Muy buenas gente!
Siento muchísimo el retraso! Pero a penas tengo tiempo de nada, así que me está costando mucho sacar unos minutos para escribir y estar inspirada en ese preciso momento!
Quiero agradeceros a todos y cada uno de los que seguís este fic, por dejar vuestros pensamientos en las reviews aunque en el anterior capitulo han sido un poco escasas eh! Os necesito para seguir con esto, aunque esté en Londres y tarde más en subir capitulos, espero poder escribir algo y que no me abandonéis! De verdad que necesito vuestras opiniones y ánimos más que nunca!
aliciaa11: La casita del padre de Rose no es una mansión, es una casita de pueblo, nada que ver con la casa de Rick en los Hamptons hahahaha Gracias x tu review y x siempre estar ahí!
Maria: Muchisimas gracias por tus palabras! Realmente ayudan muchisimo y me alegran aún más =)
jennijenni1919: Rose lo da todito por Kate =) Gracias por tu review!
mari90: Gracias por tu review! Lo tendré muy en cuenta =)
No me enrollo más! Gracias de nuevo a todos y espero no decepcionaros!
ENJOY!
Capítulo 51
Después de enseñarle a Beckett las dos habitaciones de arriba, las cuales tenían camas de matrimonio y baño propio cada una, dejamos las maletas en la habitación en la que Kate eligió que dormiríamos y nos dirigimos a la parte de abajo a seguir con la visita.
El salón ya estaba visto, así que le enseñé la cocina que daba a éste con una barra americana, el comedor con una mesa de madera y varias sillas, y una puerta que daba a la parte trasera de la casa.
- Guau, menudas vistas – dijo Beckett al ver lo que nos esperaba detrás de la puerta trasera.
Una explanada totalmente verde apareció delante de nosotras, a unos metros, se encontraba el río Currane que unía las dos partes del pueblo.
Suspiré admirando aquel precioso paisaje, pero pronto mis ojos se fueron hacia Beckett, disfrutando de la imagen de su preciosa cara iluminada por una amplia sonrisa y una expresión de sorpresa.
- Creo que mis vistas son mejores – dije con voz pícara.
Ella ladeó su cabeza para mirarme, y al ver como mis ojos estaban clavados en ella, no pudo evitar reírse.
- Creo que deberíamos poner un poquito de orden en la casa – dije mirando hacia dentro.
- De acuerdo, vamos – Beckett encaminó sus pasos hacia dentro de la casa y yo la seguí.
Durante el resto del día, estuvimos limpiando la casa, sacando los plásticos, poniendo las sábanas de la cama y ordenándolo todo a nuestro gusto. Cuando acabamos, todo olía diferente, el olor ha cerrado casi había desaparecido por completo y todo estaba limpio, reluciente y ordenado. Todo menos nosotras, que estábamos cubiertas en sudor.
Acabamos exhaustas después de tan completa y profunda tarea.
- ¿Qué vamos a cenar Castle? – preguntó tocándose la tripa cuando estábamos las dos sentadas en el sofá.
- Pues…no hay comida en la nevera y dudo que por aquí podamos pedir comida china – dije riéndome – así que creo que nos tocará salir fuera y encontrar algún restaurante donde comer algo ¿no?
- Suena a un buen plan, pero…creo que deberíamos ducharnos primero – dijo levantando una ceja, mirándome insinuante.
Al ver su expresión, sabía perfectamente lo que eso significaba. Nos levantamos corriendo del sofá, y subimos las escaleras lo más rápido posible mientras prendas de ropa iban cayendo por el suelo.
Con mi prótesis bien protegida envuelta en plástico, nos dimos una larga, por no decir muy larga, caliente y excitante ducha.
Deshicimos las maletas lo más rápido posible y nos vestimos para salir a cenar. Beckett decidió ponerse un vestido rojo estampado con pequeñas flores blancas y yo me puse una camiseta azul con un dibujo de una estrella en blanco y unos tejanos, aún era pronto para ponerme un vestido, era algo para lo que no me sentía preparada.
Salimos dando un paseo hacia el centro del pueblo, esperando encontrar algún restaurante abierto para poder cenar. Entramos en un pequeño restaurante bastante acogedor, a la entrada de éste, había una pecera con varias langostas y cangrejos, así que por descontado, era una marisquería de pueblo.
Después de una tranquila y exquisita cena, compartiendo una langosta enorme y un vinito, decidimos volver a casa a descansar un poco, al día siguiente ya tendríamos tiempo de visitarlo todo.
- Cómo echaba de menos dormir contigo Rose… - dijo Beckett al meterse en la cama.
- Y solas…por fin estamos solas… - dije con una amplia sonrisa mientras me tapaba con las sábanas y me acurrucaba a su lado.
Ella suspiró y yo me acerqué más a ella, apoyando mi cabeza en su hombro, besando suavemente su cuello.
- Me gusta esto, es tan tranquilo – dijo ella ladeando ligeramente la cabeza para mirarme.
- Es lo que más me gustaba de venir aquí, la tranquilidad en comparación a la agitada vida de Londres, aquí podíamos ser realmente nosotros, disfrutando de nuestra familia sin importarnos nada más – dije suspirando.
- ¿Por eso me has traído aquí? – preguntó ella sonriendo.
Asentí levemente, hundiéndome más en su cuello, besándolo repetidamente.
- Castle no hagas eso, sabes que me pierdo… - dijo soltando un pequeño gemido.
Sonreí sobre su cuello, y seguí dándole pequeños besos, subiendo poco a poco la sensualidad en ellos, hasta que pasé suavemente mi lengua por encima del punto donde se marcaba su pulso, para después darle un pequeño mordisco.
- Rose…para… - dijo entre suspiros, cerrando los ojos.
- ¿Seguro que quieres que pare? – pregunté soltando sensualmente el aire entre mis palabras sobre su cuello.
- Sí…- gimió al notar de nuevo mis dientes sobre su piel – sí…no…no pares – dijo finalmente mientras mi lengua seguía recorriendo lentamente su cuello.
De repente, giró su cuerpo, y con sus manos en mis mejillas, atrajo desesperadamente mi boca a la suya, perdiendo toda razón. Nuestras lenguas entraron en una batalla sin fin, mientras mis manos se perdían por debajo de las sábanas y de la camiseta de su pijama.
Separé nuestros labios, y me metí por debajo de las sábanas mientras Beckett se reía viendo mi expresión traviesa. Me puse encima del cuerpo de Kate, con la sábana sobre mi cabeza, y empecé a levantar poco a poco su camiseta dejando un reguero de besos por su tersa y caliente piel. Subí hasta sus pechos y entre caricias y besos sobre ellos, acabé lamiendo y mordiendo intensamente sus pezones mientras ella intentaba ahogar sus gemidos con el brazo.
- Kate – dije sacando la cabeza aguantando la sábana por los laterales de mi cara.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella riéndose al ver mis pintas – pareces una virgen – se rio a carcajadas mientras yo fruncía el ceño.
- Una virgen no estaría encima de ti con la intención de hacerte el amor hasta dejarte sin aliento – dije fingiendo enfado.
- ¿Ibas a decir algo? – preguntó aún entre risas.
- Sí, te iba a decir que no hace falta que te tapes, estamos totalmente solas, no hay otra casa hasta unos cuantos metros, así que puedes gritar, gemir o lo que quieras, todo lo alto que te dé la gana – dije con una sonrisa de satisfacción sin soltar la sábana de alrededor de mi cara.
- También es verdad – dijo riéndose de nuevo – lo siento, es la costumbre.
- Esto sí que lo vas a sentir – dije metiéndome rápidamente de nuevo bajo las sábanas.
Mordí fuertemente uno de sus pezones, y el gemido que salió de la boca de Beckett me excitó hasta niveles insospechados. Cuando mis dientes se separaron de la punta de su pezón derecho, llevé mi lengua hasta esa parte ahora extremadamente sensible, lamiéndola suavemente con pequeños toques. A tientas, Beckett arrastró la camiseta por sus hombros y sus brazos y sin que yo viera la continuación, escuché como la camiseta caía al suelo chocando primero contra la cama.
Sin sacar mis labios de encima de sus pechos, acaricié su vientre con mis manos recorriendo el camino hasta sus braguitas, las cuales estaban tapadas por unos pequeños shorts a modo de pijama, agarré las dos cinturillas juntas, y sin mirar, las bajé poco a poco por sus piernas, bajando con mis labios recorriendo su piel. Kate soltaba pequeños suspiros y gemidos que me estaban volviendo loca, aun estando debajo de las sábanas, la intensidad que salía de su garganta, envolvía mi cuerpo en esa exquisita sensación de electricidad que solo ella me provocaba.
Cuando por fin conseguí, con ayuda de sus pies, sacarle del todo las piezas de ropa, perdí mis labios y mi lengua recorriendo sensualmente sus piernas de arriba abajo, acariciando suavemente con mis manos la parte interna de sus muslos, separando lentamente sus piernas.
Mi lengua se adentró entre los pliegues de su sexo, disfrutando poco a poco de su sabor que inundó cada vez más mi boca. Durante largos minutos, recorrí cada rincón de su sexo con la lengua, deleitándome con los gemidos que brotaban sin parar de entre sus labios y los movimientos de su cuerpo a cada roce, que provocaban que me moviera más rápida y frenéticamente.
Su cuerpo empezó a convulsionar con los últimos toques de la punta de mi lengua en su clítoris, Beckett se incorporó ligeramente, llevando su mano a mi espalda, la cual arañó clavando sus uñas mientras de su boca salía un grito tan fuerte que resonó por cada poro de mi piel, haciendo que mis terminaciones nerviosas temblaran complacidas.
Se dejó caer de nuevo sobre la cama, rendida después del intenso orgasmo que acababa de sentir. Retiré mi boca de su sexo, y tumbándome a su lado, surgí de entre las sábanas.
- Me vuelve loca oírla gritar de esa manera, detective – dije mordiéndome el labio mientras observaba su pecho subir y bajar intentando recuperar el aliento perdido.
- A mí…me vuelves loca…siempre… - dijo ladeando su cabeza, con la respiración entrecortada.
Sus profundos ojos verdes estaban cubiertos por el negro de sus dilatadas pupilas, me miraba con deseo, mientras un tentador suspiro emanaba de entre sus labios, que rápidamente fueron capturados por sus dientes, dejando ver las intenciones que pasaban por su mente en ese mismo instante. Como si de un torbellino se tratara, su cuerpo se abalanzó sobre el mío y sus labios atraparon los míos en besos llenos de desesperación y pasión. Sus manos casi arrancaron mi camiseta, sacándola por encima de mi cabeza en un movimiento rápido que hizo que me incorporara precipitadamente juntando mi pecho con el suyo, rozando su caliente piel.
Arrancó mis pantalones y mis braguitas de la misma manera que lo hizo con la camiseta, rápida y desesperadamente. Noté como una de sus piernas, rozaba mi muñón sin prótesis, y al contrario de lo que pensaba, me excitó inevitablemente.
Mi mente corría a mil por hora, igual de rápido que sus labios se perdían en los míos salvajemente. Bajé mi mano hasta su sexo, acariciándolo primero para al poco introducir dos de mis dedos en su interior. Beckett gimió sonoramente en mi boca, separando sus labios unos segundos de los míos para dejar salir el aire de su agitada respiración. Sin darme tiempo a reaccionar, ella también llevó su mano hasta mi sexo, penetrándome de una manera tan intensa que todo mi cuerpo tembló.
Coordinamos el ritmo de nuestras embestidas, gimiendo y suspirando casi a la par. Sigo sin saber cómo fui capaz de seguir con mis movimientos, ya que mi cuerpo estaba perdido en las sensaciones que sus dedos y sus labios estaban provocando en él.
Cuando Beckett mordió mi cuello, sentí que me iba, que no podía aguantar más, el calor se instauró en mi bajo vientre a la vez que sentí como el interior de Kate presionaba mis dedos, mientras nuestras jadeantes respiraciones se unían a las convulsiones que sentíamos casi a la vez, llevándonos a las dos a tener un orgasmo justo en el mismo momento.
- Dios…ha sido…increíble… - dije con la voz entrecortada.
- Ha sido…muy…muy…muy…intenso – dijo Beckett entre besos.
Dejó caer su cuerpo a mi lado, tumbándonos las dos completamente desnudas entre las sábanas calientes y el ambiente cargado de sexo y pasión.
- Echaba tanto de menos estar así contigo Rose… - dijo ladeando su cabeza para mirarme.
- ¿Así cómo? ¿Sin respiración después de un espectacular orgasmo? – dije riéndome.
Beckett se incorporó y golpeó mi hombro con su puño.
- Idiota, ya sabes a lo que me refiero – dijo frunciendo el ceño.
- Mmmmmm…la verdad es que no, ilumíname – dije mientras me frotaba el hombro con la mano.
- Realmente llegas a desesperarme ¿lo sabes no? – dijo negando con la cabeza mordiéndose el labio a la vez.
- Contando que debo tener una lesión crónica en el hombro, creo que si – solté una carcajada.
Beckett achinó los ojos mirándome fijamente.
- Vale, ya me callo – dije cesando mi carcajada.
- Echaba de menos el poder dormir contigo, el estar tumbada en una cama sin prisas ni sobresaltos al pensar que tu madre nos iba a pillar, poder hacer lo que nos dé la gana sin preocuparnos de que alguien pueda vernos, disfrutar de nosotras de esta manera – dijo con una amplia sonrisa, la sonrisa más preciosa del mundo.
- Ojalá siempre fuera así Kate, ojalá – solté un suspiro de frustración.
- Sabes…en realidad podría serlo – dijo poniéndose de lado, acercando de nuevo su cuerpo al mío.
- ¿Ah sí? ¿Cómo? – dije imitando su movimiento.
- Podrías…no sé…vivir conmigo por ejemplo… - dijo algo dubitativa.
Abrí los ojos de par en par, eso me pilló totalmente por sorpresa.
- ¿Me estás pidiendo que me mude a tu apartamento? – dije algo nerviosa incorporándome de golpe, sentándome sobre la almohada.
Beckett hizo lo mismo, pero esta vez, su sonrisa de felicidad se había esfumado dejando paso a una expresión de preocupación.
- Yo…yo… ¿Sí? – preguntó algo confundida, sin entender muy bien mi reacción – si tú quieres, claro…
La miré fijamente, con lo que parecía una expresión de terror en mis ojos, intenté decir algo coherente para no hacerla impacientarse más.
- Yo... – los nervios me impedían pensar con claridad – Yo…
¿Cual será la respuesta de Rose?
Más en el próximo capitulo!
Nos leemos y espero que pueda ser pronto!
No olvidéis dejar vuestra review, lo aprecio mucho!
