ADVERTENCIAS:
Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos, y Eric Northman, perteneciente a la autora Charlaine Harris, creadora de True blood.
Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.
Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera
Capítulo 51
Después de una noche tormentosa en la cual me desperté varias veces por los inmensos dolores, a primera hora de la mañana decidí levantarme, ya que ni dormir era agradable porque la posición me resultaba imposible a estas alturas, y desde luego, dolorosa.
Carlisle se levantó de la silla que estaba frente a la cama, al observar que había despertado, y se dispuso a ayudarme con cuidado.
-¿Cómo te encuentras?
-Me siento muy débil, los dolores son horribles.
-Mañana te operaré, Nadine. No podemos esperar más.
Antes de que pudiera responder sonó el timbre, y ambos nos callamos mirando hacia la entrada del cuarto, y dos segundos después, Eric ya se encontraba en el umbral de la puerta del dormitorio.
-Espero que sea importante, tengo un pequeño problema en el bar.
-Créeme, al menos es interesante. Nadine tiene visiones del pasado. –Dijo Carlisle mirando el semblante sorprendido del rubio, quien arqueó una ceja en señal de su sorpresa.
-Contadme lo que ocurrió.
Carlisle comenzó a contarle todo con pelos y señales mientras yo, totalmente de pie por fin, intentaba despegarme del lado de la cama para caminar algo en mi afán porque no se me atrofiaran las piernas, pero sentí un fuerte dolor y me agarré al cabecero de madera de la cama, y de nuevo, tuve otra extraña visión.
Otra vez me sentía como un espectador de cine ante una película, pero como si yo formase parte de ella; Sería algo así como un cámara en símil, y para mi desagrado, el cabecero de la cama tenía mucho que contar y era algo incómodo. Comencé a ver un montón de escenas de sexo entre Carlisle y Esme, y entre Carlisle y yo. El rubio siempre se apoyaba en el cabecero, y por ello, tenía esa curvatura tan especial, no era propia de la madera. La última escena me mostró como la castaña, anterior pareja de Carlisle, mandó crear ese cabecero a partir de un diseño suyo, y de pronto todo se volvió negro.
-¡Nadine! ¿Estás bien, cariño? –Preguntaba alarmado Carlisle mientras acariciaba mi rostro.
-¿Me he desmayado?
-Sí, ¿qué ha ocurrido? No nos respondías.
-He tenido otra visión, por haber tocado el cabecero de la cama, y ha sido un tanto horrible. –Miré las caras de expectación de los dos hombres y continué hablando con incomodidad. –He visto que Esme lo mandó crear a partir de un diseño suyo, y bueno, el por qué de su curvatura; He visto sexo explicito entre tú y ella, y entre tú y yo.
Eric me miró con una mueca entre la risa y la incredulidad mientras el rubio quedó atropellado por la noticia con algo de vergüenza. Ante el silencio incómodo, el vikingo habló.
-Vaya, te lo vas a pasar bien a partir de ahora, Nadine.
-No tiene gracia, Eric. ¿Qué me está pasando, qué son esas visiones y por qué las tengo? –Contesté con enfado en un tono de voz tenue, debido a mi infinito cansancio y malestar.
-Tu hijo tiene poderes, es capaz de leer la mente de humanos y vampiros; Quizá también tenga visiones y te ha transferido el poder, no lo sabremos hasta que nazca, y comprobemos si sigues teniendo el don.
-Preferiría no tenerlo si voy a tener que aguantar cosas como estas, sinceramente.
-A cada uno le toca su cruz, no puedes deshacerte de tus poderes, si es que de veras los tienes y no son fruto del embarazo, deberías aprender a controlarlos en todo caso.
Iba a asaltar a Eric con una nueva pregunta cuando solté un grito de dolor. Está vez era algo tan increíblemente insoportable, que mi cuerpo dejó de responderme y me precipité contra el suelo, pero gracias a los dos vampiros no llegué a tocarlo; Aún así, el dolor me desgarraba por dentro, literalmente. Las lágrimas se agolpaban en mis ojos mientras luchaba por respirar.
Cuando me hube incorporado me doblé de nuevo del dolor hacia delante, sintiendo una gran arcada, tapé mi boca y tosí de forma violenta.
-¡Carlisle, mira! –Habló Eric alterado señalando mi mano, ahora ensangrentada.
-¡Ya ha empezado. Hay que sacarlo antes de que rompa su columna!
Carlisle, nervioso como nunca, me cogió en volandas y con una velocidad pasmosa me condujo al quirófano depositándome sobre la camilla, tras unos segundos, Eric apareció tras él, y con su misma rapidez comenzó a pasarle instrumentos que necesitaba. Yo por mi parte no podía reprimir los gritos de dolor ni las lágrimas mientras sentía como Albert me mataba por dentro, tratando de salir al exterior, rasgando mi abdomen con cada movimiento de su cuerpo.
La morfina comenzó a hacerme efecto y empecé a dejar de sentir esos fuertes dolores hasta alcanzar un estado de ensoñación en el que escuchaba y veía a mi alrededor, pero no me enteraba apenas de nada.
Observé ligeramente a Carlisle coger el bisturí y cortar en mi abdomen, mientras Eric le gritaba cosas, que para mí, no eran más que sonidos lejanos mientras el rubio seguía a lo suyo. Vi después como se inclinaba sobre mi vientre y tras unos minutos, sacaba al bebé que lloriqueaba con angustia, pero no podía moverme apenas ni emitir sonido alguno, y de repente, las cosas comenzaron a ir mal, ya que el aire me faltaba cada vez más hasta que caí inconsciente.
No sé cuanto tiempo había pasado en ese estado, pero comencé a oír de nuevo aunque aún no me encontraba con las suficientes fuerzas como para abrir los ojos. Me estremecí sólo al percatarme de lo que ocurría a mi alrededor.
-Vamos, Nadine, por favor, no me hagas esto... –Sollozaba Calisle con angustia mientras me realizaba la RCP, totalmente desesperado. Me sentí horrible en ese momento por dentro, con ganas de levantarme y abrazarlo, pero mi cuerpo no me respondía.
-¡Carlisle, o la conviertes ya, o lo haré yo! –Gritó Eric, el cual se acercó con violencia al rubio y trató de apartarlo por lo que escuché, pero entonces, Carlisle lo ignoró y comenzó a hablar de nuevo.
-¡Ya tiene pulso! No hará falta convertirla. Está viva.
-Ahora entiendo por qué los médico no debéis tratar a vuestros conocidos; Casi acabas con las pocas costillas que le quedan sanas.
El rubio ignoró el comentario del vikingo y siguió con lo suyo. En ese preciso momento abrí los ojos con lentitud y pesadez, a pesar de que lo intenté con todas mis fuerzas y ganas.
-Carlisle... –Susurré tan alto como pude, sintiéndome en ese estado de ensoñación.
-Nadine, estás bien, mi vida. –Si pudiera llorar su rostro estaría empapado en lágrimas, y en aquel momento, más que nunca.
-Nunca te había visto llorar... Bueno, intentarlo. –Sonreí levemente mientras él me respondía esplendorosamente con su típica sonrisa de actor de cine. –¿Cómo está, Albert?
-Está perfectamente, ahora lo tiene Rosalie.
-Tienes que beber mi sangre, ya no sólo por no echar a perder tu preciosa figura con esa horrible cicatriz que te atravesaría en canal, sino también porque si no, no te levantarás de esa cama en meses.
-Tienes que hacerle caso, Nadine. No sé si podrías vivir con normalidad después de esta cirugía, te costaría meses salir de casa y andar por ti misma.
-Está bien, lo haré. –El vampiro extendió sus imponentes colmillos en un santiamén y se mordió con saña la muñeca, que comenzó a sangrar, pasando a posicionarla estratégicamente en mi boca para que succionara de ella. Pronto comencé a sentirme mucho mejor.
-Quédate tumbada hasta que pase el efecto y te hayas regenerado. Tienes la herida abierta.
-Te dije que al final todo saldría bien. –Hablé feliz a Carlisle, quien me devolvió una sonrisa preciosa, inclinándose para besarme con ganas.
-¿A mí no me vas a dar las gracias, ni nada parecido?
-Sabes que te estoy muy agradecida por todo lo que has hecho por nosotros, Eric. Pero también sabes que no voy a besarte. –Sonreí contemplando la picardía divertida en su rostro. –Trae a Albert, quiero verlo.
Carlisle asintió feliz y salió de la sala, para segundos después, traer en sus brazos al pequeño bebé, el cual miraba a su alrededor con curiosidad. La estampa de ver al rubio sosteniendo a su hijo con infinita ternura me provoco tal emoción, que no pude reprimir las lágrimas.
Con cuidado, las manos ensangrentadas de Carlisle me ofrecieron al bebé, ya completamente limpio. Para ser un recién nacido tenía un peso y estatura anormal, y unos ojos azul intenso curiosos que me miraban fijamente. Me pareció verlo sonreír levemente, mientras totalmente anonadada, lo miraba con las lágrimas de felicidad rodando por mi rostro.
-Por fin te tenemos con nosotros. Has tenido que sufrir mucho ahí dentro. –Dije mientras lo abrazaba con cuidado y amor, sonriente sin dejar de contemplar su cara mientras él, con su pequeña mano, intentaba coger un mechón de mi pelo.
Era extremadamente pálido, al igual que su padre, pero sin embargo, no era igual de frío; Su temperatura se asemejaba más a la de un humano que a la de los vampiros.
Tras unos minutos, Carlisle cogió al niño para que yo pudiera ponerme en pie, ya que la herida estaba casi por completo curada. Albert comenzó a lloriquear con fuerza.
-¿Y ahora qué le pasa? –Preguntó Eric, molesto, mientras miraba al rubio con recelo intentar calmar al bebé.
-Seguramente tenga hambre.
-¿Y que le debemos dar, sangre? –Automáticamente miré a Eric, quien se encogió de hombros sin saber qué decir.
-Llamaré a Edward, Él podrá decírnoslo.
Acto seguido de acabar la frase, Carlisle y yo salimos rápidamente de la sala en busca del joven, quien se hallaba en el salón con Rosalie. Ambos se callaron cuando me vieron entrar en escena y me contemplaron con sorpresa.
-Estás bien, has sobrevivido. -Comentó Rosalie, mirándome escéptica.
-Sí, por poco, pero lo conseguimos. –Sonreí levemente a la joven, y después concentre mi mirada en el chico. -Necesito que vengas, Edward.
El castaño asintió y me siguió escaleras arriba sin preguntar nada. Cuando llegamos a la sala no hubo que decirle nada para que entendiera cual era su cometido, así pues, habló tras unos instantes sin dejar de mirar al niño.
-Tiene hambre, y de sangre.
-Era de esperar, su instinto ha de ser como el de un neófito, muy fuerte aunque sólo sea mitad vampiro. –Voy a buscar la sangre, enseguida vuelvo, –Dijo Carlisle mientras depositaba al niño en mis brazos, me besaba fugazmente, y después al bebé.
-Buscaré el biberón para meterla dentro.
-Gracias, Edward. –Dije sinceramente mientras acunaba al pequeño intentando calmarlo, y él desaparecía rápidamente del cuarto, dejándome sola con Eric, quien se acercó peligrosamente en el momento en el que el joven se fue.
-Como madre también te ves muy sexy, Nadine.
-Gracias, Eric. Veo que no te cortas ni siquiera aunque haya un niño delante. ¿Nunca te vas a rendir?
-Deberías saber ya que no. –susurró muy cerca de mis labios mientras acariciaba mi rostro y bajaba a mi cuello. –Sé que me deseas, y al beber mi sangre, no puedes ocultármelo.
-Pues no me lo pongas más difícil. Sí, Eric, eres muy atractivo y al ser un vampiro tan poderoso me cuenta mucho resistirme a ti, pero eso no quiere decir que vaya a sucumbir.
-Lo sé, pero soy yo el que no puede resistirse a ti.
Acto seguido, Eric me besó y me sorprendió el hecho de que lo hiciera con ternura más que de forma pasional, aunque obviamente, el deseo era perceptible en su beso.
Como cada vez que él hacía algo parecido, no sabía cómo reaccionar, ya que la personalidad de Eric era complicada y no conocía cómo podía comportarse después. Albert comenzó a llorar fuertemente, y gracias a ello me pude separar del vampiro y centrarme en el niño mientras escuchaba a Eric, ahora vuelto de espaldas hacia mí, refunfuñar por lo bajo. En ese momento apareció el rubio con el biberón en la mano lleno del líquido rojo y espeso.
-Ya está todo listo, veamos qué tal. –Dijo Carlisle terminando de tapar el biberón, y entregándomelo mientras observaba con atención la reacción del pequeño.
Albert comenzó a succionar con ganas la sangre en el instante en el cual le acerqué el biberón, y al cabo de pocos minutos, acabó con el contenido y se serenó tanto, que acabó durmiéndose.
-Bueno, por lo menos ya sabemos algo más; Duerme como los humanos y se alimenta de sangre, al menos por ahora. -Comentó Carlisle mirando al pequeño, siendo acunado en mis brazos.
