Capítulo 52: En el Templo de la Hechicera
El capitán Jack Sparrow y todos sus compañeros de aventuras estaban sorprendidos ante la majestuosidad y el aire siniestro que tenía aquel enorme templo de piedra enclavado en la ladera de la desértica montaña.
Era un edificio enorme, de varios metros de altura. El polvo de varias décadas se había acumulado sobre su estructura tapando segmentos de los gravados y esculturas de un antiguo arte árabe que daban magnífica forma al viejo templo.
Como no había animales viviendo en aquel lugar, la soledad y el silencio provocaban un sentimiento de turbación sobre los viajeros.
-¡Esto es un castigo de Satanás¡Es el Templo de la hechicera! –exclamó el muchachito árabe, cuyo nombre era Yamil Jiah y seguramente tendría unos 16 años de edad.
-Esto es… increíble… -apenas dijo Elizabeth.
-¿De dónde salió? No estaba allí antes –opinó Will.
-Creo que el tener a Jack cerca de aquí, hizo que de alguna forma el templo se mostrara –fue la dubitativa opinión de tía Dalma.
-¡Y todo gracias por este hermoso caballito que me guió hasta aquí! –exclamó agradecido mientras abrazaba al dichoso animal provocando que el camello se pusiera celoso. Luego, con picardía bien disimulada, agregó:
-Estoy seguro de que es el templo que estábamos buscando, lo presiento...
-Obviamente, capitán Sparrow. No creo que haya otro templo que se aparezca de esa manera así como así –James replicó fastidiado cayendo en la trampa literaria de Jack.
-¡Oh¡Cómo me gusta cuando usted se pone así! –exclamó melosamente la pirata mientras se le colgaba del brazo provocando que el comodoro se incomodara y se pusiera rojo como un tomate ante las miradas sorprendidas de todos los demás.
-¿Lo-lo dijo a propósito, verdad¿Para que yo le replicara?
-Claro, viejo. Quería fastidiarlo un poquito¿sabe? –le sonrió con aquella manera tan atractiva que tenía.
Al verlos llevarse tan "bien", Nefud Yidda no pudo evitar ponerse celoso, y entonces, horrorizado, se dio cuenta que había caído en la maldición de la hechicera. El gran orgullo del temible bandido del desierto había sucumbido bajo los "encantos" de un hombre transformado en mujer¿cómo podría mostrarse entonces ante los demás como el legendario ladrón de Arabia¡Todos se reirían de él por haberse enamorado de un hombre¡¡Su reputación estaba completamente destruida!!
-¡Maldito! –acusó a Jack mientras lo apuntaba amenazadoramente con una de sus estropeadas espadas gemelas-. ¡Todo esto es por tu culpa!
-¡¿Eeeh?! –exclamó el acusado poniendo cara de inocente mientras se refugiaba detrás del comodoro Norrington-. ¡Protégeme, Norry!
-¡No se atreva a hacerle daño¡Antes tendrá que vérselas conmigo! –amenazó de inmediato el oficial mientras se interponía entre su "amada" y ese rufián.
-¡Lo mismo digo yo! –se incluyó el joven Will mientras sacaba su espada dispuesto a defender a la "indefensa" dama en apuros.
-Pues yo le ayudaré, Jidda, detesto a ese pirata tanto como usted –fue la sorpresiva intervención del almirante, quien aún se encontraba muy enojado por la actitud de su amigo James.
El apuesto árabe no pudo evitar sonrojarse, pues en su corazón sabía que no odiaba a esa hermosa mujer¡simplemente la amaba!
-Ya basta de pelear por tonterías y entremos de una vez –ordenó la joven Swann completamente agotada e irritada por culpa de las tonterías de Jack. ¡No veía la hora de liberarlo de aquella endemoniada maldición para así poder recuperar a su prometido!
-Tiene razón, vamos de una vez que para eso hicimos este viaje tan largo –apoyó tía Dalma mientras se habría paso entre ellos y marchaba directo hacia la enorme entrada de aquel viejo edificio.
Mientras todos comenzaban a seguirla en completo silencio dando por terminada aquella disputa degradante, Jack se quedó parado por unos segundos un tanto ofendido.
-Yo no soy una tontería… -murmuró para luego salir caminando tras de ellos. Pero antes de que se uniera al grupo, todos comenzaron a escuchar unos gritos que provenían del desierto.
-¡¡Mi señor¡¡Mi señor!!
Todos se volvieron, y grande fue su sorpresa (sobretodo para Nefud Jidda) cuando vieron a tres hombres vestidos de negro montados sobre unos corceles que venían directo hacia ellos.
-¡¡Mi señor¡¡Mi señor!! –volvieron a decir con un tono entre alegría y preocupación, y una vez que llegaron hasta donde su amo se encontraba, desmontaron de inmediato.
-Mi señor¿se encuentra usted bien¿Qué está haciendo en el Lugar Prohibido? –preguntó el más culto de los tres mirando receloso hacia los desconocidos hasta que sus ojos reconocieron a la mujer desaparecida-. ¡Mi señora¿Se encuentra usted bien¿No le hicieron daño estos sujetos¿Por qué se escapó de nuestro campamento?
Jack se encontraba completamente apabullado por tantas preguntas, una detrás de otra, así que no pudo contestarle con celeridad. Realmente estaba asombrado por lo mucho que lo había tenido en cuanta aquella banda de rufianes.
-Nosotros estamos bien, Al sha'ab, pero tengo malas noticias…
-¿Cuáles, mi señor?
Entonces, Nefud dirigió su mirada hacia el capitán Sparrow, torció la boca con disgusto y frustración y le respondió un tanto reticente a hacerlo, pues se sentía bastante humillado.
-Nuestra "señora", resultó ser un pirata de mala muerte llamado Jack Sparrow.
Los recién llegados abrieron desmesuradamente sus ojos, comprendiendo de inmediato lo que su querido líder les había dicho.
-¡La Maldición del Anillo de la Calavera! –exclamó sorprendido Al sha'ab, un hombre delgado y alto con aspecto de ser el más lúcido y juicioso de todos.
-¿Entonces no es una mujer¡¿Es un hombre?! –apenas pudo decir otro de sus hombres, Tima, uno de cuerpo rollizo y de baja estatura.
Pero Abha, el más fornido y alto de todos, nada dijo, sólo se mantenía cruzado de brazos mirando detenidamente hacia el desconcertado capitán del Perla Negra. Nadie sabía con exactitud qué era lo que estaba pensando o sintiendo en aquellos momentos.
-¡Eso significa que todos hemos caído en su maldición, mi señor! -Exclamó muy preocupado Al sha'ab-. ¡Tenemos que hacer algo de inmediato o perderemos la cordura!
-Eso ya lo sé¡pero nadie sabe con exactitud lo que tenemos que hacer! –replicó Nefud con ansiedad.
-¿Y si acabamos con su vida? –fue la repentina y fría propuesta del gigantesco Abha mientras desenfundaba su sable turco.
Al escuchar semejante propuesta, Jack nuevamente buscó refugio detrás del afligido comodoro Norrington, lo que provocó que Will y George volvieran a ponerse celosos.
-Eso no es necesario, guarda tu arma –dijo tranquilamente tía Dalma-. Todos estamos aquí por el mismo problema: Jack Sparrow.
Se acercó sensualmente hacia el grandote para luego tocar suavemente sus poderosos músculos poniendo a Abha bastante tenso. Luego, la pitonisa se dirigió hacia Nefud Yidda y le dijo:
-Si quieres volver a recuperar tu vida y la de tus hombres, te sugiero que te unas a nosotros para buscar la manera de romper este hechizo. ¿Qué dices?
Luego de mirar a sus hombres, Nefud dirigió una penetrante mirada hacia la causante de su orgullo herido, quien sólo se hacía el tonto poniéndose a juguetear con el tricornio del irritado comodoro Norrington.
-Iré con ustedes –decidió al final.
-Nosotros también iremos con usted, amo Yidda –secundó Al Sha'ab para desgracia de Tima y Yamil, quienes eran los más cobardes de todos-. Estoy seguro que le seremos de gran ayuda
-Pero ni se les ocurra ponerle una mano encima a la capitana Jacky¿entendido? Sino tendrán que vérselas conmigo –amenazó Will Turner con su conocida actitud de caballerosidad.
Los árabes lo miraron enfurecidos y ofendidos por aquella amenaza, pero Elizabeth decidió intervenir antes de que las cosas pasaran a planos mucho más peligrosos.
-¡Por favor, Will, ya todo quedó aclarado¡Deja de comportarte ridículamente por culpa de la bestia de Jack!
El pirata aludido torció la boca con disgusto al escucharla hablar tan mal de él.
-Vamos, entremos de una vez para acabar con esta locura –ordenó el almirante Jacobson mientras encaminaba sus pasos hacia la entrada del templo. Los demás comenzaron a seguirlo después que se hubieran mirado entre sí con cierta desconfianza, y luego de haber mirado detenidamente al culpable de todo aquello.
Cuando casi todos habían ingresado por la gran puerta de piedra, Jack, quedándose de pie, sólo frente a la entrada, dijo:
-¿Y creen que yo estoy feliz con todo esto¡Besé al comodoro Norrington, por todos los diablos!
Mientras lo veían entrar al edificio cargado con varias botellas de ron, el corcel, que se encontraba junto a los otros camellos y caballos, relinchó de tristeza al verlo partir. De alguna manera, el caballo presentía que jamás volvería a ver aquella hermosa mujer.
Una vez adentro del Templo de la Hechicera, todos se vieron obligados a encender las antorchas que llevaban para poder ver con mayor seguridad el camino que seguían, pues aquel sitio se encontraba inmerso en la más completa oscuridad.
No habían "puertas" en aquel lugar, simplemente grandes y hermosos marcos de mármol bien elaborados por hábiles manos de escultores, separaban los pasillos de las enormes habitaciones, todo ello cubierto por el polvo del desierto de varias décadas, en dónde vivían cientos de insectos, ofidios y toda clase de arácnidos venenosos. La oscuridad y el tenebroso silencio invadían todo el lugar, así como también sobre los corazones de nuestros aventureros.
Todo el grupo caminaba con cuidado por los diversos corredores del templo, pero muchas veces, alguno de ellos siempre tropezaba con muebles viejos, telarañas u otro desagradable ser vivo.
-Parece que no fuimos los primeros en venir… Este lugar está lleno de trampas -opinó el comodoro Norrington mientras miraba sin ninguna aprensión varios esqueletos clavados en las paredes por varias flechas que seguramente habían salido por los orificios que habían en la pared opuesta.
-Estas trampas se activaron por estos pobres diablos, ahora no podrán hacernos daño –agregó el almirante Jacobson.
-Pero tenemos que tener cuidado, no creo que nadie más haya desactivado las otras trampas más adelante… -rebatió el capitán Sparrow. Todos lo miraron preocupados, pues sabían que él, o ella, tenía razón.
La visión de aquellos horribles esqueletos dejó muy impresionado a todo el grupo, pero no se dejarían vencer por sus miedos, seguirían adelante hasta alcanzar sus objetivos: romper el hechizo del anillo y destruir la Piedra Mística.
Nadie sabía con exactitud hacia dónde tenían que dirigirse, pero todos seguían a tía Dalma, quien llevaba la brújula de Jack y abría el camino junto al almirante Jacobson, los seguían Will y Elizabeth, detrás de ellos venían Jack y Norrington, seguidos por Nefud y Al Sha'ab, Tima y Yamil. El inmenso Abha era el que cerraba toda aquella procesión, manteniéndose muy alerta por si acaso algo peligroso se aproximara por detrás del grupo para atacarlos.
-Tengan mucho cuidado en caerse al suelo, hay muchos escombros en el camino –advirtió George mientras ayudaba a la pitonisa a pasar por encima de una columna rota que se encontraba en el polvoriento suelo de piedra.
Poco faltó para que Elizabeth se cayera al tropezarse con una piedra, pero fue Will quien rápidamente la detuvo sujetándola por la cintura. Mientras sus ojos se cruzaron por algunos segundos, el joven Turner sintió que algo en su corazón se había encendido como un chispazo, algo que le había hecho recordar momentáneamente todo el amor que le había profesado a aquella joven y bella mujer.
-… Elizabeth… -murmuró tiernamente mientras rozaba suavemente con su mano la sonrojada mejilla de su ex prometida.
-Will… –ella apenas pudo pronunciar su nombre al sentir que le faltaba el aire y le temblaban las piernas. ¡Si tan sólo todo volviera a ser como antes!
Pero aquel romántico momento duró solamente unos cuantos segundos, pues Will volvió a perderse dentro de la maldición que lo consumía, y sus ojos sólo vieron a un antiguo amor. Era a Jacky Sparrow a quien él amaba ahora.
Entonces, el joven aprendiz de herrero retiró sus manos de la adolorida muchacha para centrar su atención en el objeto de sus pensamientos: la capitana Jacky Sparrow, quien estaba en compañía del odioso comodoro James Norrington.
-¿Por qué diablos lo escogió a él¡Si es uno de sus peores enemigos! –Pensaba muy molesto y desconcertado al ver con qué buena camaradería se llevaban aquellos dos, bueno, si se le podía decir "buena".
Como Jack era una persona de naturaleza libre, aventurera y curiosa, no cesaba de husmear por cada lugar en el que pasaba, con las esperanzas de encontrarse con algún maravilloso tesoro. Ante la preocupación y enojo de James, la pirata tocaba todo lo que se pareciera a una palanca con la idea de abrir algún pasadizo secreto.
-Ya deje de hacer eso, Jack, va a meternos en problemas –se quejaba el oficial.
-¡Bah!, yo sé lo que hago¿sabe? –se burló mientras seguía palpando la pared de mármol buscando lo que quería encontrar.
James se calló, pues veía que resultaba en vano tratar de convence a alguien tan terco como una mula.
-¿Por qué besaste a James, Jack¿De verdad lo elegiste a él¿Acaso ya no puedes hacerle frente a la maldición? –preguntó de repente la hija del gobernador de Port Royal, sorprendiendo al aludido.
-…Bueno, pues… yo… -el capitán Sparrow no pudo evitar ponerse rojo como un tomate¿realmente había necesitado tener que besar a Norry¿O acaso había sido una excusa para poder volver a sentir sus labios sobre los suyos¿Acaso ahora él era un eunuco¡NO¡Eso jamás!
-¡Vamos¡Rápido¡Tenemos que darnos prisa antes de que oscurezca¡Estamos perdiendo tiempo precioso! –exclamó Jack muy nervioso mientras pasaba a través de sus compañeros, eludiendo las preguntas de Elizabeth y las suyas propias por temor a darse cuenta de la verdad por la que había cometido semejante barbaridad.
Nadie dijo nada, pero la actitud extraña del capitán del Perla Negra les daba la respuesta por sí sola.
Sólo caminaron unos metros más por un largo y oscuro corredor hasta que llegaron a un enorme salón completamente vacío, en las paredes podían verse las esculturas de pedernal de guerreros árabes gigantes con los brazos cruzados sobre sus pechos, en cuyas manos llevaban enormes sables gemelos.
-Turbantes, chalecos, pantalones bombachos y babuchas. Típica vestimenta árabe –comentó el almirante mientras alumbraba las esculturas talladas sobre las enormes paredes.
-Más bien, eso es un estereotipo –replicó Jack mientras comenzaba a tantear dichas paredes en busca de alguna palanca o algo parecido.
-¿Se puede saber qué estás haciendo? –preguntó Elizabeth mientras ponía los brazos en jarra.
-Busco algún pasaje secreto que me conduzca hacia un fabuloso tesoro.
-Le dije que eso puede meternos en problemas –advirtió James por enésima vez
-¿Tú nunca aprendes, verdad? –inquirió tía Dalma con una tenue sonrisa.
-Soy todo un burro –replicó Jack dedicándole una pícara sonrisa.
Mientras el pirata seguía con sus pesquisas, Nefud Yidda observaba a la mujer que le había robado el orgullo. Claro que quería vengarse por haberlo tomado por un tonto¿y qué mejor manera que romper la maldición y así no tener ningún problema en hacerle daño?, porque ahora la veía tan bella, que no tenía el coraje de ponerle siquiera un dedo encima. Luego dirigió su vista hacia el hombre con cara de pocos amigos que siempre estaba cerca de ella, cuidándola, ése a quien la pirata había acusado de ser su secuestrador, quien en realidad había resultado ser su amante. Nefud lo odiaba a muerte, sí, lo odiaba y sentía envidia por él sin comprender bien el porqué, aún negándose que podía ser los efectos de la Maldición del Anillo de la Calavera. Por otro lado, la idea original de casarse con la pirata, aún lo atraía, pues había imaginado (y estaba muy seguro de ello), que con ella hubiera sido tremendamente feliz bendecido con vástagos incomparables.
El apuesto árabe estaba pensando en todo ello hasta que algo en las estatuas de piedra caliza le llamó la atención, como si aquella enrome figura de cuatro metros lo hubiera mirado por un pequeño instante.
-¿Qué pasa, mi señor Nefud? –le preguntó Al Sha'ab muy preocupado al notar la expresión de extrañeza de su amo.
-… Hay algo en éste lugar que no me gusta… -respondió.
-Eso es verdad –habló de repente la pitonisa-. Yo también siento algo maligno en el ambiente. Tenemos que irnos de aquí antes de que pase algo malo.
De pronto se escuchó un ¡CLICK! y al capitán Sparrow exclamar alegremente:
-¡Sí¡Encontré una palanca!
Sin darle importancia a las estupideces de su "amigo", Elizabeth había estado rozando suavemente con sus delgados dedos la superficie de piedra de aquella estatuas, pero cuando oyó lo que había dicho tía Dalma, ésta se había dado media vuelta para preguntarle algo sobre los poderes de la hechicera, sin darse cuenta que la enorme estatua había alzado su gigantesca espada para partirla en dos.
-¡¡CUIDADO!! –Will advirtió del peligro a su ex novia, pero como ésta se había quedado como petrificada muerta de miedo al ver tan cerca su final, que el muchacho se arriesgó y se lanzó sobre ella empujándola fuera del alcance de la espada, cuyo filo agrietó el piso de loza por la enorme fuerza con que el golpe fue descargado.
-¡Dios mío¿Estás bien Will? –inquirió la joven entre asustada y preocupada por su novio al ver que su brazo sangraba.
-No te preocupes, Elizabeth, so-solo fue un rasguño… -trató de restarle importancia a su herida, ya que no era de gravedad, pero al verla tan afligida por él, casi volvió a recordar el amor incondicional que alguna vez había sentido por ella-. Elizabeth, yo…
-¿Sí? –la chica se puso ansiosa al querer saber lo que él intentaba decirle, pero no pudieron seguir con la conversación, ya que notaron con horror que las enormes estatuas esculpidas sobre las enormes paredes de piedra, comenzaron a separarse de ellas para poder atacarlos libremente con sus peligrosos y pesados sables de pedernal.
-¡Ups! –fue lo único que pudo decir Jack al ver lo que había provocado.
-¡Horror¡Las estatuas cobraron vida¡Van a acabar con nosotros! –gimió el obeso Tima poniéndose completamente histérico.
-¡No! Si nos van a enseñar a jugar al críquet… –fue la aguda réplica del suspicaz pirata.
-¡Tenemos que tumbarlas de alguna manera! –exclamó Nefud Yidda mientras su mente trabajaba a toda velocidad para crear un buen plan de ataque.
-¡La puerta se está se está cerrando! –advirtió el jovencito Yamil.
Y efectivamente, todos vieron con horror que una pesada piedra plana había comenzado a bajar por la puerta de salida que estaba al otro extremo de la habitación, si lograba cerrarse por completo todo estaría perdido, ya que la otra puerta por la que habían entrado la estaba bloqueando una de aquellas gigantescas estatuas.
-¡¡Sujétala, Abha!! –ordenó urgentemente el líder de los bandidos, por lo que el gigante musculoso actuó de inmediato y llegó a tiempo como para detener la caída de la puerta de piedra con sus poderosos músculos.
-¡¡Todos salgan por esa puerta de inmediato!! –ordenó el almirante Jacobson, sabiendo muy bien que jamás derrotarían a esas cosas con las armas de fuego que poseían-. ¡Yidda¡Ata el extremo de tu látigo en aquella columna! –le ordenó apresuradamente al árabe, quien se le había quedado mirando por unos segundos hasta darse cuenta de las intenciones de aquel hombre.
-¡Entendido! –asintió, y haciendo lo que le habían indicado, de un latigazo ató el otro extremo del látigo en la columna, y justo en ese momento, uno de los gigantes de piedra se tropezó con el látigo perdiendo el equilibrio, entonces cayó de bruces al suelo, destruyendo a uno de sus compañeros con sus propias espadas al caerse.
-¡Excelente trabajo, señor Yidda! –lo felicitó el almirante, a lo que el árabe sólo hizo un gesto sin importancia, pero sintiéndose muy orgulloso en su interior.
A todo eso, y viendo que corrían grave peligro, el comodoro Norrington trataba de convencer a Jack de que se marcharan de allí antes de que les pasara algo malo.
-¡Tenemos que irnos de inmediato, Jack! –le pedía nerviosamente mientras lo tomaba por el brazo.
-C-creo que tiene razón, Norry –admitió el pirata mientras veía asustado a una de las enromes estatuas dirigirse hacia ellos con claras intenciones de eliminarlos.
Por poco sucumbieron los dos bajo un terrible golpe de espada que fue a incrustarse en la pared, que lo único que logró fue que el techo comenzara a venirse abajo por pedazos aplastando a varios de los guerreros de terracota. Muy asustados por correr con la misma suerte, todos nuestros protagonistas huyeron a través de la puerta que el inmenso Abha sostenía con dificultad, pero uno de ellos no lo logró, y fue el obeso Tima quien pereció bajo una pila de escombros tras haber liberado al joven Yamil a quien se le había atorado su pie en unos escombros.
-¡¡TIMAAAAA!! –exclamó Nefud Yidda mientras extendía su brazo muy adolorido al ver que uno de sus hombres había muerto sin poder hacer nada para evitarlo. Al Sha'ab y Will lo detenían por la fuerza para evitar que entrara nuevamente a aquella mortal habitación, en dónde aún habían un par de guerreros de terracota en pie-. ¡¡TIMAAAA!!
Luego de que Abha soltara la pesada piedra y la puerta quedó sellada, todos permanecieron en respetuoso silencio por el compañero caído, el pobre Yamil no paraba de llorar a su pobre salvador.
Al verlo sollozar tan desconsoladamente, Nefud Yidda se llenó de ira e impotencia, y lo volcó todo hacia la persona que había provocado todo aquello.
-¡¡Maldito infiel, todo esto fue por tu culpa!! –y sorprendiendo a todos, el adolorido árabe sacó el cuchillo de la manga de su camisa y se lo clavó en medio del pecho al desprevenido Jack Sparrow, pero, ante la pasmo de todos, no logró hacerle ningún daño.
-¡Ma-maldición¡Lo olvidé¡No puedo hacerte daño! –se quejó mientras observaba el cuchillo totalmente limpio sin rastros de sangre alguna.
-¿Ahora ya te sientes mejor? –le preguntó Jack con seriedad-. Eso es justamente lo que yo hago con el mono de Barbossa, desquitar mi frustración con él. –el pirata no parecía estar molesto por aquel ataque-. Acepto mi culpa por haber activado esa trampa. Aún así, yo no tengo la culpa de que ése pobre gordito haya muerto, pero sí estoy muy orgulloso de él por haber dado valientemente su vida por el niño… ¿Acaso tú no lo estás también¡Fue la muerte más honorable que existe!
Yidda bajó la cabeza entristecido al igual que sus compañeros árabes, pues sabía que aquella extraña mujer tenía toda la razón, así que no permitirían que un arrebato de ira les borrara la acción tan heroica de su fiel Tima, a quien muchas chicas y compañeros habían tachado de gordo cobarde en el pasado. Ahora, dando su vida por otro, había demostrado cuánto valía.
-Sigamos adelante, ya no hay nada que podamos hacer más que acabar de una vez con ésta maldición –el almirante aconsejó gravemente mientras comenzaba a caminar por el oscuro pasillo. Poco a poco, los demás comenzaron a seguirlo, menos Norrington y Jack, quienes se habían quedado rezagados a causa de una manía de éste último.
-¡Por Dios Santo, capitán Jack Sparrow¿Acaso no aprendió la lección¡Ya deje usted de hacer eso que en cualquier momento nos meterá otra vez en problemas! –pedía James muy nervioso y molesto-. ¡Ya marchémonos de aquí de una vez!
-Claro que aprendo de mis errores, ahora nadie está conmigo si llega a pasar algo malo.
-Pero YO sí lo estoy –se ofendió mientras ponía sus brazos en jarra.
-Usted no cuenta. –Hizo un ademán de menosprecio con la mano mientras seguía buscando, y luego agregó:
-¿Es que acaso no quiere encontrar un gran tesoro y vivir cómodamente por el resto de sus días sin tener que arriesgarla en las batallas? –preguntó la pirata sin prestarle demasiada atención mientras seguía presionando cada sector de la pared buscando algún ladrillo suelto que le revelara la entrada a algún pasaje secreto que lo llevara a un fabuloso tesoro.
-¡Pero no muerto! –exclamó muy molesto mientras tomaba a la pirata por el hombro justo cuando esta logró hundir una baldosa de la pared.
-¡Eureka¡Encontré el pasaje! –festejó, pero éste festejo no le duró mucho, pues de repente y ante las sorpresa de todos (que aún no se habían alejado mucho), el piso se hundió bajo sus pies provocando que Jack cayera al vacío junto al comodoro James Norrington. Inmediatamente después, el piso volvió a cerrarse ante el desconcierto de los presentes sin que pudieran hacer nada al respecto.
-¡Oh, por Dios¡Espero que los dos estén bien! –apenas pudo decir Elizabeth.
-¡¡JACKY!! –Will exclamó completamente aterrado mientras se lanzaba hacia el lugar donde se había cerrado el suelo y trataba inútilmente de abrirlo, pues estaba completamente sellado, ni siquiera volviendo a presionar el ladrillo de la pared volvía a abrirse.
-Jacky… -murmuró apesadumbrado mientras permanecía sentado en el suelo, dándose por vencido.
-Tenemos que seguir adelante, señor Turner –le dijo el almirante tratando de dominar su angustia al pensar que su amigo James podría haber perecido en aquella trampa-. Norrington quizás haya muerto, pero tu amigo pirata no puede morir, recuérdelo. Nada podemos hacer al respecto más que seguir buscando lo que sea que encontremos para poder romper este hechizo¿entendido?
-Entendido…, almirante Jacobson… -el muchacho tubo que aceptar de mala gana lo que le pedía aquel hombre, pues sabía que tenía razón.
Muy preocupados por la suerte que pudieron haber corrido el capitán Jack Sparrow y el comodoro Norrington (por quien en realidad no les interesaba mucho su bienestar), volvieron a retomar su camino esperando que no los sorprendiera otra trampa mortal.
Sólo tía Dalma pensaba en las consecuencias que podían acarrear el que Jack estuviera a solas con el comodoro Norrington, claro, por si acaso éste último estuviera con vida luego de semejante caída.
-Jack, cediste ante los designios de la maldición frente a nosotros. Ahora me pregunto¿Hasta cuándo podrás soportar la tentación? Eres un ser pervertido y no me sorprendería que hicieras una locura, sólo espero que el destino te de una mano y no cometas ninguna tontería con aquel hombre, ya que la maldición del anillo se hace cada vez más fuerte en la mente y corazones de todos". –pensó un tanto afligida-. ¿Acaso estarás tan "enamorado" como para ser capaz de convertirte en la "señora de Norrington"?
Notas de una Autora sin Internet:
Bueno, como acaban de leer, he terminado de escribir este capítulo sin poder conectarme a internet para publicar el capítulo anterior. Me dije: "Si no logro publicar el capítulo 51 para cuando haya terminado el capítulo 52, me iré a un cyber a bajarlos". Y bien, aquí me tienen, navegando en el cyber luego de haber intentado varias veces de gravar los datos en un disquete para al fin gravarlos en un CD.
Espero que estos capítulos les hayan gustado mucho.
¿Qué pasará ahora con nuestro capitán Jack Sparrow que estará a solas con la persona a quien la maldición y su corazón eligieron?
¿Podrán ustedes contarme lo más importante de la tercera parte de la peli de "Piratas del Caribe" ya que yo todavía no podré verla?
Todo esto y mucho más, se verá en mi próximo capítulo: "La Increíble Decisión de la Capitana Jacky Sparrow".
Quiero que sepan, que pase lo que pase, núnca dejaré de escribir este fics hasta que lo termine, ok? Salvo si me pasa lo que a todo el mundo alguna vez...
¡Espero sus emails!
¡Sayounara Bye Bye!
Las quiero un montón!
Gabriella Yu
