlar un momento? A nuestras familias les gustaría mucho.- dijo Avery sonriendo de una manera que a Vega le ponía los vellos de punta.- Me gustaría que me explicases por qué Potter y no yo.

Vega le miró enfadada.

-Si de verdad quieres saberlo, tú nunca vas a compararte en nada a Albus.- le miró de forma retadora, como solo una Malfoy sabía mirar.- ¿De verdad piensas que estaría con un perdedor como tú?Sólo sabes lamer las suelas de cualquiera que esté por encima de ti. Albus te da cien vueltas en todo, y una Malfoy sólo quiere lo mejor.

-¿En qué diablos es Albus mejor que yo?- preguntó Avery frunciendo el entrecejo. No soportaba a Albus, y Vega sabía que comparándolo iba a conseguir enfadarlo, pero no le importó. Quería hacerle daño.

-En todo: En Quidditch, en Defensa, en pociones, en….otras cosas que no tengo que explicar aquí.- añadió con malicia.

- En el Quidditch sólo lleva jugando un año.Y yo soy el segundo mejor en pociones, Potter sólo es el primero porque ese Slughorn es un lameculos de su familia.

-Ser el segundo sólo es ser el primero de los perdedores.- dijo ella mirándole con maldad. Avery perdió la paciencia.

Accio Varita!- exclamó apuntándola. El vestido de vega se levantó brevemente el tiempo que la varita se soltó de su liga y acudió a las manos de Avery. Ella sorprendida y asustada, dio unos pasos hacia atrás y notó contra su espalda la fría sonrió con suficiencia.

-¿Pensabas que no lo sabía?- preguntó.- Scorpius y yo hemos hablado mucho de ti….- la miró de arriba abajo, deteniéndose en la abertura lateral que tenía el vestido de Vega, que llegaba hasta la mitad del muslo.- Ahora te demostraré que puedo ser mucho mejor que Potter, y que ninguna cría estúpida como tú va a rechazarme jamás…

Sin dar tiempo a reaccionar, Avery se lanzó contra Vega, tomándola por los hombros y aprisionándola contra el muro de piedra, mientras acercaba su rostro al de ella, intentando besarla. Ella intentó mover los brazos para apartarle, pero Avery tenía mucha fuerza y fácilmente la redujo , apretándola contra la piedra.

-Vamos, Malfoy, bésame… sé que lo estás deseando…- Vega se revolvió bajo él, y a Avery le costó retenerla.

-¡Suéltame, sapo asqueroso!- exclamó ella al tiempo que soltaba uno de sus brazos y de un manotazo le cruzó la cara. Las largas uñas de Vega le hicieron un corte en la mejilla a Avery, que se llevó una mano al pequeño hilillo de sangre dibujado sobre su piel. La miró con odio.

-Harás lo que yo te diga…. Ahora estamos sólos aquí, y nadie te oirá …podré hacer lo que quiera, y te enseñaré a no desear a ese imbécil de Potter nunca más…- dijo acercándose nuevamente hacia ella. Vega se apretó contra el muro de piedra nuevamente, sabiendo que estaba desprotegida sin su varita.

-Albus y mi hermano te matarán si me tocas un solo pelo de la cabeza.- dijo ella mirándolo con odio.

-Albus y tu hermano no están aquí ¿ No?- sonrió levemente y con rapidez, tomó a Vega por la cintura, arrojándola contra el suelo.- Ahora voy a hacerte mía Malfoy, quieras o no, y nadie podrá impedírmelo….

Se lanzó contra la joven, mientras con una mano inmovilizaba sus brazos, con la otra le rasgó el vestido. Ella no dejaba de mover las piernas, aterrorizada, y Avery se sentó sobre su cintura aprisionándola contra su cuerpo.

-¡SUÉLTAME!- gritó Vega desesperada.

-¡Cállate zorra!-gritó Avery a su vez, acercando más su cara a la de ella. No oyó los pasos que se acercaban tras de sí, hasta que notó la punta de una varita sobre su nuca. Se volvió, molesto.

- Te ha dicho que la sueltes.- dijo la voz de Albus detrás suya. Avery le miró: Conocía lo suficiente a Albus Potter como para saber que había que tenerle más miedo cuando hablaba en voz baja que cuando gritaba. Se levantó, con esa sonrisa ladina en su rostro.

- No decía eso hace cinco minutos.

Albus no reaccionó de ninguna manera: se limitó a mirarle impasible. Avery era un chico que le había estado fastidiando desde siempre, algo más ese último año, pero que pudiera hacerle daño a Vega, cuando estaba indefensa, era algo que no estaba dispuesto a permitir.

-Contra la pared. Ahora.- le dijo sin mostrar ninguna expresividad.

-Porque tú lo digas…- dijo Avery intentando demostrar indiferencia, pero no consiguió disimular su mirada nerviosa. Albus perdió la paciencia. Tomó a Avery de la nuca de la túnica y le empujó contra la pared, aprisionándolo.

-Maldita sea, Avery. Ahora mismo lo único que me impide matarte es no saber cómo se hace un Avada Kedavra, asi que vas a a obedecerme.- le dijo aprisionando su cabeza contra la piedra húmeda de la mazmorra, mientras le apuntaba con la varita en la espalda.- Si te digo que te calles, te callas. Si te digo que te pongas contra la pared,lo haces. Si te te tiro una galletita, tu saltas.

-Tú no me vas a mandar en na….

-¡CIERRA LA BOCA!- bramó Albus.- ¿Sabes qué? Estoy cansado de aguantar tu cara de gilipollas todo el año, tus estupideces, cómo te arrastras por el suelo como una rata para lamer el culo de los Malfoy. Sinceramente, me importa una mierda todas las estupideces que puedas decir de mi, porque ambos sabemos que si quisiera te haría desear no haberme conocido jamás.- hizo una pausa.- Pero a ella no. Porque si vuelves a ponerle un solo dedo encima, si vuelves si quiera a mirarla, no me importará nada, excepto donde esconder tu cadáver cuando haya acabado contigo.

Avery se volvió ligeramente, sonriendo con esa mueca suya de desprecio.

-Esto es lo que me importan tus amenazas.- susurró y acto seguido escupió a Albus a la cara. Albus se limpió despacio la saliva de su cara, en silencio. Nunca había sentido un odio tan grande contra alguien como el que sentía contra Avery en esos momentos. Miró su cara, y deseó que sangrara, deseó que sufriera, se imaginó su estúpida sonrisa convertida en una mueca de dolor y le produjo placer. En medio de ese torrente de emociones, levantó la varita, sin pensar mucho en nada, solo en hacer sufrir a Avery el dolor de mil agujas clavándose sobre su piel. Alzó la varita y le apuntó.

-¡Crucio!

Ni siquiera sabía si iba a ser capaz, pero su ira era tanta, todo el odio que llevaba acumulado durante todo el año, sólo deseaba que alguien sufriera, sufriera tanto como él, y Avery en esos momentos le parecía el blanco perfecto, deseaba que llorase, que le doliese. En el suelo, el joven se revolvía de dolor mientras Vega observaba la escena horrorizada. Se levantó para detener a Albus, pero él apartó su brazo con un ademán.

-¡Albus, para!

-¡Crucio!- repitió sintiéndose con más poder que nunca, observando cómo Avery se revolvía en el suelo entre sollozos. Vega agarró de nuevo su antebrazo.

-¡Albus, para!¡Vas a matarlo!¡Te expulsarán!

Algo en su interior, su voz, o el hecho de acabar expulsado, hizo que se detuviese y bajó la varita, abrumado. En el suelo, Avery seguía emitiendo leves sollozos. Vega le miró asustada.

-Albus….

-Yo….- dijo Albus mirando compungido a su compañero de Casa, que había conseguido apoyarse en el suelo contra el muro de piedra. Alargó una mano, arrepentido, para ayudarlo, pero Avery se apretó más contra la fría piedra del muro.

-¡No te acerques a mi, Potter!¡Eres un jodido loco!- exclamó completamente aterrorizado.- ¡Se lo diré a MCGonagall!

-Y yo le diré por qué Albus lo hizo.- le dijo Vega, frunciendo el entrecejo y se volvió a Albus, que seguía frente a Avery, mirándolo sin mostrar ningún tipo de emoción. Vega le tomó de la mano.- Salgamos de aquí, Albus. Necesitamos encontrar a los demás.

Albus asintió distraídamente, saliendo de su letargo, y ambos salieron por la puerta de la mazmorra, no sin antes cerrar la verja para impedir que Avery saliera de allí. Caminaron en silencio por los pasillos, mientras Albus seguía dándole vueltas ¿Qué acababa de suceder ahí?¿Por qué había hecho eso? No sabía porqué le había invadido tanta ira, no sabía por qué había alzado su varita y había deseado con tanto ímpetu el sufrimiento de Avery.

-Albus…- dijo Vega, caminando a su lado.- ¿Estás bien?

-Si…- susurró él. – Sólo es que…. Merlin, Vega… Es una maldición imperdonable….No sé por qué he hecho eso.

-Lo has hecho porque querías protegerme.- susurró ella mirándole a los ojos.- ¿Qué chica puede decir que le han defendido con la Maldición Cruciatus?- terminó con tono de broma. Albus sonrió levemente, había momentos en que sólo ella conseguía que hiciese ese gesto.

-Te quiero.- le dijo tomándola de la barbilla.

-Y yo. Ahora y siempre.- susurró ella, besándole suavemente en los labios. Una voz interrumpió el momento.

-No sé que diablos tiene este sitio, que siempre hace que hagáis este tipo de cosas aquí.

Ambos se volvieron con sorpresa al oir la voz de su amigo.

-¡Jeremy!- exclamó Albus, tomando de la mano a Vega y yendo a saludarlo. Ambos se abrazaron.- Pensaba que te habría ocurrido algo ¿Estás bien?- se fijó en Bere, que permaneció al lado de los dos amigos en silencio.- Bere…

-Albus.- dijo ella con lágrimas en los ojos.- Siempre tuviste razón , y yo no. Siento haber defendido a ese cabrón de Drake las veces que habéis discutido en el colegio..

-No pasa nada.- dijo Albus abrazándola.- Lo único que cuenta es que estamos bien.

-Todos no.- dijo Vega. El resto la miró- Se han llevado a Richard y a Silver hace un buen rato. Podrían estar en problemas.

-Bien.- dijo Albus empuñando su varita.- Sé donde pueden estar.- miró a sus amigos.- Vosotros llevaros a Vega fuera de aquí, intentad buscar una salida. En cuanto hayáis llegado al colegio, id a hablad con McGonagall inmediatamente. Voy a buscar a Drake.

-Yo voy contigo.- digo Vega, cogiendo su varita, que había retomado de Avery en las mazmorras.

-Ni hablar.- dijo Albus.- Es demasiado peligroso.

-Por eso mismo.- dijo ella, empuñando su varita con determinación.- Dos varitas hacen más que una.

-No, Vega, necesito que los tres vayáis al colegio…Scorpius te está buscando, había quedado con él en una hora, debe estar volviéndose loco buscándote…

-Que le jodan.- murmuró la rubia, acordándose de lo impertinente que había estado Scorpius en la fiesta.

-Mira, algo en lo que estamos de acuerdo.- comentó Jeremy alegremente. Albus miró a la joven.

-Te quiere, Vega. A su manera, pero te quiere. Él solo pensaba que te estaba haciendo algún bien. – susurró.- No se merece no saber que estás bien. Además, necesito que acompañes a Bere y a Jeremy.- dijo, señalándoles.- Se han quedado sin sus varitas.

-Está bien…- dijo ella susurrando. Luego se acercó a sus labios.- Ten cuidado…

-Siempre lo tengo.- contestó él devolviéndole el beso.- Nos vemos en un rato.

Se despidió con un gesto de sus amigos, que empezaron a recorrer el largo pasadizo en dirección a la salida. Él suspiró y empuñó su varita con fuerza. Iba a buscar a Drake, y a hacerle pagar por todos esos meses de sufrimiento.