Pues dado que al fin terminé de escribir la historia, estoy usando la app para que me lea todos los capítulos anteriores y gracias a eso estoy arreglando unos cuantos dedazos que se me fueron. Por cierto, si les llegó ayer notificación de capítulo nuevo y fue el uno, es por eso. FanFiction tiene una manera increíble de complicar cosas que deberían de ser increíblemente sencillas. En fin. Ya voy en el capítulo 19, y el único gran detalle que sí cambié fue una frase agregada a "De correr bajo la lluvia", a ver si encuentran cuál fue.

Por otro lado, ya hay otro lemon en wattpad y AO3, si quieren echarle un ojo.

Capítulo corto, estarán de acuerdo que esto debía ser su propio capítulo, no podía meterlo en algún otro.

Espero que les guste.

Alfa Lázcares

De escalas técnicas

Saga y Alfa estaban en el auto. Alfa manejaba mientras Saga iba mirando por la ventana. Ese día tenían planeado hacer una escala técnica en algún registro civil, el que fuera, para finalmente firmar los papeles. De pronto el teléfono de Alfa, que por cierto estaba conectado al bluetooth por aquello de la música, comenzó a sonar. Ambos voltearon a ver la pantalla que decía que era Noah. Se lanzaron una mirada un tanto extrañada, pero Saga se encogió de hombros y contestó la llamada.

—¿Noah? —preguntó Alfa.

—Alfa, ¿está Saga contigo? Les tengo noticias.

—Aquí estoy, estás en speaker —contestó el de Géminis.

—Muy bien, escuchen, me encuentro en Lucerne, y podría jurar que acabo de ver a uno de sus renegados, ¿Alessandro se llama?

—Continúa —respondió Saga.

—No está solo, si no que se encuentra con ¿Otis? Camus me mandó sus fotografías para que estuviera atento, pero como comprenderán, los años han pasado. No puedo estar 100% seguro, pero me parece que son ellos.

—Podemos estar ahí en una hora. Quizá menos. ¿Todavía los tienes a la vista? —preguntó Saga.

—No. Estaban en un restaurante y yo estaba en la mesa de atrás, pero no me dieron muy buena espina así que me levanté y me fui. No quiero elevar mi cosmo, como ustedes me dijeron, pero si pueden estar aquí en una hora, les muestro el lugar. Escuché un poco de su conversación. Si no están aquí para cuando lleguen, dijeron que irían a Interlaken mañana o a lo mucho pasado mañana.

—Muchas gracias por la información, Noah. Mándanos tu ubicación y no te muevas de ahí. No tardaremos mucho en llegar.

—Así será —y con eso colgó. Alfa entonces aceleró mientras Saga buscaba en su teléfono la manera más rápida de llegar.

Como bien dijo Saga, el camino les tomó poco menos de una hora y Alfa se fue directo al hotel en el que Noah les dijo se estaba hospedando. El hombre los esperaba en la recepción y ya les había rentado una habitación, nada más para hacer las cosas más rápidas. De nuevo se subieron al auto y esta vez Saga fue quien tomó el volante para irse al restaurante en el que estuvo Noah. Como también era de esperarse, los renegados ya no se encontraban ahí, así que volvieron a salir.

—¿Damos vueltas por la ciudad a ver si los encontramos? —preguntó Alfa. —¿Los sientes?

—Ligeramente, sí. No han salido de aquí, estoy seguro. Pero no sé si seguirlos justo ahora.

—¿Por? —preguntó Alfa.

Saga señaló con la cabeza el asiento de atrás en donde Noah se encontraba sentado.

—Tenemos un testigo.

—¿Un testi..? Oh. Ya. Noah, ¿tienes algo qué hacer justo en este momento? —le preguntó Alfa mientras se asomaba a verlo.

Noah la miró con una ceja enarcada.

—Err... no. ¿Me voy a arrepentir por haber dicho eso?

—Necesitamos un pequeño favor. ¿Conoces a alguien en el Registro Civil?

—De hecho sí, ¿por?

—Nos queremos casar. Aquí y ahora. Y necesitamos un testigo —contestó Saga mirándolo por el retrovisor.

—En realidad necesitan dos, y entregar sus papeles y el trámite dura unas semanas. Aunque asumo que se pueden hacer excepciones dado que son Santos de Atenea y eso... déjenme hacer unas llamadas. Vayan manejando hacia allá. A estas horas no suele haber mucha gente —dicho eso sacó su teléfono y comenzó a llamar a alguien.

Mientras tanto Saga y Alfa se sonrieron y el de Géminis finalmente encendió el auto y se fue hacia la oficina de Registro Civil más cercana. No les tomó mucho tiempo llegar y para ese momento Noah ya había contactado a un par de personas que le dijeron que verían qué podían arreglar.

—¿Tienen sus papeles? Pasaporte, acta de nacimiento... —preguntó Noah cuando se estacionaron.

—Sí —contestó Alfa. —Le pedí a Milo que me los mandara y llegaron ayer.

—¿Eso hiciste? —preguntó Saga. —¿A Milo?

—Prometió guardar el secreto. Y me pareció que pedirle el favor a Milo era mejor porque pedírselo a Kanon iba a ser muy raro. En fin. Lo consiguió, y, me dijo que lo hizo lo más discretamente posible y le regaló una caja de chocolates a la secretaria que los sacó, con tal de que también mantenga el secreto. Dice que le debemos una caja de chocolates y un buen Ouzo —y mientras explicaba se puso a hurgar en una bolsa hasta que dio con los papeles necesarios que Google le dijo iban a necesitar. —¿Nos van a pedir más papeles además de esto? —le pasó las cosas a Noah, quien se puso a revisarlos.

—No, con esto debe ser suficiente dado que no son residentes. Se supone que se meten los documentos y aquí se hace algo de burocracia, pero mi amiga me dijo que pueden firmar sus papeles y ella se hace cargo de la burocracia luego. Le voy a deber una cena, así que espero que a mí también me consigan un buen coñac.

—Muchas gracias, Noah.

—Por nada. Y espero invitación a la boda de Grecia.

—Te llegará, tenlo por seguro —contestó Saga.

Entonces los tres salieron del auto y se fueron a meter en las oficinas en donde un hombre y una mujer los estaban esperando. Entregaron sus papeles, y el par se fue a preparar lo que debían firmar. Alfa entonces se fue al auto, sacó de una maleta un vestido y unos tacones y pidió indicaciones al baño más cercano, mientras que Saga también fue a sacar un poco de ropa más decente y se fue a cambiar a otro baño. Noah se quedó esperando en la sala en la que se celebraría la ceremonia. Finalmente los novios estuvieron listos al igual que los papeles. La chica, amiga de Noah y llamada Nina, sería la otro testigo, mientras que el hombre, que también era amigo de Noah y se llamaba Colin, era el juez. El hombre quiso poner un par de trabas más, pero en cuanto se enteró de que los que se casaban eran Santos de Atenea, decidió mejor no decir nada. En el Santuario eran su propio mundo y no le gustaba la idea de quedar mal con ellos, en especial porque este par era de los Santos de mayor categoría. Y bueno, Noah era amigo suyo.

Saga y Alfa se encontraron en la entrada de la sala y se tomaron de la mano mientras caminaban hacia la mesa del juez, que, por cierto, siempre estaba sencillamente decorada con un arco de flores. Noah se encontraba de un lado y Nina del otro. La chica estaba contenta, le gustaba trabajar ahí porque veía muchas parejas felices amarrando el nudo y era la primera vez que presenciaba una boda de un par de Santos. Casi le salían corazones por los ojos. Saga y Alfa sonreían, era una boda pequeña y súper improvisada y estaban a la mitad de una misión, pero esto no les estaba tomando mucho tiempo de cualquier manera. Cuando llegaron frente a Colin, este les sonrió y comenzó con la ceremonia, en Francés, por cierto, a petición de Noah, porque se había dado cuenta de que la chica lo entendía mejor en ese idioma.

—¿Tenemos anillos? —preguntó Colin cuando por fin llegó a la parte de los votos. Saga asintió y miró a Noah a quien le había pasado la caja de joyería que contenía los anillos que apenas habían comprado. Noah asintió, sacó la caja y la abrió. Entonces Colin comenzó a recitar los votos para que Saga los repitiera y luego hizo lo mismo para Alfa. Ninguno de los dos se atragantó con sus palabras ni comenzaron a llorar tampoco, a diferencia de Nina quien lloraba a moco tendido, pero sí se sonreían de oreja a oreja y no se habían soltado las manos, hasta que Colin les dijo que podían besarse. Los tres estallaron en aplausos. Los recién casados permanecieron algunos segundos en su burbuja privada, finalmente se soltaron y le agradecieron a los tres. Se sentían felices y como que estaban haciendo lo correcto. Ya se preocuparían por dar las explicaciones del caso cuando se diera la oportunidad.

—Desafortunadamente estamos de misión y no podemos invitarlos por los tragos que amerita la celebración, pero les agradecemos mucho lo que hicieron por nosotros, estamos bastante conscientes de que "doblaron" algunas reglas por nosotros y lo apreciamos como no tienen idea —dijo Saga.

Los tres asintieron y luego pasaron a felicitarlos.

Luego de la ceremonia, Saga y Alfa se ofrecieron a dejar a Noah de regreso a su hotel, pero él les dijo que no era necesario y no quería hacer el mal tercio. Les pidió que siguieran buscando a los renegados y él estaría atento por si se los volvía a encontrar. Saga y Alfa regresaron a sus ropas normales, y solo entonces los ahora esposos salieron de las oficinas a dar la vuelta por la ciudad. Las sonrisas no se les quitaron de las caras por el resto del día.