Todos entraron decididos. Yo me quedé fuera sin querer entrar.
-Raisa, ¿Qué estás haciendo? Date prisa- dijo Juvia. Negué rápidamente con la cabeza.
Juvia volvió hasta mí y me cogió del brazo tirando de mí hasta meterme dentro del parque.
-Ves como no pasa nada, es solo un parque, no hay nada que temer.
Miré todos los rincones. La montaña rusa estaba oxidada, había coches de choques tirados por las calles. Los puestos de venta de entradas tenian los cristales rotos. Árboles secos tirados en el suelo. Atracciones destrozadas.
-Vale, esto no da miedo, da lo siguiente.
-Menuda cobarde –dijo Kisa.
La habría replicado pero estaba mas atenta a que no me saliera un monstruo que pudiera comernos.
Avanzamos hasta la mitad del parque, hasta un cruce del que salían varios caminos llevando a distintos lugares del parque.
-La casa de los espejos –comenzó a enumerar Juvia-, zona de máquinas, el merendero, y la zona infantil. Bien, llegados a este punto creo que será mejor separase para poder encontrarle antes.
-Si, estoy de acuerdo con Juvia –animó Goshia.
-¿Separarnos? ¿Cómo que separarnos? –dije más asustada que antes.
-Venga, no seas tan cagada, aquí lo único que da miedo es la casa encantada, creo que será bueno que vosotras vayáis a ella –dijo Michelle mientras Kisa se reía.
-No, casa encantada no.
Entonces en aquel parque tranquilo y abandonado…
-Ñiiiiiii –se escuchó.
-¿Qué es eso?
-Tranquila Raisa solo son chirridos, no ves que es parque es antiguo, seguro que las atracciones están llenas de oxido y el viento las mueve un poco.
-Jeje –me entró la risa nerviosa- jeje, si, claro es eso… -dije mirando para todos los lugares.
-Venga. Goshia y yo iremos por aquí hacia la casa de los espejos y a las oficinas –comenzó Aoba a separarnos-. Vosotras dos –dijo mirando a las lobas- id a la zona infantil.
-Bien.
-Y vosotras tres id a la montaña rusa –nos miró a nosotras.
-Bien –Dijo Juvia decidida.
-Yo mientras iré al merendero –se ofreció Ceres.
-Bien, dentro de dos horas todos en este lugar para ir a la mansión en cantada –Dijo por último Goshia.
Todos comenzaron a correr en las direcciones que tenían que ir. Juvia y Akane tiraron de mí hacia la zona de máquinas.
-Enserio chicas, ¿Por qué me hacéis esto? ¿Qué os he hecho yo?
-Raisa tienes que superar tus miedos.
-No, lo siento, mis miedos y yo vivimos en paz, no necesitamos hacer nada –dije mientras corría tras la chicas intentando que no me dejaran atrás.
Para llegar a la zona de máquinas teníamos que pasar por los puestos de peluches.
-Chicas esperad, no tenemos que correr –dije deteniéndolas.
-¿Qué pasa ahora?
-Mirad –dije señalando uno de los puestos –No os parece extraño.
-A mí me parece un puesto de parque de atracciones normal y corriente –dijo Akane.
-¿Pero es que estás ciega? No ves que está completamente nuevo.
-Ahora que lo dices es verdad.
Nos acercamos lentamente al puesto. Los peluches estaban completamente nuevos, como si los hubieran repuesto esa misma mañana. Todas las cosas que estaban allí, como los caballos de las carreras, estaban relucientes.
-Que raro es esto –dijo Juvia.
Nos pusimos frente a tres banquetas. Delante de nosotras estaban los agujeros por los que tenias que meter las bolas que te iban saliendo para que tu caballo corriera y ganar la carrera. Esos casilleros se encendieron y salió una bola de cada uno de ellos. Las tres chicas nos miramos.
-¿Qué significa esto? –dije ya más asustada que antes.
-Será que quiere que juguemos.
-Pero si aquí no hay nadie.
Me retiré poco a poco.
-Yo me niego, no voy a jugar. Solo quiero largarme de aquí.
-Espera, tenemos que seguir. Vamos – Akane y Juvia siguieron su camino dejando aquel juego sin empezar.
Miré a mí alrededor y como no quería quedarme sola caminé junto a ellas. Al caminar encontramos un lago sin agua.
-Aquí no hay más misterio. Sigamos- Juvia y Akane siguieron andando. Las seguí de cerca mirando todas las cosas que teníamos a nuestro alrededor.
Todos los árboles estaban secos. No había flores en las macetas y todo estaba demasiado desolador. A mí alrededor pude ve más caminos que podíamos tonar. Pero las chicas habían seguido todo recto hasta la zona de máquinas.
-Bien, pues ya estamos aquí.
Delante de nosotras se alzaba un arco de madera con adornos como tornillos, pilas… todo parecía indicar que esa era la zona de máquinas a la que teníamos que ir. Por el suelo había restos de coches de atracciones, piezas de las atracciones, tonillos o los cinturones. Comenzamos a caminar. Buscábamos algo que nos dijera donde estaba Keripto.
Lo primero que hicimos fue ir a la noria. Llegamos a la entrada.
-Parece que esta atracción no parece tener muchos inconvenientes.
Entramos en ella. Todas las cabinas estaban hechas un desastre, tenían oxido por todos lados. Nos separamos yendo cada una a un punto de la noria. Investigamos todas las cabinas, y además de oxido y piezas sueltas, no había nada en ellas. Seguimos buscando en las máquinas. Abrí una de ellas y en ella encontré una muñeca de trapo. Entré en la cabina y la cogí.
-Chicas venid aquí –escuché la voz de Akane.
Salí de la cabina y me dirigí a donde estaba Akane. La vi dentro de la cabina central, en la que están los controles para hacer funcionar la atracción.
-¿Qué pasa Akane? –Juvia y yo llegamos a la par.
-Mirad.
Miré dentro de la cabina. Estaba llena de sangre.
-Eso es sangre…
-Si, sangre seca. La hay por todas las cabinas –me dijo.
-Eso no es verdad, en las que yo he investigado no.
-Sí Raisa, en todas –insistió ella-. Hay que mirarlas a la luz.
Extrañada volví a mirar en las cabinas que ya había mirado, esta vez formé una linterna para poder verla.
-Sí, es verdad, en todas ellas hay sangre, incluso en… -miré a la muñeca, estaba llena de sangre seca.
-¿Qué ocurrió aquí?- dijo Juvia mirando a su alrededor.
-Ni idea, pero no tenemos tiempo de averiguarlo, tenemos que encontrar a Keripto.
Akane fue la primera en abandonar el recinto de la noria. Juvia la siguió de cerca y yo fui por detrás. Lo único que ahora tenía en mis pensamientos era los peligros que habían podido correr las personas que estuvieron en estas atracciones en el momento que fuera lo que fuere que había sucedido.
Hice desaparecer la muñeca de mis manos y seguí a las chicas.
Investigamos muchas atracciones que había allí. la lanzadera, coches de choque y algunos cines en 3D, pero no había nada más que sangre seca y restos de lo que un día fueron comida.
Ahora, como no, tocaba la montaña rusa.
Llegamos hasta la entrada de esta. Nada más entrar nos encontramos con el coche. Como las cabinas de la noria, estaba oxidado y sin pintura.
-Subamos arriba, veremos las cosas mejor –dije mirando a lo alto de las vías.
-¿Ya no tienes miedo? – preguntó Akane.
-Estoy muerta de miedo, pero quiero acabar con esto e irme al castillo.
Abrí las alas y me adelanté a ellas. Subí lo más alto que pude. Vi todo el parque desde allí. Las chicas llegaron después de mí.
-Que recuerdos de cuando éramos solamente unas humanas y disfrutábamos viniendo a sitios como estos –dije mirando todo el parque en la oscuridad solamente iluminado por la tenue luz de la luna.
-Si, daría lo que fuera por poder volver aquellos años –dijo Juvia.
-Yo nunca he venido a uno de estos –dijo Akane.
-¿Nunca? –ella negó.
-Siempre he vivido sola y nunca he tenido a nadie que me llevara. Sabía que existían, pero siempre los he considerado como un sueño que nunca se haría realidad –Miré a Akane, pero ella mantuvo su vista en el parque mientras que Juvia y yo escuchábamos su historia-. Escuché muchas veces como los niños hablaban de estos lugares. Siempre decían que era muy divertido y que esperaban volver allí lo antes posible. Una vez intenté colarme, pero me cogieron. Por suerte conseguí escapar y desde entonces no había vuelto a pisar uno de ellos.
Juvia y yo nos pusimos a su lado y la abrazamos.
-Bueno, el pasado, pasado está, no se puede hacer nada –dijo ella-. Será mejor que sigamos investigando, aún nos quedan muchas cosas que investigar y el tiempo se nos agota.
Sentí un leve temblor en el suelo. Cada vez se iba haciendo más fuerte.
-¡Chicas! –grité.
Vi, como en la lejanía, en lo más profundo del parque, las luces comenzaban a encenderse. Las atracciones comenzaban a funcionar y la música sonaba por todo el parque.
-¿Qué está pasando aquí? ¿Quién hace todo esto?
Con aquellas luces se pudo ver con total claridad los caminos que conducían a las distintas atracciones. Y en todo el suelo se vieron grandes manchas de sangre.
-Dios santo, ¿Qué está ocurriendo en este lugar? –dijo Akane mirando al parque.
-¡Cuidado! –noté que me cogían de la camiseta y me alzaban por los aires. Abrí las alas para no caerme.
El coche de la montaña rusa pasó por donde habíamos, hace tan solo un segundo, habíamos estado nosotras. Gracias a Juvia no nos habíamos convertido en picadillo.
-Alguien no quiere que le encontremos –dijo Juvia.
-Creo que será mejor que nos reunamos con todos.
-No, aún ellos estarán investigando, puede que ahora con las luces encendidas podamos ver algo más –Akane descendió hasta el suelo.
Juvia y yo las seguimos, caminamos por aquellas calles, ahora iluminadas. Volvimos a pasar por la zona del lago. Ahora estaba lleno de agua y una enorme barca venia hacia nosotras. Al tocar el agua en su bajada el agua salió despedida hacia nosotras. Comenzamos a correr hacia atrás para que no nos tocara. Conseguimos esquivarla por los pelos.
-Bien, alguien nos quiere matar y no sabe como. Tenemos que encontrarle.
Caminamos para poder encontrar más pistas sobre el paradero de Keripto cando nos encontramos con una atracción sin luces ni funcionamiento.
-Que extraño, esta no funciona –nos subimos a ella.
-Es muy extraño, si todas están funcionando.
Iba poco a poco. Noté el coche de aquella atracción, era muy largo, parecía un gusano.
-Esta atracción se llama"Gusano el…" –comenzó Akane.
Pero antes de que pudiera terminarlo unas cortinas nos encerraron impidiéndonos ver algo.
-¿¡Qué está ocurriendo!? –grité asustada al no ver nada.
-Tranquila, seguro que alguien nos la está jugando –intentó tranquilizarme Juvia.
Me quedé en el sitio no queriendo moverme.
-¡AAAAH! –grité asustada
Las luces se encendieron de repente y vi delante de mí una cara blanca, con los ojos rojos y marcados con maquillaje. Una enorme nariz roja y una boca maquillada de azul con una sonrisa siniestra.
-¡AAAAH! –chillé de nuevo más fuerte- ¡Un payaso!
-Tranquila Raisa solo es la atracción.
Me tranquilicé un poco y vi que era la cabeza del vagón de la atracción.
-Menos mal, pero voy a matar al que nos está haciendo esto.
Noté como algo me agarraba por la cintura y me tiraba hacia atrás. Me sentaron en el coche de la atracción. Juvia y Akane sufrieron lo mismo que yo. Unos cinturones me aprisionaron los brazos y el cuerpo, así como las piernas. El coche comenzó a moverse en círculos, cada vez más rápido, las luces volvieron a apagarse y las luces de neón, rojas, azules y verdes comenzaron a parpadear mostrando distintas imágenes. El coche iba subiendo en velocidad y las luces parpadeantes se centraron en hacer una sola imagen. Un ser con cara blanca, ojos marcados de rojo y una boca azul y tenia una sonrisa siniestra.
-¡AAAh! –gritamos las tres al ver eso.
La cara se nos iba acercando mientras abría su enorme boca para querer comernos.
De repente las luces desaparecieron y el payaso también.
-¡Juvia! –gritó una voz masculina.
Las cortinas se abrieron y por ellas aparecieron tres personas. Una de ellas me quitó lo que me tenía presa y me sacó de aquella atracción. Las otras dos personas hicieron lo mismo con Juvia y Akane.
-¿Estáis bien? preguntó el chico de pelo azul que estaba al lado de Juvia sujetándola.
-Si –respondió Akane por las tres.
-¿Pero que ha pasado? –dijo el chico de la cabellera negra.
-No lo sé estábamos investigando cuando nos metimos en esta atracción y comenzamos a dar vueltas sin parar –dije.
-Entonces estamos de acuerdo en que alguien nos quiere muertos –dijo una chica sujetando a Akane.
-¿Y tú quien eres? –dijo Juvia.
-Ceres, soy una de las nuevas inquilinas del castillo.
-¿Tú eres el perro demoníaco?
-Grrr –se cabreó- . Sí soy yo.
-Disculpadla, pero no le gusta ser lo que es –explicó Goshia.
Ya se me había pasado el mareo. Goshia me soltó y pude mantenerme en pie. Juvia ya estaba bien y Akane ya pudo levantase del suelo.
-Bien, ya está. Podemos irnos, Kisa y Michelle nos están esperando.
-¿Esperando para qué?
-Hemos encontrado el escondite de Keripto y los suyos.
-Tenemos que ir a rematarlo.
Todos decididos nos pusimos en camino. Llegamos a unos matorrales, en ellos estaban escondidas Kisa y Michelle observando el lugar.
-Bien, ya hemos llegado.
Observé que delante de nosotros se alzaba lo que a mí menos me gustaba de un parque de atracciones, La casa del terror.
-¿De verdad está ahí dentro? –pregunté.
-Si, este es el único lugar que no ha sido destrozado, el único que no funciona.
-Bueno, pues habrá que entrar.
Todos entramos en la casa del terror. Al principio no había ni luces ni sonidos. Íbamos todos en fila. Los chicos se habían adelantado junto con Ceres y nos habían dejado a las chicas atrás.
-¿Y ahora que hacemos?
Íbamos todas juntas. Sonidos de cristales, de cuchillos afilándose y de motosierras comenzaron a sonar. Akane Juvia y yo nos habíamos cogido de las manos y mirábamos a todos lados vigiando que no nos saliera nada.
-Jajajaja –se escucharon risas de todos lados.
Juvia y yo estábamos muy asustadas, Akane sin embargo estaba tranquila.
De repente las luces comenzaron a parpadear. Las pareces de aquel oscuro lugar estaban repletas de dibujos de payasos siniestro. Miramos todos los dibujos.
-Calma, son solo dibujos, solo quieren asustarnos –dije en voz alta intentando calmarme.
Mi respiración era muy irregular al igual que la de Juvia. Miré a mi alrededor y vi, justo detrás de mí a un payaso empuñando un cuchillo.
-AAAAh –grité por lo que acababa de ver.
Payasos de todas partes comenzaron ha aparecer, uno empuñaba un cuchillo, otro una motosierra, mirara por donde mirara no encontraba más que payasos. Me separé de Juvia y caí al suelo muerta de miedo. Me encogí en mi misma e intenté pensar en otra cosa que no fuera aquel escenario.
Akane por el contrarío estaba luchando contra todos los payasos y enemigos que se encontraba. Las lobas habían salido huyendo y solo quedábamos nosotras tres. Juvia se había quedado petrificada en el sitio, no se podía mover. Era Akane la que con su fuerza y destreza en el combate estaba venciendo a todos.
-Payasos, payasos, hay muchos payasos –comencé a delirar.
No sé cuanto tiempo había pasado desde que entramos aquel lugar. Cuando los payasos comenzaron ha aparecer el tiempo desapareció para mí. Todo a mi alrededor iba lento, lo que me hacia ver aquellos engendros con mayor claridad.
-Raisa, tranquila todo ha pasado –escuché una voz que me hablaba pero que no conseguía ver a quien la decía.
-Goshia, vamos, no hay tiempo que temer esto va ha explotar –dijo otra voz-¡Cógela y vámonos de aquí!
Noté unos brazos que me acunaban y me daban calor y me elevaban en el aire. Dejé que me llevaran.
Cuando iba por el cielo, la brisa me golpeó en cara y conseguí despertar de aquella pesadilla pero las visiones de aquellas caras pintadas no podía quitármelas de la cabeza.
-Jejeje –me entró la risa floja- jajaja payasos, jaja muchos payasos.
La brisa comenzó a darme con mayor intensidad debido a que la velocidad de mi salvador había aumentado. No era consciente del lugar en el que estaba, pero si de que la luna se había convertido en el sol.
-Raisa, Raisa. Tranquila, ya estamos en casa –volvió a decirme aquella voz -. Lo siento cariño, pero no tengo otra elección.
Al segundo noté como mi cuerpo comenzaba a sentir millones de descargas eléctricas.
-¡AAAAh! –grité de dolor.
Ese dolor me hizo despertar de aquella pesadilla.
