Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^
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Notitas…
Bueno, bueno, bueno capítulo nuevo y aviso desde ya k es extralargo jejej. Así que tomarlo con calma. Gracias por no a ver querido acabar con mi vida al cargarme a Squall, jejej. Y como no quiero desvelar nada del capi, simplemente os dejo leer.
Espero que os guste.
A leer^^
Ariadna: Estoy loca, he acabado con Squall, ni yo me lo creo, jejej. Solo espero que hayas dejado de llorar porque tienes que estar muy atenta a los siguientes capis ee? Jejeje. Naa señorita, que mil gracias, como siempre. Espero que te guste este capi. Muakssss!
LuKuran: Jejeje, no hay que perder la esperanza, haces bien. Ya lo sé, nadie quiere que acabe pero madre mia, cuantos años llevo con esto, tengo que cerrar etapas jeje. Aun asi espero que te guste el final. Gracias por tu apoyo, Un Abrazote!
PauHardy: Jejeje, no desesperarse, por favor, que todo tiene arreglo jejej. Ya verás, ya. Pues sí, aún queda un capítulo más que será el cierre total de la historia. Solo espero que os guste. Muchas gracias por estar siempre ahí. Un Besote^^
PearlSnorlax: Squall pobreeeee, nooooo! Drama del bueno no? Jeje. Pues después del fuerte impacto de este capítulo, solo queda decir que los siguientes son relajados, relajados. Y no cuento más para no desvelar Solo espero que te guste. Un saludito^^
Oryxyro: Jejeje, no te hice llorar? Cachissss, jeje. Bueno me alegro de que te gustase el capi y ya sé que era cortito pero este y el siguiente son bastante densos, ya verás ya. Gracias como siempre por tu apoyo incondicional. Un Abrazo!
Guest: Lloraste? Lloré yo escribiéndolo, no te digo más jeje. Pues eso, todo color de rosa no podía ser.Y no cuento más para no desvelar. Solo espero que te guste. Gracias por tus reviews!
IProOmise: Que no se me muera nadie por favor, ya lo sé, me he cargado a Squall pero a no desesperarse, como no quiero desvelar nada, solo te dejo que leas. Mil gracias por estar siempre ahí. Besotes^^
CINCUENTA Y DOS
Jardín de Balamb, 19:30 h
¿Cuánto tiempo llevaba en ese estado? Ni si quiera ella lo sabía. No era consciente del tiempo, ni del espacio, porque en ese momento todo le daba igual.
Soñaba continuamente con él. La hablaba y le decía una y otra vez qué debía estar con él. Y eso es lo que Rinoa quería, volver a su lado y por eso no despertaría jamás.
Sabía que sus amigos iban a verla y a suplicarle que despertase. A menudo oía llorar a Selphie y también oía a Irvine consolarla. También escuchaba a Quistis, Zell, Asha, Seifer… ¡Oh! Seifer, ¿cómo podía echarle tanto de menos?
Pero eran todas las tardes cuando un hombre, que solía confundir con Squall, la hablaba y le decía lo mucho que la echaba de menos y que nada de esto era justo. Después se callaba y simplemente se quedaba allí por horas.
Era la voz de aquel hombre la que muchas veces la había incitado a abrir los ojos porque era igual a la del mismo Squall pero él estaba muerto, murió en aquellos malditos laboratorios.
Tras esas dudas que iban y venían, acababa enterándose de que era Laguna aquel hombre que la acompañaba durante tan largo rato. Estaba destrozado, cuando por fin había recuperado a su hijo, muere de aquella manera. Efectivamente, nada de aquello era justo.
Fue una de esas tardes, cuando una luz cegadora, la hizo moverse levemente. Seguramente soñaba con esos laboratorios, a menudo le pasaba. Aunque aquello estaba siendo levemente distinto que otras veces, era como si estuviese despierta pero eso no podía ser porque ella se había propuesto no despertar nunca.
Creyó parpadear un par de veces y fue entonces cuando vio el techo de una habitación. Con lentitud, se giró levemente y se echó un vistazo rápido. Estaba boca arriba, con sus manos a los lados del cuerpo y tapada con una fina y suave sabana.
¿Estaba despierta? no podía ser. Su mirada se desvió hacia la izquierda y enseguida, vio una ventana levemente abierta. Por ella se filtraba una suave brisa que hacía que las cortinas azules bailasen alrededor. Aun aturdida por aquella extraña sensación, oyó algo, su nombre, alguien la estaba llamando. En sus sueños, Squall la llamaba una y otra vez, ya había pasado más veces, no le daría importancia. Pero la voz insistía y de pronto, lo sintió. La pelinegra dio un bote en la cama cuando notó el tacto de una mano en la suya propia. ¿Qué estaba pasando? Nunca había sentido el tacto de nadie, no desde que cayó en ese sueño profundo.
- ¡Rinoa!
Aun asustada, consiguió enfocar su mirada borrosa y su corazón dio un vuelco. Latió tan fuete contra su pecho que creyó que se saldría. Esos ojos, no podía ser, esa cara, esas mandíbulas, su cuerpo, era él y estaba ahí.
- Squall… -consiguió decir con voz ronca y apagada-.
El hombre se quedó callado durante unos segundos y después habló.
- Soy Laguna…
Rinoa creyó desvanecerse de nuevo. Squall estaba muerto ¡muerto! ¿Cuantas veces tendría que repetírselo? De pronto Laguna despareció de allí y oyó como la puerta se cerraba tras el. La mujer giró su cabeza hacia un lado y unas lágrimas solitarias, comenzaron a resbalar por sus mejillas. ¿Por qué había despertado? ¿Porque? Se repetía una y otra vez. Sabía que el dolor de perderlo era fuerte pero jamás creyó que tanto. Apenas podía respirar, era como si una mano apretase sus pulmones contra su pecho.
Se incorporó levemente, intentando en vano recuperar ese aire, pero era inútil. Ni siquiera derramaba ya lágrimas, no tenía fuerzas ni para eso. Con cuidado se sentó en la cama y un mareo creciente, la hizo llevarse las manos a la cabeza. Se quejó por aquel estado y consiguió salir de la cama. Llevaba puesto unos pantalones cortos y una camiseta de color blanco, miró hacia la parte inferior derecha de dicha camiseta y efectivamente vio el símbolo del jardín bordado con gusto. Se miró los brazos y las piernas y comprobó que había perdido algo de peso pero no le dio más importancia.
Cuando se puso en pie, apenas pudo sostenerse sobre sus piernas pero tras un rato, consiguió andar unos pasos, hasta que llegó a la ventana. La brisa fresca acarició su rostro y aquello la reconfortó levemente. Pero enseguida, el recuerdo de Squall volvió a hacerse hueco en su mente y todo empezó de nuevo. Ese dolor interno, las ganas de querer desaparecer de la faz de la tierra, las ganas de acabar con todo en ese mismo instante.
De pronto la puerta tras ella volvió a abrirse, se sobresaltó pero no se giró, fuese quien fuese no le interesaba, solo quería estar sola.
- Rinoa…
La voz de antes, aunque su matiz era levemente distinto.
- Ahora no, Laguna…
Solo pudo decir esas palabras, su mente, aun aturdida, no daba más de sí. Oyó como el hombre se acercaba con cuidado ¿Por qué no la dejaba en paz?
- Rin… soy yo.
Rinoa tuvo que agarrarse a la ventana porque de nuevo creyó que se desmayaría allí mismo. ¿Era él? No podía ser, otra vez no. Tal vez su mente la estaba jugando una mala pasado o había perdido la cordura. Tenía que ser aquello, tan solo su imaginación jugando cruelmente con ella.
- Rinoa, mírame… por favor…
La pelinegra sintió como esa presencia estaba justo tras ella y entonces con parsimonia, se giró.
Sus ojos se abrieron de par en par cuando vio al hombre frente a ella. Aquello no podía ser solo su imaginación ¿o sí? Las lágrimas empañaron sus ojos sin remedio y las piernas dejaron de sujetarla.
- Squall… -susurró antes de desplomarse-.
En cuanto aquellos brazos la rodearon para evitar su caída, supo que era él de verdad. Lloró y cuando su cuerpo le respondió, se aferró al cuello del muchacho con fuerza.
Sintió los fuertes brazos rodearla por la cintura y arroparla y protegerla de esa manera que solo Squall podía hacer.
Squall no podía creerlo, por fin podía abrazarla de nuevo. Sintió como el cuerpo de la pelinegra temblaba a causa del llanto acusado y la abrazó aún más, intentando calmarla mientras la susurraba al oído, lo mucho que la quería y besaba su cuello. Mientras la estrechaba contra el, la notó más delgada y la culpa llegó hasta su mente ¿Cuánto habría sufrido en aquel sueño profundo?
- Rin… -llamó de nuevo intentando mirarla a la cara-.
Pero aquello estaba resultando tremendamente difícil, la pequeña mujer se aferraba a el con fuerza, así que con cuidado, la llevó hasta la cama y se sentó con ella a su lado. Seguía llorando de manera desconsolada y Squall limpiaba sus mejillas húmedas con devoción.
- Rinoa, por favor, mírame –suplicaba el joven con sus manos rodeando la cara de la chica mientras intentaba elevarla para que lo mirase-.
El llanto de la pelinegra pareció remitir algo y por fin sus ojos castaños se perdieron en ese mar azul que jamás creyó volver a ver.
- Squall… -dijo con voz entrecortada acariciando con temblor una de las mejillas del chico-.
Éste sonrió y asintió mientras posaba su mano en la de ella y besaba el dorso de esa mano.
- Estoy aquí –dijo mostrando esa sonrisa que la desarmaba por completo-.
- Pero tú… creí que estabas…
- No, Rinoa –la interrumpió-.
- Pero la explosión, ¿cómo es posible? –decía aun con su voz algo entrecortada a causa de aquel llanto que ya había cesado-.
El joven cerró los ojos por un momento y antes de explicarle que había pasado, se inclinó hacia ella y la besó. Necesitaba tanto hacerlo, que no pudo esperar más. Sintió como la pelinegra lo correspondía enseguida.
- De verdad pensé que no despertarías –comentó angustiado mientras apoyaba su frente en la de ella-.
- Creí que estabas muerto, Squall.
Besó su frente con cariño extremo y se separó de ella.
- Yo también creí que moriría allí, ¿sabes? Solo podía ver tu cara cuando Seifer te arrastró escaleras arriba. Fue horrible verte así –confesó acariciando sus labios con el dedo pulgar-. Pero aquel pasillo, resultó ser indestructible –explicó con sonrisa sarcástica, aun no se lo creía-. La fuerte explosión destruyó todas las instalaciones pero ese maldito pasillo, quedó casi entero. Estuve inconsciente durante largo rato pero cuando desperté, conseguí salir entre los escombros a la superficie. Laguna fue el primero en verme y casi se desmaya.
- Todos te dimos por muerto –dijo bajando la mirada-.
Squall la cogió de las manos.
- Cuando llegué hasta vosotros, tú ya estabas en ese estado. No pudiste verme, solo te repetía que estaba bien, que estaba contigo pero…
La pelinegra elevó la mirada de nuevo hasta él y comprobó que parecía realmente cansado y demacrado. Tenía unas enormes ojeras bajo sus preciosos ojos azules.
- Pareces tan cansado –dijo ella acariciando su cara-.
- Lo estoy, no me he separado de ti en estos días, he dormido aquí contigo todas las noches.
- Eras tu entonces el que me hablabas. Creí que era Laguna, os parecéis mucho ¿sabes?
Squall sonrió y sin decir nada más, la envolvió de nuevo con sus brazos. No quería soltarla nunca más.
- ¡Espera! –dijo de pronto deshaciendo el abrazo-, ¿Tu virus? El sintetizador…
Squall sonrió.
- Todo va bien, Rinoa. Wexford y Jenna tienen la cura. Nos la están administrando poco a poco. A mí, a Alec y a Reenna. En mi organismo apenas quedan restos.
En el rostro de Rinoa se dibujó una enorme sonrisa y de pronto, se lanzó al cuello del chico. Éste la correspondió al instante, como había echado de menos esos arranques de espontaneidad.
De pronto irrumpieron en la habitación Laguna con Kadowaki. El hombre no pudo evitarlo y se abalanzó sobre ella.
- Rinoa, que bien que hayas despertado, nos has tenido tan preocupados –dijo el hombre sin soltarla-.
- Querida ¿cómo te encuentras? –pregunto Kadowaki tomándola el pulso-.
La pelinegra sonrió a Laguna y acarició el rostro de ese hombre que se comportaba como su propio padre.
- Algo aturdida y débil, pero bien.
- Es normal, llevas varios días inconsciente. Nos tenías preocupados, jovencita –dijo dándole unas palmaditas en el hombre-. Necesito que salgáis un momento, voy a hacerle algunas pruebas, os avisaré cuando podáis verla de nuevo.
Squall y Laguna asintieron y se despidieron de ella hasta dentro de un rato.
La doctora, efectivamente le hizo una serie de pruebas pero también aprovechó para ponerla al día. Le explicó, con sumo detalle, como habían capturado a Arzhul gracias a la corazonada de Squall y que ahora, se encontraba en Esthar a espera de juicio.
Le impresionó la historia de Arzhul, más o menos sabían que quería crear un nuevo ejército con capacidades "especiales" pero no dejó de impresionarle el hecho de que llevase casi toda su vida planeando la extinción de los Seeds. No pudo evitar pensar en Jared, al final ese chico tan solo había sido un elemento más en su retorcido plan. Tal vez el único momento de cariño que había vivido, había sido en su relación con ella.
- Pues estás perfectamente –dijo sacándola de sus pensamientos-. Esta noche prefiero que estés aquí pero mañana puedes irte a casa. Eso sí, necesitas descansar, más bien todos necesitáis descansar. Todo esto ha sido de locos.
- Lo sé –dijo algo cabizbaja-.
- Bueno pero todo ha pasado –sonrió de manera afable-.
En cuanto Kadowaki abandonó la habitación, entraron por la puerta, todos los demás, tras ellos Laguna con Squall. Como no, Selphie se tiró encima de su amiga y comenzó a llorar. Rinoa no pudo reprimir una sonrisa, era tan sensible. Los demás fueron tras ella.
- No vuelvas hacer algo así, bruja -dijo Seifer besándola en la frente-. Squall parecía un maldito muerto viviente. Cualquiera diría que ya no portaba el virus –bromeó-.
- Lo siento –se disculpó con melancolía-.
Squall se acercó y le dio un apretón en los hombros para después sentarse en la cama, al lado de la chica. Estuvieron largo rato hablando, contándole como estaba todo y que la noticia estaba en todos los canales de televisión. Si, otra vez volvían a ser famosos.
Poco a poco todos fueron retirándose, ya que era algo tarde y debían dejarla descansar. El último en salir fue Seifer.
- ¡Seifer, espera! –llamó Squall-.
El chico se giró justo cuando salía por la puerta.
- Creo que no he llegado a darte las gracias –dijo Squall-.
- ¿Por? –frunció el ceño-.
- Por lo que hiciste allí abajo. Por llevarte a Rinoa, fue muy duro verla así.
- Lo sé, pero tú me lo pediste. Cuidaré de ella cuando tú me lo pidas.
Squall asintió y dejó entrever una leve sonrisa.
- Lo tuyo también fue duro ¿sabes? –dijo Seifer esta vez-.
Seifer observó la cara del comandante.
- No fue fácil dejarte allí abajo, tío. Para ninguno de nosotros. No creas que solo eres el comandante y líder del grupo, eres mucho más –confesó dándole un puñetazo cariñoso en el hombro-.
- No irás a llora ¿no? –bromeó Squall-.
Seifer soltó una carcajada.
- Solo digo que, gracias por salir con vida de ahí. Se me haría muy duro el no tener a quien vacilar todos los días.
Squall lo miró una última vez y sin pensárselo, lo abrazó. Seifer se quedó durante unos segundos quieto, pero luego reaccionó y lo correspondió. No estaban acostumbrados a esa clase de afecto por parte del comandante.
- Nos vemos, tío –dijo Seifer despidiéndose-.
Squall cerró la puerta y volvió con Rinoa que tenía una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Que! –dijo algo osco sentándose de nuevo a su lado-.
- Eso ha sido muy bonito ¿sabes?
Squall dejó escapar aire por la nariz a modo de risa.
- Creo que le estoy cogiendo cariño –bromeó-.
- ¿Crees? –dijo ella enarcando una ceja-.
- No, en serio. Sé que cuida de ti y se lo agradezco.
- Eso, señor Comandante, se llama amistad –bromeó ella-.
- Para haber despertado de un coma estás muy graciosa –dijo el chico pellizcándole un par de veces en la cintura haciéndola cosquillas-.
La chica, que era incapaz de resistir aquello, se retorció y rio sonoramente. Era tan placentero volverla a verla así. Tras aquello, decidieron cenar algo. Kadowaki le dio permiso para comer algo suave y limpio, que no la hiciese daño en el estómago y así lo hizo. Después, Rinoa lo convenció para que fuese a dormir a casa, ella estaría bien. Y no soportaría verlo dormir en esa butaca que tan incómoda parecía.
Era medio día cuando Eleone, entró en la habitación de la chica y se lanzó a sus brazos. La pelinegra, que estaba recogiendo un par de cosas para dejar la enfermería, se sorprendió.
- ¡Eleone!
- Me alegro tanto de que hayas despertado –dijo sin soltarla-.
Rinoa sonrió y acarició su espalda. Aquella mañana había despertado pronto, la verdad es que cuando abrió los ojos y observó el sol de fuera, se llenó de vida. Tenía tantas ganas de volver a casa con Squall, pero aquello debía esperar.
Kadowaki la estuvo haciendo una revisión y cuando acabó, estuvo un largo rato con Kramer y Edea, que habían ido a visitarla y a llevarle algo de ropa, que el mismo Squall les había entregado para que pudiera cambiarse. Fue el director quien le informó que el chico no podría pasarse hasta la una del mediodía más o menos.
- Estaba recogiendo mis cosas.
Eleone la cogió de las manos y se sentó con ella en la cama.
- Estaba muy preocupada, bueno todos estábamos preocupados –dijo con algo de tristeza-.
- Lo sé, lo sé pero es que…
- Fue duro, lo sabemos.
Rinoa suspiró de manera sonora.
- Lo último que recuerdo es la explosión, ahí entendí que Squall no volvería con nosotros y no pude soportarlo. Solo podía pensar en lo injusto que había sido todo, estaba tan furiosa pero la tristeza podía conmigo. La verdad que aún no me creo que este vivo –dijo con los ojos empañados-.
Eleone la escuchó y volvió a abrazarla.
- Solo quería morir, Eleone –dijo con una lagrima solitaria recorriendo el rostro-.
- No digas eso –contestó limpiándole las lágrimas-. Squall está vivo, todos estáis vivos y esta pesadilla ha terminado. Ahora debéis descansar ¿vale? –sonrió mientras le acariciaba el pelo-.
La pelinegra asintió, era tan gratificante hablar con ella. Siempre tan calmada y cariñosa. Minutos más tarde, se colaba por la puerta un Squall algo apurado. Llegaba media hora más tarde.
- Lo siento, me he retrasado –se disculpó-.
- Tranquilo, Eleone ha estado conmigo todo el rato –sonrió mientras se levantaba de la cama-. Estoy deseando volver a casa –dijo acercándose a Squall-.
Eleone se levantó también y acercándose a la pareja, besó la mejilla de Squall dispuesta a marcharse.
- Será mejor que os deje solos –dijo guiñándoles un ojo-.
- ¿No te quedas? Podemos comer juntos –dijo el chico rodeándola por los hombros-.
Eleone negó, había quedado a comer con unas amigas de Balamb que hacía tiempo que no veía. Sus visitas al pueblo pesquero eran tan escasas, que cuando venía, tenía que aprovechar el tiempo perdido.
- Pero a la tarde estoy libre. Me gustaría estar con vosotros.
- Genial, pues a la tarde hablamos.
La mujer se despidió de la pareja y la dejó que recuperasen el tiempo perdido.
Balamb, 14:10 h
Squall y Rinoa no tardaron demasiado en llegar a casa. La mujer estaba deseosa de descansar por fin en casa. Justo cuando cruzaban el portal, el Señor Peeters y su mujer salían de allí.
El matrimonio se abrazó al instante a la pelinegra quien tuve que hacer aspavientos con sus brazos para evitar ser ahogada por aquel matrimonio tan entrañable.
- ¡Rinoa, querida que bien que estés de vuelta! –exclamó la mujer-.
- Bueno los dos, nos alegramos de que todo haya salido bien. Cuando nos enteramos de lo de esos laboratorios y que habíais sido vosotros los que habían destapado su tapadera, nos asustamos. Pero ya vemos que estáis muy bien –comentó el hombre con sinceridad-.
- Gracias señor Peeters, de verdad –dijo Squall-.
- Bueno nosotros nos vamos a comer, si necesitáis algo…
- Tranquilo, todo está bien.
El matrimonio se despidió de los chicos y siguieron su camino. Rinoa comenzó a subir las escaleras que la separaban de la puerta del apartamento pero de pronto, sintió como el brazo de Squall la detenía rodeándola de la cintura y le tapaba los ojos con su mano libre.
- Tengo una sorpresa para ti –susurró en su oído mientras la cogía de las caderas-.
Un cosquilleo se hizo presente en el estómago de Rinoa. Solo quería abrazarse a él y no soltarle jamás. Squall la oyó reír mientras la guiaba por el tramo de escaleras.
- Pero ¿qué es? –preguntó intentando no tropezar-.
- Sorpresa –repitió dándola un beso en la mejilla-.
La chica volvió a reír y le oyó abrir la puerta. Con cuidado, se introdujeron dentro y la puerta se cerró tras ella.
- Me estas poniendo nerviosa, Squall –se quejó intentando destapar su ojos-.
- ¿Preparada?
- Siiiiiiiii…
Cuando la mano de Squall la dejó ver de nuevo, su vista estaba algo borrosa pero no le hizo falta más para ver a esa bola de pelo correr hacia ella.
- ¡Ángelo! –gritó arrodillándose para abrazar al animal-.
El perro ladró y lamió la cara de la chica incontables veces mientras daba vueltas sobre sí mismo para volver a ladrar.
- ¡Gracias! –dijo saltando de pronto al cuello de Squall-.
- Y a mí ¿no me dices nada?
Rinoa se soltó del amarre del chico y girándose vio a su padre en la cocina.
- ¡Papá!
El hombre asintió y Rinoa dudó, pero luego salió corriendo y se abrazó al hombre que la reconfortó.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó realmente entusiasmada-.
- Squall quería darte una sorpresa –dijo-, y bueno ayer me comunicaron que estabas consciente y me fue imposible ir a verte. Necesitaba comprobar que estabas entera.
Rinoa hizo pucheros y volvió a abrazarse a él.
- Gracias, papá.
- Venga, venga…
El hombre la dio una palmaditas en la espalda y después sintió a Ángelo entre sus piernas.
- ¿Estás contento? Ahora vas a vivir con Rinoa y Squall.
El animal ladró un par de veces sacándoles una sonrisa a todos.
Tras una breve charla, decidieron que podían comer todos juntos y así lo hicieron. Durante la comida no pudieron evitar hablar de la misión y de los laboratorios. Rinoa seguía teniendo algunas dudas de como Squall había conseguido salir con vida de allí, aun no se lo creía.
El tiempo pasó de prisa y el padre de Rinoa debía regresar.
- Rinoa, hija, cuídate ¿vale? Y no tardes tanto en venir a verme –confesó dándola a entender que la echaba de menos, más de lo que ella imaginaba-.
- Iremos a verte ¿verdad, Ángelo? –dijo acariciando la cabeza del perro que se mantenía a su lado-.
- Bien –sonrió-, ahora sé que estas en buenas manos –le habló más bajito refiriéndose a Squall que se encontraba recogiendo los últimos platos-.
- ¿Ah, sí? Seis años más tarde ¿te das cuenta?
El hombre se encogió de hombros.
- Los padres somos así.
Rinoa soltó una carcajada.
- ¡No, tu eres así!
La muchacha lo besó en la mejilla y lo abrazó una última vez. Fue Squall quien lo acompañó hasta la puerta.
- Gracias por la comida.
- No hay de que –dijo abriendo la puerta-.
- Al final va a resultar que eres un buen chico –bromeó dándole un toque en la cara-.
Squall sonrió.
- Cuídala ¿me oyes? –dijo saliendo mientras lo apuntaba con el dedo-.
- Lo haré de eso puede estar seguro.
- Lo sé, chico.
Cuando el hombre desapareció tras la puerta, Squall volvió con Rinoa y la abrazó por detrás rodeándola por la cintura.
- Por fin solos… -susurró en su oído mientras besaba aquel cuello que lo volvía loco-.
Rinoa sonrió y dándose la vuelta, lo besó con suavidad. De pronto apareció Ángelo y empezó a corretear entre las piernas de la pareja.
- Creo que alguien esta celoso –dijo Squall rompiendo el beso y mirando al animal-. Te he comprado un montón de cosas para que te sientas como en casa, así que no me mires así bola de pelo –habló con seriedad al animal-.
Rinoa no puedo evitar una carcajada. La verdad es que era muy gracioso verlo de aquella manera con Ángelo.
- Veo que os lleváis muy bien –dijo Rinoa acomodándose en el pecho de Squall-.
Ángelo los miró una última vez y ladrando un par de veces, salió de allí corriendo.
- ¿Por dónde íbamos? –susurró Squall contra los labios rosados de la chica-.
Rinoa enseguida sintió los labios de el contra los suyos y de nuevo se perdió en aquellas caricias que tanta falta le hacían. Squall la agarró de la cintura y sin dejarla de besar un solo instante, caminó con ella entre sus brazos, hasta que ambos se dejaron caer en la cama. El chico se hizo a un lado y acariciando la cara redonda de ella, la miró con intensidad, la verdad es que en ese momento, solo quería abrazarla.
- Llegué a pensar que no volvería a verte sonreír –dijo el hombre a su lado-.
- Estoy aquí –susurró ella acercándose a sus labios-.
Squall la besó con suavidad, sintiendo los labios de aquella mujer al máximo. La había echado tanto de menos.
- ¿Porque de repente todo parece perfecto? –dijo ella rompiendo el beso y acomodándose contra su pecho para quedar cara a cara con el-.
- ¿Porque hemos acabado con una malditos laboratorios y hemos salido ilesos?
Rinoa rio.
- Gracias por traer a mi padre y a Ángelo –susurró rozando los labios del chico mientras acariciaba el brazo que reposaba en la cintura de ella-.
- De nada, además te prometí traer a Ángelo cuando todo acabase.
- Lo sé –sonrió agradecida-.
Rinoa lo miró durante unos instantes y acariciando el suave pelo, descendió por su cuadrada mandíbula.
- ¿Y tú cómo estás?
- Estoy bien. Jenna dice que me administrarán la cura un par de días más y estaré limpio.
- Eso es genial –volvió a besarlo-.
- La semana que viene dicen que Alec y Reena podrán tener visitas. ¿Quieres que vayamos? Yo… necesito verle –dijo con algo de tristeza en la mirada-.
Rinoa acarició su rostro y se pegó más a él.
- ¡Claro! Yo también quiero verles.
- Y después nos iremos de vacaciones, tu y yo solos –dijo besándola-.
De pronto oyeron ladrar a Ángelo que se encontraba al pie de la cama.
- Vale bola de pelo, tú también vendrás.
La pareja se echó a reír al ver la reacción de Ángelo que dio un par de vueltas sobre sí mismo y salió corriendo mientras ladraba.
Disfrutaron de la compañía mutua, necesitaban aquellas horas ellos dos solos, más que nunca.
Rinoa no pudo evitar quedarse dormida, aún estaba algo cansada, así que Squall se acomodó y se abrazó a ella. No llegó a dormirse pero el solo hecho de estar a su lado, le era suficiente. Tras aquel momento de relax, decidieron dar una vuelta con Ángelo y después quedarían con Eleone y los demás en el Crush. Zell les había comentado que Asha se moría de ganas de ver a Rinoa, había estado fuera de la ciudad con sus padres por un tema del bar y no había podido ir a verla, así que les suplicó a todos que esa tarde se reuniesen allí.
Y así lo hicieron, cuando todos se encontraron, no pudieron evitar una sonrisa. ¿Realmente todo había terminado? Aun les parecía increíble que estuviesen allí, todos juntos, simplemente disfrutando del ambiente. Ni planes que llevar a cabo, ni enemigos a la vista, ni virus mortales…nada.
Todo había acabado, por fin.
Una semana más tarde…
Esthar, 11:15 h
Eran varios los días que habían pasado desde que todo terminase y poco a poco, todo volvía a la normalidad. Eran mediados de Agosto y el jardín estaba más tranquilo que nunca. La noticia de los laboratorios iba olvidándose, los Seeds ya no eran el centro de atención y el jardín tampoco. Kramer, como bien les había prometido, había dado a los muchachos esos días libres que tanto necesitaban. Hasta que las clases no comenzasen en Septiembre, no volverían a ejercer, acaso de que algo muy puntual ocurriese.
Fue aquel sábado de Agosto cuando Squall y Rinoa habían decidido ir a Esthar. Laguna enseguida fue a recogerlos y los llevó a su casa. Estuvieron un rato con él y Eleone, que también andaba por allí y después, fue el mismo presidente quien les acompañó a las instalaciones donde Alec y Reena se encontraban. Ambos chicos se encontraban en perfecto estado, de aquellas horribles mutaciones no quedaba nada y el virus se estaba eliminando de su organismo satisfactoriamente.
Primero fueron a ver a Reena quien no esperaba la visita y no pudo evitar derramar alguna lágrima. Agradecía tanto la vistita que no sabía que decir. Rinoa tuvo la oportunidad de conocer a su familia, que resultó ser tan abierta y simpática como ella. Pasaron un rato con ella y después fueron a la habitación de Alec.
Squall dudó cuando su mano se posó en el pomo de la puerta. No tenía ni idea de que le iba a decir.
- ¿Quieres que te deje solo? –dijo Rinoa que vio el estado del chico y supo que era algo que quería hace solo-.
- ¿Te importa?
- No claro, vendré en un rato.
- Gracias –dijo besándola-.
Cuando el muchacho entró en la habitación se encontró con un Alec algo más delgado. Se encontraba sentado en el borde de la cama leyendo una revista. Su pelo había crecido y parecía estar en baja forma pero parecía realmente recuperado.
- Alec… -pronunció Squall cerrando la puerta-.
El chico levantó la vista y pasó un rato hasta que reaccionó.
- …Squall…
Éste sonrió. El muchacho se levantó de la cama y se abrazó a su comandante sin pensarlo. Squall se quedó quieto pero después correspondió aquel abrazo.
- No puedo creerlo… -dijo Squall separándose de él y cogiendo la cara con sus manos-. Cada noche me despertaba y pensaba en vosotros, no soportaba el haberos perdido pero tu…
- Gracias, Squall, gracias de verdad –dijo volviéndose a abrazar a el-. Mi familia esta tremendamente agradecida contigo y los demás. Me lo han contado todo.
Los chicos decidieron tomar asiento en la cama y charlar un rato, verle de nuevo era un verdadero milagro.
- ¿Qué recuerdas? –preguntó Squall-.
- Mi último recuerdo claro es estar corriendo detrás de ti. Me decías que corriese más porque algo nos seguía. Después de eso todo está muy borroso.
El chico cayó y bajó la mirada.
- Sé que me inyectaron ese virus. Recuerdo vagamente a esos tipos y también te recuerdo a ti, Squall.
De pronto clavó su mirada en la de su comandante.
- Perdóname, no era yo. Un instinto primario me poseía. Pero cuando te vi por primera vez en el jardín… algo pasó. Te recordaba, un sentimiento extraño empezó a abrirse paso entre tanta confusión y después Rinoa. Soñaba con ella continuamente, sentía una extraña conexión con ella y contigo, como si necesitase estar cerca de vosotros continuamente pero cuando os tenía cerca solo podía atacaros, lo siento –dijo bajando la cabeza algo abatido-
Squall le dio un apretón en el hombro para darle a entender que todo estaba bien.
- Aquí me han explicado que el virus tenía sangre de Rinoa y con los poderes de bruja y la mezcla de nuestro ADN, hizo que algunos recuerdos despertasen en mí, no sé todo es muy confuso. Mi último recuerdo es ese bosque y Rinoa frente a mí, no podía controlarme –dijo en voz baja recordando aquellos momentos-. Ella está bien ¿verdad? No la hice nada –preguntó algo apurado-.
Squall sonrió para tranquilizarlo.
- Está perfectamente, todos estamos bien Alec. Tu solo recupérate ¿vale? Te he echado de menos –dijo Squall dándole un toque en la cara-.
El joven asintió de manera enérgica y después se quedó algo pensativa. A su mente aun le costaba asimilar aquella situación.
- ¡Joder! –soltó aire de forma sarcástica-. Esto es de locos, mi novia aún no se lo cree.
Squall sonrió, sabía muy bien de lo que hablaba.
- Viniste a por mí, sin estar seguro siquiera si era yo. ¿Sabes lo que has hecho por mí, tío?
- No podía dejarte así.
- Pero…
- Me daba igual Alec, tan solo ese presentimiento de que podías ser tú, me servía para seguir adelante. Debía intentarlo, soy tu comandante ¿en serio pensabas que te dejaría en ese estado?
Alec sonrió ampliamente.
- Te debo la vida.
Squall negó con la cabeza.
- Estebáis a mi cargo. Mi deber era protegeros.
De pronto unos nudillos en la puerta llamó la atención de ambos. Por la puerta se coló Rinoa. Alec, al verla, sintió esa especia de conexión, el recuerdo de ella aun perduraba en el joven así que sin vacilar, se levantó y la abrazó.
- Rinoa, siento si…
- No pasa nada –sonrió la muchacha-. Te hemos recuperado eso es lo importante –dijo acariciando su mejilla-.
La verdad es que es cierto que le recordaba algo a Squall cuando éste era tan solo un adolescente.
Estuvieron un rato más charlando con él y después con la familia y su novia, que parecía la mujer más feliz del universo. Rinoa no pudo evitar una sonrisa al verla, la entendía perfectamente. ¿Cómo no sentirse en una nube cuando de pronto recuperas a esa persona tan importante? No todo los días tu novio vuelve de la muerte.
El tiempo pasó de prisa pero la pareja debía volver. Dentro de unos días Reena y Alec volverían a Balamb y todos podrían recuperar el tiempo perdido.
Laguna y Eleone pasaron a recogerlos por el hospital y tras pasar otro rato más con ellos y despedirse, volvieron a Balamb.
Balamb, 22:00 h
Squall y Rinoa salieron con Ángelo a la calle y las voces de Selphie y los demás podían escucharse desde allí. El chico miró a Rinoa y puso los ojos en blanco.
- ¿En serio? Tengo una reputación que mantener aquí ¿sabes? –bromeó Squall sabiendo lo escandaloso de sus amigos-.
La pelinegra se echó a reír.
- Ya sabes como son. ¿Vamos? –dijo agarrando la mano de Squall y tirando de el-.
El joven se encogió de hombros y la siguió.
Hace un par de días habían decidido celebrar una cena en la playa todos juntos. Tras esos días de locura que habían pasado poco a poco, necesitaban volver a la normalidad y ¿qué mejor manera que pasar un sábado como dios manda? Después de cenar irían al Crush a seguir la noche. A Asha le había encantado la idea, por fin un día que pasaría al otro lado de la barra.
Cuando llegaron a ese lugar de la playa acondicionado con varias mesas de madera, vieron que Selphie junto con Irvine y Asha, estaban preparando la mesa.
Había algún grupo más de amigos haciendo lo mismo que ellos. Squall sabía que en verano era muy habitual el ver a gente joven por la zona los sábados.
La verdad es que la primera impresión fue la de que había comida para un regimiento, por no hablar de la bebida.
- ¿En serio nos vamos a beber todo eso? –dijo Squall llegando junto a Seifer y señalando las botellas que había junto a la mesa-.
- Bueno más vale que sobre que no que falte –dijo el chico-.
- Que sobre dice… -dijo Quistis pasando por al lado de él y mirándolo-.
- ¿Por qué me miras a mí? –se quejó Seifer-.
- ¡Oh, por nada! Creo que contigo nunca sobra bebida –bromeó sacándole la lengua-.
De pronto llegó Ángelo ladrando como un loco y meneando la cola mientras se colaba entre las piernas de todos.
- ¿Qué pasa chucho guapo? –dijo Irvine agachándose y acariciándole la cabeza-.
Ángelo volvió a ladrar y salió corriendo por toda la arena.
- Parece realmente contento de volver con su dueña ¿no? –dijo el vaquero acercándose a Squall y Seifer-.
- Ya lo creo –contestó Squall-. Sabía que Rinoa lo echaba mucho de menos y bueno, pensé que sería divertido tenerlo en casa.
Irvine enarcó una ceja.
- ¿Has bebido? –bromeó-.
Squall mostró una media sonrisa.
- Me estoy ablandando ¿no?
- ¡MUCHO! –dijeron al unísono Seifer e Irvine-.
Selphie apareció de pronto y repartiéndoles unos vasos de plástico, les dijo que se acercasen, debían hacer ese primer brindis.
Todos se reunieron alrededor de la mesa y cruzaron miradas. En ese momento la voz calmada y suave de Squall, se dejó escuchar.
- Bueno chicos, sabéis que no soy muy bueno con estas cosas pero necesito deciros algo. Desde que llegué de nuevo al jardín, hace unos meses, me he dado cuenta de que… bueno… de que sois muy importantes para mí. Ya no solo a nivel profesional, que creo que somos los mejores.
Todos sonrieron, no solo lo decía el, sino que todos los medios de comunicación y demás jardines, opinaban lo mismo. Eran realmente los mejores Seeds.
- Me he dado cuenta de lo mal que lo pasasteis en mi ausencia. Ya sabéis que no creía mucho en estas cosas pero ahora… siento que formáis parte de mí y de mi vida.
- ¡Oooooh, Squall eso es muy bonito! –dijo de pronto Selphie elevando la voz-.
- ¡Realmente bonito! –la siguió Quistis-.
Todos volvieron a reír. Squall bajó la cabeza al parecer algo avergonzado pero siguió, necesitaba tanto sincerarse con ellos después de todo lo que habían pasado, que le importaba bien poco aquella reputación de taciturno.
- Vale, vale, lo que quiero decir es que me gustaría teneros siempre a mi lado.
Los chicos aplaudieron y silbaron las palabras de su comandante y amigo.
- ¡Y a nosotros estar contigo, tío! –dijo Zell dándole una palmadita en la espalda-.
- ¿En serio ese virus no te ha dejado secuelas? –bromeó Seifer acercándose a él y examinando su cara-.
Squall sonrió, en ese momento todo le daba igual. El tan solo estar juntos y verles contentos y a salvo, le servía.
- Bien pues brindemos entonces ¿no? –comentó Seifer agarrando a Squall de los hombros-. ¡POR QUE SIGAMOS SIEMPRE JUNTOS!
Todos levantaron sus vasos y brindaron. El haber escapado con vida de aquellos laboratorios había sido un verdadero milagro por no hablar de que habían conseguido deshacerse de ese maldito virus mortal.
Ahora todos estaban a salvo y ellos, juntos para siempre.
Oooooooohhhh! ¿Bonito no? Bueno comentar que habrá un último capítulo, un tanto especial que espero que os guste. No creo que tarde demasiado en colgarlo porque tengo bastante escrito. Así que preparaos para el final de verdad.
Gracias por seguir ahí a TOD S!
Hasta la próxima ^^
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