Columpio giratorio. June JK
Takeru y Yamato
(Fraternal)
~Hasta las trancas~
—El amor es como un columpio, Takeru.
De todas las veces que había escuchado hablar del amor, quizás esa estaba siendo su preferida. Estaba recostado sobre la barra del bar y miraba a su hermano vaciar la copa de whisky que sostenía entre sus dedos antes de pedir más. La camarera dudó antes de hacerlo y buscó aprobación en él. Takeru se lo concedió y su hermano volvió a tener la copa llena.
—¿Un columpio, hermano? —cuestionó mientras él jugaba con la limonada que sostenía entre sus manos—. ¿Por qué esa metáfora?
—Porque es así. Pero no estoy hablando, hermano, de esos que cuelgan en los parques infantiles, noooo. Estoy hablando de esos que cuelgan como bolas de navidad de los parques de atracciones. En ese que nos subimos cuando éramos pequeños con mamá y papá aplastándonos. ¿Te acuerdas?
—Sí, sé cuáles son.
—Pues eso. Es igualito. Si te montas, siempre crees que vas a caer, pero tienes la confianza de que los trabajadores han hecho un buen trabajo y no te escoñarás. Y que abajo hay una red para garantizar la seguridad.
Takeru inclinó la boca y subió las cejas mientras se encogía de hombros.
—¿El amor es seguro entonces?
—¡Nooooo! —negó dando otro sorbo que salió más por sus comisuras que entró en su garganta—. Lo que quiero decir, es que es un peligro andante. Porque no tienes red, no hay seguridad y es divertido montarte porque crees que nada va a pasar. ¡Hic!
—Ya, bueno. Siempre pasa algo. Lloras por alegría o tristeza. Es el ser humano enganchado al amor. Yo lo veo más como una droga de la que no podemos independizarnos.
Yamato negó. Posó una mano con torpeza sobre su hombro y volvió a hipar antes de hablar.
—Sí, algo así. Odio que se me levante cada vez que la veo pasar pero ella se ría de mis problemas masculinos cuando son sus curvas las que crean esto. Es como si ella fuera montada en el asiento de delante o de atrás y yo no pudiera saltar de mi columpio para ir con ella. Horrible. ¿No crees?
Takeru rio entre dientes.
—Horrible va a ser la resaca que vas a tener mañana, hermano. Anda. Vamos a casa. No todo el amor es como un columpio y no todas las chicas van sentadas en otro asiento, si no a tu lado. Solo que tú te empeñas en mirar donde no es. Tira.
Se echó un brazo del otro sobre los hombros e intentó guiarlo a la salida. Nada más que el viento helado de la noche los golpeara y avanzaran unos pasos, Yamato vomitó.
Se sentó de culo al lado y empezó a reírse como un tonto. Takeru le hizo una foto.
—Mañana me deberás muchos favores, hermanito. Por ahora, vamos a dormir la mona, anda.
—¿Podemos montarnos en un columpio?
—Columpio te voy a dar yo —remugó.
Y volvió a cargarlo.
