Anoche Harry pasó por mi casa a las nueve. La casa de Kelly queda a dos cuadras de la mía, y viniendo de lo Harry, se encuentra antes. Pero él prefirió ir por mí para luego ir a lo de mi amiga, porque casi no la conoce y no quería estar incómodo, me dijo.
Llegamos y tocamos el timbre, dos veces. Kelly nunca escucha cuando alguien llega. Cuando abrió la puerta noté que estaba todo oscuro. Se lo comenté, y como no respondió nada, me acerqué al interruptor y encendí la luz de la sala.
"¡Feliz cumpleaños!" gritaron todos, saliendo de sus escondites. Miré a Kelly y a Harry, una y otra vez, confundida.
— ¡Con razón nadie podía juntarse! —exclamé en cuanto pude recuperarme. Me acerqué a Kelly y la abracé — ¿Tú sabías algo de todo esto? —pregunté a Harry.
— ¿No? —contestó aún más desconcertado que yo.
No podía creer que todas esas personas estaban ahí para festejar mí cumpleaños. Bueno, y el de Harry, claro. Saludé a uno por uno: Austin, Olivia, Lola, Selena, Nick, Evelyn, Gemma, Finn, Niall, Matt y hasta mis primos Vicky y Louis.
La idea fue de Nick. Él le dijo a Finn que le dijera a Kelly, y ella ofreció su casa para que no fuera sospechoso.
—También invitamos a Finn porque es el mejor amigo de Harry y a Niall porque —Kelly hizo una pausa —bueno, tu sabrás.
—Sí, y a Louis tú sabrás por qué —le respondí riendo.
Tanto Kelly como yo notamos la mala cara que Harry puso al percatarse de la presencia del irlandés.
Servimos la picada y nos sentamos en la mesa, adentro, porque si bien no estaba tan frío, tampoco estaba como para comer afuera. Después Selena trajo las pizzas, hechas por ellos mismos. A pesar de que estaban algo quemadas en la parte de abajo, estaban bastante ricas.
Terminamos de comer y escuchamos algo de música. En seguida se hicieron las doce, y Austin le hizo una seña a Nick para que se diera cuenta. Nick miró a Evelyn y ésta se puso de pie. ¡Deben haber creído que yo no estaba enterada de sus movimientos! Volvió de la cocina con una torta de crema y frutillas. La ubicó en uno de los extremos de la mesa y todos comenzaron a cantar el feliz cumpleaños. Harry y yo nos paramos en posición para apagar las velitas. Cualquier persona encuentra incomodísima esa situación en la que todos cantan menos uno, pero Harry se puso a hacer caras graciosas y a imitar un llanto de emoción. En cambio yo, estaba como un tomate. En el momento de pedir los deseos lo agarré, sin darme cuenta, a mi mejor amigo de la mano. Soplamos los dos juntos y todos nos aplaudieron. Reaccioné de que nuestras manos seguían juntas, entonces lo solté y para disimular el momento raro, lo abracé y le deseé feliz cumpleaños.
Austin nos alcanzó los regalos. Los míos eran un portarretratos con una foto de todo el Club Glee, un almohadón con forma de corazón de parte de Kelly y un pijama de parte de mis primos. A Harry le regalaron una remera mangas largas negra con escote en V y con una franja que atraviesa la parte del pecho, con los colores de la bandera de Italia, un perfume y una billetera.
De repente, la música se empezó a oír desde afuera, luego de que Olivia, desesperada por bailar, encendiera el equipo. Bailamos el resto de la noche, y caímos rendidos en los cómodos sillones.
Nota aparte.
Me di cuenta de que, inconscientemente, toda la noche busqué estar cerca de Niall. El más mínimo contacto, como nuestras piernas rozándose mientras estábamos en los sillones, me hace extremadamente bien.
