Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani son unos amores, mil gracias!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


En ese momento James dijo algo y Bella desvió la mirada… y ahí estaba, como siempre, el rubor que subió por su adorable piel blanca al tiempo que los ojos castaños se posaban en los del hijo de puta.

«No voy a ser capaz de soportar esto», pensó Edward, «esta noche no puedo».

Cerró los ojos pellizcándose el puente de la nariz. Había sido un golpe de suerte que ella accediera a invitarlo a la reunión de su trabajo, de hecho, que accediera a bastantes cosas. Algo había cambiado con ella, y por eso no quería estropearlo lanzándose al cuello del bastardo de James, pero en serio, se lo estaba poniendo sumamente difícil.

—Ese hijo de puta —murmuró Emmett a su lado. Edward abrió los ojos y observó cómo su hermano señalaba con la cabeza a James; Emm también estaba midiendo al tipo para una mortaja—. No dejes que esto te afecte, desgraciadamente siempre ha sido su amigo.

Edward sabía eso, James estaba entre ellos desde hacía muchos años, estorbando, entrometiéndose... pero Dios sabía que él ya le había jodido la vida a su esposa en demasiadas oportunidades, no podía hacerlo con esto también, causando una escena con su amigo.

—Iré con Rose, prometí llevarle tequila —le mostró los vasos en su mano—, pero no estaré lejos —murmuró como si Edward necesitara alguna clase de chaperón.

—Pierde cuidado, hermano, no voy a morder a nadie.

Emm rodó los ojos, yéndose finalmente, y cuando el sonido de la música bajó en lo que comenzaba otra, pudo escuchar el atisbo de la conversación que estaba teniendo James con su esposa.

—Lo siento mucho. Tienes que estar consternada con todo eso, pero era un paciente en fase terminal…

Para colmo, el imbécil era un santo. Un santo que venía a darle consuelo a su esposa por la pérdida del paciente que había fallecido esa mañana. Edward lo midió de nuevo: James no parecía un tipo malo, incluso sin una pizca de egoísmo. Edward por el contrario no era así, parecía malo a todos los efectos prácticos, y además era celoso y posesivo como el demonio. Minutos después, el hijo de puta la estaba estrechando; el cobrizo le exigió a su cavernícola interior que se callara, más tarde tendrían tiempo para aullar. Suspiró cruzándose de brazos, enfocándose mejor en cómo el vestido de un rojo profundo abrazaba las pronunciadas curvas de su esposa, en cómo el escote de la espalda terminaba justo en donde empezaba su respingón trasero… Era hermosa, y era su esposa aunque al bastardo de James le gustara o no.

O~O~O~O

Bella se mordisqueó el labio inferior mientras caminaba de regreso a donde Edward la estaba esperando. Estaba de pie en un extremo del salón, el traje de tres piezas oscuro, le sentaba perfecto a su envidiable físico, era casi irreal ahí entre la multitud, también era incredible que estuviera por primera vez en una de estas fiestas. La castaña suspiró al toparse con sus ojos oscurecidos, y observó con aprensión su postura defensiva. Tenía el cabello revuelto, como si se hubiera pasado las manos un par de veces por él dejándolo con ese aspecto tan increíblemente seductor que lo caracterizaba. Tampoco le estaba sonriendo, así que nada bueno podía haber ahí. Y el que varias de sus compañeras estuvieran portándose como estúpidas colegialas a su alrededor, pasando frente a él contoneando de más las caderas, solo hacía todo de alguna manera más turbio.

Se detuvo frente a él y trazó con la mirada ese rostro que conocía tan bien. Esa mirada que había estudiado durante lo que parecía toda una vida. Esos labios a los que había pasado horas unida.

—Estás enojado —afirmó mientras sus manos comenzaban a enredarse de esa forma habitual que hacía cuando estaba nerviosa, Edward suspiró estirando las manos hacia ella y deteniendo aquellos dedos inquietos.

—Estoy contento de que estés de regreso. —Su tono no denotaba eso, pero si él insistía…

—Lo siento, es que… tú sabes, fue una mala noche la de ayer. —Ella le había contado del paciente con cáncer terminal al que había atendido durante más de un mes, y que había fallecido después de tanto intentar prolongar su vida.

—Sí, lamento que tengas que exponerte a tantas emociones, cariño, de verdad lo siento, ¿quieres ir a un lugar más tranquilo? —Apuntó afuera con un gesto de cabeza.

Bella siguió su mirada, a través de sus compañeras y sus miradas fisgonas, de la multitud y las luces y globos, más allá de todo eso y extendiéndose en el jardín, habían colocado otra improvisada pista de baile rodeada por diminutas luces y flores, varias parejas se deslizaban con suavidad de un lado a otro pese al frío, era un lugar íntimo sin duda.

—Quieres… ¿de verdad quieres que bailemos? —Edward se encogió de hombros.

—¿Por qué no?

«Porque así no eres tú», pensó Bella pero se abstuvo de decírselo, él sonrió tirando de su mano conduciéndolos hacia afuera. De soslayo, vio bailando a Emm y Rosalie, que los miraban con curiosidad. Rose la saludó con la mano y de inmediato le respondió con una sonrisa, no quería que se preocuparan. Lee y Samantha, acompañadas por James, también los miraron. La presencia de Edward parecía lo más impactante que hubieran visto sus compañeras nunca, y eso la hacía enfurecer, quizás por eso el golpe de frío ni siquiera fue registrado en su cuerpo.

—Te equivocas, ya lo sabes —dijo con calma una vez que llegaron a la diminuta pista mientras tiraba de su cintura para acércala contra su duro cuerpo. Olía tan increíble que por poco le pasó inadvertido su comentario.

—¿Qué? —Tragó saliva, nerviosa porque estaba bailando con él, Dios, todo era tan raro.

—Sé lo que sientes en estos momentos, por la muerte de ese paciente, pero tú eres una excelente enfermera.

—No —murmuró entre dientes—. Si les pasa algo, siempre siento que es mi culpa, debí detectar el tumor antes y no hasta que fue una metástasis y…

—Te equivocas —repitió él, sonriéndole con amabilidad—. Eres increíble, siempre has intentado ayudar a las personas, has dado todo de ti, incluso conmigo. —La apretó contra su pecho y apoyó la barbilla sobre su cabeza—. Eres una mujer tan buena… ¿Sabías eso?

O~O~O~O

Sentir a Bella entre sus brazos era algo por lo que mataría siempre; sin embargo, ella seguía un tanto retraída, pensando seguramente en su paciente y en cómo pudo hacer algo más para ayudarlo. Algo que todos sabían era clínicamente imposible, todos salvo su esposa. Respiró profundo sobre su cabello olor a lavanda, antes de hablar.

—Creo que no sabes que tan buena eres, y la culpa comienza conmigo, para variar —respiró profundo—, gracias por llamar esa noche —dijo con voz ronca. Bella se separó un poco para mirarlo con el ceño fruncido.

—¿Qué noche? —Edward se aclaró la garganta.

—Después de que Angela muriera… —Negó con la cabeza—. Fui a mi departamento e iba a hacer algo... sí, algo realmente jodido. Me llamaste, me pediste que fuera a tu casa, ¿te acuerdas?

—Sí, no sé cómo lo conseguiste, estabas muy borracho y conduciendo una motocicleta.

—No fue la única vez que… que hiciste algo por mí.

Cuando Bella apartó la mirada, Edward supo exactamente a dónde había ido la mente de su mujer. Sí, esa noche no había sido el único acantilado del que casi había saltado.

—Desde que nos separamos te he dicho que lo siento, pero no creo que jamás te haya dado las gracias por todo lo que has hecho, cuidarme cuando te necesitaba, dar a luz a mis hijos, llevar en tu espalda un montón de peso, casarte conmigo... Así que, sí... hum, gracias por todo, eres demasiado buena.

Mierda, al escucharse a sí mismo se sintió como un completo imbécil. Se había guardado tanto por tantas razones, y aunque en aquellos momentos todo le parecía perfectamente válido, ¿qué tan arrogante era eso? Ese tipo de reticencia donde asumes que tienes tiempo para hablar de cosas cuando quieras. Como cuando se piensa que la persona que se mantiene a tu lado siempre estará ahí. Que él mismo estaría. El hecho de que ese paciente de Bella hubiera muerto tan bruscamente, incluso cuando tenía ganas de vivir, era un claro recordatorio de que nada es para siempre y el tiempo no perdona.

Antes de saber lo que estaba haciendo, se inclinó y le dio un suave beso en los labios a su muy aturdida esposa. No importaba que después lo sermoneara por tomar ventaja o la mierda que fuera, darle un beso como agradecimiento parecía apropiado en este momento, aquí y ahora. ¿Mañana? Bueno, estaba claro que si de algo no se tenía certeza nunca, era sobre algo como el futuro. Cuando se retiró, Edward se dio cuenta de que Bella había dejado de hablar y lo estaba mirando como si tal vez algo estuviera fuera de lugar: el cabello en llamas, labial de mujer en su camisa, cejas afeitadas, diablos.

Se quedó totalmente en blanco. Él no tenía un don con las palabras, y la complicada mierda en el centro de su pecho, esa que le gritaba que le explicara sus sentimientos hacia ella, estaba haciendo peor aquella tendencia al mutismo.


Capitulo regalo porque superamos de nuevo los comentarios, como siempre mil gracias por comentar, a todas mis chicas de siempre, a mis guest y a las ocurrentes, me muero de risa, un beso!