Bueno, bueno, no les hago sufrir más XD en serio, me consideráis poco cruel si esperáis que siga XD estaba esperando un review, pero mejor publico ya y así el viernes seguimos con la nueva temporada ;)
He puesto los annexos para contar un poco lo que pasa con los demás, ¿vale? XD espero que podáis perdonarme que no haya podido describir mucho los sentimientos de todos ellos, aunque aquí sí lo hago :)
16 de Septiembre
Por los Años: la herencia Black
El pasado de la bruja.
Sara se quedó observando a la gente del autobús. En realidad no le interesaba nada la conversación en la que habían entrado Hiro y Takeshi. El mundo de los trucos de magia, no iban con ella. Se cruzó de brazos y se apoyó en la ventana estando de pie. El autobús paró de nuevo para que más gente bajara y más gente subiera. Observó sin ánimos la gente que subía y se quedó viendo a una chica de pelo castaño y uniforme de instituto. Llevaba en su frente una cicatriz que intentaba disimular con maquillaje.
— Kaede… —Sara bajó sus brazos y se la quedó mirando, mientras los hermanos Kuroba la miraban en silencio.
Una chica con el mismo uniforme que esa chica miró a Sara y luego miró a Kaede.
— ¿La conoces? —preguntó la chica.
— No, en absoluto —respondió ella siguiendo hasta el final del autobús.
Su compañera la siguió, mientras Sara la seguía con la mirada. Cruzó su mirada con Takeshi y la desvió en seguida al suelo. Los dos gemelos se quedaron en silencio mirándola, hasta que finalmente Hiro volvió a hablar con su hermano y el otro le devolvió las respuestas, en los mismos susurros que lo habían hecho antes. Sara no levantó la vista del suelo mientras ellos dos seguían mirando la libreta y escribiendo cosas los dos a la vez en ella mientras Hiro la aguantaba. Ella mantuvo su cabeza gacha y evitó mirar a los gemelos durante el resto del trayecto. Cuando les faltaba una parada para bajar, la chica que acompañaba a Kaede, se bajó. En cuanto el autobús empezó a funcionar de nuevo, Kaede se acercó a ella y se puso delante con cara enojada y los brazos cruzados.
— No vuelvas a hablarme jamás, bruja —susurró la chica en cuanto Sara la miró. Kaede la golpeó con fuerza en la cara y luego pulsó el botón de bajada de la parada. El autobús entero se había quedado en silencio mirándolas.
— Disculpa —Takeshi se puso a su lado y le puso una mano encima del hombro de Kaede—. ¿Tiene algún problema con nuestra amiga?
— Es un monstruo —susurró la chica mirándola con odio. Sara mantuvo su mirada agachada.
— Y nosotros —sonrió Hiro sacando una rosa negra de la nada y poniéndola delante de la chica—. Así que no sé qué problema tienes con nuestra amiga.
La rosa que había delante de Kaede se marchitó lentamente,
— Mira, como tú corazón —sonrió Takeshi haciendo fuerza con su agarre y haciendo retroceder a la chica—. Por favor no vuelvas a acercarte a nuestra amiga.
— Quédate con eso y recuerda que los magos apoyan a los brujos —Hiro le puso la rosa negra sin pétalos en la mano y se puso entre la chica y Sara—. Aunque nosotros solo hagamos trucos de magia y ella haga magia de verdad —se encogió de hombros mientras sonreía con superioridad.
— ¿Estás bien? —preguntó Takeshi acercándose también mientras el autobús se paraba con lentitud y la gente empezaba a reír. Kaede enrojeció avergonzada al instante y cerró sus puños con rabia. Takeshi le puso un dedo bajo la barbilla a Sara, obligándola a mirarlo—. Sara, ¿estás bien?
— Perdona… —la chica miró unos segundos a Kaede y luego volvió a mirar a Takeshi—. Estoy bien.
— Esta es nuestra parada —susurró Hiro mientras las puertas se abrían y Kaede se bajaba—, también.
— Vamos —Takeshi empujó a la chica levemente y los tres bajaron del autobús. Kaede se había ido corriendo de allí—. Este es el barrio en dónde vivías cuando eras pequeña, ¿verdad? Por eso no querías venir.
— Yo le hice daño a esa chica sin darme cuenta… —susurró Sara—. Vamos, consigamos esa pista y larguémonos cuanto antes.
Apresuró el paso hacia la izquierda y los gemelos la siguieron en silencio a su paso. No quería que nadie supiera de aquello, y la mirada que le había hecho Takeshi en el autobús era claramente de esperar una explicación. ¿Pero que podía decirle? ¿Que estuvo a punto de matar a esa chica cuando tan solo tenían 7 años? ¿Que había destrozado la vida de esa chica al golpearla con su magia y hacerle esa cicatriz en la frente, en forma circular? No podía decir eso. Tener los poderes de su madre y el carácter de su padre siempre le había traído problemas. Para aquello entonces tan solo era una chica y no quería contar a nadie lo sucedido. Tan solo lo sabían sus padres, los padres de la chica y ellas dos, no hacía falta que nadie más supiera de eso. Fue precisamente después de eso, que su familia se fue a vivir delante de la casa de los Kyogoku. Estuvo una temporada separada completamente de los Kuroba y no quería revivir el severo castigo en el que se puso a sí misma por culpa de aquello. Sus pies la pararon delante de un edificio abandonado. Allí era en dónde les habían llevado las pistas que los Kuroba y ella habían encontrado de Jun y Asami. Pero ese también era en dónde todo aquello había sucedido. Se puso una mano en la cabeza intentando parar las imágenes que le pasaban por su cabeza en esos momentos.
Flashback
— Rui-kun dice que haces magia —sonrió Kaede en medio de la oscuridad del edificio—. Quiero verlo…
— Yo no hago magia —susurró Sara asustada porque la hubieran traído a ese lugar. Todos los compañeros de su clase estaban a su alrededor con linternas. De algún modo sentía que tener la mente de su padre no le ayudaría mucho con su imaginación acerca de los monstruos que existían en el negro lugar—. Y mamá dice que no puedo mostrarlo a nadie.
— Pero nosotros queremos saber eso —Kaede insistió—. ¿Somos amigas cierto?
Eso era cierto. Sara miró a la chica. Ella había sido la única que le había hablado en ese último curso en que la habían cambiado de clase. Nadie excepto Kaede la había ayudado a integrarse con sus nuevos compañeros de trabajo.
— Pero yo no…
— Vamos, Sara-chan —susurró Rui—. Te vi el otro día haciendo luz en la clase cuando se había hecho oscuro y se apagaron las luces. Sé del cierto que hiciste magia, tienes poderes.
— Yo no —Sara cerró los ojos con fuerza. Si avisaba a su madre con sus poderes quizás podrían ayudarla de meterse en un buen lío. Al fin y al cabo, ¿quién necesitaba un buen teléfono móvil si tenía ondas que enviaban el mensaje directo al cerebro de tus padres? Notó un pequeño pinchazo en su cabeza y en su corazón, indicándole que había conseguido decir en dónde estaba a sus padres. Volvió a abrir los ojos y miró a su alrededor. Las linternas se habían apagado y todos los chicos se habían ido de su lado—. ¿Chicos? ¿Dónde estáis? ¿Chicos? —no había nada que la asustara más que la oscuridad. Era algo que no podía soportar, pero que debía de enfrentarse a eso si quería controlar sus poderes a la perfección. Día tras día llevaba algún tipo de prenda negra solo para recordarse de que tenía que esforzarse. Se encerraba a su habitación sin luz, intentando controlarse, pero cada vez que su cabeza le repetía la imagen de algún monstruo con el que había soñado en sus pesadillas, el monstruo aparecía delante de ella en carne y hueso. No era nada bueno que estuviera a oscuras en esos momentos—. Chicos esto no tiene gracia, por favor —se acercó corriendo a dónde sabía que había la puerta del edificio e intentó abrirla, pero no podía. Tendría que usar sus poderes para hacerlo, pero la imagen de ese monstruo con el que había soñado esa misma noche apareció en su cabeza de nuevo—. ¡No! Monstruos malos, monstruos malos… —susurró para sí misma mientras negaba con la cabeza con fuerza para quitarlo de su cabeza. Un rugido empezó a oírse detrás de ella.
Fin del Flashback
— Sara, ¿estás bien? —la voz de Takeshi la devolvió a la realidad. Miró al chico asustada—. ¿Estás bien? —el chico miró su mano. Ella también lo hizo. Takeshi mantenía su mano encima de su brazo y la mano de Sara estaba completamente blanca de la fuerza que estaba haciendo, aferrada al pomo de la puerta.
— Perdona, estaba pensando… —susurró ella en voz débil.
— Oye, si hay alguien aquí podrán hacernos daño, así que necesito que te concentres, ¿vale? —preguntó Takeshi. Sara afirmó con la cabeza y miró a Hiro detrás de los dos. El chico ya había levantado su arma, preparado para invadir el lugar—. ¿Estás lista?
— Sí, perdona… —miró al chico que sacó también su arma, mientras Sara hacía aparecer su arco en su hombro junto a un carcaj. Cogió el arco y cargó con una flecha. Takeshi abrió la puerta y ella se adentró en la oscuridad del lugar.
Flashback
— ¡Monstruo malo! —gritó Sara con toda su fuerza mientras creaba una bola de luz entre sus manos y lo lanzaba al aire. Acto seguido, el lugar quedó completamente iluminado. Grave error. Los niños estaban apoyados en las paredes del lugar, asombrados por la bola de luz. Al medio del lugar, había un monstruo que ocupaba los tres metros de alto que había desde el suelo al techo. Tenía una cola de serpiente, brazos de gorila, alas negras a su espalda y cabeza de león. Los niños gritaron al acto y se abalanzaron hacia la única salida. Sara intentó abrir la puerta de nuevo, pero ella no tenía fuerza para hacerlo. Se apartó de la puerta. Si no tenía fuerza para abrir una salida, al menos tendría fuerza para proteger a sus amigos del animal. El león rugió de nuevo y movió una de sus zarpas contra Kaede que la hizo topar contra la pared del otro lado y caer completamente desmayada. Los niños se amontonaron contra la salida, intentando salir, pero la puerta estaba cerrada, Sara escuchaba los gritos de los que estaban más cercanos, se ahogaban—. ¡Hey tú! —gritó con todas sus fuerzas hacia el león mientras corría en dirección contraria en dónde estaban los demás—. Ven aquí, Shi.
Fin del Flashback
El lugar estaba vacío, como cuando ella había estado allí de pequeña. No había nada. Otra pista falsa. Otro callejón sin salida. Miró a los gemelos que mantuvieron la misma mirada desconcertada hacia ella. Estaban seguros de que encontrarían a Asami o sino, una pista que les llevara hacia ella. Sara se encogió de hombros.
— Creo que había una sala pequeña allí, pero la tapiaron cuando lo del accidente —susurró Sara señalando hacia un lado—. Así que si hay algo tendría que ser allí.
— Y no podemos ir nosotros, solo tú —susurró Hiro.
— No, no voy a ir yo allí —susurró Sara—. Sus cadáveres aún están allí, no pienso hacerlo. Y menos sola.
— ¿Cadáveres? —Hiro frunció el ceño y miró a su hermano que se quedó mirando a Sara.
— El cadáver de Shi, no pienso ir allí —repitió ella—. Y menos sola.
— Está bien, está bien —susurró Takeshi acercándose a ella con una sonrisa tranquilizadora—. Solo dime si notas alguna presencia en este lugar y si no nos vamos.
Sara afirmó con la cabeza con nerviosismo. Cerró los ojos pero los abrió en seguida y miró asustada a Takeshi.
— No puedo hacerlo —salió corriendo del lugar y se apoyó a la pared. La luz del sol. Siempre con la luz del sol conseguía controlarse. Nunca le había gustado estar en la oscuridad y menos si recordaba todas sus pesadillas una a una. Takeshi salió con Hiro y los dos se apoyaron a la pared, uno a cada lado de ella. Los dos en silencio—. Lo siento…
— No voy a preguntar qué te ocurre si tú no quieres contarnos, así que, nos ahorraremos esta parte —Takeshi se cruzó de brazos y se quedó mirando el otro lado de la calle en una ventana donde había empresarios corriendo ajetreados—. Pero, deberíamos de encontrar otra forma de encontrar pistas, si no sabes dónde está Asami, al menos no nos pongas trabas.
— No pon… —Sara lo miró—. Te juro que no sé dónde está, lo intento, pero no lo consigo… mi magia no llega a tanto. Está demasiado lejos para que pueda notar su presencia. Además, sigue habiendo ese poder que me impide avanzar…
— ¿Poder? —preguntó Hiro mirándola.
Ella afirmó con la cabeza.
— Hay alguien como yo que trabajaba para ellos y me sigue impidiendo todo —susurró Sara—. No lo entiendo, es como si estuviera siguiendo a Asami y me impidiera encontrar su energía. Lo siento chicos, pero no puedo hacer nada contra esa energía. Es demasiado poderosa incluso para mí.
— Entonces… —Takeshi la miró y sonrió—. No hay nada aquí tampoco, tendremos que confiar en que ese tipo la encuentre.
— ¿Vas a confiar en que Hattori la encontrará? —preguntó Hiro mirándolo mientras se apartaba un poco de la pared—. Cuando Asami no quiere que la encuentren no se pueden usar métodos convencionales, debo recordarte esa parte, ¿verdad?
Sara cerró los ojos unos segundos y se centró en intentar buscar en ese lugar algún indicio de calor.
Flashback
— ¡Hey tú! —gritó con todas sus fuerzas hacia el león mientras corría en dirección contraria en dónde estaban los demás—. Ven aquí, Shi. No te tengo miedo… —Sara juntó sus manos delante de ella cogiéndoselas y apuntó con sus dos dedos índice al monstruo—. Puedes hacerlo, solo debes de concentrarte como tu madre te dijo que hicieras. Puedes hacerlo Sara. Puedes hacerlo —el monstruo se giró hacia ella y rugió de nuevo—. No puedo hacerlo… —Sara bajó los brazos y observó como aquello avanzaba hacia ella con enfado.
La puerta del lugar se abrió y todos los niños salieron corriendo excepto ella y Kaede. Entraron Saguru y Akako.
— ¡Sara! —gritó el hombre sacando su pistola—. ¿Puedo hacerle daño a esta cosa con esto? —preguntó el hombre hacia Akako.
— Sí, si es de carne y hueso sí que puedes, pero no te aconsejo —susurró Akako—. Coge a la niña.
Saguru miró hacia donde su mujer le señalaba y afirmó con la cabeza.
— ¿Qué vas a hacer? —preguntó Saguru.
— Bueno, soy una bruja, así que puedo hacer lo que pueda y quiera —sonrió ella encogiéndose de hombros—. Si mis poderes me permiten hacerlo bien.
— A veces me sigo preguntando porque me casé contigo —Saguru rodó los ojos y se acercó a Kaede. A la niña le sangraba la frente en un rasguño profundo, le tomó el pulso y finalmente la levantó del suelo para sacarla de allí—. No tardéis —susurró el hombre saliendo de la sala.
— ¡Sara escúchame! —gritó Akako en cuanto Saguru había salido de allí—. Tienes que apagar la luz.
— ¡No! —gritó la niña—. ¡Esto ha pasado porque estaba a oscuras!
— ¡Sara tienes que concentrarte y no podrás hacerlo mientras lo veas! —esta vez el grito de Akako hizo que el monstruo se girara a verla. Rugió de nuevo hacia Akako y esta vez corrió para atacar. Akako saltó hacia un lado y el monstruo se chocó contra la pared. El edificio tembló, pero no pasó nada. Akako corrió hacia su hija y la abrazó mientras el monstruo movía la cabeza para intentar quitar el mareo que le había provocado el golpe en la cabeza—. Tengo una idea, Sara, pero tienes que hacer mucho esfuerzo —sonrió hacia la niña mientras la levantaba del suelo abrazada a ella—. ¿Confías en mí? —la niña afirmó con la cabeza y susurró—. Utilizaré mis últimos restos de poder para ayudarte, pero tienes que ser rápida, Sara. Yo no podré hacer gran cosa.
— ¿Qué quieres que haga? —susurró ella mientras el monstruo se levantaba y corría hacia ellas.
— Llévanos con papá —Akako sonrió hacia ella.
Sara cerró los ojos con fuerza. Cuando los volvió a abrir, estaban mirando la puerta por en donde el león rugía. Akako dejó al suelo a Sara y señaló hacia la puerta.
— ¿Y cómo hemos terminado así, Sara? —preguntó mientras la puerta se cerraba con fuerza.
— Lo siento… —Sara suspiró—. Odio la oscuridad… —miró hacia el suelo mientras Akako se arrodillaba a su lado.
— Tapa la entrada —Akako sonrió hacia ella mientras le acariciaba la cabeza.
— Pero…
— Me quedan poderes para hacer algo… pero será lo único que podré hacer por todos, ya —Akako se encogió de hombros, viendo a Saguru que intentaba tranquilizar a los niños que lloraban desconsoladamente, muy asustados—. Todo se puede hacer con la magia, Sara, incluso hacer esto… solo debes de poder pensar en cómo remediar tus errores.
— Seré castigada por mis poderes, ¿verdad?
Akako se rió con estrépito mientras escuchaban al monstruo rugir.
— Nadie ha perdido los poderes por invocar a un monstruo —Akako le puso las manos en sus hombros—. Mírame a mí, invoqué a Satán solo por saber una profecía. Solo tienes que tener el poder para volverlo a dónde pertenece.
— ¿Mamá? —Akako la miró—. ¿Por qué perdiste tus poderes?
— Porque lloré por alguien —la sonrisa de Akako se volvió nostálgica y en seguida miró hacia Saguru—. Llorar hace que puedas perder tus poderes. Pero antes de perderlos, los encerré en mí para que así tú pudieras disfrutar de lo mismo que yo lo hice.
— Pero esto es una maldición, mamá —susurró Sara con dolor en su voz.
— Puedes creer lo que quieras —sonrió ella mirando hacia la puerta—. Pero primero, acaba con tus errores, pequeña —la mujer se levantó y se acercó a los niños que asustados se escondían detrás de Saguru.
— Está asustada, ¿verdad? —preguntó el hombre.
— Por mala suerte —susurró Akako—. Pero yo no tengo los poderes suficientes para devolverle de dónde vino y Sara no sabe como devolverlo —la mujer se encogió de hombros de nuevo—. Esto puede hacer mucho daño a nuestra familia, Saguru, lo siento.
— No te preocupes —se rió él—. Están todos bien, así que no importa —el hombre miró a Sara que ponía sus manos en la puerta. Poco a poco, la puerta estaba desapareciendo bajo una capa de piedra gruesa como la pared. Notaron un par de temblores más del edificio y escucharon el rugido del monstruo. Pero una vez Sara bajó sus manos, el monstruo había quedado encerrado en una sala solo con paredes—. Bueno, ha sido una solución fácil, si no fuera por el problema de que seguro que este lugar queda en algún plano de construcción.
— ¿Lo dices en serio? —preguntó Akako sonriendo con malicia mientras Sara se acercaba lentamente hacia ellos. Los niños fueron retrocediendo asustados.
— Ah, también puedes hacer que las cosas queden sin sentido, entonces… —Saguru sonrió—. No creas que me importa, pero… no creo que sea algo bueno…
— Sueño… —Akako movió su mano, haciendo un arco al aire. Al acto, purpurina brillante se puso encima de todos los chicos asustados—. Sara, esto es lo último que puedo enseñarte. Un error, puede llevarte a la perdición. Vive como quieras, pero… jamás dejes que se descubra tu secreto si sabes que la persona no podrá aceptarlo… —Akako se arrodilló delante de la niña mientras los niños se adormían cayendo al suelo—. Porque hacer que alguien te olvide es lo más doloroso que puede existir —Akako le acarició la cabeza lentamente—. La única que te recordará será ella, pero… no podrás estar con ella sin asustarla —Akako señaló a Kaede que seguía en los brazos de Saguru—. ¿Lo entiendes?
— No se acordarán de mí… —Sara suspiró.
— Ninguno de ellos —respondió Akako—. Solo Kaede-chan.
— ¿Voy a tener que irme, verdad? —Sara sollozó intentando aguantar sus lágrimas.
— Vas a hacer nuevos amigos —respondió Akako—. Además, hace mucho que hablamos con tu padre acerca de volver a Tokio y… estoy convencida de que estar con los Kuroba te ayudará mucho.
— ¿Hiro y Takeshi? —la niña la miró sin entender.
— La familia Kuroba sabe de nuestros poderes —susurró Akako—. Y ellos no se asustarán por eso. Tendrás amigos que no querrán hacerte daño, Sara. Sé que hace mucho que no los vemos, pero seguro se alegrarán de verte de nuevo. Estoy convencida de eso —Sara afirmó con la cabeza mientras se frotaba los ojos con fuerza para evitar llorar—. Así me gusta, las niñas buenas no lloran, Sara. Ten por seguro que un día podrás ser más fuerte que yo y todo.
El rugido del león volvió a escucharse.
— ¿Y no podemos callar eso? —preguntó Saguru mirando hacia dónde antes estaba la puerta.
— Mira, Hakuba Saguru tiene miedo a algo —Akako sonrió mirándolo y haciendo que Sara se riera—. Pero no más, Sara. Te ayudaré a controlar tus pesadillas, pero yo ya no puedo ayudarte más —susurró finalmente mirándola.
La niña afirmó con la cabeza y puso su mejor sonrisa. Tenía que ser fuerte.
Fin del Flashback
— Entonces no sirvió de nada que estuviéramos aquí, ¿eh? —Takeshi rodó los ojos mientras esperaban a que llegara el autobús de vuelta. Se puso las manos detrás de la cabeza con pesadez.
— No, para nada —Hiro se encogió de hombros.
— Parecéis aburridos, chicos…
— Que va… —Hiro desvió la mirada—. Invoca a algo, Sara, por favor, me aburro mucho… —Sara lo miró asustada y Takeshi golpeó con el codo a su hermano—. ¿Qué? —Takeshi le señaló con la cabeza a la chica que había vuelto a mirar al suelo—. Ah… lo siento… yo…
— Perdonad, hoy tengo un mal día —susurró ella.
— No me lo puedo creer la bruja cree en los días malos también —Takeshi sonrió amablemente.
— No sé si eso da más miedo realmente —suspiró Hiro—. Que Hakuba Sara tenga un día malo tiene que ser terrible…
— Hakuba… Sara… —murmuró un chico detrás de ellos. Los tres se giraron a mirarlo. El vaso de café que el chico había mantenido en su mano, resbaló hasta el suelo, destapando el tapón de plástico y derramando todo el contenido. El chico se puso una mano en la cabeza.
— Rui-kun… —Sara lo observó susurrando. La cabeza del chico estaba intentando recordarla y por eso le provocaba dolor. Sara sonrió con nostalgia y le puso su mano temblorosa encima de la suya. El chico la miró asustado—. Tranquilo, el dolor no durará mucho… —la chica movió sus labios haciendo lo mismo que había hecho tiempo atrás su madre. Tenía que hacerle olvidar de nuevo. Estaba claro que con el poco poder que tenía su madre entonces, los efectos no hubieran sido eternos. Apartó su mano con rapidez y la escondió a su espalda—. ¿Está usted bien?
— ¿Qué? —el chico la miró confuso. Luego miró al suelo—. Ah, se me cayó el café… perdona si te he…
— No, tranquilo —Sara sonrió amablemente. Le dolía seguir mirando al chico, pero no podía ser mal educada con él—. Me alegra que se encuentre bien.
— Esto… ¿nos conocemos de algo? —preguntó el chico mirándola curioso.
— Me temo que no, lo siento —la chica se encogió de hombros y se giró de espaldas a él—. Seguro me habrás visto en algún periódico.
— ¿Eres famosa? —el chico insitió.
— Oye, apártate de ella, ¿quieres? —Sara miró a Takeshi, que parecía molesto—. Vamos, este es nuestro autobús —Takeshi levantó la mano para parar el vehículo mientras cogía a la chica del brazo con fuerza. Hiro se rió a su lado—. ¿Qué?
— Nada, pareces yo a tu edad —Hiro sonrió con cara de burla.
— ¡Tenemos la misma edad idiota! —se quejó Takeshi—. ¿Por qué tengo que tenerte a ti de hermano?
— A veces me pregunto lo mismo —se rió Hiro subiendo primero al autobús.
— Chicos, no empecéis a pelear ahora, por favor —se quejó Sara subiendo detrás de él—. Parece mentira que sigáis tan iguales en ciertas cosas y tan distintos en las otras. Hasta el punto de pelearos por eso.
— Él ha empezado —se quejó Takeshi señalando a su hermano que estaba validando su billete.
— Y tú lo terminas —se rió Sara—. Así que no te quejes.
— Sí, lo que tú digas… —Takeshi avanzó hacia delante.
— El billete, Takeshi —Sara frunció el ceño.
— ¿Es que no se te escapa nada? —preguntó el chico a regañadientes mientras cogía el billete de su hermano y lo validaba también—. Eres demasiada metomentodo…
— Soy detective, ¿qué esperas? —Sara se rió mientras validaba su billete.
— Eres una plasta… —se quejaron los dos gemelos.
— Y vosotros lo mismo —respondió ella.
Los tres avanzaron hasta el final del autobús. Se apoyaron a la pared que había, mirando hacia el conductor. Sara observó a Rui, quién subía hablando con una chica que acababa de subirse con él y que claramente había corrido para alcanzar al chico. En cierto modo se alegraba por él. Tenía el pelo corto y oscuro y sus ojos irradiaban felicidad. Iba vestido con traje completamente negro, así que suponía que estaba consiguiendo su sueño de convertirse en piloto de avión. Takeshi, a su lado, la observaba triste. Aunque ella estuviera sonriendo, estaba triste habiéndose encontrado con esas dos personas de su pasado. La verdad era que ninguno de los dos gemelos le había preguntado jamás por su pasado, pero el día en que habían llegado a la casa de los Kuroba, Kaito les había pedido que fueran amables con ella. Sara ese día llevaba la misma sonrisa triste que en esos momentos en el autobús y Takeshi sentía que la chica lo estaba pasando realmente mal. Hiro levantó la libreta de nuevo y se puso a hablarle de los trucos de nuevo. Takeshi lo miró, pero realmente no lo estaba escuchando. Observaba de reojo a Sara que seguía con la mirada fija al chico. Vio que la chica mantenía sus brazos cruzados, y apretaba sus dedos a sus brazos con fuerza intentando soportar el dolor. ¿Qué era lo que había pasado en el autobús con esa chica llamada Kaede? ¿Qué era lo que le dolía tanto de ese chico llamado Rui? Takeshi frunció el ceño.
— Le borrasteis la memoria… —susurró haciendo que Sara lo mirara asustada—. Ah, perdona no es de mi incumbencia… —respondió bajando la mirada. Luego miró a su hermano que parecía confuso. Takeshi negó con la cabeza mientras le hacía una mirada en que le decía que le contaría luego.
— Le borramos la memoria —susurró Sara bajando la mirada. Los dos la miraron—. Mis poderes se habían ido de mis manos, así que no tuve otro remedio —susurró—. La única que recuerda lo que sucedió…
— Kaede —Takeshi suspiró y miró al chico que seguía hablando con su amiga sin darse cuenta de que le observaban.
— Mi pasado… —Sara se mordió el labio intentando coger fuerzas para explicarlo. En realidad no le apetecía contar a nadie acerca de aquello. Solo había pretendido olvidarlo durante todo ese tiempo para poder aguantar.
— No importa —Takeshi sonrió hacia Sara y ella lo miró—. Prefiero no saberlo. Solo si te sientes mejor contándolo, escucharé.
— Gracias… —Sara bajó la mirada—. Es igual a Asami-chan…
— ¿Igual? —Hiro frunció el ceño intentando verla, pero Takeshi se puso al medio intentando ver sus ojos.
— Kaede, era igual a Asami-chan. Siempre sonriendo, siempre ayudándome en todo, siempre apoyándome cuando más lo necesitaba…
— Por eso la odiabas tanto… —Takeshi suspiró—. No querías que sucediera lo mismo que te había ocurrido de pequeña, ¿verdad? —Sara afirmó con la cabeza.
— Tuve que alejarme de todos mis amigos —suspiró—. No quería tener que alejarme de vosotros también.
— Que te creas que te desharás de nosotros con esta facilidad —se rieron los dos a la vez levantando la voz.
Sara los miró sonriendo.
— Anda, dadme esto, no servís ni para preparar buenos trucos —cogió la libreta de Hiro y observó lo que habían dibujado.
— Hey devuélveme eso —se quejó el chico intentando cogérselo. Sara se apartó de él riendo y escondió la libreta a su espalda para que no llegara a cogerlo. Takeshi se rió mientras los veía. Observó por la ventana mientras entraban en un pequeño túnel. Por el reflejo del cristal pudo ver a Rui y su amiga mirándolos. El chico suspiró aliviado. Takeshi frunció el ceño y los miró directamente. ¿Por qué esa cara de alivio? Hiro se puso delante de él—. Ayúdame con ella —se quejó.
— Te las arreglas tú, es tu libreta —se rió Takeshi mirando a Sara.
— Pero son tus trucos de magia —Hiro entrecerró los ojos mientras se cruzaba de brazos.
— Ah, es cierto, devuelve eso —Takeshi abrazó a Sara intentando cogerle la libreta y ella se giró de espaldas a él para intentar apartarla aún más.
— Ni lo sueñes —Sara se rió—. Este truco jamás va a funcionar, os lo digo yo.
— Qué sabrás tu de trucos, si nunca los has usado —se quejaron los dos a la vez.
Sara se giró poniendo la libreta entre su espalda y la pared del autobús. Puso sus manos en el pecho de Takeshi y rebuscó entre sus cosas. En cuanto consiguió el lápiz, cogió la libreta y dibujó algo en ella.
— ¡No hagas eso! —se quejaron los dos a la vez de nuevo, pero ella ya estaba escribiendo. Luego les devolvió la libreta y el lápiz.
— Así mejor.
— Ni lo sueñes —dijeron los dos. Ella rodó los ojos mientras sonreía divertida—. Jamás podrás entrar en nuestros trucos. Por algo se le llaman trucos de magia.
Sara se rió. Los dos habían hecho la misma cara de enojo contra ella. El viaje siguió en su curso, cuando llegaron a la parada en que tenían que separarse, Takeshi la cogió de la mano y tiró de ella hacia abajo.
— Que hoy yo no me tengo que bajar aquí, Take —se quejó ella mientras Hiro les seguía.
— Tú castigo por dibujar en nuestra libreta —el chico se encogió de hombros y tiró de ella hacia la casa Kuroba. Los tres entraron y Hiro se quedó en el comedor, en dónde Aoko estaba con una carpeta abierta mientras comía de un paquete de galletas. Takeshi tiró de Sara hasta su habitación y cerró la puerta una vez estuvieron adentro. La habitación estaba un poco oscura—. ¿Estás bien? —preguntó el chico mirándola. Ella se encogió de hombros. Comparada con la habitación de Hiro, esa era enorme y tenía una cama doble al medio. En un rincón había un armario que Sara sabía que estaba, pero realmente no se veía. El chico se acercó al armario con lentitud y sacó dos guantes de boxeo de dentro. Lo dejó en la cama mientras se quitaba el jersey que llevaba encima de la camisa de cuadros. Sara sonrió viéndolo. Él dejó el jersey en la cama y cogió los guantes. Se acercó a ella y le puso los guantes en las manos. Sara lo miró confundida—. ¿Te acuerdas cuándo Hiro y yo nos peleábamos por cualquier tontería en la clase? —susurró él en voz baja. Sara no dijo nada—. Nos sentíamos solos y tristes por tener que alejarnos de casa. Ninguno de los dos queríamos reconocer que ir a Estados Unidos nos había separado de las burlas de nuestro padre y de los enojos de nuestra madre. Y los dos sentíamos que nos estábamos alejando el uno del otro. Así que nuestra manera de llamar la atención del otro era pelearnos a cada momento. Nos sintiéramos tristes, enojados o confusos, nos pegábamos con toda la fuerza que sabíamos y nos quedábamos satisfechos. No sé si funcionaría igual con una bruja, pero sé del cierto que esto funciona con la gente que entra en lo normal.
— ¿Pretendes que golpee? —preguntó Sara parpadeando varias veces.
— Pretendo que 'me' golpees —Takeshi sonrió mientras arqueaba una ceja dándole un aire de superioridad.
— ¿Por qué debería de hacerlo? —preguntó Sara—. Tú no me has hecho nada malo.
— Ah, ¿es que la bruja solo pega a la gente que le ha hecho algo? —Takeshi sonrió—. Porque ni siquiera devolviste el golpe al autobús. Así que entonces podría entender que te sentiste culpable con ese golpe.
— No me siento culpable, es solo que… —Takeshi se cruzó de brazos y ella lo empujó con la mano dentro del guante—. Olvídalo.
— Eso no es pegar… —susurró el chico desviando la mirada.
— No me provoques, Take —se quejó ella empujándolo con más fuerza.
— Usa tus puños, Sara. Estás demasiado acostumbrada a luchar con las armas a distancia. Nunca has sacado lo que llevabas a dentro —suspiró él.
— No necesito sacar nada —respondió ella.
— Estás triste —Takeshi se encogió de hombros. Ella desvió la mirada—. Estás decepcionada con lo que te pasó de pequeña —Sara enrojeció levemente—. Estás claramente enojada porque no supiste controlarte y tuviste que borrarles la memoria —Sara lo miró enojada. No es que antes lo estuviera. Lo estaba entonces. Lo pegó con fuerza en el pecho—. Vamos, otra vez… —ella volvió a pegarlo con más fuerza aún. Takeshi ni siquiera movió sus pies. Aguantó el golpe en su pecho de nuevo. Takeshi la estaba provocando. Ella no estaba enojada y eso la enojaba. Que además le insistiera. Le golpeó un golpe tras otro, uno tras otro hasta que se dio cuenta de que estaba a punto de llorar. Paró notando que sus piernas le flaqueaban y Takeshi la cogió abrazándola—. No estás enojada conmigo, Sara, lo estás contigo misma. Pero te ha enojado que te dijera la verdad —susurró el chico sentándola al suelo—. Desahógate de una vez. No es bueno que lo tengas a dentro todo para ti sola.
— No puedo —susurró ella cerrando los ojos—. Si lloro perderé mis poderes —lo miró y lo abrazó con fuerza—. Les hice daño a todos.
— No es cierto —Takeshi sonrió mientras le acariciaba el pelo—. Sé que Sara no haría daño a nadie.
— Te he pegado —susurró ella.
Takeshi se sentó a su lado y le quitó uno de los guantes. Cogió la mano suave de la chica y la puso en su mejilla.
— Y ahora me acaricias —sonrió él. Sara enrojeció completamente. El silencio se hizo entre ellos dos durante un tiempo—. Sara no hay nadie que viva sin hacer daño a más gente. ¿Vas a decirme ahora que los detectives no tenéis el poder en esos sentimentalismos, precisamente? Todos los criminales odian a los detectives.
Sara sonrió.
— Soy mala —susurró bajando la mirada.
— Después de pegarme me acaricias —Takeshi frunció el ceño—. Si tú dices que eso es ser malo…
— No es eso —Sara suspiró largamente—. Yo soy una bruja.
— Ah, volvemos con los términos machistas de esta sociedad. Te aseguro que yo soy más bruja que tú —se rió el chico.
— Tú no tienes poderes que pueden hacer que mates a alguien cuando le odies —susurró ella incómoda. Takeshi aún la abrazaba y parecía no querer soltarla.
— ¿Te refieres a esos poderes que nos dijeron que tenías y que aún no he visto actuar al 100%? —Takeshi se rió.
— Te lo mostré una vez —se quejó ella mirándolo.
— Ya, pero lo que hiciste bien podría haber pasado por casualidad —él se encogió de hombros y sonrió.
Sara suspiró y miró sus manos. Con su mano derecha cogió la izquierda juntándolas. Las separó lentamente y de ellas salió una luz blanca. Takeshi observó la pequeña esfera con una sonrisa. Se apartó de ella y se puso delante. Puso su mano encima de la pequeña bola de luz, que traspasó sus manos.
— ¿Puedo? —Takeshi puso las palmas de sus manos hacia arriba y ella sonrió. Tocó la bola con un dedo y esta destelló como si fuera cristal. Luego la puso en las manos del chico. La bola se mantenía al aire entre sus dedos y eso le hizo sonreír—. Está caliente —el chico miró la pequeña bola con una sonrisa. La luz se reflejaba en sus ojos azules y Sara se quedó mirando asombrada al chico. Jamás había visto a alguien conservar la calma ante algo como aquello. Realmente él y su familia eran alguien especiales para ella—. Te quiero Sara… —susurró Takeshi aún mirando la pequeña bola de luz—. Quiero que mantengas esta sonrisa ante mí, por favor —la miró directamente a sus ojos color miel. La chica había enrojecido hasta la punta de su cabello purpura.
— ¿Qué? ¿Qué es eso? ¿Una broma marca Kuroba? —Sara tartamudeó.
Takeshi sonrió.
— Si fuera una broma marca Kuroba tendrías ahora mismo a mi hermano haciéndote una foto a tu cara enrojecida —respondió él—. Te he llevado a la única habitación en donde no hay cámaras ni escondites secretos. Sara estoy hablando en serio.
— Hiro bien pudo estar espiando.
— Tenemos prohibido entrar en nuestro terreno con trampas, Sara —Takeshi se encogió de hombros—. Norma de hermanos que jamás romperemos los dos —la bola parpadeó y finalmente desapareció dejándolos de nuevo medio a oscuras—. Si necesitas apoyo estaré aquí para ti, Sara. No lo dudes —susurró él levantándose y espolsando sus manos como si tuviera tierra en ellas. Luego le puso se mano delante para ayudarla a levantar—. Solo te pido que sonrías cuando quieras hacerlo y que me dejes ayudarte cuando estés triste o enojada. Yo estaré aquí para ti.
La chica lo cogió de la mano y dejó que él tirara de ella para ayudarla a levantarse. Se quedaron a escasos centímetros el uno del otro. La chica se mantenía en silencio mirándolo.
— ¿Puedo hacerte una pregunta? —Sara susurró al cabo de unos minutos de silencio.
— Dime…
— ¿No tienes miedo de estar a mi lado? —preguntó ella.
— ¿Te crees que te habría llevado a solas a mi palacio si realmente te tuviera miedo o desprecio? —preguntó él.
— Deja de responder con preguntas —se quejó ella.
— Te lo acabo de decir Sara. Te amo. De ninguna manera te tendría miedo —Takeshi puso su mejor sonrisa—. Pudiste entrar a mi mundo y llegó un día en que pensé que me daría miedo si no te tenía a mi lado. Por eso nos fuimos contigo de Estados Unidos. Porque yo te echaba de menos y Hiro no podía aguantarme más.
— ¿Puedo…? ¿Puedo responderte mañana a estos sentimientos, Takeshi? —Sara sonrió tiernamente y lo miró a los ojos. El chico ruborizado, desvió la mirada, claramente incómodo.
— Si no quieres… yo… podemos ser amigos, no me importa —susurró él.
— No, no es eso, no me malinterpretes —susurró ella levantando sus manos para intentar disculparse—. Yo… —puso una mano en su pecho, agarrando su jersey. Él la miró—. Siento un cosquilleo en mi corazón y solo quiero disfrutar de este sentimiento un poco. En cierto modo me siento aliviada al oír tus palabras, Takeshi. Me hubiera sentido muy triste si realmente lo de que se suponía que estabas enamorado de Asami hubiera sido cierto.
— No, ese es Hiro, bueno, lo era —Takeshi se rió—. Disculpa por salirte ahora con esto pero…
— No pudiste evitarlo —Sara se encogió de hombros y sonrió. Luego le puso una mano en una mejilla y lo besó en la otra—. Tengo que irme. Nos vemos mañana, ¿vale? —se apartó de él con lentitud—. Mañana a medio día al parque de Beika. No falles.
— ¿Qué qué? —el chico la miró confundido, medio enrojecido. No la había oído en los últimos segundos—. ¿Qué dijiste?
Sara se rió.
— Sabes lo que he dicho.
La chica se giró y finalmente salió del lugar sonriendo. Se sentía demasiado feliz para pensar en lo que había pasado durante el día. Se sentía demasiado feliz para acordarse siquiera de lo que había evitado recordar durante tanto tiempo y que el viaje hacia ese lugar le había recordado. Pero aún así… Asami seguía desaparecida.
Hakuba Sara y Kuroba Takeshi ;) (para todos esos fans de kaito y aoko) y por cierto, sigo buscando fans de hakuba! XD conozco fans de shinichi, de kaito y yo me consideraría fan de heiji... ¿quién de saguru? (para completar el fanatismo Gosho Boys XD)
^^Shihoran^^
