Celos y Tristezas
Septiembre huyó junto con el tiempo, al finalizar el verano del año 1918 un atmósfera diferente se sentía en el ambiente, las vidas de muchas personas habían cambiado de una forma u otra.
A finales de agosto Terry había renunciado a seguir en el grupo de teatro Stradford, casi en seguida se había puesto en contacto con Montgomery Palace, o mejor dicho con Monty, aquel hombrecillo desesperante quien tanto lo irritaba y que no dejaba de sonreír. La noticia lo había puesto aún más feliz que antes y Terry había tendido que soportar su presencia durante varias semanas en la cuales se habían hecho los preparativos para que Terry se trasladara a California.
Terry estaba renuente a decírselo a mucha gente, sin embargo sabía que tarde o temprano tenía que afrontar a su madre, así que tuvo que ir a darle la noticia, no obstante cuando llegó a su casa, por la cara que había hecho al verlo dedujo que ella estaba ya enterada, desde el momento que había puesto el pie en la acera donde estaba ubicada la mansión Baker la había visto por la ventana luciendo algo disgustada, en su parte la comprendía; para Eleanor, New York, Broadway, sus calles amplias y sus marquesinas, eran toda su vida, era una mujer que había renunciado a tener una vida normal para poder vivir allí y seguir con su sueño, su tipo de vida era la de una artista, con sus altibajos y los aduladores que se mantenían cerca de los que triunfaban para poder conseguir migajas del éxito de los mismos. Si, Terry la comprendía, la comprendía tanto que no hacía mucho tiempo había renunciado al amor, a la única oportunidad que había tenido de ser feliz con tal de perseguir ese mismo sueño, ese mismo tipo de vida… Y pensaba que en ese momento su madre tenía que empezar a comprenderlo a él, ya que la idea de que su hijo se fuera a mudar a Hollywood la había puesto de mal humor, y cuando había tratado de disuadir al muchacho él se había mostrado áspero y no había cedido ni un ápice en la decisión que ya había tomado, ya fuera para bien o para mal ya estaba tomada.
Por su parte Sabrina, había pasado esas últimas semanas al borde del colapso, sentía que odiaba a Terry, a ese Terry que escapaba de todo, y que cobardemente la estaba dejando en manos o mejor dicho en las fauces de esos leones que no dormían, ya que aún continuaba sumida en medio de reporteros y de un rumor que parecía no apagarse con nada. Por el contrario los rumores se acrecentaban cuando se habían enterado de la partida de Terry habían culpado a la muchacha, "un amor no correspondido lo ha llevado a buscar nuevos aires" había mencionado uno de los principales periódicos de chismes, ese día Sabrina había llegado al límite y después de haberse olvidado de la gran dignidad que había mantenido hasta el momento, había salido a gritarles que la dejaran en paz…
Después de ese arranque de nervios, que por supuesto había tenido el efecto contrario a lo que ella había deseado, Sabrina había pasado los primeros días de septiembre esperando… deseando huir, cuando finalmente había llegado una pequeña luz de esperanza.
Allen había traspasado la férrea barrera de reporteros en medio de mil preguntas que de su parte no habían obtenido la más simple respuesta. "¿Quién es usted?" "¿de donde la conoce?" "¿sabe si mandará a su hijo a vivir con sus abuelos?" "¿Es usted el padre del niño?" "¿Es cierto que el hijo de ella es hijo de Terruce Grandchester?" "¿Es usted el tercero en discordia?"
Las preguntas lo habían abrumado, los reporteros se habían ido encima del pobre muchacho… "el tercero en que…" pensó al momento de quitarse de encima al último reportero que se había aferrado a su levita.
Allen, se había mostrado compasivo con Sabrina, nunca le había parecido ella tan frágil como en ese momento, ella que acostumbraba mirar sobre el hombro a todos, quien en su grácil figura demostraba la dignidad de un apellido ancestral y quien había soportado las fuertes críticas por haberse casado con un simple soldado, parecía deshecha, parecía desesperada. Allen no podía reprocharle del todo su actitud sabía perfectamente que estar prácticamente cautivo en su propia casa no era la mejor manera de subirle el ánimo a nadie.
- Entonces ¿me crees? – le preguntó Sabrina después de le había explicado durante más de media hora todos los chismes que habían surgido y continuaban surgiendo en los periódicos y revistas del corazón.
- Sabrina – le había contestado él mirándola con bondad - ¿Por qué crees que daría crédito a esa gente? Se que entre ese actor, Grunchester y tú no hay nada…
- Es Grandchester, pero tienes razón no hay nada…
- Si no hay nada – le había dicho bromeando – no debe de molestarte que lo llame Grunchester…
- Llámalo como quieras – le había respondido al tiempo que le daba un beso…
- Ahora si me has dejado sin dudas…
El buen carácter del muchacho había reducido su aflicción, pero seguía molestándole la falta de criterio de los reporteros y como eran capaces de venderse por unos cuantos dólares… su serenidad aunque no completamente recuperada, había regresado a ella. En esos días salía de su casa con dignidad y fingía no ver a los reporteros cuando se dirigía a los ensayos.
Mientras tanto en Chicago, Patty siguiendo el consejo que sabiamente le hubiera dado su abuela meses atrás, la habían hecho seguir sus estudios, con la valiosa ayuda que le habían otorgado de parte del "The Chicago Women's club" cuya presidenta había logrado conseguirle una plaza en Illinois University, así Patty superando gran parte de su timidez y de las dolorosas experiencias a las cuales había sido sometida, se le miraba feliz cuando cargaba media docena de pesados libros, aunque todavía no estaba segura de cual sería la carrera que estudiaría, los cursos de regularización eran como una inyección de vida para ella.
Esa tarde estival, donde el clima empezaba a cambiar para pasar a formar parte del otoño, Candy observaba hacía la calle desde el enorme ventanal que estaba en su oficina de la Institución, había pasado días sola en la oficina que ahora le parecía más grande que nada… se había acostumbrado a la presencia de Patty y el no tenerla allí hacía que los días transcurrieran más lentos.
Ese día en particular, había sido de los más pesados, las cartas se habían acumulado en el escritorio y no tenía ganas de leerlas, sabía que en todas y cada una de ellas aparecería una petición y teniendo la cabeza tan aturdida por el arduo trabajo no podría darles la importancia que merecían, así que mirando hacía la calle pasaban los pocos minutos que le quedaban a esa tarde de trabajo…
- ¿Cuánto por tus pensamientos? – oyó que alguien le decía.
Candy volteó su cara y se encontró con la cara sonriente de Albert.
- ¡Albert! ¡Qué alegría!
Albert sonrió complacido y Candy se acercó a él para darle un beso. Gesto que el muchacho no despreció. En ese momento alguien tocó a la puerta.
- Creo que será mejor salir de aquí, de otra manera no me dejaran tranquila – dijo Candy después de dar un largo suspiro.
- ¿Agobiada por el trabajo?
- Un poco…
- Lo que te sucede es que extrañas a Patty ¿verdad?
Candy no pudo evitar sonreír, Albert la conocía muy bien…
- Te mentiría si digo que no… pero no se… tengo un sentimiento de abandono…
- Creo que es porque todos se han ido de la casa, solo Donella permanece allí…
- Si pero no para de hablar de Roy… creo que esos dos se acabaran casando…
- ¿Acaso te molesta que solo hable de su novio? – inquirió Albert con un dejo de mordacidad.
- ¿Por qué habría de molestarme?
- No lo se… siento envidia de él ¿sabes?
- ¡Vaya! ¿Por qué habrías de sentir envidia por Roy?
- Bueno – dijo encogiéndose de hombros – creo que me gustaría mucho que mi novia hablara de mi todo el tiempo…
- ¡Oh! ¿crees que no hablo mucho de ti?
- No lo se… dime tú, ¿es así?
- Muchas veces uno no necesita hablar para demostrar cuanto ama…
Sus ojos resplandecieron, y un ligero rubor cubrió sus mejillas… Albert no resistió más y la besó apasionadamente, mientras lo hacía el mensajero abrió la puerta, miró a la pareja que se besaba, un poco azorado trató de salir rápidamente pero un paquete que traía en los brazos se le cayó, y el paquete al golpear el piso hizo mucho ruido.
Candy y Albert voltearon y vieron la cara avergonzada del pobre muchacho. Candy se sonrojó un poco y se aproximó a donde estaba el joven para recibir los paquetes.
- Llamé y yo pensé… Algo le pasó – balbuceaba el muchacho…
- No te preocupes – mencionó Candy.
Albert sonreía divertido ante la escena. Esperó a que Candy dejara los paquetes sobre su escritorio, y que tomara su bolsa para salir de allí.
- Ya deja de reírte – le amonestó Candy cuando cruzaron la puerta que daba a la calle.
- Lo siento, es que… te ves hermosa cuando estas apenada.
- Te imaginas al pobre muchacho…
- Ya pasó, no tienes de que preocuparte…
En ese instante, una fuerte ráfaga de viento se dejó sentir y Candy se estremeció.
- ¿Y tu chaqueta?
- No la traje hoy, no pensé que fuera a hacer frío…
- Candy, estamos a más de la mitad de Octubre, claro que ya empieza a enfriar… toma ponte mi saco – dijo Albert al tiempo que se quitaba su saco.
- Pero y tú…
- Yo estoy bien…
- Gracias – mencionó Candy
Los comenzaron a caminar por la acera, dirigiéndose a la mansión Andley…
- ¿Y Dean? – preguntó Candy
- Le dije que se fuera que nosotros caminaríamos.
- Me parece bien – observó Candy con alegría.
Ella siempre gozaba de esas caminatas, podría decirse que era el momento en que ambos aprovechaban para estar juntos y solos, porque una vez dentro de la mansión Andley les resultaba prácticamente imposible. Candy se recargó en el pecho de Albert y él instintivamente la abrazó. La tía Elroy le había amonestado por caminar de esa manera por la calle, pero Albert no había podido hacer entender a su tía que para él era inevitable abrazar a Candy, era una necesidad para él tenerla cerca, y no veía nada reprochable en eso, sin embargo la anciana últimamente lo reprendía por cada cosa que hacía. Sabía perfectamente que en parte era por lo molesta que aún continuaba por haberle dado su consentimiento a Archie para que se casara con Sherly, y quizá su tía había pensado que era algo que no sucedería, pero hacía ya más de un mes que había tenido que ir a pedir la mano de la muchacha. Y desde entonces su temperamento había florecido y criticaba cada uno de sus movimientos.
Albert había aprendido a lo largo de la vida a ser paciente con ella, sabía que en algún momento tendría que dejar de actuar de esa manera, Archie había decidido y él, solo había apoyado la decisión de su sobrino. Y por su parte seguía preocupado. Sabía que Archie seguía negándose a ir a visitar a sus padres, y no podía obligarlo a hacer semejante viaje.
Si, las preocupaciones de Albert no disminuían con el paso del tiempo, cada vez sentía más pesado el ser cabeza de la familia, por eso estar al lado de Candy lo hacía sentirse siempre bien.
En esas largas caminatas se sentía de regreso a cuando estaban viviendo en aquel departamento, esa temporada que habían pasado juntos era uno de los recuerdos más felices del muchacho. Si bien era cierto que en ese entonces no recordaba quien era, su memoria se había ido junto con todas esas preocupaciones que ahora calaban en su persona. Y por lo tanto había sido la época en que más libre se había sentido.
Y aunque en ese preciso momento tuviera mil preocupaciones la sola presencia de Candy lo hacía sentirse tan libre como en ese tiempo. Estando con ella no tenía que fingir, no tenía que pretender, no tenía que decidir; estando con Candy todo estaba dicho, y ya no tenía que ocultar sus sentimientos, ya no tenía que callar nada con ella. Y ese sentimiento de libertad se unía al amor que sentía por ella.
Por su lado Candy al tener recargada su cabeza en el pecho del muchacho sentía el palpitar de su corazón, esos latidos acompasados la hacían sentirse bien, en parte era un sentimiento de seguridad que nunca había sentido en su vida, siempre había tenido esa sensación de que todo lo bueno que tenía en algún momento acabaría, y no sabía con precisión porque estando con Albert ese sentimiento se desvanecía por completo, quizá por el hecho que desde que era muy chica la presencia de Albert había sido continua, porque cada vez que lo había necesitado había estado a su lado, le hacía sentir que pasara lo que pasara, Albert siempre estaría allí para ella, pero además de eso estaba otra impresión, igualmente nueva, era un sentido de pertenencia. Al haberse criado como huérfana nunca había podido sentirse parte de una familia, había carecido de todo lo material, por lo que en su vida había sentido algo como suyo, pero estar con él le hacía sentir que le pertenecía, que ella y él, eran el uno para el otro…
Candy al pensar eso se sonrojaba, ¿acaso no era irracional pensar eso? No, no sabía a ciencia cierto porque pensaba de esa manera, pero era un sentimiento que le llenaba su ser cada vez que estaba con Albert.
Lamentablemente ese sentimiento se vio cortado cuando llegaron a la entrada de la mansión Andley. Esa imponente mansión parecía tener algún tipo de sortilegio que solía romper la atmósfera más romántica, o tal vez no era la mansión sino la Tía Elroy que acababa de asomarse por la ventana, Candy no dudaba que hubiera estado al pendiente de la llegada de Albert. El muchacho al verla instintivamente retiró su brazo de los hombros de Candy e irguió su cabeza haciendo una mueca de disgusto.
En cuanto atravesaron el umbral del recibidor la anciana se les acercó. Y les dio a cada uno algo que parecía una carta.
- Espero que te guste – dijo en un tono desafiante.
Candy se apresuró a ver de que se trataba, cuando la miró por segunda vez se percató de que no se trataba de ninguna carta, era una invitación.
- Ya había hablado de esto con usted – mencionó enojado Albert
- Y yo también había dicho que no me parecía la decisión que habían tomado.
Albert respiró profundamente, se le veía enojado, pero trataba de conservar la calma.
- No va a hacer ninguna fiesta.
- Todos hacen fiestas de compromiso, no puedo permitir que no la hagan.
Candy seguía leyendo la invitación y se dio cuenta de que era la invitación de la fiesta de compromiso de Archie y Sherly.
- William, ya esta hecho y no lo estoy poniendo a discusión.
- Para que me pidió mi opinión hace unos días, si de todas maneras iba a hacer lo contrario a lo que yo le dijera.
- Solo quería saber si lo tenían considerado – añadió la mujer – porque era algo que se tenía que hacer, al saber que no era así decidí ahorrarles la organización de la fiesta, esta se realizará este domingo, así que espero que organices tu agenda para ese día.
Y sin admitir una replica más, la anciana subió las amplias escaleras alzando la cabeza con mucha dignidad.
- No puedo creerlo – exclamó en un arrebato Albert
- Albert – susurró Candy
- Archie se va a enojar muchísimo – se apresuró a decir mientras la miraba a los ojos.
- Deberías hablar con él – dijo ella.
- El no quería, en serio se lo dije, pero a veces hace las cosas aunque yo me oponga… creo que hay cosas que he hecho últimamente que no le agradan mucho…
El muchacho se miraba muy enojado, y Candy se limitó a sonreír, cosa que sorprendió mucho a Albert
- Es solo una fiesta… no hará daño a nadie ¿verdad?
- Pero a ti no te gustan las fiestas, yo jamás te pediría hacer algo así.
- Y no lo has hecho… se que lo último que harías sería hacer algo para incomodarme. Pero Archie es muy diferente a mi…
- Quizás pero… Sherly…
- Si Sherly realmente quiere a Archie lo hará. Yo como bien sabes el trato con el círculo al que pertenecen los Andley nunca ha sido algo de mi agrado, pero soy capaz de soportar todo eso con tal de estar a tu lado…
- Candy – mustió el muchacho.
- Así que creo que Sherly hará otro tanto – dijo al tiempo que sonreía.
Al día siguiente Candy supo hasta donde era el alcance de la tía Elroy, al abrir el periódico en cuanto se había levantado una foto de Sherly y Archie junto con la noticia de la boda y de la fiesta de compromiso. Y junto a ella más de la mitad de Chicago la habían leído. Albert se había tenido que comunicar con Archie al respecto, el muchacho al enterarse se había enojado aún más. Y había jurado que no asistiría a ese evento fuera o no en su honor.
Esa tarde la tía Elroy había mandado a Elsie a que acompañará a la muchacha a recoger los vestidos que ella le había escogido para los eventos que se generarían por la fiesta. Candy al enterarse de eso había acudido a verla, sabía que algo así lastimaría el orgullo de Sherly así que utilizando palabras bondadosas la había convencido de que tomará el gesto de la tía Elroy de la mejor manera posible.
Albert por su parte, también había recibido innumerables llamadas de parte de sus conocidos y amigos, la noticia del compromiso de Archie les había tomado por sorpresa, a su vez continuaba muy enojado con su tía para poder disfrutar de todos los preparativos, no era que le molestara el hecho en si de la fiesta sino que su tía seguía haciendo lo que deseaba a pesar de que él se opusiera ¿cuántas veces tendría que soportar esa misma situación? George trataba de calmar los ánimos, pero la situación con la tía Elroy no iba muy bien desde que había apoyado a Archie en su decisión de casarse con Sherly. Así que esa fiesta le molestaba aún más porque sabía que en realidad no apoyaba que los muchachos se casaran.
- William, enojarte con ella no va a resolver nada. – le aconsejaba George
- No enojarme tampoco… - le había respondido.
- Ella cree que las cosas deben de hacerse de cierta manera
- Si, bueno entonces porque estaba tan enojada cuando le avisamos del compromiso de Archie. – apuntó con mordacidad el muchacho.
- Sabes exactamente lo que ella piensa de esa situación…
- Es que no es lo que es correcto, siempre ha de hacerse lo que ella quiere y aprueba…
- Pensé que estarías feliz de que hiciera esta fiesta…
- ¿Qué quieres decir? – preguntó frunciendo el entrecejo.
George respiró profundamente y se sentó en uno de los mullidos sillones.
- La señora Andley es una persona que se preocupa por el bienestar de los Andley.-
- No todo son las apariencias – señaló sabiamente Albert – Se preocupa más por una estúpida fiesta que por reconciliarse con Archie y en verdad aceptar a su prometida…
- Ellos…
- Ellos siguen peleando – le interrumpió Albert - ¿sabías que Archie estuvo aquí la semana pasada y no llegó a dormir a la mansión?
- Si, estaba enterado de eso, se hospedó en el hotel de los Andley.
- Entonces no quiero que me digas que lo que hace es lo correcto…
- Es solo una fiesta – le dijo George.
- ¿Qué se supone que debo hacer? Aceptarlo, y darle gusto como siempre… esta acostumbrada a que se haga lo que desea
- Ella llevó las riendas de la familia durante años.
- Si, se empeña en hacérmelo recordar…
- No es una labor sencilla…
- A veces creo que no quiere dejar de hacerlo…
- Sabes bien que por su salud no es conveniente…
- Ojalá viviera para siempre – dijo con nostalgia.
- William, las cosas no siempre van a ser fáciles, pero se que estas preparado para esto, ella lo sabe y eventualmente tendrá que acostumbrarse que ahora eres tú quien esta a cargo de la familia.
Albert se recargó en el respaldo de su sillón y después miró hacía afuera donde el día era tentador para disfrutarlo, pero segundos después regresó su mirada al escritorio donde había varios contratos que tenía que revisar para tomar decisiones. Una gran cantidad de trabajos de personas que mantenían familias con ellos dependían de su decisión y de la firma que tenía que poner sobre esos documentos.
- Mandé llamar a sus otros sobrinos para que estén presentes en la fiesta… y también volví a hablar con Archie… creo que si vendrá
- Esta bien – dijo Albert – solo espero que en realidad venga
- Yo creo que lo hará, la fiesta es en su honor, no faltaría por más enojado que este con su tía.
- Eso espero… porque en verdad se escuchaba como si odiaría a la tía…
- El no odia la señora Andley, es un buen muchacho, está enojado pero ya se le pasará…
Mientras tanto en el dormitorio donde se hospedaban los jóvenes Andley todos comentaban sobre la fiesta.
- ¿Vas a ir? – preguntaba Logan a Archie quien estaba enfuruñado en su cama.
- No lo se…
- No seas tonto – le amonestó Allen – sería una tontería que no fueras…
- ¿Temes que la tía Elroy te haga una escena? – preguntó Anthony dejando el libro que leía sobre su mesa de noche.
- No, no es eso… ¿sabes? Ni siquiera estoy tan enojado con ella… digo finalmente accedió a que me casará con Sherly, porque hacer la fiesta de compromiso indica que finalmente la acepto…
- ¿Entonces? – preguntó Allen
- Pues que Sherly no esta acostumbrada a esto… de hecho tuve que hablar con ella, se encuentra algo disgustada… sin embargo le tuve que decir que yo había estado de acuerdo con la tía y que rehusarse a asistir sería la peor ofensa que le podría hacer…
- Eres increíble – le dijo con Sorna Anthony – dices que estas enojado con la tía y aún así la cubres y la defiendes ante Sherly.
- Creo que es por eso que dicen que la sangre pesa más que el agua ¿No? – respondió Archie
- Entonces ¿Por qué no te ves contento? Es decir, si ya estas de acuerdo y obviamente en camino a perdonar a la tía…
- Pues la verdad, como que todo este asunto me puso a pensar.
- ¿A pensar? – preguntó Logan alzando una ceja
- Si en mis padres, pienso que ellos deberían estar aquí… es una fiesta en mi honor, acaso no sería lo más lógico.
- Pero no pueden venir, eso ya lo sabes – respondió Anthony
Archie se quedó pensativo y después continuó.
- Albert me ha hecho mucho hincapié en que vaya a visitarlos.
- ¡Oh, ya veo! – exclamó Allen - ¿vas a ir a verlos?
- No se, es que no entiendo muchas cosas…
- Yo tampoco, ¿podrías explicarte? – inquirió Anthony
- Es que no entiendes, tú no estabas allí…
- Si, bueno si no te explicas menos voy a entender – dijo con mal humor Anthony.
- Es que ellos jamás se han interesado, cuando Stear murió ellos ni siquiera sabían como era, ¿cómo alguien puede estar triste por la muerte de alguien a quien no conoce?
- Alguien puede estar triste por no haber tenido la oportunidad de conocerlo… - respondió Logan con una sonrisa triste en los labios
- Yo se que lo conocí – dijo Anthony – sin embargo no lo recuerdo, pero eso no me hace ser impasible ante esta situación.
- Pero tú si lo conocías – refutó Archie.
- Pero no lo recuerdo… ¿acaso eso me hace mala persona?
- Tu caso es especial
- Pues el de tus padres también – añadió Anthony alzando la voz
Archie miró a Anthony con el entrecejo fruncido.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque ellos no eligieron estar tan lejos – espetó Anthony – así como yo no elegí perder la memoria
- Ellos escogieron irse, claro que si…
- No, no es así – interrumpió Allen.
- ¿Y tú que sabes? – inquirió enojado Archie.
- Porque es cuestión de trabajo…
- Si, un trabajo que ellos escogieron – dijo acaloradamente el joven Cornwell.
- ¿Qué querías que se sentaran a despilfarrar la fortuna de los Andley?
- ¿Por qué los defiendes tanto? – inquirió al tiempo que una vena le saltaba en la frente a Archie.
- Porque yo los conocí hace cinco años…
Archie se quedó callado, sintió como si un balde de agua fría hubiera caído sobre él. Abrió la boca pero no pudo articular palabra, Anthony también lo miró un tanto sorprendido.
- ¿Los conociste? – preguntó Archie cuando finalmente pudo hablar
- Si – dijo Allen quien parecía un poco avergonzado.
- ¿Por qué nunca me lo dijiste?
- ¿Acaso tenía sentido hacerlo?
- Si, debiste decírmelo… - dijo Archie.
- Mira, estuve un mes en su casa – le dijo él – la India es un lugar con un clima extremoso, yo no iba con la mejor disposición, mi padre me arrastró en esa visita, mi madre no quiso ir, cuando llegue allí comprendí porque no había querido ir. Y pensé que iban a ser los peores días de mi vida
La noticia había dejado helado a Archie. Pero aún así escuchaba con atención.
- Tus padres hicieron muy agradable mi estancia. Son personas muy amables… se desvivían en atenciones hacía mi.
Archie miró hacía el suelo.
- Creo – continuó Allen – que se sentían algo solos, estaban en un país lejano de su tierra, en medio de muchos problemas políticos, y separados de sus hijos… ellos me hablaban mucho de ustedes y cuando les dije que los había visto recientemente se mostraron muy interesados en lo que podía decirles de ustedes.
- Pero…
- ¿Por qué no regresaban? ¡Rayos Archie!, el viaje es muy largo, no podía dejar su puesto por tanto tiempo, era más factible que la tía Elroy los enviará a Stear y a ti a verlos.
- Ella jamás lo puso siquiera a consideración – señaló Archie quien parecía más calmado.
- Es difícil supongo…
- Ella jamás lo habría permitido – añadió Anthony
- ¿Por qué lo dices? – preguntó Archie
- Porque eso habría implicado que ella se quedara sola…
Archie miró a Allen y después giró su cabeza hacía Anthony, la rabia que sentía unos momentos antes se había aminorado bastante, una parte de él no quería seguir odiando a sus padres, pero otra quería seguir teniendo una excusa para no sentirse culpable de no haber ido a visitarlos en todo ese tiempo.
Finalmente Logan que había estado escuchando todo sin abrir la boca, se incorporó un poco en la silla y comenzó a hablar.
- La tía Elroy no quería que dejaran solo a Anthony
- ¿A mi? – quiso saber el muchacho rubio
- Si, yo escuché hace algunos meses cuando se lo dijo a la abuela. Le comentaba acerca de una de las cartas que supongo tienes en ese paquete. – dijo al tempo que señalaba el paquete de cartas que reposaban sobre el escritorio de Archie – la abuela le preguntó si te iba a mandar a la India y se le veía muy indecisa, así que la abuela le reprocho el que no los hubiera mandado aunque fuera de visita.
Archie miró a su primo muy intrigado por lo que decía.
- Y ella mencionó en esa ocasión que nunca se había atrevido a mandar a unos niños por el mar, y que a pesar de que las presiones de tus padres eran muchas no había querido dejarlos ir porque iban a dejar solo a Anthony… ella sabía que si los mandaba no les iban a permitir regresar.
- ¿Eso dijo? – preguntó con una expresión de incredulidad en el rostro.
- Si Archie, no tengo porque mentirte al respecto
- Pero entonces…
- Lo lamento Archie – dijo Anthony
- ¿Qué lamentas?
- Que por mi culpa no se hayan reunido con sus padres.
- La verdad creo que sería muy soberbio de nuestra parte querer juzgar tanto a la tía Elroy como a tus padres. Creo que las circunstancias hicieron que la separación fuera permanente… me niego a creer que ellos planearon todo de esta manera.
- En realidad cuando estuve con ellos no paraban de decirme lo mucho que los extrañaban…
- Pero…
- ¡Archie! ¿Cuándo dejarás de ser tan testarudo? – exclamó Logan
- ¿Perdón? – preguntó enojado Archie
- Tenemos más de una hora hablando de esto… ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que te percates de que no fue culpa de nadie y que lo tienes que hacer es reunirte con tus padres?
- Es que es muy difícil…
- ¿difícil? – preguntó enojado Logan – No le veo la dificultad, tienes el dinero suficiente para realizar ese viaje y tienes la salud que se requiere para soportar un viaje así.
Archie abrió la boca, pero Logan no lo dejó terminar.
- Difícil va a ser cuando quieras verlos y ya no puedas hacerlo cuando ellos se hayan ido… ¿acaso no crees que ellos sintieron pesar al saber que su hijo mayor había fallecido? ¿Acaso piensas que ellos no hubieran querido conocerlo? Esa culpa permanecerá para siempre en su memoria, y lo hará en la tuya si no vas a verlos.
- Pero…
- No Archie, ya quisiera yo tener unos padres a quien acudir… no me importaría atravesar el mundo si con eso pudiera verlos…
Archie cerró la boca, no recordaba que su primo había perdido hacía poco tiempo a sus padres, se sintió un poco avergonzado por su actitud, y pensó en Stear y lo que habría hecho él, y algo dentro del muchacho le hacía sentir que su hermano no habría pensado dos veces antes de realizar ese viaje para encontrarse con ellos. Si, pensar en Stear aún le dolía, pero en esa ocasión al ver a su alrededor supo que no estaba solo, que incluso desde hacía mucho tiempo que no lo estaba, ahora tenía a sus primos y a Anthony, a quien quería mucho. Quizá no todo era perfecto pero esa sensación de vacío se había eliminado casi por completo. El muchacho no pudo evitar el sonreír un poco.
- lo siento, realmente me he comportado como un tonto, ¿verdad?
- Te has comportado como un chico malcriado…
- Si lo admito – dijo Archie mirando a los tres chicos que le habían estado aconsejando.
Logan lo miró esbozando una pequeña sonrisa en su rostro, entonces se levantó y caminó hacía la puerta mientras que los demás lo miraron extrañados.
- ¿Es que ya te hartamos? – preguntó Anthony.
- No es eso, lo que sucede es que tengo que tomar el tren en una hora…
- ¿En una hora? – inquirió Archie levantando una ceja
- Pero si la fiesta es hasta en cuatro días, si salimos el viernes por la noche alcanzamos a estar con más que tiempo.
- Lo se, pero es que tengo otro pendiente…
Los muchachos lo miraron intrigados.
- Voy a una reunión en el colegio de Ewan…
- ¿Pero tú?
- Si, me acaban de nombrar el tutor legal de mi hermano, así que es una de mis responsabilidades…
- Pero te aseguro que si se lo pides al tío el entenderá e irá en tu nombre…
- No, no quiero que eso pase, realmente quiero hacerlo, creo que será algo bueno.
Allen abrió la boca para decir algo, pero Anthony se adelantó a su primo.
- Espero que tengas un buen viaje, nos vemos el sábado…
- Gracias, nos vemos allá…
Logan sonrió débilmente y salió del cuarto.
- ¿Por qué habrá accedido a eso? – preguntó Allen
- Es evidente – dijo Anthony.
- ¿Qué quieres decir?
- Logan no quiere que sus hermanos sufran la ausencia de sus padres.
- ¡Pues en verdad le espera un arduo trabajo! – exclamó Archie.
Archie y sus primos se miraron a los ojos, sabían que su primo sufría aún por la pérdida de sus padres, y sabían lo difícil que resultaría llevar a cabos sus deseos.
La semana se fue consumiendo rápidamente, al igual que había sucedido cuando la presentación de Candy, los invitados llegaban de fuera de la ciudad, la tía Elroy estaba exultante, de hecho Candy tenía mucho tiempo que no la miraba tan feliz, a diferencia de Albert que aún parecía algo molesto por toda la situación. Candy lo entendía la fiesta era en honor de Archie, sin embargo él estaba a miles de kilómetros, su prometida no estaba acostumbrada a ese tipo de cosas y ahora tenía que soportar todo ese ir y venir, siempre acompañada por una de las doncellas de la tía, pero por otro lado la tía no quería tener ningún tipo de contacto con la chica. Lo que le daba a entender que lo que Albert pensaba era la más cruel verdad, la fiesta era solo en apariencia, ya que en realidad no había aceptado esa boda.
Finalmente el domingo llegó, Candy recostada en su cama se sentía un poco agobiada, tenía programado un almuerzo con invitadas de la tía Elroy antes de la comida y el baile de esa noche, el panorama no le agradaba, pero sabía que tenía que asistir era el tipo de cosas que se esperaba de ella como prometida de Albert, por un momento sintió cierta empatía con Sherly que un día antes le había comentado lo preocupada que estaba con todo; con desgano se levantó y miró uno de los vestidos que había adquirido para esa celebración con Madame Mouchoir, estaba por entrar al cuarto de baño cuando alguien tocó a su puerta.
- Señorita Candy – le llamó una de las doncellas que servían a su madre.
- ¿Qué sucede?
- Tiene llamada telefónica.
- ¿No pueden esperar? – preguntó Candy
- No, le hablan de la Institución, dicen que es urgente…
Candy tenía tres días que no había ido a trabajar, así que se colocó la bata sobre el camisón y salió al salón donde estaba el teléfono. Candy saludó con un hola, pero parecía que la persona apenas la había escuchado había comenzado a hablar. La muchacha escuchó con atención por alrededor de cinco minutos
- ¿Es algo seguro?... ¿Dónde?... Necesito más informes… - comenzó a hablar mientras alzaba la voz.
Charlene salió de su habitación al escuchar la voz de Candy que comenzaba a resonar en las paredes. Candy colgó el teléfono…
- Tengo que salir – dijo con urgencia.
- ¿Qué ocurre? – preguntó algo exaltada su madre.
- Necesito ir a la Institución…
- ¿Pero es que acaso no tienes un compromiso con la Señora Andley?
- Esto es más importante – aseveró la muchacha.
Candy entró a su habitación de nuevo y en menos de cinco minutos había salido llevando un vestido de lo más sencillo, dejando a su madre perpleja mirándola mientras se dirigía a la puerta de entrada, en cuanto abrió la puerta se encontró con Albert que se disponía a tocar.
- Albert – chilló Candy.
- ¿A dónde crees que vas? – le preguntó él con una sonrisa en su cara
- Tengo que ir…
- Tienes que arreglarte para ir a la mansión Andley, ¿acaso lo olvidaste?
- No, Albert, ¿es que acaso no te has enterado?
- Si, por eso es que la tía Elroy me mandó a buscarte, sabía que ibas a hacer una tontería…
- ¿Una tontería?
- Preciosa, lo que quise decir es que ella en cuanto se enteró de la noticia sabía que la ibas a dejar plantada y me hizo hincapié en que viniera a impedírtelo…
- ¿Y vienes a detenerme entonces? – preguntó Candy un tanto defraudada…
- Candy yo me enteré en la madrugada, tuve una noche muy larga, y te dejaría ir con gusto, pero yo no podría soportar ese almuerzo si tú no estás a mi lado.
- Pero Albert… - gimió Candy
- ¿Me vas a dejar solo? – preguntó con un dejo de reproche.
- No, claro que no – se apuró a decir Candy.
- Entonces ve a vestirte…
- Pero la Institución…
- La institución estará allí mañana, de eso puedes estar segura…
Candy suspiró, al tiempo que la decepción se marcaba en su dulce rostro. Sin embargo volvió a su habitación para arreglarse para el compromiso que tenía.
- Buenos días William – le saludó Charlene
- Buen día.
- ¿Podrías explicarme que le sucede a Candy? – preguntó con interés.
- Se ha enterado de una buena noticia… y esta a punto de no asistir a la reunión a la que se comprometió con la tía Elroy.
- ¿Y que noticia es esa?
- Han cesado el fuego en Europa – dijo Albert.
- No pareces muy feliz – le preguntó la señora Brown.
- Es que ahora que ha terminado, no puedo dejar de pensar en todos aquellos que nos han dejado por culpa de la guerra…
- Sin embargo yo aún pienso que es una buena noticia… porque de no ser así muchos más morirían – señaló la mujer.
Albert la miró e hizo el amago de una sonrisa.
- Si, supongo que después de todo es una buena noticia.
Mientras tanto en la mansión Andley la noticia de que se acababa de pedir cese al fuego en Europa causaba diversas reacciones, los chicos que habían llegado en la madrugada. Y tenían varias horas sentados en la biblioteca hablando del tema.
- ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué la guerra ha terminado? – preguntaba Logan
- No estoy seguro – decía Allen – se supone que para decir eso tienen que firmar algún tipo de acuerdo.
- George dijo en la mañana que eso van a hacer… - agregó Anthony
- ¿Es por eso entonces que no declaran que la guerra ya terminó?
- Supongo que si – agregó Allen.
Archie se miraba muy triste. Bajando un poco la cabeza se entretenía observando como el último leño se consumía en el fuego de la chimenea que había estado prendida casi toda la noche. Anthony desvió sus ojos hacía él y sintió una punzada de dolor. Se levantó de la silla donde llevaba largo rato sentado para acomodarse en el sillón donde Archie permanecía.
- ¿Estás bien? – preguntó Anthony.
Archie no contestó, se limitó a mirarlo a los ojos y Anthony pudo darse cuenta de que unas lágrimas empañaban la visión de su primo. Volvió a bajar su cabeza avergonzado, y trató secarse las lágrimas.
Allen y Logan se miraron uno al otro sin saber que hacer.
- Es muy injusto – dijo finalmente con un hilo de voz Archie – este momento debería haber sido para estar junto a Stear, él debería estar aquí entre nosotros.
Anthony asintió con la cabeza y luego se recargó en el respaldo del sillón.
- Creo que las palabras justicia y guerra no pueden ir unidas, porque una se contrapone a la otra… - mencionó – y en momentos como este, no puedes tan siquiera hablar de una victoria, porque creo que ambas partes resultaron vencidas…
- ¿Cómo puedes decir eso? – preguntó un poco enojado Allen
- Porque, quizá en otra parte del mundo hay una familia reunida y también están extrañando a sus seres queridos que murieron en esta guerra, hablar de vencedores y vencidos es irrelevante cuando una persona ha dejado de vivir…
- Hay ideales por los que vale la pena morir…
- Entiendo tu punto – señaló Logan – El hecho de que alguien diga que se ganó una guerra es irrelevante…
- ¿También tú? – preguntó extrañado Allen
- El que alguien lo diga no me va a devolver a mis padres, así como tampoco Stear va a regresar…
Allen apretó los labios y se sintió mal, realmente se había olvidado por un momento que no solo Archie había perdido a alguien en la guerra, Logan también había perdido a sus padres por causa de ella. Y sintió empatía por ellos.
- Si, lo siento, no medí mis palabras…
- No, está bien – dijo un poco más calmado Archie – creo que ambos tienen razón… Stear lo creía así, creía que había cosas por las que valía la pena luchar y arriesgar su propia vida, tan es así que se enlistó… si, él así lo creía, aunque no entienda el porque decidió dejarme solo, no puedo negarlo… hacerlo sería deshonrar su muerte… pero es injusta una guerra, y si lo es para el vencedor, lo debe ser aún más para el vencido… tampoco puedo fingir que debe ser igual de doloroso para ellos.
- La verdad es que…
Pero Allen no terminó de decir la frase porque alguien abrió la puerta de la biblioteca.
- Oh, disculpen – dijo Patty quien era quien lo había hecho – me he equivocado de puerta.
Archie sonrió al ver a la muchacha, e internamente agradeció la interrupción, creía que ya tenían demasiado tiempo hablando de la guerra, hacía tan solo unos días que había sentido que hablar de Stear no le dolía tanto como lo había hecho hasta hacía poco tiempo, y en ese momento continuar con el tema le hacía sentir un pinchazo en su corazón.
- Ah, Buenos días – saludó nerviosamente Logan al tiempo que se ruborizaba.
- Ah, Hola Logan – le devolvió el saludo cuando se percató de la presencia del muchacho.
- ¿Quieres que te diga por donde esta la terraza? – preguntó Archie al tiempo que se levantaba del sillón.
- Te diría que no, creía que conocía ya bien la mansión pero es evidente que no – mencionó al tiempo que se encogía de hombros.
- No te preocupes, este lugar es inmenso… - agregó Archie mientras le daba el brazo para escoltarla – ya le he le sugerido al tío que mandé a hacer mapas de los pasillos y corredores.
- No deberías de molestarte… - mencionó la muchacha
- No es molestia, además Sherly ya debe de haber bajado a la terraza y será mejor que vaya con ella.
Patty sonrió y ambos salieron de la biblioteca. Los demás chicos Andley se miraron, y parecieron pensar lo mismo que había pensado Archie y no retomaron su plática, sin embargo no dejaron de notar que Logan se había quedado como estatua sin siquiera mover un músculo.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Allen.
- ¿De que hablas? – dijo dando un respingo.
- De ti Logan, ¿de quien más?
- ¿Por qué? – inquirió el muchacho mientras se desarrugaba el saco con la mano.
- Y ahora evades mi pregunta – señaló de forma suspicaz Allen – esto no es normal.
- Ya déjalo – dijo Anthony con un dejo de burla – si no nos quiere decir porque Patty lo pone tan nervioso, ese es su problema.
- A mi no me pone nervioso – espetó Logan.
- ¿Quieres decir entonces que sonrojarte, sudar frío, abrir los ojos como si te estuvieran ahorcando y temblar de pies a cabeza es síntoma de alguna extraña enfermedad?
Logan frunció el entrecejo, y Allen y Anthony comenzaron a reír.
- Ya, paren de reír – dijo un poco enfadado Logan – si quieren saber, es que me la encontré el otro día…
- Esto se pone interesante – apuntó Allen con un tono que indicaba burla.
- ¿Cuál otro día? – quiso saber Anthony
- Pues el viernes, después de asistir a la escuela de Ewan, fui a buscar unos libros que necesitaba, y pues en la librería me encontré a Patty.
- ¿Y que? ¿Te mordió?
- No – respondió haciendo un gesto de enfado – Solo que desde el día que me caí no la había visto.
- ¿El día que te caíste? – preguntó Anthony con desconcierto.
Logan cerró la boca y miró hacía abajo rápidamente. No recordaba que les había ocultado eso a sus primos.
- No te preocupes Logan, yo jamás le voy a decir que te gusta…
- Mis labios están sellados – dijo Anthony.
Logan volvió a sonrojarse, y Allen aspiró fuertemente un delicado aroma de hierbas y salsas embriagaban el ambiente.
- Vamos a comer algo, que el olor de comida que proviene de la terraza me ha dado hambre – sugirió Allen
- Buena idea – dijo Anthony.
Ambos salieron riendo de la biblioteca. Mientras que Logan se había quedado en medio del lugar, preguntándose porque se sentía así, porque se sentía tan nervioso, era algo inexplicable para él, recordaba las palabras de su primo "te gusta", no, eso no era cierto… ¿o si? ¿Acaso esa muchacha con la que había convivido tardes enteras al tiempo que acomodaban sobres le gustaba?
Logan cerró los ojos y solo pudo ver la sonrisa de Patty, la siempre cristalina Patty, era el tipo de chica que no guardaba secretos, no era misteriosa, era solo ella, con su inteligencia y su amabilidad. ¿En que momento había pasado que sus sentimientos habían cambiado? ¿Desde que momento había comenzado a ansiar su presencia? No sabía decirlo con seguridad, de lo único que estaba seguro ahora es que en realidad Allen tenía razón, Patty le gustaba, el problema ahora residía en si ella sentía algo por él… jamás en ningún momento había visto ningún tipo de atención especial hacía él, lo había tratado siempre como a un buen amigo, incluso en algunas ocasiones, le había hablado como si fuera su hermano.
Internamente comenzó a sentir angustia, Patty era tan transparente como el cristal y jamás había demostrado tener ni siquiera el mínimo interés en él. Sin embargo recordaba cuando había estado a punto de casarse con Bryant, y esa mirada de embeleso que ella le prodigaba… ella jamás lo miraría así, y sin pensarlo comenzó a sentir un ligero toque de celos, era algo tonto, Bryant estaba en ese momento muy lejos, y se había casado con Eliza… ¿Por qué habría de sentir celos por él? Su cabeza comenzaba a darle vueltas
Durante el resto de las actividades de la tarde Logan pareció distraído, no abrió la boca para nada, para el resto de comensales que apenas lo conocían eso no les resultó tan raro, pero para sus primos ese silencio significaba algo más. Allen se sentía un poco culpable por haberse burlado de él, sin embargo no quiso volver a molestarlo con el tema.
Anthony quien había asistido un poco obligado por sus primos, no quería estar allí, así que había imitado a Logan durante un rato, pero cuando miró a su tío bailar con Candy, no pudo dejar de mirarla y de sentir que el corazón se le partía. Después de cenar decidió adentrarse al jardín y escapar de la fiesta…
Sentía un gran dolor, era desesperante sentir eso cuando sabía que apenas la conocía, y que ella era la prometida de su tío, algo dentro de él le llamaba a estar cerca de esa dulce chica... la oscuridad reinaba ya en el jardín, los tenues acordes de la música llegaban a su oídos y pensó que habría sido preferible quedarse en la Universidad a estar allí.
Se sentó en medio de las sombras, en una de las bancas de piedra que daban a un camino empedrado, desde allí veía las luces que provenían de la terraza, el clima era bastante fresco, se abotonó la chaqueta, cuando a lo lejos alcanzó a ver una sombra, en medio de los árboles que daban a la puerta que conectaba el jardín con la entrada de la mansión.
Anthony se levantó intrigado y se acercó hasta llegar a donde estaban las farolas, a la luz de una de ellas alcanzó a notar que se trataba de una mujer. El muchacho pensó que quizá era una invitada que había llegado tarde, y como no quería dar explicaciones por haberse escapado de la fiesta, dio la media vuelta para regresar a la banca que estaba protegida de miradas indiscretas.
Sin embargo al momento de dar la vuelta, Anthony pisó una pequeña ramita, que provocó un débil ruido, que si hubiera sido de día con los carros y la gente de la calle no se habría escuchado, pero estando en medio de la noche y tan lejos de donde provenía la música. Fue lo suficientemente audible para que la mujer se percatara de su presencia.
- ¿Quién anda allí?
Anthony al escuchar la voz, sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal, no obstante no era un sentimiento agradable, por el contrario había sentido una especie de repulsión, dentro de él sabía que en algún lado había escuchado esa voz, aunque no podía decir con precisión de quien se trataba.
Un poco curioso por ver quien era la dueña de esa voz regresó hasta donde la luz iluminaba. Lo primero que vio fue a una mujer que llevaba una capa de viaje y un sombrero que era evidente ya había pasado su mejor época. Al verla más de cerca se dio cuenta de que no era mucho más grande de edad que él. Ella a su vez lo miró con estupefacción, abrió la boca, pero parecía que no podía articular palabra.
Anthony la miró muy serio, no sabía porque no le nacía decir algo, ni siquiera ser cortés con ella. Finalmente pudo hablar.
- Anthony ¡estás vivo!
