Cap. 47
Terry se anotó en la lista y se le entregó el uniforme y un vale para ir por armas.
Estaba pesaroso y abrumado. No tenía ni idea de qué iba a hacer. Ni siquiera sabía cómo manejar un arma de fuego, a excepción de un revólver o una espada. ¿Cómo iba a poder él adentrarse en un campo de batalla, tan sólo para sacar a un soldado?
Iba pensando en eso cuando alguien lo empujó para que se formara. Había llegado el momento decisivo.
Volvió con Brown.
El médico le dijo:
- Es necesario que mandes traer a su hijo inmediatamente…al hombre le quedan pocas horas.
- Iré a verlo hoy mismo, doctor. Tengo que partir esta misma noche para el regimiento.
- En cuanto lo veas, avísale que su padre está muy grave y que tiene que venir a verlo.
- Está bien, doctor.
Terry se acercó a Brown y le dijo suavemente:
- Señor…mi padre nunca me trató como usted, por eso, quiero que sepa que usted fue como un padre para mí. En cuanto traiga a Daniel, no nos volveremos a ver, pero le aseguro que le viviré eternamente agradecido.
Brown sólo apretó la mano de Terry y derramó algunas lágrimas.
Terry sintió una opresión en el pecho.
- Ahora entiendo lo que sintió Hamlet al morir su padre…
Dos días después…
Candy había ya preparado sus cosas y había ido con Annie a escoger su vestido.
- ¿Estarás el día de mi boda, Candy?
- Claro que sí, Annie, pediré permiso. No tardaré. Solamente iré a capacitar a algunas enfermeras a Florida y volveré para tu boda.
- No sabes lo feliz que soy, Candy. Es un sueño hecho realidad.
- Te dije que Archie te amaba y era verdad, ¿no? Ahora vamos a buscar tu vestido.
Recorrieron algunas tiendas hasta que Elisa cruzó cerca de ellas. Iba con Melanie a la casa de modas.
- Hola, chicas…
- Elisa…-dijo Candy.
- ¿A qué han venido, si se puede saber?
- A comprar el vestido de Annie para su boda. ¿No te había dicho nadie que se casa?
- Me tiene sin cuidado…pensé que te casarías tú primero con Albert.
Candy se sorprendió.
- ¿Cómo?
- ¿Crees que no lo sabía? Sé que te vas a casar con William Andley. Es un secreto a voces.
- ¿Y cómo te enteraste?
- Alguien me lo dijo…¿qué pasaría si Terry se entera?
- No metas a Terry en esto…tú no entiendes nada.
Elisa rió.
- Claro que entiendo bien.
Candy cambió el tema.
- ¿Y ustedes? ¿Qué hacen aquí?
- Vinimos a comprar mi vestido de novia- dijo Melanie- me voy a casar con Neil.
Candy lanzó una sonora carcajada.
- Mi más sentido pésame, Melanie.
Elisa se enfurruñó.
- Lo que tienes es envidia porque Melanie se va a casar con Neil. Él te desprecia.
- Correción- dijo Candy- yo fui quien lo despreció. Ah, entonces eres tú Melanie la que se casa…ya me extrañaba que Elisa estuviera buscando un vestido de novia.
Annie y ella se marcharon riendo. Elisa se quedó rabiando.
Melanie le dijo:
- No les hagas caso…
Elisa esbozó una leve sonrisa.
- Tienes razón…no vale la pena enojarse…ella no sabe lo que le espera…
Candy y Annie volvieron al hospital. Cuando llegó una enfermera le entregó una carta.
- Es para ti…de Londres.
Candy sonrió. Pensó que se trataba de Terry.
- ¡Seguro es carta de Terry, Annie!
Su amiga la abrazó.
- Te dejo para que la leas. Vendré mañana antes de que te vayas.
- Hasta mañana, Annie.
Fue a su cuarto y leyó el remitente. No era de Terry. Era de Richard Grandchester.
Tocó el sobre con afectación.
- Quizás tuvo noticias de Terry. ¿Pero por qué me manda a mí la carta?
La abrió.
La extendió con temor y comenzó a leerla:
"Señorita Candy:
El motivo de mi carta es sumamente penoso.
Quizás en otras circunstancias no le habría escrito. Pero ahora se trata de un deber moral que debo cumplir. Ni siquiera sé cómo empezar sin que se me nuble la vista al escribir.
Después del altercado que tuve con Terry respecto a la boda con la hija del conde Gerald, mi hijo se marchó de mi lado. Estuvo viviendo solo hasta que supe que se alistó en el ejército. Sin embargo, al poco tiempo fue herido por una bala enemiga y murió…"
Al leer esas líneas, Candy casi se desmaya. Tuvo que recuperarse para terminar de leer.
"Estoy desolado…no me reconcilié con él y él ahora está muerto…su última voluntad, según un compañero suyo, fue que le avisara a usted y que le dijera que la amó siempre hasta el final.
No puedo seguir escribiendo más al respecto. Creo que nunca más volverá a saber de mí. Lo siento."
Richard Grandchester.
Candy sintió como si todo su mundo se derrumbara. Albert iría en la noche para verla. Tendría que darle esa información y sobre todo…tendrían que poner al tanto a Eleonor Baker. Eso sería para ella un duro golpe.
Lloró un rato hasta que le avisaron que Albert la esperaba. Le mostró la carta del duque. Albert sintió un dolor profundo en el pecho.
- Lo siento, Candy…esto es lo que menos imaginaba que sucedería.
- Con razón no había escrito antes, Albert…quizás el duque no le quiso decir nada a Eleonor porque estaba dolido de que Terry se hubiera alistado en el ejército.
- Sin embargo…me sigue pareciendo extraño…
- ¿Qué cosa?
- Que el duque se tomara la molestia de avisarte.
- Dice que fue su última voluntad…
Albert asintió. Eso lo justificaba.
- Candy…lamento tener que dejarte sola con esto…sé que es muy duro. Pero tengo que ir a Nueva York. Mandaré por ti a Florida cuando termines la capacitación.
- Está bien, Albert. Cuídate mucho. Yo iré a Florida y eso me ayudará por lo menos a calmarme y tratar de no pensar…
- Tranquila…tienes que ser más fuerte que nunca ahora, Candy. Tú eres muy valiente…demuestra de qué estás hecha…
Pero Candy se sentía muy desconsolada.
En tanto, Terry marchó al destacamento militar. Comenzó por tener que cortarse el cabello. Luego, comenzó el adiestramiento. Uno de los comandantes se rió de él cuanto tomó uno de los fusiles.
- Vaya…¿de dónde salió este enclence? Párese bien, soldado.
Terry aguantó el trato.
Luego se burló de sus manos.
- Y miren…tiene manos de artista…¿cómo es que tienes estas manos tan finas? Seguro eres hijo de algún aristócrata…
Terry soltó el arma y lo golpeó.
Otro de los guardias se acercó y le dijo:
- Por esta ofensa a un superior, tres días de arresto, Grandchester…
- Sí, señor- respondió Terry.
El comandante ofendido se levantó y preguntó.
- ¿Quién ese imbécil?
- Terruce Grandchester…hijo de un duque.
- Vaya…aristócrata el niño…te vas a encargar de que lo manden cuanto antes al frente…y si lo hieren, mejor.
- ¿Comandante?
- Haz lo que te ordeno.
- Sì, comandante.
Terry se quedó encerrado. Sólo podía pensar en llegar cuanto antes al frente para avisar a Brown que su padre estaba muy grave. Y quería terminar con eso para volver con Candy.
- Necesito verte, mi amor…ya no puedo estar más tiempo sin ti…
Y lloró, ahí, en la soledad, sin que nadie pudiera verlo.
A la mañana siguiente partió Candy a Florida.
Apenas pudo despedirse de Albert.
- ¿Cómo estás?
- Mal- dijo Candy- pero te prometo que me repondré…te lo aseguro.
- Estaré pendiente de ti, Candy.
- Prometo que iremos a verte- dijo Annie.
- Ya volveré…sólo pórtense bien, ¿eh?- advirtió a los novios.
Archie le dio un fuerte abrazo.
- Hermanita…cuídate…estoy contigo siempre…
- Gracias, Archie.
Candy se marchó en el tren y su corazón iba dentro de ella, roto en miles de pedazos.
