Cuando el caballero llego a la sala de mando, ya estaban sacando los cadáveres de la resistencia. Se había dado la orden por los intercomunicadores de desalojar los cuerpos como basura. Toda la tripulación actual se afanaba por deshacerse de ellos cuanto antes.
Apenas un pequeño grupo de la resistencia había logrado escapar de la inesperada traición. Alcanzaron las capsulas de huida y matando a los encargados de vigilarlas, partiendo hacia ningún punto exacto de la galaxia. Ya no tenían sitio al que volver, la base de la resistencia era conocida, y los miembros que aún seguían con vida, se encontraban sin orden.
Tal como esa información llegaba los encargados no tardaban en ponerla en conocimiento general. Las voces se alzaban con los datos, mientras que otros se afanaban por dar las órdenes pertinentes con respecto a ellas. Era un caos organizado en el que todos tenían su lugar y su función. Eslabones de una cadena previamente ensamblada.
Kylo posó su mano en el hombro de Uri, estaba cansada, se le notaba, su cuerpo aun reclamaba descanso, pero la situación hacía lo propio por impedírselo. Se encontraba sentada, frente a las computadoras, vigilando a los encargados de ellas, mientras en su frente sus hombres y la Primera Orden, parecían estar en un pseudo momento de calma, en el que los hechos acaecidos recientemente habían trastocado los movimientos de sus ahora enemigos.
Alguien en la sala dio una orden que quedó velada en los oídos de ambos. Sus mentes estaban en otra parte, solo unos momentos, pero los suficientes para ser conscientes de la situación que habían provocado. Cuantos hombres y mujeres habían muerto en ese rato, enemigos durante años y ahora aliados traicionados. Ya sabían que eso iba a ocurrir, la idea se había planteado tiempo atrás, solo hacía falta ejecutarla… y lo acababan de hacer.
Un suspiró escapó de los labios de la castaña, mientras recostaba su cuerpo dolorido en el respaldo del asiento.
-¿Lo tenemos? –Preguntó el caballero, vigilante al igual que la castaña. -¿Lo han traído ya?
-Aun no, está en camino. –Se mesó el cuello con su mano diestra, la cual tembló en el momento de alzarla. -Me han confirmado que en breve llegaran a nuestra ubicación. –Informó con seriedad, sin apartar la vista. –Este pequeño parón en los enfrentamientos nos puede beneficiar, nos dará tiempo para que llegue, pero no se cuanto pueda durar.
-No mucho, es probable que se estén reorganizando, la noticia de la muerte de Snoke tiene que haber llegado a todos lados, y lo sucedido hace unos minutos, acrecentará la descoordinación, solo es cuestión de que alguien retome el control y se ponga a dar las ordenes. –Sabía que no tardarían, la Primera Orden tenía una jerarquía fuertemente establecida. Decapitada la cúspide, solo era cuestión de que el rango más alto tomara el control lo que podía derivar en una acometida en su contra de forma en exceso agresiva.
Un silencio los embriagó por varios minutos, hasta que Uri aferró la mano del caballero en su hombro. -¿Estas bien? –Preguntó con un deje de preocupación. –Aun no tengo la certeza, pero creo que no ha podido escapar. –Susurró en un instante.
-Estaba allí, lo sé, Skywalker también lo sabía. –Sentenció descendiendo un momento la mirada. –Ya está hecho. –Uri afirmó antes de suspirar una segunda vez en apenas minutos.
-¿Y Yul? –Se atrevió a preguntar una nueva vez, descendiendo al fin su mirada con cansancio.
-Mandé a dos pilotos y varios hombres para ocupar la nave, saldrá cuanto antes hacía zona segura. –La castaña afirmó.
-No cabrán muchos, pero que lleven a los heridos de mayor gravedad con ellos. –Señaló la castaña, a lo que el caballero afirmó y dio la orden pertinente. Algo en la joven la hacía sentirse culpable, muchos muertos, demasiados en tan poco tiempo. Se quejó en un momento en el cual movió su pierna para recolocarse. Ya no podía ponerse en pie, y sus fuerzas iban desapareciendo poco a poco. Su último esfuerzo por poner todo en marcha, había consumido todas sus energías, y notaba como la propia sustancia que le habían inyectado en la pierna, dejaba de tener efecto.
Apretó con fuerza de nuevo la mano del moreno y este le correspondió. –Deberías irte con ellos. Puedo hacerme cargo de todo esto.
-No iré a ningún lado, estaré aquí hasta que todo acabe. –Una voz los alertó, una de las naves de la Primera Orden había retomado su marcha, sus movimientos eran amenazantes. Las naves adyacentes procedieron momentos después a seguirla. Era un nuevo ataque, la formación lo demostraba. Ya no tenían nada que defender en tierra, la base era una más, como otra cualquiera. Solo la derrota incondicional del destructor en su frente y de todos los que en él se encontraba, se podría considerar una victoria.
-Se han puesto en marcha, preparaos, conocemos sus maniobras, tenemos que aguantar el tiempo necesario para que lleguen. –Kylo alzó la voz sobre el resto. Antes de virarse hacia otro de los encargados del monitoreo general de las tropas. –Da el aviso que salga la nave de Yul de inmediato. Que eviten el acoso, antes de que se acerquen. –El hombre afirmó y de inmediato hizo lo ordenado. Tenían poco tiempo, debían escapar cuanto antes con quien estuviera en su interior o pronto los cazas enemigos acosarían las lanzaderas para evitar que salieran nuevas naves.
Las tropas en el espacio se dispusieron acorde a las indicaciones que desde el panel de mando se iban dando. Los cazas y pequeñas naves de las que disponían se afanaban por circundar el gran destructor, que con los escudos habilitados cubría de los ataques al resto.
-Que los cazas no salgan de la zona segura. Disparar desde las torretas, inutilizar las naves más peligrosas. –Indicaba una y otra vez, mientras miraba todas las pantallas. Estaba tomando el mando de la situación. –Informarme en cuanto se sepa algo. No podemos desperdiciar ni un momento, nos superan en número. –Le señaló de forma individual a una mujer encargada del seguimiento de la nave que debía llegar.
Varios impactos atravesaron el escudo, el fuego se apreció desde la torre de mando. Los reportes confirmaban los daños y las labores de extinción de incendios. No aguantarían mucho. El escudo frenaba cuanto podría, pero naves con cañones diseñados para atravesar las defensas, se iban acercando poco a poco amenazantes, y más predispuestas que antes para atacar.
-Moved a los cazas, que desde la protección disparen a los cazas enemigos, que eliminen a cuantos más puedan sin salir del rango de seguridad. Necesitamos minimizar sus tropas lo más que podamos. –Todos obedecían, las afirmaciones se repetían constantemente al igual que los reportes.
-Cinco minutos. –Informó la encargada de controlar la llegada de la nave. El caballero afirmó, no les quedaba mucha opción para aguantar ahí en esa situación, las acometidas se repetían y agravaban.
Las naves de mayor consideración comenzaban a alcanzar su rango de acción, lo que supondría una derrota inminente. Dos cazas cayeron frente a ellos, estrellándose contra la estructura del destructor.
-Que se replieguen los cazas, no pueden hacer nada más que morir frente a esa amenaza. –Alzó la voz desde atrás la castaña, incorporándose todo lo que pudo. –Y que blinden los hangares.
-¡Ya habéis oído! Que regresen los cazas, cierren las lanzaderas, y las compuertas de los hangares. –Alzó de nuevo el caballero la voz sobre el resto. –Que solo quede abierta la compuerta trasera, necesitamos que haya acceso para cuando lleguen. Que los cañones de retaguardia se afanen por cubrir su recorrido en cuanto los alcance el radio. -Trago saliva, descendió la mirada, tenía que hacer algo, ese tiempo era imprescindible. No podía tomar la Primera Orden por la fuerza con tan pocos efectivos. ¿Pero qué? Buscó con la mirada a Uri, esta se la devolvió tras confirmar que la nave estaba a punto de llegar.
-Solo unos minutos y estarán aquí, consíguenos tiempo, como sea. –Señaló desde su posición la castaña implorando no caer derrotados en el último momento.
–¡Abrir las comunicaciones! –Alzó la voz, consiguiendo la atención generalizada. Entonces hizo una señal pidiendo silencio, la sala entera cumplió la orden, y las comunicaciones se abrieron. –¡Malditos inútiles! ¡¿A quién creéis que estáis atacando?! –Bramó por las comunicaciones sorprendiendo a todos los presentes.
No hubo respuesta, las naves siguieron su camino sin pararse. Las señas entre los presentes se intensificaron, se daban órdenes a los cazas e instrucciones para una posible batalla.
-Kylo… ¿Qué haces? –Susurró incrédula la castaña, pero la mano del caballero le cortó de hacer más preguntas.
-¡¿Sois tan estúpidos que no sabéis reconocer a quien tenéis en frente?! –reiteró sus insultos mientras, observaba con fijación el espacio en su frente plagado de tropas. -¡Soy Kylo Ren! Infiltrado en la resistencia. –Hizo una pausa, para mirar a la mujer que se encargaba de confirmar el tiempo restante. Esta hizo una seña, estaban ya en el rango de acción. -¿Quién en su sano juicio creería que traicionaría a la Primera Orden? –Inquirió antes de hacer una pausa, y el silencio al otro lado aún permanecía, nadie respondía, las naves seguían en movimiento hacia ellos, y los cazas aún se afanaban por atacarlos
-No hay forma de creer en tus palabras, se te tildó de traidor y tus actos lo han confirmado, te aliaste con la resistencia y habéis atacado este lugar hecho que lo corrobora. –De improviso la voz del cargo al mando se escuchó y el silencio se hizo en la sala.
-Mis naves se han mantenido desde un inicio en la retaguardia, esperando el momento exacto para actuar y así ha sido. –Informó. –Todos mis movimientos desde que fui tildado de traidor no han tenido otro objetivo más que el de que este momento llegara.
-Ya están aquí. –Señaló la mujer en un susurro, el caballero atendió a la información antes de señalar a dos de los presentes.
-Traérmelo a él, solo a él, al resto que lo mantengan vigilados. –Habló tras inhabilitar las comunicaciones para que no se escuchara lo que había dicho.
-Cientos, no, miles de hombres murieron bajos vuestras manos en Nixus. –Respondió la voz al otro lado. –En ese momento la resistencia no formaba parte de ese ataque. Y el Líder Supremo es otra de las víctimas de vuestra traición.
-Nixus fue una mera treta para garantizar la efectividad del plan trazado. –Respondió rápidamente sin dudar, pulsando el botón de nuevo, consiguiendo las miradas dudosas de varios en la cabina. –Y Snoke… -Omitió su título como Líder Supremo. –Hace tiempo que dejo de perseguir el objetivo que nos define como miembros de la Primera Orden, una destitución forzosa es lo que se necesitaba.
-No hay forma de que el General permitiera que sus propios hombres murieran gratuitamente solo para acabar con la resistencia. Y menos que el Líder Supremo fuera asesinado. –Una pequeña risa irónica escapó de los labios del caballero.
-El fin justifica los medios. –Uri sonrió levemente, esa simple frase podía justificar claramente las miles de masacres llevadas a cabo por toda la galaxia en nombre de la Primera Orden, con el único fin de gobernarla. –Es una pauta que siempre ha estado presente en la Primera Orden.
-No hay prueba alguna que confirme lo que dices. –Unos pasos se escucharon tras el caballero que triunfal se viró sobre sus talones.
-Oh… si la hay. –Susurró con sorna, enfrentando al pelirrojo maniatado al cual acababan de traer. Desactivó el micro y con regocijo le habló. –Quien iba a pensar que te tendría de nuevo frente a mí y no para matarte, General Hux. –Recalcó el título. –O quizás sí, todo depende de lo que hagas.
-Maldita sea Ren, que planeáis ahora tú y esa sucia perra que tienes por mujer. –Clavó la mirada de asco en Uri. La castaña que hasta ahora se había mantenido estática mirando al caballero, ladeó su vista hasta el pelirrojo que se sorprendió por el color de sus ojos.
-Habla de más y veremos cuanto tiempo aguantas sin tus extremidades. –Le amenazó la castaña. No alzó la voz, solo clavo su vista en la de él, y se mantuvo impasible por unos segundos. –Si no fuera porque eres útil, créeme que ahora mismo estarías muerto.
-Más vale cuides tus palabras, estas en mala situación. Solo tienes una opción para vivir, obedecer. –Señaló con severidad el caballero mientras los alcanzaba en apenas dos zancadas y lo agarraba de la destrozada solapa de la chaqueta.
-¿Por qué iba a hacer tal cosa? –Era un reto.
-Porque no hay nadie para defenderte más que nosotros. Snoke ha muerto. Y toda la Primera Orden actualmente está esperando masacrarnos. –Señaló a su espalda la horda de naves que se habían vuelto a movilizar ante la falta de comunicación. –Y claro está, nadie sabe que estas aquí, si ellos nos acribillan tú mueres. Si dices algo que no te hemos dicho que digas, tú mueres, ya sea bajo nuestras manos o la de ellos. Si decides obedecer y más tarde incumples las normas, tú mueres. Es así de sencillo. Quieres vivir, di lo que queremos oír.
-El Líder no puede haber muerto… -escupió las palabras entre dientes omitiendo el resto de la información.
-Ha muerto, al igual que la resistencia. Solo nosotros somos los restantes. –Hizo una pausa girándose y con ello arrastrando al general hacia el intercomunicador. Lo empujó contra la computadora y este se vio obligado a apoyarse con ambas manos. Alzó la testa y pudo ver como la amenaza era real. Desvió la vista, todos en esa sala esperaban por saber qué ocurriría con los ojos posados en él.
-Siempre has sido un traidor…
-Piensa que más que una traición, es un golpe de estado. –Sonrió levemente, acercándose a él. -Era necesario, lo nuevo ocupara el sitio de lo viejo, eso está escrito, siempre es así, ahora escoge. ¿Formar parte de lo nuevo o morir como lo viejo?
-Has sido siempre una sabandija, haz honor a tu categoría como tal y cíñete a la vida, no lo hagas más difícil. –Agregó desde su posición la castaña.
El pelirrojo se mantuvo unos segundos en silencio, en los que los disparos se estrellaban contra los escudos de la enorme nave. El caballero alzó la vista, una de las naves equipadas con armamento antiescudos estaba ya demasiado cerca. Hux se percató de ello, apretó los puños, se mordió el labio y al fin habló.
-¿Qué gano con esto?
-Vivir, y mantener tu cargo de General bajo mi mando.
-Demasiado fácil.
-Que mantengas tu cargo no implica que puedas hacer y deshacer como se te venga en gana. –Respondió el moreno tajante. –En cuanto te tuerzas de mis directrices morirás. Solo debes cumplir las normas, para seguir conservando tus privilegios y tu vida. –El pelirrojo gruñó una vez más y se alzó dando un paso para atrás.
El silencio se mantuvo por largos segundos, que parecieron horas. La tensión en el ambiente era palpable, todos dependían de la repuesta de ese hombre. Una batalla imposible, o la posibilidad ínfima de salir indemnes de aquella situación. Las miradas poco a poco fueron clavándose lentamente en el susodicho. Hux lo sabía, tenía que responder, una u otra opción, pero responder. Chistó la lengua con molestia, y retando con la mirada al caballero, al fin habló.
-No creas que has ganado con esto.
-Ya lo veremos.
-¿Qué tengo que hacer? –cedió a regañadientes retirando el rostro bruscamente. Una sonrisa triunfal se posó en el rostro de Kylo mientras se acercaba hacia la mesa, una vez más, dispuesto a abrir las comunicaciones.
-Es fácil, confirma que no soy un traidor, todo fue un plan para acabar con la resistencia y destituir a un líder obsoleto y arcaico que había dejado de lado los principios que rigen la Primera Orden. Tú fuiste el culpable de que se nos acusara como traidores, retráctate solo fue una treta.
-¿Y Phasma? –Preguntó sorprendiendo tanto al caballero como a la castaña. –Ella sabe la verdad al igual que yo. -Kylo se viró levemente para mirar a Uri que, tras un segundo de analizar la situación, habló.
-Está muerta. –Respondió con sequedad. No supo definir que expresaba exactamente el rostro del pelirrojo, pero pudo notar como le había afectado, no esperaba esa respuesta. –Se afanó por salvarte la vida, no desperdicies su esfuerzo ahora perdiéndola voluntariamente. –Era una mera concesión de información que creía de valor para la situación.
-Un día cambiaran las tornas.
-Pero hasta que llegue el momento, este es el único camino que tienes para continuar. –Agregó el caballero con el dedo ya sobre el botón. –Ahora ejerce tu cargo como general. –El silencio nuevamente se hizo por unos momentos, Hux no apartaba la mirada de la del moreno, mientras los impactos chocaban una y otra vez contra el escudo. De improvisto alzó la voz.
-¡Detengan el ataque de inmediato! –Desvió su vista al fin del caballero. -Es una orden del General Hux. –Reiteró mientras la paseaba por el resto de los presentes, claramente molesto.
-¿General? –Preguntó con sorpresa la voz al otro lado. -Lo creíamos desaparecido. –Un gesto de Kylo lo alentó para seguir hablando.
-Mi desaparición fue planeada, era necesaria para llevar a cabo la misión. No es hasta ahora que he podido regresar, mi presencia antes de tiempo podría haber echado a perder todo el esfuerzo. –Kylo alzó una ceja con un deje divertido, no parecía que fuera a arriesgarse a morir, los cazas de nuevo se desviaron y dejaron de disparar al igual que las naves. La estrategia surtía efecto, habían arriesgado demasiado poniendo toda esperanza en esa última carta de la baraja.
-Señor, el Líder Snoke ha sido asesinado.
-Soy consciente, sus últimos movimientos no produjeron más que bajas en nuestras filas. Yo como su segundo al mando me percaté de ello al igual que el caballero de Ren Kylo. Desde el momento en que sus actos dejaron de tener lógica no quedó otra que su destitución.
-Señor, una destitución publica hubiera sido más eficaz.
-Se consensuó esa decisión, no tengo porque dar más explicaciones de lo que la cúpula de la Primera Orden decide por el bien de la misma. –Respondió autoritario y retador antes de coger aire con fuerza. –Ahora, aclarada la situación, reitero, replieguen las tropas.
-Pero señor…
-¡Es una orden! ¡Recuerden que aun soy su superior! –Alzó la voz con fuerza apretando los puños y golpeando la mesa con rabia. La respuesta tardó en llegar, pero pronto la afirmación se escuchó.
-Sí señor.
Las comunicaciones se cortaron de nuevo, y el pelirrojo se irguió molesto para retar una nueva vez al caballero. -¿Contento?
-En exceso. –Se regocijó. –Ahora apártate, ya no te necesito hasta que no lleguemos a tierra. -Dos de los mercenarios se acercaron hacia la ubicación de Hux y con las armas lo escoltaron hasta un rincón de la sala, no sin antes algún que otro gesto reticente.
-Se te da bien mentir, te sale tan natural… -Susurró Uri cuando pasó a su lado.
-Como a ti, según veo. –Respondió señalando los ojos de esta, que delataban sus dotes con la fuerza, información que desconocía hasta ese mismo momento.
-Espero entonces que tu mentira dure tanto o más que la mía, por tu propio bien. –Susurró de forma retadora, antes de retomar su postura en el asiento, recostando su espalda.
Por más que quisiera su cuerpo le clamaba una y otra vez por un descanso, pero se negaba a dárselo, no al menos, hasta que todo acabara. Suspiró con cansancio, y tras unos minutos en los que no escuchó palabra alguna del pelirrojo lo miró de arriba abajo, chistando la lengua en el proceso. –Búscale algo de ropa, sea cual sea pero que esté limpia y decente, necesita que se crea su mentira, con esas fachas no habrá forma. –Le indicó a uno de los presentes mientras señalaba las vestimentas rotas y manchadas por la batalla y la posterior captura. –Y ponerle en situación, necesitamos que sepa lo que ocurre, lleva demasiado alejado del mundo exterior. –Ordenó molesta la castaña ambos custodios afirmaron y rápidamente comenzaron a informar por lo ocurrido, mientras Hux se limitaba a pasear su mirada molesta de la espalda del caballero, hacia la castaña, que con su vista fija en el frente ya no le prestaba atención alguna.
Las naves de la Primera Orden dejaron paso, era extraño ver como los hasta hace relativamente poco tiempo eran enemigos, ahora se afanaban por facilitarle el camino a la enorme nave.
El destructor avanzó con cuidado, todos los que en él se encontraban, miraban alertos el espacio circundante, aun la desconfianza inundaba el ambiente, y los cazas preparados estaban a la espera de que se les diera la señal de partir en caso de emergencia. Se contuvo el aire de forma generalizada, al igual que entre los indicados para descender a tierra. Apenas unas pocas naves se desacoplarían cuando estuvieran a distancia suficiente.
-Manteneos alerta, todo el mundo equipado, no quiero a nadie sin las protecciones necesarias y las armas preparadas. Que los soldados de la academia vayan delante, los mercenarios y comerciantes detrás, os quiero de escolta en las naves, tenemos que dar la impresión de que todo ha salido como planeamos. Es prioritario que se vean las armaduras de los soldados. –Daba las indicaciones el moreno a los que los acompañarían. Las afirmaciones eran generalizadas, mientras unos y otros se iban acoplando armaduras que iban trayendo desde otras partes de la nave. –Que todos los pilotos estén preparados, y los tiradores en sus puestos.
-Está todo listo –señaló uno de los presentes con una pantalla en sus manos. –¿Solo cuatro naves de apoyo? No creo sea suficiente, las tropas de tierra os superaran por millares, y aquí tampoco estamos en mejor condición.
-Cuantos menos seamos más fácil será escapar en caso de que sea necesario. Estar preparados por si no queda otra. Tener todo preparado para saltar a hipervelocidad.
-Estará todo preparado.
-Bien. –Sentenció con seguridad. Todo estaba en movimiento, en cualquier punto de la nave había alguien preparándose para lo que pudiera pasar, esperando que un nuevo conflicto no fuera necesario.
-Ven, hazme de apoyo. –Pidió la castaña a uno de los mercenarios a su costado para que le ayudara a caminar, su orgullo así lo dictaba, debía presentarse en pie, imponente, como tantas veces lo hizo antes como coronel. El caballero se paró frente a ella, con los brazos cruzados y la mirada fija en Uri. –Voy a ir, si o si no me vas a frenar.
-No podrás correr en caso de emergencia. –Señaló las piernas de su mujer con desgana. Uri hizo un amago por refutar el dato, pero gruñó para sí misma, era cierto. –Tu misma lo sabes, no serás útil ahí abajo. ¿Quieres que te vean, que recuerden quien eras? Vale, pero no bajaras de la nave. –Otro gruñido se escuchó por parte de la castaña y el mercenario a su lado rio ante ese gesto. –Que te ayuden a mantenerte en pie cuando la compuerta se abra, pero luego, te vuelves con los pilotos. –Alzó una ceja, y esperó la respuesta de la mujer, no aceptaría una negativa, solo le iba a dar esa opción si pensaba acompañarlos.
-No estoy de acuerdo. –Se quejó.
-Lo sé, pero es lo que vas a hacer, tu misma has dicho varias veces en poco tiempo lo mucho que te estas exponiendo, y tu estado actual no te ayuda para convencerme. Ni siquiera eres capaz de mantenerte en pie sola. –De nuevo le señaló a ambas piernas, antes de añadir. –Si la cosa sale bien, serás la primera en bajar. Pero antes prefiero cerciorarme de ello.
-¡Maldita sea Kylo! –La molestia era evidente y su gesto así lo demostró.
-¡No! Tú te quedas, me da igual lo que grites. –La encaró con severidad esta vez. –Sabes igual que yo que la probabilidad de que todo salga mal está ahí. –Cogió aire con desesperación y tras soltarla lentamente, la volvió a encarar. –Esto debe acabar ya, sea cual sea el resultado. Y no pienso dejar que acabes igual o peor que Yul solo por tu cabezonería. -La castaña se mantuvo estática, mirándolo fijamente. Masculló algo entre dientes y chistó la lengua.
-Suéltame. –Le indicó al mercenario. –Ya me ayudarás cuando bajen. –El hombre hizo lo propio, ayudándola a sentarse de nuevo. Uri miró con molestia al caballero pero acabó cediendo. –No voy a acabar como Yul, ni tú, ni nadie. ¿Entendido? –El caballero afirmó. –Hazte valer, toma el control. –Añadió con seriedad sonsacándole una sonrisa al caballero.
-Eso es el objetivo de todo esto.
-Que no se te olvide. –Le amenazó señalándole. –No te perdonare nunca si fallas en el último momento. –Se cruzó de nuevo de brazos, con un mohín molesto, apartando la mirada de él, que instintivamente se acercó a ella, y agarrándole la cabeza, posó un beso sobre su cabello.
-Tranquila, es nuestro momento. –Se acercó a los pilotos y sin tardar alzó la voz. –Pongámonos en marcha.
Las naves salieron como estaba previsto. Todo estaba listo las tropas de tierra que quedaban con vida tras la batalla, habían acudido a recibir a sus superiores. Nadie en tierra tenía tan alto cargo como Hux, y mucho menos como el Caballero de Ren.
El nerviosismo era evidente, oficiales se miraban dudosos los unos a los otros, ¿qué pasaría? no lo sabían con exactitud. La veracidad del General no se ponía en duda, pero la del caballero era otro tema. Había que asimilar mucha información en poco tiempo, y las reuniones que a posterior se llevasen, aclararían la situación actual y futura de la Primera Orden.
-Me supongo yo, aquí en mi completa ignorancia. –Habló con sarcasmo el pelirrojo ya situado para descender en cuanto la compuerta se abriera. –Que si queréis que vuestro maldito plan salga adelante, no deberían verme con esto. –Alzó ambas manos aun esposadas y se viró con molestia hacia el caballero. –Aunque claro, no soy yo aquí el que dice que se tiene que hacer y que no, o eso dejasteis bien claro antes.
-¡Oh! Cállate ya Hux. –Espetó cansada la castaña. El caballero alzó su mano y sin dificultad las ataduras se abrieron cayendo al suelo.
-Recuerda lo que tienes que hacer. No juegues con nosotros, o será peor para ti. –Le recordó retomando su pose erguida mirando al frente.
-Algún día esa prepotencia se os acabará, recordarlo. –Amenazó mientras se mesaba las muñecas antes de erguirse igual que el caballero, llevando sus brazos a la espalda en cuanto la compuerta comenzó a abrirse.
-Pero hoy no. –Sentenció una última vez el caballero antes de ver el amplio número de tropas situadas en su frente.
Varias filas de soldados alzaron sus blasters en cuanto vislumbraron a los recién llegados. La sorpresa camuflada con molestia se aposentó en el rostro de todos ellos.
-Esos actos se pueden considerar de traición. –La voz del pelirrojo se alzó frente a los oficiales que esperaban impasibles.
-General. –Se cuadró a pesar de la situación frente a Hux, para tras eso mirar con duda al caballero por unos segundos, e imitar el gesto y cuadrarse ante el moreno que ya se preparaba para la batalla. –Señor. –Hizo una pausa para mirar al resto que los acompañaba, antes de centrarse de nuevo en ellos dos en especial en la mano del moreno sobre su sable. –Eso no será necesario, no tenemos intenciones de atacar, ni de insubordinarnos. –Le señaló el sable. –Solo queremos asegurarnos de la veracidad de la información que nos ha llegado. –Hizo una nueva pausa. -Hay mucho que tratar, así que por favor, acompáñenme, sin ofrecer resistencia, somos mayoría y las naves tienen instrucciones para no dejar que nadie escape. –Invitó con un gesto a ambos antes de girarse para abrirles paso por el camino que había entre las tropas. Pero ante la inmovilidad de los presentes, volvió a mirarlos. –Si lo preferís podemos tratar el tema aquí.
-No va a cambiar la situación. –Señaló el caballero. –Sea como sea, tal como has dicho, no hay forma de escapar de aquí si no aceptáis nuestras palabras.
-Reitero que no buscamos una insubordinación, ninguno de los oficiales que estamos aquí tenemos esa meta. Respetamos al general y a usted, solo hay ciertos hechos que carecen de lógica para nosotros. –Se movió con lentitud alzando una mano y cogiendo su blaster para entregárselo a uno de los soldados, al igual que hicieron dos más de los oficiales. –Iremos desarmados, en vuestra nave. Solo necesitamos hablar.
-No hay otra, nos tienen acorralados. –Sentenció la castaña con molestia y entre dientes. –Es la única manera de que nos crean. –Añadió hacia el caballero. Kylo chistó la lengua, y el pelirrojo sonrió con cierta diversión.
-Nadie os dijo que sería fácil. –Sentenció con sorna, antes de moverse hacia el interior. -Comencemos entonces cuanto antes. Estoy ya cansado de todo este teatro. –Agregó en un gruñido molesto, que apenas el caballero y la castaña pudieron oír. El moreno se viró y les cedió el paso a los tres oficiales, que no sin antes dudar, cruzaron la plataforma hasta el interior de la nave.
