DE AMOR Y TRAICIÓN
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CAPÍTULO LI
Breves notas de las autoras:
Créditos financieros, a los mismos de siempre…
Bueno aquí nos encontramos, un poco tarde, con la actualización de este capítulo. Sorry, es que nos gusta revisarlos varias veces (y aun así muchas veces se nos escapan los errores) Este capítulo ha sido dividido en dos: Una parte en el Nifflheim y otra parte en Asgard. Es fácil reconocer cuando uno está leyendo uno u el otro.
Perdonen por no haber respondido a su reviews pero prometo ponerme al corriente este mismo domingo. ¡Muchas gracias a quienes nos han leído! Es gracias a su apoyo que hemos llegado hasta aquí. Quiero agradecer por este medio a Luxa, a quien no puedo decirle nada vía reply. Si, puede decirse que las skjaldmö son una especie de Xena.
Por cierto Cuencas ha subido a su Tumblr una guía explicativa del Niflheim para entenderlo mejor. ¡Ah! Y también ha subido imágenes muy chulas sobre este capítulo.
ADVERTENCIAS: AU, política, M, lime, demonios y draugr.
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Capítulo LI:
Desde su despacho, el padre de todo tenía una visión envidiable de la ciudad dorada. Había acudido en persona para ver la nueva ciudad, las remodelaciones a lo que ahora se le conocía como "la parte antigua" y el muro de Bor reconstruido. No podía quejarse de la construcción ni del costo que ésta había tenido, sin embargo sabía que había obras inconclusas: el puente de Bor, la represa de Nidavelir y un castillo en Harokim. Ya se habían nombrado arquitectos aesir que se encargaran de tales obras.
–¿Cuándo ha partido el último drakar de los elfos oscuros? –Les preguntó a sus secretarios. Ari y Hallgeir trabajaban a espaldas suyas. Odín había conservado a ambos jóvenes, dividiéndolos en asuntos externos e internos, respectivamente y había abolido el cargo de gobernador de Asgard para absorberlo nuevamente en la figura del rey.
Hallgeir fue quién respondió.
–El último ha partido hoy temprano.
A su llegada del reino de los elfos, Odín había reanudado las asambleas y lo primero con lo que se encontró fue con un numeroso grupo de elfos oscuros en compañía de los que se llamaban "nuevos aesir". Este grupo había estado representado por la embajadora Dgeir y una elfa oscura de nombre Aryante; querían solicitarle que la ley de ciudadanía iniciada por Thor tuviera continuidad, y los hijos de los aesir con elfos oscuros, pudieran ser reconocidos como ases. Odín se había negado, aludiendo que ningún hijo de paria podía obtener nacionalidad sólo porque uno de sus padres la tuviera, dijera lo que dijeran los tratados internacionales. Y aún más, un paria sólo tenía permiso de residir en un reino por cierto tiempo y por razones determinadas. Y a los elfos oscuros se les había terminado ya su tiempo en Asgard. Ya no había más contratos de construcción para ellos ni quien los quisiera emplear.
Odín se mantuvo impertérrito ante las miradas hoscas que los elfos oscuros le dirigieron.
–Pero hay una solución muy sencilla –les había dicho para calmar sus ánimos –el rey Eyvindur revocara la condición de paria y entregará la ciudadanía svartá a todos los elfos oscuros que hinquen la rodilla ante él, lo acepten como rey y sigan a Lord Svadilfari. –Las noticias en Asgard eran aún muy difusas sobre lo sucedido en Svartálfheim por lo que decir aquello, fue una auténtica onda, tanto para los elfos de luz como para los oscuros.
Después de ello Odín pasó a otro asunto y no había aceptado ninguna apelación ni la presencia de Dgeir como embajadora de los nuevos aesir ni de los elfos oscuros, pues básicamente no eran su competencia. De hecho Odín ya había pedido a su amigo Starkag, y regente de Alfheim, que enviara otro candidato para el puesto y que devolviera a la mujer a su reino. Dgeir se había extralimitado en sus obligaciones, sin duda porque Loki siempre había amparado sus ideas.
Los elfos oscuros después de ello habían tripulado sus drakares y se habían lanzado al espacio, nadie lo había dicho, pero hubo más rondas por parte de los einheriar en "pequeño Alfheim" para dar a entender que el plazo que Odín les había dado para irse, no era una sugerencia.
–Mi señor, un correo de la tesorera Sula –le informó Ari mientras le acercaba el mensaje que un heraldo acababa de hacer llegar y a la vez, sacándolo de sus pensamientos referentes a los elfos oscuros.
Odín abrió el lacre. Había enviado a Sula para acompañar a Volstagg y velar por los intereses de Asgard. La transición de posesión del reino Gwaithr–i–Mírdain había sido pacífica de momento pero los enanos, con un carácter orgulloso posiblemente pronto se rebelarían. Tendría que mantener fuerzas armadas en aquel sitio, así que dejaría a Volstagg de momento y después enviaría a Hogun. Todos sabían que la caballería era un arma más efectiva en contra de los enanos. En esta misiva Sula también le informaba que Haryon no sólo había alistado ya el cortejo que seguiría a su hija al reino dorado sino que aceptaba el préstamo que Odín le había ofrecido. Aún no reunía el monto de indemnización y parecía desear valerse del dinero prestado por Asgard para realizarlo.
Le regresó la misiva a Ari y empezó a dictarle una respuesta.
–… inventarios y cuentas del reino Gwaithr–i–Mírdain para su efectivo manejo. Deberás entregar las cuentas al próximo castellano que será nombrado en la siguiente reunión del concejo, mientras tanto no dudes en apoyarte en el general Volstagg para el manejo de la población…
El padre de todo no estaba aún cómodo con sus secretarios ni con sus concejales. Eran jóvenes e inexpertos a los que aún debía darles orientación, como Sula. Si bien Dregni era una buena adquisición y loaba a Thor por su nombramiento; Velaryon, Sula y el mismo Hagbard aún le parecían incapaces de sobrellevarlo. No significaba que Odín los fuera a remover, quería tener continuidad con el reinado de su hijo y porqué además, hasta el momento no se habían equivocado.
Y si bien las cosas marchaban bien en el reino dorado y con los enanos, no podía decir lo mismo de los asuntos externos. Había enviado a Sif, junto con un gran número de ulfhednar a Jötunheim. No podía pedir el retorno del cofre de los antiguos inviernos porque Hildetand jamás lo soltaría pero si el pago del vasallaje so pena de recrudecer el cerco económico. Odín también le había pedido a Sif que indagara si Loki se encontraba ahí. Aún no tenía noticias de la diosa de la guerra pero Heimdall vigilaba sus progresos.
Tampoco había encontrado a Karnilla, se había simplemente evaporado de Omentielva al igual que había hecho Loki. Odín sospechaba que ambos habían sido ayudados por las mismas personas, pero una acusación de este estilo, podía ocasionar problemas internacionales y hasta guerras; y para Odín los conflictos bélicos sólo eran otra forma de hacer política y jamás llegaba a las manos, por el puro placer de hacerlo. Indagó más bien con Esbeyn, su embajador de Vanaheim quien decía no haberla visto; y en Nornheim, Bran no tenía noticias de ella. Odín dudaba que continuara en el reino de los elfos.
Valdis entró en ese momento.
–Alteza, la comida ya está lista.
Frigga le había pedido que se reuniera con su familia a esa hora, para que sus pequeños nietos se encariñaran y acostumbraran a su presencia.
Había sopa de rabo de buey, ensalada de verano mezclada con nueves, uvas, hinojo rojo y queso. Pasteles de cangrejo, calabaza condimentada y codornices ahogadas en mantequilla acompañadas de huevo de codorniz. Frigga estaba sentada delante de él, con Hërin en las piernas, el cual mostraba un semblante enfurruñado. Magni estaba sentado a la diestra de Odín, y Nari a su izquierda. Vilda también se encontraba con ellos, al lado de la pequeña princesa. Los tres niños lo habían saludado cuando entró con una pequeña reverencia y un:
–Saludos, su majestad abuelo –corearon.
Valdis estaba cerca de la puerta, listo para servirlos y a su lado estaban las dos niñeras: Asta y Fuya. Asdis, la cuñada de Volstagg había vuelto ya a su hogar. No sólo porque había participado involuntariamente en el intento de secuestro de los príncipes de Asgard sino porque Odín consideraba que Magni no necesitaba ya de una niñera. Al niño le había dado preceptores, en conocimientos básicos y filosofía para empezar; además de que tenía lecciones de equitación con Hogun. Hërin a pesar de ser más pequeño y aún no haberse iniciado en las vías del combate, ya estaba siendo aleccionado en historia y genealogía de Asgard; y finalmente a Nari, la estaba instruyendo Vilda para ser una excelente princesa. Odín pensaba que si posteriormente alguno de los gemelos vanir no era suficientemente bueno, ella podría llegar a ser reina. Ahora, Odín no pensaba que fueran necesarias ya dos niñeras pues los niños estaban ocupados con sus respectivas lecciones, pero aún no sabía a cuál de las dos despedir.
Odín sabía, porque Frigga se lo había dicho, que Hërin solía preguntar por sus padres. Hasta el momento ella seguía respondiendo que se encontraban en Svartálfheim. No les habían permitido conocer el estado de Thor, aunque éste se encontrara en sus aposentos rodeado de todos los cuidados posibles. Frigga acudía cada noche para estar con él, le hablaba contándole relatos de sus pequeños hijos, y aunque eso le partiera el corazón de alguna forma también la reconfortaba.
Él era partidario de no contarles todos los sucesos a los infantes reales.
A pesar de haber ocultado a Thor a sus hijos, no pudo hacer lo mismo con la población. Por las calles del reino dorado ya corrían rumores sobre "la maldición de Surtur", de la que se había hablado desde Omentielva. Aquellos cuentos y habladurías eran controlados por el mismísimo Odín, que tenía prohibido a los sirvientes que cuidaban de Thor, salir siquiera de palacio. En cuanto a Loki, de él nada se decía… Tampoco se hablaba de Leidolf, el tío de Magni. Odín no lo había interrogado, pues su testimonio había sido recogido por Ragnheidur, en quien Odín confiaba plenamente, y éste ya había sido decapitado sin más testigo que el gobernador de Gundersheim y el verdugo.
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Los niños lo siguieron dócilmente a través del pasillo donde sin número de reliquias los flanqueaban. Las paredes oscuras eran iluminadas por los apliques, pero no del todo, y permitían que ciertas zonas permanecieran a oscuras. Odín había llevado a Hërin y a Magni a la cámara de los tesoros de Asgard. Les señaló tres pequeñas piedras obsidianas que brillaban sobre un pedestal.
–Esas son las piedras de la línea de la vida. Una es llamada la piedra de la vida y el tiempo, la segunda es la piedra de la muerte y la entropía; y la tercera es la piedra del orden y del caos. Esas piedras fueron traídas por su bisabuelo Bor pero nadie en el reino ha podido jamás blandirlas, pues están reservadas únicamente para los hechiceros poderosos.
–¿Y ese libro de ahí? –Preguntó Hërin.
–El libro de los Vishanti o el libro de los pecados –respondió el padre de todo. –Es un compendio de magia oscura creado por Oshtur, Hoggoth y Agamotto. Magos renegados a los cuáles abatí y quité este ejemplar. –Después les fue señalando diferentes armas. –Grídvarvölr, Hrotti, Dáinsleif, –espadas de diferentes tamaños y hechuras –son armas antiguas de gran potencial para un guerrero. Las obtuve en combate con diferentes pueblos y al menos una de ellas fue usada por su padre antes de poder ser digno del Mjölnir –les explicó.
Los niños dieron grandes muestras de asombro.
–Yo también aprenderé a esgrimirlas –dijo Magni de inmediato.
Más allá de ellos, estaba el martillo del dios del trueno que Odín había convocado para traer de regreso a Asgard. Lo había depositado en aquella cámara a la espera de que uno de sus nietos pudiera utilizarla. Odín no se hacía esperanzas en cuanto a que Thor pudiera recuperarse del estado en el que se encontraba.
Había algunos nichos vacíos pero el hueco más notorio para Odín, era el del cofre de los antiguos inviernos.
–Ambos descienden del linaje de Bor y aunque solo uno podrá ascender al trono, los dos nacieron para ser reyes. –Regresó por el pasillo hasta la puerta, los niños corrieron detrás de él hasta alcanzar sus manos. Lo miraban con aprehensión. –He querido enseñarles esto pues los reyes y príncipes de Asgard resguardan estos tesoros aún con sus vidas, pues nos son muy valiosos y de caer en manos equivocadas pueden acarrear gran daño.
Salieron hacia los pasillos donde Ásta los aguardaba. Odín se lo entregó pero retuvo a Magni de la mano.
–Hay algo que quiero entregarte –le dijo.
Lo llevó hasta su despacho, el cuál había sido de Thor y en el cuál había encontrado un pequeño tesoro. Se lo mostró a Magni pues era de su interés, era el anillo de Lilja, aquel que Thor le había obsequiado hacía muchos años. Los ojos del niño brillaron en signo de reconocimiento, con más furor que viendo las reliquias de Asgard. Odín además había hecho forjar una cadena para sostenerlo y se lo entregó a su nieto.
–Tu padre lo tenía guardado, seguramente para entregártelo en algún momento y yo creo que no hay mejor que el ahora. –Le fue diciendo –quiero que lo tengas para que recuerdes de donde provienes, quién eres y lo qué serás en el futuro.
–Una vez me dijeron que debía averiguar quién soy yo, signifique lo que signifique. –Odín asintió pero a pesar de haberle dado el anillo para que lo colgara de su cuello, no lo hizo. Magni lo miró largamente en su mano y procedió a guardarlo en su bolsillo.
–¿Por qué no te lo pones? –Inquirió.
–Ya tengo una gema –y procedió a enseñarle de qué hablaba. En su cuello había una pequeña joya carmesí que tenía fuego dentro de sí. –Loki me la dio y me explicó que si el fuego brilla, significa que se encuentra con bien y que volverá; lo hizo con un soplo de su propia vida.
Odín la observó con sumo interés.
–¿Podrías prestármela? –Le preguntó. –Thor ha estado buscando desesperadamente a Loki, con esto podríamos finalmente dar con él.
Magni procedió a quitárselo de inmediato.
–¿Es qué sigue perdido?
–Los caminos del seidh pueden ser difíciles y a veces traicioneros para los hechiceros, aún más que para los guerreros que se rigen por un estricto decálogo. No sé dónde se encuentra pero esto podría cambiar la situación. –Odín tomó la piedra brillante. Magni no le preguntó por sus padres, dando por hecho que ambos continuaban en Svartálfheim. –Ahora, recítame las nueve virtudes del guerrero.
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Tres asuntos diferentes, sucedidos casi simultáneamente y unidos por su importancia, habían sucedido aquella semana. El primero de ellos había sido ocasionado por el maestre Velaryon que se presentó en su despacho pidiendo desposar a Héroïque, por quien sentía un genuino interés y afecto. La propuesta había sorprendido a Odín que dijo que tendría que meditarlo. Entre sus planes, estaban el formar a la joven para ser reina de Nornheim al lado de Bran. Pero el siguiente asunto le hizo ver que ese propósito estaba lejos de cumplirle, pues Karnilla por fin apareció.
La noticia había llegado de manos de su embajador en Vanaheim, quien le informó que el compromiso entre Karnilla y Hjörtur se había celebrado ante toda la corte vanir; para gran revuelo y aún ante el intento de protesta de Esbern. Y por último, Oxater, un poderoso jefe de un clan en Nornheim; había atacado Sjakkmatt, asesinó a Halvard e hizo huir a Bran junto con los hired que había logrado reagrupar. Ahora éstos estaban refugiados con otro clan, menos numeroso y del cual no podían fiarse a la espera del apoyo del padre de todo.
"…Se necesita de la tristeza para saber qué es la felicidad y de la ausencia para valorar la presencia de alguien."
Aquella era la última línea que Hjörtur le había escrito a Karnilla antes de partir a la guerra de Svartálfheim. Ragnheidur se había dado a la tarea de espiar la correspondencia de la futura reina de Nornheim, a sabiendas de que Thor no daría tales instrucciones. Odín, que había pensado que la joven huía de la responsabilidad de gobernar ahora se encontraba que más bien había huido del marido que él había elegido.
Antes de movilizar a Hogun con su ejército en dirección a Nornheim, decidió esperar. Oxater no tenía manera de saber prontamente que Karnilla había contraído matrimonio con un rey vanir, y en cambio, ella se enteraría pronto de lo sucedido en su reino; así que aguardó a que ella decidiera el primer movimiento. Y este fue una maniobra más de Hanne: le envío una invitación para la boda que se celebraría en el palacio de los vanir.
Odín se la mostró a su esposa durante la comida.
–¿Irás? –Le preguntó ella.
–Podría no haberme invitado a su enlace para así dejar en claro su postura de que no le soy grato, y amparar únicamente la protección de su prima Héroïque a todos estos despliegues de apoyo que está haciendo Hagen. –Hizo un silencio –¿Sigue enviándole regalos?
–Sí, esta mañana le ha enviado un pequeño tocado en joyería a través del embajador elfo. –Algo muy inusual, pero Odín sabía que los amantes reales solían tomarse siempre muchas libertades.
Continuó con lo que le decía.
–Pero al hacérmela llegar, quiere que acuda, tal vez únicamente para mostrarme su desafío de casarse con quien ella ha querido o porque desea mi apoyo. Ahora no es tan importante lo que Hanne y ella han querido decir, como lo que yo quiero responder. –Frigga lo instó a que continuara hablando. –Y creo que debo ir. Podría desatenderme de este asunto alegando que ahora es su reino pero no lo haré, porque Thor fundó una colonia aesir la cuál Oxater destruirá en cuanto le sea posible, porque Nornheim debe grandes cantidades de dinero a Asgard; y porque la paz de los nueve es primordial para el crecimiento de los otros mundos. –Alegó. –Mi querida reina, he pensado que debo llevar un acompañante, uno pequeño… –y su ojo se dirigió hacia Magni.
Los niños comían con ellos pero rara vez participaban en las conversaciones de sus abuelos. Magni en ese momento dejó su cuchara.
–Será un gusto acompañarlo su majestad, abuelo –dijo el niño de un tirón.
–¿A dónde va? –Preguntó Hërin a su vez.
–Irá a Vanaheim a una fiesta, como pequeño príncipe de los aesir.
–Yo también quiero ir –hizo un puchero Hërin.
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La fecha del matrimonio de Hjörtur y Karnilla fue anunciada oficialmente al inicio del invierno y, no por esperada, dejó de tener el efecto de un golpe directo en la cara. Hjörtur había sido apabullado por su madre, quien era la responsable de la ceremonia y que insistía que a pesar de ser tan apresurada, aun así debía tener cierto fasto. Cada mañana le informaba de los detalles: el rango de los invitados, los gastos de la ropa, los ornamentos, la comida y el vino, las joyas para su esposa y para las damas de honor. Había pocos invitados, los lores de las ciudades y los nuevos generales; junto con reyes de otros reinos y embajadores. Entre todos no superaban a los cien concurrentes.
Karnilla había arribado días antes de Valle Florido junto con su prima Helle, quien la había hospedado y resguardado su honor, como era costumbre vanir; pero Karnilla de inmediato hizo a un lado la fachada de prometida para mostrarse como reina, pues pidió hablar con Hanne sobre el contrato nupcial que Hjörtur ya le había hecho llegar. En Vanaheim se utilizaba la figura de la dote pero no como lo hacían los aesir. Eran los novios quienes pagaban la dote al padre de la novia, y en caso de no existir, entonces se entregaba la mitad al hermano mayor y la mitad a la novia; o sea a Hagen y a Karnilla. Pero lo que Hanne buscaba más bien era que Hjörtur le representara algo beneficioso a Vanaheim, algo como acuerdos comerciales más provechosos, como que Hagen aceptara ser el hermano de armas de Hrafn, alguna villa para ella en Nornheim… Pero Karnilla fue inamovible con el contrato que ya le había presentado y el cuál Eyvindur le había ayudado a redactar.
Hjörtur estaba muy nervioso, no tanto por la ceremonia como el que tuviera que consumar el matrimonio, presentía que Karnilla le llevaba ventaja en materia sexual y temía hacer el ridículo delante de ella. Además, no estaba seguro de cómo los iban a recibir en Nornheim ahora que ese tal Oxater había aplastado a los aesir y se estaba coronando como nuevo rey norn. E igual estaba la postura de Odín, Hjörtur hubiera sentido más confianza si Thor continuara en el trono, pero su padre era otra cuestión. Había aceptado la invitación pero ¿qué tal si se presentaba para objetar la boda?
Karnilla además le había contado que estaba preocupada por Héroïque a quien no deseaba ver casada con un concejal fofo y viejo llamado Dregni, y que había hecho lo posible por convencer a Velaryon de pedirla para sí en matrimonio. Hjörtur intentó confortarla diciéndole que haría que su embajador en Asgard, hablara con el maestre y le asegurara a Héroïque que velarían por ella. E inclusive que intentarían sabotear la opinión que ese tal Dregni pudiera tener sobre la joven pero ahora Hjörtur se preguntaba hasta donde podría mantener esos lazos. En Nornheim no tendría nada más que sus propias armas y los hombres que su madre se dignara a darle para conquistar un trono. Sería la segunda vez que peleaba por uno.
A su humor no le ayudaba que su hermano le hiciera burla cada dos por tres con el asunto del encamamiento. Hjörtur sólo pudo anotarse un tanto cuando el séquito élfico llegó y con ellos, Finduilas. Entonces Hrafn se convirtió en todo un modelo de rey.
La boda de Hjörtur no era sino una avanzada para la de su hermano. Finduilas se instalaría en la corte, junto con Lady Lara, una temporada antes de contraer matrimonio con él. Al vanir le sorprendió mucho ver a ambas jóvenes con el cabello corto, como plumas de ave pero ni siquiera preguntó el porqué. Recibió a la corte élfica con solemnidad y a cambio recibió una palmada fuerte en el hombro de parte de Hagen. Hizo otro tanto con Adalster y su esposa Danna provenientes de Alfheim y finalmente con la imponente figura de Odín, acompañado por Hogun, su sobrina Vilda y uno de sus nietos, Magni. Hjörtur pensó que el padre de todo no iba a acudir, y que si lo hacía, era para impedir su matrimonio pero no hizo amago de querer hablar con nadie y en cambio se resguardó en sus alcobas aludiendo que deseaba descansar un poco.
La mañana del gran día, Hanne le pidió que la acompañara a sus habitaciones y luego le pidió firmar el acta por la cual renunciaba al trono de Vanaheim en calidad de primogénito. A Hjörtur le dolió aquel gesto. Se dijo que después de casarse, no tendría que regresar jamás a su reino natal y que no necesitaba de esa corona.
La ceremonia se celebró en los jardines de Hreyfingin, si bien la coronación tendría que esperar hasta que se encontraran en posesión de Nornheim. Karnilla se veía esplendorosa aquel día, con una diadema de oro y el cabello recogido detrás de la nunca en rodete; un vestido tejido en plata y adornado con encajes de extraordinaria belleza. Él llevaba una armadura ceremonial con capa verde bordada con las hojas de lis, si bien pronto usaría el emblema de un dragón que era el de Karnilla, una insignia que sentía muy lejana a él. Ambos caminaron en medio de los testigos hasta un círculo decorado con flores, piedras y ramas de árboles. Los vanir eran muy afectos a la naturaleza, por eso Hjörtur y Karnilla ofrecieron ofrendas de frutas, flores y vinos para sus dioses gemelos, Frey y Freyja.
Se sintió tan nervioso que temió equivocarse de alguna forma. Pero ese día el hado estaba de su parte, pues logró no tartamudear e imprimirle a sus gestos nerviosos un poco de solemnidad. Eso sí, cuando tomó a Karnilla de la mano se la apretó con fuerza y no la soltó.
El banquete constó de cinco platillos diferentes: Sopa de calabaza dulce, pasteles de cervatillo acompañados de pato, hojas de parra rellenas de dátiles traídos de Nornheim, tartas de pescado y cangrejo, y los famosos duraznos caramelizados. Un grupo de tañedoras de flauta y arpas habían comenzado a hacer sonar sus instrumentos y algunas danzarinas se movían entre las mesas y en el espacio central del gran salón. Pronto la comida fue quedando atrás y los invitados pudieron disfrutar del vino afrutado y los dulces confitados. Los lores vanir y familiares de la casa real; se levantaron a bailar al son de los tambores, laudes y flautas. Corrieron las risas y los aplausos. Karnilla y Hjörtur, más relajados tras el ceremonial, bailaban una pieza de vivos acordes.
Después de eso, Karnilla se entretuvo bailando con Svadilfari. Adalster estaba platicando con la reina madre Hanne y con Hjörtur; mientras su hermano hacía la corte a Finduilas. Odín se mantenía en su sitio, con el rostro solemne parecía dominar la celebración.
Magni pidió permiso a su abuelo y se acercó hasta donde estaba Hagen, que bebía en compañía de varios capitanes vanir que habían estado en la guerra de Svartálfheim, entre ellos Celtigar. En cuanto divisó que el pequeño príncipe se acercaba, se apartó de éstos hombres.
–Príncipe Magni –e hizo una breve inclinación con la cabeza.
–Lord dragón –lo saludó. –He oído de su aplastante victoria en contra del general de los muspell: Magog; y de su valor probado en cuanta hazaña realizada en el reino de los elfos. Algún día me gustaría ser tan poderoso y fuerte como usted, aunque dudo serlo, ya que no soy un dragón. –Eso lo dijo más bajito que el resto de su discurso.
–Seguramente serás un gran guerrero, como tu padre ¿Cómo están tus hermanos?
–Bien pero aún son muy pequeños para dejar palacio. –Magni miró alrededor como si buscara a alguien entre los que bebían con Hagen. –Me preguntaba… –empezó a decir –si vienes directamente de Svartálfheim… si tienes noticias sobre mi padre, pues no ha respondido a mi última carta ni me ha escrito más; y porque veo que no les ha acompañado.
Hagen lo miró con evidente sorpresa.
–Pero Magni, tu padre está en Asgard. –Sólo después de decirlo el dragón negro se percató de que el niño desconocía dicha información, tal vez ni siquiera supiera lo que había pasado, ni sabía que Loki se había desaparecido de nuevo. Magni lo miró confundido, dispuesto a hacer más preguntas, así que Hagen añadió: –Lo siento, no era mi intención decírtelo de esa forma, creo que lo mejor es que hables con tus abuelos sobre tu padre –le dijo tomándolo suavemente por el hombro, pues no era él quien debía contarle lo sucedido con el dios del trueno.
Hagen lo vio alejarse cabizbajo y se sintió avergonzado de lo hecho. Fue a sentarse junto a Eyvindur que degustaba lentamente los dulces servidos en la mesa. Los invitados se habían sentado nuevamente pues había una representación teatral con una compañía de baile norn, lo único norn que había en aquella celebración.
–La he cagado en grande –le dijo Hagen y procedió a explicarle lo que le había dicho a Magni. Negó con la cabeza, y añadió: –Prométeme que si tengo hijos algún día y caigo en batalla, me dejarás seguir al Hel y que no quedaré como un tonto babeante por el resto de mis días.
Su amado lo contempló un instante mientras bebía un poco más de vino.
–No –le dijo –haré lo mismo que Loki. Detendré tu tiempo para que te quedes conmigo por la eternidad. Te pondré sirvientes especiales para que te acicalen todos los días, recortaré tu cabello y daré forma a tu barba de manera personal.
Hagen lo miró horrorizado antes de comprender que estaba bromeando, y le siguió la chanza.
–Siendo así, te doy permiso de que me atiendas en otras zonas también y me uses para tu placer. Seguro que podrás hacer que se me ponga dura.
–No lo sé, ¿a Thor se le pondrá dura?
–¡Eyvindur! –Objetó Hagen sin entender cómo es que habían terminado hablando de la hombría de Thor.
Eyvindur le acarició discretamente una mano.
–Sólo quería distraerte de tu preocupación por Magni.
–Lo sé, aunque ahora que Thor no está cerca ¿crees que Odín quiera darnos a Magni?
–Creo, amado mío, que debes dejar de intentar robarlo.
La fiesta se prolongó por varias horas más, entre vino y diversiones diversas. Los vanir a diferencia de los ases, no eran afectos a beber hasta la saciedad y la fiesta fue languideciendo a la par que los velones se fueron apagando.
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Hjörtur fue recibido por un grupo de muchachas vestidas de blanco que sostenían teas encendidas, símbolo del amor y conducido por las escaleras hasta una puerta entornada. Una de ellas empujó ligeramente una de las hojas para dejarlo pasar a la habitación de su esposa, y después se alejaron todas juntas por el corredor, ligeras cual mariposas nocturnas.
Dos doncellas se estaban ocupando de Karnilla: una le peinaba el pelo, mientras la otra le desceñía la túnica nupcial y le abría las fíbulas de oro y de ámbar que lo cerraban sobre los hombros de la reina. Karnilla se volvió hacía la puerta, revestida únicamente con la luz de las lámparas. Hjörtur contempló su belleza escultural, para embriagarse con la luminosidad que emanaba y se sintió perdidamente cautivado. Karnilla estaba muy quieta, no había nerviosismo en ella. Abrió los brazos y él fue a ella. No sabía cómo debía empezarlo todo, pero sentía que en cierto modo conocía a su esposa mejor de lo que nadie podría imaginar. Les gustaban las plantas que reverdecían en Vanaheim, la comida picante, las noches de luna llena y los poemas. En todo lo demás eran diferentes pero cuando Karnilla lo miró, Hjörtur se sintió querido y se sintió admirado. Ella no parecía muy mayor estando desnuda, Hjörtur se percató de que no había dejado de contemplarle los senos desde hacía un momento.
–Perdón –se disculpó y Karnilla se rió. Hjörtur le tomó las manos. Había escogido un poema para ella y pensó que ese era tan buen momento como cualquier otro para recitárselo. –Esposa mía, cuántas noches he pasado soñando con tu boca de miel y con tu regazo...
–Ese lo reconozco –dijo ella suspirando. –Pero el poeta lo escribió para conmemorar el día en que desfloró a su esposa. –Ella se turbó un momento. Los dos sabían que ella no llegaba al lecho virgen. Para Hjörtur no importaba, nunca lo haría, Karnilla era para él una diosa y ningún mortal puede pedirle nada a una diosa: sólo puede estarle agradecido de lo que recibe.
Hjörtur le dio un encendido beso y ella respondió con una fuerza cada vez más intensa. Trastabillaron como novicios que eran, hasta su cama. Ya se habituarían uno al otro, pero esa noche disfrutaron de la novedad de estar juntos y eso era invaluable para los recién enamorados.
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Al día siguiente se reunieron los reyes en concejo en uno de los salones del palacio que tenía por techo el cielo. Aquella boda había tenido aún mayor carácter político que cualquier otra que se hubiera realizado, jamás se había visto que un concilio de reyes se reuniera inmediatamente ni que uno de los reyes presentes, estuviera alejado de su trono. Hjörtur y Karnilla entraron tomados de la mano y en ningún momento, se soltaron.
Odín estaba a la cabeza de la mesa, en su lado derecho estaba Hogun y a su izquierda, Adalster. El cuál podía opinar pero que no tenía voto en el concilio. Inmediatamente seguían Eyvindur, Svadilfari y Hagen; y frente a ellos la reina Hanne y Hrafn. Hjörtur y Karnilla se acomodaron justo frente al padre de todo. Cada uno debía medir sus palabras.
–En hora buena se han unido los antiguos linajes de Hoster y de Aethelwulf, estoy segura de que pronto esta unión será fructífera y beneficiosa para todos –aseguró Hanne. No lo decía tanto para felicitar a los recién casados como para dejar en claro su satisfacción y apoyo. –Allförd, sé que tenías tu propio candidato para la reina Karnilla pero ¿quién puede competir con un rey?
–No he venido a un confrontamiento directo ni tampoco quiero provocarlo. Pienso que debe prevalecer la buena voluntad. Lo que deseo es la devolución de aquellos ases que se asentaron en Nornheim con permiso de la reina y por voluntad de mi hijo. Además una fracción de mi ejército está en posición vulnerable y a merced de Oxater; y es mi deseo negociar la deuda que Nornheim tiene con Asgard.
Era el turno de hablar de Karnilla.
–No niego la deuda, como tampoco es mi deseo que los ases asentados en Nornheim sufran vejación alguna en manos de Oxater, que mi pueblo sufra o peor aún, que piensen que lo mejor es reconocerlo. Pero no tengo posesión alguna que me permita negociar, padre de todo –Karnilla decía con suavidad cada una de sus palabras. No tenía fuerzas para oponerse en ese momento a Asgard así que debía aceptar las condiciones que Odín le impusiera tras que él le ayudara a recuperar su trono. –Mi pueblo es diferente al resto de los de ustedes. No me ven como una deidad, como sucede con los elfos; respetan los viejos linajes pero no tanto como los aesir, los vanir o los alfh. Los norn respetamos la fuerza. Eso significa ir a la guerra. Quiero que me respeten y que comprendan que sólo yo puedo ser su reina.
Karnilla estaba dispuesta a partir de inmediato con el poco ejército que tuviera a la mano para recuperar lo que era suyo. Ese ímpetu, Odín lo había visto también en Thor.
Recordó a su hijo joven, queriendo conocer los detalles de la campaña de Jötunheim, quería saber cómo eran las armas de los enemigos, las técnicas de combate, cómo estaban fortificadas sus ciudades. Y quería saber todo sobre cómo se batían sus campeones.
–Llévame contigo, papá. –Le había dicho Thor, apenas un adolescente.
–No es el momento, hijo. Tienes que completar tus estudios, tu formación y adiestramiento.
–Pero yo…
–Escucha. Has tenido ya alguna breve experiencia de lo que es una campaña militar cuando hemos peleado con mercenarios, has dado prueba de valor y de destreza en las cacerías y sé que eres muy bueno en el manejo de armas pues tu maestre no deja de halagarte pero, créeme, aquello a lo que un día tendrás que enfrentarte será mil veces más duro. He visto morir a mis hombres de frío y fatiga, los he visto sufrir penas atroces, con los miembros desgarrados por espantosas heridas. He oído sus gritos desgarradores en medio de la noche durante horas y horas antes de hacerse el silencio. Y he comprendido que todas sus penurias son mi responsabilidad. –Odín había hecho una pausa. –Mírame a mí, mira mis brazos, se dirían que están destrozados. He sido herido en once ocasiones, estoy miedo ciego… Thor, tú ves la gloria pero la guerra es sobre todo horror. Y sangre, sudor, excrementos, es polvo y fango; y sed y hambre, y hielo y calor insoportable. Deja que sea yo quien afronte todo eso por ti, mientras me sea posible hacerlo, por algo soy tu padre.
Pero ninguno de los nuevos reyes contaba ya con la presencia de sus progenitores para que resolvieran sus problemas. Salvo Hanne, pero ella no acudiría a la guerra, era una política excepcional pero una mala general. En la mesa ahora hablaban sobre sus fuerzas armadas. Hanne estimaba que en tres días más podría reunir cuatro mil jinetes vanir que siguieran a Hjörtur a Nornheim, pero también estaba insinuando que Hrafn no acudiría en persona pues, tras la guerra en Svartálfheim debía resarcir la política ahí en Vanaheim.
–Deseo que mi hermano me ayude en esta guerra –dijo Karnilla mirando a Hagen que asintió de inmediato.
–Eso no está en discusión.
–Podrán partir en cinco días más con todo lo necesario para ganar esta guerra pues odiaría que el inicio de su reinado comenzara con una derrota –fue diciendo Hanne. Karnilla parecía no estar de acuerdo con lo que su suegra decía pero no la contradijo.
Odín tomó la palabra.
–En Sjakkmatt estaba lo que les quedaba de familia, custodiados por Halvard que murió ayudándolos a evadirse pero si no estoy mal informado, Oxater tiene en sus manos a dos de tus primas en cuarto grado, provenientes de la familia de Kaarina: Karianne y Lárensína, hijas de Sveinbjörn y Audhild, el primero hijo de Ásbjörn que era hermano de tu abuela. –Recitó Odín. La familia norn siempre había sido muy extensa pero también eran proclives a morir jóvenes. –Por estas muchachas no corre la sangre de Hrollfeif, tu abuelo y real sucesor del linaje de Aethelwulf. Los últimos de este gran linaje son ustedes tres –se refería obviamente a Karnilla, Hagen y Héroïque. –Y a pesar de que dices que al pueblo norn le da lo mismo la realeza, se sentirán más proclives a seguir a Oxater si esté se casa con alguien de la sangre de Kaarina. Y estoy seguro de que lo hará, escuchara que te has casado con un vanir y él repudiara a la esposa que tenga para contraer matrimonio con alguna de estas jóvenes, así logrará hegemonía y consolidación.
–¿Y cómo actuaran los norn según tú? –Le preguntó Hanne.
Odín se acomodó en su asiento.
–Eyvindur, hijo, responde tú porque viniendo de mí, Hanne considerará que tengo un interés oculto. –Pidió Odín y el rey elfo así lo hizo.
–Los norn no tienen buena opinión política de los ases. Tras que Oxater se casé con una de éstas jóvenes, procederá a perseguir al general Bran para darle muerte junto con el resto de los soldados para demostrar que es el más fuerte en Nornheim. Oxater tratará por todos los medios posibles unir a los clanes y los condenará a ustedes al destierro, haciendo notar, que eras pupila de Odín y por ende, una extensión de él. –Eyvindur meditó un instante –no creo que pueda lograr esto en cinco días pero cada día que le des, él lo aprovechara para avanzar en sus planes.
–Pero Karnilla se puede imponer por la fuerza también –intervino Hrafn.
–Sí, ¿pero a qué costo? Tendrá soldados vanir, ases y elfos –dijo Eyvindur aunque todos sabían que no tenía hombres que prestarle; –pero todos serán extranjeros. Masacrará a su pueblo con nuestra ayuda, y los norn siempre la verán como una forastera. Necesita ir, coronarse y ganarse clanes para que su ejército en su gran mayoría, sea norn.
–¿Tienen un mapa de Nornheim? –Pidió Karnilla.
–Adalster –lo llamó Odín, –acércanos uno.
El rey alfh se levantó para conseguir lo solicitado de manos de un paje.
–No quiero atacar de inmediato Sjakkmatt –afirmó Karnilla mirando el mapa detenidamente.
–Está en un territorio peligroso e impenetrable, dónde es fácil quedarse aprisionado en angostos valles, perdiendo en un instante toda la libertad de maniobra y ser superados por el enemigo. En primer lugar habría que tomar los pueblos aledaños –fue diciendo Hagen, quien a todo efecto, era el que debía conocer mejor su ex reino. –Luego podremos decidir lo que es mejor para hacer.
–Entonces hemos de partir ya –secundó Hjörtur.
–Creo que es un poco precipitado… –inició de nuevo Hanne.
–Deben partir mañana mismo. Hjörtur con sus hombres podrá pasar los estrechos y asegurar la posesión de la orilla oriental mientras que Hagen, puede llegar directamente con mi general Bran a quien cedo junto con todos sus hombres para honrar la alianza aesir–norn; y enseñarle a Oxater que sólo puede existir un linaje: el que comanda su hermana. –Aconsejó Odín.
Karnilla aceptó el ofrecimiento y también el consejo de guerra.
Tras que los reyes Adalster, Eyvindur, Odín y Hrafn aceptaban como su par a Karnilla y despreciaban a Oxater; se hizo una breve votación donde se decidió que se posponían las negociaciones de las deudas de Nornheim hacia Asgard. Las palabras de despedida las dio Odín.
–Aún no has sido coronada pero cuando lo seas, recuerda que es un signo de las más altas dignidades del mundo entero y serlo implica facultades mucho más altas que las que se requieren para guiar la carga de un escuadrón de caballería. Una vez que te instales en tu palacio, es ahí donde aprenderás a ser una reina, no en el campo de batalla; la profesión de un soberano es la política, no el uso de la lanza y de la espada.
Se levantó de su asiento y salió de la sala del concejo.
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A la mañana siguiente Karnilla y Hjörtur al mando de un ejército de dos mil vanir; junto con Hagen, se dispusieron a marchar a través del Bifrost, único medio que permitía trasportar a esa cantidad de soldados sin ningún problema aunque eso significara hacer una escala en Asgard.
Eyvindur se había despedido largamente de Hagen en el lecho pero aquella mañana además le dirigió bendiciones en élfico que lo acompañaran. Era el único de los svartá que los acompañaría pero Eyvindur le había dado su consentimiento de convertirse en dragón si es que lo necesitaba, si eso marcaba la diferencia en que volvería a su lado.
Odín prometió enviar un embajador después de que se coronaran para las negociaciones.
Hranf y Hjörtur se despidieron con un abrazo prolongado. Tras haber sido reyes vanir, compartiendo el trono, había llegado el momento de que cada uno tomara las riendas de su propio destino. El pueblo de Grímsttadir salió al completo para despedir a su joven rey y honrar con flores, a su esplendorosa nueva reina.
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Las noches en el Naströnd duraban dieciocho horas y cuando se hacía de día, la luz del sol alcanzaba muy poca claridad, apenas lo suficiente como para bañar en una penumbra poco densa el paraje alrededor de ellos.
Loki recordaba la primera vez que había acudido al reino de la muerte y los demonios. En esa ocasión había permanecido pocos días, los cuáles fueron insuficientes para conocer gran cosa de los habitantes y el entorno. Además de que se la había pasado recluido en el castillo Elvidner; un lugar donde las noches, aunque algo más alargadas, no resultaban anormales. Posteriormente se había escapado al erial de las dísir, un paraje desierto de monstruos, donde las almas de los condenados no se atrevían a entrar por temor a las valkirias malditas. En esa ocasión estuvo acompañado por Hagen, Karnilla y posteriormente por Eyvindur y Thor. Hubiera degollado de buen grado a cualquiera de sus actuales compañeros con tal de tener a uno de esos cuatros, aquellos que lo rescataron en esa primera ocasión.
No es que Larus y los otros draugr fuesen inútiles para su propósito de llegar donde Thor; pero ninguno podía volar, cualquiera parecía capaz de matarlo o dejarlo morir si eso le reportaba un beneficio y además a ninguno le importaba ni medio sou su bebé.
Loki los miró desde el rincón en el que se había acomodado. Estaban guarecidos en el refugio. Su pequeño domo de hielo y magia. Llevaban cuatro horas encerrados, escuchando una pelea que había estallado fuera. Se trataba de las huldras, demonios que tenían cuerpos y caras de hermosas mujeres, pero pezuñas y cola de bovinos. Comían carne, pero las almas de los condenados a penas y eran sacos de huesos con pellejos colgándoles; sometidos a un tormento eterno, morían de hambre, sed, ira y desesperación. Así que las huldras, se sustentaban cazando a la fauna del Naströnd. Ese día, que estaba disfrazado de noche, habían acorralado a uno de los dragones sin alas; reptiles no tan asombrosos ni remotamente tan grandes como el dragón negro. Debían estar desesperadas porque a pesar de su tamaño y la incapacidad de volar, los lindworm seguían teniendo garras y colmillos venenosos. Loki y los cuatro draugr escuchaban los rugidos de la bestia y los gritos de las huldras. Se estremeció involuntariamente cuando hubo un gemido agonizante que sonó más cerca de ellos.
–Las huldras son imbéciles, no van a notarnos –le explicó Corsario mientras afilaba su espada con una piedra de amolar, intercalando su labor con miradas libidinosas que le lanzaba a Amora. El arma entre sus manos llamó la atención de Loki. Se trataba de una espada negra que poseía un tenue brillo azulado. La empuñadura era élfica, Loki estaba seguro de ello. Sabía quiénes habían sido todos los draugr en vida, excepto este Corsario. La manera en que miraba a Amora resultaba enervante. Inclusive Loki, que no le guardaba ninguna estima a la seiðkona, sentía ganas de matarlo. –Son como ratas que han plagado estas tierras. Entienden sólo de fornicar y reproducirse, me las he follado varias veces, son entretenidas y sus chillidos son la única diversión que el Naströnd proporciona. Cuando encuentran demonios con los cuáles revolcarse tienen hasta doce crías en cada parida, como cerdas. Estas deben estar bien redonditas y muy hambrientas. Cuando me dijeron que estabas preñado pensé que eras una de ellas. Una muy escurridiza y bastante fea. –Loki lo ignoró, escogió fijarse mejor en Dökkálfar, el cual de nuevo miraba su mapa del reino, tuvo que moverse casi a gatas para acomodarse junto al elfo oscuro. –No sabía que los jötun eran intersexuales. ¿Qué clase de hombre folla con un ser que tiene a un tiempo polla y raja?
Costaba trabajo ignorar lo que el Corsario decía, sus palabras eran una peste que inundaba su refugio. Los ojos se le cerraban de cansancio a Loki, los draugr no dormían pero él sí que lo necesitaba. Habían avanzado sobre el terreno irregular y sombrío del Naströnd durante horas. Por momentos arrastrándose, a veces corriendo y siempre embutidos en las estorbosas capuchas. Loki no tenía frío y con gusto se la habría arrancado para andar como en su reino natal, con el mínimo indispensable para que no se dijera que estaba desnudo. Pero debía cubrirse para disimular su figura ante los ojos de los condenados y de las bestias. Siguieron adelante evitando peleas frontales innecesarias, matando furtivamente hasta que no pudieron avanzar más debido al número de huldras que rondaban. Larus y los otros dos de su compañía eran fuertes, podían matar aquellos demonios como si fuesen presas en un corral. Sin embargo, iniciar una batalla campal con ellas implicaba atraer más y más enemigos. Dökkálfar le explicó que así fue como los habían liquidado en su intento previo de llegar al río Slid. Ser sigilosos era la mejor opción, desde el punto de vista de Larus; y todos lo obedecían. Loki se percató en aquel momento de que de no ser jötun, de no contar con los recursos que sus amigos le dieran, de no ser hechicero; ya estaría muerto. El clima, el hambre, el cansancio, los peligros crecientes, todo eso ya se habría cobrado su vida. Era al parecer, el hombre perfecto para esta misión.
Dökkálfar estaba anotando la distancia recorrida ese día y el rumbo que habían seguido, tomando como referencia el distante lucero que era la torre de guardia del castillo Elvidner. Apenas habían cubierto veinte kilómetros en el último día. Les faltaban cien más para atisbar el Slid. Su letra delgada y apelmazada narraba pormenores del viaje. Loki podía leer sus notas, estaban escritas en la variante de élfico de los elfos oscuros.
"Huldras pelean con lindworm, cerca de cien kilómetros del río Slid" había puesto. Pero también "Jötnar preñado continúa con vida".
–Llevas un registro acerca de mi posible muerte –le dijo Loki en su lengua.
–Los eventos inusuales deben quedar asentados pues de otra forma el conocimiento es imperfecto –le respondió en tono pragmático que no le hubiera envidiado nada a una lección impartida por Lord Aldor.
–Ven Jötnar –sintió que la Encantadora tiraba de él, instándolo a recostarse. –No podremos movernos hasta que las huldras terminen su festín o por el contrario sean devoradas. Duerme un poco, yo cuidaré de ti.
Loki hubiera querido negarse. Confiaba en que ella no lo mataría tanto como le confiaría su honra al Corsario. Pero lo cierto es que necesitaba un descanso o no podría mantener el paso de los draugr cuando llegase el momento. Se apartó de Amora, jamás, por todo su orgullo, pernoctaría recostado en su regazo. Se arrebujó a su lado con las manos dentro de la capucha y una daga de hielo, oculta, listo para atacar si hacía falta.
Durmió superficialmente, despertándose a cada momento para espiar desde debajo de la capucha los movimientos de sus compañeros. Larus se mostraba misericordioso, no temía tanto que lo mataran, como temía que lo dejaran atrás, que lo usaran de señuelo mientras ellos se movilizaban. Karnilla había prometido auxiliarlo pero a saber cuánto le tomaría recibir ayuda desde el exterior en un momento de necesidad. Amora no se movía de su lado, hablaba norn con el corsario para insultarse mutuamente en tono mesurado, para así no ganarse regaños de parte de Larus. Hubiera querido alcanzar a Thor en sus sueños, pero le era imposible convocar el hechizo para volverse el ave negra, el caminante de sueños. Estaba cansado y carecía del tiempo suficiente.
Volvió a cerrar los ojos. Dejó que su cuerpo exhausto se sumergiera en el limbo de la inconciencia, pero fue por poco tiempo.
–Despiértalo –decía Larus. Loki se incorporó antes de que Amora tuviese oportunidad de sacudirlo.
Dökkálfar lo agarró por debajo del brazo izándolo con brusquedad.
–Hay algo más afuera –le dijo éste.
–El refugio nos oculta –protestó Loki.
–Este no se guía por los ojos sino por el olfato.
Corsario ya tenía su espada en la mano en gesto feroz. Como un campeón a punto de entrar en la arena de combate.
–Prepárense, les quitó la presa a las huldras y destripó a varias. Nos alejaremos mientras está dándose un festín. –Les ordenó Larus. –Se trata de Bjära.
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Larus apremió a sus cuatro compañeros. El día aún no clareaba con su escasa luz. En la noche los condenados rondaban incansablemente. Dökkálfar y él casi no hacían ruido con sus pasos de elfos a pesar de las gruesas ropas que los cubrían; Corsario sabía ser furtivo cuando se lo proponía. El problema eran los seiðmaðr. La esencia de la Encantadora la tornaba apetecible para cualquier bestia que cruzara por su camino mientras que Jötnar, al estar vivo tenía un aroma particular que lo tornaba un blanco. Las capuchas disimulaban sus formas y su olor pero no cuando un depredador como Bjära era el que los perseguía.
Podía ver en la oscuridad pero era imposible que guiase a su grupo con antorchas o que les pidiera a sus hechiceros magia de luz para no atraer a los condenados. Apenas unas pocas indicaciones de no separarse y arrearlos como ganado, eso era lo único que podía darles.
La Encantadora no tenía experiencia en campo traviesa y menos en esas condiciones. Se notaba pues ya se estaba quedando atrás. Las almas de los condenados la pastoreaban cerrándose inexorablemente en un círculo cada vez más compacto y repleto.
Larus se detuvo y desenvainó su espada, Handhafang, una fina hoja de hechura élfica, cuyo peso y filo le resultaban tan familiares como si fueran una extensión de sí mismo. La diosa se la había entregado en persona el día en que abrió los ojos ante su trono. Le había confiado que se trataba de la misma arma que había empleado en vida. Una espada para una mano, con un solo filo inquebrantable, el cual llevaba la bendición de Naira Anar inscrita en finos caracteres. Se aproximó sin correr a donde la Encantadora acababa de desaparecer bajo las manos de cientos de almas. Los iba matando conforme le estorbaban. No le importaba que al destruir aquellas almas las condenaba al olvido. Eran escoria, indignos de ser siquiera mirados. Dökkálfar se había quedado atrás junto al Jötnar.
–Vamos estúpidos, puedo con todos –gritaba Corsario atrayendo la atención de un buen grupo hacía él. Se había bajado la bufanda para hacer oír su voz.
Larus detuvo su avance pues de pronto atisbó a la Encantadora. Sus ojos de elfo captaron a detalle que la seiðkona era levantaba sobre los hombros de los condenados los cuáles no sólo no la habían lastimado sino que los estaba empleando como bestias de carga.
–Adelante mis leales acólitos, cumplan los deseos de su dama y quizás, sólo quizás, tenga un pensamiento para cada uno de ustedes. –Decía ella en voz alta y clara.
Larus negó. La diosa no se equivocaba cuando elegía a las almas que transformaba en draugr. No se hubiera fijado en la Encantadora si no fuese poderosa. Los condenados la depositaron a los pies de Larus y retrocedieron inclinándose ante ella.
–Será zorra –dijo Corsario. –Para que nos preocupamos de ella –añadió destazando unas cuantas almas más.
La Encantadora movió una mano grácilmente y entonces los atrajo hacía ella como mansos corderos.
–Si podías hacer eso en un inicio debiste decírmelo –la reprendió Larus.
–Lamento haberte inquietado mi apuesto comandante –ronroneó la Encantadora –pero pensé que tu estrategia era mejor.
Su despliegue de magia había atraído más y más almas. Y donde los condenados se hacinaban había problemas.
Un rugido feroz les reveló que la gran bestia, Bjära les estaba dando alcance. La Encantadora acrecentó su hechizo.
–Vamos, protejan a su ama, no dejen que el gran jabalí me dañe, ni a los míos –les ordenó. Aquellos infortunados de voluntades débiles se alinearon para parar el embate de Bjära mientras la Encantadora alcanzaba la mano de Larus. –Guíame –luego se acordó de que el comandante no era alguien a quien pudiera encandilar y mangonear. –No distingo el mundo en sombras, por favor.
Se unieron a los otros tres que los esperaban y siguieron corriendo.
Dökkálfar iba apenas pocos metros por delante de él. Aun así, a Loki le costaba distinguir su figura. Se sentía cada vez más tentado a iluminar el camino con un hechizo de luz. La capucha estorbaba su alocada carrera. No sabía que era eso que los perseguía pero no quería averiguarlo.
La Encantadora hechizaba a los condenados de una manera que explicaba mucho del daño que había causado en Asgard. Sin embargo pronto se vieron rodeados por algo más, algo inmune a esa magia. Eran las huldras, iban desnudas a pesar del frío y del hielo. Cuando se aproximaron más no dudaron en atacarlas. Loki echó una atrás con magia de fuego. Cuando la incineró notó que llevaba entre brazos un pequeño las mismas características animales que su madre. Retrocedió asqueado al oírla gritar y gemir mientras trataba de soltar a su hijo para salvarlo del fuego, pero su pequeña cría se aferraba a ella con sus bracitos. La duda le costó caro. Sintió que lo cogían por la espalda y luego hubo ardor sobre uno de sus hombros. Se trataba de otra huldra, la cual le había hincado los dientes. Convocó a Laevateinn a su mano, la daga se materializó en ella y Loki no dudó en clavarla en la cara de aquel ser. Fue liberado en el acto y su magia curativa cerró la herida con celeridad.
La Encantadora tenía seidh telequinético. Las apartaba sin tocarlas siquiera, las estrellaba unas con otras o las arrastraba por los suelos. Dökkálfar parecía que era intocable; algo similar a lo que Svadilfari era capaz de hacer con el aether.
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Larus vio venir a Bjära primero que los otros. Se trataba de un monstruo con cuerpo de oso gigantesco pero tenía la cabeza de un jabalí. Corría a cuatro patas y cuando el grupo lo tuvo encima, alcanzó a Jötnar por un pie alzándolo en vilo. La Encantadora le arrojó una llamarada de tonos verduscos a la cara haciendo que soltara a aquel, a quien Larus consideraba el más vulnerable de todos.
–¡Dökkálfar! –Le gritó a su compañero. Larus despreciaba a los elfos oscuros pero éste le era valioso por ser útil. Una herramienta adecuada para la misión que les esperaba. Dökkálfar no era del todo un hechicero, no poseía talentos variables, sólo uno. El de mover a voluntad la materia, con fuerzas superiores a las de su cuerpo físico. El elfo oscuro frenó el movimiento del oso deteniéndolo por completo a escasos centímetros de él. Corsario acudió de prisa, dando un salto le cortó la cabeza a la bestia de un tajo. El enorme cuerpo se vino abajo lentamente, como reteniendo la vida en su interior.
Dökkálfar estaba herido. Se sostenía un brazo donde las garras afiladas cual puñales lo habían arañado. Jötnar fue a él, se quitó uno de los guantes y posando su mano sobre la herida, la cerró en el acto.
–No eres tan inútil como pensé –dijo Corsario.
El Jötnar se acercó al cuerpo decapitado, mirándolo desde su altura.
–Lo reconozco –dijo en la lengua común. –Es la bestia que me atacó el día en que nos encontramos. O una muy similar.
–Es la misma –le dijo Larus sacudiendo su espada para librarla de la sangre de las huldras que había matado. –Cuando es abatido vuelve a levantarse al día siguiente sin importar la manera en que lo mates. Y nunca olvida a una presa cuando pone los ojos en ella hasta que la mata.
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Loki miró la luz, como si una cortina hubiera sido corrida, una que le había empañado la vista con tinieblas. Hay hielo, blanquecino en donde la escarcha, azul donde es más profundo. El paisaje ante sus ojos brilla inmaculado, tan parecido a Jötunheim, que por un momento le parece que todo ha sido un error y nunca se ha ido de casa.
–Es hermoso –le dijo Amora con la voz apagada por la bufanda que le cubre la boca.
–Es el lago Gjöll –dijo Corsario y escupió sobre el hielo.
Había sabido que el paisaje ante ellos debía ser una superficie de agua congelada debido al color del hielo. Lo que no podía explicarse era el hecho de que a sus espaldas el Naströnd estuviese sumergido en tinieblas, pero ante él no hubiera sombra alguna, salvo la que ellos mismo proyectaban. Aun así acogió con gusto la luz.
–Andando –ordenó Larus y siguieron caminando.
Se deslizaban más que andaban por momentos. Loki se movía con soltura, se bajó la capucha y se quitó la bufanda descubriéndose la cara. El viento le agitaba los negros cabellos al aire.
–Cúbrete –le dijo Dökkálfar. –Los condenados no suelen venir aquí pero las huldras y otras bestias… te olerán a la distancia.
Loki obedeció en cuanto a la capucha pero no se tapó la cara. Sus rasgos jötun no amedrentaban al elfo oscuro. Sus razas habían hecho tratos con frecuencia. Cuando había llegado al Naströnd se dio cuenta de que le costaba respirar como si tuviera un troll parado sobre el pecho. Algo similar le había ocurrido la primera vez que acudió al Hel. Había tenido que convocar un hechizo protector sobre sí mismo para superar la malignidad del ambiente, y le era más fácil mantener esa magia como si fuese una segunda piel, si debajo usaba sus verdaderos colores y no su aspecto de as; que aunque le era muy familiar no dejaba de ser un recubrimiento falso.
Se movieron a mejor ritmo que en el Naströnd. El hielo era muy denso, Loki no veía puntos delgados donde pudiese quebrarse.
–Ahí –les señaló Larus. Había una especie de montaña de hielo, la cual gemía y chirriaba.
–Es una cresta de presión –dijo Loki.
En Jötunheim, se podía observar ese fenómeno también. Ocurría en el mar congelado que rodeaba la vieja capital, Utgard. Se trataba de montañas de hielo que surgían formadas por las placas que se movían con las corrientes de agua, apilándose y empujándose por debajo de la superficie. Loki sabía que a pesar de que parecían muy sólidas eran traicioneras. Podían aparecer por arte de magia, elevarse con un estruendo ensordecedor y luego extenderse por la superficie helada. En Jötunheim podían surgir más rápido de lo que podía correr un gigante.
Esta cresta era de al menos nueve metros de alto, un enorme muro vertical hecho de losas de hielo cada una tan grande como un jötun.
–Quiero un punto alto para vigilar en derredor y orientarnos –les dijo Larus.
Así que el pequeño grupo se movió trepando y andando a gatas hasta alcanzar un punto lo bastante alta para vigilar en derredor. Frenaron la marcha con las ropas empapadas de sudor. Corsario andaba de aquí a allá agitando su espada y dando saltos en su sitio para que la lana no se congelara. Dökkálfar y Larus actuaban de manera similar. Los únicos que se habían quedado bien inmóviles eran la Encantadora y Loki. Él había sudado poco pero no le preocupaba que su ropa se congelara causándole una hipotermia. Se sentó en lo alto de la cresta de presión y sacó parte de sus provisiones a base de sangre de dragón. Debía aprovechar el momento para saciar su hambre y sed. Contó las ampolletas que Karnilla le dio. Consumía una al día. Le quedaban veintidós. Si se le agotaban tendría que abandonar su misión. Había pensado en racionarlas para que durasen más; aunque eso significase soportar hambre y sed. Pero al final no lo hizo debido a su hijo. Su magia lo sustentaba y mientras usara mucho de su seidh demoraba su crecimiento. Pero para poder hacer uso de su magia debía mantenerse fuerte. Y además, estaba muy resuelto a llegar al alumbramiento en mejores condiciones que en la ocasión anterior, sólo por si acaso; por si debía intentar valerse por sí mismo para defender a su pequeño.
Acabó de beber y se fijó en sus compañeros. Dökkálfar volvía a tener su mapa con él, lo revisaba bajo la mirada atenta de Larus. A Amora le castañeaban los dientes.
–Una vez –le habló Loki –vi a un enano al que le explotaron un par de dientes debido al frío. Se le congelaron y reventaron en su boca astillándose y lastimándolo seriamente. –La Encantadora puso cara de susto. Loki la sabía vanidosa, seguro no le gustaba la posibilidad de estropear su sonrisa. La vio conjurar magia de fuego, un fuego verde, entre sus manos para calentarse.
–Estoy entumida. –Se quejó ella e hizo más grande su hechizo. En la oscuridad del Naströnd hubiera sido una locura hacer algo así, pero aquí, con a la luz reflejada en el hielo un poco de fuego parecía algo seguro. Amora le extendió el fuego y Loki le aceptó un fragmento el cual quedó flotando cerca de él. –Lo aprendí en Nornheim –dijo ella de pronto. –No lo recuerdo pero como se trata de magia de fuego debió ser allá. Además de que en Asgard no se puede aprender mucho y sinceramente no me puedo imaginar practicando magia en el reino de los elfos.
–¡Una isla! –Gritó el Corsario. –No una mierda de hielo, sino una isla de verdad, tiene árboles encima y todo.
Loki y Amora se pusieron de pie para mirar lo que el as les señalaba.
–Imbécil –lo reprendió Larus. –Es Hafgufa. –Había efectivamente un montículo prominente fuera del lago congelado, parecía tener árboles y destacaba por no ser blanco o azul como todo en el entorno.
Loki no pudo evitar reírse. En Jötunheim igual existían esas criaturas. Seres marinos enormes como pequeñas islas. Si podían se zampaban a los pescadores así fueran tan grandes como Hildetand, igual devoraban bestias de ataque si se dejaban. La risa se le cortó cuando la duda se hizo presente: ¿por qué el infierno era tan similar a su reino? ¿Era una burla de las nornas?
–Larus, sigamos, no me siento los dedos, odiaría que se me cayera alguno –pidió la Encantadora.
Dökkálfar se volvió hacia Loki.
–La brújula que tienes, ¿crees que funcione desde aquí?
Loki les había dicho que primero debía acercarse a Thor para que el leding de hielo los guiase con efectividad. No había mentido. Lo sacó de entre sus ropas y lo dejó oscilar. Era un engaño. Uno para que lo considerasen un útil miembro del grupo.
–Aún estamos muy lejos de él –se justificó. –¿Cuánto toma cruzar este lago? –Les preguntó Loki.
–Depende –respondió Dökkálfar, –de cuánto erremos el camino.
Había otro problema pero Loki no quiso decirles nada al respecto. Olía a nieve.
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Tuvieron que meterse de nuevo en el refugio de magia. No para evadir a sus enemigos sino para guarecerse del clima. El viento los había golpeado con fiereza y la nieve les impedía ver nada. Larus sabía, y Loki estaba de acuerdo, que era factible extraviarse aunque estuviesen a escasos metros unos de otros, y había ordenado ese alto. Se habían puesto junto a una de las crestas de presión, la cual los guarecía del viento. Larus los había hecho dividirse en dos grupos, seguramente porque estaba harto de que Corsario se metiera con la Encantadora. Así que Loki estaba ahí con quien fue su acérrima rival y con Dökkálfar.
–No anochece –dijo, notando que el domo de hielo sobre ellos no se oscurecía a pesar de que el tiempo pasaba.
–No. La luz declina y arroja sombras en su punto más bajo, pero nunca se hace enteramente de noche. Esto es territorio de Hafgufa. El lago Gjöll, nos quiere muy visibles para que pueda devorarnos.
–Todo aquí es una putada –dijo la Encantadora sin sus modales refinados de los que hacía gala en la corte aesir. Se estaba entibiando de nuevo con magia.
–Es para que los demonios no crucen hacia el territorio de la diosa. –Amora hizo un ¡bah! Pero no replicó más nada.
Loki se había quitado la capucha, estaba harto de ella. Dökkálfar y Amora habían hecho lo mismo para secarlas un poco. Dökkálfar se entretenía con su dietario, quizás para no enloquecer ante la adversidad. Loki se arrebujó y se durmió. Llevaba puesta una túnica y debajo de ésta creó su daga de hielo. Estaba tan agotado que ahora sí descansó con profundidad. Se despertó sobresaltado pues sintió que alguien lo había tocado, de colmo en la barriga. Se sentó furioso y dispuesto a cortarle algunos preciados dedos a Amora por su atrevimiento. Sin embargo ella igual se había adormilado en el otro extremo de su refugio. Aunque eso equivalía a unos pocos metros, no lo alcanzaría desde su posición. Dökkálfar leía. Loki se extrañó pero volvió a sentir aquello que lo despertó. Excepto que no se trataba de los draugr. Era su hijo el cual por primera vez le hacía constatar su presencia dentro de su cuerpo. Loki se palpó el abdomen fascinado pero el movimiento se detuvo. Había sido apenas un pequeño toque.
–¿Qué estoy haciendo aquí? –Se preguntó. Rodeado de peligros y de amenazas. Tuvo un anhelo casi insoportable de su hogar. De volver donde Frigga y arrojarse a sus brazos, mendigarle amor y cuidados. De buscar a Karnilla y decirle: "sí, revisa a mi hijo, por favor dime que todo está bien". Quería ver a sus hijos y hablarles de su futuro hermano. –Thor –murmuró roncamente. –No, no, no –volvería donde esa marioneta inerte. Y además, ¿qué es lo que haría si daba a luz una serpiente? –No eres un monstruo –se dijo y le dijo a su pequeño. Pero las repercusiones políticas serían innegables. Los aesir ya lo detestaban o le temían, por lo menos la gran mayoría; jamás aceptarían que una aberración así fuese hijo de Thor, miembro del linaje de Bor y un príncipe del reino eterno. Antes se lo quitarían, lo encerrarían o le darían muerte. –No –murmuró sobándose. –No lo permitiré.
–¿Te encuentras mal? –Inquirió Dökkálfar, mirándolo con curiosidad.
Loki negó. El elfo abrió la boca para añadir algo más pero no llegó a emitir sonido alguno. Alzó una mano indicándole a Loki silencio aunque él tampoco había dicho nada. Sus oídos y ojos eran más sensibles y habían captado algo.
–¡De pie! –Les gritó a Amora y a Loki.
Amora se enderezó espabilándose. Loki agarró su bolsa de provisiones pero no llegó a alcanzar la capucha. El suelo pareció hacer erupción. Algo grande, gris y poderoso explotó hacia ellos destruyendo el refugio. El hielo se cuarteó bajo sus pies y las paredes se vinieron abajo. Un boquete negro hacia las profundidades del lago empezó a abrirse. Dökkálfar repelió las paredes de hielo que se les venían encima. Loki no se detuvo a intentar ayudarlo, corrió alejándose; pues aquello que los había golpeado volvía a la carga. Perdió el suelo bajo sus pies cuando salió despedido sobre el hielo. Cayó sobre sus brazos tratando de protegerse el abdomen. Se enderezó a tiempo para ver la enorme bestia Hafgufa, la cual emergió de entre el hielo engullendo con su enorme boca lo que quedaba del refugio.
–¡Dökkálfar! ¡Amora! –Les gritó.
Todavía nevaba y el viento se llevó sus gritos. El pez gigantesco se sumergió y Loki pudo ver su figura moviéndose bajo el hielo. Se levantó como pudo. Entendió que para Hafgufa ellos habían sido como insectos posados sobre cristal; que la luz que bañaba el hielo los había convertido en presas; y maldijo ese mundo que parecía querer matar a todo lo que caminaba en él. La cresta de presión junto a la cual se habían guarecido había desaparecido cuando Hafgufa removió el hielo, pero había otra en los alrededores. Loki se movió lo más rápido que pudo en su dirección. Si la escalaba dejaría de ser visible para Hafgufa. Estaba en dirección opuesta a sus compañeros pero no tenía opción. El hielo se cuarteaba donde el poderoso pez lo golpeaba para emerger a la superficie; si hubiera sido menos denso Hafgufa habría podido embestir y engullir de una sola vez. No supo bien a bien cómo llegó a lo alto de la cresta de presión, pero cuando alcanzó a despegarse del hielo y miró atrás se dio cuenta de que no era perseguido. Quizás Hafgufa había preferido devorar a Larus y a Corsario.
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Tuvo que esperar a que la tormenta de nieve se aplacara antes de poder ponerse en movimiento. Sus compañeros no aparecieron ante sus ojos cuando la nieve se disipó. Quizás habían sido devorados, quizás habían huido lejos, quizás… Como fuera. Loki no podía ponerse a buscarlos. Se quitó la casaca y se descalzó, reduciendo su indumentaria a lo más elemental, tan sólo los pantalones, casi como cuando andaba en Jötunheim. Su embarazo quedaba a ojos vista pero había resuelto que sería menos visible para Hafgufa de esa manera. El tono azulado de su piel se mimetizaría con el hielo. Hizo un atado con su ropa y sus botas por sí más adelante las necesitaba y se lo colgó en la espalda. Llevaba en bandolera las ampolletas que sustentaban su hambre y sed. Fue una suerte no haberlas perdido durante el ataque. Se amarró el cabello en una trenza para que el viento no llevase su olor muy lejos; y por último creó un par de dagas de hielo para avanzar armado.
Descendió de la cresta de presión. Apenas se había apartado unos metros cuando esta se aliso entre crujidos desapareciendo de la vista. Sobre el lago Gjöll, ya no se distinguía el lucero de Hela, las crestas de presión hacían cambiante el paisaje, así que no quedaban puntos para orientarse. Loki suspiró, no tenía otra opción más que intentar seguir adelante.
Así lo hizo sin que Hafgufa, ni ninguna criatura volviera a arremeter contra él. Le era imposible determinar el tiempo que transcurría y la distancia avanzada. Por un momento tuvo la horrible sensación de que se estaba moviendo en círculos y de que en realidad no estaba yendo a ninguna parte. Había un silencio de muerte, el viento había dejado de moverse. Fue en ese momento de calma crispante que distinguió a lo lejos una figura que se aproximaba andando a cuatro patas. Se quedó dónde estaba debido a la curiosidad, hasta que el engendro estuvo lo bastante cerca para distinguirlo.
–Bjära –murmuró. Larus había dicho que resucitaría y que era incansable cuando cazaba. Loki echó a correr en un intento de poner distancia entre ambos. En su carrera pudo percatarse de algo: el hielo era más delgado. Podía ver las oscuras aguas del lago Gjöll en el fondo. –Debe ser más delgado en la orilla. –Se dijo y siguió avanzando.
En efecto la forma del hielo había cambiado, dejó de ser liso y dejó de tener crestas de presión para mostrarse en lajas afiladas y resbaladizas, más aún Loki pudo atisbar en la distancia tierra firme, desprovista de nieve. Sus pies encontraron un camino seguro con la familiaridad de quien creció entre hielo. A sus espaldas Bjära mantenía la distancia. Llegó a tierra firme con los músculos de las piernas ardiéndole por el esfuerzo y un dolor sordo bajo su abdomen. Se detuvo ante el promontorio de roca que veía, dudando de que fuese Hafgufa. Le clavó una daga pues no tenía el nervio de trepar y aguardar a ver si era el pez gigante y se hundía junto con él para devorarlo. Pero no. No brotó sangre y él no dudó en dejar el hielo para intentar seguir adelante. Soltó una carcajada amarga pues al avanzar sobre la supuesta tierra firme, descubrió que no era Hafgufa, pero sí era una isla. A su alrededor el lago Gjöll seguía hasta donde alcanzaba la vista.
Miró atrás. Bjära venía a por él. Ya le distinguía la cabeza de jabalí.
–¡Vamos! –Le gritó. –Métete conmigo si te atreves. Engendro peludo, rata asquerosa de mierda. –Lo insultó al más puro estilo del Corsario.
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Harut y Marut eran parte de la corte demoníaca de Mephistopheles. Llevaban siglos en campaña contra los generales de la diosa Hela. Primero contra Kranjcar y Tyr. Luego contra Larus; y ahora en contra de Thor.
Iban sobre el lago Gjöll pastoreando un grupo de huldras. Cada cierto tramo sacrificaban alguna dejando que su sangre se expandiera sobre el hielo para atraer a Hafgufa hacia esos sacrificios, si aplacaban el hambre del gran pez de los infiernos, entonces no los perturbaría en su avance.
Harut y Marut eran criaturas idénticas. Eran rubios y tenían ojos claros y semblantes bondadosos. Podrían pasar por elfos. Harut iba a lomos de un lobo de Hel y Marut cerraba la marcha montado sobre un lindworm.
Sabían orientarse en el lago Gjöll pues lo habían transitado en numerosas ocasiones. Pero sobre todo porque contaban con la ayuda de Lyngbakr, un cambiaformas, que tan pronto podía ser un pez tan grande como para rivalizar con Hafgufa, como podía convertirse en halcón y sobrevolar el lugar indicándoles el camino.
Llevaban las huldras hacia el río Slid, las iban a usar para enfrentarlas contra Thor y los suyos. Serían refuerzos algo pobres para la fuerza que el general de Hela tenía, pero eran mejor que nada. Y nada, era lo único que habían obtenido en los últimos años de su señor Mephistopheles.
No hablaban mientras se movilizaban. Habían escogido huldras no preñadas y sin crías recién nacidas para moverse rápido. Aunque las que estaban esperando una camada de pequeños demonios o acababan de parir eran las más agresivas. El problema era que igual eran las más incontrolables y a veces acababan matándolas ellos mismos por insubordinadas.
Lyngbakr emitió un chillido agudo desde lo alto, estaba volando en círculos. Seguramente estaban por arribar a la isla Oljón. El punto intermedio del lago.
–Marut –llamó Harut y este acudió a su lado.
Hablaban nevirio, el cual era el lenguaje del inframundo, de los muertos y de la diosa; no así el de los demonios, el cual era el akrasio. Pero cada palabra de esa lengua se consideraba maldita y sólo se empleaba en la corte de su señor.
Marut miró lo que su hermano le señalaba. La isla Oljón ya estaba a la vista y aparentemente había sido reclamada por un extraño ser el cual estaba ocupado, desollando con manos rápidas una criatura que no podía ser sino Bjära.
–¿Es un demonio? –Inquirió Marut olisqueando el aire, pero el olor a sangre dominaba impidiéndole averiguar de esa manera la naturaleza de la criatura azul.
Llegaron hasta él. Lo vieron erguirse cuan alto era sosteniendo en sus manos unas dagas de hielo teñidas de rojo. Marut sacó látigo y detuvo a las huldras haciéndolo chasquear. Tenían doscientas en su rebaño.
–Que Mephisto se siente en el crisol de las almas –saludó Harut desde su lobo.
El extraño los miró con curiosidad sin responder en un inicio y Harut desenvainó su espada, sin embargo un segundo después el desconocido habló.
–Que Mephisto conquiste a la diosa –repuso en perfecto nevirio.
–¿Ese es Bjära? –Inquirió Harut desmontando.
–Decidí usarlo para proveerme, dado que cada día resucita y me sigue bien puede darme piel y carne cada vez. –Harut se rió mostrando pequeños dientes afilados como sierras.
–Muy astuto señor demonio.
Marut se apostó junto a su hermano dejando algo atrás su lindworm.
–Es una huldra –dijo mirándole la panza.
–Las huldras no saben hablar, Marut mi amado. Es uno de esos demonios de lujuria, transgénero y exóticos con los que Astaroth se entretiene. –Concluyó. –¿Cuántos hijos tiene ya tu creador? –Le inquirió, hacía tiempo que no tenían noticias de Astaroth.
–No los suficientes para detener sus apetitos –repuso la criatura azul.
–En verdad no crees lo que dice. ¿O si Harut?
–Tengo hambre –repuso Harut descartando los recelos de su hermano.
El hombre azul les hizo ademán de compartir con ellos su presa derribada. Se dieron un festín con la carne de Bjära asada con habilidad por Harut. Le arrojaron los huesos repletos de grasa a las huldras, las cuáles eran capaces de devorarse unas a las otras si hacía falta. Igual convidaron a Lyngbakr, el cual había descendido de los cielos para tomarse un descanso, se había posado en el hombro de Harut e iba picoteando la carne que el demonio le ofrecía directamente de su mano.
–Tu nombre –exigió Marut, aunque su desconfianza no le impidió atiborrarse.
–Exaj da Afaetr –respondió el hombre azul con una risa burlona.
–¿Exaj? –Así se decía "madre" en nevirio. El hombre–mujer se autonombraba "madre de monstruos".
–Exaj –repitió Harut que no tenía más reparos en el nombre que en el aspecto. Consideraba al hombre–mujer demasiado enclenque para ser una amenaza.
Marut terminó de comer hartándose de carne, sin intercambiar ni una palabra más con el extraño. Era celoso de su hermano hasta lo enfermizo, y el que Harut le demostrase simpatía a este Exaj le disgustaba y bastante.
–Vamos al Slid –le dijo Harut a Exaj. –¿Sabes cantar mi señora? Oh bello juguete de Astaroth. Si es así consideraría incluirte en nuestro grupo. A las huldras les gusta la música pero mi hermano y yo no tenemos paciencia como para consentirlas.
–¿Al Slid? –Repuso Exaj. –¿A pelear con Thor?
–Claro que a pelear con Thor. Somos Harut y Marut y combatir a los esbirros de la diosa es lo que hacemos.
–Sé algunas canciones –repuso Exaj. –Y además estoy harto de este lago.
–¿Y qué haces en este lago exactamente? El hogar de tu creador está muy lejos. –Protestó Marut.
–Se aburrió de mí y quiso matarme, pero cuando me formó me dio estos instintos maternales que me impidieron obedecer a costa de mi hijo, así que hui. Pensé: si la diosa dio acogida a las dísir a pesar de ser traidoras, bien puede tenerme.
–¿Ah sí? ¿Por qué no fuiste al gran Mephistopheles? Nuestro poderoso amo –Inquirió Marut entrecerrando los ojos con desconfianza.
–Marut mi amor, sabes bien que no se puede hacer eso pues nuestro amo…
–¡Calla! Le estás dando las respuestas. ¿Qué pretendes favoreciendo a esta cosa? Mátalo ya, no creo siquiera que sea un demonio. –Harut no se movió lo cual irritó aún más a Marut. Lo siguiente que ocurrió fue que Marut blandió el látigo en contra de Exaj el cual tenía reflejos raudos y metió un brazo para protegerse el cuello. Aun así, Marut, con su gran fuerza, lo arrastró hacía las huldras y sus monturas. Silbó atrayendo a su lindworm hacia Exaj, a ver si su bestia era menos bestia que su hermano. –¡Devóralo! –Le ordenó al dragón sin alas, el cual de inmediato se abalanzó sobre la molesta criatura.
Exaj sacó de la nada una daga, no de hielo, sino de un acero casi luminoso pero no tuvo que usarla. Porque el lindworm se le acercó para olisquearlo, su larga lengua se agitaba en torno al hombre–mujer probando su aroma; y luego se echó a sus pies más dócil de lo que nunca había sido con Marut.
Harut se carcajeaba revolcándose por el suelo. Exaj se quitó el látigo de la muñeca, le rascó los flancos al dragón y luego sin ningún empacho montó sobre su lomo.
–Estoy listo para partir –anunció. –Gentil Harut, ¿me pasas la piel de Bjära? Me temo que no me dio tiempo de agarrarla antes de que tu hermano me trajera a este cómodo transporte.
Harut obedeció a risa batiente todavía.
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En el día vigésimo segundo del décimo mes, si medimos según la cronología aesir que para muchos es la única que cuenta, Loki pudo contemplar por primera vez el río Slid. Cuando lograron salir de la superficie congelada del lago Gjöll, el sol empezó a ponerse y a salir con algo de normalidad, así que Loki pudo contabilizar que pasaron dos días, andando por tierra firme, comiendo carne de Huldra y bebiéndose su sangre; antes de que pudieran ver el ancho caudal del Slid, el cual señalaba la frontera del reino de la diosa y el reino de los demonios.
Cuando arribaron, Harut y Marut formaron a sus huldras en posiciones de batalla. Lo hicieron a latigazos y patadas. A lo lejos se veía ya una pelea. Había un demonio, de una subespecie similar a Surtur, el cual, con cuernos, gran tamaño y garras; se preparaba a combatir en medio de un corro.
–¿Qué es eso? –Inquirió Loki a Harut. Evitaba hablar con Marut e inclusive mirarlo demasiado. Llevaba sobre los hombros la piel de Bjära la cual encubría su olor y lo disimulaba; igual contribuyó a su engaño el hecho de que el lindworm lo reconoció como su amo. Loki dedujo con algo de tristeza, que el dragón sin alas actuó así debido a que llevaba en la barriga a Jörmundgander, el mayor de todas las serpientes, emparentado con la especie de los dragones.
–Eso es Thor, querido Exaj, no alcanzas a verlo pero puedo olerlo. Es un bastardo pagado de sí mismo, le gusta matar entre público. Y veo –o más bien olía –que se ha hecho de algunos aliados adicionales.
Se había nombrado a sí mismo Exaj, nada más por escuchar a un par de poderosos demonios llamándolo: "mamá", una pequeña broma privada.
–Ya veremos si sigue tan ufano cuando lleguemos nosotros. Es claro que esos demonios de segunda no son rivales para él. Tanto que costó traerlos de este lado del Slid, para que esa peste asgardiana nos impida llevarlos más lejos, hasta el Naströnd. –Dijo Marut, iba montado con Harut, compartiendo el lobo dado que el lindworm tenía otro jinete. –La última vez que luchamos casi lo matamos. Tu espada mi hermoso Harut, le dio en la cabezota y aunque sólo fue un roce pensé que lo aniquilaría. Igual pudo desangrarse herido en tantos sitios pero no, de alguna forma se regeneró y volvió a entorpecernos.
Loki se azoró. Marut estaba hablando de heridas que él le había visto a Thor cuando lo encontró en un sueño. En esa ocasión Loki lo había curado. Se sintió satisfecho de saber que su magia había salvado a su amado.
–Quédate aquí Exaj, no estás a la altura de esto –dijo Harut espoleando el lobo. Lyngbakr, el halcón cambiaformas dejó el hombro de Harut y fue a posarse sobre el de Loki. –¡Vamos! –Llamó Harut a las huldras. –Pequeñas perras en eterno celo, sirvan para algo más que para multiplicarse.
Las arrearon dejando a Loki atrás.
Pero Harut y Marut ni siquiera se había alejado lo bastante antes de que Loki llevara a su lindworm hacia Thor. No iba a esperar a que la pelea terminase aunque tampoco pretendía meterse de lleno en ella. Se rodeó de una barrera que lo tornase invisible e inaudible, junto con su dragón y su halcón; mantuvo la distancia siempre con Laevateinn en la mano, además de que contaba con el dragón sin alas para escapar o protegerlo.
Vio a varios draugr apostados entre los demonios, haciendo un círculo en torno a los campeones de cada bando que se batían en combate singular. Reconoció a uno de ellos, era Lady Telenma, quien en vida había sido general de la flota élfica que se dedicaba al genocidio sistemático de los elfos oscuros. Igual atisbó a Kranjcar, antiguo general norn, muerto por la mano, o más bien los dientes, de Hagen. Ahí estaba Oleg, primo de Sif y traidor al reino, asesinado en una revuelta en las mazmorras; bueno en realidad Loki había permitido que Ull, un viejo amigo lo matara en desquite por cierta afrenta. Distinguió un hombre de rasgos vanir; una norn de aspecto horrendo que quizás era Holme, una mercenaria que Thor le describió una vez; y un puñado de alfh. Pero Larus y su grupo no estaban. Quizás habían fenecido en el lago Gjöll y por lo tanto se habían visto obligados a reiniciar su travesía desde el castillo de Hela.
El demonio de largos cuernos estaba tratando de retroceder ante su contrincante. Loki enfocó sus ojos en ese duelo. Harut y Marut no lo habían interrumpido.
El corazón le saltó en el pecho. No le extrañó que fuese Thor quien encabezaba el desafío a los demonios. Llevaba la capa roja echada sobre un hombro y el torso desnudo como en el sueño en que se habían reencontrado; en su mano derecha tenía una espada que llameaba. Loki la reconoció, se trataba de Crepúsculo, la espada de Surtur. Fue esa arma y no el Mjölnir quien siguió a Thor en su travesía al mundo de los muertos. Su amado le gritaba al demonio azuzándolo, instándolo a no acobardarse. Telenma le picaba la espalda con una lanza para mantenerlo en el ruedo y los demás demonios vociferaban. La criatura de gran tamaño pareció resignarse a su suerte y embistió con sus cuernos contra Thor. El dios del trueno soltó la espada y lo paró con las manos desnudas, antes de alzarlo en vilo y arrojarlo a un lado. Loki lo vio montársele en el pecho y aplastarle los ojos dentro de sus cuencas con los dedos. Sintió un escalofrío que lo recorría entero. Thor se apartó y dejó que su contrincante volviera a alzarse cegado y bramando dolorido, con ríos de sangre corriéndole por la cara. Thor le gritó para que lo ubicara y el demonio atacó ahora con las garras. Loki vio que le abría una gran herida en el pecho a Thor, quien había recuperado la espada; se mostraba muy temerario y a pesar de que fue golpeado por el demonio, se notaba que dominaba la situación y que estaba jugando con su rival. Le cortó la mano al demonio y cuando este se dobló sujetándose el muñón, le cercenó con habilidad de cirujano ambos brazos. Lo dejó así, no lo remató.
–Thor, ¿qué haces?
Holme, si es que en verdad era ella, se apresuró al centro del corro, le alzó un brazo a Thor en señal de victoria. Y fue entonces que Harut y Marut lanzaron a sus huldras al ataque.
Eran más numerosas y además había otros demonios presentes, pero los draugr peleaban con una ferocidad carente de todo temor y misericordia. Harut y Marut querían acercarse a Thor, las huldras sólo eran una distracción. Pero Thor sabía eso y no lo iba a permitir así como así. Se rodeaba con las llamas de crepúsculo y se alejaba de los demonios idénticos, echándoles en su dirección a otros draugr. Los superaban por veinte a uno pero aun así parecía que los draugr vencerían.
Loki se movía a lomos de su lindworm apartándose para no quedar envuelto en el combate. Desde su posición escuchó de pronto un cuerno de guerra de sonido agudo y claro. Se giró y vio a Larus arribando a ese sitio. La Encantadora, Corsario y Dökkálfar lo seguían. Así que todos la habían contado.
Dökkálfar se quedó atrás pero los otros tres corrieron a la pelea. No se cruzaron con él.
Aquel desastre se prolongó hasta entrada la noche. Los demonios se replegaron finalmente dando pauta a la victoria de los draugr. Harut y Marut se habían llevado a una buena parte de su rebaño de huldras pero las que quedaron atrás ahora servían para entretenimiento de los vencedores.
Loki arreó su lindworm el cual se mostró algo reticente en avanzar pero finalmente lo hizo. Vio que Telenma y Oleg ponían a las huldras en hilera y luego empezaban a rebanarlas como compitiendo por ver quien las reducía a picadillo más rápidamente. No le extrañó ver que por allá, Corsario se follaba a una de aspecto más bello que sus compañeras.
Igual habían capturado un par de demonios. Parecían muy humanos, llevaban máscaras hechas con cráneos de criaturas irreconocibles para Loki. Holme les pateó atrás de las rodillas para que se doblaran ante Thor.
–Escúchenme bien escupitajos del averno, aquí gobierna mi señor Thor, si él dice que nos guíen hasta Tyr, ustedes lo hacen; si él dice que se la chupen, ustedes lo hacen –los estaba amonestando la norn.
Loki intuyó que estaba por hacer algo que quizás sólo lo metería en problemas pero no había llegado tan lejos para huir de Thor en el último momento. Transformó a Laevateinn en un símbolo en su muñeca. Deshizo la ilusión que lo envolvía.
Hubo gritos de sorpresa, Holme se volvió en su contra furiosa pero el lindworm, la había cogido por sorpresa, la derribó y le puso una pata encima. Thor empuñaba a Crepúsculo con una mirada retadora que le provocaba a Loki ganas de abofetearlo y de besarlo al mismo tiempo.
–Thor –le habló en aesir. –Baja tu arma, no soy tu enemigo. –Desmontó de su dragón sin alas el cual no liberó a Holme. A su alrededor los demás draugr se le acercaban cautelosos. Thor le lanzó una mirada de abierta curiosidad, sus ojos lo recorrieron entero parándose en su barriga. Loki pronto comprendió que quizás había actuado muy mal acercándose así, de pronto le habían puesto una espada al cuello. –No soy una huldra –dijo antes de que alguien intentase darle el mismo destino que a ellas. –Tampoco soy un demonio.
Lyngbakr, el halcón, se despegó de su hombro y se alejó volando. Loki pensó que quizás entendía la lengua común.
Miró de reojo, quien lo amenazaba era Kranjcar.
–Me lo pido como botín –dijo Thor. –No lo dañes –le pidió al norn el cual bajó su arma. –Ven –le indicó a Loki, –a menos que prefieras quedarte a entretener a mis hombres.
Loki no tuvo opción más que ir tras sus pasos.
Miró una última vez atrás. Amora y Larus lo observaban bastante confundidos.
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Los draugr tenían un refugio a una distancia relativamente corta del lugar de la batalla. Se trataba de una cueva de entrada ancha, en el interior había algunas antorchas montabas en burdos apliques. Las pieles de varios animales tapizaban uno de los rincones a manera de lecho improvisado. Igual había mapas sobre una mesa y armas amontonadas por doquier sin orden aparente. No había guardias. Thor le indicó que se acercara. Esto no era ni remotamente similar a los pabellones de lona resistente decorados con gallardetes con los cuervos de Odín, y amueblados en madera hermosamente tallada; a los que Loki estaba acostumbrado.
Vio a Thor quitarse la capa y aventarla. Clavó la espada en el suelo de tierra. Encaró a Loki con una sonrisa.
–Me acuerdo de ti. Viniste a curarme en un sueño, estoy seguro de que eres el mismo aunque ahora pareces jötun y no aesir. –La herida que le había hecho el demonio seguía goteando pero Thor la ignoraba con escalofriante estoicismo. Loki suspiró de alivio, le alegraba que Thor recordase ese primer encuentro. –Quítate la ropa –fue lo siguiente que dijo arrancándole la piel de Bjära de encima.
–¿Qué haz dicho? –Loki iba escasamente cubierto pero el tono imperioso y la mirada de Thor no lo animaron a obedecer.
–Quiero ver entre tus piernas, ¿cómo es que estás preñado? –Loki no obedeció ni hizo amago de ir a hacerlo ni pronto ni nunca. –¿Quién eres? Los draugr son estériles, los demonios no, pero un demonio no me sanaría nunca.
Loki se le acercó y le puso una mano sobre la herida reciente. Notó entonces que Thor estaba cubierto de cicatrices en los brazos, en el torso, en los hombros, por todos lados. Claro, era una bestia imprudente, a Loki no le extrañaba. Thor no parecía alarmado, se mostraba arrogante y confiado. Loki le cerró la herida pero no se tomó la molestia de quitarle las cicatrices; acarició aquella que él le había hecho. De pronto Thor lo atrajo a él y empezó a besarlo, mordiéndolo entre caricias, raspándolo con su barba. Unos besos fogosos y bruscos. Loki sintió que lo alzaba en vilo y pronto se encontró tumbado sobre la piel que servía de lecho. Thor lo giró boca abajo a pesar de su barriga y trató de arrancarle la única prenda que lo cubría.
Loki se revolvió bajo él, el tatuaje en su muñeca, el símbolo de Laevateinn, se activó y pronto tuvo la daga en la mano. Trató de clavársela a Thor pero él se anticipó a su movimiento sujetándole la muñeca. Cesó en sus intentos de desnudarlo pero su mano libre se puso a manosear sin pudor la barriga de Loki.
–No me toques –le siseó Loki bastante cabreado. No había descendido a los infiernos y vivido una travesía espantosa para ser tratado así por el estúpido al cual pretendía rescatar.
–Pensé que esto te gustaba, en mi sueño me pedías besos a cambio de curarme, quise darte un poco más. Las huldras se ponen más hambrientas de polla cuando están preñadas que cuando no.
–Ya te dije que no soy una maldita huldra. Soy un seiðmaðr, ¿entiendes? Bestia corta de miras. Estoy preñado porque no soy un draugr, estoy vivo y gestando un hijo hecho de mi magia y de la energía vital de mi consorte.
Thor lo soltó.
–Monstruo –musitó. Loki sintió que lo odiaba. A veces se le olvidaba que Thor había sido criado aesir. –Tienes muy jodido el instinto materno, ¿qué haces aquí? ¿Cómo es posible que hayas llegado tan lejos?
Se escuchó un bramido agonizante y Loki reconoció el sonido, era su lindworm. Esos malditos draugr seguro que lo habían matado; la única criatura útil con la que se había topado en ese mundo infernal. Estaba cansado y más que harto de todo, incluso de Thor. Ahora le acariciaba la rodilla obviando que Loki no le había respondido su pregunta.
–Si intentas forzarme te cortaré los bajos –le advirtió Loki bien dispuesto a cumplir su amenaza. Amaba a Thor pero no se le iba a entregar para que juguetease con él. Thor le pellizcó un pezón y luego retrocedió riéndose burlón.
–Me gustas, te nombraré mi sanador oficial. –Se dirigió a la salida de la cueva. –Te llamaré…
–Jötnar –lo interrumpió Loki. –Larus me nombró Jötnar, viajé con él por un trecho.
Se levantó y deshizo el atado con su ropa. Era mejor cubrirse de nuevo.
Thor salió de la cueva, afuera lo aguardaban precisamente Larus y la Encantadora. La rubia voló al lado de Thor y lo saludó con un beso en los labios pero pronto se apartó para ir hacía Loki.
–Estaba preocupada por ti –lo amonestó. –Pensé que Hafgufa te había devorado. Le arrancó una pierna a Dökkálfar pero Larus quiso que lo trajéramos aun así. Luego vimos el rebaño de huldras y los seguimos de lejos, pero no pensé que estuvieses por ahí. Eres un hechicero lleno de recursos. –Lo felicitó.
Larus estaba parlamentando con Thor y Loki les prestaba más atención a ellos dos que a Amora.
–Kranjcar se escapó pero no sabe dónde retienen a Tyr –explicó Thor.
–Lady Calimacil está interrogando a los demonios que apresaste con ayuda de Corsario, veremos si logra que nos digan cómo llegar a él.
–Ya, para lo que nos va a servir, lo retienen al otro lado del río Slid y seguimos sin tener medios para cruzarlo. –Larus se puso a explicar que ya había ordenado desollar al lindworm, quizás la piel del dragón resistiría las aguas del río Slid, Loki entendió que estaban envenenadas.
Se alejó de ellos.
Thor no lo recordaba, sólo le preocupaba su guerra con los demonios. El camino de vuelta a su hogar aún estaba muy lejos.
Se sentó de cara al río pero alejado de la orilla, lo bastante lejos de los draugr como para que los gritos de las huldras que quedaban y de los demonios que estaban torturando sonaran apagados. Le dolía la espalda por la larga e incómoda travesía cargando a su hijo.
Se sintió perdido.
No tenía hambre a pesar de que no había bebido ninguna de sus provisiones mientras estuvo con Harut y Marut. Había comido la carne de Bjära que seguramente ya estaba vivo y buscándolo de nuevo, había comido carne de huldra. Al rememorar eso sintió nauseas.
Vomitó lo poco que llevaba en el estómago, su última comida había sido una huldra, precisamente. Se limpió la barbilla con el dorso de la mano. Volvió a sentarse apartado de la porquería que había echado fuera. Un par de lágrimas de frustración asomaron en sus ojos carmesí. No estaba seguro de lo que debía hacer ahora. Pensó que todo mejoraría cuando alcanzara a Thor pero ahora sabía que fue absurdamente optimista con ello.
–Jötnar –dijo una voz a sus espaldas. Estaba tan cansado que había bajado la guardia, no lo había percibido acercándose. Era Thor, por supuesto. Se sentó a su lado y lo miró por un momento. –¿Lloras?
–Déjame solo.
Thor alzó una mano y le enjugó una lágrima con un dedo, se la quedó mirando fascinado.
–Nadie llora aquí.
–Claro porque todos son unos hijos de la gran puta. –Thor negó.
–Te traje algo de comer. –Loki negó, aún se sentía enfermo como para intentar digerir carne de demonio. –¿Te sientes mal? ¿Es por tu embarazo? Pensé que sólo se vomitaba al principio.
–¿Qué quieres? –Thor le tendió un trozo de carne a medio cocer, dispuesto sobre un plato, uno de verdad, ¿de dónde lo habría sacado? Lo hizo con la actitud de quien entrega una ofrenda de paz. –¿Qué es eso? ¿Huldra?
–Tu lindworm. –Ahora menos que nunca Loki deseaba comer. –Escucha, aquí no abunda la comida, nosotros no la necesitamos pero tú sí, no te pongas remilgoso pues quien sabe cuándo podrás probar algo que no sea carne de demonio.
–Aún tengo náuseas –protestó Loki y Thor se puso a probar la carne de dragón. Los draugr no necesitaban comer pero podían hacerlo si querían. Thor dejó de lado la carne con cara de que no le había gustado.
–¿Apeteces un poco de vino?
–¿Vino? –Repitió Loki. Vio que Thor agitaba una botella delante suyo. –¿Pero cómo?
–Saqueamos el campamento de los demonios hace una semana. Lo tomé de la cava de Harut y Marut. Hice que uno de mis alfh lo probase para ver que no fuera venenoso. Creo que es vino norn.
–¿Pero cómo? –Volvió a preguntar Loki agarrando la botella y destapándola para oler el contenido.
–Los demonios a veces ascienden a los nueve reinos.
–Cómo Bölthorn.
–Sí –dijo Thor aunque Loki estaba seguro de que no sabía quién era Bölthorn. Le dio un trago largo a la botella de vino. Lo hizo sentir maravillosamente revitalizado. Thor asintió complacido y le volvió a tender la carne de lindworm. Loki bufó pero la aceptó. –Larus dice que Bjära te viene siguiendo; más, no debes temer, yo te cuidaré –le fue diciendo Thor mientras Loki probaba la comida con apetito renovado. –No hay nada aquí que valga para mí excepto matar a quien mi diosa me ha pedido matar; y claro, rescatar a ese troll corto de mollera, llamado Tyr. Pero tú… tú tienes mi protección, –Loki alzó la mirada, –mientras estés aquí, te reclamo como mío.
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CONTINUARÁ…
