Perdón de nuevo. No suelo incumplir mis promesas, lo lamento, me ha sido imposible actualizar antes.

Creo que el viento frío del invierno me devolverá el tiempo libre que el verano se había llevado y espero poder actualizar de nuevo pronto.

Supongo que he dado tantas vueltas a este capítulo, que por más y más que siga haciéndolo no voy a mejorarlo. No me convence, pero era complicado continuar y no quería demorarlo más.

Resumo rápido por si alguien no se acuerda de que iba esta historia:

Un escritor casado con su jefa y una detective a cuyo novio apenas ve, reciben la mala noticia de la muerte de un matrimonio amigo. Ellos no se conocen, pero tienen que hacerlo a marchas forzadas cuando descubren que han sido elegidos tutores del pequeño de la pareja fallecida. Ninguno quiere renunciar a los últimos deseos de sus amigos, aunque eso les complique y cambie la vida. Casi habian llegado a un acuerdo, cuando un juez les obliga a convivir juntos para hacerse cargo del pequeño. Inevitablemente, el roce y la convivencia les hace darse cuenta que están hechos el uno para el otro. Todo marcha sobre ruedas cuando, sin esperarlo, un familiar del pequeño con el que no contaban aparece en escena reclamando la custodia del mismo...

CAPITULO 51

Kate se dejó caer en la silla más cercana. Richard se acercó a ella, arrodillándose y poniendo la mano sobre su pierna.

- Te juro que vamos a luchar por él.

- No pueden quitármelo… - dijo mirando a la pared de enfrente – No pueden quitármelo ahora… Él es… Es mi niño, Rick.

- Es nuestro niño… - corrigió él algo molesto.

Kate le miró dándose cuenta que tenía razón, Robby era de los dos. Hundió la cara en el cuello del escritor y comenzó a llorar.

- Vamos, no llores Kate… - dijo mientras le pasaba la mano por la espalda.

- Lo siento… Tienes razón, es nuestro niño…

- No pasa nada… Shsss… Cálmate…

- No pueden hacernos esto…

- Lucharemos y todo saldrá bien.

- Will no quiso que se quedase con ella… ¿Por qué aparece ahora?

- Lo averiguaremos… Se lo debo a Susan. Deja de llorar por favor, conseguirás que yo también lo haga.

La detective se separó de él asintiendo, limpiándose la cara con el dorso de la mano. Richard esbozó una tímida sonrisa y acarició su pierna.

- Antes de venir he llamado a mi abogado y a tu padre – afirmó – y van a trabajar juntos en esto.

Ella hizo un intento de sonrisa sin llegar a conseguirlo.

- ¿Qué te han dicho? – preguntó sorbiendo por la nariz.

- Es curioso… Ambos han coincidido en el mismo consejo.

- ¿Cuál?

- Que debemos casarnos cuanto antes.

Mientras Richard hablaba, la puerta de la sala se había abierto y Montgomery había escuchado lo que él había dicho.

- Un momento – dijo el capitán sonriendo - ¿Estás pidiendo su mano en mi comisaria?

- Señor… - intentó excusarse ella.

- Detective – dijo con gesto serio el capitán levantando una mano – silencio.

Richard hizo un intento de ponerse en pie.

- ¡Quieto ahí amigo! – pidió Montgomery que les miró alternativamente.

- Capitán… Yo… - intentó decir Richard – Yo no pretendía molestar a nadie…

- ¿En qué quedamos? ¿Está o no está pidiendo su mano? – dijo entrando y cerrando la puerta tras de él.

- Bueno… - atinó a decir Richard nervioso mirando a Kate – Sí… Supongo que sí…

- Bien… Continúe… - le apremió mientras hacía un movimiento con su mano.

Kate miró confundida a su capitán que sonreía abiertamente.

- ¿Qué contesta detective? – dijo dirigiéndose a ella – Porque si usted no le dice que sí, creo que tendré que hacerlo yo mismo…

- ¡Señor! – exclamó Kate.

- Compréndalo detective, si este hombre sigue soltero al final mi mujer me pedirá el divorcio para casarse con él… No ha parado de hablar de Richard Castle desde que supo que estaba aquí…

Kate miró a Richard y ambos comenzaron a reír sonoramente, imitados por Montgomery que se acercó palmeando el hombro del escritor.

- Creo que les he interrumpido en un momento demasiado íntimo… Será mejor que salga y deje que le dé una respuesta…

- No… No se preocupe… - se adelantó a contestar Kate – Ya hace tiempo que hay una respuesta… Señor… Creo que voy a tener que pedirle unos días de permiso… Richard y yo vamos a casarnos de inmediato.

El capitán les miró sorprendido.

- Tenemos que acelerar el proceso… – intervino Richard - Por Robby… Para su adopción legal…

- Entiendo… - dijo el capitán con seriedad - ¿Matrimonio por conveniencia?

- ¡No! – exclamaron ambos al unísono.

- Nada de eso… - se justificó Richard – Estaba previsto, pero no tan rápido…

- ¿Estaba previsto? – preguntó repitiendo las palabras del escritor.

- Sí – afirmó Kate.

- ¿Y no pensaban decírmelo? – dijo haciéndose el ofendido llevando su mano al pecho.

- ¿Capitán? – preguntó Kate mirándole.

- Siempre la consideré una hija para mi… ¿No ha contado conmigo para que diese mi visto bueno?

Una vez más, y después de unos instantes de seriedad por parte del capitán, los tres rieron a carcajadas.

Montgomery salió de la sala sonriendo abiertamente. Nada podía hacerle más feliz que ver a su mejor detective de homicidios dar un giro completo a su vida y decidirse a disfrutar en vez de malgastar su tiempo persiguiendo a un asesino al que jamás podría dar caza. Y él lo sabía muy bien.

Richard se incorporó tirando de la mano de su futura esposa que se levantó y se dejó llevar, colapsando contra él que la atrapó entre sus brazos, sonriéndola.

- Yo sólo no podría hacerlo, pero sé que los dos juntos lo conseguiremos. Robby se quedará con nosotros.

Kate intentó esbozar una sonrisa que quedó a medias pero que fue suficiente para él. La detective asintió y Richard la besó sobre la frente.

- Y ahora, detective, salgamos ahí fuera y empleemos nuestra rabia en atrapar a algún asesino ¿Te parece?

- ¡Cómo si fuese tan fácil!

- No lo es, pero nosotros no somos abogados, dejemos que los expertos se ocupen de todo y hagamos nuestro trabajo.

- ¿Nuestro trabajo? – preguntó ella esta vez sonriendo abiertamente.

- Dame tiempo y Nueva York me nombrará detective honorífico.

- ¡Ja! – contestó ella librándose de su abrazo y girando para salir de la sala.

Richard la observó y sin poder evitarlo su mano impactó de lleno y sonoramente contra el trasero de Kate haciendo que ella diese un respingo y se quedase totalmente inmóvil sorprendida por la acción del escritor.

- ¡Oye! ¿Pero qué…? – protestó

- Vamos, vamos detective… Tenemos trabajo.

Kate salió de la sala seguida del escritor. Ella no pudo verle, pero el semblante de Richard cambió por un instante tornándose serio y pensativo.

Montgomery era un jefe muy comprensivo, y más cuando se trataba del equipo de homicidios formado por Kate, Espo y Ryan. Eran sus chicos, esos que habían sido capaces de resolver con eficacia cientos de casos sin quejarse ni un solo día por muy intempestiva que fuese la hora a la que les llamaba. Siempre estaban ahí, con fuerzas, con ganas, totalmente implicados en su trabajo. No todos los policías se tomaban tan en serio su compromiso con su ciudad. Y por eso Montgomery hacia la vista gorda en muchas ocasiones, dándoles horas libres sin que pasasen por el departamento de personal, tan sólo haciéndoles prometer que si les llamaban acudirían de inmediato.

Y eso fue lo que hizo esa tarde. Dio un grito desde su despacho, haciendo que los tres, seguidos de Castle, fuesen de inmediato a verle.

- Ryan cierre la puerta por favor – ordenó sin levantar la vista de un informe.

- ¿Ocurre algo señor? – preguntó Kate confundida.

- La verdad es que sí – elevó la cabeza quitándose las gafas para mirarles.

- ¿Señor? – dijo Espo torciendo el ceño.

- No tienen ningún caso – afirmó – y no me gusta ver como se dedican a buscar hoteles en internet cuando no tienen nada que hacer.

Kate miró seria a Ryan y Espo, desde luego ella no había sido, había estado todo el día preparando informes de casos cerrados para poder archivarlos definitivamente.

- Señor – interrumpió Ryan – lo siento, no debí hacerlo y mis compañeros no tienen…

- Márchense los tres. Tomen el resto del día libre.

Kate le miró sorprendida.

- No me mire así detective. Los tres están completamente distraídos hoy. Ryan buscando hoteles, Espo jugando a ese estúpido juego de tanques y supongo que usted anda distraída pensando en su vestido de novia… - Richard la miró de inmediato - No tienen ningún caso. Disfruten del día. Pero les quiero pendientes del teléfono.

Espo y Ryan se miraron entre sí y después miraron a Kate.

- Dejen abierta la puerta al salir –les dijo mientras volvía a su informe – y mañana les quiero aquí antes de que yo llegue.

- Señor… - dijo la detective dándose media vuelta para abrir la puerta.

Los cuatro salieron del despacho y Kate se dirigió a su mesa sentándose y volviendo al expediente con el que estaba cuando Montgomery la llamó. Tanto Richard como los dos detectives la habían seguido y estaban junto a ella.

- ¿Qué es eso de vestidos de novia? – preguntó Espo molesto pero en voz baja inclinándose sobre el escritorio y poniendo la mano sobre el expediente que tenía Kate.

- ¿Ves algún vestido de novia en mi pantalla? – contestó con una pregunta.

Ryan fue a abrir la boca.

- Que sea la última vez que Montgomery nos llama a su despacho porque te pille navegando en internet – le advirtió molesta a Ryan – y en cuanto a ti – dijo dirigiéndose a Espo - ¿No te da vergüenza?

- Yo sólo… - comenzó a decir el moreno – ¡Oye! No cambies de tema… ¿Qué es eso de vestidos de novia?

- Si, Castle – añadió Ryan - ¿Qué es eso de vestidos de novia?

El escritor levantó las manos poniendo cara de circunstancias.

- Dejadle en paz – les advirtió a sus compañeros.

- ¿Ahora necesita que le defiendas? – preguntó Espo.

- ¡Basta! Todo esto es por vuestra culpa. Ya habéis oído al capitán, recoged y a casa.

- Y… ¿Tú? – se atrevió a preguntar el escritor.

- Nos iremos en cuanto termine este expediente.

- Vale… - dijo el moreno girándose para ir a su mesa – Pero esto no va a quedar así.

Kate movió la cabeza negativamente y sabiendo que ninguno de sus dos compañeros la estaba mirando sonrió. Richard la miró extrañado y se sentó en su silla, junto a la mesa de la detective. Ella se apresuró a terminar lo que estaba haciendo antes de ser interrumpida por Montgomery y él guardó silencio esperando a que acabase. Ryan y Espo se despidieron vagamente y desaparecieron por el ascensor.

Unos minutos después, cuando por fin Kate cerró la carpeta y elevó la mirada, Richard la miraba con cara de curiosidad.

- ¿Qué pasa?

- ¿No quieres decírselo? – preguntó pensando que ella se arrepentía de haber tomado la decisión de casarse con él – Te… ¿Te da vergüenza o algo así?

- ¡No! No es eso – contestó de inmediato.

- ¿Entonces? – dijo levantando sus cejas.

Kate le miró y se dio cuenta que a él le estaba afectando su reacción ante sus compañeros.

- Es por una apuesta ¿Vale? – dijo tras unos segundos de silencio.

- ¿Una apuesta?

- Sí. Y hoy me han enfadado, no tengo ningunas ganas de pagarles las cervezas.

Richard sonrió y se levantó de su silla. Kate le imitó y él, rápidamente, le ayudó con su cazadora.

- Así que una apuesta ¿Eh?... – preguntó con sorna.

- Espo siempre dijo que la primera en casarse sería yo…

- Vaya… Yo hubiese apostado a que sería Ryan…

- Según él, será el siguiente.

Ambos rieron mientras caminaban al ascensor. Montgomery les miró desde su despacho y sacudió la cabeza. Su cargo de conciencia le provocaba que cada vez que oía reír a la detective, pensase que era música angelical. Esperaba que ahora, con esa nueva etapa en su vida, Kate Beckett olvidase la razón por la que había entrado en el cuerpo de policía. Sería lo mejor para todos… Incluido él mismo.

Las puertas del ascensor se abrieron y ambos se apresuraron a entrar. En cuanto estuvieron fuera del alcance de la vista de cualquiera, Kate se abalanzó sobre los brazos del escritor, que la recibió de inmediato, moviéndose para tranquilizarla.

- No quiero perderle – dijo ella mientras hundía su nariz en la chaqueta del escritor.

- Y no vamos a hacerlo –aseguró mientras acariciaba con la mano la espalda de la detective.

Salieron del ascensor y caminaron hasta el coche de Kate.

- ¿Por qué no vamos andando hasta la guardería? Podríamos ir dando un paseo hasta el colegio de Alexis y…

Ella sonrió. Eso era sin duda lo que más le apetecía en ese momento. Richard tendió la mano y ella se aferró al escritor que pasó un brazo por su espalda para que caminase pegada a él.

Richard, durante el recorrido hasta la guardería, no paró de besar y abrazar a la detective. Instintivamente pensaba que así evitaría que ella siguiese pensando en la aparición de la hermana de Will.

Kate correspondía a esas muestras de cariño, entregada y pensando a su vez que el escritor lo necesitaba para evadirse del nuevo problema.

Cuando Robby les vio aparecer, comenzó a mover nervioso sus bracitos, deseando que le sacasen de la silla donde estaba sentado y le estrechasen entre sus brazos, cosa que ambos hicieron rápidamente, llenando su cara de besos.

Richard abrió la puerta y dejó salir a Kate, que empujaba el carrito de paseo de Robby, que contento, balbuceaba constantemente, lanzando pequeños grititos. El escritor volvió a abrazar a Kate mientras caminaban. Para cualquiera que les viese sin conocerles, eran una joven y enamorada pareja con un bebé de pocos meses.

En un momento en el que los tres esperaban el cambio de luz de un semáforo, Kate se giró observando a su espalda.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Richard girándose para ver que miraba ella.

Kate le miró forzando una sonrisa.

- Nada… Me pareció que me llamaban…

- ¡Ah!

El semáforo cambió y reanudaron su marcha. Unos metros detrás, un hombre de mediana edad se detenía para dejar más espacio entre él y su objetivo, esperando no haber sido descubierto…