Hermione esperaba que la mente de Snape no estuviera maquinando planes sin incluirla, ya que ella tenía las de perder, si no podía hablar. Guardó la compostura, se imaginaba que si perdía la paciencia sin poder hablar, iba a parecer una desquiciada. Moviendo las manos como loca en medio del gran comedor.

- Espero que el profesor Snape termine con todo esto de una buena vez. Quiero celebrar antes del comienzo de las vacaciones finales.

Ginny inspiró en silencio y por la expresión de su rostro, ella sabía que el hombre estaba detrás de algo. Bueno, si Hermione no podía hablar, quizá algo se le había ocurrido. O quizá creía que ella mentía y estaba por jugarle una broma.

Las bromas se habían salido de control y tenían que detenerse. La pelirroja se puso en pie y pasó entre los estudiantes.

Quizá si advertía a Snape de que Hermione no bromeaba y que realmente estaba enferma. Tendría la oportunidad de detenerlo.

Respiró pesadamente, armándose de valor. Sabía que Snape le gritaría al escuchar lo que tenía que decir y entonces, todos se enterarían de lo que estaban conversando. El profesor era malo para guardar secretos.

Se acercó a él y carraspeó suavemente. Severus quien estaba sentado en su silla, admirando el primer plato a probar, se giró para mirarla tras él.

Albus la observó con curiosidad.

- Profesor Snape... ¿podemos hablar? Necesito decirle algo muy importante y creo que no puedo esperar.

El hombre inspiró irritado y fue entonces; cuando se puso en pie. Asintiendo. Algunos estudiantes los habían observado caminar hasta la puerta del gran comedor. Ginny esperaba no estarse equivocando y esperaba acertar. Detenerlo.

- Profesor Snape... quisiera decirle algo. Espero que no me malinterprete, pero solo quiero ayudar. Sí, Hermione me contó todo lo que ha sucedido entre usted y ella, profesor.

Aquel hombre la había observado con curiosidad. Bueno, sí. Ginny era la mejor amiga de Hermione Granger. Tenía sentido.

- Hermione se encuentra afónica, no puede hablar. Esperaba decírselo por sí misma, pero como no puede hablar... ella teme que usted trate de involucrarla en una broma de mal gusto. No estoy en contra, no quiero que crea que dudo de lo que hace pero... podría... ¿parar mientras al menos ella regresa a la normalidad?

Y eso era lo que le faltaba. Que alguien como Ginny, le sermoneara sobre cómo debía hacer las cosas y cómo no debía entrometerse con su mejor amiga.

- Por piedad, profesor Snape. ¿Podríamos darle un alto a todo esto? No quiero que ninguno de los dos se vea afectado. Incluso usted, profesor.

Claro que no. Nunca se rendía sin pelear primero. Eso había pedido él antes y nadie lo había escuchado. Por qué diantres él tenía que escuchar a los demás. Estaba actuando como un niño, ciertamente. Pero creía que se lo merecía. Merecía la revancha.

Y eso quería. Con Hermione o sin ella. Aunque la amara.

Ella lo entendería.

- Lo pensaré, señorita Weasley. Lamento no darle una respuesta acertada.

Se imaginaba que al final de cuentas; no le escucharía. Severus Snape tenía la fama de ser un poco dramático y necio cuando quería. Bueno, se trataba de uno de los profesores más ariscos que tenía aquella escuela.

Sin contar a Minerva McGonagall.

Que era un ángel en comparación con ese hombre de nariz ganchuda, que parecía sonreír a la nada y tener una mirada maliciosa entre ceja y ceja.

Lo típico.

- Lo intenté, Hermione- eso había dicho Ginny, mientras regresaba a su puesto en la mesa. Hermione había dejado caer su cabeza sobre la mesa, decepcionada. Snape era todo un imbécil y no iba a atender razones de ningún tipo.

Quería morirse.

- No sé qué trama pero no creo que sea algo bueno.

Claro que no era bueno. ¿Cuándo Snape pensaba cosas buenas? Nunca. Siempre tenía ideas retorcidas y parecía que siempre estaba a la defensiva. Lleno de deseos de venganza que nunca podía cumplir puesto que Albus y Minerva siempre estaban en su camino. Si por él fuera, utilizaría torturas medievales, en contra de los estudiantes.

Pero esta era la última vez en la cual; se quedaba sin hacer nada. Tan solo como espectador.

Y se había puesto de pie en la mesa, de la nada. Y muchos estudiantes lo miraban, curioso. Había tomado una copa y una cuchara y había hecho sonar ambas, con un tintineo.

Era el momento de morir. Hermione había ladeado la cabeza en otra dirección. ¿Alguien se fijaría si salía corriendo en dirección contraria?

Ahora que era el momento perfecto.

- ¿Sucede algo, Severus?

El hombre negó con la cabeza y él sonrió suavemente. Bueno, sucedería muy pronto. Que tuviera paciencia. Estaba listo.

- Estudiantes, necesito su atención un momento. Dejen de comer por un instante y escúchenme muy muy bien.

No. No no... por favor no.

- Tengo algo muy importante que comunicar y espero que presten mucha atención. No quiero tener que decirlo dos veces. Bueno, creo que entenderán en cuanto lo diga y no necesitarpe decirlo dos veces.