LXIX

Una fiesta como cualquier otra: risas tintineantes, invitados enjoyados, vino en copas de plata y uvas en bandejas de oro, camas con cojines de borlas y músicos tañendo sus liras con suavidad.

Meg esperó en la antesala hasta que fue llamada. En la pausa entre los pasteles y los quesos, fue avanzando con una sonrisa cálida y profesional: Meg , el ruiseñor de la élite de Brundisium.

Actuaba en fiestas en las que apenas no oía su voz entre el murmullo de la conversaciones, o en las que los hombres empezaban a silbar al ver los hombros desnudos y no escuchaban ni una nota de la música que tanto le costaba preparar.

Pero esta era la reunión educada y la escucharon atentamente mientras tocaba los primeros acordes de la lira y "comenzaba la canción de Eos". En la segunda estrofa pudo ver al fondo una figura femenina vestida de azul.

En aquel momento Meg, descubrió que Gayo le había convertido en una profesional, pues su voz no se altero lo más mínimo cuando sus ojos reconocieron a Claudia Augusta.

Su antigua domina la observaban con esos ojos que tanto recordaba.

Estaba envuelta en sedas, en su cuello lucía zafiros del tamaño de las uvas. Sus uñas pintadas se clavaron en el cojín de terciopelo un segundo, y luego recuperó su suave sonrisa.

Meg recordó muy bien esa sonrisa…

Sin saber muy bien cómo, Meg consiguió terminar la canción.

¡Maravilloso!– Exclamo Paulino, entre los aplausos de los invitados.

Mientras Meg saludaba al público.

La gente se acercó a felicitarla. Claudia se recostó en su asiento, sin apartar la vista de Meg mientras sorbía de su copa de vino.

Meg le entraron ganas de cruzar la estancia de un salto y aplastar su cara contra los mosaicos.

Calíope, creo que no te presentado a dos personas– Dijo Atia, cogiéndole del brazo y llevándole hacia un triclinio.

Te presento a Claudia Augusta y Paulino Poncio.

Meg, intento que la mano no le temblara y se la ofreció.

Una actuación muy interesante– murmuro Claudia– tu eres…

Calíope– Respondió Atia, al ver que Meg no respondía.

Ah… Calíope, ¿de donde eres?– Pregunto Claudia sin mirarle a la cara, dando un sorbo a su copa.

Pertenece a una familia noble de Atenas – Dijo Atia.

Vaya, yo hubiera jurado que venía de un barrio bajo de Grecia– Murmuro Claudia– ¿ Cuánto tiempo llevas cantando en Brundisium… Calíope?

Pues … ya casi cinco años– Le respondió Meg firmemente, Atia la miro de soslayo.

Y antes , ¿ a qué te dedicabas?

Estuve por aquí y por allá– Contesto, Meg empezó adoptar un gesto profesional– Disfrutando de la vida– Recalco.

¡Qué bien! Una pena que Brundisium no tenga anfiteatro. Aquí no puedes disfrutar de los juegos. Se comenta que te encantan los gladiadores.– Dijo Claudia con una sonrisa.

Prefiero la música que la sangre.– Dijo Meg controlando su temperamento.

Pero los juegos son tan emocionantes– Prosiguió Claudia y estiró un lánguido brazo para alcanzar un racimo de uvas.– Fíjate, la semana pasada, en el coliseo, Hercules perdió una mano ante un tracio. Todo un espectáculo ¿ Quieres uvas?

No, gracias.– Meg mantuvo la compostura.

Estaría mintiendo… seguía todas las noticias que llegaban del coliseo. Se habría enterado si Hercules hubiera perdido una mano. Tendría que asegurarse preguntando a los mozos de cuadra y a los porteadores. Esa gente siempre seguía los juegos.

Claudia mostro una sonrisa. Meg la ignoro.

Atia interrumpió, el ambiente estaba bastante tenso.

¿Paulino, vendrás a cenar mañana?

Mañana paulino no puede– Intervino Claudia, y apoyo una mano en el codo de este.– Me ha prometido llevarme a la última obra de la temporada.

Ah, ¿ si?– Preguntó Paulino, mirándola.

Si– Contestó ella, sin apartar la vista de Meg

De acuerdo. Entonces,¿ la semana que viene?, me encantaría escuchar esta hermosa voz, Calíope.

La semana que viene también está difícil– Interrumpió Claudia , y pasó un dedo por el hombro de Paulino.

Entonces, igual en la fiesta del cuartel del próximo mes– Contesto Meg.

Paulino sonrió y antes de que Claudia dijera algo más, Meg la interrumpió: – Si deseas contratarme para cantar en privado, tengo que hablar con Gayo. Es el mejor patrón de música de la ciudad, ¿ lo conoces?– Dijo esta vez mirando a Claudia– Bueno, quizá la música no es lo tuyo. El se encarga de organizar mis actuaciones. Asegúrate de reservar con tres semanas de antelación, estos días estoy muy demandada.

Siempre lo estuviste, entre cierta clase de gente…– Dijo Claudia con una sonrisa falsa.

Meg le devolvió la sonrisa y se retiraron.

¿Conoces a Calíope?– Pregunto Paulino a Claudia

No– Contestó sin más.– Es la primera vez que la veo.