She said it's cold outside and she hands me my raincoat
She's always worried about things like that
She said it's all gonna end and it might as well be my fault
And she only sleeps when it's raining
And she screams and her voice is strained
And

Dijo que hace frío fuera y ella me entrega mi impermeable
Ella siempre se preocupaba por cosas como esa
Ella dijo que todo va a terminar y que bien podría ser mi culpa
Y ella sólo duerme cuando llueve
Y ella grita y su voz es tensa
Y

She says baby
It's 3 am I must be lonely
When she says baby
Well I can't help but be scared of it all sometimes
The rain's gonna wash away I believe it

Ella dice, nena
Son las 3 am Yo debo estar sola
Cuando ella dice nena
Bueno, a veces yo no puedo dejar de tener miedo de todo
La lluvia sé lo llevara, creo

She's got a little bit of something, God it's better than nothing
And in her color portrait world she believes that she's got it all
She swears the moon don't hang quite as high as it used to
And she only sleeps when it's raining
And she screams and her voice is strained...

Ella tiene un poco de algo, Dios es mejor que nada
Y en su mundo de color retrato que ella cree que lo tiene todo
Ella jura que la luna ya no cuelga tan alto como solía
Y ella sólo duerme cuando llueve
Y ella grita y su voz es tensa...

She believes that life is made up of all that you're used to
And the clock on the wall has been stuck at three for days, and days
She thinks that happiness is a mat that sits on her doorway
But outside it's stopped raining

Ella cree que la vida se compone de todo lo que se está acostumbrado
Y el reloj de la pared se ha atascado en las tres días, y días
Ella piensa que la felicidad es una alfombra que pone en su puerta
Pero afuera a dejado de llover.


"Las llamas de la chimenea emprenden su imparable camino hacia la extinción y dentro de la cabaña se comienza a sentir la ausencia de ese calor tan imprescindible para luchar con el frío que acecha desde el exterior, pero Bo se levanta del sofá y camina hacia la ventana cerrada por las cortinas que evitan ver el exterior cubierto por un manto blanco producto de una nevada poco habitual para los primeros días del otoño. La súcubo desliza las yemas de sus dedos por el borde de tela que separa a las dos cortinas y en un rápido movimiento despeja la penumbra que viste a su alrededor.

La imagen que aparece ante los ojos de Bo, es tan melancólica como la tristeza que tiñe a su interior, pero en un intento por disipar la tenue oscuridad que impregna a su mirada, eleva el dedo índice de su mano derecha apuntado a un cúmulo de nubes grises que les impiden al sol brindar un poco de luz o esperanza. Las nubes grises comienzan a mezclarse entre ellas, formando un remolino que según van girando, se disuelven como los granos de azúcar en una taza de café. El sol se alza por encima de todo ese firmamento gris y algunos de sus rayos caen directamente en el rostro de Bo.

Lauren observa a la súcubo desde una distancia no mayor a tres pasos, pero al contemplar lo que ha hecho Bo con las nubes, a su mente vuelve el primer sueño que le reveló su alma sobre la vida de Erin Oakes. Su memoria la conduce hasta esa mañana cuando Erin y Basil comprometieron sus almas bajo la luz del sol que alumbraba a los amplios jardines del castillo de Edenderry, pero antes Basil había invocado el mismo poder que acaba de emplear Bo y junto con ese don hay muchos más que la súcubo ha logrado dominar mejor que el mismo Basil. El aprendizaje de Bo a durado muchas décadas, pero sólo faltan horas para enfrentarse a su última prueba y demostrar que todo lo aprendido no importa nada, sino confía en esa última esperanza, aunque el riesgo al que se expone es superior a su propia existencia.

Lauren desconoce lo que pretende hacer Bo para escapar del dolor que la consume y se permite desperdiciar el tiempo que queda, recordando lo que vivió hace más de tres siglos. El espíritu de Lauren se posa al lado de la súcubo, buscando sentir el tibio calor que desprenden los rayos del tímido sol y por unos segundos es capaz de percibir aquello que hace más de tres siglos no sentía. Esa sensación que percibe Lauren con tanta claridad, es una prueba más de que la maldición que hoy la separa de Bo, está perdiendo su intensidad y quizás no todo este perdido".

Recuerdo como aquel día viví dentro de una montaña rusa de emociones —dice Lauren con la mirada extraviada en la nieve que comienza derretirse—. Mi alma había sido capaz de conectarse contigo, mostrándome en mi propio cuerpo el dolor que estabas padeciendo, del miedo que tenías al saber que quizás no lograrías sobrevivir, la angustia por lo que le había hecho Robert al wendigo para defenderte, la agonía que alimentaba a tu vergüenza por lo que le hiciste a Tamsin y el amor que nos brindo una nueva oportunidad para ser felices.

Después de esa conversación entre tu tío y Vex para decidir cuales serían las medidas que adoptamos desde ese preciso momento, nos preparamos para pasar la noche en una suite exclusiva del hotel de Vex. Pero como medida de seguridad, debíamos irnos en coches diferente. La situación había entrado en una especie de descontrol por el peligro que representaban Evony y sus muchos aliados. Nuestros enemigos apenas mostraron sus cartas, pero fue constante la sensación de la inseguridad que nos rodeaba. Aun así, Vex cumplió hasta el final la promesa que le había hecho a tu padre y dedicó cada uno de sus recursos por mantenernos a salvo.

Los dos hombres a quienes encomendó nuestra completa seguridad, fueron faes con un pasado lleno de muertes, destrucción, pero también honor. El Morrigan había comenzado a aliarse con faes que demostraban respeto por los humanos y con fuertes deseos por cambiar ese sistema político excluyente, y aquellos faes que ignoraron sus órdenes, fueron perseguidos para resguardar no sólo el secreto de esa sociedad paralela, sino para abrir el camino que te conduciría hasta el poder que hoy está en tus manos.

Salí a la calle escoltada por mi nuevo guardaespaldas y caminamos sobre los charcos que había sembrado esa tarde lluviosa hasta el Range Rover negro que se encontraba aparcado a unos pocos metros de tu casa. Mi escolta abrió una de las puertas trasera y entré en el todoterreno con la vista puesta en la entrada principal de tu casa, esperando el momento de verte salir. Cuando mi nuevo guardaespaldas entró en el todoterreno, todas las luces de la consola central se iluminaron y él accionó el botón de encendido para luego conducir unos pocos metros y no llamar demasiado la atención. Continué buscándote para saber si estabas bien, pero cada vez me fue más difícil ver por la poca luz que nos rodeaba. Sujeté con fuerza el maletín que tenía las iniciales de Aidan, pero no quise abrirlo para esperar el momento cuando tú me enseñarás todo lo que había en su interior.

Sentí como mi corazón comenzó a retumbar en mi pecho como si mis nervios activaran la fuerza de esos latidos, pero logré encontrar la calma cuando el silencio se vio perturbado por el estruendo del motor de la moto de Brian. Mi guardaespaldas me dijo que era la hora de irnos, pero no quise que avanzara ni un sólo centímetro más hasta que comprobara que tú estabas bien. Volví a desviar mi mirada hacia la moto de Brian que salía a la calzada y vislumbré como enderezaba las ruedas sobre el asfalto.

—Doctora Lewis, nos tenemos que ir ya —replicó con cortesía mi escolta, mirándome por el espejo retrovisor.

—Ok, muchas gracias —repuse educadamente.

Mi guardaespaldas asintió mientras colocaba la dirección del hotel en el GPS. De repente, la pantalla que tenía frente a mí, incrustada en la parte posterior del reposacabezas del asiento del piloto, se encendió mostrándome la ruta que tomaríamos hasta el hotel.

— Si el tráfico es fluido, estaremos en el hotel en quince minutos —dijo encendiendo el motor del todoterreno, pulsando el botón de arranque—. Entraremos por el parking principal del hotel y antes de salir debo comprobar que no existe ningún peligro para usted.

Asentí lentamente y luego resoplé liberando un poco la tensión mientras miraba los ojos azules de mi guardaespaldas a través del reflejo del retrovisor. Esa mirada más el color claro de sus ojos, me recordó a alguien o sentí que los había visto con anterioridad, pero en ese momento fui incapaz de ubicarlo en mi memoria. Escuché como el ruido de la moto se aproximaba a nosotros y una sensación de alivio recorrió todo mi cuerpo.

—Disculpa, pero no sé tu nombre —dije pasando mis manos por la suavidad de los asientos de cuero blanco.

—¿Mi nombre actual o él que me dieron mis padres? —replicó girando el volante hacia la derecha siguiendo las instrucciones del GPS.

A pesar de que la réplica sonó un tanto cortante, algo en mi interior me incitaba a confiar en ese hombre de ojos claros. Respiré profundo buscando la manera más adecuada para responderle.

—El que sea más cómodo para ti. Pero si vas a ser mi guardaespaldas la confianza debe ser la base de este trabajo, ¿no? —objeté en un tono calmado.

Pude escuchar como mi escolta también respiraba hondo y agitó la cabeza levemente.

—Mi nombre actual es Ted Miller —contestó mirándome por el espejo del retrovisor—. Es un honor trabajar para usted, doctora Lewis.

—Llámame Lauren, por favor —repuse con una sonrisa—. Y no trabajas para mí sino conmigo, así que puedes tutearme.

Ted asintió, antes de regresar la mirada a la carretera. No pude evitar voltear hacia atrás cada dos segundos buscándote, pero Brian había tomado una dirección diferente y te perdí el rastro. Suspiré un par de veces, algo frustrada porque los minutos pasaban y no podía encontrarte por ningún lado, pero a lo lejos apareció la moto que entraba en la misma calle donde circulaba el todoterreno y respiré aliviada.

—Doctora… digo… Lauren —dijo corrigiéndose a sí mismo—. No debes preocuparte por la señorita Lloyd porque Brian está con ella y nada le ocurrirá.

Ted se detuvo porque el semáforo cambió a rojo. Aproveché ese momento para observar como la moto de Brian se acercaba más al todoterreno, pero nos esquivo para adelantarse lo más posible.

—Lo sé —dije mirando como la moto pasaba por mi lado.

La intranquilidad volvió a recorrer mi cuerpo, cuando noté como la lluvia volvía a derramarse sobre la ciudad. No sabía cuales eran las verdaderas cualidades de conducción de Brian, pero rogué en silencio que te mantuviera a salvo.

—En unos minutos nos reuniremos con ellos y todo pasara —dijo Ted percibiendo mi intranquilidad.

—Ojalá —murmuré aclarándome la voz—. Perdona mi indiscreción, pero creo qué te he visto en algún sitio.

—No es ninguna indiscreción, sino buena memoria —repuso soltado una leve sonrisa—. La primera vez que te vi fue en Tokio cuando tuviste la primera reunión con la Ash de Asia.

Ese dato me desconcertó un poco, porque el territorio asiático fue gobernado por el bando de las luces durante muchos siglos e Ishwari era, quizás, la Ash territorial con más poder en la sociedad Fae, pero por un momento se me olvidó algo que había pasado hacia unos años.

—¿Eres de las luces? —inquirí confundida.

—No, pero a pesar de pertenecer al otro bando, soy uno de los hombres de confianza de Ishwari —respondió Ted sin apartar la vista del semáforo—. Hace seis años, la Ash estuvo ausente durante diez meses de sus obligaciones como máxima autoridad en ese continente y el territorio asiático por primera vez fue gobernado en conjunto entre los dos bandos hasta que Ishwari retomó el cargo.

—Discúlpame, pero no entiendo —dije bajándole el volumen a la voz del GPS desde la consola de control que tenía a mi lado—. Tú eres de las sombras, pero Ishwari es de las luces, ¿verdad?

—Lauren, toda mi larga vida he sido un soldado —contestó acelerando cuando la luz del semáforo cambió a verde—. Mi padre era un oficial del ejército del clan Finarvin y de esa relación con el clan, conocí a Ishwari cuando éramos unos niños. Al morir mi padre, estuve mucho tiempo intentando no entrar en el ejército del clan Finarvin. Días antes de realizar el ritual de unión al clan, deserté de las filas del ejército del Rey Sangriento y me uní al clan Bukharin. Después de terminar la guerra, deambulé por Norteamérica luchando en las diferentes batallas y formé parte del cuerpo de Marines de los Estados Unidos.

Esa respuesta me impresionó un poco porque los pocos faes que habían convivido con los humanos e ignorando las normas de los ancianos, fueron ejecutados y más en el bando de las sombras. Evony se encargó de hacer un estilo de exterminio a todos los faes de su bando que hubiesen renegado de la sociedad que ella gobernaba.

—¿Viviste entre los humanos? —pregunté sin salir de mi asombro.

—Sí, pero tuve que volver al mundo fae porque me quedé sin tapaderas —respondió Ted con sinceridad—. Los diferentes puestos que ocupé en el ejército, sólo me dieron la oportunidad de cumplir con mi naturaleza. Además, al haber nacido antes de la guerra, mis poderes no fueron afectados por las leyes escritas con la sangre del Rey Sangriento y jamás me he alimentado de un humano.

Me sentí tentada a preguntarle cuál era su género fae, pero sabía muy bien que eso representaba una ofensa para los faes. Aún así, repasé en mi cabeza los diferentes tipos de faes que necesitaban estar en conflictos bélicos para alimentarse, pero eran tantas clase que no pude descifrar con certeza el género de Ted.

—Entonces, fue Ishwari quién te ayudó a reinsertarte en el mundo fae, ¿cierto? —dije buscando la manera de conocer más aspectos sobre su pasado.

—No, quién me ayudó fue Vex. Al quedarme sin tapaderas, el ejército norteamericano se daría cuenta de mi longevidad por lo tanto recurrí a Vex pidiéndole ayuda en el nombre de la antigua amistad que unía a nuestros padres. A pesar de que mi padre pertenecía al clan Finarvin y el padre de Vex al clan Bukharin, entre ellos existió un mutuo respeto al hacer valer las leyes infundada por los semidioses celtas.

—¿Y cómo te convertiste en el hombre de confianza de Ishwari? —inquirí aún más intrigada.

—Cuando la Ash estuvo ausente de su cargo, Vex convenció a Evony para que me enviara a Asia con la excusa de espiar a Ishwari. Pero Vex sabía de mi amistad con la Ash y en vez de espiar a Ishwari fui a proteger a su familia como lo hubiese hecho mi padre.

Para ese momento, la única información que tenía sobre la familia de Ishwari es que ella formaba parte de las nobles familias pertenecientes al clan Finarvin. Su padre era un fae decendientes de los semidioses japonés y su madre una semidiosa hindú, pero sus padres murieron durante la gran guerra e Ishwari fue la única heredera de esa noble familia.

—Ted, perdona que te haga tantas preguntas, pero ¿Vex e Ishwari son amigos?

—Además de amigos son aliados —contestó elevando su mirada hacia el retrovisor—. Ishwari apoyó a Vex para derrocar a Evony del cargo de Morrigan y la Ash de Asia hizo todo esto a espaldas de los ancianos para proteger a Ysabeau.

Aquella revelación me pilló por sorpresa. Me pareció tan improbable una amistad entre la Ash de Asia y el Morrigan principal, que me costó creerlo de primeras. Pero con el pasar de los días descubriríamos más de esa peculiar amistad.

—¿Ella sabía los planes de Evony? —pregunté perpleja.

—No, fui yo quién supo lo que planeaba Evony —contestó Ted, sin titubear—. No estoy orgulloso de lo que hice para conseguir esa información, pero tuve que aprovechar el punto débil de Evony y fue así como ella me confesó que había convencido al hermano de Brian para que matara a Kenzi. De esa manera, Ysabeau se debilitaría y podría matarla sin problemas.

No me hizo falta indagar para saber cuál era el punto débil de Evony y el atractivo físico de Ted encajaba a la perfección en los particulares gusto de la ex Morrigan. También me sentí aliviada al saber que fue verdad la versión que nos dio Tamsin sobre el derrocamiento de Evony por parte de Vex. Pero recordé como en mi segundo año con los faes, hubo una especie de tensión diplomática entre los dos bando por la ausencia de Ishwari.

—Ted, lo que nunca entendí fue el porqué Ishwari dejó temporalmente el cargo como la Ash de Asia.

Mi guardaespaldas se mantuvo callado durante unos segundos, meditando su respuesta. Pude ver las luces del enorme edificio del hotel a través del techo panorámico del todoterreno y al bajar la mirada me encontré los ojos azules de Ted.

—Lo siento, Lauren, pero eso es un tema que sólo Ishwari te puede contestar. Ya hemos llegado.

Giró el volante para tomar la curva que conducía a la entrada del parking. Busqué las palabras adecuadas para darle las gracias por intentar resolver mis dudas con la más absoluta sinceridad.

—Ted, te agradezco por haber respondido a cada una de mis preguntas y por la confianza que me has demostrado.

—La confianza debe ser la base de este trabajo y sólo quiero protegerte como lo hizo mi padre hace cuatro siglos. Por favor, espera aquí hasta que compruebe que todo esta controlado.

Cuando escuché como la puerta del todoterreno se cerraba, dejé salir el aire que había contenido en mis pulmones. Tiré la cabeza para atrás, pensado en toda la información que me había suministrado mi nuevo guardaespaldas y a pesar de haberlo conocido hacia menos de veinte minutos, algo dentro de mí me gritaba que podía confiar en él, que algo familiar había en su mirada, pero jamás imaginé el antiguo vínculo que existía entre Ted y yo. Mantuve los ojos cerrados, dándole vueltas al porqué Ishawari hacia seis años dejo de ser Ash de manera temporal y recordando el estrés que padeció el antiguo Ash durante esos diez meses de ausencia. Estaba convencida que algo importante había ocurrido durante el tiempo que Ishwari estuvo alejada del poder, pero el motivo que la llevó esconderse lo descubriríamos juntas.

Mis ojos permanecieron cerrados, pero los abrí cuando escuché la voz de Ted, pidiéndome que lo acompañara. Subimos en el ascensor principal que llevaba hasta majestuoso lobby del hotel. Cruzamos a paso ligero la parte de la recepción y él chico que estaba detrás del mostrador le indicó a Ted el ascensor que debíamos tomar. Caminamos bajo la música tenue de lo que parecía un jazz melódico y típico de esos sitios modernos. Las suelas de mis botas producían un leve sonido cuando el tacón rozaba el lustroso suelo de mármol pulido. Antes de llegar al ascensor, vi como Kenzi ya estaba en uno y me guiñó un ojo para hacerme saber que todo había salido bien. Giré la cabeza a ambos lados, buscándote porque desde que la moto de Brian pasó por nuestro lado, no supe en donde estabas.

Ted me miró cuando las puertas del ascensor se abrieron y me pidió en silencio que pasar al interior del elevador. Agité mis manos intentado alejar el leve temblor que comenzó a estremecer a mis dedos, pero ese nerviosismo se esfumó cuando mi mirada encontró la tuya. Me sonreíste y yo hice lo mismo mientras las puertas se fueron cerrando hasta que quedó ante mi un trozo de acero pulido. Le pedí a Ted que esperáramos hasta que tú llegaras a la planta donde estaba nuestra suite. Él aceptó consciente de que no había ningún peligro por esperar un par de minutos ante la puerta de la suite.

Apenas di un par de pasos porque sentí como tu presencia se acercaba más y más a mí, pero los gritos de emoción de Kenzi me distrajeron hasta que sentí como tu mano sujetaba mi brazo. No di tiempo a nada más y busqué tus labios para deshacerme de esa tensión que devoró por minutos a mis entrañas. Te tenía en mis brazos, era tu calor lo que percibía mi piel y supe que jamás me cansaría de tener esa sutil intimidad contigo.

En el preciso momento que nuestros labios se separaron, Ted abrió la puerta de nuestra suite y las luces de la ciudad, que se filtraba por los enormes ventanales que iban del suelo hasta el techo, nos dieron la bienvenida. Kenzi admiró cada simple detalle que encontraba en su camino, como si fuera una experta exploradora. El recibidor, el salón y el comedor estaban unidos por un espacio completamente diáfano y elegante. Calculé que el tamaño de la suite sería cuatro veces el salón de tu casa. Luego caminamos hacia la zona oeste de la suite donde estaban las dos habitaciones de invitados, pero antes le di un pequeño vistazo a la cocina que tenía su propia entrada y todos los electrodomésticos que pudiéramos necesitar.

Luego de un tour de varios minutos, fuimos a la que sería nuestra habitación y ese espacio cargado de sobriedad y modernidad era igual de grande que toda tu casa. Ted y Brian habían colocado nuestras cosas en el vestidor que comunicaba con el baño y después de observar todos los detalles que tenía ese lugar, llegó Kenzi para mostrarnos su habitación. Apenas salimos hacia el salón, observamos como cuatro personas vestían la mesa con un mantel gris claro a juego con las cortinas de los ventanales y luego colocaron toda la comida. La verdad es que estaba completamente hambrienta porque no había comido nada desde el desayuno. Nos sentamos alrededor de la mesa, pero Brian le pidió a un fae que revisara que no había ningún tipo de veneno. Reconocí a ese fae porque su género fue uno de los primeros que estudié. En el mundo fae a los de su género los llamaban salamandras. Criaturas capaces de digerir grandes cantidades de veneno y detectarlo con sólo olerlo. La piel de esos faes cambía a verde o rojo según olfatean o prueban alguna sustancia venenosa y su labor fue de esencial importancia durante la Gran Guerra. Después de una inspección exhaustiva, Brian nos permitió comer con tranquilidad. Le pedí que invitara a los chicos que estaban custodiando las puertas de nuestra suite, pero Brian me dijo que no podían abandonar sus puestos.

La cena transcurrió entre bromas, conservaciones cotidianas y alejamos los malos momentos que vivimos aquella tarde. Al terminar de cenar, dos chicos volvieron sólo para recoger la mesa y nosotras nos fuimos al salón donde Kenzi encontró un capítulo de Games Of Thrones que no había visto. Nos sentamos en el cheslong, comparando algunos datos curiosos entre la serie y los libros, pero Kenzi no quiso que le diera más adelantos de los libros porque quería ver la serie. Al terminar ese capítulo, nosotras nos fuimos a nuestra habitación, pero Kenzi se quedó é el salón alegando que padecía de Jet lag, o ese fue lo que creí en un principio.

Cuando entramos en nuestra habitación, me ayudaste a colocar nuestras ropa en los armarios que había en el vestidor. Apenas tardamos unos minutos y pensé en la posibilidad de ir al día siguiente a mi antiguo apartamento para recoger algo más de ropa, pero Vex también se encargó de ese aspecto durante los cinco días que permanecimos en el hotel. Cuando estuvimos preparadas para irnos a la cama, tú recogiste el maletín negro con las iniciales de tu padre y yo mi bolso con todas las anotaciones de mis investigaciones. Observé como caminabas hacia el baño y aproveché para organizar todas mis cosas. Dejé mi móvil junto con el cristal que me había dado Tamsin sobre mi mesilla de noche y me senté en la orilla de la cama con mi iPad para revisar los datos del suero que había creado esa misma tarde, pero sentí como tus manos apartaron mi cabello dejando al descubierto mi nuca mientras tus labios recorrieron cada centímetro de mi cuello.

—Bo…

—Lo sé, deberíamos descansar y todo eso que dicen las personas prudentes, pero es que no puedo resistirme —murmuraste contra mi piel.

Coloqué mi tablet al lado de mi móvil sobre la mesilla. Supe que sería imposible conseguir algo de concentración con tus manos deambulando por mi espalda, pero desde que leímos el resultado de mi prueba de embarazo, un dolor de cabeza intermitente tormentó a mi cerebro.

—Nena, hoy ha sido un día muy difícil y deberías descansar —dije dándome la vuelta y mis ojos contemplaron tu cuerpo—. ¿Estás desnuda?

Te había visto muchas veces sin ropa, pero siempre provocabas la misma sensación de dejarme sin aliento. Recordé esa primera vez que observé tu cuerpo en el laboratorio de las luces y lo difícil que fue poder examinarte porque me repetía a mí misma lo preciosa que eres. Caminaste hasta quedar ante mí y releíste mi mirada encontrado la misma similitud de aquella primera vez.

—Conozco muy bien esa mirada y el brillo de tu aura —replicaste sentándote en mi regazo con tus manos buscando el borde de mi camiseta—. Piensa que sólo te he ahorrado tiempo en desvestirme.

Me despojaste de mi camiseta, junto con todo lo demás, sin dejar de mírame o robarme varios besos. Volviste a sentarte a horcadas sobre mí, besando mi cuello mientras mis manos se deslizaban por tu espalda hasta tus caderas, acercando todo tu cuerpo desnudo al mío. La sensación de calor que emitía tu piel, fue absolutamente embriagadora, pero el agotamiento aumentó mi dolor de cabeza. Me quedé exhausta después de utilizar los poderes de mi alma para curar a Tamsin y a ti, además del largo momento que compartimos en el baño esa misma tarde.

—Bo, mañana podremos hacer todo lo que quieras, pero ahora deberíamos descansar un poco —musité buscando las fuerzas para resistirme a la influencia que ejercían tus labios contra los míos.

—¿Todo lo qué quiera? —preguntaste en un tono seductor.

—Ya hacemos todo lo que quieres, ¿no? —repliqué rozando mis labios contra los tuyos, pero sin besarte.

—Sí, pero se me pueden ocurrir muchas otras ideas de lo que quiero hacer contigo —susurraste mordiéndote el labio y posando mis manos en tus caderas.

Te inclinaste hacia mi cuello y tendiste suavemente mi cuerpo hasta que mi espalda quedó sobre la cama. El sonido de mi risa se mezcló con el sutil ruido que producían tus labios dejando suaves besos por mi piel. Tus manos bordearon mi torso mientras la mías se aferraron a la carne de tus caderas, balanceando tu cuerpo contra el mío. Sentí como tus labios bajaban lentamente por mi cuello con rumbo fijo hacia mis pechos.

—Bo, debemos descansar un poco y si continuamos así no dormiremos en toda la noche —murmuré con la escasa voz que me dejaron tus caricias.

—Esa es la idea —dijiste esparciendo tu aliento por mi pecho.

El dolor de cabeza se fue intensificando y lo que antes era una sensación de placer se convirtió en un palpitar terrible en mis sienes.

—Nena, estoy agotada —supliqué atrapando tu rostro con mis manos.

Me miraste a los ojos y una ligera expresión de dolor se formó en tu cara. Supe sin ninguna duda que percibiste el dolor que estaba instalado en mi cabeza.

—Ok, está bien —dijiste besando la punta de mi nariz—. Pero mañana no me convencerás tan fácil.

Sujeté con fuerzas tus caderas y giré tu cuerpo hasta quedar sobre ti. Arrastré lentamente mis manos por tu cuerpo hasta que llegaron a tu rostro. Nos miramos fijamente, esperando el siguiente movimiento, pero sentí que mi cabeza iba a explotar si no descasaba un poco.

—Quizás mañana te despierte de una manera especial —susurré en tus labios.

Sentí como tu cuerpo se estremeció debajo del mío y nuestras bocas se fundieron en un beso largo, lento, derrochando la última reserva de energía que tenía en mi cuerpo. Tus manos bajaron por mi espalda hasta que se aferraron a mi cintura, buscando la manera de continuar con lo que habíamos empezado. En un suave movimiento, separaste mis muslo y tu pelvis quedó entre mis piernas. No tenía fuerzas para resistirme y me dejé llevar por tus deseos, pero tú sentiste el cansancio que tenía acumulado en todo mi cuerpo.

—Venga, vamos a dormir que ya quiero que sea mañana —dijiste con una sonrisa.

Nos metimos bajo las sábanas y al acomodarme en el lado izquierdo de la cama, estiré mi mano para apagar la luz de la habitación. Sentí como tu brazo se posaba alrededor de mi cintura y pegaste tu cuerpo a mi espalda, esparciendo tu aliento tibio en mi nuca. Hablamos en voz baja unos minutos diciéndonos buenas noches mientras tus labios besaba mi nuca y la parte superior de mi espalda. Con las yemas de mis dedos acaricié la piel de tu brazo que posaba en mi abdomen, buscando la manera de relajarnos hasta que el sonido de tu respiración se fue haciendo más lento y profundo. Esa vez fuiste tú quién se quedó dormida antes que yo, pero me concentré en el latir de tu corazón y un sueño cargado de felicidad me dominó por completo.

Según mis músculos se fueron relajando, escuché como la voz de Tamsin repetía mi nombre sin cesar, pero estaba tan cansada que no pude reaccionar. Me quedé dormida sin saber si su voz era un producto de mi imaginación o parte de esos sueños donde mi alma me mostraba mis vidas pasadas. Pero el ruido inclemente de mi móvil fue agudizando a mis sentidos hasta que logró despertarme. Extendí mi mano y mis dedos percibieron el constante vibrar de mi teléfono, que no paraba de sonar y alumbrar, tenuemente, un pequeño espacio del techo. Apenas lo sujeté en mi mano, silencié la llamada para no despertarte y entreabrí un poco mis ojos, lo poco que me dejaba ver la intensa luz, que cegó mi mirada acostumbrada a la oscuridad. En la pantalla aparecía el nombre de Amaia Sagasti y contesté la llamada sin esperar más. Recordé la imagen de Tamsin herida en el suelo de tu habitación y me sentí agobiada porque si Amaia llamaba a esas horas era por algo importante.

—Amaia —contesté, apartando con cuidado tu mano de mi abdomen.

Lauren, lamento llamarte tan tarde, pero necesito tu ayuda —dijo Amaia con prisas.

—No te preocupes. ¿Le ha pasado algo a Tamsin? —inquirí en voz baja para no despertarte.

Me escurrí de tu lado y salí de la cama en silencio. Caminé entre la penumbra de la habitación hacia el despacho para no hacer tanto ruido y al cruzar el umbral cerré las dos puertas que conectaba a nuestra habitación con la enorme oficina. Me concentré en dominar mis sentimientos porque sabía que tú los podías percibir.

Sí, Lauren, la valquiria está fuera de control, ha atacado a dos enfermeras y no quiero usar mis poderes contra ella —contestó con la voz cargada de preocupación—. Tamsin me pidió que te llamara porque necesita hablar contigo y créeme que no te molestaría si no fuera estrictamente necesario.

Recordé aquella lejana conversación con Tamsin el día después de que terminaras nuestra relación, cuando ella me llevó al laboratorio de las luces y me explicó sobre las cualidades de su género fae. Si alguien ataca a una valquiria, es mejor matarla o su venganza será peor que la muerte. Sabía que Tamsin jamás te haría daño, pero no quise arriesgarme a ponerte en peligro.

—Has hecho bien, Amaia —repuse mirando las luces de la ciudad por los ventanales—. Me tengo que vestir, pero en unos minutos estaré en el hospital de las sombras.

Cuando entres en el hospital llámame para ir a buscarte en la recepción —adujo Amaia—. Pero Vex ha aumentado la seguridad en las instalaciones de las sombras y creo que debes venir con algún fae de ese bando, sino no te dejarán entrar.

—Tranquila, le pediré a Brian que me acompañe —dije caminando hacia el baño auxiliar—. Nos vemos en unos minutos.

Amaia se quedó callada durante unos segundos, meditando la manera de saber algo más sobre ti.

Lauren, espero que no te moleste, pero me gustaría saber si Bo está bien —murmuró.

Miré mi rostro en el reflejo del espejo y respiré para contener los leves impulsos de celos que removieron mi estómago.

—No me molesta que te preocupes por ella —respondí pausadamente—. Bo está durmiendo, pero se encuentra fuera de peligro.

Gracias.

Quise hablar un poco más con ella, pero cortó la llamada y sentí como su preocupación por ti se diluía en ese suspiro que soltó antes de colgar. Dejé el móvil en el mueble del lavabo y pude ver que eran las tres de la mañana. Me lavé la cara y los dientes intentando ahuyentar el cansancio que me restaba fuerzas. Salí del baño con dirección al vestidor para buscar algo de ropa. Me vestí con lo primero que encontré, pero al enfundarme los calcetines, me di cuenta que mis botas estaban en la habitación.

Caminé con sigilo intentando no despertarte y rogando que el tiempo que tardaría en volver tú no percibieras mi ausencia. Me senté en el sillón que estaba cerca de nuestra cama, calzándome las botas y guardando mi móvil junto con el cristal dentro de mi bolso. Luego contemplé por un instante la tranquilidad que inspiraba tu rostro y una sonrisa se formó en mis labios. Las sábanas apenas cubrían tu cuerpo desnudo y tus manos acurrucaban mi almohada. Sentí unas ganas enormes de volver a la cama, rodearte con mis brazos, olvidándome del mundo que nos rodeaba, pero Tamsin me necesitaba y no podía dejarla así.

Me armé de valor para salir de esa habitación, pero antes de marcharme te di un tibio beso en la frente. Observé como murmuraste algo con los ojos aún cerrados y antes de despertarte, salí en silencio de la habitación. Avancé por el lobby de la suite hasta la cocina y me encontré con Kenzi, Brian y una mujer que jamás había visto, pero sentí que la conocía de toda la vida.

—Hey, doc, ¿qué haces despierta y vestida? —inquirió Kenzi con sorpresa.

—Tengo que salir —contesté mirando a Brian—. Amaia me ha llamado y necesita mi ayuda.

—Lauren, es peligroso que salgamos de aquí a estas horas —replicó tu amigo preocupado.

Avancé hasta quedar al lado de Kenzi, mirando de reojo a la mujer que estaba lavando unos platos en el fregadero. Pero la misma sensación de confianza que me inspiró Ted, la sentí por esa mujer. Estaba segura que jamás la había visto, pero su rostro me decía lo contrario.

—Lo sé, pero necesito que vengas conmigo —repuse en voz baja.

—¿Dónde está Bo? —inquirió Kenzi.

—Durmiendo y prefiero que no se entere de esto hasta que despierte —murmuré mirando hacia esa mujer que volteó a verme.

—Doc, no te preocupes, nuestra querida Loretta es de confianza —dijo Kenzi levantándose de su silla.

Kenzi caminó hacia donde estaba Loretta y pasó su brazo sobre los hombros de esa mujer que cada vez la sentía más familiar.

—Buenas noches, doctora Lewis —dijo Loretta tendiéndome su mano—. Es un placer conocerla.

—Encantada —estreché su mano y sentí con en mi cabeza apareció un recuerdo borroso que no me pertenecía.

Me estremecí un poco, pero Loretta sonrió buscando la manera de calmar esa primera impresión que sacudió a mi memoria. Retiré mi mano y agité la cabeza levemente para salir de ese trance ajeno a mí.

—Lauren, voy a buscar las llaves del todoterreno y le diré a Ted que se quede dentro de la suite para proteger a Bo —dijo Brian después de unos segundos de silencio.

—Perfecto, pero me corre un poco de prisa.

Brian asintió y salió corriendo de la cocina. Kenzi me acompañó a buscar mi chaqueta y después me pidió que nos sentáramos en la barra que había en la cocina. La suite estaba envuelta en una penumbra intensa, pero las luces de la ciudad que se filtraban por los ventanales, derramaron gotas intermitentes de luz sobre el suelo de parquet. Nos sentamos en las sillas altas frente a la barra de mármol blanco y noté como los ojos azules de Kenzi demostraban un brillo repleto de cansancio y preocupación. Pensé que su agotamiento se debía al susto que vivió esa tarde, pero también había otra razón muy importante de su insomnio.

—Kenz, ¿por qué no estás durmiendo? Son las tres de la mañana —pregunté sujetando su mano.

—Creo que tengo Jet lag —mintió—. En los últimos tres días he pasado más de dieciséis horas en un avión y mi cuerpo está un poco descontrolado.

Kenzi bajó la mirada hacia nuestras manos y suspiró como si el aire se fuera a agotar de un momento a otro.

—Doctora Lewis, ¿le apetece un té o café? —dijo Loretta entregándole a Kenzi una taza con una infusión de manzanilla.

—Por favor, llámame Lauren —respondí con una sonrisa—. Y si no es mucha molestia me encantaría una taza de té rojo.

—En unos minutos estará listo —repuso Loretta acompañando a mi sonrisa con la suya.

Observé como las manos de Kenzi temblaban ligeramente y me pareció que algo le había robado las ganas de sonreír. Supe que un asunto importante la estaba carcomiendo, pero no tuve el valor de comenzar una conversación que dejaría a medias por salir a ayudar a Tamsin.

—Doc, puedo pedirte un favor —murmuró Kenzi rompiendo el silencio transitorio entre nosotras.

—Por supuesto —dije posando mi mano en su brazo tembloroso.

—Pero no puedes hacerme preguntas.

Pestañeé un par de veces, atrapada por la angustia que reflejaba sus ojos. Mil ideas pasaron por mi mente en menos de un segundo y todas tenían como protagonistas a mis padres.

—Kenz, ¿qué pasa? —pregunté contagiada por su desesperación.

—Eso es una pregunta y no puedes preguntarme nada porque ni yo misma sé como responderte —contestó suspirando las palabras—. Pero necesito que me lleves contigo. Tengo que ver a la valquiria.

Hice un esfuerzo para mantener mis sentimientos a raya y no despertarte, pero esa súplica de Kenzi me hizo más difícil contener los latidos agitados de mi corazón.

—Ya escuchaste a Brian y es muy peligroso que salgas de aquí —dije mirando como en sus ojos se formaban las lágrimas.

—Lo sé, pero no podré dormir hasta que vea a la valquiria —replicó clavando su mirada en el fondo de esa taza llena de manzanilla.

Medité unos segundos si aquello que atormentaba a Kenzi formaba parte de los poderes de su alma única o el aprieto en el que se encontraba Robert después de matar a un fae a golpes, pero no pude indagar mucho más para no revelar un secreto que debías ser tú quién se lo confesaría.

—Ok, pero no quiero que te separes ni un segundo de Brian —dije sujetando su barbilla y elevando su rostro hacia mi mirada.

—Lo prometo —repuso con una sonrisa de alivio.

Me quedé observando su mirada y sus gestos, tratando de descifrar el motivo de su afán por hablar con Tamsin a mitad de la noche, pero en ese momento no fui capaz de descubrir todo lo que Kenzi sabía de lo ocurrido aquella tarde entre la valquiria y tú.

—Aquí tienes el té, Lauren —dijo Loretta posando la taza frente a mí.

—Muchas gracias.

Observé un instante como Loretta volvía a sus obligaciones en la cocina y, aunque esa mujer me generaba una infinita curiosidad, no fui capaz de desviar mi atención del tormento que tenía Kenzi en su interior. Nos mantuvimos en silencio disfrutando de nuestras bebidas calientes hasta que Brian entró en la cocina con Ted a su lado. Nos levantamos, dejando las tazas en el fregadero y Kenzi le explicó a Brian que ella iría con nosotros al hospital de las sombras. Brian intentó rebatir la decisión de Kenzi, pero yo la apoyé y entre las dos convencimos a Brian de que era la única opción. Mi guardaespaldas se ofreció a acompañarnos, pero Brian le ordenó que se quedará en la suite hasta que volviéramos. Alguien debía protegerte e impedir que algo como lo que pasó con el wendigo se volviera a repetir.

Caminamos hacia la salida de la suite, pero esperamos hasta que Kenzi volvió con su abrigo y lista para irnos.

—Loretta, necesito que cuando te vayas conjures un hechizo de protección para que sólo nosotros podamos entrar en la suite —adujo Brian con gesto serio.

—El que estemos en un hotel, no me impide hacer lo que siempre hago para proteger a las chicas —replicó Loretta alzando una ceja.

—Lo sé, pero sólo te lo recuerdo —rebatió Brian sonriéndole.

—No te preocupes, Brian, no me moveré de aquí hasta que vosotros volváis —dijo Loretta colocando su mano en el hombro de Brian.

—Muchas gracias, me quedo más tranquilo si tú y Ted protegéis a Bo.

—Lo sé, pero tú cuida de Lauren y Kenzi —dijo Loretta dándole un leve golpe en el hombro de Brian.

Aquella interacción entre esa mujer y tu amigo, me dio a entender que ellos se conocían desde hacia mucho tiempo y quizás Loretta formaba parte de las sombras.

—Nos vemos luego, Loretta —dijo Kenzi abrochándose su abrigo.

—Kenzi, por favor, no te separes de Brian, ¿Ok? —repuso Loretta ayudando a Kenzi con la cremallera de su abrigo.

—Te lo prometo —dijo Kenzi dándole un beso en la mejilla a esa mujer.

—Lauren, tú también ten mucho cuidado —dijo Loretta con la mirada llena de preocupación—. Los enemigos nos rodean y no podemos volver a perderte.

Asentí, sin ser capaz de pronunciar ni una sola palabras. Aquella mirada, más esa última frase de Loretta, me robó la respiración porque al fin descubrí porque ella me parecía tan familiar. Loretta era una de las chicas que ayudaron a Erin a preparase para asistir a la ceremonia de compromiso entre Duncan e Isabeau. No tuve la menor duda de que era ella a quién vi en ese sueño y Loretta también se dio cuenta que yo al fin la había reconocido.

Kenzi entrelazó su brazo con el mío y salimos de la suite por la parte reservada para el personal de limpieza. Entramos en un ascensor que desembocaba en el parking principal donde Ted había aparcado el Range Rover. Pero aproveché el trayecto de bajada al parking para hacer unas cuantas preguntas.

—Brian, ¿qué clase de fae es Loretta? —pregunté desvelando mi curiosidad.

—Una Brownie —contestó Kenzi—. Olson es su jefe y él le pidió que nos ayudará a mantener la casa en perfectas condiciones.

—Loretta fue una de las doce Brownies que estaban bajo el servicio de la familia McCorrigan hasta que Erin le pidió que la acompañara al castillo de Peel, morada de los líderes del clan Bukharin. Pero cuando murió Erin y Basil, Olson la protegió y ahora forma parte de los Brownie que sirven a la familia Lloyd —explicó Brian,

—No sabes lo estricta que es con la ropa —añadió Kenzi—. Podemos destrozar la casa, pero si dejamos la ropa tirada fuera del cesto de la ropa sucia nos regaña como una madre. Pero es muy buena con nosotras y nos cuida.

—¿Desde cuándo la conoces? —pregunté mirando a Kenzi.

—Olson la envío después de las Navidades pasadas y desde entonces va a casa los martes, jueves y domingo por la noche para no molestarnos durante el día —respondió Kenzi mientras las puertas del ascensor se abrían.

—Bueno, los Brownies son criaturas nocturnas que emplean sus poderes de noche para ayudar a sus dueños —objeté sintiendo como la palabra dueño ardía en mi lengua.

Perseguí los pasos de Kenzi, pero cuando ella sintió el resentimiento en mi voz, se dio la vuelta para mirarme a los ojos. La situación de los Brownies no era muy distinta a la de los humanos, muchos faes los infravaloraban y algunos eran extremadamente crueles con esas criaturas que su único afán era ayudar a los demás. Nadie mejor que yo podía entender lo que significaba no tener libertad y ser tratada como una basura solo por ser diferente a los faes.

—Lauren, te puedo asegurar que ni Olson ni Loretta son nuestros esclavos —murmuró Kenzi

—Sí lo son —repliqué elevando la voz—. Los Brownies están atados a sus dueños, porque los faes se aprovechan de su naturaleza y los explotan sin ninguna compasión.

—Que ahora algunos faes traten a los Brownies como esclavos, no significa que siempre fue de esa manera —intervino Brian—. Las antiguas familias, en especial las McCorrigan y Lloyd, trataron con respecto al rey de los Brownies y por eso Dubner contrajo nupcias con Emma Zimmer, heredera de los Brownies. Incluso Cuchulainn luchó en muchas batallas para defender a esa raza y esos actos de respeto no son olvidados por Olson Zimmer, el único rey de los Brownies.

—Lo sé, pero no soporto que algunos faes traten a los Brownies como seres inferiores —aclaré tratando de contener mi frustración.

—Todo eso y mucho más cambiará cuando Bo sea nuestra reina —sentenció Brian.

Apenas nos acercamos al todoterreno, las luces parpadearon cuando Brian se aproximó a unos pocos centímetros y escuché como las puertas se desbloqueaban. Brian nos pidió que nos sentáramos en los asientos traseros para que fuera más difícil identificarnos cuando saliéramos a la calle.

Después de unos minutos salimos del parking y en las calles apenas habían coches deambulando sin rumbo fijo por los rincones de ciudad. La lluvia del otoño continuo derramándose a nuestro alrededor, desprendiendo ese aroma tan característico. Me sentí como un ser solitario vagando por los lugares dormidos y desérticos que la noche dominaba, pero esa sensación ensimismamiento se desvaneció cuando Kenzi comenzó a preguntarle a Brian sobre la historia de la familia Fleurett Marquise. Brian demostró que durante su vida había adquirido todos los conocimientos propios del pasado de su especie, gracias a los cargos de confianza que ostentaron sus padres dentro del clan Bukharin. Pero antes de hablar sobre el pasado de la familia de Evony, explicó los aspectos más relevantes de la amistad entre Cuchulainn y un guerrero humano llamado: Ferdiad. Cuando tu bisabuelo paterno fue a la isla de Skye para su entrenamiento con Scrácth, conoció a su mejor amigo y futuro consejero del ejército del clan Finarvin.

Entre Ferdiad y Cuchulainn, se forjó una amistad que los hizo más fuertes en el campo de batalla y Ferdiad ayudó a que Cuchulainn no se dejara corromper por el odio que sintió después de la muerte de tres de sus cinco hijos faes. Ferdiad luchó en muchas batallas para defender a los humanos y a Cuchulainn, pero los años comenzaron a pasar por el cuerpo de Ferdiad y Cuchulainn antes de ver morir a su único amigo, como había presenciado la muerte de tres de sus hijos, le rogó a las almas de los otros semidioses celtas, el poder para convertir a Ferdiad en un fae. Las almas de los semidioses le otorgaron dos maneras para convertir a Ferdiad en el fae que él decidiera.

La primera opción fue a través de una pócima que debía preparar Cuchulainn con los secretos de sus poderes de druida y la segunda, con el poder de su sangre sagrada, pero el problema fue que las heridas de Cuchulainn jamás brotaron su sangre sagrada, ni sus ojos derribaron ninguna lágrima. Por lo tanto a Cuchulainn sólo le quedó la opción de convencer a Ferdiad para que bebiera la pócima y decidiera los poderes faes que quisiera. Ferdiad se negó a convertirse en fae porque sabía que su condición de humano ayudaba a Cuchulainn para no sucumbir ante el poder que tenía en sus manos y le daba una razón más al Héroe de la Luz para luchar por los hombres sin poderes. Tu bisabuelo insistió muchas veces, al ver como el cuerpo de su amigo envejecía sin ninguna resistencia, pero Ferdiad continuó negándose a ser fae.

En una de las batallas contra los miembros del clan Scafati, Cuchulainn le prohibió a Ferdiad que luchara por miedo a que sus fuerzas no fueran las de antes y ordenó a varios de sus soldados que custodiaran a Ferdiad hasta que acabara la batalla. Pero el amigo de Cuchulainn se las ideó para escaparse y luchó en esa batalla para defender los ideales de tu bisabuelo.

Cuando terminó la batalla y el ejército del clan Finarvin proclamó la victoria, Cuchulainn encontró el cuerpo de su mejor amigo con una flecha en el corazón. La tristeza de Cuchulainn fue tan fuerte que el cielo comenzó a desatar rayos y a derramar lluvia sin control, pero por primera vez en la vida de tu bisabuelo fue capaz de llorar. En un acto de desesperación, Cuchulainn tomó su espada y rasgó la piel de su mano derecha. La sangre de Cuchulainn cayó sobre la herida de su amigo y después de varios minutos, Ferdiad volvió a la vida.

Los años pasaron y Ferdiad no volvió a envejecer. Tuvo un hijo que heredó los poderes faes de su madre y la inmortalidad de su padre. El día que el ejército del la reina Maeb Fleurett Marquise asesinó a Cuchulainn, Ferdiad juró lealtad al nuevo líder del clan Finarvin, Dubner McCorrigan, y prometió a hacer justicia a la muerte de Cuchulainn. Ferdiad encarceló a la reina Maeb y asesinó a su consorte quién también era el medio hermano de la reina. Años después de que la reina Maeb se suicidará con cicuta, Ferdiad adoptó el nombre de William Kingstone, primer oficial del clan Finarvin y así protegió a su único hijo.

Después de que Brian nos explicara esa parte en la historia de tu bisabuelo paterno, tanto a Kenzi como a mí nos surgieron miles de preguntas.

—¿Qué ocurrió con William Kingstone? —inquirió Kenzi absorta por la historia que nos narró Brian.

Yo había revivido esa parte de la historia y sabía muy bien el desenlace del mejor amigo de Cuchulainn.

—Fue asesinado por David Arneaud, el mismo día que murieron Erin, Basil y la abuela materna de Bo —contesté recordando esa parte de mi sueño.

—¿Y su hijo? —preguntó Kenzi intercambiado su mirada entre Brian y yo—. No me digáis que lo mataron los del clan Scafati.

—No, Tearlach, hijo de William Kingstone, creció dentro del clan Finarvin, pero cuando asesinaron a su padre, Tearlach no quiso unirse al clan de su padre y juró lealtad al Clan Bukharin —contestó Brian.

—¿Se puede hacer eso? —inquirió Kenzi.

—Antes las familias que conformaban a los clanes, juraban lealtad al clan de sus antepasados, pero siempre dentro de un ritual muy parecido al Gathering llamado: Roisin Dubh. Todos los faes que cumplían la mayoría de edad, debían plantar una rosa negra en la base del árbol de la vida de cada clan para que se fortalecieran las raíces y jurar con su sangre obedecer las órdenes del líder principal.

Sentí como algo dentro de mí se iluminaba y supe porque me había sentido en confianza con mi nuevo guardaespaldas. Lo que había dicho Brian encajaba en lo que me había confesado Ted y supe que la identidad del hijo de William Kingstone era mi guardaespaldas.

—¿Ted Miller es en realidad Tearlach Kingstone? —inquirí sabiendo la respuesta.

—Sí, Lauren —contestó Brian mirándome por el espejo retrovisor—. Ted es el hijo de William Kingstone, mejor amigo de Cuchulainn.

—¿Él sabe del origen de mi alma? —pregunté.

—Sí, pero todos los faes que sabemos la procedencia de tu alma, hemos jurado con nuestra sangre no revelar ese secreto.

—Yo no he jurado nada —replicó Kenzi.

—No hace falta porque tu lealtad es superior a cualquier juramento —contestó Brian ofreciéndole una sonrisa.

—¿Cuántos faes saben quién soy? —pregunté.

—Los faes que estamos dispuestos a protegerte.

—¿Quién está detrás de los juramentos? —inquirió Kenzi.

—Tamsin por el bando de las sombras y Trick por parte de las luces.

—¿Tamsin y Trick? Eso es imposible —objeté incrédula.

—No te estoy mintiendo, Lauren —replicó Brian ofendido—. Ellos se pusieron de acuerdo para llevar acabo los juramentos.

—¿Cuándo? —pregunté sintiendo como explotaban mis nervios.

—El día que se despertó Bo del coma después de su primer viaje a Asgard.

—Nosotras no te conocíamos cuando ocurrió todo eso —replicó Kenzi con desconfianza.

—Vosotras no, pero Aidan Lloyd sí. Ya hemos llegado —concluyó Brian la ronda de preguntas.

—Brian, necesitas hablar con Bo lo antes posible —sentencie con determinación.

—Lo haré, pero cuando llegue el momento.

Brian no nos dio tiempo para replicar porque salió del todoterreno para hablar con los guardias de seguridad que estaban apostados en la entrada del hospital de las sombras. Kenzi y yo nos miramos, preocupadas por todo los que pronto descubrirías. Pero lo que en ese momento nos imaginamos fue como esa parte de la historia de tu bisabuelo se repetiría en tu futuro. Luego Brian volvió a subir al todoterreno y aparcó frente a la entrada del hospital. Ninguno fue capaz de pronunciar ni una sola palabra durante los dos minutos que duró el recorrido.

Nuevamente, Brian salió primero para comprobar que no corríamos ningún peligro y cuando entramos al hospital fuimos avanzando por la parte destinada para el personal sanitario. Brian me pidió que llamara a Amaia y que nos indicara la habitación de Tamsin. Después de que Amaia me dijo en donde se encontraba la valquiria, Brian nos guió por las escaleras hasta la tercera planta del hospital. Observé la hora en mi móvil y me di cuenta que eran las tres y veintidós de la mañana. Caminamos por un pasillo desértico y llegamos hasta donde Amaia nos esperaba.

Amaia me pidió que entrara yo primero a ver a Tamsin, pero que ellos se quedarían custodiando la puerta en caso de alguna emergencia. Kenzi me rogó que la dejara entrar conmigo, pero Amaia y Brian la convenció de que no era el momento. Posé mi mano en el pomo de la puerta y me preparé para encontrarme a una valquiria fuera de control, pero al entrar en la habitación una sonrisa se esparció en sus labios.

—Al fin llegas. ¿Para qué demonios te di el cristal? —preguntó Tamsin levantándose de la cama.

Avancé hasta su cama para ayudarla, pero su orgullo no me permitió que me acercara a ella.

—Estaba durmiendo y no sé como funciona el cristal —contesté resoplando—. Además, tú deberías estar durmiendo también.

—No pasa nada —dijo enfundándose sus pantalones negros—. Sabes que no puedo dormir si no está lloviendo.

—Pues afuera está lloviendo y ya esa excusa no funciona —repuse sujetando su brazo con fuerza para que no se cayera—. Tamsin, ¿por qué demonios atacaste a dos enfermeras?

—Necesitaba llamar tu atención —respondió zafándose suavemente de mi agarré.

Vi como se quitaba la bata que le habían puesto al llegar al hospital y me mostraba su torso desnudo. Adopté mi gesto más indiferente ante la directa insinuación de la valquiria y di un paso atrás.

—¿Y no podías llamar mi atención en horas más razonables? —pregunté enfadada—. Además, has asustado a Amaia cuando ella lo único que hizo fue cuidarte.

Tamsin al darse cuenta que yo no me prestaba a esa tentación que me ofrecía, se enfundó una camiseta con el logo del hospital de las sombras.

—No sé, debe ser que son las tres de la mañana y me siento sola —respondió calzándome sus botas—. Además, ¿el antiguo Ash no te dijo qué las valquirias y las ninfas somos enemigas por naturaleza?

La verdad es que ese dato entre las valquirias y las ninfas lo había leído por encima, porque jamás pensé que conocería a una valquiria o a una ninfa de los elementos.

—Es cierto, pero en aquel momento no me acordé de ese pequeño detalle, porque te estaba muriendo —repliqué completamente frustrada.

—Lo sé, pero también necesito confesarte algo —murmuró invadida por la culpa—. Trick vino a visitarme y me informó a dónde fuiste ayer por la mañana.

—¿En serio me has sacado de la cama a mitad de la noche para decirme que Trick te dijo que fuimos al mausoleo del clan Finarvin? —repliqué esperando una respuesta convincente.

—Sí, pero también te he llamado para mostrarte algo.

Tamsin elevó su mirada y pude sentir como la tristeza se amontonaba en la comisura de sus ojos verdes. No tenía fuerzas para comenzar una discusión sobre sus sentimientos por mí.

—¿Y no podemos ir por la mañana? —inquirí evitando mirar su tristeza—. Estoy agotada y Bo no sabe que he venido a verte.

—Mejor que Bo no lo sepa hasta que llegue el momento adecuado —murmuró poniéndose su chaqueta.

Tamsin metió su mano en el bolsillo derecho de su pantalón y sacó un ticket con el número veintitrés.

—¿Adónde quieres ir? —inquirí con la mirada puesta en esos dos números rojos.

—Es mejor que todavía no lo sepas.

—Tamsin, no puedo desaparecer —repuse sin entender lo que pretendía—. Brian y Kenzi están al otro lado de la puerta y debo volver con Bo.

—¡Mierda! —exclamó contrariada—. ¿Qué demonios hace Kenzi aquí?

—¿Dímelo tú? —repliqué encogiéndome de hombros—. Porque ella insistió en venir a verte.

—Yo apenas he hablado con Kenzi dos veces en todas mis múltiples vidas y al ser la mejor amiga de Bo no creo que me tenga tanto cariño —dijo Tamsin frunciendo el ceño.

—Pues Kenzi te está esperando para hablar contigo.

—Ahora no va a poder ser —dijo guiándome hasta la puerta de la habitación—. Diles que tenemos que hablar de algo importante y que en veinte minutos estaremos listas.

—No quiero mentirles, Tamsin. Ellos intentan protegerme y lo menos que les debo es sinceridad.

—Lauren, te ruego que hagas lo que te digo y luego me dejes explicarte algo importante. Quizás sea la última vez que quieras hablar conmigo y todo esto terminara por mi culpa.

Bajó la mirada al suelo, sumida en una vergüenza devastadora y pude percibir el miedo que latía en su corazón. Sujeté su rostro para que observara en mis ojos la gratitud que sentía hacia ella por ayudarte.

—Tamsin, ¿cómo crees qué me puedo enfadar contigo después de lo que hiciste por Bo ayer por tarde?

Se negó a mirarme más de dos segundos, escondiendo su culpa, su decepción de sí misma y el miedo de perderme. Pero no fui capaz de imaginar la confesión que una hora más tarde me revelaría entre lágrimas y lamentos.

—Acompáñame y luego hablaremos de eso —susurró girando el pomo de la puerta.

Asentí y salí de la habitación. Kenzi se levantó de la silla como un resorte y avanzó hacia mí con decisión. Brian también corrió al verme, seguido muy de cerca por Amaia. Kenzi me preguntó si Tamsin estaba fuera de peligro y al contestarle suspiró aliviada. Fue evidente que Amaia no les había comunicado el verdadero estado de Tamsin, pero no entendí el porqué hasta que vi como ocultaba el dolor que tenía en su mano izquierda. Tamsin y Amaia hicieron un juramento de sangre, aunque no comprendí el motivo.

Cuando les dije que tardaría unos veinte minutos hablando con la valquiria, Kenzi fue la primera en protestar y luego lo hizo Brian, pero Amaia se puso de mi lado, convenciéndolos de dejarme unos minutos a solas con Tamsin. Cuando Kenzi y Brian aceptaron, volví a la habitación donde Tamsin ya estaba preparada para irnos. Vislumbré el ticket con el número veintitrés en su mano y con la otra me pidió que me acercara a ella. La valquiria me dijo que hacía frío afuera y me subió la cremallera de mi chaqueta, intentando protegerme hasta de aquello que casi eran imperceptible, pero ella siempre se preocupaba por cosas como esas. Luego la abracé como lo hice en el viaje a la isla de Lewis, pero la valquiria me sujetó con tanta fuerza que sentí como su corazón latía contra mi pecho.

Noté la misma sensación de desorientación que me producía el plagio de tierra, cuando Tamsin apoyó su cabeza en mi hombro. Me sentí como si estuviera dentro de un torbellino, pero percibí que ese viaje fue mucho más rápido. Abrí los ojos al sentir como las náuseas ascendían sin clemencia de mi estómago hacia la garganta y me separé de Tamsin para poder vomitar toda la cena. Mis entrañas se retorcía para que expulsara todo lo que tenía dentro y sentí como un sudor frío me cubrió toda la frente. Estaba doblada en dos, sujetándome el estómago y percibiendo como mi tensión se desplomaba según intentaba inhalar algo de oxígeno. Noté como sobre mi cuerpo caía la lluvia en ese sitio desconocido y Tamsin se quitó su chaqueta para ponérmela sobre los hombros.

—Lau, cálmate e intenta respirar —dijo Tamsin sujetando mi cintura para evitar mi caída.

Lentamente, el temblor en mis piernas fue controlándose y los latidos de mi corazón fueron disminuyendo su intensidad. Sentí como la mano de Tamsin recorría mi espalda intentando aportarme algo de tranquilidad, pero esas palabras que me susurraban estaban cargadas culpa y miedo. Necesitaba descansar porque mi cuerpo no resistiría todas las sensaciones que estaba viviendo en tan pocos días, pero también supe que debía recolectar un poco más de fuerza para enfrentarme a todo lo que nos quedaría por delante.

—Lau, ¿puedes caminar? —susurró Tamsin en mi oído.

Asentí, con la mirada clavada en mis manos, buscando la manera de equilibrar mi respiración entrecortada. Pero antes que pudiera dar un paso, sentí como unos brazos más fuertes que los de Tamsin, levantaba mi cuerpo del suelo y tuve que echar mis manos alrededor del cuello del hombre que me llevaba cargada. Quise ver su rostro, pero la oscuridad de la noche cegó temporalmente mis ojos.

—Tranquila, que estas a salvo —murmuró la voz de un hombre que creí reconocer, pero era imposible.

Por el cansancio hundí mi cabeza en el hombro de ese hombre, pensando que la idea que recorría en mi cabeza era absurda. Aunque el calor que desprendía de su cuerpo, me hizo sentir en calma y llena de tranquilidad, pero ese sentimiento que corría por mis venas no era mío sino de Erin. Cerré los ojos hasta que noté como el hombre que me llevaba cargada, ascendía un par de escalones y la luz obligó que mis párpados se abriera.

—Acuéstala en el sofá —ordenó la voz de Tamsin—. En unos minutos estará mucho mejor, pero traeré un poco de hidromiel.

Acto seguido, sentí como ese hombre tendía con cuidado mi cuerpo sobre una superficie suave y sedosa. Mi mirada aún estaba desenfocada por el viaje con el plagio de tierra y por la debilidad que sentía mi cuerpo después de vomitar todo lo que tenía en mi estómago. Pestañeé un par de veces para lograr aclarar mi vista y distinguir las siluetas que estaban a unos pocos centímetros de distancia. Pero cuando mis ojos se posaron en el rostro del hombre que me había llevado en sus brazos, sentí como mi corazón se desbocaba por la felicidad que sentí al observar como aquellos ojos verdes me observaban llenos de preocupación.

—Lauren, ¿cómo te sientes? —inquirió Tamsin ofreciéndome un vaso lleno de hidromiel.

Escuché su voz, pero mi atención estaba puesta en esos preciosos ojos verdes que despertaban en mí una alegría que no podía entender, y fue tan fuerte que silenció por un momento a la voz de mi raciocinio. Me incorporé lentamente para beber esa bebida que calmaba a mi cuerpo y me quedé sentada con la vista puesta en la ligera sonrisa que apareció en los labios de ese hombre que había visto en mi sueño. Terminé el contenido de ese vaso y el color se extendió en mis entrañas.

—¿Duncan? —pregunté sintiendo como las lágrimas caían de mis ojos.

El hermano de Erin caminó hacia donde estaba, aunque titubeó en cada uno de sus pasos, pero no se detuvo hasta que quedó ante mí.

—Sí, Lauren —respondió con la voz cargada de emoción—. Es un honor por fin conocerte y hablar con la mujer que lleva en su alma los recuerdos de hermana.

Duncan me extendió la mano, pero en un impulso que no pude controlar, lo abracé sin saber por qué lo hacía. Algo en mi interior me guió hasta sus brazos y esa añoranza ajena dominó a cada uno de mis sentidos. Aquel momento de hermandad que no me pertenecía duró unos segundos, pero fueron suficientes para que esa parte de mi alma extendiera su alegría por todo mi cuerpo, según los brazos de Duncan, sujetaban mi espalda y el latido fuerte de su corazón contagiaba al mío.

—Nadie volverá a hacerte daño —susurró Duncan antes de darme un beso en la cabeza—. Lo juro.

Me separé un poco de sus brazos y llevé mis manos hasta su rostro húmedo por la lluvia. Las lágrimas recorrían sus mejillas, pero la sonrisa siguió instalada en sus labios. No pude creer que mis manos acariciaban las mejillas del hermano de Erin y que él estaba con vida.

—Duncan, ¿cómo es posible que estés aquí? ¿Yo vi cómo tu cuerpo era devorado por las llamas azules en el ritual de despedida?

—Es una historia muy larga —respondió antes de besar mis manos.

—Tengo tiempo para escucharla —repliqué con una sonrisa.

—No tenemos mucho tiempo, Lauren —susurró Tamsin con una expresión de culpa dibujada en el rostro—. Te he traído aquí para que no te preocupes por Duncan después de ver que su cuerpo había desaparecido.

Observé un segundo más el rostro de Duncan, sin dar crédito a lo que veían mis ojos. Me limité a sonreír, esperando que el momento perfecto para replicarle a Tamsin porque no me iría de esa casa sin escuchar todo lo que Duncan tenía que decirme. Pero la puerta principal se abrió de golpe y Duncan me colocó a su espalda intentando protegerme.

—Liv, ¿dónde demonios está Ysabeau? —gritó una mujer entrando al salón.

—Kayla, no grites —replicó Tamsin.

Cuando escuché su nombre, contuve el aliento porque supe que esa mujer era la hija de Mabel y Rosslyn Oakes.

—¿Cómo demonios no quieres qué grité cuando Robert está en peligro? —inquirió casi gritando la hija de Mabel.

Pero me quedé desconcertada cuando Kayla nombró a Robert y fui incapaz de encontrar la relación entre ellos, pero fue evidente que si la hija de Mabel estaba tan preocupada por tu amigo, era porque se conocían muy bien.

—Kay, tranquila, estoy seguro que Bo no dejara que nada le ocurra a Robert —dijo un chico con la mirada muy parecida a la Basil Oakes, pero sus ojos eran color miel.

Estuve segura que ese chico era Sean Oakes y no me equivoqué, pero al observar mejor su rostro me di cuenta que lo había visto antes, aunque la tensión que se disparó dentro de ese salón, no me permitió rebuscar en mi memoria cuando lo había visto antes. Además, la preocupación de Kayla hizo olvidar a los demás que yo estaba en la misma habitación que ellos.

—Pues quiero que nuestra futura reina nos asegure que no permitirán que conviertan a Robert en un esclavo —espetó con rabia Kayla.

Desvié la mirada hacia el rostro de Kayla y tuve la misma sensación de haberla visto antes.

—Todavía no puedo traer a Bo porque no estamos seguros como recibirá toda esta información—replicó Tamsin con severidad.

—Kayla, no es el momento de pataletas —añadió Duncan—. Robert sabía lo que hacía y no creo que su tío lo abandone este momento.

—La única que puede impedir la esclavitud de Robert es Ysabeau —vociferó Kayla con los ojos en azul.

Pensé en que demonios tenía que ver Robert en todo este asunto, pero apenas podía pensar con claridad después de ver a Duncan con vida.

—¿Lauren? —inquirió Sean asombrado.

Duncan se apartó para que Sean pudiera acercarse a mí y noté como los ojos de Kayla retornaban a su color natural. Devolví la vista hacia el rostro de su hermano y noté que era un hombre terriblemente atractivo, algo lógico al ser un incubus. Su sonrisa era parecida a la de Aife y fue innegable el intercambio genético en esa familia. Pero Sean también poseía rasgo muy parecidos a los de Basil Oakes que debió ser la aportación genética de Rosslyn.

—Tú debes ser Sean, ¿cierto? —inquirí con seguridad.

—Sí, Lauren —contestó mostrándome su amplia sonrisa—. Es un placer volverte a ver.

—¿Perdona? —pregunté confundida.

—Mi hermano estuvo sentado a tu lado durante tus tres primeros años de medicina en Yale —respondió Kayla tendiéndome su mano—. Yo soy Kayla y nosotras nos vimos durante esa fiesta de primavera cuando descubriste a Richard… umm… sobre mí.

Estreché su mano, impresionada por esa revelación y por el tremendo parecido que tenía Kayla con tu madre. Mi memoria viajó hasta esos años en la universidad y pude reconocer sus rostros en muchas de las clases que tomé durante la carrera.

—¿Tú también estuviste en varias de mis clases? —inquirí boquiabierta—. ¿Por qué?

—Tamsin nos pido protegerte y nos infiltramos en la universidad —contestó Sean.

—No me mires así —replicó Kayla—, que te libré de una vida con un par de niños y organizando fiestas para el Tea Party con la familia de Richard. ¡Vaya pedazo de subnormal era ese tipejo!

Recordé esa noche esquivando a las personas que abarrotaban la casa de aquella fraternidad y como cuando abrí la puerta de una de las habitaciones me encontré a Richard con los pantalones en sus tobillos y sobre la cama estaba Kayla debajo de él. No sentí celos, pero sí una sensación de malestar al saber que durante todo ese tiempo fui manipulada por Tamsin.

—¿Por qué diablos les pediste que me espiaran? —inquirí gritándole a la valquiria.

—Lo hice para protegerte —contestó devolviéndome el grito—. Yo tenía que vigilar a Bo para que no se metiera en problemas con los faes y no podía hacer todo a la vez.

Di un par de pasos hasta quedar frente a la valquiria. Sus ojos reflejaban una mezcla de orgullo, tristeza y resignación que activaron aún más la rabia que sentí en ese momento.

—No, lo hiciste para mantenerme controlada y manipular mi vida —espeté.

Tamsin no se inmutó y me desafió con la mirada.

—¿Sabes qué, Lauren? —replicó acercando su rostro a milímetros del mío—. Estoy cansada de pedir disculpas cuando lo único que he hecho todas mis malditas vidas ha sido protegerte. Estoy asqueada de llevarme la peor parte de todo y que lo único que he querido hoy me recrimine que la he estado manipulando. ¿Acaso no sabes lo difícil qué ha sido todo esto para mí o cómo a mí también me han manipulado? ¿Qué demonios pasa con lo que yo siento? Porque a mí lo único que me ha importado es como tú te sientes.

Contemplé como las lágrimas de Tamsin escapaban de sus ojos, al igual que lo habían hecho sus palabras. No fui consciente del dolor que ella había vivido durante siglos y supe que nadie en el mundo podía ser más fuerte que ella. Permanecí inmóvil, conteniendo la respiración y las ganas de abrazarla, pero mi estúpido orgullo fue más fuerte.

—Lauren, nosotros no sabíamos si habían otros faes buscándote y cuando nos dimos la vuelta pensando que no corrías peligro, llegó Nadia y te esclavizaron —escuché a Duncan.

Los labios de Tamsin temblaban y mi corazón se convirtió en una bola que apenas latía. Fue tan insoportable ver como su corazón estaba completamente roto por mi culpa, que tuve que apartar la mirada de la injusta soledad que se cernía sobre su destino.

—Intentamos quedarnos a tu lado todo el tiempo que pudimos, pero nosotros somos un incubus y una súcubo dentro de una universidad llena de adolescentes con las hormonas revolucionadas tentando a nuestra naturaleza —adujo Kayla.

—Lo sentimos mucho, Lauren, pero hicimos lo que pudimos —añadió Sean.

—No os estoy culpando —dije mirando de nuevo a Tamsin y quise sujetar su mano, pero ella la apartó.

Por primera vez sentí como Tamsin era capaz de rechazarme y como su orgullo estaba apoderándose de cada uno de sus sentimientos por mí. No puedo definir lo que sentí, pero aquello fue lo más aproximado al miedo de perderla.

—Tampoco es culpa de Tamsin —replicó Duncan—. Yo le prometí a tu abuela que te protegería.

—Querrás decir a tu madre —repuse desviando la mirada de los ojos de Tamsin a los de Duncan.

—Sí, Elizabeth Gold fue el ángel de los babilonios y en su otra vida fue mi madre.

—No sé si Tamsin te lo ha dicho, pero el ángel de los babilonios está con el caballero errante —dije mirando de reojo como Tamsin se limpiaba las lágrimas.

—Lo sé y cuando tenga más información iré a rescatarla —repuso Duncan sujetando mis hombros.

—Iremos juntos a rescatarla —dije clavando mi mirada en sus ojos verdes claros.

—Lauren, ahora mismo tienes que permanecer al lado de Bo —rebatió Duncan intranquilo—. Las noticias que está recibiendo sólo son el inicio de todo lo que vendrá en el futuro.

Me di cuenta que esa era mi oportunidad para salir de dudas sobre las cualidades de tu género.

—Kayla, ¿cómo es el proceso reproductivo de una súcubo? —inquirí observando como ella desviaba su mirada hasta el rostro desencajado de Tamsin—. No la mires a ella y respóndeme, por favor.

Kayla suspiró, rebuscando en sus recuerdos un momento muy duro para ella, pero supo que yo no me daría por vencida hasta que escuchara la verdad en sus palabras. Nos sentamos en el sofá y contemplé como sus gestos se suavizaban.

—Hace cuarenta y seis años, me enamoré por primera vez —dijo Kayla con la mirada perdida en el pasado—. Conocí una chica humana durante las protestas que se sucedieron en París en mayo de 1968. A las pocas semanas de verla por primera vez, supe que esa chica de ojos color café, con acento parisino exquisito y el alma cargada de idealismo, me había robado el corazón.

»Comencé una relación con Gabrielle, pero meses después mi madre se enteró y me advirtió de que no podía succionar la energía vital de Gabrielle, porque el intercambio de energías la dejaría embarazada y el secreto de mi especie quedaría al descubierto. Quise evitarlo a toda costa, pero al estar enamorada, mi naturaleza fue cada vez más incontrolable y arremetía contra mí para reproducir.

Aquello tenía sentido porque la fórmula que había descubierto y que Amaia hizo para ti, era más fuerte que los primeros sueros con los que empezamos el entrenamiento de tus poderes, pero noté como cada vez el efecto duraba menos y quizás la respuesta no era el simple apetito de tu naturaleza.

—¿Qué te dijo Mabel sobre el intercambio de energías? —inquirí pasando mi mano sobre la de Kayla.

—Si la energía de una súcubo es compatible con un humano o fae, es el estado ideal para mi género, pero el problema es cuando esa energía es compatible con un humano. Por más entrenamiento que pueda hacer una súcubo para dominar a su naturaleza, nada puede evitar el peligro que correrá el humano que se acueste con una súcubo.

—¿Qué le ocurrió a Gabrielle? —inquirí sintiendo que no podía respirar.

—Le rompí el corazón, pero le salvé la vida —contestó suspirando—. Una noche me acosté con ella y casi la mato porque tardé mucho en controlarme. Esperé un par de semanas para saber si Gabrielle estaba embarazada y cuando supe que mi accidente no había dejado ninguna consecuencia, terminé la relación. Luego mi madre decidió que nos mudaríamos a Praga y no supe nada más de ella.

Kayla bajó la mirada y arrastró con sus dedos las lágrimas que corrían por sus mejillas. Me sentí un poco mezquina por remover esa parte de su pasado y hacerla revivir lo que es perder lo que se ama por miedo o ignorancia.

—Lo siento.

Kayla se encogió de hombros, suspirando por lo que había perdido. Luego me miró fijamente a los ojos y se atrevió a tomar mis manos.

—Debes saber que Bo puede dejarte embarazada porque ella está enamorada de ti —dijo con la mirada calcinada por la nostalgia—. Las súcubos sólo nos enamoramos dos veces en toda la vida, pero cuando lo hacemos nuestra naturaleza es incontrolable y Bo te puede matar.

Aquella sentencia cayó sobre mí, sembrando la duda en mi interior. Sabía que tú te habías enamorado de Kyle Williams y de Dyson y eso fue suficiente para hacer que mi razón se nublará por unos segundos. Si las súcubos sólo podían enamorarse dos veces en la vida, quizás lo que tú sentías por mí era un mero producto de la unión de nuestras almas. Tragué saliva, intentando buscar esas palabras perdidas en mi garganta.

—¿Estás segura que las súcubos solo pueden enamorarse dos veces? —murmuré al borde de las lágrimas.

—Sí, Lauren, y es uno de los requisitos más fundamentales para engendrar hijos, sino cada súcubo podría concebir millones de hijos —contestó Kayla confundida por mis lágrimas.

Permanecí en silencio recordando mi prueba de embarazo y quizás ese resultado negativo se debía a que tú no estabas enamorada de mí.

—Lauren, nos tenemos que marchar o Brian comenzarán a perder la cabeza —dijo Tamsin posando su mano en mi hombro.

En mi mente apareció la absurda idea de que Tamsin me había protegido todo ese tiempo para que tú no me rompieras el corazón. Aquella conversación en la puerta de tu casa el día que rompiste conmigo, retumbó en mis oídos, calcinando mi ilusión.

—No puedo irme ahora —supliqué—. Tengo muchas preguntas y no sé si tendré otra oportunidad.

—Lauren, pronto nos volveremos a ver y responderemos a todas tus preguntas —dijo Duncan arrodillándose ante mí—. Pero por el bien de todos es mejor que te marches.

El hermano de Erin limpió mis lágrimas, intentando comprender con sus poderes lo que ocurría en mi corazón, pero como había ocurrido con su hermana, Duncan no podía leer mis sentimientos. Me puse en pie y Duncan me abrazó como si quisiera borrar el dolor que mostraba mi mirada.

—Ok —susurré contra su pecho.

—Escúchame, no volveré a dejarte sola y protegeré a Bo con mi propia alma —dijo Duncan separándome por los hombros—. Buscaré la manera para que nos podamos ver en un par de días, ¿ok?

—Está bien.

Asentí con ganas de echarme a llorar hasta que no me quedarán más lágrimas. No supe porque aquellas palabras de Kayla me habían instalado el miedo dentro de mí, pero esa sensación me estaba devorando. Sean me abrazó diciéndome al oído que todo saldría bien y me pidió que tuviera mucho cuidado, pero en ese momento tuve la absurda idea de que Sean al haber estado a mi lado durante esas clases en la universidad me había cogido cariño o admiración.

—Lauren, pídele a Bo que ayude a Robert —dijo Kayla demostrándome su desesperación—. Es importante para mí que no lo esclavicen y todavía no confío en el tío de Robert.

Saber que Robert tenía un familiar con contracto entre los faes, me hizo dudar si en verdad tu amigo no era otro de los muchos que estuvieron en nuestra vida para protegernos o espiarnos.

—¿Quién es el tío de Robert? —pregunté buscando la verdad en los ojos de Kayla.

—Lauren, no podemos retrasarnos más —dijo Tamsin sujetando mi brazo—. Vex me va a matar si se entera de esto y ahora más que nunca debo conservar esta vida.

—Pronto nos veremos y te contaré todo lo que sé —dijo Kayla sonriendo sin ganas.

—Cuídate mucho —añadió Duncan.

—Tú también —dije aprovechando su cercanía para darle un beso en la mejilla.

Tamsin no esperó ni un segundo más y me sujetó por la cintura. Sus brazos se deslizaron por mi espalda y de pronto la mirada de Duncan se desvaneció en un bucle de luz sin fin. Aparecimos en la habitación del hospital, pero Kenzi estaba sentada en la cama de Tamsin con la mirada ardiendo en desesperación. Se levantó de un salto, corrió hacia donde estaba y me separó de Tamsin antes de darle un puñetazo en la cara a la valquiria.

Observé como Tamsin se balanceaba hasta caer de rodillas al suelo. Busqué con la mirada a Kenzi y antes de que la valquiria le devolviera el golpe, me incliné para ver como de su nariz goteaba sangre. Quise reclamarle a Kenzi lo que había hecho, pero al vislumbrar la rabia que reflejaba su rostro, me quedé sin palabras.

—Eso fue por engañar a Bo y romper la promesa que le hiciste a Aidan Lloyd —masculló Kenzi entre dientes.

Final de la primera parte...


Notas: otro capítulo dividido en dos y bastante largo, pero ahora es cuando debo sacar todas las cartas en juego para conducir la historia a su desenlace. Los personajes nuevos que han aparecido en ese capítulo sólo saldran de nuevo cuando sea estrictamente necesario, pero apartir de ahora intentaré reciclar personajes secundarios o esporádicos de la serie.

Espero que os haya gustado y si os apetece podéis decirme lo que sea.

Muchas gracias por continuar leyendo esta historia.