El otro tengo que acomodarlo. Me traje lo que le faltaba a este capítulo.

Saludos y besos.


Severus estaba abrumado. Recordaba las palabras de Hermione antes de siquiera haber quedado embarazada.

"No tiene por qué hacerse cargo de ellos, en cuanto nazcan" "con haberse ofrecido es más que suficiente".

Pero sabía que no lo era. Y mientras admiraba el cuerpo de su esposa, profundamente dormido y sin mayores preocupaciones más que levantarse a alimentar a las criaturas, sentía que tenía más responsabilidades que antes.

Tenían hijos. Era imposible no tener más responsabilidades. No tener que hacerse cargo. Él no era esa clase de hombre.

Él era...

¿Qué diablos era?

— Profesor Snape, ¿le sucede algo?— dijo Molly Weasley, cuando lo miraba sentado en el salón, incómodo. Podía ver su pierna moverse en un mismo punto, nervioso. Mientras pensaba.

— Los bebés, ellos...

— Su madre está con ellos, señor. Están dormidos ahora. Sé que usted no me conoce, sé perfectamente que usted nos considera "distintos", que no sería capaz de entablar una conversación con alguno de nosotros. Pero si quisiera conversar de algo, profesor Snape...

Estaba completamente de acuerdo en que no entablaría una conversación con alguien como Molly Weasley, pero aquel día todo resultaba ser diferente. Sentía que no conocía a Hermione. Que todos ellos a su alrededor, sabían tantas cosas que él desconocía. Solo podía hablar con ellos. Su familia, sus mejores amigos podían ayudarle a resolver ese dilema.

Si el amor sincero y puro de Lily Evans había salvado a Harry Potter de la muerte, entonces el suyo debía ser igual de puro y sincero que el de aquella mujer que había amado en su pasado.

Pero como. ¿Cómo podía él demostrar un sentimiento similar si sentía que era un completo extraño en la vida de una mujer pura?

— Quiero ayudarla. — se vio obligado a decir, sin importar que Molly Weasley lo escuchara. Estaba comenzando a sentir la desesperación. Bellatrix era rápida. Pronto estaría allí, pronto se daría cuenta de que la última en enterarse del parto era ella.

Y eso resultaba ser lo de menos.

— ¿A qué se refiere, profesor Snape? Bueno, podría enseñarle a cuidar de los bebés y...

— No me refiero a eso. Me refiero a salvarla de perderlos. Quisiera que se quedaran con ella. Y solo conozco una forma de conseguirlo, pero me temo que ella no estaría de acuerdo.

Molly había suspirado al escuchar aquello. El plan le resultaba muy similar. Noches atrás, Sirius lo había dicho.

Si él era capaz de amarla como Lily había amado a Harry, entonces su muerte no iba a ser en vano. Su sangre serviría para protegerla. Para evitar que aquellos demonios y sus inmundas manos, tocaran aquellas pequeñas caras.

Pero por supuesto, Hermione no iba a estar de acuerdo. No iba a permitirlo.

— Si yo muriera, nada podría tocarlos hasta que cumplieran la mayoría de edad. Hasta que el hechizo se rompa.

— Debe haber otra forma, profesor Snape. Es lamentable que dos niños se queden sin uno de sus padres. Tendrían a Hermione, pero eso resultaría ser tan devastador para todos. Aunque usted crea que la muerte es lo que le deseamos. Que la muerte es lo que esperamos le acontezca.

No esperaba que alguien lo apoyara, no esperaba que Hermione entendiera la magnitud de la situación.

Solo terminaría haciéndolo. Sin preguntar. Se trataba de su bienestar, no de estar con ella. La amaba, pero no podría vivir pensando en los acontecimientos. En cuando morir o cuando vivir sin temor a lo primero.

No estaba preparado para eso. Lo había vivido con Lily Evans y no estaba preparado para vivirlo dos veces. Ahora que ella estaba viva. Ahora que podía disfrutar de algo sin que otro se lo arrebatara.

Cometer el mismo error dos veces, tenía que evitarlo. Ahora que podía tocarla, sentirla.

¿Por qué verla morir también?

— No tengo otra alternativa, esperaba poder decírselo pero...

Y mientras estaba allí sentado, resultaba placentero hablar con alguien sobre su temor a morir. Sobre su temor al fracaso.

La señora Weasley, había colocado una mano sobre su hombro. Antes, habría resultado como una violación a su espacio personal.

En ese preciso momento, resultaba ser algo gratificante. Algo que nunca había experimentado. Ser parte de una familia.

— Nosotros lo apreciamos, profesor Snape. Nosotros creemos en usted, que de una u otra forma, quiere lo mejor para Hermione. Que usted la ama, como nosotros la amamos.

Se equivocaban, él no la amaba de la misma forma. No. Él la amaba como si fuese la única. Y en cierta forma lo era. La única mujer con la que quería estar.

Su madre siempre lo decía. Envidiaba ese amor que le tenía a aquella mujer que no conocía, pero que mantenía vivo a su hijo. Eso lo agradecía.

— Se lo agradezco.

Molly había sonreído y antes de que contestara, uno de los niños había comenzado a llorar. Suspiró, llena de emoción, juntando sus manos sobre su regazo.

— Venga, profesor. Venga a pasar un poco de tiempo con sus hijos. A conocerlos.

Tenía que hacerlo, si pensaba morir. Tenía que hacerlo si pensaba despedirse algún día. Porque bueno, quería verlos antes de partir. Quería grabarse las esencias de cada una de sus manos, mirar a sus ojos por última vez.

Estaba decidido.