Edward detuvo el auto cuando llegamos a la casa de los Cullen.
Me estremecí al pensar en el enorme interrogatorio que se me avecinaba. Edward me había dicho que él no permitiría que me hicieran sentir incomoda bombardeándome con preguntas, pero aun así no podía evitar sentirme nerviosa y asustada.
Y no solo era el miedo a las preguntas lo que me inquietaba.
Sino también el hecho de que iba a volver a ver a los Cullen. Ya les había dicho que no los había vuelto a ver desde el "pequeño" incidente con Tanya. Edward me había dicho que ellos no estaban molestos conmigo ni nada por el estilo, pero aun así sentía vergüenza.
Bueno, tarde o temprano iba a tener que verlos de nuevo, no podía evitarlos de por vida. Pero pensé que sería más tarde, que temprano.
Tal vez aun tenía tiempo de cambiar de opinión, tal vez podría hacer que Edward vaya solo y él le cuente lo que vimos en la playa… ¡No! Me dije a mi misma, no puedes hacer eso. ¡Argh! ¿Por qué tenía que ser tan cobarde?
-¿Sabes?, si quieres puedo ir y contárselos yo solo- dijo Edward, tomando mi mano y apretándola ligeramente-
Mi parte cobarde y deshonesta, me dijo que aceptara su propuesta y dejara que él vaya solo.
Pero, mi otra parte, me decía que debía acompañarle y hacer esto juntos, como debe ser.
-No, iré contigo.- dije, haciéndole caso a mi parte honesta- Los dos estuvimos ahí y los dos tenemos que decírselos-
-Está bien, pero recuerda que esto no es necesario-
Abrió la puerta del auto y salió, para estar a mi lado y abriéndome la puerta en un segundo. Supongo que, no habiendo nadie, podía moverse libremente. Di un largo suspiro antes de salir del auto. Noté que el cielo estaba nublado y oscuro otra vez, sin ningún rasgo de las antes vista estrellas. Edward envolvió un brazo en mi cintura y nos encaminamos a la casa.
Pero antes de que llegamos a la entrada, antes que Edward abriera la puerta, o pudiera prepárame mentalmente para la reunión, Carlisle y Esme salieron a darnos el encuentro.
-Bella, es fantástico volver a verte por aquí- saludó Esme, con una gran sonrisa. De hecho, ambos estaban sonriendo. Carlisle asintió, estando de acuerdo.
Edward y yo nos miramos brevemente.
Yo estaba más relajada, en cierto modo. Al menos no me han corrido a patadas de su casa, aun.
-No pudimos evitar escuchar su conversación, y que nos querían decir algo.- dijo Carlisle- ¿Buenas noticias?-
-Al contrario, malas- comenté en voz baja. Pero seguro ellos lo escucharon perfectamente.
Carlisle y Esme nos miraron, interrogantes. Esperando la aclaración de mi comentario.
-Hay licántropos en la reserva de la Push- dijo finalmente Edward.
Vaya, con que así se llamaba el lugar. El nombre era un poco… rarito.
Todo se quedó en completo silencio, excepto el cantar de los grillos y el lejano ulular de un búho. No podía creer lo tarde que se había hecho.
-Es mejor que entremos- dijo Esme, poniendo fin al largo silencio.
Seguí a Esme dentro de la casa. Vi como Edward y Carlisle intercambiaban una larga y significativa mirada antes de seguirnos también.
La casa no había cambiado mucho… bueno, ahora que me fijo, creo que la mesita del café era nueva, y el jarrón… .
Edward y yo les contamos todo. Nuestro pequeño paseo en la playa, cuando los vimos. Esa parte tuve que contarla yo, ya que fui la que los vio primero. Edward los olió después.
Me hicieron preguntas, por supuesto. Como era que sabía ciertas cosas. Edward intervino y evitó que respondiera e hieran más preguntas sobre mis… habilidades. Le agradecí internamente, me evitó inventarme rápidamente una pobre mentira o ponerme a balbucear como una tonta, que era lo que últimamente estaba haciendo. En serio ¿Qué me pasaba? ¡Estaba perdiendo mi toque de cazadora experta en la mentira! Pero eso solo pasaba con los vampiros, porque podía mentirle a los humanos sin problema, todavía.
-Pero no son licántropos- dije yo, haciendo una cuarta escasa intervención.- Son…-
-Metamorfos- completó Edward-
-Si- dije-
-Entonces siguen aquí- comentó Esme en voz baja. La miré, pero ella estaba mirando a Carlisle, y él estaba mirando a Edward.
-No pensé que permanecieran aquí. Creí que su linaje había muerto con Ephraim -susurró Edward, y sonaba casi como si estuviera hablando consigo mismo- Que la mutación genética que permitía la transformación había desaparecido con él- dijo Edward, alzando la vista, supongo que respondiendo al los pensamientos de Carlisle- Supongo que he violado una cláusula del tratado.-
-Hijo, no te sientas culpable- le dijo Esme, acercándose y poniendo una mano su hombro-
-Si, ustedes están sanos y salvos. Eso es lo que importa- agregó Carlisle-
Vale, eso de la comprensión y apoyo era dulce, pero yo estaba perdida en el espacio y necesitaba respuestas ¿De que tratado estaban hablando?
-Esperen ¿De que tratado hablan?- pregunté. Todos me miraron cuando lo hice.
Me sentí un poco tonta al preguntar eso, pero si no lo hacía, nunca lo sabría. Y creo que eso era peor.
Me contaron que, hace muchos años, la primera vez que llegaron a Forks, se encontraron con estas criaturas. Mostraron lo diferentes que eran y que no mataban humanos. Al principio nos les creyeron, por supuesto, y les dijeron que se vayan, pero al final pudieron convencerlos y firmar una especie de tratado de paz. Ellos no entrarían a su territorio, ni tampoco morderían a un humano.
Ahora entendía a que se refería Edward cuando dijo que había violado una clausula del tratado.
-¿Entonces, que?¿Que hacemos ahora?- inquirí-
-Ir y hablar con ellos, es lo correcto- me respondió Carlisle.
-Soy yo el que debería ir, fui quien rompió el tratado entrando a su territorio- dijo Edward, poniéndose de pie.
-¡No!- casi grité, poniéndome de pie también, cogiéndole fuertemente del brazo como si se me fuera a ir en cualquier momento.- No te dejaré ir solo con… esos-
-Ninguno de nosotros te dejará ir solo- dijo Esme.
Carlisle asintió, mostrando acuerdo.
Pero aun si ellos vienen con nosotros, estamos en una gran desventaja numérica. Ellos nos duplicaban la cantidad. Sin mencionar que ninguno de nosotros cuenta con experiencia sobre licántropos o como enfrentarse a ellos. O eso supongo. Si se armara un pelea, perderíamos.
Entonces, una idea se me ocurrió.
-Esperen ¿Y si voy yo sola?- sugerí-
-Sobre mi cadáver- musitó Edward, apretando los dientes.
-Soy humana, y por lo que ustedes han dicho, ellos protegen a los humanos ¿no?-
Eso era bastante extraño. Nunca nos habían hablado de licántropos o metamorfos que no ataquen humanos. Pero bueno. Debía ser cierto. Así como hay vampiros vegetarianos, también deben haber metamorfos buenos, supongo.
-Aun así es muy peligroso. No voy a dejar que vayas tu sola allí- insistió-
-Quiero ayudar-
-¿Arriesgándote a ir en busca de los hombres lobo?- Edward negó con la cabeza- Ni en sueños. No pienso dejarte ir-
-No te estoy pidiendo permiso. -
-¿Por qué eres tan obstinada?-
-Mira quien habla-
-Está decidido: No vas a ir a ese lugar-
-¿Ah, si?¿Solo porque tu lo dices?-
-Bella, no pienso dejarte ir-
-Quiero ver como haces para detenerme- le desafié-
-Chicos, ya basta- intervino Carlisle- No es momento para una pelea entre nosotros mismos- suspiró- Bella tiene razón, es humana… aparentemente- le miré, entrecerrando los ojos- Lo que quiero decir es que, como humana, no le harán nada-
Sonreí de manera triunfante, contenta de que Carlisle me haya dado la razón a mi.
-Aunque- continuó- Por otro lado, también corre el riesgo de que uno de ellos pierda el control y se transformé delante de ella. Son criaturas inestables, y si Bella está muy cerca, puede salir lastimada gravemente-
Esta vez fue el turno de Edward para sonreír.
-Voy a ir- insistí-
Escuché a Edward resoplar a mi lado. Yo no relajé mi posición. Lo vi suspirar y cerrar los ojos por unos segundos, como si estuviese tratando de calmarse a si mismo.
-Bella ¿Podemos hablar afuera?- me preguntó finalmente.
Le miré, aun frunciendo el ceño. Ni crea que me va a convencer de que me quede aquí, hablemos donde hablemos.
-Bien- acepté-
Edward y yo caminamos en silencio hasta a puerta, él intentó abrirme la puerta pero yo lo hice antes de que lo haga. Que vaya con su caballerosidad a otro lado.
-No pienso quedarme aquí y dejarlos a ustedes solos- dije, deteniéndome y cruzando los brazos.
-Lo sé, y también sé que no podré hacerte cambiar de opinión-
-¿Entonces?-
-Iras con nosotros, pero no intervendrás en nada. Vas a estar detrás de mi y si …-
-¿Por qué tienes que ser tan sobreprotector conmigo?¡No soy tan frágil!- le grité-
-¡Porque me preocupo por ti! ¿Esta bien?¡No quiero que salgas lastimada!- me gritó de vuelta- ¡Perdóname, pero te amo, y no quiero que te pase nada malo!-
Me quedé callada con lo que me dijo, olvidando lo que le iba a decir para continuar la discusión.
Me sentí como una idiota. Corrección. Era una idiota.
Decir que sentía vergüenza y remordimiento era poco. ¡Rayos! ¿Por qué era así? Probablemente es única persona que de verdad se a preocupado por mi ¿y así le pago, gritándole?
-Lo siento- susurré. Era extraño… decir eso. El "Lo siento" No estaba en mi vocabulario. No solía pedir disculpas, no de verdad.- Sabes… no estoy acostumbrada a que alguien cuide de mi- confesé, bajando la vista-
Normalmente era yo la que se preocupaba y cuidaba de los demás.
Lo sentí acercarse a mi, pero no alcé la vista. Otra vez sentí deseos de desaparecer.
-Bella… se que te puede resultar un poco… agobiante, pero lo hago porque de verdad me preocupo por ti- tomó mi barbilla e hizo que le mirara- Si te sucediese algo… yo…-
-Edward- le corté- No me va a pasar nada, puedo cuidar de mi misma, siempre lo he hecho. Puedo ir sola… intentar arreglar las cosas por ustedes y salir ilesa-
-¿Tan ilesa como cuando peleaste con James?-
Me congelé.
-¿Cómo… sabes eso?- pregunté, de manera entrecortada- Después- corté- Y no tiene nada que ver con lo que estamos hablando-
-Claro que tiene que ver, y mucho. Casi terminas… muerta- dijo la ultima palabra apretando los dientes- Puede pasarte lo mismo hoy. No pienso dejarte ir sola… Al menos deja que yo vaya contigo-pidió.
Peor.
-No.- respondí-
-¿Por que no quieres que vaya contigo?-
-Porque, si vas conmigo, ellos se pondrán en guardia y ni siquiera nos dejaran hablar. Y si tenemos que pelear, estaremos en desventaja. Sobre todo porque seguro tu querrás hacerlo solo. Y porque estarás pendiente de mi en todo momento, y yo estaré igual- tomé sus manos- En cambio si voy sola, escaparé si las cosas se ponen difíciles. Soy rápida, puedo hacerlo- aseguré- Puedo mantenerme con vida… Pero no estoy segura de poder mantenerte a ti con vida-
-No quiero que me protejas o te sacrifiques por mi-
-Ni yo- coincidí- Déjame hacer esto-
Quería hacer esto, sola, al menos para de una forma pagar todo lo que había hecho por mi. Limpiar mi conciencia siquiera un poco.
Lo vi, por un segundo, reconsiderar la idea, pero cuando estuvo a punto de negarse otra vez, se tensó.
-¿Qué pasa?- pregunté-
Edward se acercó a mi y me colocó detrás de él, en una posición protectora.
-Ya no será necesario que vayas tu sola, Bella- dijo. Me apretó contra su costado, pero aun estando ligeramente más adelante que yo.
La puerta de la casa se abrió de golpe en ese momento. Cuando me giré para mirar vi como Carlisle y Esme salían también, reuniéndose con nosotros.
Me quedé quieta, atenta a cualquier pequeño sonido que pudiera escuchar.
Entonces, por fin, pude percibir un ralo sonido. Pisadas. Cada vez más fuertes. Se acercaban.
Demasiados fuertes para ser humanos comunes y corrientes, y demasiado suaves para ser algún tipo de animal.
-Vienen hacia nosotros- anunció Edward. Se giró rápidamente hacia mi- Bella, tienes que irte de aquí, regresa a casa y quédate allí hasta...-
-No. Me. Voy. A. Ir-articulé, separando las palabras-
Edward apretó los dientes y bufó, pero no dijo nada más.
Las pisadas se hicieron más fuertes.
No había tiempo que perder. Mi especialidad no eran los hombre lobo, nunca había peleado con uno, pero tampoco estaba en la calle. Tenía conocimientos básicos.
-Vale- dije apresuradamente- No soy una experta en esto, pero les daré una cuantas indicaciones para la pelea-
-No necesariamente habrá un enfrentamiento. - dijo Carlisle- Trataremos de evitarlo todo lo posible-
Edward y yo rodamos los ojos al mismo tiempo. Eso me hubiese resultado cómico en otra situación. Solo Carlisle podía decir eso, un comentario pacifista cuando estaba a punto de desatarse una pelea.
Estaba claro que los lobos venían hacia nosotros con un solo propósito : Acabar con nosotros. Matarnos. No venían a charlar sobre el clima, ni a tomar el te mientras discutíamos sobre el tratado. No. Ellos atacarían sin preguntar.
-Ellos no vienen pacíficamente, Carlisle- dijo Edward, confirmando mis pensamientos- También han identificado nuestro olor. No quieren vampiros aquí, ya que significaría poner en peligro su tribu.-
-¿Tienen conocimientos sobre el tratado que firmamos antiguamente?- preguntó Esme-
-Si- asintió Edward- Y el hecho de entramos a su territorio los a molestado aun más.- se giró hacia mi de nuevo- Bella ¿Estas segura…?-
-Si- corté. De aquí no me movía y nada me haría cambiar de opinión.
Edward suspiró.
-Ellos no saben que somos los mismos- continuó- Piensan que somos otros vampiros invadiendo sus tierras-
-¿Otros?- repitió Carlisle- Solo te vieron a ti. Bella es humana… aparentemente- agregó-
Yo le miré de nuevo con los ojos entrecerrados.
-Ese es otro problema- Edward me miró de soslayo- Creen que Bella es una de nosotros-
Eso no me sorprendía, ya lo había supuesto. Claro ¿Qué humana anda con un vampiro? ¿Qué humana anda con un vampiro y lo hace escapar, llevándolo a jalones y protegiéndolo? Seguro habían visto mis desesperación por salir de allí cuando nos vieron. Mi miedo. No sabían que no temía por mi, sino por Edward.
-Bella- me llamó Carlisle- Tal vez si deberías irte de aquí- sugirió-
-¡¿Tu también?!- le pregunté, incrédula.
-El hecho de que los hombres lobo piensen que eres como nosotros te pone en peligro aun más.- me aclaró Edward- Te atacarán a ti también-
-¡Puedo defenderme!- repliqué.
-Bella, por favor, si aprecias un poco tu vida…-
-¡No me voy a ir!-
-Edward, es mejor que dejes de insistirle- intervino Carlisle, extrañamente calmado- No va a ceder. No puedes esperar tal cosa viniendo de Bella. Ella es la persona mas obstinada que he conocido… después de ti- Edward se le quedó viendo a su padre en shock.
-Te estas salvando desde hace rato, Carlisle- le dije, calmada, pero fulminándole con la mirada. Él se encogió y desvió la vista.
Las pisadas se hicieron más cercanas, no debían estar más lejos de un par de metros.
-Manténgase alejados de sus dientes, aunque no lo crean pueden arrancarles un miembro con ellos, y despedazarlos- indiqué rápidamente y en voz baja- Lo mismo con sus garras- vi como todos me miraban fijamente, sorprendidos de lo que les estaba diciendo- Traten de avanzar, o ir a los lados, nunca retrocedan, los acorralaran. Y probablemente intenten hacer eso- avancé, hasta quedar a la misma altura de Edward, que intentó mantenerme tras él pero yo le aparté- No dejen que se les acerquen mucho, y estén alertas, pueden saltar sobre ustedes en cualquier momento. En cuanto a ataques… No se mucho… Pueden morderlos, el veneno de los vampiros es mortal para ellos. También intenten romperles sus huesos, atrapándolos con sus brazos, así no podrán defenderse, luego acabarlos con…- me callé, estuve a punto de decirles que con una daga de especial de plata, esas que solo tenían los Caza licántropos- Eso es todo- finalicé de manera cortante, evitando contacto visual con alguno de ellos.
Me abofetee mentalmente ¿Por qué tengo que ser tan bocazas?
Pero ninguno de ellos tuvo tiempo de hacer alguna pregunta, porque ellos ya estaban aquí, podía sentirles atrás de los tupidos arboles. La noche se quedó extrañamente silenciosa. Hasta el canto de los grillos había desaparecido, también el lejano búho había dejado de ulular.
Era el silencio que procedía al estruendo.
