Mi eterno agradecimiento a cada una/o de ustedes por todo su apoyo a esta historia que ocupa un lugar importante en mi corazón.
Una mención especial a fatilopez12 por ser una fiel lectora y alegrarme con sus comentarios =)
CAPÍTULO 51:
"Por la Magia de Tu Amor"
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Los recién casados acomodaron sus cosas y se refrescaron para luego dar inicio a una larga y apasionada sesión de besos en la que derrocharon todo el amor que sentían por el otro así como lo mucho que se deseaban.
Kurt estaba disfrutando de los besos y las caricias que su esposo le prodigaba, y en un instante de autocontrol llevó sus manos hasta la camisa de este y empezó a desabrocharla, pero él lo detuvo suavemente y separó sus labios.
—No, amor. No ahora —dijo Blaine jadeando un poco—. Hay mucho que tenemos que hacer.
—Eso es lo que intento —Respondió con picardía, sintiendo un gran rubor creciendo en sus mejillas—, pero no me dejaste continuar.
—Tengo varias actividades planeadas para hoy.
—Es nuestra noche de bodas, Blaine.
—Técnicamente no es de noche todavía, así que quiero llevarte a un recorrido primero.
—¡Oh! No me esperaba esto.
—La idea era sorprenderte —Le dio un beso corto y dulce—. Así que creo que he logrado mi cometido.
—Definitivamente lo has hecho.
—Me complace saberlo. Y te recomiendo que saques tu cámara profesional porque la vas a necesitar.
—Eso es interesante. ¿A dónde me vas a llevar?
—Si te lo digo deja de ser sorpresa —Le acarició el rostro y le dio un pequeño beso—. Tenemos que ponernos algo más cómodo.
—Seguro, pero dame una pista al menos.
—¿Confías en mí, Kurt?
—Con los ojos cerrados.
Blaine le acunó el rostro y empezó a besarlo con todo su amor. Al separarse se miraron y sonrieron.
No tardaron en cambiarse de ropa a pesar de los besos robados y los comentarios atrevidos. El fotógrafo se colocó la cámara en el cuello y el ex modelo agarró una bolsa que se encontraba sobre la mesa cuando llegaron y que ya había revisado.
Al salir de la habitación Kurt tomó la mano de su esposo y dejó que este lo guiase.
Luego del trayecto en el que fueron observando la ciudad mientras conversaban y le hacían preguntas al taxista, llegaron al lugar de alquiler de vehículos en donde realizaron los trámites requeridos para poder retirar el auto que habían dejado separado. Ya embarcados y con la ayuda del GPS emprendieron rumbo al Parque Seminario.
—Aquí empieza nuestra aventura —dijo Blaine sonriente.
—Es un bonito lugar, pero tengo una duda. En este folleto dice que es el parque más antiguo de Guayaquil, y que es también conocido como el "parque de las iguanas", ¿por qué?
—Porque es el hogar de cientos de iguanas.
—¿Iguanas?
—Sí, iguanas. Son como lagartijas, pero gigantes.
—Sé lo que son las iguanas, es… me refiero a…
—¿Qué pasa, amor?
—Son reptiles, Blaine. No soy muy fan de los reptiles. Les tengo cierto temor en realidad.
—Oh… —dijo tratando de disimular su decepción— Pero estas iguanas son amistosas y… Está bien, cariño. No tenemos que quedarnos, podemos ir a otro lugar.
—Bueno… ya estamos aquí. Quizá podemos verlas de lejos.
—No, amor. No es necesario. Tengo más cosas planeadas.
—Querías ver a las iguanas.
—Lo que quiero es pasar contigo un momento inolvidable.
—Hay muchas personas reunidas por los alrededores. Esos animalitos deben ser realmente amistosos. Vamos a verlas.
—Kurt, no…
—Quiero hacerlo —Entrelazó la mano con la de su esposo y le sonrió—.
Ambos caminaron observando las ardillas hasta que un grupo de iguanas cruzó frente a ellos y el de ojos claros se tensó, apretando fuertemente la mano que sostenía.
—Amor, ¿estás bien?
—Sí, nada más me sorprendieron. No me imaginé que anduvieran libres caminando por todo el parque.
Al notar la tranquilidad y emoción de las personas que ahí se encontraban, poco a poco Kurt se fue relajando y empezó a disfrutar del paseo y a tomar fotografías del paisaje, las tortugas, la laguna de peces dorados, las ardillas que paseaban indiscretas, e incluso de algunas iguanas.
Al cabo de un rato Anderson llevó a su pareja cerca de un árbol y se sentaron. Luego abrió la bolsa que cargaba y sacó de ella una caja de fresas bañadas en chocolate, dos copas plásticas y una botella de vino.
—Sé que puede ser algo cliché, pero…
—Me encanta, Blaine.
Entre risas y pequeños besos terminaron su aperitivo por lo que Blaine se levantó a botar la basura, y al caminar de regreso vio que una iguana se había acomodado junto a su esposo, quien no la había notado por estar revisando las imágenes de la cámara.
En silencio sacó su celular del bolsillo y les tomó varias fotografías.
—Kurt, mírame —dijo luego con voz suave—. Este es de esos momentos que hay que guardar.
—¿Ah?
—Sólo mírame.
—Blaine, algo a mi lado acaba de moverse. No me digas que es...
—Lo es.
—¡Oh mi Dios! —Se puso evidentemente nervioso— ¿Y ahora qué hago?
—Puedes levantarte si quieres. No te va a hacer nada. Ya tiene un rato sentada a tu lado.
—¿Qué? ¿Cuánto tiempo?
—Desde que me fui supongo porque cuando regresé ya estaba ahí.
—Oh… —Giró la cabeza lentamente y vio al animal de tamaño medio a su lado, entonces cerró los ojos con fuerza— ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
La risa y algarabía de varias personas se hizo presente y la curiosidad de Kurt brotó, siendo más fuerte que su miedo, por lo que abrió los ojos, dirigiendo la mirada a donde se había reunido un grupo de los verdes reptiles que parecía estar disfrutando de todos los curiosos que se acercaban a mirarlas o alimentarlas. Incluso unos niños chillaban felices al tocarlas.
Bien, no puede ser tan malo. Son bastante mansas —Pensó y decidió observar a la atrevida que permanecía a su lado—. Parece que está tranquila.
—Lo está —dijo Blaine acercándose a él y abrazándolo—. Ni siquiera nota que estamos aquí.
—¿Y si se altera y me come?
—Kurt, no te va a comer —Negó con la cabeza y esbozó una sonrisa—. ¡Qué ocurrencias las tuyas!
—Bien, quizá eso es un poco exagerado —Realizó varias respiraciones profundas y le dio una nueva mirada—. Es bastante… interesante después de todo, aunque sigo sin ser su fan.
La iguana movió bruscamente la cabeza en su dirección, y él soltó un pequeño grito.
—¿Kurt?
—¡Me está mirando, Blaine! ¡Me está mirando! Creo que entendió lo que dije y se ha enojado.
El ex modelo dejó escapar una carcajada. —Eso es imposible.
—¡No te rías de mí, Anderson! —Le dio un ligero golpe en el hombro—. Realmente creo que entendió lo que dije.
—No, mi amor —Lo abrazó con más fuerza y de manera protectora—. No entendió y no va a pasar nada.
El hombre de ojos como el cielo sujetó el brazo de su amado y se armó de valor. —Eres muy bonita —se dirigió a la iguana—, y empiezo a convertirme en un fan.
El animalito giró la cabeza hacia el otro con total indiferencia, en un gesto que parecía decir "no me importa", para segundos después trepar por el árbol.
—Eres muy valiente, Kurt.
—No lo soy.
—Sí que lo eres, y estoy orgulloso de ti —Lo besó con dulzura y luego se puso de pie, ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse—. Vamos, tenemos más lugares que visitar. Aunque primero quiero una foto con una iguana que está del otro lado del parque que pareciera como si estuviera posando.
—Bien, vamos.
Cuando llegaron encontraron a varias personas que esperaban pacientes su turno para retratarse con el singular animalito, el cual realmente parecía estar en pose.
—Mira lo grande y hermosa que es.
Kurt la observó y asintió. —Parece que realmente le gusta la atención y ser fotografiada.
Cuando fue su turno, Blaine se acomodó junto a ella esperando a que la foto fuese tomada, pero el instinto de su esposo se hizo presente y empezó a buscar la mejor luz, le dio algunas instrucciones y le pidió que posara.
Kurt no pudo evitar sonreír al ver lo feliz y emocionado que estaba su amado. Luego de conseguir varias tomas le indicó que podía levantarse y continuaron así su recorrido, no sin antes atreverse a acercarse a una última iguana que parecía dormida.
Blaine aprovechó el momento y lo capturó con su celular.
Ya en el auto se dirigieron hacia su siguiente destino: el Malecón Simón Bolívar, también conocido como Malecón 2000, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, el cual recorrieron admirando todos los monumentos, fuentes, lagunas artificiales, jardines y la manera en que se combinaba la parte histórica con el modernismo.
Al final de la caminata el de cabellera oscura, con algunas indicaciones de los transeúntes, los dirigió hacia el Discovery, una embarcación que albergaba ya a varios tripulantes.
—¿Qué hacemos aquí, Blaine?
—Iremos a ver varias atracciones que estoy seguro te van a gustar.
—¿Vamos a pasear en este yate?
—Así es.
—Mi esposo es tan divino —Sonrió feliz—.
—Quiero darte lo mejor, Kurt.
—Ya te tengo.
Blaine sonrió y lo besó sin importarle las miradas curiosas. Jamás se había escondido antes y nunca lo haría, menos si se trataba de demostrarle su amor a su alma gemela. Al separarse se subieron emocionados y listos para una nueva aventura.
Gozaron de la travesía que los llevó por el antiguo Guayaquil, donde tomaron más fotos y estuvieron atentos a cada detalle. Cruzaron por los astilleros navales, y luego de los 800 metros de recorrido, desembarcaron en la Isla Santay, donde fueron recibidos por un guía que los dirigió hacia el "Área de Recreación Nacional".
Los esposos realizaron la excursión maravillados de la flora y fauna del lugar, y se sorprendieron con el criadero de cocodrilos.
—¡Blaine, mira! —Señaló al hermoso par de cotorras que se encontraban en la rama de un árbol, y sin hacer ruido se acercó tanto como le fue posible para fotografiarlas.
—¡Kurt, hay una garza! ¡Una garza!
—¡Es tan hermosa!
Mientras más avanzaron más hechizados se encontraron con todas las maravillas que la reserva ecológica tenía para ofrecer.
Al terminar el recorrido compraron un pequeño refrigerio y aprovecharon los minutos libres que les dieron para intercambiar opiniones, siendo Blaine sorprendido por unos fans que se acercaron a pedirle una foto y su autógrafo.
—Eso fue inesperado —dijo el de ojos como la miel sin poder ocultar su sonrisa—.
—Fuiste un famoso top model a nivel mundial, obviamente te conocen en todas partes.
—Pero llevo ya un buen tiempo lejos de eso.
—No significa que las personas te hayan olvidado. Cuando tu agencia empiece a funcionar deberías retomar tu carrera.
—No lo sé… No creo que sea una buena idea… Amm…
—Las cosas no son como antes y nunca volverán a serlo, lo sabes.
—Por ahora quiero centrarme en nosotros y en nuestra luna de miel. Ya habrá tiempo para pensar en otras cosas.
—Por supuesto, cariño —Le acarició el hombro con una mano—. Sólo no dejes de lado tus sueños. Estoy y estaré para apoyarte siempre, recuérdalo.
—Te amo Kurt.
—También te amo.
Compartían un beso cuando fueron notificados de que el tiempo de descanso había terminado y se dirigieron a la embarcación que los llevó de regreso al Malecón 2000, en el cual permanecieron por insistencia de Blaine, quien aseguró que al oscurecer gozarían de un gran espectáculo, así que aprovecharon para recorrer las tiendas y conseguir algunos recuerdos para su hogar y para sus amigos.
Luego de sus compras permanecieron sentados en un rincón casi escondido donde compartieron risas, pláticas y varias sesiones de besos sin ser interrumpidos por nadie.
Kurt yacía recostado sobre el pecho de Blaine, quien lo tenía abrazado y ocasionalmente le besaba el hombro, el cuello o la mejilla.
Las luces se encendieron finalmente, y el fotógrafo se sentó, sonriendo ampliamente.
—¡Esto es tan hermoso! ¡No tengo palabras!
—¿Realmente te gusta?
—¡Me fascina, Blaine! —Se puso de pie— Ven, vamos a ver cómo luce todo.
—Me alegra verte tan feliz —Respondió al levantarse, tomándolo de la cintura y robándole un último beso—. Te amo.
Caminaron extasiados recorriendo el lugar hasta que llegaron a La Perla, y Kurt se quedó sin aliento a la vez que sus ojos brillaron emocionados ante lo que estaba mirando.
—Blaine… es…
—Sí, es una rueda de la fortuna, pero adaptada para ser una "noria-mirador". Sé lo mucho que te gustan, así que…
—¡Dios! —Sonrió ampliamente— ¡Te amo tanto! —Le dio un pequeño beso, pues se sintió algo intimidado ante la cantidad de personas que se encontraban presentes.
Una vez dentro de una de las cabinas, por la cual Blaine pagó extra para tenerla disponible sólo para los dos, esperaron a que la rueda empezase a girar para así poder contemplar la ciudad nocturna.
Era sin duda un hermoso espectáculo que sería recordado por siempre, no sólo por la impresionante vista de 360 grados de la ciudad sino también por ser una experiencia muy romántica, en la cual los esposos no perdieron oportunidad para compartir besos y decirse lo mucho que se amaban.
Al cabo de los doce minutos con veinticuatro segundos que duró el recorrido, descendieron felices, y el corazón de Kurt no dejó de latir con fuerza ante la emoción de lo que vendría a continuación.
—Gracias, cariño. Fue hermoso. ¿A dónde nos dirigimos ahora?
—Al estacionamiento para buscar el auto. Vamos al hotel.
Cuando caminaban de regreso el castaño se detuvo súbitamente y presionó la mano de su esposo.
—B-Blaine… ¿es ese… un barco pirata?
—Lo es. Es el Barco Capitán Morgan.
—¡No había visto algo así más que en las películas!
—Es una de las atracciones que pusimos en nuestra lista, Kurt. A bordo hay un espectáculo de piratas incluso.
—Lo recuerdo, pero pensé que sería un barco adecuado para la situación, no uno real.
—Estoy seguro que será una experiencia única la que viviremos ahí.
—No cabe duda. Lo tenemos agendado para mañana, ¿cierto?
—Sí, amor.
—¡Ya quiero que sea mañana!
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En el camino de regreso al hotel Kurt no dejó de repartir besos discretos en el cuello de su esposo, acariciarle la pierna o decirle una que otra cosa atrevida.
Cuando ingresaron a la habitación, una hermosa mesa en un ambiente romántico había sido preparada. El de ojos azules suspiró y sonrió una vez más, habiendo perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho ese día.
Pero algo no estaba bien, algo había cambiado. Preocupado observó a su cónyuge y lo tomó de la mano. —Blaine, ¿qué ocurre?
—¿Por qué?
—Estuviste muy callado casi todo el trayecto, y ahora te veo serio y hasta agestado.
—Es que… me di cuenta de algo.
—¿De qué?
—Fui muy tonto.
—¿Por qué dices eso?
—Tú querías disfrutar de nuestra noche de bodas y yo te llevé a hacer otras cosas.
—¿Qué?
—En el mirador dijiste que querías estar de regreso para hacer el amor, y lo repetiste en el auto… Además de que no dejabas de demostrarlo.
—Blaine…
—De verdad lo lamento.
—¡No digas eso! Lo he disfrutado al máximo.
—Tú querías…
—Blaine, ¿a qué viene todo esto?
—Tú esperabas que…
—Por favor, dime la verdad. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué el cambio repentino?
—Quería demostrarte lo mucho que te amo, que esto no se tratase sólo de sexo.
—Blaine…
—Fue así por mucho tiempo en mi vida, y sólo deseaba que fuese especial, que supieras todo lo que significas para mí.
—Sé que no se trata de sexo nada más. Estoy consciente de lo que estás diciendo, y estoy más que seguro de lo mucho que me amas —Le acunó el rostro y le acarició la mejilla con el pulgar—. ¿Crees que me habría casado contigo de no ser así?
Que quiera hacer el amor contigo no significa que no haya disfrutado este día. Lo hice, ame cada segundo de lo que vivimos hoy, y te amo más por haber preparado todo eso para mí.
—Kurt...
—¿Te hice sentir incómodo acaso? Si es así, me disculpo. No pretendí que… Te deseo, Blaine, no voy a negarlo, pero ese deseo y las ganas de estar contigo son producto de lo mucho que te amo.
—Kurt… es… yo…
—Dime. Sabes que puedes confiar en mí.
—Mi vida durante mucho tiempo fue ir de cama en cama con personas a las que no les interesaba más que para pasar el rato.
—Eso es parte del pasado. ¿Por qué te está afectando en este momento?
—No lo sé… Es… Por un momento sentí miedo —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Jamás creí que encontraría a alguien a quien le importase por mí, que me amase plenamente. Pensé que pasaría el resto de mi existencia completamente solo y hundido en mi agonía. Y ahora, ahora estás aquí, y no quiero equivocarme, no quiero hacer nada que arruine lo que tenemos. Quiero hacerte feliz, quiero…
—Me haces inmensamente feliz, Blaine —Lo tomó por la cintura y envolvió sus brazos a su alrededor—. Lo haces cada día que estamos juntos. En cuanto a los errores, los dos vamos a cometerlos en algún momento porque no somos perfectos, pero estoy seguro que sabremos resolverlos.
Con respecto a lo de hoy, no fue un error, al contrario. Te esforzaste por hacer algo especial para mí y me regalaste un día que jamás voy a olvidar.
—Kurt… —Suspiró— No me va a alcanzar la vida para devolverte todo el amor que me das ni para agradecerte tanta felicidad.
—No dejas de sorprenderme y de enamorarme cada vez más —Le acarició la mejilla—.
—Lamento si estoy siendo absurdo o…
—Estás siendo totalmente adorable —Unió sus labios con suavidad en un beso largo con sabor a amor y cargado de entrega—. Te amo Blaine, mi hermoso Blaine. Nunca lo dudes.
—Te amo aún más.
La cena quedó en el olvido cuando otro beso se hizo presente seguido de un tercero que se volvió más apasionado sin dejar de ser romántico.
—¿Quieres hacer el amor conmigo? —Preguntó el más alto en medio de pequeños roces de labios, recibiendo un gemido como respuesta— La primera vez con mi esposo.
—Kurt… —Susurró mientras sus manos empezaron a tocar cada parte del cuerpo de su amado con una mezcla de ternura y pasión—.
La ropa fue siendo retirada y abandonada en el suelo en medio de risas traviesas y pequeños besos que por momentos aumentaron su intensidad.
Pronto los dos se encontraron despojados de la mayor parte de sus prendas y fueron avanzando hacia la cama, donde cayeron con otra risita.
Blaine recorrió con sus manos toda la blanca piel con caricias suaves y perfectas, las que se asentaron lentamente en los costados de su amado, tomando los filos de la ropa interior que fue deslizando hasta retirar por completo.
—Eres tan hermoso —Besó cada centímetro expuesto, provocando en su pareja suspiros y gemidos—.
Kurt rozó con los dientes el cuello de Blaine mientras enredaba una mano en sus rizos para atraerlo en busca de otro beso y posteriormente acariciarlo y quitarle el pequeño bóxer gris.
Beso tras beso continuaron entregándose el alma, susurrando palabras que brotaron de sus corazones.
Blaine se sentó apoyado en el espaldar de la cama, atrayendo a su pareja hacia él para que se sentase en su regazo, dejando un rastro de besos húmedos y caricias atrevidas por todas partes, haciéndolo sentir que alcanzaba el cielo. —Te amo —Le susurró al oído antes de besarlo en los labios y descender hasta el cuello—.
—Te amo también —Suspiró Kurt mientras le acariciaba la espalda durante varios minutos para luego empezar a acomodarse, soltando un ruido obsceno al ir descendiendo y sentir como su esposo entraba en él lenta y profundamente, sin dejar de besarlo, volviéndose uno solo—. Te amo tanto.
Los movimientos fueron lentos, suaves, pero certeros, estremeciéndolos y teniéndolos al borde todo el tiempo.
Cada pequeña caricia, cada beso y cada suspiro aumentaron la llama que los envolvía, haciéndolos delirar de placer.
Blaine fue inclinándose hacia el frente, recostando a su amado hasta dejarlo tendido sobre su espalda y fue acomodándose encima, repartiendo besos como si no hubiese un mañana.
El de cabello castaño elevó sus piernas tanto como fue posible y se abrazó a su esposo, rozándole la espalda y las caderas con las uñas.
No tardaron en estar totalmente sincronizados a un ritmo completamente enloquecedor, mágico, perfecto.
Kurt enredó los dedos de una mano en la cabellera de Blaine y con la otra se aferró a él al sentir grandes olas de placer recorrerlo de una forma impresionante que lo hizo moverse con más fuerza provocando que ambos bramaran y se estremecieran.
Los dos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo, con sus cuerpos temblando totalmente agitados y cansados, pero experimentando una vez más el estar unidos, el ser uno, el amarse profundamente.
Después de un baño caliente en el que hicieron el amor nuevamente, Blaine y Kurt yacían acostados de frente en la gran cama, mirándose fijamente mientras sonreían. Sus cuerpos desnudos y agotados sólo guardaban un minúsculo espacio entre ellos en el cual reposaban sus manos entrelazadas.
—Ha sido la noche de bodas más hermosa que pueda existir —dijo el de ojos azules en medio de un suspiro—. Gracias por planificar tantas cosas maravillosas.
—Sólo lo que mi precioso esposo merece —Sonrió—. Mi esposo... Suena como si fuera un sueño. A veces sigo pensando que estoy durmiendo y que despertaré en cualquier momento.
—No es ningún sueño, Blaine. Estamos aquí, juntos —Le acarició un rizo que descansaba sobre la frente de este—. Hemos unido nuestras vidas para siempre, porque no aceptaré menos de eso.
—Te amo. Amo todo de ti. Amo amarte.
Kurt sonrió y se inclinó hacia el frente, acariciándole el rostro. —Te amo tanto esposo mío —Lo besó con dulzura—.
Al separarse ambos se miraron sabiendo que estaban en el lugar correcto con la persona indicada. Eran lo que el otro siempre había soñado, y habían encontrado lo que tanto anhelaban.
A la mañana siguiente despertaron realmente hambrientos, y luego de tomar un buen desayuno se relajaron en la gran tina, repartiendo besos y caricias mientras se miraban con total adoración. Ambos supieron de inmediato que no saldrían de esa habitación.
Los planes para ese día quedaron postergados. Sus almas estaban en comunión, abrazándose y reconociéndose como una. El mundo podía esperar.
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