Disclamer: Los personajes de Frozen y Enredados pertenecen a Disney, qué queréis que os diga, ojalá fueran de mi propiedad pero bueno, me conformo.
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Ueee, este fic no va a terminar nunca~~
Pues sí, por desgracia se está terminando.
Bueno, os voy a dar paz y tranquilidad con este capítulo porque efectivamente, se acerca el final del fic (D:) y va a ser ****
Life's too short
Capítulo LII
~Regreso a casa~
[Anna]
Nos quedamos charlando en la mesa durante un rato después de comer, hasta que Kristoff se levantó.
— Bueno bueno bueno, seguiría con vosotras pero mi amiga siesta me espera y me parece que voy a pasarme unas cuantas horas con ella.— el pobre llevaba casi un día entero sin dormir— ¿Alguien se apunta?
— ¡Yo!— saltó Mandy. No se separaría de él en al menos un par de días, siempre lo hacía cuando llevaban tiempo sin verse.
— Muy bien señorita, ¿alguien más?— quería, pero negué porque Elsa y yo aún teníamos que hablar— Pues vamos, la cama nos espera.
— Con algo de suerte, cuando despertéis ya habremos llegado.
— Uee~— se fueron dejando el comedor más calmado. La vi con la mirada perdida, pensando en sus cosas.
— ¿No te parecen adorables?
— Hm.— Elsa estaba apagada.
— ¿Sigues enfadada?— odiaba terminar a gritos con ella, pero no puedo hacer nada contra mi cabezonería.
— No…
— ¿Preocupada?
— Es que… a ver, seamos realistas, dudo mucho que la vaya a encontrar, por muy rápido que sea con su dragón, los vecinos estarán vete a saber dónde y la idea de que Jack esté dando vueltas por todas partes…
— No empieces otra vez… ¿Podrías dejar de pensar en eso hasta que lleguemos?
— No.— apoyó los codos en la mesa, ocultándose con sus manos.
— Sabrá apañárselas sólo, deja de preocuparte por él. Ya lo has oído, con sus poderes es capaz de hacer cualquier cosa, ya no es un niño.— me miró como si no se creyera mis palabras— Venga, relájate, tómate unas mini vacaciones, Mandy estará durmiendo con Kristoff, así que tenemos unas horas para nosotras~
— No puedes estar hablando en serio. Nuestro hijo está sólo perdido por ahí ¿y tú sólo piensas en eso?
— Bueno, no sé, llevas como unas veintiséis horas sin siquiera darme un beso, ¿te parece eso normal?
— Creo que voy a leer un rato, no me apetece volver a discutir.— se levantó, pero la cogí del brazo para que no se me escapara.
— Elsa, por favor. No me dejes sola.— nos quedamos unas pulsaciones manteniendo las miradas, hasta que finalmente se agachó y me dio el beso que tanto llevaba esperando.
— ¿Contenta?
— Oh vamos, sé que puedes hacerlo mejor.— suspiró. Se me subió en mi regazo, rodeándome el cuello con sus manos, y se puso a besarme deshaciendo mis labios. Lo echaba de menos y sabía que ella también.
Me hice con su espalda llevándola hacia mi cuerpo, comiéndole el cuello de postres.
— Anna… Sólo era un beso…
— Nunca dije que fuera uno, es más, no pienso dejarte marchar hasta que me des cincuenta besos.
— ¿Cincuenta?
— Sí, y los voy a contar.— me miró sin muchas ganas pero la cogí con fuerza para que no escapara— Los morreos valen por tres.— al final conseguí convencerla.
Perdí la cuenta pasados los veinte, y seguimos, y seguimos… encendiéndonos por dentro, haciéndole querer más y más, perdiendo la noción del tiempo.
— Anna…— sus mejillas estaban enrojecidas— Llevamos noventa y dos…— y sus pupilas cristalinas me pedían más.
— Vamos a la cama.— si seguíamos allí terminarían viniendo a recoger los platos y no quería que nos vieran haciendo algo indebido, además, se me estaban durmiendo las piernas por su peso. Al levantarme me cogió de la mano y me llevó impaciente hacia nuestro camarote, casi corriendo. Esa era la Elsa que echaba de menos.
Cerró la puerta con seguro, desnudándose a contrarreloj. Me quedé mirándola expectante, viendo como perdía su ropa hasta desnudarse por completo, comiéndomela con los ojos.
— ¿Qué haces ahí parada? Quítate la ropa.
— Oblígame.— achinó los ojos con una sonrisa. Se avalanchó sobre mí impaciente y pese a mi intento por huir de ella, consiguió echarme a la cama, logrando deshacerse de mi ropa entre malvadas cosquillas que se relajaron al juntar de nuevo nuestros labios, revolcándonos por la cama.
No pasó mucho tiempo antes de sentir el cosquilleo de sus dedos en mi entrepierna. Me tumbé hacia arriba, abriéndome, sin dejar de jugar con nuestras lenguas, excitándonos con cada latido.
— ¿Lo has traído?— preguntó, sabiendo de sobra a lo que se refería.
— Sí, pero quiero que uses tus manos.
— Está bien…— se puso a rozar sus labios por mi cuerpo, erizándome la piel, entrando en un agradable estado del cual nunca me iba a cansar. Me separó más las piernas para introducir dos de sus dedos, abriéndome las paredes de mi interior mientras me masajeaba el clítoris con la otra mano. Cuando vi sus intenciones con un tercero, la paré.
— N-no lo decía literalmente, no seas bruta.— hace ya un tiempo, llegamos a dilatar nuestras vaginas hasta el punto de llegar a meter nuestra mano entera, pero eso no era algo que fuéramos a conseguir en unos minutos y tampoco es que fuera algo que me apasionara.
— Entonces dime que use mis dedos…— me relajé cuando volvió a darme placer como de costumbre, dejando llevar mi cuerpo por un camino de sensaciones.
Me estaba devorando con chupetones que quedarían marcados en mi barriga, obligándome a agarrarme a las sábanas sintiendo el dulce placer de sus manos, hasta que estornudó. Me hizo poner en alerta de inmediato.
— ¿Estás-— volvió a estornudar— bien?
— S-sí, sólo…— y otra vez— No es nada…— adiós al camino de sensaciones.
— Maldita sea…— le cogí la cabeza y choqué frente con frente para ver si tenía fiebre, estaba algo cálida pero no demasiado. Cogí su pieza de ropa que tenía más cerca— Toma, antes de que te pongas peor.
— Gracias… Creo que he cogido frío…
— No si ya… Estás unas horas sin Jack y te pones mala, anda que…— volvió a estornudar— Qué desastre… Espera, que me parece que tengo pañuelos por aquí…
— Gracias…— puse a vestirme después de ofrecérselo, no quería terminar como ella también— Perdona, no pensé que-— estornudó de nuevo.
— No ha sido tu culpa, no te preocupes.— le di un beso y la tumbé en la cama— Descansa, te irá bien. Voy a ver si encuentro al médico.
— No es necesario.
— Claro que lo es, no estaré tranquila hasta que me digan que estás bien.— sonrió con ternura— Ahora vuelvo.
— De acuerdo.— al salir, pasé por el camarote de Mandy y abrí la puerta muy despacio. La vi durmiendo cara a cara con Kristoff, cogiéndole su gran brazo. Eran encantadores.
No tuve que dar muchas vueltas para encontrar al médico del barco, lo llevé hasta Elsa y por suerte no tenía nada grave, sólo era un pequeño resfriado.
Me pasé la tarde cuidándola, y aunque cogió un poco de fiebre, después de dormir un poco y de unos cuantos besos más, mejoró.
Mandy, después de su siesta de campeonato, se empezó a sentir mareada y fuimos un poco ajetreadas, menos mal que ya faltaba poco para llegar a Arendelle.
— Menudas mini vacaciones eh~— le comenté a Elsa.
— ¿Crees que Jack estará en casa? Ya empieza a hacerse de noche…— le pellizqué la mejilla.
— Estará bien, pesada, esté donde esté. Seguro que hasta ha sido capaz de encontrarse con ella.
— Me haces daño…
— Ups, perdona…— la compensé con mis labios— Cuando lleguemos iremos al castillo para que nos pongan al día.
— ¿No iremos a casa primero?
— No, porque si Jack no está empezarás a preocuparte aún más y te pondrás insoportable.
— No exageres… Tú también te pones así con Mandy.
— Tiene nueve años, y no tiene unos poderes capaces de congelar el mar entero. Venga, que falta poco para llegar.— en el fondo también me preocupaba, no me extrañaría que algún cazador intentara abatir a un dragón volador con alguna ballesta, pero no servía de nada ponerse en el peor de los casos si no podíamos hacer nada.
Cuando vimos el castillo desde lejos ya había caído el sol y las luces se reflejaban en el mar. No parecía que el día anterior hubiera habido una guerra, a excepción de algún barco medio hundido que se veía en la costa.
Unos soldados nos recibieron al pisar tierra firme, asegurándonos que ya había pasado el peligro y que Arendelle estaba recuperando la normalidad. Fuimos los cuatro hacia el castillo, con Elsa liderando el paso queriendo terminar rápido para ir a por Jack.
Cuando preguntó por él a los presidentes del consejo, nos dijeron que esa misma tarde habían entregado una carta en su casa y que él la recibió personalmente. Menudo peso nos sacamos de encima.
— ¿Sabes si había una chica con él?— pregunté.
— No nos lo han especificado, pero podéis hablar con los mensajeros para que os lo confirmen.
— Gracias, nos vamos a casa.— Elsa ya quería irse.
— Bueno, si pudierais quedaros unos minutos más, me gustaría informaros de unos asuntos…
— Claro, por supuesto.— casi la obligué a quedarse, ya no venía de diez minutos.
Nos hizo un resumen del informe de los hechos, de todo lo que supuso el enfrentamiento que hubo y del tiempo estimado que se tardaría en volver a la normalidad. Fue casi un milagro que se hubieran sufrido tan pocos daños teniendo en cuenta el ejército que nos atacaba.
Nos dijo también que la carta era una solicitud formal para la inserción de Jack en la milicia, lo cual no nos hizo mucha gracia y supusimos que a él tampoco le haría. Antes de irnos, informó que esa misma semana vendrían los reyes de Corona personalmente para la evaluación de los daños, aunque estaba claro que venían para ver cómo estábamos.
Mandy se puso de lo más contenta, le encantaba jugar con Elisabeth, pero creo que más contenta se puso Elsa por su hermana, sus ojos la delataban. Ellas dos se veían pocos días al año, pero cuando lo hacían no se separaban para nada. Al principio me molestaba pero llegué a acostumbrarme, después de todo, yo me pasaba el resto del año con ella, no tenía sentido estar celosa de Punzi.
Fuimos derechos al establo donde nos esperaban nuestros caballos y nos dirigimos directos a casa, Kristoff llevando a Mandy y nosotras adelantándonos.
— ¡Ve más despacio Elsa!— el camino se oscurecía llegando a nuestra casa y se volvía algo peligroso.
Me tranquilizó ver luz en casa de los vecinos.
Llegamos, dejamos los caballos sin atar al lado del dragón enorme de nieve que ocupaba medio jardín, y entramos a por él.
— ¡Jack!— me reí porque estaba cenando tranquilamente con Lara en el comedor, a la luz de las velas, como si nada, incluso tenían la chimenea encendida.
— Buenas~ ¿Ya habéis llegado?— y encima estaba de buen humor.
— Menos mal que estáis bien… ¿Qué hacéis cenando solos?
— Pues mira, teníamos hambre y hemos dicho ¡ostras! podríamos comer algo, y aquí estamos. ¿Cómo ha ido el mini viaje? ¿Habéis visto muchas gaviotas?
— Voy a guardar los caballos antes de que se los coma el dragón…— salí fuera entre risas.
— Se llama Kero, y no come caballos…— aclaró Lara.
— Vale~
Al final todo salió bien, ya no había de qué preocuparse. Justo después de atarlos llegó el caballo de Kristoff, con Mandy detrás riéndose a carcajadas.
— ¡Mira! Es el monstruo del castillo.— ya estaban haciendo de las suyas.
— ¿A quién llamas tú monstruo?— la robé del caballo para despeinarla.
— Papá, ayúdame, está usando su magia para convertirme en uno de ellos.
— Gruaaargh.— entonces él me cogió de la cintura, levantándome como si fuera una pluma— ¿Cómo osas ponerle las pezuñas encima a la princesa?
— No~ suéltame~ ¡Qué alguien me ayude!— me encantaba hacer tonterías así, sentía que volvía a tener nueve años.
Entonces apareció Elsa.
— ¿Se puede saber qué hacéis?
— ¡Es otro monstruo!— gritó Mandy.
— ¿Queréis hacer el favor? No son horas para estar haciendo tonterías.— Kristoff me devolvió al suelo.
— Aguafiestas.— musité, tosiendo para disimular.
Aparecieron Jack y Lara también, cogidos de la mano. Se les veía muy juntitos. Empecé a sospechar.
— ¿A qué jugáis?
— Mandy, ¡a por él!— dije, señalando su objetivo. Fue corriendo hacia Jack y se puso a escapar de ella montando un alboroto descontrolado.
— Mira que has conseguido.— dijo Elsa. Lara se fue tras ellos.
— ¿Y no es bonito?
— Menudos bichos que tenéis en casa.— comentó Kristoff.
— Ni que lo digas… Ya verás cuando venga el resto de la familia.— me llenaba de paz estar todos juntos de nuevo, ahora con unos nuevos ojitos, divirtiéndonos como niños.
— Bueno, quizás tendría que presentarme ante los vecinos. ¿Son majos?— salté esa pregunta.
— Sí, tenemos que decirles que ya hemos llegado, vamos Kristoff.— agarré el brazo de Elsa para llevármela.
— Yo… me quedo con ellos.— la miré frunciendo el ceño— Alguien tendrá que vigilarlos ¿no?
— Seguro que llevan todo el día solos, deja que se diviertan un poco, venga.— la tiré del brazo con fuerza para que viniera.
— ¡Jack, vamos a ver a los vecinos, portaos bien~!
— ¡Vale~!— y conseguí llevármela.
Subimos a nuestros caballos otra vez y galopamos tranquilamente por aquella noche tan especial y ajetreada a la vez.
— Oye, ¿crees que Jack y Lara se habrán declarado su amor mientras no estábamos?
— ¿Qué tonterías dices? Sólo hemos estado fuera unas horas.
— Bueno, es tiempo suficiente, estaban teniendo una cena romántica y cuando salieron al jardín iban cogidos de la mano, entre ellos dos hay algo fijo.
— S-sí pero…
— Nuestro hijo se hace mayor Elsa, dentro de nada perderá la virginidad y-
— Cállate.
— Tendrán Jackecitos y Laracitas-
— Anna.
— ¿Qué? ¿No te hace ilusión ser abuela?
— Creo que vas demasiado rápido, ni siquiera ha cumplido catorce años.
— Le falta poco, es este mes.— se rindió, hablar de eso en serio conmigo era una batalla perdida.
Llegamos a casa de los vecinos hablando de cómo sería tener un nieto. Tocamos la puerta algo nerviosas por el desastre del día anterior, y del día que hablamos con su padre. Recé para que Kristoff no terminara a puñetazos con él.
Salió su madre y Elsa dejó de esconderse detrás de mí.
— Pero si son los vecinos~ Pasad, pasad, tú debes de ser el padre ¿verdad?— su amabilidad nos tranquilizó, pero dentro nos esperaba su marido.
Sorprendentemente, nos presentamos con toda la normalidad del mundo, como si no hubiera pasado nada, e incluso comentamos entre risas el espectáculo de la guerra. No me lo creía ni yo.
— ¿Os lo han dicho ya?— preguntó su madre mientras hablábamos de nuestros hijos— Están saliendo juntos.— dijo susurrando fuerte, más feliz que una perdiz.
— ¡Lo sabía! ¿Ves Elsa? Si es que tengo un sexto sentido para esas cosas.— me alegré un montón por él, estaba segura de que tarde o temprano terminarían juntos, se llevaban mejor que nadie.
Alrededor de media hora después, fuimos todos juntos a nuestra casa, ellos para recoger a su hija y nosotros para dar por terminado el día. Al final nos llevaríamos bien y todo.
Ya en casa y con un ambiente festivo, calmamos a nuestras fieras y les hicimos despedirse. Me quedé embobada viendo como hablaban entre ellos cogidos de las manos, eran adorables. Esperaba con ansias el beso de despedida, pero al final no se lo dieron en los labios.
Estaba impaciente por hablar con él.
— Hasta mañana~— se marcharon en sus caballos y entramos devolviendo la tranquilidad a nuestra casa.
— ¿Y bien? Cuenta cuenta, ¿cómo ha ido?— se avergonzó un poco, no parecía querer hablar.
— Se han besado en los morros, los he visto dos veces.— dijo Mandy.
— Vaya vaya vaya, así que ya os besáis eh~ ¿Hasta dónde habéis llegado? ¿Le has tocado las tetas?
— Anna por favor, déjalo en paz.— la ignoré.
— Pero venga, cuenta, ¿qué habéis hecho?— se puso a sonreír como un tonto.
— Me ha dicho que han dormido juntos.— Mandy tan chivata como siempre.
— Te dije que era un secreto…
— ¿Con la ropa puesta o…?— Elsa me tiró de la oreja.
— Vale ya está bien, a dormir, todo el mundo a la cama. Aunque mañana no haya colegio os quiero a todos despiertos a primera hora, van a venir los tíos así que toca limpieza general.
— Jo~— reprocharon todos, no teníamos nada de ganas.
— Vamos Elsa, que mañana es lunes, no seas cruel, déjanos descansar aunque sea un día.— incluso Kristoff estaba de nuestra parte.
— Eso, venga, ya lo haremos otro día.
— Está bien… pero el martes no os vais a escaquear ¿entendido?
— Sí~
— Ahora venga, a dormir que es tarde.— antes de que Mandy se me escapara le susurré que fuera contándome todo lo que ocurría entre Jack y Lara— Anna, ven aquí.
— ¿Sí?— me sorprendió con un largo beso.
— Ayúdame a prepararle la cama a Kristoff.
— Vale.
En los corazones de todos corría una agradable sensación y no sólo por la recién unión de dos almas, sino también por volver a estar tan unidos después de todo lo ocurrido. Quizás nuestra familia no era perfecta, quizás cometíamos errores y nos enfadábamos de vez en cuando, pero era de una cosa estaba segura, mi felicidad era un conjunto de la de todos los demás y en ese momento, no podía ser más feliz.
Después de montar la cama en la habitación de Jack, nos entretuvimos dándonos las buenas noches y llegamos a caer rendidas en nuestra habitación a altas horas de la madrugada. No nos dimos cuenta hasta entonces de que había la carta encima de las sábanas.
Elsa le dio un repaso rápido, y no tardó en guardarla en cualquier cajón.
— Mañana se lo comentaremos, aunque creo que ya sabemos la respuesta.
— Sí.— me metí en la cama, helándome los pies— Oye, ¿te cuento un secreto?
— ¿Hm?
— Te quiero.
— Yo también cariño. Buenas noches.— nos besamos un momento, dándonos calor mutuamente antes de terminar en manos del sueño.
Elsii: xD Ánimo con tus reviews, aunque falten palabras las entiendo (la mayor parte). Ya tenía pensado escribir ElsAnna después del cierre de JackLara con capítulo anterior, y bueno, aquí está. PD. tenía que escribir a Elsa resfriada. PD2. ¿me gustaria q el Elsanna tuviera otro estoy pidiendo mucho? haha what?
Mandy: Muy astuta... hm... argh. Yo también quiero un dragón! (Me encantan las pelis de Cómo entrenar a tu dragón).
Pues lo dicho, quedan pocos capítulos para el final, así que agarraos fuerte al escritorio, preparad los pañuelos y esperad a que los suba xD.
