La luz anaranjada del Sol poniente bañaba las montañas y las praderas. Por las ya castigadas llanuras de Hyrule una extraña figura las surcaba acompañada del potente rugido constante de un motor, levantando una nube de polvo y humo detrás de él. Aquella figura se acercaba a la región de Eldin.

El "Trirreme" seguía inmóvil sobre el pasto, las compuertas estaban abiertas. De la nave, salió Link con su fiel escudo colgado de su espalda ocultando gran parte de la vaina de la Espada Maestra. Kairi salió de detrás del hyliano.

-Gracias por cuidar de mi viejo escudo.

-No es nada, pero, ¿Dónde has metido el arco del Sniper?

-En mi alforja mágica.- Respondió Link con orgullo.

-No entiendo nada...- Mustió ella.

De pronto, a ambos les llegó el estridente rugido a los oídos.

-Nunca había oído un ruido semejante...- Murmuró él.

-Parece un motor.- Dijo la pelirroja.

Desde el gran puente de piedra que se encontraba al norte de su posición, emergió la figura de un vehículo, semejante a un camión. Rápidamente cruzó el puente de piedra, esquivó los escombros y aparcó delante del "Trirreme". Kairi se acercó, se fijó se trataba de un vehículo antiguo, de chasis de hierro pintado de verde con una cruz roja en los laterales, carecía de ruedas traseras, pues disponía de un par de orugas semejantes a las de un tanque. La puerta del conductor se abrió y ambos pudieron ver la identidad del piloto de ese extraño aparato.

-¿Gant?- Kairi tenía los ojos abiertos como platos.- ¿Éste es tu "Transporte terrestre"?

-¿A que es bonito?- Respondió con alegría.- Carolina lo arregló, se usó para transportar heridos en su momento.

N. Gin salió del compartimento del copiloto de un brinco, se le notaba algo mareado. Link se quedó pasmado ante ésa máquina.

-No veo caballos, pero aún así se mueve...- Murmuró.- ¿Que clase de brujería es ésta?

-¿De qué mundo es éste camión?- Preguntó ella de lo más extrañada.

-¡Ya no existe!- Exclamó Gant.- Pero os invito a que os deis una vuelta, os satisfará.

-Luego...- Mustió con algo de desdén.- Será mejor que Zelda y Snake lo miren, dudo que éste trasto se mantenga en pie hasta dónde queremos ir.

-En todo caso, yo ya he cumplido, ¿Y tu equipo armado y entrenado?- Preguntó él con algo de burla.

-Ya he hablado con Cid, seguramente estarán aquí por la mañana.

-Creo que es hora de que nos reunamos con los demás.- Irrumpió Link.

-Si, ya es tarde, necesito tumbarme un rato.- Mustió N. Gin algo afectado por el mareo.

-Entonces subid.- Dijo el mercenario.- ¿Quién quiere ser mi copiloto?- Ante ésa pregunta, el cyborg se fue a la parte de atrás, Link decidió acompañarlo para poderlo vigilar, pues tenía mal color de cara. Así que solo quedó una persona.- Veo que la pregunta se ha respondido sola...- Gant abrió la puerta, pero se detuvo para luego mirar a Kairi.- ¿O prefieres conducir tú?

-¿Yo? Creo que no, no tengo ni idea de conducir coches, y menos ésta cosa.

-No te atreves con un camión...- Luego miró la nave.- ...Y te atreves con éso... Que raro.

El mercenario finalmente ocupó el asiento del conductor y Kairi se sentó a su lado, luego la chica empezó a buscar algo.

-¿Y los cinturones?

-No hay... Ni cinturones, ni "airbags", ni nada de éso.

-¿Entonces qué tiene éste camión?

-Tenemos radio, comunicador y...- Gant empezó a rebuscar por la guantera hasta sacar un pequeño objeto.- Y una cinta...- Introdujo dicha cinta en la radio sin pensárselo demasiado.

Ambos se quedaron en silencio mientras una extraña pero simple melodía empezaba a sonar, incluso se pudo oír una voz: "El coche fantástico, es una trepidante aventura de un hombre que no existe, en un mundo lleno de peligros". Kairi negó con la cabeza llena de vergüenza ajena mientras que Gant movía la cabeza al ritmo de la melodía. El mercenario finalmente arrancó en dirección a la Montaña de la Muerte.


Todos pasaron una noche tranquila en el poblado de la montaña, Zelda invitó a Kairi a dormir en su cabaña mientras que los demás se vieron forzados a invadir la gran tienda médica para conseguir una cama.

A la mañana siguiente, todos se levantaron temprano y empezaron a prepararse, finalmente se reunieron frente el camión.

-Hacía años que no veía un semi-oruga.- Dijo Snake contemplando aquél vehículo.

-No parece demasiado fiable.- Murmuró Zelda.

-No se si debo dejarte ir con eso...- Dijo alguien de detrás de la hyliana.

Zelda se giró para encontrarse con Shiro, quién se aproximaba con una expresión de preocupación en su rostro.

-Insisto que debería ir yo, jefa.- Continuó.- Sin ti, todo ésto se desmoronará.

-Tranquilo, Shiro.- Respondió de forma amable.- Recuerda que todos los que se quedarán aquí son fuertes, sabréis qué hacer. Además, no tengo ninguna intención de quedarme fuera, volveré.

-¿Estás segura que éste grupo es de fiar?- Las palabras del joven provocaron la atención de los demás.- Reconozco que Snake ha demostrado su valía, pero N. Gin no tiene ni idea de luchar, ése tal Link va armado con una espada y dudo que tenga alguna posibilidad contra armas de fuego, ésa chiquilla pelirroja tiene pinta de huir en cuando oiga un disparo, y ése estúpido enmascarado seguro que te traiciona a la primera oportunidad...

-He salvado éste mundo tantas veces... Y éste es el trato que me dan.- Murmuró Link entre dientes.

-Sí, y parece que ha olvidado quienes lo liberó de la prisión, a él y a todo su grupo.- Respondió Kairi, ella y Link chocaron el puño ante ése comentario. Luego los dos miraron a Gant.

-Bueno lo que ha dicho él sobre mí está bastante acertado...- Todas las miradas se fueron al mercenario, sobretodo la de Zelda y Shiro, que le lanzaron una mirada de lo más severa.- Siempre y cuando Volgin quiera volver a contratarme por una suma desorbitada, claro está.

Todos resoplaron, Shiro parecía sentir hasta odio hacia Gant, cosa que éste notó y se apresuró a subir al camión. Zelda trató de calmar a su compañero mientras que los demás también subían al vehículo.

-Shiro, tú te quedarás al mando hasta que vuelva.- Dijo la hyliana tomando los hombros del joven. El chico trató de protestar pero ella lo interrumpió.- Eres el mejor hombre del que dispongo y no sabemos si pretenden atacar, así que te necesito aquí, eres el que mejor conoce la montaña.

-¿Y los goron?

-Sabes que ellos actúan por su cuenta, y le caes bien al jefe Durian, éso te da más posibilidades de que te hagan caso.

-...De acuerdo...- Suspiró Shiro con pesar.- ¿Y que hacemos con el prisionero?

-¡Ni lo toquéis!- Exclamó Gant desde la cabina.- Necesitamos pasar por el castillo, que está repleto de soldados, si saben que estáis cuidando de Elroy nos dejarán pasar, de lo contrario nos acribillarán a balazos.

-Odio tener que decir ésto, pero, haced lo que dice.- Respondió ella.

Shiro, con algo de resentimiento, asintió con la cabeza, luego Zelda montó en el camión. Snake, quién estaba al volante arrancó el motor y el semi-oruga empezó a alejarse del poblado.

Pasó un rato de viaje hasta que abandonaron los rocosos caminos de la montaña para llegar a la pradera de Eldin, dónde descansaba el Trirreme. Kairi se fijó que al lado de su nave había otra de color rojo que le resultaba familiar, era el "Ícaro".

-¡Snake, para!- A causa por el grito de Kairi, el soldado frenó en seco, causando que la mayoría de tripulantes se precipitasen hacia delante. -Es Cid, seguro que ha rastreado el Trirreme.

Kairi abandonó el vehículo a toda prisa para dirigirse hacia la nave. Los demás salieron del semi-oruga con más calma. La compuerta del Ícaro se abrió, Cid salió de ella para pisar tierra firme, no pudo evitar la expresión de asombro al ver sus alrededores. Kiri llegó hasta él, con nerviosismo.

-¿Han aceptado?- Preguntó ella a toda prisa.

-Primero de todo, hola.- Gruñó el hombre, causando que Kairi se avergonzara un poco.- Segundo: Algunos sí, otros no.

Entonces todas las miradas se centraron en la compuerta de la nave, dónde empezaron a emerger varias figuras. Kairi no podía reprimir su expresión de alegría, pues reconocía a todos los rostros de ésos sujetos.

-Por los dioses, no creía que lograsen venir.- Murmuró Link con una sonrisa en el rostro.

-¿Son de fiar?- Preguntó Zelda.

-No, pero son los mejores.- Respondió el hyliano.

El primero que puso los pies sobre el pasto de la llanura fue un hombre vestido con los típicos ropajes de trabajador, casco de obra, gafas de soldador y con una escopeta que cargaba sobre su hombro. Ése sujeto dibujó una amplia sonrisa en su rostro.

-¡Hola de nuevo!- Exclamó de forma alegre.

-¡Engineer!- Kairi le dio un fuerte abrazo, causando que se le cayese la escopeta al suelo, por suerte, el arma no estaba cargada.

-Adiós a mi entrada triunfal...- Mustió él, aunque no dejó de sonreír. Acto seguido la joven se separó de él. Cosa que el Engineer aprovechó para recuperar la escopeta del suelo.

Luego salieron del Ícaro el resto de integrantes del equipo RED que habían aceptado el trabajo: Primero fue el SPY, embutido en su traje rojo y con su pasamontañas, quién saludó con suma educación. Luego el Soldier, que cargaba con su fiel lanzacohetes, aunque no dijo nada, pues el casco a la altura de la nariz le impedía ver a ninguno de los presentes. Y finalmente el Sniper que se limitó a saludar de forma casual a todos.

-Pensaba que eran nueve.- Murmuró N. Gin.

-¿Que hay de los demás?- Preguntó Kairi.

-Al Heavy lo hirieron, así que el Medic lo está tratando. El Pyro se quedó para las labores defensivas, o no, la verdad es que no entendí nada de lo que me dijo. El Demoman estaba borracho cuando Cid nos dijo lo del trabajo, así que dijo que no iría en esas condiciones, aunque no dejó de beber... Y finalmente el Scout tenía una cita, así que se negó en rotundo.- Explicó el Engineer.

-¿Gracias a quién consiguió ésa cita?- Replicó el Spy con orgullo.

-Pero si al final no siguió ninguno de tus consejos...- Le reprochó el Sniper.

-Fue gracias a mí, por teleportar pan...- Murmuró el Sodier.

Todos se quedaron extrañados ante ésa conversación, así que el Engineer fue quien se animó a dirigirse a los demás presentes para preguntar por los detalles del trabajo, Zelda lo invitó a hablar en privado para tener más tranquilidad. Link se acercó a los demás para apaciguar la discusión de los tres restantes que se había empezado a formar. Luego Cid empezó a hablar con el hyliano, pues todos los de Vergel Radiante estaban preocupados por él.

Al pasar algunos minutos, Cid finalmente volvió a su nave y desapareció entre las nubes. Mientras tanto, todos los demás volvieron a montar en el camión, ahora más apretados que nunca,. Gant decidió ponerse al volante para no causar más sospechas de las necesarias en cuando llegasen al castillo. Poco rato después pusieron rumbo a su siguiente destino.

El viaje fue tranquilo, llegaron ante el formidable edificio en poco tiempo. Kairi, quien iba de copiloto, se puso nerviosa al ver soldados armados custodiando las puertas.

-¿Seguro que no hay ningún problema?- Dijo con la voz algo temblorosa.

-Quedaos todos aquí, voy a hablar con ellos.- Respondió Gant con serenidad.- Que nadie salga del camión hasta que yo lo diga.

Acto seguido, Gant salió del vehículo para dirigirse con tranquilidad hacia los soldados. Mientras tanto Zelda se acercó con recelo a la cabina para ver de primera mano que sucedía.

-Ahora veremos si hicimos bien en salvarle la vida.- Murmuró la hyliana sin poder fiarse del todo.

-Confío en él, no pasará nada.- Respondió Kairi sin apartar la mirada.

-Te envido...

-Vamos, ahora mismo no nos quedan demasiadas opciones.- Soltó Snake sin moverse de su sitio. Las dos se voltearon para ver al hombre, quién se mantenía tranquilo.- Si intentamos salir del camión como locos, estaremos muertos en menos de dos minutos, se nos echarían encima. Llegado a este punto solo podemos esperar a que Gant consiga una tregua.

-Creo que nos dejarán pasar.- Irrumpió Link con confianza.- Tenemos un enemigo en común, una alianza entre ambos bandos era cuestión de tiempo.

-Perdonad, pero somos nuevos aquí ¿Alguien nos puede explicar qué está pasando?- Dijo el Sniper.

N. Gin se dispuso a explicar a los del equipo RED todo lo que sabía, todos pusieron atención, excepto el Soldier, quién se estaba echando la siesta. Tras pasar un tiempo que se hizo eterno para todos los tripulantes, Gant volvió a entrar en el camión y ocupó el asiento del piloto.

-¿Y bien?- Inquirió Snake.

-Pues... Nos dejarán pasar.- Respondió él con serenidad.- Al parecer, el plan de mantener a Elroy con vida ha funcionado.- Luego se giró para ver a Zelda.- Ahora mismo Elroy es quien ostenta el mayor rango de la unidad del castillo.

-Vaya... -Murmuró la hyliana por lo bajo, pero no tardó en recobrar la seriedad.- ¿Saben algo nuestro plan o de quiénes estamos aquí?

-Saben que tú estás aquí, pero créeme, no habrá problema mientras Elroy siga vivo. Y con lo del plan... Saben que vamos a por Volgin, están encantados con la idea.- Gant soltó una pequeña risa.- Es más, dicen que no opondrán ninguna pega si desvalijamos el arsenal con tal de no volver a ver a su antiguo jefe.

-Eso siempre es una buena noticia...- Dijo el Spy con una media sonrisa.

-Nunca había visto a nadie con tantas ganas de perder un trabajo.- Soltó el Engineer a modo de chiste, aunque nadie se rió, solo se ganó una mirada de desdén por parte del Spy.

Gant volvió a encender el motor y se dirigió hacia el hangar. Kairi miraba por la ventanilla a todos los soldados que se quedaban mirando el camión, le costaba creer que ellos antes fuesen los enemigos de los que se escondían la primera vez.


-¡Vamos, holgazanes, reunid más armas!- Ganondorf se encontraba a las orillas del Lago Hylia mientras observaba a una multitud de Moblins transportando grandes lanzas, toscas espadas, garrotes y escudos improvisados de madera.- ¡No podemos dejar que nuestro mundo natal esté controlado por esos patéticos humanos!

La gran mayoría de Moblins miraban al gerudo con miedo, todos presentaban serios moratones en el rostro. Al parecer, Ganondorf había sometido a aquellos intimidantes monstruos a base de golpes él solo.

-¡Señor, nosotros no poder matar a tantos humanos, sus armas doler y matar mucho a nosotros!- Se quejó uno de los Moblin que se acercó al hombre.

-Antaño tu raza desafió a los hylianos y presentó una de las batallas más sangrientas y honorables de la historia, ¿¡Y tú te haces llamar Moblin!?- Ganondorf hundió su polaina de hierro negro en la cara de quién se estaba quejando, mandándolo a volar por varios metros.- ¡Sois de lo más patético que he visto en mi larga existencia!

Al ver lo sucedido, los demás trabajaron más rápido. Todos estaban dominado por el miedo. Ganondorf decidió que era hora de tomarse un respiro. Inició su marcha hacia un rincón más alejado de las aguas del cenagal y de los malolientes Moblin. Se sentó en el suelo junto a un árbol para meditar un poco.

-La verdad, tampoco puedo presentarme con un ejército de Moblins y ya está, no sería una puesta en escena demasiado gloriosa...- Empezó a murmurar rascándose su rojiza barba.- Tampoco con arañas gigantes, éso está demasiado visto...- De pronto, abrió los ojos de par en par, se levantó y sonrió.- ¡Ya sé! Invocaré algunos Stalfos para que vayan en primera línea, luego en los flancos, grupos de Nudillos de Hierro con sus poderosas hachas, el cielo adornado con colosales aves Roc anunciando la llegada del auténtico rey, y finalmente, un colosal carro tirado por veinte de los Dodongos más fuertes adornado con los estandartes gerudo llevándome a mi, vestido con una larga capa hecha con la piel de cien lobos.- La amplia sonrisa de Ganondorf se borró al pasar unos segundos.- ¿Y de dónde saco cien lobos? Además, si el carro no está hecho de la madera del Árbol Deku no tendrá ninguna gracia...

El gerudo siguió pensando en su puesta en escena, debía ser más realista.

-Tendré estudiar mis posibilidades...- Luego resopló.- Tal y como trabajan éstos Moblins tendré un buen rato de por medio.


Una vez que aparcaron el semi-oruga en el hangar, todos se dirigieron hacia el interior del castillo. Zelda seguía recelosa ante la presencia de los soldados que custodiaban dicho lugar, pocos de ellos se atrevían a mirar a la hyliana a los ojos.

Finalmente, el grupo llegó hasta el antiguo despacho de Volgin, dónde empezó a buscar por las distintas estanterías en busca de algún mapa o plano útil. Los demás se colocaron al rededor de la mesa de despacho. Al fin el pequeño cyborg encontró un gran rollo de papel y lo desenrolló encima de la mesa.

-Es un plano algo antiguo, pero servirá.- Mustió.

Todos empezaron a estudiar ese gran pedazo de papel, quienes ponían más énfasis eran Snake y el Spy.

-No veo demasiados accesos...- Murmuró Snake.- Y según ésto hay bastantes torres de vigilancia.

-Por no nombrar las torretas y las baterías antiaéreas.- Añadió el Spy.- Estoy seguro que estará plagado de guardias.

-O sea, que no podemos acceder ni de frente ni por arriba.- Mustió Kairi.- Así que ir con el Trirreme queda descartado.

-Totalmente.- Soltó Gant de la nada.

-¿Y por debajo?- Dijo Link de golpe.

-¿A caso quieres cavar un agujero por la muralla, chaval?- Se rió el Soldier.

-Ahora que lo dice...- Mustió Zelda pensativa.- N. Gin, ¿Podrías mirar si hay algún otro plano? Alguno con el sistema de cloacas.

El cyborg volvió a buscar de nuevo, ésta vez Gant lo ayudó. Ambos empezaron a desvalijar las estanterías tirándolo todo por el suelo.

-No quiero mancharme el traje.- Murmuró el Spy.

-No seas tan estirado, hombre.- Bufó el Sniper con desdén.

-En todo caso, tenemos que revisar nuestros objetivos. Sabemos que Volgin es uno de ellos, pero aunque acabemos con él, dudo que terminemos con todo.- Dijo Snake con tono serio.- Si dispone de un Metal Gear, deberíamos destruirlo.

-Complicado.- Soltó Gant desenrollando otro plano sobre la mesa.- A estas alturas ése robot estará casi terminado, además hay otra arma.

-¿Otra? Ésto se pone cada vez peor.- Se quejó Kairi.

-Vamos a ver...- El mercenario tomó el primer plano y lo revisó.- Por la zona norte estaban construyendo un especie de cañón con forma de torre, o algo parecido.

-Hablas de la Torre Oscura, supongo, eres horrible para los nombres...- N. Gin puso los ojos en blanco y se dispuso a dar una explicación.- Se trata de un arma estática capaz de lanzar un rayo oscuro hacia el cielo, luego los satélites que están en órbita desvían ése rayo para impactar hacia el mundo elegido.

-¿Para destruirlo?- Preguntó la pelirroja algo nerviosa.

-Para sucumbirlo a la oscuridad, el doctor Cortex me lo contó.- Luego bajó la mirada.- Por éso fuimos a por el Australium, necesitábamos un metal conductor para el cableado...

-Necesitabais el mejor metal conductor.- Dijo el Engineer con rudeza.

-Sí...

-Resumiendo, que hay tres objetivos.- Soltó Link sin comprender del todo la situación, aunque decidido.

-Cuatro.- Corrigió Zelda.- Puede que Volgin tenga prisioneros, me gustaría rescatarlos.

-Lógico.- Dijo Snake.- Pero no podemos ir todos juntos como locos por la base enemiga, deberíamos organizar grupos.

-¿Qué propones?- Inquirió Zelda.

-En cuando lleguemos ahí deberíamos separarnos, necesitaremos una distracción.-Empezó a explicar el hombre.- Supongo que el Metal Gear estará fuertemente vigilado, y yo tengo pocas posibilidades de ser visto.

-Yo te acompañaré, tengo aún menos posibilidades de ser visto que tú.- Respondió el Spy con seguridad y algo de burla.- El Soldier puede darnos una distracción, es especialista en éso.

-Yo y mi lanzacohetes.- Añadió dándole un beso a su arma.

-Será mejor que lo apoye desde lejos.- Dijo el Sniper.- Procuraré que no se acerquen a él.

-Yo me encargaré de la torre.- Soltó N. Gin con seguridad, algo raro en él.- Tendré que sobrecalentar el sistema y volarlo por los aires.

-Yo te ayudare, chaval.- Respondió el Engineer sonriente dándole una palmada en el hombro.- Lástima que el Demoman no esté aquí para explotarlo todo.

-Si, nos vendría de perlas...- Mustió el Sniper.

-Entonces iré a por los prisioneros.- Anunció Kairi con energía.

-Te acompañaré.- Dijo Zelda posando su mano en su hombro.- Link ¿Te apuntas?

-Yo iré a por Volgin.- Soltó tajante mientras miraba por la ventana.- Debo asegurarme que no se escapará...

-Vaya, no me esperaba esta respuesta...- La hyliana estaba algo confundida. Luego se dirigió a Gant- Tú ayudarás al Soldier en la distracción.- El mercenario se quedó mirando a la mujer, ella resopló.- Te lo pagaré a parte...- Luego el Soldier imitó a Gant.- ¡A los dos!

-Muy bien...- Murmuró el hombre de negro, tomando al Soldier por el hombro.- Ven, amigo, te llevaré a la armería, vas a necesitar munición.

Gant se llevó a su "nuevo amigo" a fuera del despacho dejando al resto de los presentes en silencio. El Engineer decidió formular una pregunta que al parecer se estaba guardando.

-Ése Volgin, ¿Tiene un punto débil?

-Si, supongo, es débil frente la humedad o el agua en general.- Dijo Snake pensativo.- ¿Tienes algo en mente?

Tanto el Engineer cómo el Spy empezaron a soltar una lenta risa, sus rostros estaban adornados con una amplia sonrisa, ambos miraron el Sniper, que parecía haber alcanzado el tope de su felicidad. Finalmente los tres empezaron a reír.

-¿Hay café?- Preguntó el Sniper de la nada.

-Supongo que en la cocina.- Respondido N. Gin de lo más confundido.

-¿Y tarros de cristal?

-También...

-Dejadme media hora...

Kairi reaccionó, una mueca de asco le invadió el rostro, luego miró a Link, que pareció comprender lo que pensaba su amiga.

-¡Oh, no!- Exclamó el hyliano con fastidio.

-Sniper, éso es asqueroso.- Añadió la joven.

El hombre no respondió, simplemente abandonó el despacho entre risas acompañado por sus dos compañeros. N. Gin decidió dirigirse al hangar, así que Snake, Zelda, Kairi y Link permanecieron en el despacho.

-¿A que os referíais?- Preguntó la hyliana con duda.

-No quieras saberlo...- Respondieron los dos al unísono.

-En fin, si ésa base está en el Pico Nevado será mejor buscar ropa de abrigo.- Dijo ella recobrando la serenidad.- Será mejor que busquemos algo.

-De acuerdo.- Respondió Kairi.- No quiero acabar con hipotermia.

Ambas se dirigieron hacia la puerta del despacho acompañadas de Link, quién se giró para ver a Snake, quién permanecía distraído mirando la mesa de escritorio.

-¿No vienes?- Preguntó el rubio.

-Ahora os alcanzo...- Respondió.

Ante el comportamiento del hombre, Link se encogió de hombros y se fue. Acto seguido Snake empezó a rebuscar por los cajones de la mesa con ansia. No paró hasta que encontró una pequeña caja de madera. La abrió y sus ojos se iluminaron.

-Puros de los caros, cómo te cuidas, Volgin.- Snake tomó uno de los puros, lo mordió por la punta, para luego encenderlo con una cerilla. Se sentó en la silla de despacho y posó sus pies sobre la mesa en busca de comodidad. Dio una calada al puro y se quedó ahí, observando el humo.- Dios, cómo lo he echado de menos...